Mi Madrastra II
Enviado por Mystery el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Llegamos a casa y ella se ocupó de preparar una merienda en la cocina. Aseé la humedad de mis entrepiernas, provocada por mis fantasías, y vestí un short muy cortico que dejaba ver parte de mis nalgas, me puse un pullover transparente y esperé que me avisara. Al rato merendábamos ligeramente mientras conversábamos de variados temas. La impaciencia me roía mientras ella comía, bebía y fregaba los platos y vasos. Se dirigió a su habitación y quedé esperando en la cocina. Habría pasado media hora (parecieron dos) cuando me aventuré a su dormitorio porque no podía esperar más. La encontré totalmente desnuda sobre la cama, a un lado estaba desplegada una gran toalla donde se observaba unas tijeras, maquinilla de afeitar, brocha y bote con espuma.
─.. Pensé que te habías arrepentido.
─.. Esperaba que me avisaras ─.. contesté.
─.. Me agrada que te impacientes, eso incrementa el deseo. Quítate toda la ropa y tiéndete sobre la toalla ─.. indicaba hacia su lado.
─.. ¡Oh! Cuántos pendejos y que desordenados. Verás lo bien que vas a quedar. No me gusta depilarme totalmente pero considero que se debe eliminar esa textura silvestre. El sexo debe estar limpio y atrayente, con delicadeza, como si se tocaran los pétalos de una flor. Toca el mío ─.. dijo al tiempo que tomaba mis manos y la paseaba suavemente por su vellosidad.
Ciertamente era suave aunque de pelos fuertes, estaba recortada pareja y se encontraba muy caliente. Me daba vergüenza el manoseo y me sentía cohibida. Ella se percató y separó las piernas introduciendo mis manos en ellas. El calor era grande y me hipnotizaba la visión. Con gestos tímidos acaricié lo que me ofrecía, palpé sus labios y me acerqué a la entrada.. estaba humedecida y tersa. Guió mi mano por su sexo y la ubicó sobre su clítoris, era duro y moreno, palpitaba, invitaba. Di un ligero apretón y gimió:
─.. ¡No! Que me harás venir. Dejemos esto y vayamos a lo nuestro. Si quieres te masturbas después, no diré nada a tu padre, será un secreto ─.. sonreía con malicia ─.. ¿No me vayas a decir que no lo haces?
─.. Nunca lo he hecho ─.. mentí a medias.
─.. Te enseñaré, es divertido y excitante, todas lo hacemos. Pero, primero pongamos esto bonito aquí abajo.
Separó mis piernas y comenzó a recortar con las tijeras, luego untó espuma con la brocha y repasó las ingles en busca de vellos esparcidos en la zona. Rectificó bien con la maquinilla los bordes y al terminar me enjuagó y secó con los extremos de la toalla. Al hacerlo, rozaba con sensualidad mis puntos eróticos. Friccionó mi clítoris, secó mi vulva que drenaba sin parar, repasó el ano.
─.. Tócate y observa el cambio, ¿no está mejor así?
Palpé y admití que se sentía mejor. Quedaron parejos y de suave textura. Al hacerlo sondeé mi clítoris y comencé a excitarme. Cerré los ojos y ella comprendió el estado en que me encontraba. Puso su mano sobre la mía y guió mis movimientos. Nuestros dedos se mezclaban y en ocasiones era ella la que me frotaba deliciosamente. Terminé apartando mi ignorante mano y permitiendo que fuera ella la que se encargara. Como mantenía los ojos cerrados no me percaté cuando su lengua comenzó a saborear mi intimidad. Era exquisito, nunca me lo habían hecho. La calidez, unida a la saliva, me hacía sentir sensaciones jamás experimentadas. Se expandía a la entrada de la vagina, rondaba el perineo, incursionaba en mi ano, pellizcaba mis pezones, acariciaba mi ombligo, mordisqueaba mis labios íntimos. Comencé a convulsionar iniciando vaivenes de franca cópula. Algo se gestaba en mi interior a velocidad increíble, era algo abrasador, ígneo. Cerré las piernas quedando ella atrapada mientras se esforzaba en aumentar el ritmo de los lametazos. Me corrí salvajemente en su boca.
Cuando me relajé y abrí los ojos la encontré sonriendo y degustando. Estaba confundida, en menos de 24 horas mi vida había cambiado radicalmente.
─.. ¿Eres virgen, no?
─.. Sí, por ambos lados a pesar de los enemas que me han puesto.
─.. Respetaré tu virginidad y viviremos nuestra vida sin contarle a tu papá, pero yo soy una mujer adulta y tengo mis necesidades, debes ayudarme, ¿estás dispuesta?
Temí por una condición humillante o algo que estuviera fuera de mis principios. Quizás iba a confesarme alguna aventura extramatrimonial, y eso no se lo iba a consentir. Me puse seria y comencé a prepararme para una propuesta inadecuada. Ella sonrió y se dirigió al closet donde buscó algo que yo no imaginaba qué podría ser. A poco regresó y lo mostró. Se trataba de un consolador de goma color carne y dimensiones reales. Disponía de correas y trabas que permiten ajustarlo a la cintura. Quedé pasmada de la visión, ¿qué pretendía, violarme con semejante artefacto?
─.. Te dije que soy virgen y pienso mantenerme así, ni lo sueñes ─.. contesté con acritud.
─.. No es para ti, es para mí.
No había pasado por mi mente la posibilidad Al ver su rostro me tranquilicé, estaba serena y me miraba con imploración, no había la menor señal de amenaza, se mostraba suplicante.
─.. No sé usar eso, nunca lo he hecho.
─.. Es sencillo, te lo colocas firmemente y me empalas, luego te mueves como si follaras, no te molestará. Por favor …
Lo tomé en mis manos y examiné. Era duro pero flexible y poseía detalles increíbles: venas y arrugas de piel. Se trataba de una reproducción muy real según había observado por el ojillo del baño cuando mi papá se bañaba. Comencé a colocarlo y ella me ayudó en el ajuste. Me miré al espejo y tuve que sonreír por mi reflejo con “eso” colgando. Ella comprobó la firmeza y lo palpó con detenimiento. Pasó sus manos por el miembro y comenzó a restregarlo como si lo masturbara.. finalmente, se agachó y comenzó a chuparlo. Cerraba los ojos como si disfrutara de una realidad. Lo introducía hasta el final para luego extraerlo y saborear la punta. Su lengua lo circundaba y humedecía al tiempo que ejecutaba movimientos de vaivén. Yo observaba fascinada la escena, era increíble ver cómo la disfrutaba. Al cabo de unos minutos me haló hacia la cama y antes de subirse a ella engrasó el consolador con bastante vaselina. Se arrodilló y abrió las piernas al tiempo que empinó la cola al máximo. El espectáculo era fascinante. Su coño se abría y mostraba con generosidad. Los labios estaban empapados y brillosos. El agujero vaginal ya no se mostraba rosado sino rojo encendido, más arriba el ojete anal apretado. Puse el extremo en la vagina …
─.. ¡No! Por ahí no. Por el culo …
Recordé sus comentarios de la mañana y comprendí. Era evidente que hacía tiempo que no la cogían por el trasero y ardía de deseos. Me pareció increíble que pudiera encajarse semejante trabuco por allí. Se veía apretado aunque expectante y deseoso. Lo rodeaban finos pliegues de piel trigueña haciéndolo muy atractivo. Continuó dándome instrucciones, . Me meneaba lentamente y observé como se dilataba su agujerito poco a poco. No quería hacerle daño, por lo que me limité a cumplir sus órdenes. Llegado un momento, entraba y salía sin dificultad y era evidente que se había distendido suficiente. . Lo disfrutaba mucho, de eso no tenía dudas, ¿qué tal si la hacía sufrir un poco? Continué moviéndome con tan solo la punta dentro de su culo al tiempo que comencé a acariciar su espalda, ella gemía y esperaba pacientemente. Me extendí hasta el cuello y al rato (sin previo aviso), la agarré fuertemente por un hombro y me adelanté al máximo encajando hasta el final aquella gran pinga de goma en su precioso culo. Gritó como si la hubiera rajado en dos, pero se la tragó completa. La retuve fuertemente unos minutos para sentir el placer de mi estocada en lo profundo de sus entrañas.. luego, la extraje casi completa para arremeter con furia una vez más. Me mantuve martirizándola y sus gritos espoleaban mis esfuerzos. Se retorcía, pellizcaba sus pezones, frotaba su clítoris, me decía “puta”, suplicaba que se la clavara más. Emprendí un galope en que escuchaba el chasqueo de la vaselina contra su ojete hasta que en el momento más acelerado del trote la escuché gritar, . La sostuve fuertemente por el cuello y se la encajé hasta el máximo que podía. Permanecimos unos minutos así hasta que expresó:
─.. Suéltame ya por favor, me haces daño.
Liberé la mano que la aguantaba firmemente y cayó acostada a lo largo. La pija de goma brillaba y mostraba manchas de excrecencias. Me la quité y lancé al suelo. Luego me acosté a su lado y contemplé su rostro. Respiraba entrecortadamente y relamía los labios, parecía feliz aunque adolorida y sentí lástima por ella, quizás la dañé. Aparté sus cabellos y acaricié su rostro. Abrió los ojos y me miró sonriente.
─.. Gracias, muchas gracias. Hacía tiempo que no me lo hacían así, eres muy buena. ¿No te excitó? ─.. dijo mientras estiró la mano hacia mi coño y palpó impudorosamente.
Yo rezumaba abundantemente y era toda excitación. Se viró boca arriba y empujó mi cabeza entre sus piernas quedando yo a la inversa de ella. Su coño olía a fluídos íntimos que se deslizaban por entre sus labios. No sentí asco y lamí con ansiedad. Puse ahínco y me abandoné en mamar y disfrutar aquel sexo que destilaba lujuria. Sentí que apartó mis piernas y se sumergió entre ellas, sus lametazos me excitaron mucho y comencé a jadear de deseos. No sólo me chupaba el coño, se extendía hacia el ano y luego me penetraba suavemente con un dedo. Alcanzó mis pezones y los apretaba a intermitencias. Yo chupaba y metía la lengua lo más que podía por su vagina, bebí jugos que alimentaban mi fuego. Ella deslizó una mano y comenzó a masturbarse. A poco me aparté y la dejé arrebatada en su oniria. Era una imagen increíble ver como se retorcía ante su propio placer. Pellizcaba sus pezones, amasaba sus tetas, se penetraba con los dedos, musitaba cochinadas hasta que se corrió abundantemente.
Media hora después, cambió las sábanas y nos duchamos juntas. Me bañó como no recuerdo que nadie lo haya hecho, yo también la bañé a ella, ocasión que me sirvió para admirar su cuerpo latino, palpar carnes firmes y ardientes, saborear labios de fuego. Nos mantuvimos en ropa muy ligera hasta las seis de la tarde en que nos vestimos con seriedad a la espera de la llegada de mi papá. Conversamos mucho sobre sexo, el amor en la adolescencia, sus aventuras pasadas, el hombre y la mujer en la cama, etc. Confesó no ser lesbiana (¡qué alivio!) aunque no desdeña el sexo con una mujer. Mi madrastra es una mujer caliente, creativa, audaz y atrevida en asuntos de sexo. Acordamos mantener esta estrecha y peculiar relación donde prometió asombrarme con iniciativas que prepararían para la vida, al tiempo que gemiría de placer. , fue su aseveración. Me preocupaba mi papá, , respondía con seguridad. Mi papá parte para el trabajo muy temprano, es jefe y su lema es que “el jefe debe ser el primero en llegar y el último en irse”, a veces entraba a su dormitorio luego de sentir el coche partir y nos entregábamos a sesiones de sexo arrebatadoras.. en otras ocasiones, yo llegaba de la escuela, me desvestía y nos encontrábamos en su cama. Había sido enfermera practicante de acupuntura y conocía sobre la excitación de los puntos eróticos y sexuales con mucha precisión.. también me enseñaba. Al principio me ardían un poco los ligeros pinchazos de las pequeñas agujas, más tarde disfrutaba de sus manipulaciones que provocaban orgasmos salvajes en mí al menor roce en determinados puntos. Dicen que la felicidad nunca es completa y es cierto, llegó mi turno.
Una mañana sentí partir el coche de papi, me desnudé y corrí a su habitación. Estaba desnuda y su respiración era entrecortada. Me paré al borde de la cama y observé su rostro, pensé que no era el momento adecuado y giré en dirección a la puerta.
─.. Espera, no te vayas. Regresa … ─.. decía mientras extendía una mano y tomaba un bote de miel de abejas que esparció en su coño con abundancia.
Di unos pasos vacilantes y la observé. Radiaba de lujuria y deseos explosivos. Miré a su sexo y vi la miel entre sus belfos, no pude contenerme y me abalancé con ansiedad, nunca lo había hecho así. Aparté mi pelo y me sumergí. Adoro la miel de abejas y me excitaba de solo pensar el sabor de la mezcla. Mis primeros lametazos fueron con fruición y rodeaba su agujero vaginal para sorber la mezcla de la miel y su churmo. Aunque predominaba el sabor de la miel no era lo que esperaba encontrar: había cierta amargura desacostumbrada. Me excitó y sus caricias me sobrepasaron. Se corrió en mi boca con una explosión que inundó mi paladar. Limpié su sexo y relamí todo lo que me ofreció.
─.. ¿Te gustó? Junto con la miel y mis jugos te bebiste la leche de tu padre.
Quedé pasmada, no podía creer lo que me decía. Ya la conocía y sabía de lo que era capaz, mostré indiferencia y distraídamente le contesté:
─.. Nunca la había probado. ¿Lo dices en serio o es mentira?
─.. Hasta la última gota y fresquesita, te lo juro.
Sonreí, gire hacia mi habitación y me duché. Ese día apenas pude concentrarme en la escuela, no sé cómo pude contenerme ante su aberración. Me sentí muy ofendida y a ratos escapaba una lágrima de mi rostro, era más de lo que suponía que podía hacer, sentí asco de mi misma y me inundó un odio infinito hacia mi madrastra. ¡Hacerme eso a mí! No la perdoné jamás. Cruzó la línea prohibida y juré que me la pagaría. Llegué a casa y me encerré en mi habitación a pensar. Preparé mi respuesta con todo detalle, no haría un escándalo ni le dejaría márgenes para disfrutar su victoria. Actuaría con paciencia oriental y meticulosidad científica, lamentará toda su vida haber transgredido los límites.

 
Escribile un e-mail al autor:
mysterydomina@hotmail.com

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