Las flamas siempre me incitan a viajar hacia dentro de mí. Esta vez pensaba
que Pablo y yo habíamos tenido ya varias discusiones por la misma situación.
Él decía que yo era estéril, yo decía que él era el estéril. La diferencia
entre él y yo era desde luego que para él parecía que todas las cosas
importaban más que el hecho de tener un bebé, y esa situación se podía notar
muy fácilmente con una pregunta muy concreta: ¿Has ido al médico para que
determine si tienes un problema reproductivo?.
Cuando uno piensa en el sexo, casi siempre se toman dos partidos muy
contrarios, el primero, que nace de un lastre religioso bastante inhibitorio,
aquel en que la madre de una nos "..educa".. sexualmente haciéndonos
creer que cuanta relación sexual tengas esta va a traer como consecuencia un
hijo seguro, que tienes por tanto que esperar un príncipe azul que te salve del
peligro de ser madre soltera, un príncipe muy sui generis que tenga que
soportar el embarazo inmediato que sobreviene a la noche de bodas y se trague el
cuento de que la esposa es para cuidar a los infalibles hijos, y que no importa
luego la vida sexual, pues su fin se consuma rápidamente y como consecuencia
puedes echarte a engordar monstruosamente, al fin y al cabo has atado a tu
esposo de las tetas al parir hijos suyos, y él, sin quejarse, deberá manar de
su pecho billetes y más billetes para solventar todos los gastos.
La otra versión también es radical, en ella el sexo es placer puro, ignora
que el principio sexual proviene en esencia de un instinto de perpetuarse, y
como tal es irrefrenable. Bajo esta visión el "..cómo".. supera al
"..qué".. con gran velocidad, y te vuelves estúpida si piensas en hijos,
pues estos limitan la sexualidad, por un sin fin de razones, ya sea el tiempo
que absorben o el celo que originan en los esposos. He sabido que hay esposos
que follaban bien con sus esposas y tienen serios problemas para embestir a esa
mujer que ahora es madre de sus hijos.
Siendo muy joven leí en una novela que la chica principal soñaba con un
tipo que describía de la siguiente manera:
FRAGMENTO
Es tan raro el amor. No sé entenderlo. Me siento como una ave remojada que
se seca al sol. Mojada con un exceso de amor. Como una ave remojada que sabe que
al secarse será más hermosa, pues no sólo tendrá el brillo de sus plumas,
sino también el del agua. Como una ave que sabe que será preciosa, y que sin
embargo tiembla.
Siempre soñé con tener un amor infinito, incondicional.. pero nunca me
pregunte si estaba dispuesta a darlo. Siempre imagine un amor perfecto. Cuando
recién entraba en la adolescencia me ilusionaba con encontrar a un joven que en
sus ojos encerrara toda la verdad y toda la mística que hicieran de él todo un
hombre. Lo soñaba caballero y gran señor. Interesante, sabio en sus cosas,
generoso en el amor, valiente. Eran muchas las características que le atribuía.
En sus ojos debía haberlo todo, dulzura y fuerza, impenetrabilidad y
secreto. Con mirada limpia de toda corrupción. Debería tener en la voz el
flujo cálido del aliento de vida, con charla sencilla en momentos clave,
destilando su sabiduría libre de eruditismos, como amplio conocedor de este
camino escabroso, como humilde fundador de cada día y rey absoluto de las
noches. Así debía de ser la boca, con el don del consejo adecuado, de la broma
oportuna, de la burla merecida, del acento que seduce.
Sus brazos serían mitad árboles y mitad alas. Árboles fuertes donde poder
llorar, o tender un columpio, o treparse. Alas de plumaje suave que adormece,
que calienta. Y de su pecho brotaría la ilusión más embriagadoramente mágica,
y la realidad más tajante. Sería su corazón una perla roja. Ahí guardaría
yo mi entrega, ahí fabricaría él la suya. En ese venero de sangre dispuesta
al holocausto. Sabría hacerme mujer. Desmentiría que un sueño es sólo mito y
fantasía. Reafirmaría su señorío, reivindicando al genero masculino.
Tendría en sus piernas el paso seguro, como si conociera cualquier camino. Y
sus piernas sabrían subirme el calor, estrechándose, enlazándose, impulsándose
en las mías. Sus vellos serían como pequeñas uñas de manos que nunca se
cansaran de tocarme. En su espalda podría, como el famoso Atlas, cargar con la
responsabilidad de mi mundo. Espalda paternal. Y sus manos serían flores con la
virtud de transformar a mi cuerpo en caricia.
En fin. El hombre de mis sueños sería un hombre completo que me amaría con
parsimonia, optimando el encuentro y el recurso, fuera físico, moral,
intelectual o animal. Sería un todo que desconocería la mezquindad y la
deslealtad, donde no cabrían la frivolidad ni la poquitez. Y tendría
equilibrio en su mente, corazón y sexo.
Y así lo soñaba. Lo ansiaba.
Lo esperaba en cada esquina, apareciendo de la nada, todo tan casual. Cuando
me sentaba sola en las bancas de la plaza y fingía leer un libro, era a él a
quien esperaba. Lo reconocería, pues en su cara llevaría un estigma de amor.
Ese texto de la novela que digo me impactó profundamente. Como un escorpión
dio un pinchazo triple que repercutió en mi sexo, en mi corazón y en mi mente,
y el efecto de sus palabras me invadió sin remedio. Mi posición terminó por
no ser libertina y por no ser puritana. Reconocí el poder creativo del sexo,
del brillo de mis óvulos, pero nunca olvidé que alrededor de mis óvulos
existe un cuerpo que requiere sentir placer, que quiere sentirse vivo, que
existe.
Conocí a Pablo y me enamoré. Todo muy bien. Hasta que luego de cuatro años
de matrimonio, a mis veintisiete años de edad, le pedí que me diera un hijo.
Todo en él pareció desternillarse. Comenzó a caérsele el cabello con más
celeridad, su pene comenzó a fallar, y sus eyaculaciones que habían sido
siempre abundantes comenzaron a parecerse como balas de salva.
Eso trajo serios conflictos. Yo dejé de tomar las pastillas, lo que además
que me puso de mejor humor, me puso más cachonda que nunca. Sin embargo mi
florecer era como un efecto contrario a lo que Pablo padecía. No es que dejara
de quererme, ni yo de quererlo, pero sentí que su corazón se avinagró en
cierto modo.
En uno de nuestras peleas el gritó "..Por mí, si te encuentras un amante
mejor, así dejo de escuchar tus sandeces. Sólo procura que yo no me entere,
porque los mataría a los dos"... Para él, el haberme dicho ese sermón había
sido simple retórica de discusión conyugal. Pensó, orgulloso como es, que
nunca buscaría yo un amante, que le sería fiel hasta la muerte. Subestimó que
mi piel se ponía cada vez más lozana, mi cuerpo más firme, y que ello era una
bendición física que yo no pedía, es más, ni siquiera terminé por atribuir
a que tanto beneficio era por haber dejado las pastillas, era más bien la
manera en que mi cuerpo me decía que me faltaba placer y, vengándose de mis
principios morales más elementales, mi cuerpito se pondría cada vez más
bueno, hasta llegar a ser una provocación a todo hombre que pasara cerca de mí.
No tengo empacho en pensar que tengo unas caderas fenomenales, mi cintura no
es de 60 centímetros, pero entre las tetas y las caderas hacen lucir una
cintura bastante aceptable. Mi mirada es interesante, digo yo, mi cabello es
largo y bonito. Mis dientes son todo mi orgullo, y mi sonrisa me gusta.
En estas condiciones es que apareció Marco, que es a quien espero en este
momento. Me siguió como un perro durante semanas, hasta que por fin le hice
caso. La primera vez que estuvimos juntos, lo recuerdo, me quité de su cuerpo
en cuanto vi que iba a eyacular dentro mío. Le dio algo de pena, pero fue
comprensivo, comprensivo en una forma tan dulce que a partir de ese día lo vi
distinto.
Es mi amante oficial, el único que he tenido. Es hermoso, y me trata muy
bien, me penetra siempre como si clavarse en mí fuera lo último que fuera a
hacer en la vida, como si fuese un condenado a muerte a minutos de su ejecución
y cuando le preguntaran "..¿Un último deseo?".., me eligiera a mí y me
follara con esa fuerza y ternura entremezcladas que él tiene, con esa verga tan
efectiva que se carga, con sus testículos enormes, con su espalda firme.
El día de hoy es especial por diversas razones. Hace unos días fui con un
ginecólogo a revisar mi vientre. Me dijo que está en perfectas condiciones, e
incluso vaticinó que éste y mañana serían días muy propicios para quedar
encinta. Luego pensé que me agradaría muchísimo que un hijo mío se pareciera
a Marco, o mejor aún, que se pareciera a ambos. No tiene por qué saber que hará
conmigo una alianza muy superior a vivir juntos. Después de todo vivo con Pablo
y eso ha demostrado ser una mierda. Con un peligro y me marcho con él hoy
mismo.
Él vendrá, haremos el amor como nunca, llenará mi matriz con ese semen tan
rico que tiene, y empezaré a florecer. Además, ya estoy harta de amar a
escondidas, no me importa que el tonto de Pablo llegue y nos descubra, eso le
servirá de lección. El día de hoy es especial porque sé que Pablo llegará
temprano, y la verdad ya quiero ver su cara cuando descubra lo cornudo que es.
Se escucha que tocan a la puerta. Dejo de mirar la vela y salgo de mi ensueño.
Tomo la vela y corro rápida pero silenciosamente por las escaleras y me cruzo
el protector de la barandilla estúpida, y me paro sobre del dintel.
"..Pasa".. le indico a Marco. Lo miro entrar con miedo, así inocente me
inspira algo de ternura. Inclino un poco la vela que cargo en mi mano a fin de
vaciar una gota sobre de su cabeza. Le cae en la nuca y se rasca como si le
hubiese picado una avispa, eso me da risa y me descubre. Por un minuto yo sigo
sobre el dintel y él abajo, mirándome con esos ojos azules que me encantan. Me
saboreo ese hombre que voy a comerme esta tarde.
Bajé del dintel y casi de inmediato comenzamos a magrearnos de lo lindo. En
cuanto toca mi sexo ya no soy la misma, me vuelvo una perra irracional y
comienzo a tirármelo en serio. Le mamo su pene bañándoselo de saliva, con mis
manos le ajusto los cojones, y de vez en vez le aprieto las nalgas, eso le
encanta, su verga en mi boca dando de sí y mis manos en cada una de sus nalgas.
Nos vamos a la cama y lo monto, al subir aflojo mi vientre y al bajar
contraigo mis órganos, eso lo vuelve loco. Después de mucho tiempo de desear
hacerlo, le expliqué la forma en que me hace sentir, y no sólo sentir, de cómo
me hace existir. Pareció agradarle mucho mi versión del placer, pues me atendió
todavía con más devoción. Cambiamos de posiciones y luego de largo rato
vuelvo a tomar el control de su pija y me doy a la tarea de recibir mi premio,
quiero llenarme, saturarme de su savia que hierve, que me hace hervir.
¡Maldita sea!, no logro hacer que se corra cuando escucho que Pablo quiere
abrir la puerta con sus llaves. El muy pendejo no puede ni meterla en la
cerradura y toca la puerta. Eso paniquea a Marco, quien no se mueve de su sitio
pero instintivamente me retira de su cuerpo. Mi plan se truncó parcialmente, lo
ideal era que Pablo entrara al momento en que él se corriera dando esos
rugiditos que él hace. Voy rumbo a la puerta, él me sigue con su ropa y
zapatos en las manos. Siento horrible de verlo con terror e inseguridad luego de
ver con qué seguridad me follaba minutos antes. "..Sube al dintel".. le
digo en medio de esta farsa mientras me ato de la cintura mi bata roja.
Marco está parado sobre el dintel de mi puerta en posición de un Cristo, sólo
que con ropa en una mano, zapatos en la otra, y su verga completamente dura,
moviéndose nerviosa como la aguja de un amperímetro.
Pablo entra. Pone cara de estar auscultando el lugar. De hecho huele
fuertemente a sexo, no obstante que la casa es grande. Veo que algo inesperado
comienza a ocurrir. Marco comienza a poner unas caras muy extrañas y su verga
oscila trémula. De la punta de su pene empieza a bajar un hilillo de semen que
asemeja a una araña minúscula bajando desde esa verga, cayendo unido por un
conducto casi invisible, un arácnido blanco, líquido. Ahí iba mi premio, y caía
ni más ni menos que en la nuca de Pablo.
Siento muchas ganas de reírme pero no lo hago por nervios. Pablo se lleva la
mano a la nuca y hace papilla mi araña. Voltea a ver qué ocurre en el dintel y
se encuentra a un Marco desnudo y asustado. Pablo, acostumbrado a gritar por
nimiedades empezó, obviamente, a gritar por esto también. Y no está de más,
yo creo que gritaría también. Todo empezó a parecerme de una comicidad
insoportable.
"..¿Pero qué coño pasa aquí?, Ah, la gran puta.".. Dijo y se
abalanzó sobre mí. Yo estaba preparada para recibir dos o tres golpes, pero
eran un precio barato para ver como Marco bajaba del dintel como El Santo,
enmascarado de plata, a salvar a la dama en peligro.
Sin embargo no me pegó, sino que con su mano ancha tomó uno de mis pezones
y lo comenzó a tocar con brusquedad. Dejó de tocarme el pecho para asirme de
la cintura y tocar con la otra mano mi vulva, la cual estaba hinchadísima. Tal
como si Marco fuera el culpable de mi putedad, Pablo volteó a mirarle en forma
amenazadora y sin dejar de meterme el dedo en la vagina. Le dijo, "..Pobre de
ti cabrón que te bajes de ahí antes de que yo te lo ordene"... Hasta en esa
situación sonaba como el gerente que era de una cadena comercial. Marco había
tirado ya al suelo si ropa y sus zapatos. Nada le impedía bajar a darle una
paliza a Pablo, pues más agilidad sí que la tenía, pues él era de mi edad
mientras que Pablo ya pisaba los cuarenta y dos.
"..Vas a ver de quién es esta mujer que está aquí".. dijo Pablo. Me
arrodilló frente a su bragueta y ordenó, "..Mama"... Yo reviré hacia
Marco y este me miró comprensivamente, con un gesto que entendí como
"..anda, no me enfadaré"... No sé que fue lo que sentí, pero lo que sí
sé es que no me gustó nada. Pablo me tomó del cabello y comenzó a meterme su
gruesa verga en la boca. Comencé a mamar con poca convicción, la cual fue
sustituida por unos jalones que Pablo dio a mi cabeza, haciendo que me tragara
entera su verga. Sentía como si fuese una violación, no de mí cuerpo, pues
muchas veces he mamado esta verga y la que está allá sobre el dintel, sino de
algo que no alcanzaba a distinguir.
Parecía que la situación de venganza resultaba excitante para Pablo, pues
nunca en la vida había sentido su palo tan duro, tan vigoroso. Me cogía a lo
perro con mucha fuerza y mientras me alzaba el torso para meter uno de sus dedos
al frente de mi pubis y dar un masaje a mi clítoris que en esa postura su pene
no alcanzaba a trabajar, con la otra extremidad me pasaba el antebrazo por las
tetas, como si fuese un sostén de carne y hueso. Me mordía la nuca como nunca
lo había hecho y me echaba la cara hacia arriba. Con la mirada entrecortada miré
que Marco se tomaba con una mano su pene y con otra los testículos, muy
suavemente, dándose placer pero buscando no correrse. Le prendía ver como me
cogían, los dos estaban a cien de saberse compartidos.
Pablo acabó por tumbarme en el suelo de espaldas y con sus manos gordas me
alzó hacia atrás las caderas, haciéndome curvar las rodillas a la altura de
la cabeza, dejando mi sexo hacia arriba. La verga de Pablo solía gustarme
cuando se paraba en forma. En su conjunto Pablo era algo así como el actor de
porno Ron Jeremy, gordo, con un pene grande y caído, sólo que Pablo era blanco
y más alto, también más calvo. Si Pablo me hubiera cogido siempre así no
hubiera buscado yo más amantes que él, pero ya lo había hecho, y ya había
probado a Marco, que también estaba muy bien dotado, y ahora, por estúpido que
suene, me sentía mal por estarle siendo infiel con mi marido, es decir, en sus
narices.
Con el culo mirando de frente al cielo, es decir, también al dintel, pues
seguíamos follando en el recibidor, Empezó Pablo a follarme en esa posición
que yo imaginé dolorosa. Lo cierto es que a esas alturas ya estaba yo bastante
caliente también, y gozaba en verdad todo lo que esa polla gorda me estaba
haciendo. Entraba y salía completamente, dejando acaso un segundo entre que salía
y entraba, lentamente, como si fuese un delfín en cámara lenta que se mete y
se sale despacio de las aguas. Ese segundo en que Pablo no estaba dentro o metiéndose
era desolador, y casi juraría que mi sexo se movía con la habilidad de una
boca, diciendo "..Por favor, métemela"...
"..Anda, te perdonaré la vida si logras vaciar tu semen justo en el coño
de mi mujer".. le dijo Pablo a Marco. Por un segundo no sentí sino las manos
de Pablo en mis nalgas. Y comencé a palpar con los labios de mi vulva una
espesa gota de semen, con sabor y textura conocidos. El golpeteo que sentí me
dejaba en claro que era semen de Marco. Sentí el esperma caer dentro de mi sexo
y distribuirse ardientemente como si fuese una horda de hormigas que investiga
un hormiguero abandonado. Luego de caída la espesa gota de semen, Pablo la
empujó hasta adentro con su vergota, luego sacó su miembro y sentí otra gota,
misma que fue sumida hasta el fondo por el húmedo cilindro de Pablo. Una
tercera y última gota cayó en mi culo, y se derramará al suelo de no ser que
Pablo no la hubiera detenido de su cause y reencaminado a mi vagina, para volver
a meter su verga, y esta vez la metió más verticalmente, a manera que el vaivén
era mínimo, si acaso la longitud de su glande. Con una mano empezó a untarme
en una de mis nalgas la textura satinada y alcalina a la vez de algo que reconocí
como una cuarta gota de semen de Marco. Sentir el tacto resbaloso de los dedos
de Pablo en mis nalgas volviendo el semen vertido en una película invisible de
segunda piel, me puso tan cachonda que sentí un orgasmo que me hizo contraer
mis órganos internos. Pablo percibió esto y comenzó a correrse en forma tan
violenta que pensé que su orgasmo parecía uno de esos pozos petroleros en que
meten en forma vertical una enorme sonda cilíndrica, que al contacto con el
manto petrolífero se convierte en una majadería de líquidos que escapa a
borbotones del subsuelo, así sentí, sólo que aquí manaban petróleo la
tierra y la sonda a la vez. El orgasmo fue muy intenso, de los mejores que he
tenido, y extraordinario, con mi marido.
La plática de despedida fue muy rara. Pablo le dijo a Marco que no quería
volver a verlo en su vida. Marco acató la instrucción con demasiada convicción
para mi gusto. Yo repliqué a esto diciéndole a Pablo que si no dejaba verme
con Marco lo dejaría, y si me encerraba me mataría yo misma. Todos negociamos.
Pablo prestaría a su mujer a Marco, siempre que él estuviera presente. Marco
admitió ser visto por amor a mí, y a mi pesar, Marco dejaba muy en claro que
yo era la mujer de Pablo. Yo estaba en una encrucijada, pues no estaba de
acuerdo con ninguno de esos arreglos que en teoría yo misma fomentaba.
Al marcharse Marco le miré, le miré con unos ojos desesperados, con la
pantalla ocular humedecida, emitiendo señales de mi corazón en todas las
frecuencias posibles, emitiendo el siguiente mensaje, "..Llévame Marco, llévame
ahora. Si me pides que lo deje por ti, lo haré ciegamente, pero pídemelo. No
puedo pedírtelo yo porque no sabría vivir con la duda de que me quieres por mí
misma. Aunque con esta sonrisa y estos ojos te lo estoy pidiendo todo. Dime que
no soportas verme follando con nadie más, que no estás dispuesto a ceder ni
uno sólo de mis poros. Dímelo por favor."..
Pero se marchó y no dijo nada.
Durante las próximas semanas tuvimos varios encuentros más, pero no fueron
lo mismo. El semen de Marco era casi propiedad de Pablo, quien disfrutaba del baño
de esperma en dimensiones que aun yo desconozco. Antes me faltaba verga en el
cuerpo, ahora no sólo me sobra, sino que recibo la que no necesito. Fue mentira
que Pablo sólo vería lo cornudo que es, pues cada vez que estuve con Marco en
realidad estuve con ambos, me compartían a la vez, e incluso los encuentros se
daban sin yo planearlos, pues ellos se citaban a verse conmigo, penetrándome
por todas las vías posibles, y aun con una verga en el ano y otra en la vagina
o boca, me faltaba una buena verga, una que no midiera su poder en la dureza o
el grosor o largo, una verga revestida de magia, de celo, de amor. Me entregué
a mi cuerpo, disfrutando como una cerda cada envite que recibía mi carne. Marco
me disfruta como siempre, Pablo nos disfruta a ambos, aunque una vez que Marco
le tocó el cuerpo Pablo le dijo "..ni lo pienses, no soy lo que crees"...
Mi moral me daba lo mismo, tanto que Pablo comenzó a llevar jovencitos a la
casa, a que me follaran mientras él veía, a enseñarles a follar con mi
cuerpo. El colmo llegó un día en que le pregunté por Marco, ¡Yo preguntándole
por mi Marco a él!, y él contestándome, "..No sé, ha dejado su empleo y
no vive donde mismo"... Habían pasado dos meses desde el incidente de la
gota y el dintel.
Al día siguiente fui yo misma a buscar a Marco. Era cierto, había
desaparecido. No sentí apetito de volver a la casa. Tenía, de cierto, muchas
cosas que buscar, una casa, un hombre como aquel que había sido descrito en la
vieja novela que leí, al cual sólo le agregaría una cualidad. Antes pensaba
que sólo existes en aquel sitio en que te aman, así lo expliqué a Marco,
tocando su glande con mi lengua, dejándole claro que no había parte de su pene
que importara si yo no lo tocaba. Bueno, al hombre de mis sueños le agregaría
una verga que me hiciera existir completa, no sólo donde me roza internamente.
Eso me bastaría, y sería capaz de rebajarle virtudes si es que cuenta con ésta.
No soy una inútil, prefiero vivir como realmente quiero, más ahora que
estoy esperando un hijo, pues estaba encinta desde hace dos meses, mismos en que
una araña blanca se convirtió en una mariposa. Mejor aun, en un ángel.
jilo_deiss@hotmail.com