La tinaja
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



No hace mucho tiempo, había un pobre albañil en Napolés que estaba casado
con una bella mocita llamada Peronela. Y sucedió, que un apuesto mozo llamado
Janelo, puso sus ojos en ella. La regalaba, la prometía hasta que un día,
consiguió los favores que pretendía.


Por la mañana temprano, Janelo se apostaba escondido, esperando la salida
del marido que se marchaba a trabajar. Y cuando éste salía, Janelo entraba.


Pero una mañana, estando Janelo con Peronela, se oyeron unos golpes en la
puerta. Peronela, que por el modo de llamar sabía que era su marido, dijo:
"..¡Ay, Janelo mío, muerta soy!. Mi marido nos ha descubierto, seguramente
te ha visto entrar. Mas sea lo que fuere, métete en esta gran tinaja mientras
yo voy a abrirle.


Janelo, raudo, se metió en la tinaja y Peronela, yendo a la puerta, abrió a
su marido, preguntándole extrañada:


"..¿Que ocurre marido mio, que has vuelto tan pronto a casa?"..


Es que le he vendido a un compañero, la gran tinaja que tenemos por cinco
florines, y venía por ella para llevársela"...


"..¡Ay, que mal negociante eres!. Yo acabó de venderla por siete
florines a un buen hombre que pasó por aquí y que ahora está dentro de ella
inspeccionándola. Ve tu pues, y cierra el trato"...


Janelo, que estaba con las orejas bien derechas, oidas las palabras de
Peronela, salió de la tinaja, y comenzó a decir: "..Señora, la tinaja
parece sana, pero está toda embadurnada de no sé qué cosa ya seca, que no he
podido sacar con mis uñas. Si consigues que quede limpia pagaré por ella los
siete florines"...


"..Que por esto el trato no se rompa".., dijo Peronela, "..mi marido
bien limpia la dejará"...


"..Claro que sí".., dijo el marido.


Y dejando en el suelo las herramientas, se quitó la camisa y cogiendo un
candil y una espátula, se metió dentro de la tinaja y comenzó a rasparla con
denuedo.


Peronela se acercó tambien y poniéndose de puntillas, metió la cabeza y
los brazos por la boca de la tinaja, y empezó a indicarle a su marido por donde
tenia que rascar: "..Raspa por aquí, y por aquí y por allá. Mira, allí ha
quedado todavía un poquitín... "...


Janelo, que aquella mañana aún no habia satisfecho sus deseos, al ver a
Peronela reclinada sobre la tinaja, y moviendo su cuerpo para indicarle al
marido los sitios, se acercó por detrás y le subió la falda hasta la cintura,
dejando al descubierto sus juveniles muslos y su hermoso culo, y como los
caballos salvajes asaltan en las anchas llanuras a las yeguas, le ensartó a
Peronela un puyazo trasero, con entradas y salidas repetidas, hasta que
satisfizo por completo sus deseos.


Peronela, que habia sentido el castigo, al notar que se retiraba le dijo:
"..Toma el cándil, buen hombre, y comprueba por ti mismo lo bien que ha
quedado"...


Janelo, mirando dentro, dijo que estaba muy satisfecho y dándole los siete
florines, le dijo a la mujer que volvería mañana para llevarse la tinaja.



 

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