Sin medir las consecuencias (V)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Paula tardó poco en coger el coche y llegar a casa de Fernando. Venía de
rondar junto a la casa de la chica de la empresa, aquella a la que había visto
a través de los monitores "..jugando".. frente a su ordenador. Había
salido a la terraza justo cuando ella pensaba ya en marcharse. La observó
tender su ropa interior y sintió que la excitación crecía en su interior,
recordando las escenas de esa misma chica masturbándose. La llamada de Fernando
la sacó de su ensoñación. Decidió que Fernando "..calmaría".. el
fuego que estaba sintiendo crecer entre sus muslos.


Mientras conducía sus fantasías se disparaban. Fernando era un amigo al que
conocía desde los tiempos del instituto. En una ocasión tuvieron algo parecido
a un romance, pero el cortó aquello porque tenía una novia en ciernes que le
sorbía completamente el seso y quizá también el sexo.


Al entrar al coche se remangó un poco la falda para conducir con comodidad.
Los músculos de sus piernas se perfilaban bajo la piel de sus muslos al pisar
los pedales. Estaba muy morena por los días de playa robados al trabajo. Le
encantaba tomar el sol desnuda, lejos de los aglomerados de domingueros que
tomaban la costa al asalto cada fin de semana. Aprovechando que sus días libres
no solían coincidir con los de la gente con trabajos convencionales, podía
tomar el sol a placer con la playa casi vacía para ella.


Parada en un semáforo fué consciente de su calentura. Deseaba sexo y lo
deseaba con intensidad. Coincidía con sus amigas cuando hacían reuniones de
mujeres solas, en que la primera vez que una mujer se acuesta con un hombre era
por deseo y curiosidad. La segunda solía ser porque había un sentimiento como
mínimo de cariño hacia él. La tercera... bueno, ahí justo empezaban los
problemas, cuando había una tercera ocasión.


Hoy simplemente necesitaba sexo y no se planteaba si Fernando le gustaba más
de lo que podía ser prudente. Necesitaba resarcirse de una temporada de placer
solitario, de masturbaciones con un consolador por amante y sus dedos jugando
por todos sus orificios mientras veía una película porno. Y porque el espectáculo
de la chica masturbándose ante el ordenador, que había descubierto de forma
fortuita en el centro de control de las cámaras de circuito cerrado, había
disparado algún mecanismo en su cuerpo y sus hormonas.


Mientras esperaba que la luz cambiase a verde se acarició distraidamente los
muslos. Llegó con sus dedos al límite del elástico de su tanga. Sintió el
calor que emanaba de su entrepierna y abrió un poco los muslos. Y de pronto se
dió cuenta del suave aroma que emanaba y de la humedad que estaba cubriendo su
prenda. Despacito, disimuladamente, con la mirada fija en el semáforo pero la
mente vagando muy lejos, introdujo un dedo por el elástico y gimió al rozar
levemente los labios depilados de su coñito....


Y justo entonces se abrió el semáforo. El sonido del claxón, apenas una
fracción de segundo después de cambiar la luz a verde identificó
inequivocamente al taxista que había detrás de ella. Arrancó bruscamente,
molesta por las prisas del individuo pero sobre todo porque había tenido que
sacar los dedos de dentro de su tanga justo cuando estaba llegando al clítoris.
Notaba el tejido sobre la superficie hinchada de sus labios y comenzó a mover
levemente las caderas mientras conducía. La prenda se fué introduciendo
paulatinamente en medio, con cada movimiento de vaivén, hasta que los elásticos
laterales comenzaron a ser un peligro para su seguridad al volante. Podía
llegar a sentir el elástico y la costura trasera rozando la prominencia de su
ano. Hasta él estaba sensibilizado, como pidiendo unirse a la fiesta. Su clítoris
pulsaba señales como un radiofaro. Sus pezones coronaban los pechos que estaban
peleando con la tela del top. Se estaban haciendo dolorosamente sensibles y pedían
a voces un contacto con unos labios o un pellizco robado a unas manos que los
abarcaran.


Por fin dobló la esquina de Fernando y vió luz en su casa. Aparcó, cerró
el coche y llamó al portero automático. Nadie contestó pero la puerta se abrió
casi al instante. Subió en el ascensor aprovechando para mirarse en el espejo y
comprobar que su cara mostraba unos colores incapaces de confundir a nadie sobre
su origen. La imagen devuelta por el espejo debía bastar para que cualquier
hombre experimentara el deseo de poseer a aquella mujer. Y así esperaba que
ocurriera. No quería coquetear, ni rogar, sino transmitir su deseo con la
intensidad que estaba experimentado y que Fernando la poseyera, nada más
entrar, de pie en el salón, en un sillón, donde fuera, pero sin tener que
esperar.


Llamó a la puerta de Fernando y casi al instante se abrió. Allí estaba él
con su amplia sonrisa.


- Hola, Paula, entra. La besó en las mejillas. El llevaba una camiseta de un
equipo de rugby de la liga inglesa y unos pantalones cortos. Normal con el calor
que hacía.


- iQuiéres tomar algo?.


- - Dame una Coca-cola, con hielo, si puede ser -. Fué andando detras de él
hasta llegar a la cocina. Su mirada se escapaba irresistiblemente a su culito y
sus piernas. Cuándo comprenderán los hombres el potencial erótico que tiene
su culo... - - iTres está bien? - - Si, es bastante - y se bebió medio vaso de
un solo trago. - - Vaya chica, vienes seca -, sonrió él. - - iTienes para
ponerle un poco de ron? - - Ufff, si, en el mueble bar del salón. Me llevaré
la cubitera y la coca-cola. - Fernando le puso un par de dedos de ron en el
vaso, pero ella no lo separó de la botella, así que añadió uno más y
completó con coca-cola hasta el borde. - - Con esta afición al cubata no te
conocía yo... - dijo en tono de broma. - - Ni con estas ganas... -, replicó
ella, bebiendo un largo trago. Dejó el vaso en la mesa y tiró el bolso al
suelo, sin fijarse donde caía. Abrió la cremallera de la falda, solto el botón
y la dejó caer hasta el suelo. Saco sus pies del montoncito que había formado
y en dos pasos estuvo delante de Fernando. Ëste se había quedado mudo y con
los ojos como platos. Podía esperar salir a tomar algo, ver alguna película en
el vídeo, charlar hasta tarde y hacer risas... pero encontrarse a Paula a dos
palmos de él, con un top que perdía la batalla contra sus pechos y un tanga
que perfilaba los labios de su coñito de esa manera, que parecía de tenía un
bulto surgiendo entre los muslos y luciendo una mancha de humedad producida por
la excitación, eso si que no podía ni soñarlo.


Paula se quedo un momento quieta, sintiendo que todo dependía de lo que
pasara en el segundo siguiente. Sin terminar de atreverse a dar el último paso
pero deseando desde lo más profundo de su femineidad que Fernando aceptara el
regalo que ella le estaba ofreciendo en bandeja.


Y Fernando... aceptó. En un instante estaba entre sus brazos, abarcándola
con su abrazo de oso. Ella dejó caer su cabeza sobre el musculoso hombro,
aspirando su olor masculino, sintiendo la aspereza de la camiseta. Y se escapó
un gemido de su boca cuando sintió los dedos de él pasar por encima de uno de
sus pezones y bajar lentamente hasta su ombligo, detenerse, como dudando y por
fin descender hasta su entrepierna y presionar el bulto de sus labios hinchados
y su clítoris.


Con la otra mano sujetaba el cuerpo de la chica que se estaba quedando flojo,
con las piernas casi temblorosas. A media espalda sentía la palma de él,
caliente, viva, acariciando su piel. El fuego entre sus piernas se estaba
avivando hasta ser casi doloroso, necesitaba apartarse el tanga y abrir sus
piernas y que él se comiera su coñito, lamiera sus labios, bebiera su flujo.


En un movimiento como en cámara lenta echó a un lado la prenda y presionó
los hombros de Fernando, hacia abajo, marcándole el camino de su deseo.
Fernando comprendió, la fue dejando caer despacio sobre un sillón y se puso de
rodillas entre sus muslos entreabiertos. Sacando la lengua fue dejando un rastro
de saliva desde su ombligo hasta el elástico superior del tanga. Se detuvo y
miró la fruta abierta a unos centímetros de su cara, manando flujo, un poquito
blanquecino y con un delicioso aroma de mujer en celo.


Llevó su boca ante el coñito de Paula y pegó sus labios a su sexo,
culebreando con la lengua entre la rajita depilada y el clítoris. Ella sintió
una descarga de adrenalina y hormonas, como una corriente eléctrica y su
cuerpo, independiente ya de su mente, obligó a las piernas a levantarse, subir
las rodillas muy alto en el aire y abrirse más aún a la exploración de
Fernando. Sus caderas empezaron a moverse como queriendo soldarse a la boca de
él. Con las manos sujetaba su cabeza, acariciaba su pelo y le urgía a comerla
toda.


Durante unos minutos Fernando no dejó de lamerla, y de paso empezó a meter
dos dedos, rectos como una lanza, en la humedad de Paula. Primero con un ritmo
lento, luego aumentó la cadencia y solo se escuchaba en la habitación la
respiración de él sobre su pubis y los gemidos de ella, cada vez más fuertes
y profundos. Después cambió de táctica, separó la cara de su entrepierna y
mientras acariciaba el clítoris con el dedo pulgar de su mano izquierda, la
palma apoyada el el pubis sintiendo los pequeños pelitos que empezaban a
brotar, curvó hacia arriba las puntas de los dedos de su mano derecha, en el
interior del coño de Paula, palpando las paredes y la zona entre la bóveda y
la entrada de su útero, perfectamente distinguble, hinchado y prominente.cuando
alcanzó a tocar una zona rugosa, se concentró en ella, amasando con las yemas
y arrancando un grito de placer de la garganta de Paula. Siguió tocando allí
mientras destapaba el clítoris, apartaba la piel presionando levemente con la
palma de la mano hacia arriba, y armonizaba el ritmo y presión de sus dedos,
dentro y fuera de ella.


Paula estaba casi mareada del placer que estaba sintiendo, de cintura para
abajo sentía un fuerte calor y una sensacion de humedad que llegaba hasta sus
muslos, creía estar derramándose en las manos de Fernando. Y el punto álgido
llegó cuando él lubricó un dedo con su flujo y empezó a invadir la entrada
de su ano.


Creyó volverse loca al sentir su dedo presionando y entrando con suavidad
allí. Estaba estrecha y contraida por sus maniobras en su coñito, pero al
notar esta nueva sensación, se relajó con un profundo suspiro y junto un poco
las rodillas por encima de la cabeza de Fernando, relajando su esfínter y
abriendo su ano a su voluntad.


Fernando se incorporó levemente y bajó sus pantalones de deporte en un rápido
movimiento. Su polla apuntaba a estas alturas al mismo techo, muy dura, pulsando
con un latido propio. El espectáculo de los muslos de Paula enmarcando su coñito
prominente y su culo sobresaliendo fuera del asiento del sillón bastaban para
enardecer a cualquiera. Dejó cear saliva sobre la palma de su mano libre y
retiró lentamente la piel de su capullo, que apareció triunfante, una cabeza
grande, morada y con una ligera humedad saliendo de su orificio. Lubricó toda
la zona e incorporándose un poco más apartó el tanga de Paula, lo aseguró a
un lado y por fin la penetró, lo más profundo que pudo, en un solo golpe,
hasta que sintió el tejido del sillón cosquillenado sus huevos.


Paula contuvo la respiración unos segundo sujetando sus piernas en alto y
después dejó escapar el aire de sus pulmones en lo que terminó siendo un
gemido de rendición y placer. Quería ser tomada, ser follada, con todas las
letras, hasta que el coño le escociera.


Y Fernando se estaba aplicando en ello, apoyándose junto a los costados de
la chica conseguía mayor libertad de movimientos para bombear dentro su polla.
El coño estaba tan lubricado que después de cada envite sacaba la polla
reluciente y cubierta con una película medio blanquecina. Sentía ya los huevos
mojados y hasta le parecía que el sillon también lo estaba. Comenzó a
murmurar en el oido de la chica, diciendo que quería que se abriese más, que
quería oir sus gemidos. Que quería llenarla de polla.


Y ella respondía con las caderas entregadas al ritmo frenético del que la
estaba llevando al borde de un orgasmo monumental. Se notaba completamente llena
y en cada movimiento hacia atras parecía que iba a vaciarse detrás de aquella
polla maravillosa. Su culito respondía a los golpes de sus huevos reclamando
ser atendido, con la miel apenas probada de los dedos de Fernando.


Cada vez que él llegaba al fondo sus gemidos se entrecortaban, sentía su
peso, su presión en su interior y un ardor que pedía a gritos una descarga de
leche que culminara con un orgasmo salvaje. Empezó a murmurar,
incoherentemente, pidiendo, suplicando que la partiera en dos con su pollaza,
diciendo cosas que normalmente no se atrevía a verbalizar, insultándole,
manifestándole lo caliente que estaba y que quería su chorro de leche en el
fondo del coño....


Y Fernando la complació. Mientras ella había empezado a frotar furiosamente
su clítoris el arqueó su espalda y empujó una vez más, pero en esta ocasión
si retroceder, taladrando hasta el fondo y soltando borbotones de leche al
interior del coño de Paula. El orgasmo de la chica vino a continuación,
creciendo tan fuerte como el último gemido que escapó de su garganta. Su
cuerpo entero se vió recorrido por un temblor salvaje, las piernas se agitaron
en el aire hasta que se calmó poco a poco y fue dejándolas reposar sobre la
espalda de él.


Fernando se derrumbó sobre sus pechos todavía contenidos por el top. El
sudor de su frente mojó la prenda y sintió los latidos del corazón de ella
batiendo sin control. Las manos de la mujer acariciaron su pelo.Se sintió en la
gloria.


Después de unos besos lánguidos, los cuerpos relajados, se levantaron y
después de una ducha juntos se metieron en la cama y siguieron jugueteando
hasta que el sueño los invadió.


kage@ole.com


Bienvenidos sean comentarios, sugerencias y experiencias a compartir.



 

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