ADVERTENCIA
Esta obra contiene escenas de sexo no consensuado, sadismo,
humillación, dominio y está orientada a lectores adultos. Si este tipo de
cosas no son de su agrado o de algún modo hieren su sensibilidad deje de leer
AHORA, después podría ser tarde. Por supuesto todas las escenas aquí narradas
son de absoluta ficción y es voluntad del autor que nunca lleguen a ser reales.
Cualquier comentario será bienvenido. (Absténganse de mandarme ficheros
adjuntos porque NUNCA los abro)
 ..
fedegoes@yahoo.es
PARTE III
Una llave sonó en la cerradura, era Alberto. Jorge se levantó
del sofá y fue a su encuentro, él traía las manos ocupadas con una bolsa de
bocadillos, pero a pesar de ello le dio un gran abrazo.
 ..
¾ Joder tío, lo que te debo ¾
le dijo irradiando alegría, los dos se tenían confianza como para hablarse así¾
, me la has puesto en bandeja, no te lo vas a creer hasta que veas las fotos, si
no fuera por ellas hasta yo mismo acabaría por no creerlo.
 ..
¾ Tranquilo, hombre, tranquilo ¾
le respondió Alberto¾ , ha sido trabajo de los dos.
No habría sido posible si no me hubieras avisado con antelación, y ambos nos
estamos divirtiendo, de hecho apenas hemos sino empezado a divertirnos.
 ..
Jorge apenas podía evitar atosigarlo. Le costó un esfuerzo
ímprobo dejarlo entrar en su propia casa, soltar la bolsa sobre la mesa.
 ..
¾ Tengo que contarte, no puedo
resistir.. contar lo que se ha hecho es casi tan estupendo como hacerlo.
¾ Pues no me cuentes ¾
le respondió Alberto, mitad en serio y mitad en broma¾
, prefiero que lo veamos.
 ..
Jorge se quedó asombrado, al principio sin entender, y después
se llevó la mano a la frente.
 ..
¾ Jodeeer, se me había olvidado,
es alucinante que lo hayas hecho.
 ..
En ese momento, ya Alberto deambulaba por la casa, extraía
las cintas de las cámaras, instaladas en compartimentos disimulados detrás de
cuadros y otros adornos. Tenía en los ojos un brillo cómplice, malvado. Los
dos se sentaron en el sofá, frente al televisor. La mayor parte la pasarían a
velocidad rápida, con Jorge manejando el mando a distancia, y pulsando el play
en los momentos más interesantes. En cuestión de segundos apareció Silvia,
Alberto no paro de reírse de verla saltar, retorcerse mientras se meaba.
 ..
¾ Diablos, qué bien, mira qué
cara de duda, qué magníficamente la estás entreteniendo. Parar, templar y
mandar, dicho en el argot taurino. Mira, mira, tío, que se mea, que lleva el
chorro por la rodilla.
 ..
Jorge se moría de alegría de tener aquellas cintas, poder
verlas cuando quisiera, y de oír las risas de su amigo y sus alabanzas. Además,
le había dado mucha pena no poder fotografiar la follada, especialmente la del
culo.. aquello era la mejor manera imaginable de conservarla.
 ..
¾ Ah, sí, no dejarla cerrar la
puerta, admirable ¾ prosiguió Alberto, jocoso¾
Oh, con los ojitos cerrados, la foto, qué sentido de la oportunidad tuviste.
 ..
Los comentarios entre los dos siguieron cruzándose
animadamente todo el rato, durante el visionado de las cintas. Hubo un momento,
el de cuando empezó a cortarse pelos con la tijera, en el que Alberto se puso a
carcajearse hasta que se le saltaron las lágrimas, mientras, señalaba al suelo
con el dedo.
 ..
¾ Mira, mira, pero si los pelos
están ahí ¿Te importa que me quede con unos cuantos? Es que soy un poco
fetichista.
 ..
¾ Claro hombre, coge los que
quieras, vamos a medias en esto.
 ..
Todo le encantó a Alberto, el modo durísimo en que la había
tratado, la mamada, el que le abriera los labios del coño, todo. Pero para ver
bien eso último, eran preferibles las fotos, así que se pusieron en el
ordenador, conectaron el interface, y las hicieron pasar despacio, una a una.
Cuando llegaron a las últimas, a las del chocho afeitado de Silvia
completamente abierto, unas veces con los labios sujetados por los dedos de
Jorge, otras por los suyos propios.. ese chocho brillando con sus jugos, y su
cara al fondo, esa cara de rendición, de abandono... Alberto se quedó pasmado.
Quizás pasó un minuto antes de que se repusiera y mirara a su amigo
admirativamente:
 ..
¾ ¡Qué barbaridad!
Definitivamente eres genial.
¾ Que va hombre si lo has hecho tú
todo, hasta me pasé de rosca y fui más lejos de lo que tú hubieras ido.
¾ ¿Que yo lo hice todo? ¾
Dijo Alberto sonriente y señalándose con el dedo¾
yo en todo caso construí la cerca, y quizás eso se me dé mejor que a ti. Pero
cuando se trata de entrar dentro, de ponerle la silla a esa potranca y domarla,
cuando hablamos de someterla y demostrarle quien manda.. joder, en eso no puedo
compararme contigo. La has montado como nadie y ahora sabe qué es el bocado y
para qué son las riendas, irá donde se le diga. Yo no sirvo para eso, soy
demasiado fino.
¾ Hombre, reconozco que estuve
bien...
¾ ¿Bien? Has hecho cosas
arriesgadísimas, por las que podría habérsete largado en cualquier momento,
pero tan juntas, tan inteligentemente, que no ha podido reaccionar. Yo no sería
capaz de eso, necesito pensar las cosas y no tengo tus reflejos. Además, ¿te
das cuenta del salto adelante que hemos dado? Después de semejante paliza esa
cría nos teme tanto que probablemente nos obedecería aunque no tuviéramos con
qué amenazarla.
¾ Sí, y ahora además tenemos
esas cintas, me entran ganas de empezar a putearla desde mañana mismo.
¾ No, Jorge, no seas tan
violento...
¾ ¿Violento yo? ¾
le interrumpió un poco achispado.
¾ Pues sí, tú, ¿Quién si no
le dio ese mordisco que tiene en la teta? ¾ Dijo señalando
al monitor.
 ..
Jorge se rió, al darse cuenta de que tenía razón, y le
dijo que estaba demasiado buena, que no había podido evitar ponerse un poco
bestia y exprimir el limón.
 ..
Claro estaba que Alberto lo entendía, si era el sentido del
juego, pero no se podía abusar de esa dinámica, al menos de momento. En ese
terreno, era él el mejor capacitado para decidir, y tenía que convencer a su
amigo de que había muchas cosas que debían tener presentes:
 ..
¾ Mira, Jorge, salvo lo del
plagio, que no es gran cosa, todo el poder que tenemos ahora sobre ella está en
el interior de ella misma.. no te das cuenta, pero la tenemos sujeta con un hilo.
¿Qué pasa si renuncia a dirigir la empresa, o si asume el daño familiar de
que su padre viera tus fotos? Se nos escapa.
 ..
Jorge, a pesar de hallarse un poco borracho por su éxito, no
dejó de reconocer que lo que Alberto decía era la verdad. Le parecía psicológicamente
difícil que Silvia fuera capaz de tales renuncias, pero era lista, y si
aceptaba sus pérdidas y se retiraba sería libre. Saldría malherida de un
enfrentamiento con ellos, por supuesto, pero se escaparía. Le convenía seguir
escuchando.
 ..
¾ ¿Y después de todo qué prisa
tenemos? ¿No es mejor pinchar cada cierto tiempo e ir acumulando hilos hasta
trenzar una soga? ¿No sería mejor aún que fuera una cadena de acero? Es
preciso que no sepa que existen las cintas, se pondría demasiado a la defensiva
y siempre es conveniente tener una carta en la manga.. por eso tus fotos son
providenciales, son la aguja con la que daremos el próximo pinchazo, con la que
le introduciremos otro hilo quizás más grueso.
 ..
Jorge escuchaba asombrado. Definitivamente Alberto se movía
mejor que él en esos terrenos e iba a hacerle caso. Ya le había proporcionado
enormes placeres el hacérselo.
 ..
¾ Completamente de acuerdo con lo
que dices ¾ le respondió¾
dejémosla descansar, démosle cuerda para que se ahorque. Es maravilloso lo
bien que nos complementamos ¾ añadió mientras le
daba en el hombro una palmada admirativa.
 ..
¾ Tan bien como un martillo y un
yunque ¾ le respondió Alberto¾
, estamos destinados a encontrar el modo de hacer una cadena. Cuando esté
acabada ya no harán falta precauciones, tiraremos todo lo que nos apetezca, y
las cintas podrían convertirse incluso en una especie de adorno, una guirnalda
que colocar sobre los eslabones.
 ..
Los dos se sentaron a comerse los bocadillos, con una cerveza
por delante y viendo los videos, ya a velocidad normal, todavía quedaban muchos
detalles por comentar acerca de ellos.
 ..
¨ ¨ ¨
 ..
Silvia llegó tarde al trabajo. No había conseguido verse en
Madrid hasta muy avanzada la noche, y para entonces estaba tan deshecha que se
quedó dormida nada más tumbarse en el sofá. Por la mañana, examinó con
atención su cuerpo lleno de moratones, y le costó la misma vida salir para la
empresa.
 ..
Recordaba muy poco de lo que había pasado, y eso era lo que
más miedo le daba. Bueno, eso y el inevitable encuentro con Jorge, porque tenía
que encontrárselo, y estaba casi segura de que intentaría convertir en crónicos
los abusos del día anterior. Desde el instante en que se tomó la pastilla todo
le quedaba nebuloso, y ni siquiera estaba segura de si sería bueno recordar
hasta dónde había llegado su crueldad.
 ..
Cuando recorrió el pasillo y vio que él no estaba en su
oficina respiró aliviada ¿Se habría quedado a gusto e iría a dejarla en paz?
En el interior de su despacho había un desconocido que se presentó a sí mismo
como Luís Bermúdez. Ella le preguntó qué hacía allí, y él respondió que
era el asesor laboral de la empresa, y que lo habían llamado para citarlo,
aunque al parecer, todo el mundo iba a llegar tarde. No sabía nada más.
 ..
Silvia aceptó la explicación y se sentó con cuidado tras
su mesa. Eso de sentarse fue una tarea difícil, que cumplió poniendo atención
en no mostrar las emociones que le despertaba. El hombre se quedó mirando con
extrañeza sus movimientos, y después encendió un cigarro con aire aburrido.
 ..
Un asesor laboral ¿qué haría allí un asesor laboral? se
preguntó ¿Quién y para qué lo habría llamado? ¿Sería... ? Mejor no
pensarlo, se dijo asustada. Tanto le había dolido lo que había pasado, que había
preferido alejar de sí hasta las partes que no estaban perdidas, a las que tenía
acceso consciente. La presencia allí de Luís Bermúdez, podría estar
relacionada con alguna reclamación de los empleados que iban a ser despedidos,
pero también podría explicarla la contratación personal nuevo.
 ..
En realidad, estaba dispuesta a dar todos los rodeos del
mundo para no recordar el nombre de Alberto Sagasta.. la mataba de vergüenza
reconocerlo, pero estaba clarísimo que no podría oponerse a nada que se le
antojara. Sería una estúpida si creyera que iba a mantener su palabra y no
volver a amenazarla. Para una chica normal, para alguien que careciera de sus
aspiraciones y con otro tipo de relaciones familiares, lo de la acusación de
robo, o plagio, sería poco menos que una tontería.. pero contra ella era un
arma definitiva (con creces había comprobado Sagasta su efectividad).. sólo su
vida errante podía evitar que la usara. Por Dios, ojalá que el asesor no
tuviera nada que ver con él, ¿Qué impresión se llevaría si la directora no
sabía nada de un contrato importante? ¿Qué cosas diría por ahí? Las heridas
estaban demasiado frescas y todavía no podía pensar correctamente. Motivos
para tener miedo había muchos, el mayor de todos ignorar el alcance de la
complicidad entre Alberto y Jorge, si era tan grande como parecía, las
dificultades podían llegar a hacerse terribles, esa era la razón por la que no
se atrevía ni a imaginar el verse obligada a contratarlo. Ella era una mujer
fuerte, pero tener que ver a Jorge todos los días ya iba a ser suficientemente
duro. Por supuesto ni se planteaba la posibilidad de ir llorando a su padre y
decirle la verdad, con la amistad que lo unía al cabrón de Jorge lo creería
antes que a ella y hasta pensaría que era una maniobra suya para apartarlo de
la empresa.
 ..
Antes de salir de su casa había decidido aparentar que todo
seguía normalmente. Su posición se había vuelto tan precaria que sería una
estupidez soñar con otra cosa. Pero ese hombre allí sentado, fumando, y
mirando el reloj constantemente, le hacía temerse que a lo mejor también era
tarde para eso. ¿Qué iba a suceder? Sabía que se engañaba a sí misma
queriendo creer que las cosas podían todavía ser normales.. en el mejor de los
casos Jorge se lo contaría a todo el mundo, todo el mundo sabría lo que había
pasado menos ella, pero la verdad era tan aterradora de afrontar... tan
aterradora como que a lo peor aquello sólo podía estar empezando. ¡Dios, qué
miedo!
 ..
En esto, Luís Bermúdez sonrió, unos pasos sonaban por el
pasillo, y ella quiso esconderse debajo de la mesa. Pronto lo peor se hubo
confirmado: Jorge y Alberto entraron por la puerta. A pesar de estar a punto de
desmayarse, ella le echó valor:
 ..
¾ Buenos días y gusto de veros ¾
les dijo con una sonrisa forzada y el corazón cayéndosele a pedazos¾
, encantada de tenerte entre nosotros, Alberto ¾ añadió
con una hipocresía nacida de la desesperación.
 ..
Alberto la miró con frialdad y le respondió:
 ..
¾ Será un gran placer trabajar
aquí, se lo aseguro, puede llamarme Señor Sagasta, o Señor a secas, si lo
prefiere.
 ..
Silvia acusó el golpe, había sucedido lo peor. Los ojos del
asesor se veían desencajados por la sorpresa, se había dado cuenta. Jorge en
cambio parecía a punto de echarse a reír, pero no llegó a hacerlo, aún se le
había ocurrido algo más hiriente:
 ..
¾ Señorita Sostén ¾
le dijo mirándola a los ojos¾ le pagaremos
setecientas mil al mes, firme aquí.
 ..
Silvia seguía con vida muy a pesar suyo y contenía las lágrimas
¿Qué iba a hacer? ¿Pedirle que pronunciara correctamente su apellido? ¿Negarse
a refrendar el contrato? Lo de decirle el sueldo, esa cifra exorbitante, no había
sido para informarla, había sido una patada, había sido para que supiera lo
generosamente que iba a pagar a su propio verdugo. Pero ella sólo podía hacer
una cosa: alargar la mano y firmar.
 ..
¨ ¨ ¨
 ..
Serían las ocho de la mañana, Jorge y Alberto estaban
sentados ante una mesa, en la cafetería de enfrente del edificio Setién. Era
la hora de entrar a trabajar, pero ellos gozaban del privilegio de retrasarse,
gozaban de todos los privilegios, o acaso únicamente gozaban.
 ..
Los primeros dos o tres días habían sido agotadores, habían
tenido que reorganizar varias campañas con otro criterio distinto del que
Silvia había intentado imponer.. ahora ya no podía imponerles ni su presencia.
Ellos desayunaban juntos todas las mañanas y preparaban el trabajo. Daba igual
cuanto dinero se gastara, lo importante era hacer buenos anuncios.
 ..
Por fin esa primera etapa de reorganización estaba quedando
atrás, los proyectos reformados empezaban a andar solos, y ellos tenían tiempo
para otras ocupaciones más lúdicas. En la empresa, la noticia de que habían
logrado domar a la fiera había caído muy bien, y aún mejor la persona de
Alberto, que venía precedido de su fama de gran fotógrafo y además era el
responsable directo de que nadie fuera a ser despedido. Habían corrido la voz
de que había impuesto una cláusula en su contrato por la que tenía que
conservar íntegra a toda la plantilla. Eso sobre todo lo había convertido en
una especie de héroe local.
 ..
Alberto estaba moviendo el café cuando vio a través del
cristal pasar a Silvia. Tenía los ojos hundidos y llevaba puesto un largo
abrigo negro que le llegaba hasta más abajo de las rodillas. Parecía distante,
temerosa, y miró varias veces a cada lado de la calle antes de decidirse a
cruzarla. Finalmente desapareció tras la puerta principal del edificio.
 ..
—Parece mentira como ha cambiado esa —dijo Jorge con tono
jocoso—. La antigua tigresa se ha convertido en asustadiza gacela.. hasta su
forma de vestir es distinta de la de hace unos días. Se nota que pone todo su
empeño en disimular sus formas y resultar lo menos provocativa posible.
 ..
—Pues sí que se nota —corroboró Alberto—. No es
ninguna tonta y sospecha en lo que la estamos metiendo. El miedo no la deja
vivir. Un miedo muy justificado por otra parte, ayer ya tuve tiempo de preparar
la infraestructura sobre la que descansan nuestros planes.
 ..
—¿Ah sí? ¿qué hiciste? —Preguntó intrigado.
 ..
A Alberto, a pesar de su edad, se le puso cara de niño
travieso y sus ojos emitieron un brillo juguetón.
 ..
—Bah, nada que de momento sea importante. Ahora cuando
subamos te lo enseño.. es una tontería que te va a encantar.
 ..
Jorge no fue capaz de disimular su ansiedad. Quería ver a
toda costa lo que su amigo había preparado y se bebió el café de un trago.
Tenía prisa, se moría de ganas de retomar las operaciones con Silvia, y sabía
lo tremendamente sibilino que Alberto podía llegar a ser.
 ..
—¡Vamos! —Rugió con impaciencia.
 ..
El camarero los estaba mirando con un interés que a
Alberto le pareció excesivo y por eso no quiso soltar prenda. Le pagó el
desayuno con gesto aburrido y volvió a dirigirse a Jorge en voz bastante
alta:
—Está bien, hombre, está bien. ¡Vaya prisa que tienes
por entrar a trabajar!
El despacho de Alberto estaba en la primera planta,
contiguo al de Silvia, y algo alejado del de Jorge. A pesar de que había sido
instalado con mucha precipitación, Alberto no había olvidado detalle, ni
escatimado en exigencias.. había hecho que le pusieran ordenador, vídeo, teléfono
con línea al exterior y todo cuanto se le había ocurrido. Más que un
despacho casi parecía una sala de estar, sólo la sobriedad del mobiliario
indicaba que era un lugar de trabajo. Jorge no pudo evitar sonreír al ver lo
mucho que se cuidaba su amigo.
 ..
—¿Y bien, qué es eso que vas a enseñarme? —Preguntó
sin poder contener la curiosidad.
—Espera un segundo, ahora te lo cuento. Quiero hacer una
cosa con el ordenador antes de que se me olvide.
—¿Qué espere? Espera mejor tú y deja el trabajo para
luego. Quiero saber qué has hecho.
 ..
Pero Alberto no le contestó, ya había encendido el equipo
y movía el ratón por la pantalla. Jorge parecía a punto de explotar, pero
de pronto, increíblemente, la imagen de Silvia apareció en el monitor.
Estaba sentada tras su mesa, en su despacho y tenía una apariencia entre
aburrida y preocupada. No se trataba de una foto, se movía.. Alberto había
situado una cámara en la habitación de al lado.
 ..
—¡Joder, desde luego que eres la hostia! —Exclamó
Jorge— Pero ¿para qué quieres tenerla tan vigilada si de momento no vamos
a hacerle nada?
—Acopio de información, amigo, ese es el secreto. Te
sorprendería lo equívocas que pueden resultar unas pocas frases extraídas
del contexto en que fueron pronunciadas. Pronto o tarde cometerá algún error
y si no...
—Si no ¿qué?
—Si no la presionaremos con lo que tenemos de ella. Todo
el mundo comete errores bajo presión, lo que pasa es que los suyos quedan
registrados y se convierten en nuevos hilos de nuestra tela de araña. Créeme:
tenemos todo el tiempo del mundo. Hay que dejar que se reponga, que crea que
no pasa nada, podría tomar determinaciones tan drásticas como la de
suicidarse y no es eso lo que queremos. Siempre debemos cuidar de dejarle algún
resquicio que defender de su vida anterior. Nuestros ataques deben ser esporádicos
y terribles, pero espaciados, dejando siempre un hueco por el que quepa la
esperanza.
 ..
— ¿De verdad son necesarias tantas precauciones?
—preguntó Jorge con tono dubitativo—
 ..
A Alberto no le dio tiempo a responderle.. bruscamente
sonaron varios golpes en la puerta de Silvia y tres jóvenes, de unos
veintitantos años, pasaron al interior.. eran dos chicos y una chica, y los
dos amigos se quedaron absortos en la contemplación de la escena. Aunque nada
fuera a pasar digno de mención tenía su encanto eso de observar sin ser
visto.
 ..
 ..
 ..
¨ ¨ ¨
 ..
 ..
No dio permiso para que entraran hasta estar segura de
haber recompuesto su imagen. Era casi seguro que no se trataba de nadie de la
empresa, nadie tenía nada que consultar con ella y si alguien lo tuviera, no
se molestaría en llamar.
 ..
Cuando Pablo, Quique y Rita pasaron ya ella había dibujado
en su rostro la sonrisa jovial que estaban acostumbrados a ver. Al fin y al
cabo eran sus amigos del Club los que menos debían saber de la pesadilla que
estaba viviendo. Era de esperar que, en un momento u otro, se acercarían a
verla.
 ..
—¡Chica! Hay que ver como te ha cambiado eso de dirigir
la empresa familiar. Pero si vas vestida como una señora mayor —dijo Pablo,
un poco sorprendido.
 ..
Pablo era un buen mozo de veinticuatro años que acababa de
terminar la carrera de económicas sin demasiada brillantez. A pesar de ello,
Silvia estaba interesada en él.. tenía un cuerpo musculoso y lo que lo hacía
más atractivo: un hermoso padre banquero al que a ella le encantaría tener
como suegro.
 ..
Ya ves —respondió, mirándolo con picardía— hay que
adaptarse a las circunstancias y dar aspecto de seriedad.
 ..
Rita, que no parecía dispuesta a ceder un ápice de
protagonismo, se apresuró a intervenir:
 ..
¾ Pasábamos cerca y se nos ha
ocurrido venir a visitarte. Además, tenemos que recordarte que el Jueves
catorce es el Día del Caballo, no estaría bien que olvidaras venir a la
fiesta.
 ..
¾ Uf, chicos, estoy ocupadísima,
no sé si podré —contestó Silvia, que no tenía ánimo para jolgorios.
 ..
¾ Nada, mujer, que quedan casi
veinte días. Además, hay algo por lo que no puedes faltar y es que voy a ser
coronada Reina de la Fiesta. Alégrate por mí, que ya verás como el año que
viene el puesto es tuyo.
 ..
Aquello fue una mala noticia. Silvia aspiraba a ser la
reina, había sido mejor estudiante que Rita y era más guapa, o al menos eso
creía ella. De todos modos, esa circunstancia casi la obligaba a hacer acto
de presencia.. no debía exhibir lo mucho que la hería no haber sido elegida y
lo que era más importante: El hecho de ser la Reina ya le concedía a su
"..amiga".. una enorme ventaja con Pablo.. tenía que estar allí para
reducirla lo más posible.
 ..
¾ Eso, no puedes faltar
—apostilló Quique—. Da además la casualidad de que es mi cumpleaños y
lo celebraremos allí.
 ..
A Silvia le molestó que Quique interrumpiera el curso de
sus pensamientos. ¿Qué más daba que fuera su cumpleaños? ¡Valiente imbécil!
El hijo de un vulgar empleaducho de Correos cuyo único mérito era ser un
genio de la informática. Total, un técnico, un administrativo ¿Cuándo se
había visto que un informático ocupara un puesto de dirección? De no ser
por esa habilidad suya con los ordenadores jamás lo admitirían entre gente
selecta.
 ..
¾ Pero bueno, Quique, ¿tú no
pretenderás que tu cumpleaños compita en importancia con la coronación de
una querida amiga? —Respondió con ironía— No, es seguro que no lo
pretendes. Naturalmente que estaré allí y, si me quieres como Dama, Rita, te
sujetaré la cola. Hoy por ti y mañana por mí.
 ..
Quique acusó el golpe, no lo exteriorizó, pero le dolió.
Claro que le gustaba Silvia Setién ¿y a quién no? Pero él se daba cuenta
de que estaba fuera de su alcance y no había hecho nada por acercarse a ella,
sólo intentaba ser amable.. no tenía por qué estar maltratándolo a la mínima
ocasión. Podía ser feo, podía ser hijo de una familia normal y corriente,
pero tenía derecho a tener su orgullo. Algún día alguien debería apretarle
los tornillos a esa cerda. Después de todo había sido idea de Rita ir a
verla, no suya.
 ..
¨ ¨ ¨
 ..
Los días pasaron mucho más apaciblemente de lo que Silvia
se esperaba. Cierto era que las cosas estaban raras, pero Alberto y Jorge la
habían dejado en paz. Ella, desde luego, ya parecía no pintar nada en la
empresa, no era informada de ningún trabajo, si preguntaba algo la gente le
respondía con evasivas, y las cosas sucedían a su alrededor como si no
existiera. Eso era triste, aunque lo daba por bueno si también permanecía
ignorada para sus torturadores.
 ..
A veces, cuando pasaba por alguna parte escuchaba risitas,
lo de Señorita Sostén estaba empezando a convertirse en el modo natural de
dirigirse a ella, y ella lloraba por dentro, pero fingía no haberlo oído.
Evitaba cualquier cosa que, directa o indirectamente, pudiera llevarla a un
enfrentamiento que estaba segura de perder.
 ..
Alberto y Jorge se pasaban el día juntos y trabajaban de
firme, no en vano los dos eran excelentes profesionales. Por lo que sabía,
nunca publicidad Setién había creado mejores anuncios, ni había tenido más
contentos a sus clientes. Sin embargo esto también tenía su lado negativo:
el dinero. Nunca tampoco habían gastado tanto en producción. Hubo un día en
el que se armó de valor e intentó hablar con Jorge, le dijo que vigilara si
no estaban gastando demasiado, pero él ni la miró, sin levantar la vista de
su trabajo le dijo que eso no era asunto suyo. Ella, naturalmente, no se
atrevió a preguntar cuáles eran sus asuntos.
 ..
En realidad, estaba relativamente contenta de que la
dejaran en paz, y hasta empezaba a hacerse ilusiones de que las cosas pudieran
quedarse así indefinidamente. Ojalá fuera posible llegar a algún tipo de
pacto no hablado, ojalá ese binomio Jorge-Alberto sólo pretendiera mangonear
la empresa, porque entonces ella podría dejarlos hacer, seguir disfrutando de
la fama y del sueldo de ser la directora, y empezar a labrarse un porvenir en
otro sitio. Pero no, cuando lo pensaba despacio estaba segura de que aquella
era la paz que precede a la tempestad. A Jorge le había gustado demasiado
aquel siniestro episodio, Alberto volvería a "..prestarla".... no quería
ni pensar que esa tranquilidad, esa ausencia de alusiones, formara parte de
algún tipo de estrategia. El clima general de los trabajadores era bueno, al
parecer alguien había ido diciendo que ya no se iba a despedir a nadie, y
ella tampoco se sintió capaz de contradecir ese rumor. Había muchos rumores
circulando sobre los que prefería no indagar.
 ..
Paradójicamente, fuera de allí, ella estaba cada vez
mejor considerada.. las revistas le atribuían todo el mérito del magnífico
anuncio del Ron, la habían llamado empresaria modelo, y se habían deshecho
en alabanzas cuando la contratación del Señor Sagasta, el mejor fotógrafo
de España. Hasta su mismo padre había caído en la trampa, la había
telefoneado hacía poco para darle la enhorabuena, había llegado a decirle
que estaba logrando triunfar donde él había fracasado, que lo de la
contratación de ese fotógrafo a él siempre se le había resistido. Silvia
se dejó elogiar, menos que nunca podía consentir que él supiera el barril
de pólvora sobre el que vivía.. estaba tan orgulloso que casi lo odió por su
ingenuidad. Si no fuera por su conciencia de ser un cero a la izquierda,
aquello sería lo que siempre había deseado.
 ..
El que los empleados se reían de ella era evidente, y le
quitaba el sueño ignorar qué y cuánto sabrían. Una mañana, casi al
entrar, le sucedió algo que le permitió hacerse una idea al respecto: Ella
andaba por el pasillo, y coincidió con varios peones que acababan de salir de
los lavabos de hombres.. el caso fue que se la quedaron mirando todos a la vez,
fijamente, y se partieron de risa. Ella se puso colorada, y aparentó como
siempre no darse cuenta.. cuando se fueron, una extraña intuición la hizo
entrar en los servicios. Sobre el alicatado había una foto pegada con papel
celo, en la foto aparecía ella de medio cuerpo, con un sujetador blanco por
el que se le transparentaban las tetas y los pezones. Era bastante
provocativa, pero lo peor quizás era su mirada cargada de lujuria. Silvia
lloró, lo de llamarla "..Señorita sostén".. no era únicamente por la
similitud fonética con su apellido.
 ..
Instintivamente alargó la mano para arrancar aquella vergüenza
de la pared, pero se arrepintió.. no sabía cuántas más podría haberle
hecho Jorge, no quería encontrar mañana otra en su lugar, ni hallar a la
gente llamándola "..chochito pelón"... Era más prudente dejarlo así.
 ..
Fue a su despacho, a ese despacho suyo que estaba siempre
desierto, y lloró tras su mesa hasta quedarse sin lágrimas. Era
completamente seguro que la tempestad era inminente y no sabía qué hacer
para evitarla. Hablar con su padre, definitivamente, no era una alternativa..
no se sentía capaz de contarle la barbaridad que le estaba sucediendo, ni lo
lejos que había llegado. A pesar de sus años en Madrid, seguía siendo un
hombre de pueblo.. si no se moría de la decepción, podría llegar a intentar
hasta meterla en un convento.. su represalia, fuera la que fuera, le resultaba
tan temible como las amenazas de Jorge y Alberto. Esperar era la única
posibilidad.
 ..
¨ ¨ ¨
 ..
Aquella tarde (unos quince días después de la contratación
de Alberto) Silvia tuvo la premonición de que iba a pasar algo. La gente
estaba agitada, todo el mundo muy feliz, y eso la envolvió en terribles
presagios. Quizás sólo se tratara de la proximidad de una fiesta, pero la
odiaban tanto... Lo de la foto del baño era humillante, los empleados sabían
más de lo que ella se atrevía a asumir, pero seguía ignorando el verdadero
alcance de la conspiración que se tramaba.. esa angustia, ese no saber qué
harían, era lo que no la dejaba dormir por las noches.
 ..
Recurrentemente le asaltaba la tentación de presentarse en
la casa del pueblo y contárselo todo al viejo. Pasara lo que pasara, podía
ser la mejor de sus alternativas. Pero su padre era un hombre demasiado
estricto y demasiado enérgico.. si sobrevivía a su confesión quizás la
ayudara, pero el precio de su ayuda sería tal que prefería agotar antes
hasta la última posibilidad de solucionar el problema por sí misma.
 ..
Cuando aquella puerta que ya nadie abría se abrió (la de
su despacho), Silvia dio un respingo. Eran dos hombres con cara alegre: Juan,
un cámara que andaba siempre con Alberto, y Benito, uno de los peones que se
habían reído de ella frente al lavabo de caballeros. Benito era un negro de
origen cubano, y un metro noventa de estatura. Los dos caminaron despacio,
erguidos y mirándola a los ojos, como si supieran del infierno interior al
que la precipitaban y quisieran alargarlo, paladear cada instante de su
terror. Se detuvieron junto a la mesa, y Benito, el peón, le habló
lentamente arrastrando las palabras:
 ..
¾ Venimos de parte del Señor
Sagasta.
 ..
La frase le resonó en los oídos como un martillazo. Los
dos la miraban con una mueca burlona, querían mantenerla en vilo y obligarla
a hacer la pregunta, naturalmente lo lograron.
 ..
¾ ¿Y qué desea de mí?
 ..
En esta ocasión fue Juan el que habló:
 ..
¾ Benito y yo la recogeremos a
la salida para llevarla a su casa, quiere hablarle de un asunto importante.
 ..
La cara de Silvia se puso roja a pesar de lo mucho que
intentó ocultar sus emociones, y los dos hombres se dieron la vuelta para
marcharse. Tuvo la tentación de detenerlos, de preguntarles, pero logró
resistirse.. de todos modos no le iban a contar nada, Alberto no quería que
supiera. Ya en el pasillo Benito se giró y le dijo irónicamente:
 ..
¾ Aquí estaremos entonces, que
tenga una tarde agradable.
 ..
¿Una tarde agradable? ¿Con aquella amenaza cerniéndose
sobre su cabeza? Luchó, intentó evitarlo, pero la dominó el terror. ¡Qué
seguros estaban de tenerla atrapada, y cuánta razón tenían! Se sentían
confiados como para mandarle a esos dos hombres, esos segundones a los que habían
metido en el secreto, su actitud había evidenciado que lo sabían todo. ¿Secreto?
¿Y cómo sabía ella que era un secreto si andaba su foto en la pared de los
servicios?
 ..
¿Y ahora qué podía hacer? Seguir cediendo podía llegar
a ser un camino tan doloroso... Sería bueno establecer límites, hallar cosas
a las que no llegaría aunque la amenazaran, pero... ¿y si no había límites?
El chantaje del plagio era demasiado brutal como para poder resistirlo y podían
haber además tantas otras cosas... Dios, Benito y Juan eran dos de los
trabajadores que estaban en la lista de los despedidos ¿Por qué los habrían
elegido a ellos?
 ..
Si al menos Alberto sólo quisiera tirársela, eso podría
aguantarlo, sería devastador, pero lo soportaría, sin embargo era casi
seguro que quería algo más. ¿Por qué si no la haría ir acompañada? ¿No
era bastante la soledad, el estado de indefensión al que la habían reducido?
¿No la habían humillado suficientemente? ¿Dónde pararían?
 ..
Las preguntas se acumulaban sin hallar repuesta, giraban y
tomaban formas caprichosas en su mente. ¿Por qué le estaba sucediendo eso?
Ella era inteligente ¿Cómo era que siempre le llevaban un paso de ventaja?
¿Por qué nunca era capaz de prever ninguno de sus movimientos? ¿Querrían
volverla loca?
 ..
Tuvo que levantarse e ir al lavabo. Había gente en el
pasillo charlando, grupos pequeños que hablaban de algo divertido, porque
todos reían y gastaban bromas. Ella no les prestó atención, tenía mareos y
llevaba los ojos vidriosos, los miró sin apenas verlos. Llegó por fin al váter
y vomitó, y siguió vomitando durante algo más de una hora hasta que escuchó
golpes en la puerta.
 ..
¾ Abra, Señorita
Sostén, abra de una vez ¾ Era la voz de Benito.
 ..
-- Continua --