Mis vecinitas del primer piso – parte 2
Enviado por Mateo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Cecilia, Patricia y yo empezamos una relación de lo más natural.
Yo llegaba de trabajar, primero pasaba por mi departamento, chequeaba los mensajes del teléfono, me daba una ducha, sacaba unas cervezas de la heladera y bajaba al primer piso.
Allí siempre a una de ellas se encontraba sino a las dos y se armaba la fiesta.
El relato que voy a contar hoy fue una tarde, que llegue más temprano de lo habitual, toco timbre en el 1°A y en vez de abrirme la puerta una de ellas, la abre Griselda.
Griselda resultó ser una compañera de facultad que les había pedido prestado el departamento para estudiar porque en su casa había demasiada gente.
Sorprendido, Griselda me saluda con total naturalidad diciéndome, “vos debes ser Mateo, ¿no? Pasá. Las chicas todavía no llegaron.”
Sobre la mesa estaban un montón de libros y apuntes. Pero Griselda ya no volvió a retomar sus estudios.
Abrimos un par de cervezas y nos quedamos charlando en el living, supuestamente esperando que llegaran mis vecinitas.
La charla automáticamente fue subiendo el tono, Griselda por lo visto estaba al tanto de todo lo que ocurría en aquel lugar cada vez que yo las iba a visitar.
Griselda también tiene 20 años, lindo cuerpo, muy armonioso tal vez no tan exuberante como Patricia ni tan perfecto como Cecilia.
A los 10 minutos de conversación, la situación no daba para más o me le tiraba encima o me iba para volver cuando mis vecinitas estuvieran de regreso.

Por supuesto que la segunda opción no fue tenida en cuenta.

Aprovechando que ella se paró en procura de una servilleta para limpiar porque se había caído un poco de cerveza en la mesa, la seguí hasta la cocina.
Me acerqué por atrás cuando ella pretendía alcanzar la alacena de arriba de la mesada. La tome fuertemente de la cintura y apoyando mi pija, en semi erección, sobre su culo comencé a besarle sutilmente el cuello. Un suspiro salió de su boca y su cuerpo vibró, dejando que yo haga. Su aceptación era evidenciada por la forma en que me refregaba el culo sobre mi pija.
La di vuelta y nos fundimos en un beso de lengua muy caliente.
Mientras seguíamos besándonos, la fui desnudando, hasta que quedo totalmente en bolas. La levante y senté sobre la fría mesada, mientras le chupaba las tetas, dejando esos pezones bien duros y excitados.
Fui bajando con mi boca por su cuerpo hasta llegar a su concha, la empuje un poco hacia atrás para que la visión fuera completa.
Comencé un trabajo digno de un buen minero, lengua en profundidad, besos en los labios y clítoris, masajes con los dedos por toda la zona.
La excitación de Griselda era absoluta y no tardó mucho más en llegar su primer orgasmo, clavándome las uñas en la nuca y llenándome la boca con sus jugos.

Me reincorporé, la agarre de las nalgas que estaban frías, ella me tomó de los hombros y sin que toque el piso la lleve al sofá donde tantas veces había cogido con Patricia y Cecilia.
Me bajé los pantalones dejando al aire mi pija que estaba hecha una roca.
Ella sentada en el sofá, yo parado frente ella, mi pija en su boca, era una postal.
Realmente no era una gran mamadora pero hacía un gran esfuerzo por hacerme feliz. Feliz me hizo cuando sacando mi pija de su boca y con los ojitos mirando el cielo me pide: “Quiero que me hagas la cola”.
Cual velocista de 100 metros fui al baño donde las chicas guardaban un aceite que usábamos para estas ocasiones. Al regresar al living el panorama era envidiable ella tirada sobre el sofá colita arriba esperándome para que le parta el orto en dos.
Le tire un chorro de aceite en el coxis y con la palma de la mano derecha le unté bien las nalgas y su ano. Mientras con la izquierda masturbaba la concha logrando que su excitación fuera en incremento. Primero fue mi dedo mayor, luego dos dedos hasta que la dilatación de su ano permitió la entrada de tres. Ese era el momento, acerque mi pija a la entrada de su agujero negro y con suma delicadeza lo fui penetrando. Ya con toda mi pija adentro, su gemido orgásmico llegó rápidamente, mi mano izquierda aún en su concha recibió nuevamente sus jugos.
Empece un bombeo rítmico constante. Ella no tardó mucho en entrar en ese ritmo, moviendo su cola en sincronía con mi compás.
Fue alucinante sentir su tercer orgasmo mientras le llenaba el culo de leche.

Cuando tomo noción de tiempo y espacio me doy cuenta que Patricia y Cecilia estaban desnudas en el otro sillón del living besándose y masturbando una a la otra. Nunca sabré si llegaron y no escuché o si siempre estuvieron en el departamento escondidas disfrutando como a su compañera de facultad le rompía el culo.

Griselda no dijo nada, por lo que la segunda teoría me cerraba más que la primera.

La imagen de esas dos bellezas cogiendo hizo que mi pija nuevamente tomara fuerzas. Me acerque a ellas y como ya era una costumbre nos besamos los tres sacando nuestras lenguas y entre cursándolas como las espadas de los mosqueteros.
Griselda seguía culo para arriba en el sofá con claras señas de agotamiento, tres polvos se había echado la chica.

Entonces los tres tomados de la mano como novios infantiles nos fuimos al dormitorio. Ahí empezamos con una clásica cadena oral, que era, Patricia le chupaba la concha a Cecilia, Cecilia me chupaba la pija a mí y yo se la chupaba a Patricia. Estas cadenas en otras oportunidades podían durar una eternidad, pero hoy justo no era el caso.
Cecilia estaba atacada que quería que yo la cogiera por todos lados.

Patricia días después me confesó que a Cecilia no le había gustado nada que yo me hubiera cogido a Griselda. Estaba celosa, se estaba enamorando de mí. Y si bien con Patricia no podía decir nada, le molestaba cuando la cogía sin que estuviera ella.

Por lo tanto Patricia y yo nos dedicamos a complacer a la niña caprichosa.
Cortamos la cadena, yo me tiré boca arriba en la cama, Cecilia se montó rápidamente en mi pija mientras Patricia se sentó sobre mi cara,
Cecilia cabalgaba como una verdadera jocketa desenfrenada mientras yo le chupaba la concha a Patricia metiéndole dos dedos en el culo. Las dos acabaron más o menos al mismo tiempo. Fue entonces cuando las puse a hacerse un 69 al borde de la cama poniendo arriba a Cecilia dejando su bello culo a mi disposición.
Con mi saliva y la de Patricia más los jugos del orgasmo que recién había tenido, lubricaron bien el ano de Cecilia. Parado al borde de la cama apoye mi pija en la entrada del ano y de un solo envión se la metí hasta los huevos. Un “Siiiiiii” salió de su boca y por el ahogo de Patricia por los jugos de Cecilia calculé que otro orgasmo se había producido.

Era muy placentero sentir la lengua de Patricia acariciándome los huevos Alternaba entre ellos y la concha de Cecilia mientras yo le rompía el culo a esta.
Ya teníamos una sincronización olímpica.
Así estuvimos hasta que Patricia fue la primera en acabar nuevamente y un efecto dominó se produjo en esa habitación, luego fui yo el que no pudo aguantar más y le inundé el culo de semen a Cecilia para luego ella terminar con un grito que lo deben haber escuchado en todo el edificio.
Caímos todos sudados rendidos en la cama.
Pero la risa no tardó en llegar cuando vemos Griselda caminando como un pato con el culo partido acercándose a la cama pidiendo que le hagamos un lugar.

 
Escribile un e-mail al autor:
mateo503@hotmail.com

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