Capítulo I La llegada.
La cara de la azafata, reflejada en el espejo, estaba completamente
desencajada. Jadeó una vez más mientras abría desmesuradamente los ojos, una
fina capa de sudor perlaba su labio superior, y su respiración demostraba que
estaba a punto de correrse de nuevo. Su falda, por encima de la cintura,
mostraba unas redondeadas caderas y unas nalgas respingonas que yo aprisionaba
con deleite mientras me ayudaba para impulsarme más dentro de ella. Estaba de
espaldas a mí en un servicio del avión, y ya había perdido la cuenta de las
veces que se había corrido.
- AAAAHHHH, MMMMHHHHH, así, más, más...
No le había quitado el sujetador blanco de encaje, pero sus tirantes caían
por sus brazos, y sus pechos se bamboleaban a cada embestida. Siempre me han
gustado las mujeres en ropa interior, sobre todo si es excitante, y no me
refiero a esos conjuntos más propios de putillas de barrio, sino a los
conjuntos caros y "..decentes".., pero que hacen que una mujer quede mucho mejor que
desnuda.
Pegó un gruñido de decepción cuando me retiré, ya que estaba a punto de
correrse otra vez, pero lo cambió por otro de sorpresa y alarma al notar un
contacto caliente en su trasero.
- ¿ qué haces ?, NNNo, por ahí no..., no quiero, por favor, ..AAAHHHH. -
susurró-
Poco a poco, mientras ella se mordía el labio inferior para ahogar un grito
me fui abriendo camino entre sus nalgas, ella boqueó sin respiración cuando
llegué al fondo, y aún más cuando me retiré un poco y volví a metérsela de
golpe.
- AAAY, me haces daño, para para..., - dijo. Pero sus caderas se movían más
y más, desmintiendo sus palabras, hasta que con un berrido ahogado se apoyó
contra el lavavo sacudiéndose convulsivamente.
La verdad es que yo tampoco podía aguantar mucho más.. demasiada abstinencia
hacía que no pudiese aguantar demasiado, y sin más preámbulos me corrí
dentro de su culo.
Cuando salí, ella se quedó estática, sin moverse.. mientras yo me limpiaba,
fue poco a poco volviendo a la realidad.. su pelo rubio estaba desordenado, sus
pechos por encima de las copas de sus sostenes se apoyaban en el lavabo, su
chaqueta, su camisa y el lazo estaban en el suelo, con sus bragas, la falda
arrebujada sobre sus caderas, sus medias bajadas y sus nalgas rojas por el
rozamiento y mojadas por el sudor y los orgasmos.
Se dió la vuelta, con la mirada todavía errática, y se arrodilló ante mí
introduciendose de golpe mi pene en su boca, chupando como si en ello le fuera
la vida.. enseguida logró que me pusiese otra vez en forma, sentado como estaba
en el retrete se acaballó encima abriendo las piernas y abrazándome con ellas,
evidentemente quería acabar rápido, así que se introdujo ella misma mi pene
mientras empezaba a moverse con un ritmo propio de una samba brasileña.
En unos cinco minutos acabamos, esta vez fue rápido y directo, sin preámbulos
ni florituras, me corrí dentro de ella, mientras se dilataban las aletas de su
nariz y repetía sin parar "..mia, mia, mia...".., la verdad no entendí mucho, pero
tampoco importaba verdad ?
Los dos nos aseamos un poco, ya eran las cuatro de la madrugada, y pronto
saldría el sol - nunca me gustó mucho el sol, cosa lógica por otra parte-,
pero debía regresar a mi asiento, todo el pasaje dormía y la azafata cambiaría
el turno en cinco minutos. Me dió una tarjeta con su dirección y su móvil
para que la llamase en Madrid, y le contesté educadamente que desde luego...
Mi compañera de asiento, una agradable viejecita, dormía plácidamente
cuando yo llegué, para ella yo era un apuesto y educado joven aunque algo pálido
para los tiempos que corren, me había dicho, y me había sugerido hacer deporte
al aire libre para que me diese el sol. Sonreí.
Afortunadamente llovía al llegar a Madrid, mientras esperaba a pasar por la
aduana, repasé mentalmente las circunstancias que me había hecho regresar a
Madrid.
Marcos había sido mi mejor amigo dieciocho años atrás. Estaba
profundamente enamorado de Claudia, y si no me hubiese pillado en una etapa de
mi vida marcadamente heterosexual probablemente hubiese sentido celos de ella.
Era delicado, un artista, y con tan solo veintidós años había revolucionado
el mundillo del arte por su gran talento, aunque yo no compartiese sus
"..transgresiones del método"...
Claudia contaba solo dieciocho años, y era una auténtica belleza, alta,
delgada, no era exhuberante, pero tenía esa belleza que hace que los años no
solo te perdonen, sino que sean tus aliados. Aunque distante, tenía un aura que
hacía que todos los hombres se fijasen en ella, cosa que le valió para lograr
un palmito como modelo, para alborozo de Marcos - y preocupación mía pues
aborté rápidamente algunos intentos de coquetear conmigo, lo que me hacía
pensar que no era todo lo legal que parecía con Marcos-.
Aunque mi aspecto es bastante neutro en cuanto a la edad, - aparentaba unos
veintitantos o treinta -, ya llevaba demasiado tiempo para mi seguridad en
Madrid, y tuve que despedirme de Marcos y de Claudia, aunque prometiéndole que
nos seguiríamos escribiendo, ya que no sabía si podría disponer de teléfono
allí donde iba. - Me había inventado una excusa de hacerme cargo de unas
propiedades de mi abuelo en la Tierra del Fuego-.
No tardaron mucho en llegarme noticias desoladoras, Claudia cada vez
alternaba más con la alta sociedad, mientras Marcos empezaba una cuesta abajo
con drogas y alcohol para olvidar sus desplantes. Pero lo peor vino cuando
Claudia le dijo sin previo aviso - por teléfono, ni siquiera se presentó - que
se iba a casar con Juan Almonte, millonario, hombre de negocios y de buena
familia, incluso tenía un título auténtico aunque de no mucho relumbrón.
Marcos no lo resistió y tras mandarme una carta desesperada se suicidó arrojándose
desde el piso cuarenta y cinco del edificio Torre de Miró de Juan Almonte,
donde Claudia daba su fiesta de compromiso ante lo mejor de Madrid.. Claudia se
rió allí de su vano intento de recuperarla, despreciándole en público, y fue
demasiado para el pobre Marcos. Ahora iba a pagar por aquello.
¿Hay algo que no encaja, verdad?, si hace dieciocho años ya aparentaba
veintitantos, y para la viejecita tambíen era un apuesto joven ... ??. Bueno,
es que no lo he dicho antes, pero... soy un vampiro.
En primer lugar olvidaros de todas esas historias raras de vampiros, aunque a
veces es una lata serlo, no puedo hacer "..casi nada".. de lo que dicen esas
leyendas. No puedo contradecir para nada las leyes de la naturaleza, mido uno
ochenta y cuatro, y peso setenta y cinco kilos, algo delgado pero es normal en
mi especie. Y evidentemente no puedo volar ni convertirme en lobo, murciélago
ni nada parecido. En cuanto a la edad es simple, nuestros genes no tienen ese
recordatorio que tienen los de los humanos para empezar a degradar sus células,
por eso también somos inmunes a casi todo en materia de enfermedades, y a
cualquier clase de herida (cualquiera) que deje intacta nuestra médula espinal
y su conexión al cerebro. (así que olvidaros de la estaca...).
En estos dieciocho años estuve ejerciendo de "..juez".. entre los de mi raza en
París. Es una especie de servicio obligatorio para todos nosotros en una etapa
de nuestra vida, para lo cual prácticamente no pude tener contacto con humanos,
solo entre los de mi sangre. Dirimía las disputas familiares, controlaba que no
se desmandasen los más jóvenes sobre todo al tomar sangre de los humanos, -
desde el siglo pasado está rigurosamente prohibido matar humanos, pues conduce
a progroms contra nosotros - y estudiaba nuestras costumbres ancestrales.
Ya era mi turno en la aduana, el agente examinó rutinariamente mi pasaporte
: Paul Chatreau-Sauternes ciudadano francés, edad 27, profesión médico.
- Motivo de su visita?
- Trabajo, - indiqué -
Pasó lentamente las hojas comprobando venía de Nueva York, aunque con
suspicacia por mis gafas de sol en un día de lluvia tremendo para el agosto
madrileño. Mi jersey de cuello subido y mis guantes de piel no contribuían a
tranquilizarlo.
- ¿ Algo que declarar ?
- No, nada.
- ¿ Puede abrir las maletas por favor ?
- Naturalmente , - dije con un suspiro.
Abrí mis maletas donde además de la escasa ropa, ya que conservaba mi casa
y mi piso en Madrid junto con mi guardarropa, transportaba 7 bolsas de plástico
con etiqueta de sangre artificial liofilizada destinada a la investigación.
Ante su alarma, y la certeza de ser ciertas sus sospechas no me quedó más
remedio que influenciarlo fuertemente, evidentemente me tomaba por un camello de
tres al cuarto.
<.. solo son productos de laboratorio, para investigación, nada importante
>..
- Sí, nada importante, - balbuceó -, puede pasar..., siguiente ?..- dijo
con más energía.
Esto sí puedo hacerlo.. puedo sugestionar a los humanos hasta el punto de
obligarles a hacer lo que yo quiero, pero solo si estoy cerca, si no, solo puedo
poner esa idea en su mente, y si no se oponen entonces me salgo con la mía,
pero si tienen en mente hacer otra cosa solo puedo obligarles estando a unas
ocho o diez metros como máximo. También puedo hacerles olvidar algunas
cosillas, en fin, casi trucos de circo.
Un taxi me llevó hasta mi antigua casa, un caserón en las afueras de
Madrid, que unos ancianos habían cuidado desde mi marcha. Me instalé con mis
recuerdos, me alimenté y me preparé para mis próximos movimientos.
Capítulo II Claudia.
La casa de Claudia era enorme, la llamaban la casa de las magnolias, ya que
en su extenso jardín había varios de estos magnolios bastante antiguos. Era de
la época del Madrid de los Austrias, y era la casa familiar de Juan Almonte, su
marido.
Alquilé un apartamento enfrente y anoté cuidadosamente las entradas y
salidas de la gente en la casa. El servicio descansaba los jueves, Juan prácticamente
no comía nunca en casa, y frecuentemente estaba de viajes de negocios, había
una cocinera, un chófer-mayordomo y dos jardineros que también hacían las
veces de operarios de la finca. También había una criada.
Tenían una hija, Sofía, de dieciseis o diecisiete años -no habían
esperado mucho la verdad desde que abandonó a Marcos -, que estudiaba COU en
las Ursulinas, aunque estaba de vacaciones.
Claudia había cambiado, aunque para mejor.. tenía el pelo más claro, y sus
treinta y seis años la habian convertido en una de las reinas de la Jet. Todos
los días iba al gimnasio por la mañana, de compras al salir, y regresaba a
casa sobre las dos y media. Seguía delgada, pero años de modelado en el
gimnasio la hacían tener una carne firme como una roca. Decidí abordarla al
salir del gimnasio.
Al día siguiente, entré en el exclusivo gimnasio para preguntar como
hacerme socio a la vez que ella salía. Su hija iba con ella.. de repente Claudia
casi choca conmigo al doblar uno de los pasillos de la entrada, respingó
evidentemente recordando otros tiempos, pero rápidamente la confundí al
exclamar con mi mejor acento parisino:
- Oh, excuse moi, mademoiselles, lo siento. - dije alargando esas os finales
con la boquita de piñón que ponen los parisinos de la Citè.
Su razón se impuso, evidentemente no podía ser yo, debería ser mucho
mayor, pero el parecido la turbaba. Quien no parecía nada turbada era Sofía,
enfundada en unas mallas grises y un body rosa de gimnasia no me quitaba ojo.
Realmente era digna hija de su madre, el pelo rubio oscuro, liso, recogido en
una cola de caballo, la cara excitada por el ejercicio y la proximidad de
alguien desconocido y apetecible, sus senos todavía no eran gran cosa, pero se
adivinaban firmes como rocas dentro de su brevedad, y su culo adivinaba un
"..bocata di cardinale".. como diría algún amigo mío. Parecía anonadada,
generalmente causamos un efecto perturbador en los humanos, puede que a favor y
puede que en contra, pero desde luego nunca indiferente. En esta ocasión era
claramente a favor...
Se perdieron por la puerta de los vestuarios de mujeres, y yo, mientras,
cumplimentaba los trámites para hacerme socio de un club que no pensaba visitar
jamás, especialmente el solarium...
La verdad es que el sol es un coñazo, entendedme, no es que no me guste,
pero tenemos una facilidad increíble para quemarnos a nada que nos toque, así
que usamos una crema protectora de tres cifras, lentillas y gafas de sol, amén
de procurar cubrirnos lo más posible, incluso en días nubados. La noche es
diferente claro, nuestra visión es magnífica, distinguimos unos colores del
espectro que los humanos no pueden ni imaginar, en fín, no espereis encontrarme
tomando el sol, además nuestros poderes están mucho más acentuados por la
noche.
Sabía dónde iban a ir después, a la tienda de lencería mas cara de
Madrid. Así que me dirigí hacia allí. Esperé a que entrase una clienta, y me
colé detrás, lanzando una esfera de influencia alrededor mío, acercándome a
los probadores.. para todo el mundo la esquina donde yo estaba <..no era
importante>.., así que no se podían percatar de mi presencia.
No tardaron en llegar Claudia y su hija, no miraron hacia mí por supuesto, y
se pusieron a curiosear entre encajes y trajes de baño. Claudia eligió tres
conjuntos de ropa interior de encaje, dos blancos y uno negro con liguero, y un
traje de baño azul claro. Sofía dos biquinis y ropa interior más juvenil,
pero igual de elegante, un conjunto gris de algodón y otro amarillo.
Pasaron al probador juntas, lo que aproveché para subirme en unas cajas
apiladas al lado y mirar por arriba, era un blanco claro, <..pero ellas no
tenian ganas de mirar donde yo estaba>...
Las tetas de Claudia eran soberbias, en su punto justo, los rosados pezones
levemente respingones, sin marcas del biquini, y sabiendo de la frialdad de
Claudia, era seguro que el moreno era de lámpara, pues no osaría jamás
ponerse al sol donde alguien la pudiese ver.
Sin embargo Sofía sí tenia marcas del biquini - aunque no tapaban gran cosa
- pero era claro que jamás había tocado el sol aquellas partes de las piel de
la chica. Sus tetitas eran firmes, una especie de "..teta de novicia".., elevadas,
sorprendentes, parecian más pequeñas con ropa, en realidad no estaban nada
mal, mi mente trabajaba rápidamente en ver como podría hacer más daño a
Claudia, y la chica me estaba haciendo variar de planes.
- Mamá, conocías a aquel chico del gimnasio ? - preguntó Sofía.
- No hija, simplemente me recordó a alguien que conocí hace mucho tiempo, tú
ni siquiera habías nacido, pero era de aquí, y además debe tener edad para
ser su padre.
- mmmmhhh.
Sofía se cambió rápidamente y se fue con sus amigas mientras su madre
continuaba probándose ropa. Yo bajé y me metí dentro del probador mientras
Claudia seguía ensimismada, pensando probablemente en nuestro encuentro. Mis
ojos recorrieron su cuerpo mientras le <..indicaba>.. que se sentase en el
sillón del probador, y se quitase de nuevo el pantalón y la camiseta. <..Mi
imagen se coló en su mente>...
Sus manos recorrián su cuerpo sin que ella se diese cuenta, siempre habia
sido fría y con poco o nulo ardor sexual, de eso se quejaba Marcos, y habia
antepuesto el dinero y la posición al sexo y al amor. Nunca había tenido
aventuras, no iba a tirar por la borda un matrimonio millonario por líos con
guaperas, pero ahora se estaba acariciando, incluso por debajo del sujetador y
de las braguitas.. lentamente, me introduje en su mente, insinuando que metiese
su dedo en su vagina y acariciase suavemente el clítoris.
Su dedo empezó a entrar y salir con rápida cadencia mientras sus caderas
subían y bajaban a cada movimiento de la mano, mientras, su otra mano sacaba
sus tetas del sujetador acariciando y poniendo duro su pezón, que se elevó al
momento.
Al cabo de unos minutos le dejé libre la mente, y con un susto, se miró en
el espejo, despatarrada sobre el sillón, con las bragas en las rodillas y las
tetas por fuera del sujetador mientras su mano introducía frenéticamente los
dedos en su coño. Evidentemente se recompuso al momento y recobró rápidamente
su compostura, aunque claramente alterada, su respiración entrecortada era más
producto de la verguenza que de la excitación sexual, pero eso lo iba a cambiar
yo enseguida.
Capítulo III. La amiga de Claudia.
Anette era francesa, amiga de Claudia, sus maridos tenían negocios juntos y
frecuentemente salían a cenar. Así que Claudia se dirigió hacia allí,
mientras yo la seguía de cerca.
Al entrar en el ascensor me acerqué a ella por detrás, mientras abría la
puerta, la cogí por el cuello con una mano mientras le tapaba la boca, sin que
se pudiese girar para verme, marqué el piso de la azotea mientras con la otra
mano la magreaba por todo el cuerpo y le iba quitando la ropa hasta que quedó
en ropa interior. Claudia intentaba pegarme patadas pero al tenerla inclinada
hacia atrás, y no permitir que girase, era dificil que me acertase.
Rasgué sus bragas para consegir aumentar aún más el efecto de terror que
quería implantar en ella, y de dos patadas abrí sus piernas inclinándola de
repente hacia adelante. Claudia, aterrorizada no podía reaccionar, veía que
iba a ser víctima de una salvaje violación. Mi pene se acercó a su trasero,
lo que la dejó estupefacta e inmóvil hasta que comprendió lo que iba a venir
a continuación y empezó a retorcerse más aún en el colmo de la desesperación.
Cuando el ascensor llegó a la azotea, empujé la puerta con el cuerpo de
Claudia, de dos patadas tiré fuera sus ropas y la empujé a ella también
fuera, no sin antes tirarle del sujetador para quedarme con el en la mano.
Claudia aterrizó en el suelo justo cuando se cerraba la puerta y yo pulsaba la
planta baja. No supo quien era. No había sido violada, pero si humillada
profundamente y además despreciada, cosa que no entendía, ya que en la azotea
podía haber sido violada sin poder hacer nada por impedirlo..
Claudia se vistió, confundida, metió las bragas rotas en el bolso y sin
bragas ni sujetador se dirigió a casa de Anette, rápidamente pensó cómo debía
actuar. Decidió no comentar nada a nadie. No iba a dejar que este episodio le
trajese problemas en su matrimonio, a fin de cuentas solo había perdido un caro
conjunto de lencería.
Capítulo IV Claudia va al cine.
Necesité dedicarme a mí una semana para lograr poner todos mis asuntos en
orden, y también para dejarlos listos para otra ausencia, a fin de cuentas
todavía no sabía como acabar de enfocar el asuntos de Claudia, además
necesitaba alimentarme sin llamar mucho la atención y a ser posible sin reducir
mis reservas de sangre.
Al cabo de esta semana volví a observar a Claudia, que aparentemente seguía
con su vida normal, aunque usaba mucho más a menudo gafas de sol, y daba largos
paseos sola, sin duda algo se movía en su interior, tal vez empezase a tener
algún sentimiento que no fuese un frío análisis de posibilidades para el éxito.
En uno de esos paseos, en que pasó suficientemente cerca de mí sin poder
observarme, le <..insinué >.. que tenía ganas de ir al cine, e
inmediatamente dirigió sus pasos a la sesión de la tarde de Titanic (
desafortunadamente no le había indicado qué película ver, qué le vamos a
hacer, no soy perfecto). Entré algo retrasado, apenas había público a esa
hora y Claudia había elegido una de las butacas traseras (en eso sí fui
previsor), me senté a su lado notando su sentimiento de desagrado ante un
intruso que invadía su espacio personal habiendo tanto sitio en el cine.. no me
podía ver, pues la película ya había empezado, y además también <..empujé>..
para que no girase en ningún momento la cabeza.
Claudia llevaba un vestido de verano fresco, evidentemente de Armani, sin
apenas mangas, y algo recatado, por debajo de las rodillas, muy ligero, con
botones por delante.
De repente puse una mano sobre su rodilla, por encima del vestido.. noté el
sobresalto de Claudia y el grito mental que dio ante mi <..persuasión>.. para
que ni gritase ni se moviese. Dejé mi mano descansar sobre su pierna durante un
tiempo, justo el necesario para sentir como a pesar del aire acondicionado,
empezaba a sentir el calor de su pierna.
Entonces empecé a mover lentamente la mano hacia arriba, manteniendo la
presión, lo que hacía que a la vez que mi mano, también subiese su vestido,
luego hacia abajo, y otra vez hacia arriba.. al cabo de un rato, su vestido
dejaba entrever sus bragas blancas de encaje. La cara de Claudia estaba roja
como un tomate, y aún más cuando mi mano empezó a separar sus piernas para
realizar caricias aún más atrevidas, las aletas de su nariz se dilataron,
mientras sus labios temblaban ligeramente. De repente, dejé las piernas y empecé
a acariciar sus senos igualmente por encima del vestido, notaba el relieve del
encaje, y como sus pezones se ponían duros y erguidos.
Desabroché lentamente dos botones, justo para llegar a la parte baja del
sujetador, que abrochaba por delante, le <..indiqué>.. que lo desabrochase,
lo que realizó con un gemido apenas audible. Luego, cogí su mano y la puse
sobre mi pantalón, <..indicándole>.. lo que debería hacer.
Claudia desabrochó igualmente mi pantalón y bajó la cremallera, metiendo
la mano por entre mis boxer, desabrochando el botón y liberando mi pene que
empezaba a estar bastante duro. Noté con sorpresa que Claudia no sabía como
seguir en realidad, pues nunca se la había mamado a nadie. Siempre se había
negado tanto a Marcos como a su marido, consideraba que iba contra la moral y
las buenas costumbres.
La cogí por la nuca haciéndola bajar la cabeza hacia mi entrepierna,
notando su resistencia y envaramiento, que vencí presionándola más con la
mano. Una vez allí le <..mandé>.., pues una insinuación ya no era bastante,
que abriese la boca, e introdujese el pene en ella, cosa que hizo
inmediatamente. Su lengua recorrió todo mi pene de arriba a abajo, mientras su
mano acariciaba mis testículos, su boca succionaba sin experiencia, pero poco a
poco le mandaba imágenes de cómo debía actuar.
Se empezó a recrear con el glande, poniendo pucheritos con la boca, dejándolo
descansar sobre su lengua, y apretando el resto del pene con la mano meneándolo
arriba y abajo, untando con saliba toda la longitud del mismo.. no tuve que
seguir enviando órdenes, pues ya tenía toda la información necesaria y quería
que sintiese lo que estaba haciendo.
Mi mano se entretenía acariciando sus pechos, firmes y duros por el gimnasio
a pesar de haber tenido una hija, mientras con la otra mano empezaba a bajarle
lentamente las bragas desde las caderas y el culo hasta dejárselas a medio
muslo.
En todo momento evitaba mirarme, lo que hacía que sintiese que se lo estaba
haciendo a un perfecto desconocido.. Su mente era un torbellino de sentimientos
contradictorios, por una parte su voluntad la mandaba dejarlo inmediatamente, y
por otra, notaba que no podía marcharse por mucho que lo intentase.
Mi mano empezó a acariciarle el vientre por debajo del vestido, notando sus
estremecimientos, mientras bajaba lentamente hacia sus partes más íntimas.. de
hecho dio un salto cuando acaricié suavemente su clítoris. Era increíble,
todavía no se había empezado a mojar (debo decir que sentí algo de frustración,
pues soy bastante vanidoso), así que masajeé lentamente el clítoris y sus
labios exteriores hasta que noté tras bastante tiempo que se empezaba a
lubrificar. Entonces la retiré de mi pene haciendo que se levantase y subiese
el vestido hasta la cintura.
Claudia levantada, con el vestido arrebujado en la cintura y con las bragas
en las rodillas era un espectáculo que me puso a cien. La senté de espaldas a
mí con las piernas abiertas, sobre mi pene que despacio, con mucha lentitud,
mientras Claudia contenía la respiración fue entrando lentamente. Cuando quedó
completamente ensartada, exhaló el aire de golpe, y siguió con pequeños
gemidos casi inaudibles aún en el silencio de la sala.
- mmmhhh, mmmhhh, ahhhh, aaaayyy.
Mis manos cogieron sus caderas moviéndola hacia delante y atrás, primero
muy despacio y después rápidamente, hasta que ella sola siguió con el ritmo..
mis manos subieron bajo su vestido hasta sus pechos, libres del sujetador,
acariciándolos y notando la dureza extrema de sus pezones.
Su culo se movía cada vez más rápido, lo que me indicaba que estaba a
punto de correrse, así que me corrí yo antes, notando como inundaba su vagina
con el calor del semen, y antes de que se pudiese correr, la levanté en peso,
trasladándola a la otra butaca, ante su desconcierto. Me arreglé rápidamente
y me levanté observando a Claudia, que seguía con los ojos (enormemente
abiertos eso sí) fijos en la pantalla, aunque sin ver la película en realidad.
Tenia el vestido en la cintura, sujeto solo por un botón, las piernas todo
lo abiertas que le permitían las bragas ya casi en los tobillos, los hombros al
descubierto, con los tirantes del sostén a medio brazo, los pechos totalmente a
la vista, perfectos, coronados por unos preciosos pezones oscuros. La cara
brillaba por el sudor a pesar del aire acondicionado, tenía un color que
sobrepasaba el rojo. Sus piernas y sus caderas se movían con espasmos, era
evidente que a pesar de no haber llegado al orgasmo algo se removía dentro de
ella. Estaba increíble. La verdad es que no me extraña que Marcos perdiese la
cabeza por una belleza semejante.
Salí del cine dejando allí a Claudia, y pensando en mi próximo movimiento.
Capítulo V La Nada Santa Trinidad.
Tres días después, una breve reseña en el periódico daba cuenta de una
cena del foro Velázquez en el parador Nacional XXX.
Dicho foro, era en realidad un grupo de tres hombres de negocios, Sergio
Banciella de León, Juan Almonte Solares y Manuel Valdehermoso y Ruiz de
Escalante, que se reunían para repartirse colusoriamente gran parte de los
negocios del país. Se denominaban a sí mismos "..La Nada Santa
Trinidad".., en alusión a tres célebres espías de la Universidad de
Cambridge en los años sesenta, y en una velada alusión a la trilateral.
En esa cena, se iban a reunir los tres miembros mas sus respectivos hombres
de confianza, junto con sus mujeres, un total de doce personas. Habían
reservado todo un Parador Nacional en las cercanías de Madrid, en Segovia, para
el fin de semana, cuatro camareros y dos doncellas solo para ellos, nadie más
para que no fuesen molestados, varias líneas de datos y conexión permanente
con sus oficinas en Madrid.
Empecé a pensar cómo podría aprovechar la ocasión para mis planes.
Enseguida lo tuve claro. A esta fiesta no podía faltar yo.
Llegué a Segovia cuatro horas antes que ellos, me acerqué al director
<..convenciéndole>.. de que me había contratado expresamente para la ocasión,
pero sin asignarme tarea concreta, solo como refuerzo por si era necesario, con
lo que podría campar a mis anchas por el Parador sin preocuparme de tapar mi
presencia, concentrándome solo en Claudia y sus acompañantes. El Director me
presentó a los demás trabajadores, Carlos, Enrique, Borja y Manuel eran los
cuatro camareros, Azucena y Sonia las dos doncellas para atender a las señoras
mientras sus maridos se repartíasn el país. Carlos y Borja tenían ya unos
cincuenta años, mientras que Manuel y Enrique eran aún jóvenes, salidos de la
escuela de turismo, lo mismo que Azucena y Sonia, que la verdad tenían un
precioso cuerpo, más parecían azafatas que doncellas.
Comprobé que al lado del salón donde se celebraría la cena había un
cuarto pequeño de servicio que no iba a estar en uso, además no tenía
ventanas y sí una puerta al salón, así que instalé allí mi cuartel general.
Cuando llegaron al Parador los comensales subieron a instalarse en las
habitaciones, unas tres horas antes de cenar. Sergio Banciella y su mujer tenían
aproximadamente la misma edad, unos cuarenta y cinco años, en realidad su mujer
Sara era la millonaria, Sergio se había hecho cargo de sus negocios, ya que
ella prefería la buena vida, cosa que había realizado con extremado celo, pues
había multiplicado por mucho el patrimonio de su mujer. En cuantoa Sara,
conservaba gran parte de la belleza, algo angulosa eso sí, de su juventud. era
delgada, y algo bajita. Vestía un vestido negro de fiesta por la rodilla, con
abundantes joyas, sobre todo perlas, de las que era una fanática.
Manuel Valdehermoso tenía unos sesenta años, era el mayor del grupo,
mientras que su mujer Maite pareceía un calco de Claudia, joven, de unos
treinta y tantos, y sumamente atractiva, morena con vetas rojizas en el pelo,
llevaba una camisa blanca y una minifalda beige, con un echarpe granate por
encima.
Claudia había elegido un vestido azul oscuro, con los hombros al
descubierto, algo corto, pero tremendamente insinuante, sobre todo cuando jugaba
con el chal rosa pálido que traía.
Los respectivos ayudantes también parecían fotocopias, pero esta vez entre
sí junto con sus mujeres. Eran altos, jóvenes, engominados, salidos de las
primeras promociones de las escuelas privadas de Económicas y con siete u ocho
masters en su currículum. Sus mujeres, rubias sociales, atractivas, y con cara
de niñas pijas, llevaban vestidos de fiesta algo llamativos - cosas de la edad
supongo - y demasiado ceñidos para mi gusto.
A las ocho de la tarde fuerson entrando en el imponente salón, ocuparon sus
sitios y empezó la principesca cena, tras la cual los hombres conversarían
para intimar y comentar lo ocurrido desde la última reunión.
A los postres decidí intervenir, <..ordené>.. a la servidumbre que se
quedase fuera hasta que los llamasen y no molestasen bajo ningún concepto.. en
cuanto a los comensales, poco a poco les fuí liberando de inhibiciones haciendo
que sus conversaciones fuesen subiendo de tono.
Comencé por Maite.. con un leve aspecto de mareada, decidió acercarse más a
su marido y darle un beso de tornillo en la boca de tres minutos ante el aplauso
de los asistentes. Sara, sin mirar siquiera a su marido cogió a una de los niñatos
y empezó a meterle mano en plan descarado, evidentemente ninguno salvo Claudia
se daba cuenta de lo que estaba pasando. Caludia no daba crédito a lo que veía,
achacándolo sin duda a un exceso de alcohol.
Las niñas pijas no podían permitir que las carrozas les quitasen el
protagonismo, así que la primera de ellas se subió sobre la mesa contorneándose
y quitándose lentamente el vestido de noche hasta quedar con un sugestivo
conjunto de ropa interior negro, actitud en la que fue rápidamente imitada por
sus compañeras entre risas. Claudia estaba de piedra, sin entender sobre todo
que a nadie le pareciese extraño.
Manuel se bajó rápidamente los pantalones, sacando un pene pequeño, pero
extremadamente grueso para su edad, mientras que Maite y su marido se quitaban
la ropa entre ellos, el niñato que magreaba Sara estaba en el séptimo cielo, y
Juan Almonte aplaudía a las niñatas mientras se desnudaba febrilmente. Claudia
se levantó con cara de horror y retrocedió hasta donde yo estaba, sentándose
en un silla y sin atreverse casi ni a mirar.
En unos minutos estaban todos desnudos o casi. Todas las mujeres estaban
chupando ávidamente el pene del hombre que tenían más cerca, sin reparar en
quién fuese, excepto Claudia que seguía junto a mí y Sara, que atendía a
Juan y a uno de los niñatos alternativamente.
Aquello se empezaba a caldear, así que decidí <..influir>.. un poco más
en ellos.
Los tres socios se sentaron en unas sillas uno al lado del otro,
completamente desnudos, mientras las tres jóvenes se sentaban sobre ellos,
introduciendo a la vez sus penes dentro de ellas. Un coro de suspiros se elevó
a la vez.
Empezaron a movese rápidamente adelante y atrás, como si compitiesen entre
ellas acerca de cual era la mejor, en poco tiempo el sudor empezó a perlar sus
espaldas desnudas. En ese momento, los tres niñatos se acercaron a sus mujeres
que estaban siendo folladas por sus jefes, separó cada uno las nalgas de la
mujer de su amigo, y empalmados como estaban hasta el límite, pusieron sus
aparatos a la entrada de su culo.
A lo que parecia, ya habían probado la situación, al menos con sus maridos,
pues ninguna de las chicas puso cara de sorpresa, aunque en cuanto ellos
empujaron, abriéndose paso por entre su nalgas, gimieron más y más. Era
evidente que ser folladas a la vez por dos hombres no lo habían experimentado aún.
Mientras, Sara y Maite se besaban furiosamente, acariciándose por todo en
cuerpo.
Las tres jóvenes ya no se movían, el ritmo de los hombres que las estaban
follando las sobrepasaba, peros estaban sintiéndose llevar a límites
insospechados..
No tardaron los socios en correrse, siendo inmediatamente imitados por sus
ayudantes entre jadeos y gemidos de todos, lentamente, se fueron saliendo de sus
respectivas parejas, mientras las respiración se les iba serenando, momento en
que todos se empezaron a fijar en Sara y Maite que se estaban masturbando
mutuamente, y en Claudia, que miraba con ojos ya no se decir si aterrorizados o
esperanzados.
<..Ordené>.. al servicio que entrase, los cuatro camareros fueron hasta la
mesa y las dos doncellas a mi lado y el de Claudia.
Claudia lucía como alhajas un collar sencillo de perlas a juego con unos
pendientes y la alianza matrimonial. Entre las dos doncellas y yo, le quitamos
el vestiso dejándola en ropa interior.. llevaba el conjunto que le había visto
probar, negro de encaje aunque sin el ligero, Claudia no podía resistirse, pero
era consciente de que todo el mundo incluido su marido la estaba mirando, con lo
que cruzó pudorosamente sus brazos tapando lo más posible sus senos y el
encaje de sus braguitas.
Los camareros retiraron todo lo que estaba encima de la mesa, y pusimos a
Claudia encima, de pié, haciendo que se desnudase del todo, bailando
lentamente, lo que hizo poniéndose roja como un tomate, y con una lágrima
rebelde pugnando por salir de sus ojos por la vergüenza. Acto seguido le
<..mandé>.. que se recostase sobre la mesa para que no se perdiese detalle de
lo que iba a pasar a continuación, solo le quedaban puestas las joyas y los
zapatos de tacón.
Maite y Sara no habían estado suficientemente atendidas mientras todos los
hombres se dedicaban a las jovencitas, así que los camareros repitieron la
escena anterior, se sentaron en aquellas sillas que parecían butacas mientras
ellas se ponían encima a horcajadas metiéndose el pene de un solo golpe, parecía
que lo llevaban deseando mucho tiempo.
Los otros dos camareros se acercaron por detrás, y sin hacer caso a las débiles
protestas de Sara, que no parecía muy convencida, las agarraron por las caderas
mientras empujaban con fuerza para entrar en unos culos que debían ser vírgenes
aún, pues Maite tampoco lo había probado.
Era un agujero estrecho, por lo que los esfuerzos de los camareros se
redoblaron entre los quejidos de ambas mujeres por el dolor de la desfloración
anal. No obstante, con un último empujón lograron entrar del todo ante el
chillido de Sara y la cara desencajada de Maite.
Una vez dentro, los gritos fueron dejando paso lentamente a los gemidos, que
se fueron acallando también cuando <..mandé>.. a dos de los niñatos que
pusiesen sus penes en las bocas de las dos mujeres, que empezaron a mamárselas
con bastante más experiencia de la que esperaba.
Solo se oía el MMMHHH ahogado de Sara y Maite, y los cuatro hombres
restantes estaban otra vez a punto ante el espectáculo, así que los puse dos
al lado de cada mujer, que con sus manos cogieron sus penes masturbándolos con
violencia, pues ya estaban fuera de sí. Follar con cinco hombres a la vez para
cada una era algo que sobrepasaba sus sueños más delirantes, movían las
caderas a un ritmo frenético mientras succionaban de manera experta a sus compañeros
y seguían meneándosela a los demás..
Claudia tenía los ojos muy abiertos, mientras se acariciaba con sus manos
por todo el cuerpo, operación en la que era ayudada por las dos doncellas a las
que yo iba desnudando lentamente.
En un momento estalló un gemido de todo el grupo cuando la mayor parte de
sus miembros tuvieron un orgasmo salvaje y a la vez, Sara y Maite empezaron a
chillar y castañetear los dientes cuando en pleno orgasmo se sintieron
inundadas por todos sus agujeros y salpicadas con esperma de todo el mundo, jamás
en su vida habían sentido nada igual.
Los cuerpos de las doncellas no eran mi objetivo, así que no les quité su
ropa interior, ya he dicho que me excita bastante, y la verdad es que se veían
muy bien.. puse a Claudia boca abajo en la mesa, y tiré de sus piernas hacia mí,
pero sin separarla del todo de la mesa, con lo que quedó con el cuerpo de la
cintura para arriba encima del mantel y el resto apoyado en el suelo formando un
ángulo de 90 grados.
Las doncellas le separaron las piernas, y con un rápido empuje se la metí
hasta el fondo.
-AAAAY, -exclamó Claudia al sentirse penetrada de golpe.
Empecé a moverme cada vez más rápido, con lo cual Claudia empezó también
a humedecerse.
- AHHHHHH, no, no... - decía Claudia a cada vaivén, pero eso sí, sin dejar
de moverse.
Dos de las jóvenes tenían sujeta a Claudia por los brazos, lo que unido a
que las doncellas la sujetaban por las piernas no le permitían casi cambiar de
posición, solo acompañar mis envites cada vez con más ganas.
- Basta, basta por favor, ... no, no.
Inmediatamente, su marido se subió a la mesa sentándose delante de Claudia
y abriendo las piernas, le puso el pene dentro de su boca prácticamente.
- Traga golfa, - decía su marido - a ver si te gusta así, trágatela toda.
- Su marido parecía que le tenía ganas a Claudia.
Claudia parece que ya sabía lo que tenía que hacer, y a fe mía que el
breve tiempo pasado desde que aprendió le había servido para mejorar bastante,
con lo que se lo metió casi hasta la garganta.
A pesar de ello, se las arreglaba para jadear continuamente, hasta que con un
alarido tremendo empezó a tener espasmos por todo el cuerpo y a moverse de tal
manera que era difícil sujetarla, fue el mayor orgasmo de su vida (en realidad
uno de los pocos), complementado por una corrida sensacional de su marido en su
boca, que no dejó escapar ni una gota, Claudia estaba fuera de sí, momento que
aproveché para saliéndome despacio tocar con la punta del pene el agujero de
su culo. Claudia reaccionó moviéndose con fuerza para soltarse.
- Noooo cabrón, eso no, por ahí noooo - decía tosiendo con parte del semen
todavía en la boca.
Pero era inútil, lentamente fui abriendo su culo en pequeños envites. Su
culo era estrecho, virgen desde luego, pero a la vez tremendo, redondo y sedoso
como no había conocido otro.
- AAHHHHH, me haces daño, AAAYYYY...para, basta..., basta por favor -
berreaba Claudia entre lloros e hipidos.
En un instante y con un último esfuerzo le abrí por completo el culo
tocando con mis testículos su coño totalmente empapado, lo que parece que la
hizo callar momentáneamente, y pensar que en realidad estaba disfrutando. Me
corrí de golpe, dentro de su culo, mientras sus gritos eran cada vez mayores
pero ya no eran de rechazo sino de ansia.
Los camareros y las doncellas lo pusieron todo en orden en un momento, todo
el mundo incluida Claudia se vistió y se aseó, y les hice olvidar lo pasado a
todos excepto a Claudia, claro está. A ella le hice perder momentáneamente el
paso del tiempo, de tal manera que cuando volvió en sí de su ensimismamiento
todo parecía normal, la cena proseguía en los postres, todo el mundo mantenía
la compostura de antes de la orgía y Claudia se empezó a preguntar si no habría
sido un sueño o una obsesión, evidentemente sus amigos no podían haber
realizado aquellos actos tan obscenos que creía haber visto y realizado. No
obstante, si era una fantasía por qué aquel hormigueo en su culo?.
Capítulo VI Juventud divino tesoro
Todo este trajín estaba modificando la actitud de Claudia ante el sexo, y
además estaba empezando a afectar a su salud, no mucho, pero se la notaba algo
más pálida. La explicación es que aunque no tomemos sangre de los humanos, lo
que hacemos al influenciarlos demasiadas veces es tomar parte de su vitalidad,
eso que algunos científicos llaman "..ectoplasma"... Tenía que acabar rápido con
aquello y largarme de Madrid.
Su hija Sofía tenía un "..noviete".. por decir algo, ya que seguía al parecer
los pasos de la madre y no hacía otra cosa que pasear e ir al cine, - pero no
como cuando fuímos su madre y yo -.
La seguí hasta una cafetería del centro, donde se reunió con Borja su
novio. Evidentemente era de su mismo estatus social. Cuando <.. toqué >.. su
mente me sorprendí al ver lo diferente que era de su madre, casi no podía
creerlo. Sofía era bellísima por fuera sí, pero por dentro no había conocido
a nadie igual.
En realidad salía por imposición paterna con aquel pijo, y no sabía cómo
librarse de él. Oí decirle a Sofía que por la noche podían ir a un pinar que
hay al salir por la carretera de La Coruña, (donde solía llevar a sus ligues,
lugar muy frecuentado por las parejas). Sofía no quería ir pero pensó que tal
vez fuese un buen momento para aclararle las cosas a Borja, evidentemente, no
sabía muy bien cómo eran los asuntos con aquellos niños pijos.
Salí de allí algo turbado por los pensamientos y la candidez de Sofía,
pero con la alegría de que sabía cuáles serían mis próximos pasos.
Cuando Claudia salió de casa, pasé por su lado y le ordené llevar su coche
a las 11 de la noche al pinar en cuestión, rápidamente me alejé para que no
advirtiese mi presencia.
Descansé de este sol abrasador en mi casa, suelo llevar sombrero, pero el
sol de mediodía es demasiado para mí, tenía la piel roja, y necesitaba
alimentarme o empezaría a pasarlo mal.
Llegué sobre las 10 y media al pinar, todavía había luz, así que pude
observar una gran extensión de terreno, Borja y Sofía no habían llegado todavía
y Claudia tampoco. Observé un furgón Iveco, de los que se usan para repartir,
grande y con cristales en la puerta trasera, me vendría bien para mis planes.
Me dirigí hacia allí, y al llegar <.. ordené >.. a sus ocupantes, un
chico rizoso y su novia, una pelirroja algo gordita y pecosa que abriesen la
puerta. Me colé dentro y me dispuse a esperar mientras meditaba sobre cómo
enfocar lo que vendría a continuación.
Rompiendo mis principios, hice un pequeño corte con una navaja de afeitar
que siempre llevo conmigo - nuestros caninos son como los de todo el mundo - en
el brazo de la chica, al momento empezó a manar un hilillo de sangre, similar a
cuando te cortas con un folio de papel, escandaloso, pero que no dejará marca.
Pasé mi lengua por su brazo mientras la chica templaba de excitación ( es algo
que siempre me sorprende, en teoría no deberían notar nada, es algo que todavía
no hemos explicado). La chica - Eva se llamaba - se puso a cuatro patas mientras
su chico la poseía por detrás.. le dejé hacer, aunque sin que llegase a
correrse, le necesitaba para más adelante. Eva sí se corría, su chico
bombeando en su entrepierna y yo lamiéndole el brazo la estaban haciendo tener
el orgasmo de su vida.
Nuestra saliva es bastante cicatrizante - evolución de la especie digo yo -,
así que en cuanto paré de lamerle la sangre enseguida dejó de manar. Por otra
parte ya eran las 11 de la noche y algunas parejas ya estaban llegando.
Noté cuando llegó Sofía. Cuando un humano nos interesa de manera especial
podemos notar su presencia desde muy lejos, así como sus sentimientos y
emociones, ( y hacerle llegar las nuestras ). Eva estaba con mi pene en su boca
mientras su chico se esforzaba en entrar en su culo, cosa a la que hasta ahora
ella siempre se había negado, además como era algo gordita estaba encontrando
bastantes dificultades.
Claudia hizo su aparición en un elegante Peugeot 406 azul marino. Dejó la
luz interior encendida, pues era lo que yo le había ordenado.
Elegí cuatro coches al azar, además del de Borja y Sofía y <..ordené>..
a las chicas venir conmigo y a los chicos, Borja y el novio de Eva incluidos que
rodeasen el coche de Claudia.
A mi lado, dentro del furgón que aparqué justo delante del Peugeot de
Claudia, estaban cinco chicas y Sofía. Casi todas menos Sofía, que acababa de
llegar, estaban desnudas o casi, así que las desnudé del todo. Sofía estaba
con camiseta y vaqueros, se los quité y la dejé en ropa interior. Un conjunto
blanco de encaje que la hacía parecer más virginal aún. Eva se puso al final,
a fin de cuentas ya había disfrutado bastante, así que miré a las demás.
Antonia era una pelirroja llamativa, tenía 23 años, acababa de romper con
su novio de toda la vida y a lo que parece se estaba resarciendo rápidamente,
sus tetas eran grandes, aunque algo caídas ya para su edad, su culo estaba
bien, muy bien, y su mata de pelo ... era pelirroja auténtica !!.
Marta estaba algo escuálida para mi gusto, pero en fin, no era algo que me
interesase especialmente. Nuria era otra cosa, sin estar gordita como Eva, era
rotunda, con unas tetas que parecían misiles, altas, altísimas... Celia era la
clásica niña pija, elegante por fuera, pero sin sustancia por dentro, además
estaba muy buena.
En cuanto a Sofía tenía diecisiete años, y todavía era virgen, pasmoso.
Claudia se empezó a desabrochar los botones de la blusa, después de todo
este tiempo influenciándola ya podía entrar con toda libertad en su mente y
mandarle hacer lo que quisiese sin ningún esfuerzo. Su sujetador de cuadritos
(parecía más propio de su hija) salió rápidamente a la luz. Los chicos a su
alrededor tenían sus pollas en la mano, se estaban poniendo a cien, pocas veces
tendrían cerca a alguien así. Para mi sorpresa quien más excitado estaba era
Borja, que al parecer tenía una especia de fijación con la madre de su novia.
Las chicas me la estaban chupando por turnos, había establecido una especie
de concurso.. Menos Sofía, que estaba de pié junto a mí mirándome sin parar.
Poco a poco empecé a notar en la cabecita de Sofía el sentimiento de adoración
que quería de ella, la atracción de lo misterioso, de lo prohibido. La apreté
contra mí mientras la besaba.
Claudia ya se había quitado la blusa y se estaba bajando los vaqueros. Se
quedó en bragas y sujetador, rosas de cuadritos, parecían un mantel de cocina.
Le <..ordené>.. que bajase la ventanilla del coche y uno tras otro, los
chicos fueron pasando por delante para que se la mamase, cuestión en la que
empezaba a ser una experta.
El primero fue Borja evidentemente, y casi se corre en su boca, cuando llegó
al último, Borja que no aguantaba más se metió en el asiento del acompañante,
echándolo para atrás y cogiendo bruscamente a Claudia y rasgándole la ropa
interior, se la puso encima, empezando a follársela mientras algún otro
atrevidillo entraba dentro del coche para magrear a Claudia.
- MMMHHH sí, así así, - decía Claudia, evidentemente su aversión al sexo
estaba empezando a pasar a la historia.
Uno de los chicos se atrevió a más y pasando al asiento posterior se la
metió a Claudia en la boca. Claudia ya había probado esta situación, así que
decidí "..darle un poco más"...
Uno de los chicos se puso detrás de ella mientras su polla se situaba en la
entrada de su culo. Claudia soltó la polla que estaba mamando para protestar,
pero el chico estaba a mil, y de unos empujones salvajes se la metió entre
gritos ahogados de Claudia.
- No, basta, de uno en uno, por favor, basta ..de uno en GGGPPPFFF.- pero los
tres chicos no estaban por la labor, y volvieron a metérsela en la boca
ahogando sus protestas.
Claudia estaba sudando, se corría incesantemente, y Borja y el chico que la
enculaba, con sendos gritos se corrieron a la vez, quedando quietos, mientras el
otro inundaba de esperma la boca de Claudia.
Los agotados chicos salieron de allí dejando a Clauia despatarrada boca
abajo en el asiento del Peugeot. Rápidamente, los otros tres chicos entraron,
poniéndose en su lugar.
- AHHH, NNo, ya vale, más no, más no, por favor, no puedo más, no puedo
maaaaás - dijo Claudia cuando un Chico la situó sobre él y se la introdujo
sin preámbulos. Claudia estaba chorreando, así que no tuvo ninguna dificultad
en deslizarse hasta el fondo.
El novio de Eva quería su ración de enculada, así que se puso detrás y de
un golpe de riñón se la metió hasta el fondo mientras Claudia gritaba.
- AAHHH, AAAYYYYY, despacio, despacio, me haces daño, por favor despacio -
el novio de Eva tenía los ojos en blanco, y justo cuando el restante se disponía
a que Claudia se la chupase se corrió dentro del culo de Claudia, que empezaba
a estar bastante dilatado.
Claudia consiguió también que el que tenía en la boca se corriese de
golpe, salpicándole la cara, y la boca, mientras ella se movía como una posesa
arriba y abajo, haciendo que el joven que tenía entre las piernas gritase y
gritase mientras se corría.
Claudia se quedó sola jadeando en el coche, sus bragas estaban en una sola
pierna, y su sujetador en la cintura.. tenía semen por todo el cuerpo mezclándose
con el sudor. Antonia había tenido alguna experiencia con otras chicas, así
que la mandé con unas toallas que Eva y su novio tenían en el furgón a
limpiar a Claudia. Poco a poco fue quedando limpia, mientras las caricias con la
toalla de Antonia se hacían más y más insistentes.
Al principio Claudia no comprendía, pensaba que las estaban limpiando
simplemente, pero cuando la boca de Antonia rozó la suya, dio un respingo
mientras se retiraba, pero no tenía mucho sitio donde ir. Antonia insistió
apretando con fuerza el brazo de Claudia mientras con la otra mano le atraía la
nuca. Le metió la lengua dentro de la boca saboreando los restos de semen
mientras le acariciaba los pechos y le metía dos dedos por su vulva chorreante,
Claudia ya era solo un juguete en manos de quien se metiese en el coche, así
que me dediqué a mi mismo y mi pequeño harén juvenil.
Quedaban cuatro chicas en el furgón, así que decidí probar (sin contar a
Sofía) cuantos culos habían sido ya desflorados. La indudable ganadora de las
mamadas era Nuria, así que decidí empezar por ella.
Hice subir a su novio, se tendió en el suelo y Nuria se montó encima. Les
dejé un tiempo para que se pusiesen en forma, pues su novio se acababa de
correr, y empecé a empujar separando sus nalgas. Nuria no lo había probado. En
cuanto llegué al fondo parece que le empezó a coger el tranquillo. Los
berridos eran enormes, parecía que la estaban matando. aquella chica tenía una
forma de correrse que le iba a acarrear problemas en el futuro de casada, a no
ser que insonorizase el dormitorio.
Marta se separó ella misma las nalgas mientras se la metía de un tirón,
evidentemente ya tenía experiencia, y por la forma de moverse le gustaba
horrores. Su mano se metía dentro de su coño haciendo que se masturbase
continuamente, dejé mi sitio para su novio y me dediqué a Celia la pija.
La puse de pié en el furgón y la tiré contra la pared, dándome la
espalda, le doblé de golpe la cintura para que su culo sobresaliese, su melena
suelta le llegaba casi a la cintura, le separé las piernas mientras se la metía
en el coño con un empujón brusco.
-AAAHHH, AHHH, AAAY, - decía Celia
- Métemela dentro, sí, dentro, si, así, así, más, MAAAS- repetía
mientras se movía adelante y atrás. Sería pija, pero follaba como una golfa.
La cogí por las caderas mientras aumentaba el ritmo de mis envites y se corría
como una loca.
- CABRÓN, FÓLLAME, JÓDEME, MÁS MAS ...- gritaba mientras se corría.
De repente, me retiré de ella para poner mi polla en la entrada de su culo.
- AH - exclamó.
No, Celia no lo había probado. Me estaba costando entrar, su culo era
estrecho, Celia se mordía el labio inferior y chillaba alternativamente,
mientras yo iba abriéndome camino por un conducto prieto y caliente. Con un último
empujón llegué al final al par que Celia empezaba a llorar y berrear.
Llamé a su novio, se puso delante y se la metió hasta el fondo, quedando
Celia como un emparedado entre su novio y yo. Al sentirse follada por ambos
sitios a la vez aumentaron sus gritos, evidentemente le gustaba, así que me moví
rápidamente y me corrí dentro de su culo. Al salir se la metí en la boca de
Eva, la ganadora para que me la limpiase del todo. Dejé al novio de Celia y a
los otros chicos experimentando cuántos hombres puede atender una chica a la
vez.
Cuando terminé, sorprendentemente Sofía se acercó a mí, y con suavidad se
arrodilló, y mirándome a los ojos se la metió en la boca, con torpeza sí,
pero con una dulzura inimaginable. Recorrió mi polla que ya no estaba para
muchas juergas con la lengua, acarició mis testículos con su mano, se metió
la polla hasta la garganta mientras me abrazaba desesperadamente por mis
caderas.. una lágrima pugnaba por salir de sus ojos, no deseaba hacer aquello,
pero pensaba que era la única manera de acercarse a mí, estaba poniendo todo
su empeño en que me corriese, y de pronto lo vi claro, no estaba influenciándola,
Sofía me quería para ella, y pensaba que tenía que conseguir ser una especia
de heroína sexual para ello, pero era amor de veras, no lo que yo le había
puesto en su cabeza, o por lo menos no de la misma forma. No lo pude resistir más
y me corrí, no me pude salir de su boca por la presión de sus brazos en mi
cintura, así que me corrí dentro. Sofía sin tragar, se salió, y se limpió
sin asco ninguno en una de las toallas depositando allí mi semen. La amo.
Capítulo V Sofía
Mandé a todo el mundo fuera, y abracé a Sofía mientras una sonrisa iluminó
su cara. Me acosté con ella en las mantas del furgón. Mentalmente mandé a
Claudia a casa, y a todos los chicos a sus coches, menos a Eva y su novio que
ocuparon los asientos de la cabina.
Mientras, Sofía me acariciaba por todo el cuerpo sin que yo me atreviese a
moverme. Rompí mi presión sobre su mente despacio, sin sobresaltos, haciéndole
ver que había roto definitivamente con Borja.
- ¿ Cómo te llamas ? - me susurró.
- Baldus - contesté, y era mi nombre auténtico.
- ¿y qué haces ? - su candidez me volvía majareta.
Pensé en la horterada de decirle eso de "..he cruzado océanos de tiempo por
ti".., pero no, sorprendentemente decidí decirle la verdad.
- Soy un vampiro.
- ¿ y que hacen los vampiros, matan a vírgenes indefensas?
- No es necesario que sean vírgenes, y tampoco mato a nadie, pero puedo
hacer mucho daño a la gente.
- ¿ Cómo ?
- Hago que se enamoren de mí, y después las abandono.
- ¿ Me abandonarás ?
- Me suplicarás que lo haga.
- Jamás - contestó.
Me acerqué a ella, y con la navaja le hice un corte en la muñeca, también
pequeño, le chupé lentamente la sangre mientras salía y ella se estremecía
poniendo los ojos en blanco, fue entonces cuando me creyó realmente.. no tardó
en cerrar la herida, y se quedó allí, mirándome, mientras yo sorbía una gota
de su sangre que intentaba resbalar por la comisura de mis labios.
Sabía que no debía llevarla conmigo, la vería envejecer - no se puede
crear un vampiro, eso de hacerles beber nuestra sangre es de las películas - y
ella vería que se hac&..