Cris lo logró al fin
Enviado por Criss el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Mi nombre s Cris (Cristina), soy viuda y tengo 43 años. Tengo un amante, Horacio, con quien llevo una relación fantástica desde hace más de 20 años.

Por raras circunstancias, más que nada por diversión, un día se me ocurrió enviar a una página de relatos eróticos, algunos relatos referidos a mis fabulosas experiencias vividas con Horacio, desde la primera vez y otras muchas más.

A causa de esto, recibí (porque me lo propuse, lo acepto) cientos de mails de diversas personas mayoritariamente hombres, con infinidad de propuestas, de todo tipo. Todas fueron rechazadas o ignoradas.
Uno de ellos, me proponía mantener una relación amistosa desde el espacio cibernético. En realidad, comenzamos a intercambiar mails con distintas vivencias y opiniones y relatos y otras cosas que nos fueron uniendo mucho.
Hubo algunos retrocesos en esa relación, discusiones, problemas, como puede haberlos entre una mujer y un hombre que sólo son amigos, aunque quieran ser otra cosa.
Carlos, el "..cyber-amigo".. solía propasarse un poquito y me decía cosas que escapaban de la relación propuesta.
Estaba claro, que tanto él como yo, fantaseábamos bastante con algún furtivo encuentro.
Pasaron cosas, duras, fuertes, hubo desencuentros, pero un día, nos pudimos encontrar, de verdad, persona a persona, cuerpo con cuerpo.
Al fin de tantos intentos, yo, que tenía su teléfono celular, decidí llamarlo. Le propuse encontrarnos en una confitería en el Tigre. Yo fui hasta allí, era invierno todavía y la cita fue a media tarde.
Él llegó puntual, me reconoció rápidamente. Sabía que buscaría a una mujer menuda, de cabellos rubios y cortos, de impactantes ojos celestes, mona, madura pero que disimulaba bien su edad, vestida con un atuendo casual. Una mujer atractiva e inquietante.
Enseguida se sentó en mi mesa, yo hacía algunos minutos que estaba allí. Me dió un beso y me dijo: Princesa, estoy en el cielo...
Charlamos un rato. Pero entre nosotros se había desarrollado una amistad bastante fuerte y nos conocíamos mucho más de lo que ambos creíamos. Toammos té, y Carlos jugando a fondo me dice: Cris, te deseo, quiero hacer el amor con vos.
Yo quise desaparecer, pero, la verdad es que me sentía atraída pro ese hombre desde hacía unos cinco meses que nos conocíamos, o que nos escribíamos. Bajé la mirada, me sentí un poco abochornada, le dije: vas muy rápido Carlos.
Sí, me contestó. Quiero hacerlo ahora.
Su frescura me violentó el alma. Pero no pude resistirlo.
Vamos, le dije. Subimos al auto y anduvimos un rato. Si tiene que ser, será.

Anduvimos un rato por la costa e internándonos en algunos parejes poco frecuentados. De pronto sentí su mano sobre mis piernas, que intentaban conducir al auto. Fue muy directo. Su mano se metió entre mis piernas y simultáneamente me dió un beso en mi oreja derecha, haciéndome estremecer. Vamos, Cris, me dijo suavemente.
Enderecé el auto hacia un hotel del lugar, pequeño y tibio. Casi no hablamos durante ese trayecto ni al llegar. Entramos y fuimos rápidamente a una habitación. Transpusimos la puerta y me quedé allí paradita esperándolo.
Él se me acercó y me besó los labios. Yo le respondí levemente al principio. Luego llegó el fuego y ambos nos trenzamos en un beso apasionado.
Retrocedí y fuí acercándome a la cama. Él no quiso apurarme. Sin embargo, pronto iba a estar sacándome el chaleco, desabrochándome la blusa y buscando mis pechos pequeños y firmes, aún.
Luego fue hacia el jean. Lo desabrochó y rápida, torpemente metió su mano dentro de él, acariciando mi bombacha.
Yo me acomodé y comencé a desnudarlo a él, quien apresuró la tarea.
Siguió quitándome la ropa y me quitó la última prenda que me quedaba, una bombachita de satín y encaje, roja, que ya se había humedecido en la entrepierna.
Le quité el slip y allí apareció su miembro excitado, firme y dominante. Lo acaricié suavemente con mi mano y le dije: Carlos hazme tuya.
Él se puso sobre mí, mientras yo le habría el camino, ubicando mis piernas a cada lado de su cuerpo, encogidas ya, esperando la penetración que se daría rápido, seguramente.
Sin embargo, Carlos comenzó a besar mi cuerpo desde los pezones los pechos, el vientre, y así siguió buscando mi sexo, libre de vello, que lo esperaba ya ansioso.
Pasó su lengua por todo mi sexo, abrió mi vulva e introdujo la lengua bien adentro para buscarl uego el mágico punto de placer. Encontró mi clítoros erguido y anhelante. Lo chupó y lo chupó mientras me provocaba tremendas sensaciones. Mi cuerpo se arqueaba y unos gemidos fuertes, profundos entrecortados, que se ahogaban en el fondo de mi misma, daban muestra de que llegaría el momento rápidamente. Él siguió, y yo comencé a gritar y arquearme más y más, hasta que estallé en un grito profundo, interior de placer y locura.
Él siguió prodigándome ese placer. Extrañamente no buscó penetrarme, ni me ofreció su potente miembro para mi boca. Siguió dándome placer a raudales y mis sentidos empezaron a fallar, mi razón estaba nublada y mis gritos de placer volvieron a explotar en otro momento brutal.
Carlos bebió hasta la última gota de aquel elixir de lujuria que produjo mi cuerpo excitado y extenuado. Fue distinto a otras veces. Con Horacio hacíamos esto y otras cosas. Esta vez la forma en que Carlos me dió placer fue única.
No pude seguir allí. Me levanté, busqué mis ropas y comencé a vestirme.
El miembro erecto de Carlos pareció exigir algo más que una caricia.
Accedí a lo que él me proponía. Introduciéndolo en mi boca, comencé a lamer ese miembro hasta que él también estalló en un grito sordo y brutal y me inundó la boca con su semen tibio y dulzón.

Pronto nos retiramos del hotel. Lo dejé en el bar para que recupere su camioneta y me fui a mi casa.
No sé si volveré a verlo. No sé si volveremos a estar juntos. No sé si él volverá a darme otra dosis más grande de placer o si aquí terminará todo. Creo que no podrá repetirse.
Volví a casa con lágrimas en los ojos, habíamos roto el encanto. Fue placentero, es cierto, pero rompimos el encanto de una relación única, especial, mágica que ya no podrá ser. El deseo, la carne, el apetito físico pudieron con esa fresca y mágica relación a base de imaginación y sorpresa permanente.

 
Escribile un e-mail al autor:
alessandria1985@yahoo.com.ar

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap