Durante el resto de la noche me comporté como de habitual, respondía a sus sonrisas con naturalidad y no dejé entrever mi ira ni mis sentimientos. Al día siguiente continuamos como si nada hubiera sucedido. En las ocasiones que me correspondía penetrarla analmente me desquitaba a medias con bastante ímpetu y violencia, ella soportaba y disfrutaba sin asociar los acontecimientos, parecía disfrutar un poco el dolor.
Un mes antes de mi cumpleaños quince le pedí a mi papá que me comprara un perro de raza, preferiblemente un pastor alemán. La negativa fue total y acudí a ella en ayuda. Al cabo de unos días papi aceptó y me propuso comprarlo juntos para que yo escogiera el de mi agrado. Ya en la tienda observé algunos ejemplares y seleccioné uno de un año de edad. Era hermoso y vigoroso. Lo llevamos a casa junto con las instrucciones de cómo alimentarlo, cuidados, etc. Al otro día lo ingresamos en una clínica donde lo analizaron, vacunaron, aplicaron tratamientos y finalmente, nos lo devolvieron con un certificado de “libre de enfermedades parasitarias y contagiosas para el ser humano”. Mis relaciones con mi madrastra se mantenían inalterables. A solas, preparé algunos medios que formaban parte de mi plan y el día de cumpleaños solicité permiso para no asistir a clases. Papá accedió, me hizo otros regalos y prometió estar de vuelta a las siete de la noche para ir a Cenar. A la salida de papá fui en busca de Dogo (nombre de mi perro) y penetré en la habitación de mi madrastra. La encontré semidesnuda sobre la cama y leyendo revistas de modas. Se extrañó porque yo nunca entraba en su dormitorio con Dogo. Comenzamos a conversar sobre banalidades y me senté en el suelo a acariciarlo. Con toda intención inicié caricias en sus genitales y Dogo reaccionó comenzando a sacar su miembro rosado, largo y brilloso.
─.. ¡Mira esto! Parece que se está excitando. ¿Habías visto alguna vez algo así? ─.. pregunté a mi madrastra.
Ella dejó la lectura y acudió a observar de cerca. Dogo continuaba respondiendo a mi masajeo y su pija seguía saliendo de la piel que la contenía. Alcanzó dimensiones respetables y daba muestras de inquietud.
─.. ¿Se podrá mamar? ─.. pregunté con ingenuidad.
─.. No seas loca, puedes enfermarte.
─.. Sabes que es libre de enfermedades, papá lo asegura por el certificado que dieron.
Miraba y dudaba. La conozco lo suficiente para saber que comenzaba a excitarse, pero obviamente dudaba. Agarré el trabuco de Dogo con mis manos y comencé a masturbarlo lentamente. Drenaba un liquido que llevé a mi olfato y no olía tan mal. Hice de tripas corazón y lo pasé por mis labios, no sabía muy mal, quizás un poco amargo, pero no mucho.
─.. ¿Te animas? ─.. invité.
─.. Después de ti ─.. respondió.
Me incliné e introduje una parte del trabal en mi boca. Comencé a saborearlo y cerré los ojos rogando que todo saliera bien. Gemí, lo elogié, exclamé obscenidades y comencé a restregarme para continuar excitando a mi madrastra. Ella nos observaba magnetizada. Se desvistió y ubicó a mi lado sin dejar de observar. Al rato la halé y se la puse en la boca. La engulló con glotonería y disfrutó la mamada como si fuera a un hombre. Comencé a manosear su intimidad, separé sus labios y alcancé el clítoris que estaba duro como un grano, ella gemía y se licuaba.. pasé al ano de ella e introduje un dedo lo más que pude, la reacción fue inmediata. Se volteó mostrando el culo al aire mientras seguía prendida a la pija de Dogo. La sodomicé con dos dedos un rato más y unté abundante vaselina, tan ensimismada se encontraba que no se percató. La separé de Dogo con rapidez, lo calcé con unos calcetines que yo misma había hecho (para que no arañen sus uñas) y lo llevé a la espalda de mi madrastra. Ella estaba dispuesta a todo, ardía de deseos. Cuando se pone así no ofrece resistencia a nada, es una fuente de deseos. La incliné bastante, separé sus piernas al máximo y monté a Dogo sobre su espalda. El perro no atinaba al ano, hacía movimientos disparatados de penetración y más bien acertaba a su vagina.. cuando la ensartaba ella gemía pero no era allí donde yo quería que la empalara. Me incliné y tomé su miembro con firmeza presentándolo justo en su apretada boquita anal. Le entró completa y lanzó un grito de dolor. Dogo se movía con violencia y la penetraba ferozmente mientras yo esperaba la llegada del momento. Volví a untar de vaselina los alrededores de su ojete y en una acometida le metió la bola grande quedando ambos enganchados. Cuando se produjo, gritó a todo pecho:
─.. ¡Quítame este animal de arriba! ¡Me va a matar!
Me miraba con ojos desorbitados y abundantes lágrimas corriendo por sus mejillas. Estaba pasando los peores momentos de su vida. Miré su culo y vi mucha leche, vaselina, mierda y algo de sangre. Dogo se movió un poco más hasta que se corrió en sus entrañas. Estaba ensartada hasta el final y evidentemente le dolía.
─.. ¡Sepárame de este animal! ¡Qué esperas! ─.. gritaba sollozando sin comprender mis intenciones.
Yo sabía que se mantendrían así por unos quince o veinte minutos, me quedaba tiempo de sobra. Fui a mi dormitorio y busqué el collar de Dogo, mi cámara fotográfica digital y una pequeña fusta de goma. Había indagado y sabía que la fusta de goma no deja marcas apreciables sobre la piel. Regresé y comencé a tomar fotos desde diferentes ángulos que no dejaran lugar a dudas. Me miraba asombrada sin saber las causas de mi actuación.. mientras, Dogo se volvió al revés quedando empalados uno de espaldas al otro. Con parsimonia ajusté el collar de Dogo al cuello de mi madrastra.
─.. ¿Qué significa esto? ─.. preguntaba sin entender.
El primer fustazo se lo di en las nalgas y chilló con todas sus fuerzas. Halé la cadena del collar obligándola a acercarse a mí.. lógicamente, le dolió por estar trabada con Dogo.
─.. ¡No sigas, hija de puta! Me vas a hacer daño.
No mencioné una palabra, le di el segundo fustazo, esta vez en la espalda, y un fuerte tirón a la cadena. Caminaba de rodillas hacia mí y arrastraba a Dogo consigo. La fustigué varias veces y se acostumbró a arrastrarse a mis órdenes cuando recibía el golpe. No creerán si les digo que disfruté el momento, se sometía cabalmente, no podía hacer otra cosa. Continué durante varios minutos más para que se asegurara de mi control. Al detenerme un momento, levantó la cabeza hacia mí y dijo:
─.. ¿Por qué me haces esto?
─.. Porque hacerme tragar la leche de mi padre fue una bajeza de tu parte, no te perdono que lo hayas hecho. ¿Sabes la posición en que te encuentras? Nadie creerá que lo que has hecho con Dogo fue obligada, eres una aberrada y una asquerosa.
Quedó pensativa unos minutos y para reafirmar mis convicciones le apliqué otros fustazos y la hice recorrer en círculos a mi alrededor.
─.. ¿Qué más quieres? ─.. preguntó con sumisión.
─.. De ahora en adelante serás mi sierva y harás todo lo que te ordene, si te niegas comenzarán a aparecer fotos tuyas en Internet y, por supuesto, la recibirá mi papá y todas las amistades que tengas. Es mi venganza por lo que me hiciste y te aseguro que voy a cobrarte mucho la afrenta, ni imaginas lo que te espera. Me miró con ojos retadores y eso me enfureció, no debió hacerlo. Apliqué cinco o seis fustazos sobre su espalda y nalgas al tiempo que halé la cadena con todas mis fuerzas. Ya no caminaba arrodillada, se arrastraba y gritaba desaforadamente mientras arrastraba a Dogo tras sí. Habrían pasado quince minutos y sabía que la bola de Dogo estaba por descongestionarse.. me paré frente a ella con las piernas abiertas y la forcé a mirarme valiéndome de la correa.
─.. ¡Abre la boca!
No más levantar la cabeza y abrir la boca comencé a orinar sobre su rostro hasta acertar al interior de su boca.
─.. ¡Traga!
Tragó mi meada sin chistar y cuando terminé bajó la cabeza. Estaba derrumbada. A poco Dogo se destrabó y comenzó a lamerse los genitales. Ella cayó rendida al suelo sin pronunciar palabra y así se mantuvo. Yo recogí las cosas y marché a mi habitación dando palmadas al cuerpo de mi perro. La tarde transcurrió en silencio y sin tropezar una con la otra. Desde allí escuché que se duchaba y regresaba a su habitación. A las seis llegó papá y nos arreglamos para ir a cenar. Lo hicimos en un caro Restaurant por reservación previa. Ella se vistió elegante y habló poco, se notaba demacrada y pálida. Alegó cierta indisposición aunque no estropeó la noche. Papi y yo bailamos y nos divertimos muchísimo. Regresamos tarde y papi fue directo a dormir pues estaba un poco pasado de tragos. Yo me acosté a leer con la lamparita encendida. Al rato sentí golpe de nudillos en la puerta y que pedían permiso para entrar. La autoricé y entró en bata de dormir. Se sentó a mi lado y acarició mis cabellos mientras con voz temblorosa me dijo:
─.. He venido a pedirte perdón, de corazón. Eres muy diferente a como pensaba, me has sorprendido por la mañana, pero no hay rencores. No me interesan las fotos, si quieres puedes publicarlas, me interesas tú. No me opondré a tus deseos y haré cuanto digas, solo quiero que no me dañes, no demasiado …
─.. No te prometo nada, todo lo contrario. Fuiste mala conmigo y seré mala contigo, muy mala. Ahora vete que estoy leyendo y me molesta tu presencia. Mañana no iré a la escuela y tú asegurarás a mi padre que estuve indispuesta. Te veré en tu dormitorio y haré lo que desee contigo, no te hagas ilusiones. ¡Lárgate!
Me miró asombrada pero sin decir nada. Giró en redondo y al cerrar la puerta me deseó buenas noches. Leí un rato más hasta quedar dormida. En la mañana, cuando sentí el coche de papi partir, me desnudé, cogí el fuete de goma y el collar de Dogo y entré en su dormitorio, estaba despierta y anhelante. Sonrió y no le respondí.
─.. Ponte tú misma el collar bien ajustado, quítate la ropa y acuéstate en el piso. ¡Andando!
Se desnudó y ajustó el collar. Cuando terminó se acostó boca abajo en el piso sin mirar hacia mi. Comencé a fustigarla y a halar la cadena con fuerza. Se arrastraba por el piso siguiendo mis pasos y sus lágrimas comenzaron a brotar y correr por el rostro. No gritaba sino que apretaba los labios y contenía sus chillidos. La mantuve así unos minutos más y luego la follé por atrás con el consolador que tanto le gusta, con la excepción de que no seguí los pasos que habitualmente me orientaba sino, la clavé hasta el final desde el principio. Gritó como una loca pero a los minutos lo disfrutaba.
No quiero hacer esta historia aburrida. En lo sucesivo se mantuvo de esta forma la relación por unos meses más. Jamás dejé de fustigarla. Encajaba las agujas de acupuntura en su espalda, nalgas, muslos y hasta en la planta de sus pies. Probé frascos plásticos de desodorante en su vagina y ano, plátanos, pepinos, zanahorias y todo lo que se me ocurrió. Nunca protestó, parece que, a pesar de todo, lo disfrutaba. Bajó de peso y se demacró.. se volvió nerviosa e inquisitiva, bastante inquieta y un tanto incoherente. Mi papá terminó la relación varios meses después. Dijo que había cambiado mucho y ya no se mostraba amorosa y serena, la largó de la casa. Me llamaba por teléfono diciéndome que necesitaba encontrarse conmigo, yo colgaba y, finalmente, cambiamos el número y lo hicimos privado. Dos años después, a la salida de un mercado, la vi de lejos caminando por un parque. Parecía ausente. Estaba sucia y mal vestida, su pelo ya no brillaba ni era hermoso como antes, me pareció advertir que hablaba sola.
Olvidé el asunto y seguí mi vida. A los diecisiete me ofrecí por primera vez a un chico y la pasé bien. Luego he tenido otros y ahora soy una chica de 20 años que se prepara para ingresar a la Universidad. ¿Fuí mala con mi madrastra? Yo creo que no.