ADVERTENCIA
Esta obra contiene escenas de sexo no consensuado, sadismo, humillación,
dominio y está orientada a lectores adultos. Si este tipo de cosas no son de
su agrado o de algún modo hieren su sensibilidad deje de leer AHORA, después
podría ser tarde. Por supuesto todas las escenas aquí narradas son de
absoluta ficción y es voluntad del autor que nunca lleguen a ser reales.
Cualquier comentario será bienvenido.
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fedegoes@yahoo.es
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El mundo llama inmorales a los libros que le explican su
propia vergüenza"..
Oscar Wilde
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1ª PARTE
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MOLDEANDO A SILVIA
El móvil sonó en mal momento.. Silvia estaba desnuda, levantándose
de la cama, cuando el teléfono empezó a chicharrear dentro del bolso. El
profesor Castell, todavía acostado y medio adormecido por el placer, miró con
interés a la chica. Tenía los pechos discretamente grandes, erguidos.. dentro
de unas horas probablemente ni él mismo podría creerse que se había acostado
con esa maravilla de hembra.
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Silvia corrió, rebuscó entre sus ropas, abandonadas en el más
completo desorden, y extrajo de un bolso minúsculo el maldito aparato. Tenía
idea de quién debía ser.. hacía unos días su padre había sufrido un infarto
y de cuando en cuando la llamaba su hermana Alicia para informarla. A pesar de
la gravedad se había quedado en Barcelona, el problema la cogió en mala época,
tenía que exponer ante el tribunal su proyecto de fin de carrera y tenía que
exponerse ella misma ante su presidente, un tal profesor Castell. Estaba segura
desde hacía rato de que obtendría una calificación magnífica, completamente
acorde con la brillantez de su expediente académico.
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Contestó al teléfono un poco tensa, como si temiera que
quien la llamaba pudiera adivinar lo embarazoso de su situación. No se trataba
de Alicia, era su propio padre desde el pueblo y ella sabía lo que eso
significaba. "..Publicidad Setién".. era una empresa familiar y el viejo
había venido dirigiéndola desde que la fundó.. ahora era ella la que debía
ponerse al frente. Naturalmente dijo que sí, que saldría enseguida y se
despidió con unas cuantas evasivas.
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En Barcelona estaba todo ultimado. El profesor Castell era
asunto resuelto, el proyecto estaba acabado y se había asegurado de su éxito,
ya nada la retenía allí. Lo demás eran fruslerías de las que se resuelven a
golpes de cuenta bancaria. Ni siquiera se había planteado lo que costaba el
apartamento que tenía en Madrid, en pleno Paseo de la Castellana, pero lo tenía
de su propiedad, vacío para cuando apeteciera habitarlo. A veces se daba cuenta
de que la gente normal no vivía así, de que era una niña de papá, entonces
lo llamaba por teléfono, le lloraba un poco y le sacaba un par de millones. Había
cosas que era mejor tener claras.
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A pesar de que le hubiera gustado ir directamente a Madrid
tuvo que hacer escala en Villamela.. detestaba conducir en viajes largos, pero la
visita a la casa familiar era obligada. En aquel villorrio, casi entero
propiedad de los Setién, ella se sentía como una reina sin corte.. los lugareños
se quedaban mirando su flamante BMW con una mezcla de asombro y envidia. Era un
mundo que se le había quedado pequeño, pero no había nada que pudiera hacer,
su padre se disponía a recluirse en él, huyendo de las tensiones de la vida
empresarial y era allí donde tenía que recibir la inevitable colección de
consejos. Las cosas estaban así.
 ..
En realidad, quizás lo que le molestara fuera que aquel era
el territorio de Alicia.. ella hacía y deshacía en el caserón familiar y
tomaba las decisiones respecto a las tierras. No le molestaba que fuera así,
carecía de aficiones agropecuarias, lo que le fastidiaba era que la mirara por
encima del hombro y le criticara su desapego. ¿Qué iba a hacerle si ella era
una mujer de mundo, si se ahogaba en el pueblo? Que disfrutara cuánto le
apeteciera de su reino feudal, pero que la dejara vivir su vida.
 ..
Aguantar a su padre tampoco se le hacía demasiado agradable
y menos ahora que pretendía adoctrinarla en la dirección de la Agencia. Para
todo el mundo Don Enrique Setién era un gran hombre y un empresario modelo,
pero ella conocía demasiado de cerca al ídolo como para compartir esa opinión.
Él ni siquiera era un verdadero empresario, no era más que un fotógrafo
aceptable que había tenido la suerte de que no lo contrataran en el periódico
en el que pidió trabajo, si lo hubieran hecho ahora no sería más que un mísero
reportero envejecido en la bohemia... Pero bueno, al menos había trabajado
duro, eso había que reconocerlo.
 ..
Resistió tres días de sabias directrices e informes
detallados, dándose perfecta cuenta de que su padre no quería dejar la empresa
y de que era su corazón el que lo había obligado a apartarse. Afortunadamente,
en eso Alicia era una aliada, estaba contentísima de haber recuperado al viejo
para su mausoleo particular. Hizo como la que escuchaba, pero sin prestar
demasiada atención.. su padre no podía comprender que no le estaba diciendo
nada, que no se haría una idea del estado de la Agencia hasta que tuviera
delante todas las cifras. Así en general ella ya sabía que si algo sobraba en
la empresa era talento y camaradería... ya haría cuanto pudiera porque se
moderaran tales excesos. En lo único que necesitaba ayuda él no podía
aconsejarla y es que había un socio minoritario, un tal Jorge Cifuentes con el
que no sabía que hacer. Sólo era propietario de un veinte por ciento del
negocio, pero lo había levantado junto al viejo y era muy respetado por la
plantilla ¿Habría manera de que aceptara las reformas que tenía en mente? Eso
tendría que verlo sobre la marcha, pero se temía que no iba a ser fácil. Una
cosa estaba clara: dirigir la empresa era una oportunidad excepcionalmente buena
para ella.
 ..
Una mañana cualquiera se montó en el coche y se largó para
Madrid. Nadie hizo nada por retenerla, su mundo y el de Alicia eran demasiado
incompatibles, y su padre comprendía que para bien o para mal era necesario que
alguien cogiera las riendas. No hubo grandes despedidas ni se derramó ninguna lágrima,
sólo arrancó el coche y se fue.. en realidad todos tenían ganas de que acabara
la comedia.
 ..
Instalarse en Madrid fue cosa sencilla, a la casa no le
faltaba un detalle y había vivido allí largas temporadas. Tenía bastantes
amigos, sobre todo en el club de hípica, y en unas pocas horas sintió en casa.
 ..
 ..
***
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Aunque había varias delegaciones otras ciudades la sede
central de "..Publicidad Setién".. se hallaba enclavada en un polígono
industrial de las afueras de Madrid. La finca era bastante amplia, había un
pequeño aparcamiento para los altos cargos, y dos edificios.. el primero de
ellos de tres plantas albergaba oficinas, laboratorios y estudios fotográficos,
el segundo no era más que una nave que usaban como almacén y en la que a veces
se montaban los decorados. Aquel, en definitiva era un lugar en el que se
trabajaba duro, en el que la gente estaba acostumbrada a trabajar duro y a
divertirse con la misma intensidad con la que trabajaban.. nadie, estaba contento
del cambio que iba a producirse en la dirección, y menos que nadie Jorge
Cifuentes.
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Jorge sabía que había cosas de las que tenía que
despedirse para siempre. Aunque la "..niña".. llegara bien aleccionada y
con ideas continuistas (que no iba a ser así), la relación de amistad y
confianza que había mantenido con don Enrique era irrepetible. Ahora había una
intrusa al mando del negocio, una jovencita cursi en una plantilla casi
enteramente compuesta por hombres.. ni siquiera las bromas volverían nunca a ser
las mismas. Intentaba resignarse pensando al fin y al cabo era la hija de un
amigo. Debía intentar soportarla, al menos mientras las reformas que impulsara
no fueran demasiado alocadas.. tenían el objetivo común de ganar dinero y eso
debía facilitar las cosas. Pero daba igual, se le revolvían las tripas de
imaginar a esa niñata ocupando la dirección. Aunque minoritario él también
era un socio capitalista, el puesto debía haber sido suyo.
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 ..
Hacía un rato la había visto pasar contoneándose, con el
culo enfundado en una discreta minifalda.. ligeramente provocativa, pero
cumpliendo las normas de la seriedad. La conocía desde que era una adolescente
y venía a ver a su padre a la salida del Instituto, ya entonces le caía mal.
Repentinamente, sonó el zumbador en su mesa, por primera vez era llamado al
despacho de la nueva directora. Se levantó de mala gana, recorrió los escasos
metros que lo separaban de la habitación y entró sin llamar.
 ..
La chica, cuyas gráciles piernas asomaban bajo la mesa,
desentonaba en el serio ambiente del despacho como desentonan las flores en los
cementerios.. pero aquella era una flor atípica, quizás sólo un cúmulo de
espinas cuidadosamente recubiertas de unos hermosos ojos negros.
 ..
¾ Siéntese ¾
dijo Silvia, con tono almibarado¾ . Usted ha sido el
hombre de confianza de mi padre y por eso le he llamado en primer lugar.
 ..
Jorge aceptó la invitación con algún recelo y se dejó
caer en una de las dos sillas de piel que había frente a la mesa de escritorio.
Miles de veces se habría sentado en ese mismo lugar, a despachar asuntos con el
viejo, pero ahora las cosas serían radicalmente distintas. La muchacha guardó
un breve silencio y enseguida entró en materia.
 ..
¾ Bien, me gustaría que tuviéramos
un buen clima de trabajo, y que me concediera el mismo apoyo y dedicación que
concedió a mi padre. Como comprenderá, muchas cosas hay que deben ser
cambiadas y querría gozar de su colaboración. Mi padre, a pesar de su
experiencia, no es más que un anciano y ha estado posponiendo aspectos
relativos a la modernización de la empresa. No debemos olvidar que esto antes
que nada es un negocio, no un centro de divulgación artística.. si perdemos
dinero lo perdemos todos.
 ..
¾ Naturalmente podrá contar
conmigo para lo que desee ¾ dijo Jorge con suavidad.
Coincido en que hay mucho que modernizar, el avance en tecnologías de la imagen
es tan rápido que en pocos meses se quedan anticuados los equipos...
 ..
¾ Lamento comunicarle que mi
proyecto es bastante más vasto que una mera renovación del material ¾
interrumpió ella¾ .. en realidad el desfase del
equipo no es sino la primera consecuencia de una mala gestión. Si busco su
comprensión es porque hay varios empleados a los que no se renovará contrato,
y me gustaría no los apoyara... sería de mal efecto.
 ..
Jorge asintió con una inclinación de cabeza. Sabía que a
eso acabaría por llegarse. A la dichosa niña le importaban un bledo el arte y
los artistas, venía con su título crujiente y sus criterios mercantilistas,
dispuesta a arreglarlo todo a golpes de talonario. No había crecido allí, no
tenía las manos manchadas de revelador, no sabía el trabajo que cuesta hacer
un buen reportaje, ni los riesgos que a veces se corre para hacerlo.. la dichosa
niña sólo sabía que quería hacer dinero lo más pronto posible.
 ..
¾ Usted es la dueña ¾
dijo Jorge, encogiéndose de hombros con estoicismo¾
. Permítame nada más comentarle que hay aspectos como la lealtad a la empresa
que deberían ser valorados a la hora de seleccionar al personal. Además, no
siempre conviene echar a un trabajador poco productivo, si es joven y con
talento puede ser una buena inversión.
 ..
¾ Talento, talento ¾
interrumpió Silvia, sonriendo con superioridad¾ ¿Podría
alguien indicarme qué es eso, o en qué unidad se mide? Con esa sola palabra
acaba de resumir el peor de nuestros males.. nosotros necesitamos realidades,
trabajo serio, nuestros clientes no se conforman con cosas tan vagas como el
talento.
 ..
En un principio, Jorge hizo intención de responder, pero
enseguida desistió. La cara de la muchacha exhibía una mueca irónica, sería
una estupidez intentar que se enterara de algo. Sus ideas parecían tan claras y
definitivas que rebatirlas desembocaría en un enfrentamiento inútil.
 ..
¾ Esa es la lista de los
empleados a los que no tengo intención de conservar en plantilla ¾
prosiguió ella¾ . Como verá elimino personal técnico,
reporteros, y a la maquilladora, y me propongo contratar comerciales y a un par
de especialistas en diseño gráfico informatizado.
 ..
Jorge echó un vistazo al papel, y en sólo unos segundos dejó
de leer. Era gente que llevaba muchos años trabajando allí, en algunos casos
amigos suyos. Sintió la tentación de romper una lanza por ellos, pero se
abstuvo. Aquello era peor de lo que había imaginado.
 ..
- ¿Y en cuanto a mí? ¿Qué hay de mí? ¾
preguntó, sin poder evitar cierta ironía¾ ¿En qué
lugar encajo yo en el nuevo organigrama?
 ..
Ella pareció titubear, por no esperar una pregunta tan
directa. En un momento se rehizo.
 ..
¾ Usted... Usted representa lo
mejor de lo antiguo, usted es un excelente productor y dará a la plantilla
sensación de continuidad. No obstante, temo que habremos de liberarle de
algunas de las responsabilidades que ha venido teniendo: nombraremos a un
codirector comercial, para que pueda dedicarse de lleno a sus otras ocupaciones.
Espero que no se sienta menospreciado.
 ..
¾ Como desee, nadie protestó jamás
por trabajar menos ¾ respondió con fingida
indiferencia.
 ..
Un silencio tenso cayó entre ellos. A Silvia le hubiera
gustado poder tratar mejor al hombre de confianza de su padre, pero quería
sacar la empresa a flote, y ello era imposible si no rompía con las antiguas
maneras de hacer las cosas. Era consciente de que estaba librando una batalla
decisiva, Jorge era un valiosísimo director de proyectos, si lograba
ilusionarlo con su reforma la habría encaminado hacia el éxito.. no obstante,
se daba cuenta de que era difícil que le ilusionara verse relegado a un plano
secundario, a la vez que separarse unos cuantos amigos. Quizás si consiguiera
implicarlo en algo importante...
 ..
¾ Cambiando de tema, he estado
hablando con el representante de Ron Maracagua y no están contentos con nuestra
propuesta de campaña. ¿Estamos haciendo algo a ese respecto?
 ..
A Jorge le costó poco esfuerzo centrarse en la pregunta,
hablar de despidos se le había hecho desagradable.
¾ Estamos explorando una nueva línea,
con nuevos slogans, y distintos diseños y fotografías, pero no creo que
hayamos concluido antes de un mes. Probablemente, nos interesaría mucho tener
un reportaje del que he oído hablar, hecho en las playas de Cuba. El autor es
un conocido mío, Alberto Sagasta, un fotógrafo genial que trabaja para una
agencia de noticias.
 ..
¾ Deme su teléfono ¾
dijo Silvia con aspecto ilusionado¾ . Intentaré
comprar las fotos y hasta al autor si no se vende muy caro. Necesitamos un fotógrafo
de confianza que ayude a cubrir el hueco de mi padre.
 ..
A partir de ahí la conversación desembocó en un largo monólogo
de Silvia que Jorge se tomó como una mera declaración de intenciones, y sólo
escuchó en momentos sueltos. Daba igual lo que dijera.. aquella chica,
acostumbrada a triunfar con facilidad en todo, iba a destruir el trabajo de su
vida. Él había contribuido a crear todo aquello. Junto al viejo había sacado
de la nada a "..Publicidad Setién".., había reunido a ese equipo que
ahora ella iba a desmembrar de un plumazo. La muy imbécil no sabía lo difícil
que es conjuntar a diseñadores, cámaras, guionistas, en una tarea común..
cuando la gente colabora y ese equilibrio se logra es un delito perderlo,
echarlo a rodar por unas pocas monedas.
 ..
Jorge esperó pacientemente a que acabara el discurso y volvió
a su mesa de trabajo, al consabido y minúsculo cuartucho al que pomposamente
llamaba "..oficina"... Estaba indignado, triste, y casi se arrepentía de
haberse dedicado con tanto ahínco a levantar aquello. Por primera vez en su
vida deseó destruirlo todo él mismo, quizás no únicamente por venganza, más
bien por darle a muchos sueños una muerte digna. Dejó transcurrir unos minutos
hasta que vio a Carmen, la maquilladora, entrar en el despacho. Primera cabeza
para Madam Guillotina, pensó, primera víctima de la flamante directora.
Entonces, miró a su alrededor para asegurarse de que estaba solo, y marcó un número
de teléfono.
 ..
¾ ¿Alberto?
 ..
¾ Sí, soy yo ¾
sonó el auricular.
 ..
¾ Mira, soy Jorge. Te llamo
porque le he contado a Silvia, la hija de Don Enrique, el magnífico reportaje
que hiciste en Cuba. Quiere comprártelo y de paso intentará ficharte, te lo
aviso para que estés prevenido y saques lo más que puedas.
 ..
La línea permaneció un momento en silencio y al final se
dejó oír la voz de Alberto.
 ..
¾ ¿Tú vendiendo a Publicidad
Setién? No puedo creerlo. ¿Tan mal te cae la niña?
 ..
¾ Como un tiro en las tripas. Va
a despedir hasta a la limpiadora.
 ..
¾ ¿Y es guapa Doña Silvia?
 ..
¾ Una preciosidad cargada de mala
leche. Morenaza, ojos negros, veintidós años, tetas grandes y un cuerpo de película.
Mejor no sigo, no sea que me oiga.
 ..
Alberto volvió a callarse, como si reflexionara, y sólo
unos momentos después el auricular volvió a llenarse con el sonido de su voz.
 ..
¾ Bien, veré qué puedo hacer.
Si nos quiere al reportaje y a mí, seguramente nos tendrá.. la gente así lo
consigue todo siempre.
 ..
¾ Desde luego que no hay quien te
entienda ¾ dijo Jorge, enfadado.
 ..
¾ No te preocupes ¾
respondió Alberto con jovialidad¾ , ya entenderás.
Veré el modo de que saquemos tajada. Recuérdame que te debo una.
 ..
Jorge colgó el teléfono bruscamente. Aún conservaba fresca
en la memoria la época en que Alberto y él andaban metidos en todos los
fregados.. India, Afganisthan, Bangladesh, eran sólo una parte de su sombrío
recorrido como reporteros de guerra. Mientras él se la jugaba, su amigo siempre
había sido un francotirador, y había tenido la virtud de exasperarlo. Por
suerte, y a pesar de su cinismo, era de la clase de gente en que se podía
confiar, acostumbraba a dar lo mejor en los peores momentos. ¿Seguiría
conservando ese fondo de lealtad después de los diez años que llevaba casi sin
verlo? Nada más el teléfono y alguna ocasional reunión de trabajo los habían
mantenido en contacto.
 ..
La cara llorosa de Carmen, recién salida del despacho de la
bruja, lo sacó de su ensimismamiento. Entró a través de la puerta abierta y
se acercó a él para murmurarle:
 ..
¾ ¿Sabes lo que te digo? Por
mucho que te gusten sus tetas la niña esa es una hija de puta.
 ..
No le respondió. Carmen era muy amiga suya pero no estaba en
ese momento para escuchar nada, ni siquiera que estaba absolutamente de acuerdo
con ella. Se alejó enseguida. No debía gustarle que la viera nadie en ese
estado. ¿Qué importaba? Nada podía hacer. Ningún despido había lamentado
tanto como el suyo, entre otras cosas porque le infundía ánimos a todo el
equipo, y porque ella había sido la única, ¡la única! que se había dado
cuenta de su pequeño secreto. Se había dado cuenta y lo había conservado con
tanta discreción y cariño que no se había sentido molesto. Carmen poseía un
grado de conocimiento humano, de comprensión que él apreciaba enormemente.
 ..
 ..
***
 ..
A Silvia le hubiera gustado tener tiempo para pensar en el
asunto del Ron Maracagua, y en la fotografías que debía conseguir, pero tuvo
que posponerlo. Corría más prisa hacerse un sitio en todo aquel enredo, dejar
claro que ahora había una mano firme que tiraba de los hilos, y que la época
de su padre había terminado para siempre.
 ..
Carmen apareció en la puerta. Era una mujer regordeta, no
del todo mal parecida. Traía la cara demudada y, paradójicamente se le había
corrido el rimmel. Silvia sabía que era divorciada y madre de dos hijos
mayores, pero aquello no era asunto suyo, por su estado supo que todo el mundo
se imaginaba para qué los llamaba.
 ..
¾ Siéntese ¾
dijo con tono cordial.. Carmen avanzó medio mareada y se sentó. Debía haber
estado llorando¾ . La he llamado para informarla de
que no vamos a poder renovar su contrato cuando venza. Siento que las cosas sean
así, pero no vamos a necesitar una maquilladora en lo sucesivo.
 ..
Carmen se derrumbó, y los ojos enrojecidos se le llenaron de
lágrimas.
 ..
¾ Por favor ¾
dijo entre sollozos¾ , he dedicado quince años de
mi vida a esta empresa, en ellos no he faltado un sólo día, ni me he puesto
enferma, y he echado más horas extras de las que nadie podría pagarme. Su
padre lo sabe. Tengo a mis dos hijos estudiando, no puede hacerme esto.
 ..
¾ Le repito que lo siento ¾
respondió Silvia¾ . Estamos muy agradecidos por sus
servicios que han sido excelentes, de hecho Publicidad Setién dará de usted
las mejores referencias, pero por desgracia no necesitaremos maquilladora.
 ..
Carmen volvió a abandonarse en el llanto. Durante un momento
Silvia la miró sin saber qué hacer, casi extrañada de que una mujer que ya
pasaba de largo los cuarenta años, no hubiera aprendido a contenerse. Al final
fue hacia la cafetera y le preparó una tila, había hecho acopio de esa infusión
antes de llegar, viéndose venir que podía hacerle falta. Carmen pegó un par
de sorbos mientras Silvia le pedía que se tranquilizara, le insistía en que ya
vería como todo se arreglaba.
 ..
Escenas más o menos parecidas se repitieron durante el resto
de la mañana sin que la Señorita Setién se ablandara un ápice. El pasillo
fue un continuo desfile de rostros grises que pasaban con la mirada vacía.
Después de todo, se decía, aún debían estarle agradecidos: los avisaba con
tiempo, aún a sabiendas de que podían descuidarse en sus funciones. No disfrutó
despidiendo gente, pero tampoco la apenó hacerlo.. no fue más que un trabajo
molesto, de esos que le contrariaba hacer por el excesivo contacto que exigía
con sensibilidades ajenas.
 ..
Al fin se quedó sola a eso de las dos de la tarde. Se
respaldó en su sillón y respiró tranquila, ya no le quedaban más malas
noticias que dar. Había llegado el momento de empezar a informarse sobre
Alberto Sagasta.
 ..
 ..
***
 ..
 ..
Se subió en el Ave de las ocho de la mañana, se había dado
permiso a sí misma para ausentarse del trabajo, después de todo iba a Sevilla
en comisión de servicio. El Señor Sagasta había resultado ser un chico malo
de alrededor de cincuenta años. Era uno de los mejores fotógrafos de España,
pero increíblemente no había querido aceptar ningún puesto estable con
ninguna de las firmas que se lo habían ofrecido. Desde el primer momento le
intrigó la personalidad de Alberto ¿Sería posible que alguien prefiriera
trabajar como reportero, andar dando tumbos por el mundo que vincularse a una
empresa como Publicidad Setién? Pues lo era, no había quien le echara el lazo.
 ..
Y el caso era que ella quería a toda costa el reportaje. Tenía
que apuntarse ese tanto para ser respetada como directora. Nada más que llevaba
unos días y era consciente de estar en libertad vigilada. Su padre era el mayor
de los problemas: Seguía siendo el propietario y a poco que no confiara en ella
se la llevaría al hogar familiar de una oreja. Dichoso viejo, si le había
fallado el corazón había sido por el derroche de energía con que se lanzaba a
todo siempre. Si no fuera por eso aún estaría manejando la empresa a su
capricho. Desgraciadamente, no terminaban ahí sus inquietudes: Además estaba
don Jorge, él era el confidente del viejo en la cúpula, también de él debía
cuidarse.
 ..
El tren abandonó la estación y empezó a ganar velocidad.
El cañonazo de luz diurna a través de las ventanillas hizo que Silvia volviera
a la línea original de sus pensamientos. Menudo elemento tenía que ser el Señor
Sagasta. En la conversación telefónica que habían mantenido se había negado
en redondo a venderle las fotos. Había llegado a ofrecerle un millón de
pesetas y él había seguido negándose.. si había algo que lograra confundirla,
era que alguien pudiera rechazar semejante cantidad de dinero por algo tan
nimio. Don Alberto había estado algo huraño e incluso un poco violento, había
llegado a preguntarle si su padre aprobaría que gastara ese dinero en comprar
unas fotografías que ni siquiera había visto. No, no lo aprobaría
naturalmente.
 ..
Ella había acusado el golpe, se había sentido herida, pero
seguía queriendo el reportaje y se tragó el orgullo. Le propuso que viniera a
Madrid a enseñarle su obra, por supuesto con los gastos pagados.. su negativa
había sido rotunda: "..¿Bromea Doña Silvia? ¿Quiere que me desplace a
Madrid a enseñarle algo que no le venderé? Si le sobra el tiempo venga usted a
Sevilla.".. Esa había sido su respuesta y era por eso que ella, aceptando
una humillación de la que no se creía capaz, se había puesto en camino. Qué
insoportables le resultaban esos artistiyas a los que se le subían los humos.
 ..
En realidad había sido todo una cuestión de mala suerte, un
cruce de casualidades transitorias. Ella no era una creadora y sabía que no iba
a ser capaz de emular los éxitos de su padre, si tenía alguna posibilidad de
sostenerse era actuando como lo que era: una economista brillante, y aplicando
los criterios que conocía. Pero claro... la tensión se palpaba. Tantos
despidos juntos habían hecho que todo el mundo la odiara, que necesitara con
urgencia un éxito que exhibir. Si no fuera por eso habría dejado que el
dichoso Sagasta se cociera en su soberbia y en sus ínfulas de divo.
 ..
El viaje se le pasó en un suspiro, entre la rapidez del Ave
y lo enfurruñada que iba estuvo en la estación de Santa Justa antes de darse
cuenta. Aquello no era una excursión de placer y tampoco planeaba hacer noche..
nada más quería resolver el asunto e irse, por lo que tomó un taxi
directamente a casa de Don Alberto.
 ..
Se puso un poco nerviosa al llamar al portero automático de
su piso, pero respiró hondo, y se recordó a sí misma que no era más que un
encuentro de negocios, al fin y al cabo aquello para lo que se había preparado.
Tardaba en cogerlo. ¿Sería posible que la hubiera dejado plantada? Era cierto
que quería ver las fotos, pero además también tenía mucha fe en su capacidad
para salir con bien en un encuentro cara a cara. La esbeltez de su cuerpo y la
picardía de su sonrisa eran virtudes que no le pasaban desapercibidas a ningún
hombre, ella era consciente de ese poder, del peso que tenía en cualquier
negociación. Pasó cerca de un minuto sin que nadie respondiera y volvió a
pulsar el botón. Esta vez sonó una voz ronca:
 ..
¾ ¿Quién es?
¾ Silvia Setién, le dije que
vendría.
 ..
No escuchó palabra, pero enseguida oyó el ruido de la
cerradura al abrirse. Alberto Sagasta la recibió en pijama. Era bastante alto y
pesar de sus años tenía un cuerpo atlético. Ella lo miró de arriba a abajo
aprobatoriamente.
 ..
¾ Pasa, por favor ¾
dijo Alberto, esbozando una vaga sonrisa¾ , así que
te has decidido a venir, lástima que sea en balde.
 ..
Silvia notó el súbito tránsito hacia el tuteo y no le
desagradó prescindir de formalismos. Tuvo la impresión de que le gustaba aquel
hombre.. su mirada inteligente, su barba canosa... tenía un aspecto interesante.
Se le ocurrió la idea de que quizás perteneciera a una clase nueva de tío a
la que no podía dominar, y eso la preocupó un poco. Él parecía tranquilo, al
decir verdad casi recién salido de la cama. La hizo pasar a un salón grande,
elegantemente amueblado, y la miró directamente a los ojos al hablarle:
 ..
¾ Siento no tener copias, tendrás
que ver las fotos en el ordenador ¾ dijo señalando
hacia él.
 ..
¾ No importa, será suficiente
para hacerme una idea.
 ..
Los dos se sentaron frente al equipo y él fue diestramente
navegando hacia la carpeta indicada. Al instante empezaron a desfilar las imágenes
por el monitor. Silvia se quedó atónita. Ella, muy a su pesar, carecía de un
temperamento artístico, pero había hecho varios cursos de fotografía y era
capaz de reconocer la obra de un genio cuando la tenía delante. Parecía
imposible que se pudieran lograr esas luces, esos tonos en una playa. Alberto
jugaba con toda clase de frutas tropicales, mezcladas con el mar y la arena, y
esas composiciones magníficas en las que lo imbricaba todo en un conjunto
armonioso.. el espectáculo duró sólo un momento pero estaba impregnado de una
sensibilidad tan exquisita que no pudo evitar emocionarse. Además, las fotos
eran endiabladamente adecuadas, exactamente lo que querían los del Ron
Maracagua. Cuando cesó el flujo de imágenes ella se quedó como petrificada.
Ahora sabía lo que intentaba comprar, y sabía que lo quería más que nunca.
 ..
¾ Es de una belleza...
sobrecogedora ¾ acertó a decir¾
. Le ofrezco dos millones.
 ..
¾ No ¾
fue la seca respuesta de Alberto.
 ..
¾ Dos y medio ¾
insistió ella sin pensárselo¾ , es lo más a lo
que puedo llegar.
 ..
¾ No es una cuestión de dinero ¾
contestó Alberto con gesto impotente¾ , es cuestión
de que tengo el reportaje apalabrado, acepté vendérselo a la revista Nature
por una cantidad mucho menor. Créeme que lo siento, ojalá quisieras otra cosa.
 ..
Silvia se quedó callada, le encantaban las fotos, y eran su
pasaporte hacia consolidarse en la dirección.. tenía que conseguirlas a
cualquier precio. Alberto estaba muy cerca de ella, todavía en pijama, y aún
le quedaba otra moneda con la que podría pagarle. Rara vez había hecho esa
clase de cosas, sólo en casos extremos, en casos como aquel. Le echó el brazo
por la espalda y lo miró fijamente mientras hacía aflorar la mejor de sus
sonrisas.
 ..
- ¿Y si junto al dinero te propusiera algún pequeño
esparcimiento?
 ..
El no rehuyó el contacto y sonrió también, aparentemente
halagado, aunque con un brillo malicioso.
 ..
¾ ¿Qué puedo decirte? No todos
los días le hago el amor a chicas tan guapas, pero no quiero engañarte: es más
que probable que eso no cambie la situación.
 ..
Definitivamente le gustaba aquel hombre, aceptó Silvia.
Estaba nerviosa y sentía un hormigueo dulce recorriéndole el cuerpo. Se daba
cuenta de que Alberto era peligroso, se le antojaba que su aspecto afable no era
más que una fachada, que había cruzado al otro lado de sus sentimientos como
si hubiera atravesado un espejo, y que donde él se hallaba las emociones podían
coexistir con la más terrible frialdad. Sí, era peligroso, pero eso era
precisamente lo que la atraía. Se levantó despacio e hizo resbalar los
tirantes de su vestido, luego, lentamente, tiró de él hacia abajo, hasta que
quedó enrollado a sus pies. El rostro de Alberto se iluminó con una alegría
que a ella le resultaba familiar.
 ..
¾ Créeme ¾
le advirtió¾ yo vivo a través de la cámara.. en ti
veo luces, volúmenes y colores.. esto no te va a salir bien.
 ..
Pero ella ya había ido demasiado lejos como para retroceder.
Se quedó ante él, con una sonrisa desafiante dibujada en los labios. Estaba
preciosa, con su sujetador negro transparente, y las mínimas braguitas que
dejaban entrever el vello púbico. Alberto se levantó sin prisas, disfrutando
pausadamente de cada momento y la atrajo hacia sí. Ella gimió de placer nada más
sentir las manos en su espalda, como sus dedos experimentados jugaban con el
cierre del sujetador y la despojaban de la prenda, que tardaba una gozosa
eternidad en caer al suelo.
 ..
Sus pezones, rosados y enormes se irguieron desde las
primeras caricias, aceptando agradecidos cada roce. En ese momento dejó de
existir la señorita Setién, se dejó conducir riéndose y dando tumbos hacia
el dormitorio. A partir de ahí ya Silvia sólo pudo sentir a ráfagas sueltas..
sintió como Alberto besaba sus pechos, como deslizaba su lengua golosamente
desde el esternón hacia su coño, y después ya todo estallaba en luz. Las
horas siguientes se le pasaron entre vueltas e incoherencias, sacudida por
continuos orgasmos, y con su vida entera achicándose en algún remoto lugar de
su mente, mientras las manos de Alberto, su lengua, ocupaban el espacio del
universo entero. Finalmente la penetró, y ella se entregó al oleaje, se dejó
traer y llevar por un mundo líquido, deslabazado, en el que todo la sumergía
hacia dimensiones de sí misma que nunca antes conociera, nunca antes había
gozado tanto con un hombre. Por primera vez en su vida, agotada y sudorosa,
agradeció que su compañero eyaculara y se quedó dormida, exhausta entre sus
brazos.
 ..
Debió pasar un buen rato antes de que se despertara con el
sonido de la ducha. Sentía una extraña sensación de plenitud, y tenía el
cuerpo flojo y satisfecho, como si fuera una muñeca de felpa. En unos minutos
salió Alberto del baño, todavía a medio secar, y empezó a vestirse.
 ..
¾ Tengo que salir ¾
le susurró afablemente, en cuanto se dio cuenta de que estaba despierta¾
debo ir a un almuerzo de trabajo. Espérame si quieres.
 ..
Silvia salió de su modorra y regresó a la realidad, volvió
a recordar por qué estaba allí, e hizo la fatídica pregunta:
 ..
¾ ¿Y qué hay de las fotos?
 ..
Alberto se tensó, tenía ya puestos los pantalones y los
zapatos, y rehuyó mirarla.
 ..
¾ Te advertí de que esto no
cambiaría nada.. ha sido estupendo, pero sigo teniendo el reportaje
comprometido, y yo sólo tengo una palabra, cuando la doy la doy, y ya no hay
marcha atrás. Debo ser un tipo raro ¾ añadió
encogiéndose de hombros.
 ..
Silvia se sintió desconcertada, al tiempo que la furia iba
naciendo en su interior: Era la primera vez que un hombre le negaba algo después
de haber llegado tan lejos.
 ..
¾ Me había hecho la ilusión de
que cambiarías de idea ¾ dijo, haciendo un último
esfuerzo por no enfadarse y mantener la calma.
 ..
¾ Pues no, y mucho que me gustaría
porque el dinero me hace falta, pero sencillamente no puedo.
 ..
Ya había acabado de vestirse y estaba yéndose, nada más le
dijo desde la puerta:
 ..
¾ Pues eso, si quieres me esperas
¾ y se marchó.
 ..
Ella se quedó enfurruñada en la cama, rabiosa, y con la
mente embebida en un despechado monólogo: ¿Ah, con que eres un tipo noble eh,
de los que cumplen lo que prometen? ¿Con que estás de vuelta del amor, del
sexo, y haces siempre lo correcto? Pues yo no soy así, soy una joven de ahora,
tramposa, y que además necesita desesperadamente lo que tú le niegas. Así que
te vas enterar, cerdo, te vas a quedar sin mí, sin dinero, y sin reportaje.. así
aprenderás a seducir jovencitas con tu sonrisa autosuficiente y tu moral tan
estricta. Así aprenderás. Apenas se dio cuenta, pero había dicho todo aquello
en voz alta.
 ..
De su cuerpo desapareció todo rastro de flojedad, y se
levantó de la cama como si le quemara el contacto de las sábanas.. fue al salón
y se vistió en menos tiempo del que había tardado él en hacerlo. Después
agarró su bolso y sacó del interior varios disquetes. Ese era el último
recurso, el plan B que ella siempre tenía preparado, aunque no, era otro, el
plan B había sido hacerle el amor a ese viejo. Aunque... ¡Qué bien follaba el
maldito!
 ..
Había anotado mentalmente todos los pasos que dio Alberto y
no encontró ninguna dificultad en hallar los archivos, en un momento tuvo todas
las fotos guardadas en los discos.. le asaltó el deseo de borrar del ordenador
los originales, pero no lo hizo, era mejor que él no se diera cuenta de lo que
había hecho. Un par de horas más tarde estaba otra vez en el Ave, camino de
Madrid, y sujetando el bolso entre sus manos con una sonrisa autocomplaciente.
 ..
 ..
***
 ..
Jorge entró en la cafetería "..El Museo".., muy cerca
de la estación de Atocha. Miró en su derredor, y no vio a Alberto por parte
alguna. Tomó una mesa casi en el centro del local, para estar visible, y se
dispuso a esperar.
 ..
Las cosas estaban saliendo de una manera muy extraña durante
los últimos días. Silvia había cosechado en Sevilla el sonoro fracaso que él
ya se esperaba, pero lejos de amilanarse le había echado valor y se había
largado a Cuba, según decía a hacer las fotos ella misma. Ilusa ¡A hacer las
fotos! No se había reído en su cara por no enfrentarse con ella. Estaba muy
pagada de sí misma, y había puesto de inútil a todo el mundo antes de irse.
 ..
Después, lo había llamado Alberto y le había hecho toda
clase de preguntas, pero no había querido soltar prenda sobre la entrevista con
Silvia. Además, lo había citado allí, porque necesitaba hablar con él e iba
a acercarse por Madrid. ¿Qué querría decirle? Se sentía tenso, impaciente,
porque ya pasaban cinco minutos de la hora prevista y seguía sin vérsele por
ninguna parte. Encendió un cigarrillo y se pidió un café para entretener la
espera.
 ..
Alberto apareció un cuarto de hora más tarde, trayendo bajo
el brazo unas cuantas revistas pornográficas. Los dos amigos se abrazaron
calurosamente.
 ..
¾ Perdona hombre, me he
entretenido en el Kiosco.
¾ Estás muy viejo para seguir
siendo tan guarro ¾ Le respondió Jorge con una
sonrisa cómplice.
¾ Nada, nada ¿De donde te crees
que saco la inspiración para hacer unas fotos tan buenas?
 ..
Llevaban bastante tiempo sin verse, y los dos hablaron un
poco de vaguedades, pero Alberto sabía exactamente a qué había venido y entró
directamente en materia:
 ..
¾ Pues sí, la niña apareció
por mi piso, talonario en ristre y dispuesta a comprar lo que fuera. Cuando me
negué, ella usó su hermoso cuerpecito para mejorar la oferta.
 ..
Jorge emitió un gruñido alegre, y la boca se le quedó
abierta por la sorpresa.
 ..
¾ Espera, espera ¿Me estas
diciendo que te follaste a Silvia Setién?
¾ Exactamente eso te estoy
diciendo, hombre ¾ replicó Alberto, riéndose¾
, pero no te asombres tanto, no es nada del otro jueves, una de tantas que lo
basan todo en estar buenísimas.. mucho culito y poco arte.
¾ ¿Y a pesar de eso no le diste
las fotos? ¾ Preguntó Jorge con Incredulidad.
¾ Pues no, no se las di. Me tomó
por uno de esos muchachitos a los que seduce, me desafió, y yo tengo muchos
tiros dados. Pero eso no es lo mejor, lo mejor es que tiene el reportaje, lo
copió del ordenador sin mi permiso y se lo llevó.
¾ ¿Pero como va a ser bueno eso
hombre? ¾ Interrumpió Jorge, que iba de sorpresa en
sorpresa¾ ¿Estás loco? Te ha quitado las fotos y
volverá de Cuba diciendo las ha hecho ella, y se apuntará un tanto gracias a
tu imprevisión.
¾ De eso nada, las fotos están
registradas. Cuando vuelva de Cuba tú harás como que no las conoces, y dejarás
que las cosas sigan su curso. Cuando la campaña esté en marcha y los carteles
colocados ya tomaremos cartas en el asunto.
 ..
A Jorge le encajó todo en la cabeza de pronto. Mientras no
hubiera difusión no habría plagio.. cuando hubiera carteles del Ron Maracagua
por todas partes Alberto la demandaría, y el padre la apartaría de la dirección.
 ..
¾ Eres un demonio, y me felicito
de que estés de mi lado, debe ser jodido enfrentarse contigo. La denunciarás
en plena campaña y se acabarán los despidos y los malos modos de la niña.
 ..
¾ No la denunciaré, al menos no
inmediatamente. Lo que me propongo es mucho más divertido, y más malvado: me
propongo dirigir a la directora. Hay algo que no te he contado y es que, gracias
a ti, tuve tiempo para preparar las cosas.. coloqué varias cámaras de vídeo
ocultas y distribuidas por la casa.. tengo grabado el polvo que le eché y hasta
el momento en que sacó las fotos del ordenador.
 ..
Jorge se quedó callado. La mente de Alberto había ido mucho
más lejos de lo que él hubiera podido imaginarse.. la amenazarían con
denunciarla y con enseñar el vídeo, iba a pagar por cada una de las faenas que
había hecho.
 ..
¾ Eso, la chantajearemos, y la
obligaremos a hacer lo que nos dé la gana ¾ dijo
con un brillo malvado en la mirada, como si ya estuviera maquinando venganzas.
 ..
¾ Despacio, despacio ¾
le pidió Alberto con una sonrisa¾ . No nos
olvidemos de que nuestro poder sobre ella radica en su padre, y en el temor que
siente de que la aparte de la empresa. Al fin y al cabo el chantaje es un delito
mucho más grave que el plagio. No debemos enseñar todas nuestras cartas hasta
que estemos seguros de haberla metido en la trampa.
 ..
Jorge, naturalmente estuvo de acuerdo. Aquello era importantísimo
para él, y veía con buenos ojos que extremaran las precauciones. Al fin y al
cabo estaban corriendo riesgos muy serios, los dos podían acabar la aventura en
la cárcel. Debatieron durante unos minutos estos aspectos hasta que unas
preguntas de Alberto lo sumieron en un mar de dudas:
 ..
¾ ¿Hasta dónde quieres llegar?
¿Estás seguro de que no te va a dar lástima? Si se trata de un mero ajuste de
cuentas y un par de polvos de quinceañero esto podría no merecer la pena.
 ..
Él se quedó dubitativo. Al cabo de un momento reconoció
que no sabía hasta dónde deseaba llegar. Lo más lejos que fuera posible,
naturalmente. Pero era un tipo impulsivo e ignoraba el extremo hasta el que sería
capaz de humillarla.
 ..
¾ Entonces estamos de acuerdo ¾
Respondió Alberto, con un gesto de asentimiento¾ Si
hacemos bien las cosas, no habrá más límites que nuestra imaginación.
Los dos amigos charlaron aún durante largo rato, quedaban
innumerables detalles que decidir.
-- Continua --