Baldus (III, Luana)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Otra noche más. Sofía quiere que le cuente en esta ocasión la historia de
alguna mujer vampiro. No es difícil, tengo varias compañeras con historias nuy
interesantes. Así que voy a decidirme por la historia de una de mis hijas.
Luana. Antes de nada debo aclarar que para un vampiro, su verdadero padre es
quien lo despierta a esa nueva vida y lo protege para que pueda sobrevivir en un
mundo gobernado por quienes son nuestras... presas. Como ya dije en otra ocasión,
es muy raro que los vampiros niños vivan con sus padres biológicos. Solemos
dejarlos al cuidado de una familia humana, a fin de que se pierda totalmente
nuestra pista, pero eidentemente dejamos siempre un ojo sobre ellos, para que al
llegar a la edad adulta puedan sobrevivir por sí mismos. Por eso, Luana no era
mi hija biológica, sino que me encargué con posterioridad de su educación, y
a decir verdad, la ayudé en alguno de sus proyectos más disparatados en los
que se embarcó en cuanto consiguió el suficiente dominio de sus poderes. Hay
que tener en cuenta que cuando un vampiro "..despierta a la vida".. a otro, se crea
un vínculo íntimo entre los Dos.


Los padres adoptivos de Luana eran unos ricos hacendados del sur de Portugal.
Tenían una cadena hotelera internacional, y unas grandes extensiones de terreno
en el Algarbe. Como parte de su formación académica, Luana ingresó interna en
un exclusivo colegio inglés. El Hillary Church College, un prestigioso
internado donde se formaban también una gran parte de las hijas de la
aristocracia inglesa. Su disciplina era rigurosa, y su nivel académico estaba a
la altura del dinero que los padres de Luana pagaban por su estancia. Luana tenía
un aspecto bastante enfermizo. Aunque físicamente aparentaba menos, había
cumplido ya 16 años, y a esa edad los vampiros empiezan a tener problemas para
asimilar la comida. Solemos estar alerta, y acudir a su lado, a fin de minimizar
estos inconvenientes... En esta ocasión, sin embargo, no fue así. Luana al
nacer, había quedado al cuidado de otra familia menos pudiente, pero los nuevos
padres, ante la falta de dinero, optaron por entregársela a los que, a la
postre, serían a sus ojos sus auténticos padres, ya que estos nunca le dijeron
nada a Luana sobre su oscuro origen. Su anterior familia emigró a Macao y
resultó muerta en los disturbios de la antigua colonia portuguesa, así pues,
le perdimos la pista. Tardamos bastante en averiguar dónde estaba Luana. Tal
vez por eso, no pudimos evitar los acontecimientos que paso a narrar. Brillante
estudiante, Luana no tenía muchas amigas. Las señoritas bien inglesas la tenían
por una advenediza. El retoño de unos nuevos ricos. Nunca había tenido novio,
todo lo contrario que sus compañeras de cuarto. Compartía la habitación con
otras tres chicas. Lady Michelle, Lady Sarah y Lady Isabelle. Las tres podían
nombrar al menos cincuenta generaciones de ascendientes, y, en voz baja, varios
bastardos reales en su árbol genealógico, algo que a Luana le resultaba
incomprensible que alguien pudiese considerar un honor. Lady Michelle solía
llevar la voz cantante. En el colegio se había establecido tácitamente por
parte de las alumnas un sistema de clases idéntico al del exterior. Se permitía
el paso a las de más alcurnia, no se empezaba a comer mientras ellas no daban
la orden... Las demás, debían servirlas en todo, incluso en las gamberradas
que pensaban contínuamente. Luana se había negado a ello desde el principio.
Ella no pertenecía a la nobleza. A Dios gracias, Portugal era una república,
así que allá se lo guisasen esas aristócratas. Ella estaba allí para
estudiar, y no tenía reparo alguno en compartir las fiestas junto a los
empleados de su padre en el cortijo durante sus estancias en el Algarbe.


Justo enfrente del Hillary, se encontraba el Trinity, su homólogo masculino.
Allí estudiaban los novios de las tres compañeras de cuarto de Luana. Sarah e
Isabelle ya habían tenido varios novios, pero Michelle no, ella solo salía con
el joven que sus padres habían elegido ya para ser su esposo, el futuro conde
de Essex, Peter Fitzpatrick, alguien adecuado a su alcurnia. Michelle quería
llegar virgen al matrimonio. No es que no sintiese deseos de hacer el amor con
Peter, por supuesto que los tenía, pero era algo que siempre había querido.
Perdería su virginidad en su noche de bodas. Eso sí, comprendía perfectamente
las "..necesidades".. de un joven como Peter, e incluso le alentaba para que se
desfogase con otras, evidentemente no de su clase, no lo soportaría, sino de la
plebe. Así, a fin de cuentas, no tenía que pararle tanto los pies. O mejor
dicho, las manos.


En cuanto a Sarah e Isabelle, a sus dieciseis años ya tenían bastante
"..rodaje".., y presumían constantemente de ello delante de Michelle y de Luana.
Michelle sonreía. Ella aunque era absolutamente virgen, había compartido
varias de las orgías de Peter, desde una distancia prudencial, eso sí.


Algo que sacaba de quicio a Michelle, era la fijación que Peter tenía por
"..la portuguesa"... En alguna ocasión habían dejado abierta la ventana a propósito
mientras se desnudaban para que los chicos pudiesen verlas a gusto desde lo alto
de la torre del Ttrinity provistos de un buen telescopio. Y ahí empezó esa
fijación tanto de Peter como de sus compañeros. Fruto de ese despecho fueron
los acontecimientos que paso a narrar.


Al llegar las vacaciones de Semana Santa, las tres compañeras de cuarto de
Luana se fueron rápidamente con sus familias de vacaciones, mientras Luana, por
unos problemas en la cadena hotelera de sus padres, que debían viajar
urgentemente a Macao y Timor, se quedaría en el colegio como su única alumna
interna. Michelle rápidamente empezó a pensar como vengarse de Luana. Le haría
tragarse su orgullo y su falta de respeto hacia ella y lo que ella significaba.
Y además, acabaría con el deseo por ella de Peter. Nada más sencillo. Una vez
Peter la tuviese, y con él todos sus amigos, se olvidaría de ella para
siempre.


Luana recibió con alegría una nota de sus padres. Harían una breve escala
en Londres para verla antes de proseguir viaje a Oriente. Le mandaban un coche
para recogerla. La llevaría hasta ellos al Hilton y luego de vuelta al college.
Además, les haría ilusión verla con el uniforme del colegio.


Al día siguiente, Luana esperaba con impaciencia en el hall del colegio el
vehículo mandado por sus padres. Vestía un pulcro uniforme de chaqueta de
traje y falda plisada gris azulados, camisa blanca con corbata a rayas azules y
verdes y un jersey del mismo color que el traje. Su falda llegaba un poco por
encima de las rodillas. Algo corta para el gusto de Luana, pero no había
querido decirles a sus padres que debía comprar otro uniforme. El estirón que
había pegado en el último trimestre había sido notable. Por otra parte, casi
todas sus compañeras llevaban la falda aún más corta, así que la cuestión
no molestaba en exceso a Luana. Llevaba su pelo rubio y liso recogido en una
alta cola de caballo, lo que le daba un cierto aire infantil, aunque lo abombado
del jersey en su pecho desmentía esa apariencia. Sus ojos eran profundamente
grises, su piel pálida - como todos los de nuestra sangre - alta, y con una
carita angelical.


No tardó en llegar una elegante limousine. Un chófer uniformado se bajó de
ella y atentamente le abrió la puerta trasera. Luana corrió hacia el interior.
El chófer puso en marcha el vehículo, y con suavidad salió a la campiña que
rodeaba el campus. Al llegar a la desviación para Londres y Heatrow, el chofer
se volvió y educadamente dijo:


- Disculpe señorita... - y mientras sonreía torcidamente y aguantaba la
respiración, le hechó a la cara el contenido de un spray. Luana perdió casi
en el acto el conocimiento, quedando totalmente a su merced.


* * * *


Michelle y sus compañeros esperaban algo nerviosos el resultado de su
trampa. Habían encargado a un conocido de Peter, un hampón de tres al cuarto,
el rapto de Luana. El dinero era suficiente, así que no debían de tener
problemas. Ya casi anochecía cuando vieron llegar el coche que habían
alquilado para el engaño. El chofer se bajó, cobró su dinero, y sin decir
nada, se subió al auto que había dejado allí previamente y desapareció. No
sabía quienes eran ellos, así que no podría delatarles. Nerviosos, Peter,
Michelle y Sarah subieron al lujoso Bentley y enfilaron ruta a una apartada
granja que tenían ya preparada para la ocasión. Michelle tuvo buen cuidado de
aplicarle a Luana una nueva ración de cloroformo para que no despertase y los
pudiera delatar.


Al despertar, Luana solo vió oscuridad. Tenía las manos atadas a la
espalda, y una especie de mordaza en la boca. Se asustó. No entendía nada. Al
parecer, el individuo aquel la había raptado, sin duda para pedir un rescate
por ella. Debía mantener la calma. Podía oir una conversación lejana, pero no
era capaz de distinguir nada.


De repente, se encendió la luz, y al menos diez figuras encapuchadas
entraron en la habitación. Llevaban una especie de túnica floja y negra, pero
aún así, Luana pudo entrever que había varias mujeres en el grupo.


- Mirad qué tenemos aquí chicos... una auténtica colegiala. Con su
uniforme y todo. Tres, quítale las esposas.


Una de las figuras, que al parecer respondía al nombre de Tres, le quitó
las esposas, mientras el que había llevado la voz cantante ponía un cd en el
aparato de música.


- Bien nenita. Ahora quiero que nos hagas un buen striptease. Despacio, con
sentimiento. Queremos ver si vales lo que hemos pagado por tí.


Luana miró sobrecogida de pánico al que había hablado. Movió rápidamente
la cabeza a un lado y a otro sin atreverse siquiera a hablar.


- Bueno, Dos. Enséñale lo que le pasará si no colabora.


Otra de las figuras sacó de debajo de su túnica una gran navaja. Con gesto
teatral la puso sobre la cara de Luana y dijo:


- Mira bonita, si no colaboras, te dejaremos la cara peor que la costa de
Escocia. No te conocerán ni en tu casa, y nadie será capaz de mirarte a la
cara... ¿ entiendes ?


Luana se sobrecogió aterrada. Aquellos sádicos iban a rajarle la cara. Deseó
con todas sus fuerzas que aquello fuese una pesadilla. Sin embargo era real.


- No..., Nnnno, por favor. Yo no os he hecho nada... dejadme ir. Mis padres
os pueden dar mucho dinero, pero no me hagais daño, por favor... por favor... -
sollozó - ¿ qué os he hecho yo...?


Ante el silencio que siguió a estas súplicas de la chiquilla, una de las
figuras dió un codazo a la otra, que salió de su ensimismamiento y continuó:


- Tú misma. Elige, el striptease o la navaja. Rápido - exigió mientras
adelantaba la mano armada hasta casi tocar la cara de Luana -


- Está bien, está bien... pero no me hagais daño, por favor - lloriqueó
Maria.


Se levantó, y poco a poco, al compás de la música, aunque de manera más
bien torpe, se quitó la chaqueta, desanudó su corbata, fue desabotonando
lentamente los botones de su camisa... se fue despojando en fin de sus ropas
hasta quedar con las bragas y el sujetador blancos de encaje, con los brazos
cubriendo sus pechos y temblando no sabía si de miedo o de frío. Tampoco se
había quitado los calcetines ni los zapatos.


- Bien... esto promete... ¿ ves cómo no es tan difícil ?. - dijo número
Uno.


Acto seguido, siete de las figuras se levantaron la parte inferior de las túnicas,
quedando con sus atributos varoniles al descubierto. Al parecer, por el tamaño
y lo empinado de los mismos, su anterior exhibición no había sido tan torpe y
los había puesto a tono.


- Ahora toca chupete, zorra... vamos, haznos una buena mamada a todos.


Luana abrió desmesuradamente sus ojos sin llegar a comprender.


- Eh... seguro que no lo ha hecho nunca la jodida... - replicó alegremente
otro de los hombres, el que tenía el miembro más monstruoso de todos ellos.


- Calla Tres. Seguro que ha chupado más pollas en su vida que días tiene el
año... ¿verdad zorra?, cuando vas a tu tierra... seguro que se la mamas a
todos los del pueblo ¿ eh ?


Luana negó fuertemente con la cabeza mientras retrocedía hacia la esquina
de la pared. Nunca había estado con un hombre, así que en realidad apenas sabía
nada del sexo. Los vampiros no solemos tener una adolescencia especialmente
inclinada hacia los placeres de la carne. Es después del despertar a la vida de
vampiro, cuando la sangre fresca revitaliza nuestros sentidos, cuando
desplegamos esa salvaje sensualidad que llevamos dentro.


El llamado Dos volvió a sacar la navaja. La acercó de nuevo a la cara de la
aterrada Luana hasta tocarle el cuello.


- Vamos golfa. Aprenderás rápido ya verás... - dijo con voz ronca una de
las figuras femeninas que había estado hasta ese momento en un segundo plano. A
Luana le resultaba vagamente familiar el tono, pero el pánico le impedía
razonar.


-NNnno, no por favor... yo no sé hacer nada... nunca he estado con un
hombre... por favor... dejadme, por favor... - siguió gimiendo Luana.


Dos la cogió bruscamente por el pelo y le apretó aún más la navaja. A la
vez, hizo fuerza para que Luana se arrodillase.


- Ya oíste, puta... A chupar. Y más te vale que lo hagas bien... - amenazó.


Luana impulsada por el empujón de Dos, cayó de rodillas delante del primero
de los hombres. Con los ojos desorbitados miró aquella enorme y palpitante
barra de carne que se le ofrecía a escasos centímetros de su cara. Había caído
justo delante de Tres, el de aquella "..cosa".. monumental. A Luana casi le
recordaba el aparato de los sementales de su padre en el cortijo. Era imposible
que pudiese meter aquello dentro de su boca...


- Tranquila zorra, al principio parece imposible... pero te aseguro que no lo
es... - le advirtió divertida otra de las voces femeninas, también
enronquecida, parecía como si quisiesen ocultar su tono... - y como vomites, te
lo haremos tragar de nuevo a golpes...


Luana abrió todo lo que pudo su boca, pero apenas pudo meter dentro el
glande de Tres, que sonrió complacido.


- Ahhhh.... desvirgada por su primer sitio... - y apenas dijo esto cogió con
sus manos fuertemente la parte trasera de la cabeza de Luana y la apretó contra
él. Luana sintió en medio de arcadas incontenibles, cómo aquella cosa
penetraba hasta su garganta. Manoteó desesperada sin poder respirar. Otra
arcada le hizo retirar de repente la cabeza, para sentir en el acto una fortísima
bofetada que le quedó marcada en la mejilla derecha, haciendo que su cabeza
girase bruscamente hacia ese lado.


- Retirarás la cabeza cuando yo te diga. ¿ está claro ? y cuando me corra,
te tragarás toda mi leche, zorra. No dejarás caer ni una gota. ¿ entendido ?
- y otra bofetada en la otra mejilla le llevó la cabeza hacia el otro lado
haciendo que saltasen aún más lágrimas de sus ojos.


Luana aterrada volvió a introducirse aquella cosa hasta el fondo, mientras
Tres hacía que su polla entrase y saliese con fuerza acercando o alejando la
cabecita de Luana a su cintura. En realidad estaba usando su boca como si se
tratase de un coño.


- MMMMMPPPP...... MMMMMMMM - intentaba Luana respirar como podía.


Tras unos minutos interminables, y en medio de unos gemidos de Tres como si
le estuviesen marcando con un hierro al rojo, Luana sintió como si un fuego
salado y abrasador le entrase en la boca y le corriese garganta abajo. Tragó
como pudo para no ahogarse aquel río de semen mientras respiraba ansiosamente
por la nariz al apretar Tres su cabeza fuertemente contra su cuerpo. Tras unos
segundos, Tres miró triunfante a sus compañeros.


- Una buena mamada. Aprenderá rápido, ya vereis... - y se separó para
dejarse caer en la cama donde habían tenido a Luana.


Otro de los hombres se puso rápidamente en su lugar.


- Mi turno, zorrita. A ver su eres tan buena como dice Tres. - Y cogiendo su
polla, más pequeña que la de Tres afortunadamente, se la metió en la boca de
un solo envite.


Luana tuvo que pasar por este trance siete veces, lo que la convenció de sus
sospechas. Tres de sus asaltantes eran mujeres. Al terminar, tenía la mandíbula
casi desencajada. Apenas podía cerrarla de dolor. Y sentía el estómago
completamente lleno del semen de sus violadores. Además, la cabeza le daba
vueltas por las contínuas bofetadas de sus captores en cuanto hacía algo que
no les gustaba. Semen reseco mezclado con otro aún fresco se le escapaba
barbilla abajo mientras apenas podía dominar las arcadas.


- Bueno... ahoras descansaremos un poco... para continuar después, no te
preocupes... - dijo Uno sonriendo a una de las mujeres con picardía.


- Dos, las esposas. - le replicó la mujer.


Luana fue nuevamente esposada a la cama y amordazada. La luz se apagó y no
supo cuánto tiempo llevaba en esa situación hasta que volvieron a entrar las
mismas figuras de antes.


Cogieron sus piernas y las abrieron de golpe para atarlas a las patas de la
cama. La navaja dió buena cuenta de sus bragas y de su sujetador, quedando
desnuda a las ávidas miradas de sus captores.


Tres de las figuras que no podía ver, al estar su cabeza hechada hacia atrás,
se pusieron sobre ella, centrándose en lamer su clítoris. Luana botó
alarmada. Entonces, una de las figuras le pellizcó el clítoris haciendo que
gritase aún con la mordaza.


- MMMMMMMMMGGGHHHHH...


- No te lo hago para que disfrutes so zorra... - le dijo la figura mientras
le daba otra bofetada. Al instante volvió a lamer su clítoris y llenar de
saliva los labios de su vagina.


Tras unos minutos de tortura, le desataron las piernas y las manos, así como
la mordaza, quedando de nuevo en pié ante sus secuestradores. Luana apenas se
podía cubrir sus partes más íntimas con las manos lo que, contrariamente a lo
que era su intención, excitaba aún mas, al parecer, a sus captores.


- Tres, en esta ocasión tú irás el último, ¿de acuerdo ?


- Vale Uno. Yo ya he sido el primero por otro sitio... - dijo Tres divertido.


- Cogedla - indicó Uno mientras se acostaba en la cama boca arriba.


Varias manos cogieron fuertemente a Luana, inmovilizándola por completo.
Abrieron de golpe sus piernas en una postura realmente acrobática, dejándola
suspendida en el aire colgada de los brazos que otra manos le sujetaban.


La llevaron en vilo hasta donde Uno se encontraba acostado, mientras una de
las mujeres le cogía su polla que amenazaba con estallar y la mantenía
completamente en vertical. Luana abrió de nuevo desmesuradamente los ojos.


- NO, POR FAVOR, NOOOO... POR FAVOR, NOOOOOOOOO.... - dijo al ver lo que
pretendían.


- AHHHHHHHHHHHYYYYY... AHHHHHHHHHHHHHH... - gritó desgarradoramente Luana
cuando la sentaron con las piernas enormemente abiertas sobre aquella estaca que
se le introducía por su vagina.


Uno la cogió por las caderas para impulsarse más aún, y con un fuerte
empujón, entró hasta el fondo de Luana que notó cómo un dolor inmenso en el
fondo de su vagina le subía hasta la cabeza convulsionándola.


- OOOHHHHHHHHHAAAARGGGGGGGHHHHHH.... ARGGGGG.... NO... BASTA. BASTAAAAAA


Todo su cuerpo era sobado sin compasión por decenas de manos. Algunas
apretaban con fuerza sus pezones, sin duda para tratar de hacerle el mayor daño
posible. Sus piernas fueron dobladas rudamente hacia atras. Luana, al quedar en
esta posición, se venció ligermente hacia adelante con aspecto desmadejado
cuando sintió una nueva intrusión, esta vez en su trasero. Dos apretó
fuertemente su pene contra el último agujero virgen de Luana que volvió a
abrir los ojos incrédula al sentir aquel lacerante dolor que le partía el ano.


- No te resistas... o tendrás que usar pañales para el culo el resto de tu
vida zorrita... -exclamó rudamente Dos.


- NO, POR FAVOR... NOOOO... POR AHÍ NOOOOOOOO... NOOOO... AYYYYYY...


Dos se agarró con fuerza a las caderas de Luana, y de otro fuerte envite
enterró su polla dentro de Luana que volvió a gritar con fuerza entre el
aplauso de los presentes.


- Vaya suerte... desvirgada por sus dos agujeros a la vez... no te quejarás
guarra... - le indicó la voz femenina desgarrada de antes. Sin duda usaban un
enmascarador de voz. - Dale, Dos. Parece que le gusta a la putita. Dale más
fuerte - animó al que la estaba sodomizando.


Otro de los hombre decidió que era su momento, y cogiendo a Luana por la
cola del pelo le introdujo el pene de nuevo en la boca.


- Bien, mamona. Ya sabes lo que tienes que hacer...


Luana ya no se podía sostener, pero entre las manos que la cogían y las
pollas que la penetraban no se podía tampoco dejar caer. Una rueda infernal de
violaciones se sucedieron. Uno tras otro, todos los hombres fueron corriendose
dentro de todos sus agujeros.


- Basta... por favor... ya... no puedo más.... por favor... por favor...
dejadme...


Luana parecía la rodaja de queso o de jamón en medio de un sanwich. La
estaban penetrando a la vez por delante y por detrás. La pusieron a cuatro
patas y mientras la penetraban salvajemente, ya por el coño, ya por el culo, la
agarraban del pelo para poder impulsarse mejor. Al final, cuando todo terminó y
la dejaron rota, desmadejada sobre la cama, Luana notaba como por entre sus
muslos corría un líquido caliente y viscoso. Sangraba por la vagina y por el
ano. Notaba los labios hinchados y tumefactos, sin duda fruto de las bofetadas y
de los esfuerzos por satisfacer los penes de sus violadores.


Luana se sentía morir. Sollozaba casi en silencio. Pensó que ya todo se había
acabado, pero nada más lejos de la realidad. Ahora tomaban las mujeres el
protagonismo.


- Traedla.


Luana fue llevada a rastras tras ellas. Ya en el salón, la arrodillaron y la
ataron a las patas de una mesa baja de metacrilato. Todo su cuerpo estaba sobre
la mesita, y sus brazos y sus rodillas, en el suelo, atadas a las patas, con lo
que mantenía una postura que parecía que ofrecía el culo a sus captores.


- Bien... veamos qué tal tiene el culo. Vaya... era estrecha la putita.
Tres. Es tu turno. - exclamó una de las mujeres.


Tres sonrió mientras apoyaba el glande de su descomunal polla en el trasero
de Luana. Con dificultades, pese a lo dilatado del ano de Luana por las contínuas
violaciones, fue entrando hasta la mitad. Luana reaccionó ante esta nueva
violación gritando otra vez.


- AHHHHHHHH... AYYYYYYYYY.... basta, por favor - suplicó ya sin fuerzas
apenas para gritar - Bastaaaaaaaa.....


Tres sonriendo, con un fuerte golpe de riñon, se incrustó totalmente dentro
del culo hasta tocar con los testículos su coño. Luana berreó de nuevo, ya
sin fuerzas. Le parecía que la polla de Tres le llegaba a los intestinos. Tres
empezó a bombear. Con fuerza, con método, hasta que se corrió dentro de Luana
que parecía haber perdido el conocimiento.


- La muy golfa se ha desmayado... bien... despues continuaremos - dijo la
mujer.


Luana reconoció la voz entre brumas. Michelle. Luego las otras eran sus
compañeras de cuarto. De repente, como si de una explosión se tratase, pudo "..
verse ".. durante un instante por los ojos de Michelle... estaba atada a aquella
mesita... Fue como un flash. Pese a todo, Luana tuvo la suficiente lucidez para
no desvelar ese conocimiento. Si demostraba conocerlas, sin duda no saldría
viva de allí... aunque en realidad, ya no sabía si se debía aferrarse a la
vida o no...


Al cabo de un rato, cuando Luana se recuperó un poco, sintió cómo una
lengua rasposa le lamía sus muslos. No podía ver, pero las risitas de los que
tenían delante indicaban una nueva clase de tortura.


- Bien Sultán... ahí la tienes... es toda tuya.


Al instante, Luana notó como si algo parecido a unas garras le arañasen la
espalda mientras una verga monstruosa, mucho mayor que la de Tres empezaba a
meterse torpemente por su vagina. En unos segundos, notó todo su interior
lleno.


- AHHHHHH... AHHHHH... BASTAAA... AAAAYYYY...


Levantó la mirada mareada y vió en un espejo que le habían puesto delante
cómo un enorme perro mastín estaba sobre su espalda... ¡ estaba siendo
violada por un perro!...


Las figuras jaleaban a Sultán, mientras el perro haciendo gala de un increíble
aguante no paraba de follar a Luana. Esta perdió varias veces el conocimiento,
para al recuperarlo notar horrorizada como seguía siendo cabalgada por aquel
imponente mastín.


Cuando terminó, Luana sintió como el semen del perro le llegaba casi hasta
la garganta. Era realmente increíble la cantidad de semen que estaba soltando
el animal. Pero al parecer, no se podía salir. Cada vez que lo intentaba, un
dolor atroz le machacaba la matriz. Poco a poco, y tras un tiempo interminable
de tortura, el perro se consiguió salir del interior de Luana. Esta boqueó al
borde del desmayo de nuevo.


- Traedla al establo. La arreglaremos un poco... - indicó la mujer.


Luana fue llevada en volandas de nuevo en medio de grandes risotadas hasta el
establo. La arrojaron en el suelo y una de las mujeres enchufó un potentísimo
chorro de agua fría que la despertó de repente. La atacó con crueldad con el
agua por todo el cuerpo. Cuando consideró que ya tenía bastante cerró el
grifo. Luana tiritaba en el borde a la inconsciencia.


- Ponedla a cuatro patas. - sus compañeros se apresuraron a cumplir la
orden.


La mujer metió la punta de la manguera en la vagina de Luana y abrió de
nuevo el chorro. Luana aulló. Notó como si una barra de hielo la transpasase
de abajo arriba. Se cayó de nuevo al suelo zafándose así del castigo... para
notar que era puesta de nuevo en la misma posición. Esta vez fue su culo el que
fue agradido de aquella salvaje manera. En ese punto, Luana perdió de nuevo
completamente el conocimiento.


Cuando despertó, estaba vestida de nuevo con sus ropas, y estaba siendo
sobada por un par de mendigos que habían conseguido ya quitarle las bragas en
un oscuro callejón. Luana apenas podía gritar, pero sacando fuerzas de
flaqueza dejó escapar un débil grito que alertó a la policía que pasaba
cerca y detuvo a los dos mendigos.


Scotland Yard no pudo sacar ninguna pista de su relato. Al parecer, había
sido lavada a conciencia. Habían quitado todo resto de semen de su cuerpo, o
cualquier pista que llevase al esclarecimiento de los hechos. Los padres de
Luana se la llevaron a Portugal, y allí en un ataque de locura, se abrió las
venas.


Las autoridades, respetando el dolor del padre de Luana no le hicieron la
autopsia, a pesar de ser un claro caso de suicidio. La historia de lo sucedido
había conmocionado a todo el pueblo. Su entierro fue una muestra de dolor
popular. Todo el pueblo se reunió allí para darle su último adiós a la niña.
Atraído por las noticias, allí estaba yo también.


Al anochecer, levanté con ayuda de una barra de hierro la losa del panteón
familiar. Cogí en brazos al cuerpo frío e inerme de la muchacha, y me perdí
en la noche. Ahora empezaba la verdadera educación de Luana.


Mi Mercedes pasó raudo la frontera hacia España. Prefería no quedarme en
Portugal, no fuera que alguien me hubiese visto. Había dejado la tumba como si
no hubiese pasado nada... pero nunca se sabe. Por cierto, es una suerte que no
sea necesario pasaporte ni pasar trámites de aduanas en la Unión Europea.


Había dejado alquilada una casa de campo en las cercanías de Jerez de la
Frontera. Quería estar alejado de miradas curiosas. Y además, así tenía tres
localidades relativamente importantes cerca, por si me tenía que proveer de algún
"..donante"...


Lo primero que hice fue alimentarme hasta quedar saciado. Dos chicas y un
chico - novio de una de ellas - que había dejado encargados de la casa, me
sirvieron para ese fin. Me parecía que con esos tres donantes sería más que
suficiente. Para minimizar riesgos, tenía abundante comida y provisión de
pastillas de hierro y vitaminas para ellos. No era cosa de que se me muriesen.


Ateá las piernas y los brazos de Luana a una camilla e introduje por su boca
un tubo flexible de plástico hasta llegar a su estómago. Luego, haciendo un
pequeño corte en mi muñeca, dejé que mi sangre fluyese hacia ella. Ya sé que
puede ser más científico una transfusión... pero siempre se hizo así, y
funciona. Realicé esta operación unas tres veces. En cuanto notaba que había
pasado medio litro de mi sangre hacia Luana, interrumpía el flujo y me
alimentaba de nuevo adecuadamente. Tras recibir en su cuerpo un litro y medio de
mi sangre, Luana seguía igual, pero yo sabía que eso era solo una falsa
apariencia. La pérdida de su sangre anterior era lo que hacía que siguiese con
su palidez cadavérica. Si no hubiese sido así, mi sangre ya la habría
revivido.


Decidí esperar. Al cabo de unas horas, el monitor al que estaba conectada
Luana detectó un débil latido de su corazón. Fue algo aislado, aunque era
solo el principio de la vuelta a la vida de Luana. Volví al trasvase de sangre.
Al llegar a los cinco litros me sentía exhausto. Tenía que parar. Además,
cuando Luana despertase debía estar fuerte, o de lo contrario, podía ser ella
la que me dominase a mí.


Salí a dar una vuelta por Cádiz de noche. Alguna prostituta, un par de
camareras de un pub, y un agente de la policía sirvieron para reponer mis
fuerzas. No les pasó nada grave, simplemente se encontrarían mareados y sin
fuerzas toda la noche, y no recordarían nada.


Al regresar miré de nuevo el monitor. El ritmo cardíaco de Luana casi se
había estabilizado en unas quince pulsaciones por minuto. Volvía a la vida.
Los vampiros no somos inmortales, claro está, pero sí tenemos bastante
aguante. Para ser sinceros, olvidaros de las historias de que es necesario una
estaca en el corazón y todo eso. Para matar a un vampiro es necesario separarle
la cabeza del tronco. En realidad, separar su cerebro de la médula. Si dejamos
la columna vertebral de un vampiro conectada al cerebro, solo hay una muerte
aparente. Incluso con el resto del cuerpo destrozado - o una estaca en el corazón
-, las heridas del vampiro lentamente se cerrarán, o sus miembros volverán a
crecer. Se le puede revivir como yo estaba haciendo con Luana. Le desaté las
manos, pero no los pies. Me dispuse a esperar con paciencia.


Yo ya sabía lo que ocurriría a continuación, así que estaba preparado. De
súbito, Luana abrió los ojos. En estos momentos, ella no era dueña de sus
actos, era el instinto de nuestra raza lo que la guiaba. Tras mirarme, se lanzó
sobre mí. Sus dientes desgarraron mi carne mientras chupaba ávidamente mi
sangre. Podía rechazarla, pero no lo hice, debía dejarla beber por sí misma.
Cuando me empecé a marear consideré que ya era suficiente y la aparté con
fuerza.


- Basta. Ya es suficiente.


Luana gruñó e intentó seguir con su ataque con la mirada extraviada. Parecía
un niño al que se le retira el pecho nada más que empieza a salir la leche. No
pudo conmigo. Mi fuerza era superior a la suya, así que a pesar del dolor de
sus ojos, y del caos que tenía en su mente y amenazaba con obnubilar también
la mía, la volví a dejar sobre la camilla. Realizó unos vanos intentos por
zafarse de mi presa pero no lo logró. Le até las manos de nuevo.


Llamé a mis criados. Le hice unas pequeñas incisiones en los brazos y los
puse al alcance de Luana. Notó al instante la diferencia. Aquella sangre no era
como la mía, no la abrasaba por dentro. Al contrario, le calmaba la sed. Al
cabo de un tiempo, Luana ya bebía sin tanta ansia, así que les curé las
heridas y los mandé fuera. Luana me miraba sin comprender nada. Su mente estaba
en blanco. era como un animal que lo único que quiere es alimentarse. Todavía
quería más, así que estaría atenta a mis palabras. Si la dejaba saciarse por
completo, volvería a dormirse.


- Hola Luana. ¿ Sabes que te llamas Luana ?


Tras pensar un momento y pestañear, como si no me entendiese, Luana asintió
con la cabeza. Poco a poco empezaban a volver sus recuerdos.


- Tal vez no te acuerdes de tu pasado, pero lo recordarás dentro de un
momento. Para eso estoy aquí, para ayudarte.


Luana quedó confundida mientras yo notaba cómo su actividad cerebral iba en
aumento. Cuando las lágrimas asomaron a sus ojos consideré que sus recuerdos
ya estaban de nuevo completados.


- Sí, has muerto para todo el mundo. Pero no para nosotros, tus congéneres.
No has conocido a tus verdaderos padres. Los que conocías como tales te
adoptaron siendo una recién nacida. No eres como los demás... eres una
vampiro. Como yo. No, no pienses que te he mordido en la yugular y te he
convertido en vampiro... eso son cuentos de viejas. Simplemente no eres humana y
nunca lo fuíste. Ya antes de tu... accidente, estabas débil, enfermiza... era
la llamada de tu raza ¿ recuerdas ?. Los alimentos no te saciaban, y notabas
que necesitabas otra cosa... sangre. Por mucho hierro que te recetasen los médicos
no mejorabas... parecías tener anorexia a pesar de comer como una poseída....
Ya has dejado de poder asimilar alimentos con tu estómago. Ahora es sangre lo
que necesitas. Por otra parte, esta vida no está nada mal, te lo aseguro. Ah, y
otra cosa, casi nada de lo que cuentan de los vampiros es cierto. Pero harías
bien en preguntarme sobre ello cuando tengas alguna duda. Y sobre todo... tengo
que estar delante mientras te alimentas. No podemos andar dejando un reguero de
muertes humanas por ahí... no estaría bien.


Luana apenas pudo asimilar toda la información que le dí. Ya lo suponía,
así que no la desaté. Al día siguiente entré con una de las chicas. Noté
que Luana estaba hambrienta de nuevo. Intentó romper las cadenas sin
conseguirlo, eran suficientemente fuertes.


- ¿ Quieres beber su sangre verdad ? - noté un estremecimiento en Luana. Se
daba cuenta de que era verdad lo que yo le decía, pero por otra parte le
repugnaba reconocerlo. Ordené mentalmente a la chica que me acompañaba que se
sentase en un sillón.


- Puedes alimentarte... pero debes aprender. Puedes dominar con tu mente a
los humanos. También debes aprender. Puedes hacerles creer lo que tú quieras,
y hacerles ver lo que tú quieras, pero debes aprender. Para eso estoy aquí.
Concéntrate en la chica. Piensa en ella, entra en su mente, y ordénale que se
acerque a tí.


Luana lo intentó sin conseguirlo. No obstante, yo notaba como poco a poco su
fuerza interior aumentaba. Llamé a los otros dos sirvientes y decidí dejarla
sola en la habitación. pero antes advertí:


- Te dejo intentarlo. Pero recuerda que la herida se la haga con la cuchilla
de afeitar, y que sea superficial. Moderación, Luana. Moderación.


Cuando me asomé de nuevo en la puerta Luana, todavía encadenada, bebía
glotonamente del brazo de una de las muchachas que tenía los ojos en blanco, en
un orgasmo permanente, mientras su novio la enculaba entusiásticamente a la vez
que la otra chica le acariciaba los testículos. Al parecer, Luana aprendía rápido.


* * * *


Tardé algún tiempo en educar a Luana, y tuve que propinarle más de un
golpe para conseguirlo, pero un día, casi cuatro años después, me miró con
una sonrisa luminosa en el rostro.


- Ya estoy preparada Baldus.


- Bien. Si quieres puedes acompañarme un tiempo en París. Dispones de un
pequeño capital que he puesto a tu nombre. Debes intentar pasar desapercibida
unos años, hasta que nadie que te haya conocido pueda ya acordarse de tí. ya
sabes, los vampiros tenemos todo el tiempo del mundo.


- Tengo una deuda pendiente. Luego, te acompañaré a París.


- ¿ Qué vas a hacer ? - pregunté sabiendo de antemano la respuesta.


- Justicia Baldus. Justicia.



 

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