Sigui¢ virgen como quer¡a...
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Besé a Johanna en la boca y apenas opuso resistencia.
Apretaba sus tetas contra mi pecho. La volví a besar. Minutos más tarde estábamos
enredados en apasionados besos. Jamás pensé que resultaría tan fácil. Era
obvio: el calor, la libido regada por todas partes, la privacidad, su juventud,
mi experiencia... y nos gustabamos.


Despegué los labios y le eché por primera vez una descarada
mirada a las tetas. Decidí romper la baraja.


- Quiero comerte, Johanna...



No, no, no puedes... Soy virgen. Todo tiene remedio,
Johanna. Se puede gozar sin que dejes de serlo... Le cogí las tetas
y fue lo máximo. Una erección olímpica se despertó en mí. Johanna gimió
como una niña. Era obvio que le gustaba que se las cogieran.



Por favor... Nos pueden ver... A Johanna se le escapaban
continuas miraditas a mi polla, que estaba tiesa como un garrote.



Quítate los pantys -le dije con descaro. Como no se
decidía, yo mismo cogí las tiras y halé hacia abajo. Ella ayudó alzando su
trasero del suelo. Es obvio que si una chica colabora en que le quiten los
pantys aunque te esté diciendo que no, es que le apetece que se los quites, ¿no
creéis?



- Abre las piernas -le dije-. Ella me miró asombrada por
mi descaro. Puse mis manos sobre sus rodillas y las separé sin mucho esfuerzo.
Una vez abiertas, vi su hermosa concha oscura. Era abultada, con dos gordezuelos
labios, como pequeños neumáticos. Estaban cubiertos de un poco espeso vello
negro. Tenía un aspecto realmente suculento.



Por favor, no me lo vayas a meter... Recuerda que soy virgen
y que además puedo quedar embarazada... No te preocupes Johanna. Ya te
he dicho que hay otras formas de gozar... Ella me aferró el miembro
con evidente satisfacción y empezó a menearlo lentamente de arriba a abajo.
Era delicioso.


- Es la primera vez que estoy con un hombre... Tendrás
que enseñarme muchas cosas. - Te lo voy a enseñar todo, le dije...



Me eché un poco hacia atrás con el miembro mojado y
enhiesto, apuntando, mira por donde, hacia su cara.





Chúpame la polla... -le dije, resuelto.


 ..




Me miró pasmada, llena de sorpresa, me dijo... ¿Cómo...
?



...Pero sus pezones estaban duros como tornillos en aquel
instante. Sabía que la tenía en mis manos. Una chica normal se habría puesto
algo encima y huido de la pieza. Pero Johanna, no se movía de allí..


Os parecerá increíble, pero vi perfectamente cómo un
chorrito transparente salía de su rizado coño oscuro. ¡Estaba cachonda
perdida! Le puse la mano derecha en la nuca, agarrándola por las orejas, y, sin
brutalidad pero con firmeza, la obligué a inclinarse sobre mi polla. Johanna
ofreció una resistencia tan ridícula, que era obvio que se la comía el morbo.



Abre tu puta boca y cómeme la polla -le dije con
firmeza. Johanna obedeció. Cerró los ojos y abrió sus labios.


Sentí cómo mi glande desaparecía en su cálida y húmeda
boca. Instantes después sentí sus golosos labios jugando torpemente con mi
glande. Poco después intentaba engullir una mayor cantidad de verga. Yo la
obligaba a bajar la cabeza más aún, sujetándola por la coronilla. Su cabello
rozaba mi vientre haciéndome cosquillas. Esta mamada era evidentemente la
primera que hacía, más bien torpe, pero tremendamente morbosa. Sujetándola ya
con las dos manos, la obligué a engullir la casi totalidad de mi verga. Cuando
ambos nos quisimos dar cuenta, Johanna tenía su boquita de puta principiante
completamente ocupada por una soberana verga.


- Chupa, chupa, que se vea que te gusta. ¡Dale, nena!



Cuando noté que me iba a venir, la saqué de improviso,
haciendo sonar un "..plop".. al sacársela de la boca con un espeso
reguero de saliva.


Me agarré la verga y la sacudí frente a su cara. Ella
entendió enseguida lo que yo quería. Yo estaba sentado en el borde de la cama,
ella de rodillas chupando de nuevo mi verga. Chupó mansamente mientras yo la
guiaba, sujetándola con ambas manos de las orejas.


-Te vas a tomar la malteada, ¿vale? - Vale... -me
contestó con una sonrisa. Ella me agarró mis nalgas estrechando la mamada más.
Enseguida solté un chorro que desapareció en su garganta. Dejé que me
sorbiera bien la polla para limpiar hasta el ultimo resto de esperma.



¿Te ha gustado, nena? - Sabe salado... -dijo, maliciosa.
- ¿Te gustaría que te diera el "..biberón".. todos los días?
Se rió bajito para que no la fueran a oír y contestó con perversa mirada "..sí
"...


 ..



-Ves, Johanna, que hay otros medios -le dije, propinándole
un azote en sus espectaculares nalgas. Date la vuelta, te voy a dar por el culo,
nena... Ella me miró asombrada.


- Johanna, escúchame. Comprendo que te de miedo,
que es un sitio muy estrecho y mi polla es gruesa. Créeme que no puedo
aguantarme las ganas de darte por el culo. Tu no tienes un culito normal, nena,
tu tienes el mejor culo que he visto en mi vida, así de simple. Te va a gustar
más que chupar polla, ya verás...


Johanna aceptó. Yo estaba tumbado boca arriba y ella se sentó
a horcajadas, dándome la espalda. Primero quiso apoyar las rodillas a ambos
lados de mis caderas, pero yo tenía un perverso plan. Le dije que se apoyara en
las plantas de los pies y con las manos en el suelo.


Cuando Johana, después de varios intentos, hubo conseguido
introducir mi glande en su culo (cuán cálido era...), la fui moviendo hacia la
cama y yo sentándome para que todo el peso de sus 58 kilos cayeran sobre mi
polla, y ésta obviamente, entraran hasta el fondo de su culo.


Literalmente pensé que quedaría empalada sobre mi polla, de
una sola "..sentada".., y que nunca sentiría una polla más adentro.


Así lo hice. De improviso, me senté en la cama y la empujé
hacia atrás, y ella cayó con todo su glorioso peso sobre mí, ensartándose mi
verga hasta los huevos, hasta los mismos huevos. Ella gimió de dolor (¿o fue
placer?) y se quedó unos momentos sin respiración. Me imaginé que la visión
de aquel panorama desde delante sería fantástica: Johanna sentada sobre una
polla que le entraba hasta el fondo de su exuberante culo, con una cara mitad
sorpresa, mitad susto, mitad dolor y placer.


Seguí empujando. Cada vez era más fácil entrar y salir de
su ojete. Ella suspiraba, y no de dolor precisamente. La puse a gatas, yo detrás
de ella, en la posición más clásica para dar por el culo. Ahora no sólo podía
penetrarla a conciencia, sino que tenía ante mí una maravillosa perspectiva:
su enorme trasero, su hermosa espalda, su cabecita oscura, sus cabellos meciéndose
al vaivén del bombeo al que la sometía.


Para estimularla, le azotaba el culo. Saboreaba el "..plas"..
del sonido de sus estupendas nalgas, una y otra vez. La pobrecita se llevó una
tierna azotaina, pero se lo merecía por tener aquel indecente culo. Además la
animaba con mis comentarios, que la ponían más cachonda.


 ..


 ..


Tíos, no sé cuánto tiempo me la estuve follando, pero fue
mucho. Solté una primera descarga, pero enseguida se me puso dura. Era tanto el
deseo de follarme así a mi Johanna. Me corrí dos veces más antes de sacarla
de aquel sabroso lugar. Johanna cayó rendida y satisfecha.


Antes dejarla ir para su cuarto, le propiné un nuevo azote
en las nalgas, y le dije "..a partir de ahora gozarás también por el
culo, amor... y por un tiempo seguirás siendo virgen..."..



Seudónimo : El Alquimista



 

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