LA CASA DEL CASTIGO.1.
Enviado por Alaf el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

“Aunque te van a castigar, han pedido que no te estropeen la piel. Es preciosa, tienes un color caramelo muy lindo.”
Bebe me está lavando con una esponja muy suave, apenas húmeda quitándome el jabón perfumado que me ha extendido con sus manos de largos dedos, hace unos segundos. Bebe es rubia con el pelo largo ondulado, más alta que yo, delgada con un cuerpo que apenas cubre un short de cuero negro y un chaleco del mismo material, abierto que me deja ver sus senos, duros, me da la sensación que han pasado por el cirujano. Me está preparando para ser castigada. Carmen descubrió que había publicado lo nuestro y habían decidido que si quería seguir con ellos debía someterme a un castigo, había aceptado y estaba allí.
“¿ Qué me van a hacer?”- pregunto mientras me seca.
“Te han vendido a Kamoto, yo le llamo así, un japonés que ha pagado 10.000 dólares por castigarte. Te hará lo que él quiera durante cinco horas. Yo te estoy preparando. Por eso te he puesto los enemas, da mucho asco si tenés que lamer una pija con mierda, aunque sea la tuya”
Ahora me extiende por la piel una crema que la hace brillar, me gusta su tacto, me excita y me relaja. Me maquilla sombreando mis ojos y pintándome de rojo cereza los labios. Me peina el pelo haciéndome una coleta.
“Abre las piernas”- me pide, cuando lo hago me pone en los labios de mi sexo otra crema que los oscurece resaltándolos. Me doy cuenta que estoy excitada. Me unta el clítoris con unas gotas de un liquido. Me pica, me da un escalofrío al sentir una sensación parecida al alcohol en las heridas, pero es mi botoncito adorado. Noto que se estira y se pone gordo. Me pone en los pezones una mezcla del liquido con crema. Se ponen a estallar.
“¡Qué pezones más curiosos tienes! .Prácticamente toda la aureola se te convierte en pezón”- Mis pezones como he contado tienen esa particularidad, por eso cuando me excito, y ahora lo estoy, no puedo disimularlo.
“Ponte estas medias”- son negras me llegan al medio muslo. Me pone un corsé de terciopelo negro. Al apretar los cordones a mi espalda me obliga a estirarme y mis lolas destacan con los aros que las levantan aún más. Las ligas del corsé aseguran las medias. Me acerca unas sandalias de taco muy alto. Y luego me pone un collar de perro negro con cadena que deja colgando entre mis senos. Se calza unas botas negras de cuero, altas, a medio muslo.
“Ahora te voy a poner estas muñequeras de cuero, si te cuelgan, y lo harán, evita que se marque la piel.” Son dos brazaletes de cuero con anillas. Me pone las manos a la espalda y con una cuerda une las anillas. Estoy expuesta, cuando me veo en el espejo, me gusto. Al ponerme las manos a la espalda y el corsé mis curvas quedan rotundas. Los senos levantados y mi cola ampliada por el estrechamiento de la cintura.
Me lleva a la habitación donde me van a someter a no sé qué torturas. Estoy caliente, muy caliente, y al andar con los tacos tan altos y las manos a la espalda noto el movimiento de mi carne que se ofrece a la vista.
La sala es grande, tiene una columna y una viga con arandelas para atarte.y una mesa de piedra con argollas. Esa parte tiene el suelo de cerámica. La otra parte de la habitación está enmoquetada. Sentados Carmen y Fermín desnudos con la dueña de la casa: Celina. Es una pelirroja con el pelo en melena corta. Viste, si eso es vestir, unos tirantes de cuero negro que apenas le tapa los pezones y que acaban en un triángulo que le cubre el sexo. Lleva botas como las de Bebe. Beben vino blanco y comen canapés.
“Es preciosa, la he podido vender muy cara, pese a que no se la puede azotar bien, por lo linda que es. Mirad como está. Bebe dala una vuelta ¿Es viciosa?. A muchas les gusta el castigo. Ya sabéis como funciona mi casa. Hay que gente que paga para que les peguen. Ahí está el verdugo.”
Ha entrado un hombre, no muy alto, apenas 1,60 pero muy fuerte, tiene la piel aceitunada, es oriental. Está desnudo y el miembro cuelga entre las piernas en descanso. No es muy grande. Saluda a todos con ceremonia. Se acerca a mí. Estoy parada ante él. Con los tacos soy más alta. Me hace girar tirando de la cadena, lo que ve le gusta y su pene se empieza a levantar.
“Sentarla en la silla”- No la había visto, es un banco de piedra con dos falos pulidos, enormes. No estoy lo suficientemente mojada y me va a doler cuando me lo tenga que meter. Bebe me lleva. Uno es prácticamente vertical, el otro tiene una inclinación de unos 60 grados.
Me obliga a sentarme. La piedra se me va metiendo en la concha, me llena, pero no estoy tan húmeda y me duele. Bebe me suelta las manos.
“Apóyate en ellas, pues con los movimientos te puede hacer heridas en la concha.”
Me quedo con las manos sujetándome para quedar empalada. Estoy mejor. En la parte más exterior noto el glande de piedra. El Japonés se para delante de mí. Con el pene entre las manos me golpea con él en la cara. Me lo pone en la boca. Tiene el glande como una ciruela negra. Lo abarco con mis labios y empiezo a chuparlo. Es difícil hacer una mamada sin manos. Y como las quite de donde las tengo me destrozo.
Chupo, chupo, tiene un sabor salado. Se ha endurecido. Lo saca y me lo pone a lamer. Mi lengua recorre su miembro, lo ensalivo bien. Me agarra por las sienes y me lo vuelve a meter entero en la boca. Lo mete hasta dentro. Tengo que aguantar las arcadas. El ritmo se hace más rápido. Me va a soltar la leche y no sé que voy a hacer. Me aprieta contra su vientre. Tengo toda su pija dentro de la boca cuando empieza a escupir el semen. Lo trago como puedo. Estoy tan asustada que no me he excitado. Estaba más caliente antes. La saca y me la pone para que le limpie con la lengua. Lo hago. No sé que hacer si levantarme o seguir como estoy. Tira de la cadena del collar para que le siga. Ahora puedo ver a los otros, están tranquilos comiendo y bebiendo, pienso que es una pose pues he debido dar un espectáculo. Me doy cuenta que aunque pensé que no, me he excitado, debe ser algo mecánico. El falo de piedra está húmedo, deben ser mis jugos íntimos.
Me lleva hasta la mesa, donde está la comida.
“¿Quiere unas ostras y bebida?”- pregunta Celina al japonés. Se ha levantado y es muy guapa, tiene esa piel clara de las pelirrojas veteada de pecas. Con las tiras de cuero como único vestuario es una provocación.
“Si, ostras y champagne. Puedes pasearla.”
Celina me agarra por la cadena y me hace dar vueltas, mientras el hombre come y bebe. Estoy poniéndome muy caliente, al ver el efecto que provoco en los espectares. Fermín se está tocando el miembro y Bebe acaricia los senos de Carmen. Mis lolas vibran al andar, saltando poderosas, los tacos tan altos hacen que me contonee aun sin querer.
“Me sobra champagne, ¿ quieren un poco de mi coktail preferido? Siéntala en ese taburete.”
Me siento donde me dicen. Es un taburete de madera alto, tengo que apoyar los pies en una madera intermedia. La madera en las nalgas y la postura que me obliga a estar con los muslos abiertos mostrando mi concha me está excitando. Se coloca enfrente de mí, tiene a su disposición mi sexo. Me mete el dedo sin miramientos. Lo retira mojado.
Estoy muy caliente, creo que el movimiento que he hecho al chupársela, rozándome con la piedra me ha puesto a cien.
“¿Quién quiere ser el primero?”
No me da tiempo a nada, ha agitado el champagne con el dedo tapando la botella y me la ha metido en mi concha.
Chillo de la impresión. Es como un chorro frío y potente dentro. Celina aplica la boca contra mi concha y bebe. Al notar el liquido que sale y los labios en los de mi sexo, no aguanto más. Me estoy yendo. Me empiezan espasmos muy lentos pero fuertes. Me vuelve a meter otro chorrazo.
¡Qué placer me recorre el cuerpo! Estoy en una nirvana mientras es ahora Bebe la que me bebe. Estoy teniendo un orgasmo largo sin salir de la zona de meseta.
Carmen y Fermín no muestran interés en él en mi sexy-coktail, están comiendo ostras y tomando vino blanco.
“”Atadla a la columna”. Es Celina la que me acerca a la columna de piedra. Me obliga a pegarme a ella. Noto el frío de la piedra contra mi piel. Al tirar para atarme abrazando la columna, mis pezones se aplastan contra ella. Es una extraña sensación el frío con mi calor postorgásmico.
Apenas han pasado unos segundos cuando me dan el primer azote. Me escuecen las nalgas, me ha hecho daño, pero sobre todo un picor fuerte, muy fuerte.
De forma sistemática me azotan. Me duele, he leído y me han contado que hay personas que les gusta. A mí no. Cuando Fermín me castigó su ritmo y su fuerza era distinta. Buscaba calentarme al tiempo que me humillaba. Ahora no es eso, me quieren hacer daño. Sé que si grito me van a pegar más fuerte. Quiero pensar en otra cosa, debe separar mi mente del cuerpo, insensibilizarme. El mar, las olas en la orilla, olas suaves rompiendo....De pronto el látigo es una sucesión de olas, y mi cola la arena. Estoy con los ojos cerrados, me dejo llevar, son olas que rompen contra mí.
Celina me suelta, vuelvo en mí. Noto un calor enorme en las nalgas, me obliga arrodillarme, me pone a cuatro patas. Me cogen, es un pijo gordo, la mete y la saca. Celina me mantiene la cara alta obligándome a mirarla.
Me empiezo a excitar, aquella minga clavándose en mi sexo me gusta. La sonrisa de Celina indicándome que entiende que me guste, me excita aun más. Noto como entra y sale, aprieto más los muslos para notar mejor el grosor que me invade.
Es lindo que te cojan así, las manos del hombre empiezan a darme azotes en mi cola caliente, llevan el ritmo de las arremetidas. Me gusta. Me gusta. Voy avanzando, me sale, me gusta, que lindo, sigue, sigue... Su minga más rápido, así, así, así...
UAAUUUUUUUU-me voy cuando noto su leche en mí. La saca y me la vuelve a poner en la boca para que se la limpie con la lengua. Me demoro haciéndolo, ha sido una buena cogida. Esta vez sabe a los dos, a su semen y a mis jugos.
“Es muy buena, le gusta, tienen una joyita.”- dice a Fermín y Carmen mientras yo se la lamo. Estoy temblando. Cuando me levanta Celina tirando de la correa veo que Bebe se la está chupando a Fermín, arrodillada entre sus piernas y que Carmen se está tocando la concha en una masturbación lenta. Me vuelve atar las manos a la espalda y me mira. Todavía me quedan horas de castigo y placer.

 
Escribile un e-mail al autor:
alaf8@velocom.com.ar

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