Operaci¢n Singer Bird (III)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Tras escuchar un fuerte impacto, se perdió por completo la señal de radio
del Seahawk. El silencio se hizo patente en la sala, hasta que unos segundos
después fue interrumpido por el sargento Craig:




Aaaaannnnnnn, nooooooooooooo…


 ..




Mientras, Castro y sus hombres celebraban la caída del helicóptero:




Así se hace Juanele, que se jodan esos gringos…


"..Siiii Patrón….".., gritaron el resto de hombres empuñando
sus armas.


Pero todavía no estamos a salvo. Hay que comprobar que esos malditos
yanquis estén todos bien muertos. Recojan lo que puedan, nos tenemos que
ir. El cobarde del general Ortega y sus policías no tardarán en llegar, y
puede ser que vengan más gringos todavía…




Abandonaron la cabaña a toda prisa y se dirigieron hacia la zona dónde había
caído el Seahawk…


 ..


El golpe contra el suelo había sido tremendo, y en él, habían perdido la
vida uno de los hombres de la D.E.A., ambos pilotos, y el operador de sonoboyas,
que aunque no tenía que realizar ninguna tarea en una operación de transporte
como era ésta, se decidió a acompañarnos en el último momento. Yo estaba
sangrando enormemente por la cabeza y el brazo izquierdo lo tenía aprisionado
entre los hierros del helicóptero. El otro agente de la D.E.A. parecía tener
una pierna rota, y sangraba también abundantemente por nariz y boca.


Parecía un milagro. Rodeada de muerte y desolación, había conseguido
salvar mi vida, pero la angustia de contemplar aquella dantesca escena, no me
permitía evaluar la enorme suerte que había tenido. Intenté sacar mi brazo de
entre los hierros pero era imposible. Mientras, el agente García, gritaba fuera
de sí, en busca de ayuda.


Intentaba con todas mis ganas desencajar mi brazo atrapado, hasta que di un
fuerte tirón, notando un dolor inmenso que me hizo emitir un terrible grito, mi
brazo terminó por romperse, pero por fin había conseguido sacarlo de ahí.
Mientras, el agente García yacía desmayado, al no poder soportar el dolor de
sus graves lesiones.


Por lo menos estaba libre, y como pude, cogí una barra de hierro y
aguantando el dolor lo mejor que supe, me entablillé el brazo de mala manera,
lo suficiente como para que no se moviese.


Al instante fui a ver como se encontraba el agente García, pero la verdad
era que yo no podía hacer mucho por él salvo limpiarle un poco la sangre que
tenía en la cara, y pedirle que aguantase, que seguro que los nuestros ya habían
venido a buscarnos. Lo único útil que yo podía hacer era intentar comunicarme
con el Ticonderoga, así que me dirigí hacia la cabina, a ver si algún aparato
de transmisión que conociese funcionaba: la radio no, el radar de búsqueda
tampoco, antenas UHF/VHF tampoco, y el GPS no llegaba a saber si respondía…
Vaya papeleta.


Volví a la zona donde se encontraba el agente García, y vi una caja cerca
de donde nosotros estábamos sentados. La abrí, y…. eran sonoboyas. ¡¡¡
Claro, un helicóptero de este tipo era lógico que las llevase !!!. No sabía
si la señal iba a ser lo suficientemente potente como para que la recibiesen en
el Ticonderoga, pero era lo único que podía hacer en esos momentos.


Cogí una y la eché al suelo como pude, ya que con un brazo no era muy fácil
apañárselas. Tenía que ajustar los tres controles principales de la sonoboya,
y esperaba que funcionase. Primero debía ajustar la profundidad de los
transductores, en este caso la mínima, ya que no estábamos en el agua. Después
el tiempo que la sonoboya iba a estar funcionando: seleccioné el máximo.
Cuanto más tiempo estuviese funcionando, más fácil sería de detectar, y si
como yo pensaba, iban a venir a buscarnos, cualquier helicóptero de las mismas
características "..rápidamente".. detectaría la señal de la sonoboya.


Automáticamente me acordé de lo que me había dicho el capitán Fulton
cuando nos dirigíamos al Ticonderoga:







¿Operaciones SAR?, ¿qué es eso?


Operaciones de rescate. Los EE.UU. nunca abandonan a ninguno de sus
hombres en territorio enemigo.


Ah, comprendo.







Ese recuerdo me proporcionó un leve alivio, pero no lo suficiente como
tranquilizarme.


Ahora debía ajustar la frecuencia en que la señal de la sonoboya iba a ser
transmitida. Como había varias sonoboyas, pensé en activar todas las posibles
en diferentes frecuencias, para tener más posibilidad de ser detectados. Empecé
por una frecuencia baja, y una vez activada la saque fuera del helicóptero
depositándola entre la vegetación.


En 30 segundos debería empezar a emitir señales, pero me di cuenta que
aquel aparato no respondía. ¿Estaría estropeado del impacto?. Noooo, recordé
al momento. Esto sólo se activa en contacto con agua. Joder, todo eran
problemas, y ni siquiera sabía si esto iba a funcionar. Volví al helicóptero,
y rebuscando entre el equipo de emergencia que estaba junto a mi asiento,
encontré una cantimplora con agua, pero no sabía si con esa poquita cantidad
iba a ser suficiente para hacer funcionar la sonoboya. Tenía dos opciones, o la
guardaba por si nos hacía falta, o intentaba activar la sonoboya. Dicho y
hecho, me fui otra vez hacía la vegetación, y eché el agua en la sonoboya.


De inmediato comenzó a funcionar, y di un grito de alegría. Volví dentro
del Seahawk, y se lo conté al agente García para intentar que aguantase,
aunque continuaba desmayado, y no sé por cuánto tiempo aguantaría. Además,
había utilizado el agua que sobre todo a él le hubiese hecho falta, pero ya no
había solución.


 ..


Sala de operaciones del USS Ticonderoga CG 47




Comandante Cameron, recibimos una señal en baja frecuencia con datos de
una sonoboya, pero parecen erróneos porque indica una posición por encima
de la superficie del mar… Espere… ¿¿¿indica una posición en
tierra??? . Por la localización debe tratarse de Pájaro 1.


Confírmelo teniente…




Tras escuchar esas palabras, el sargento Craig y el resto de la gente que se
encontraba en la sala, centraron toda su atención en esa leve señal.




Confirmado Comandante se trata de Pájaro 1…


Ponga en el aire a Pájaro 2, y que lleguen al punto lo más rápido
posible. Yo mientras voy a hablar con Washington.


Sí señor.




Los gritos de alegría se apoderaron de la sala de operaciones, por lo menos
había supervivientes tras el impacto, pero la duda saltó rápidamente: ¿Estarán
todos vivos?


 ..


Yo seguía en el helicóptero, y de repente, comencé a escuchar ruidos en el
exterior. El pánico se apoderó de mí, y lo único que hice fue irme hacia la
cabina, y esconderme como pude entre los cuerpos de los pilotos. Unos minutos
después, que parecieron ser años, vi como unos hombres con metralletas
comenzaban a entrar dentro del helicóptero:




Patrón, aquí parece que están todos muertos…


"..Compruébenlo, y si es así salgan rápidamente. Ortega y los suyos
no creo que tarden en llegar…"..




Uno de los hombres empezó a dirigirse hacia la cabina empuñando su arma. El
miedo me hacía temblar, y estaba completamente paralizada. No sé si lo que
hice en esos momentos fue lo correcto, pero el pánico que sentía hizo que me
levantase con los brazos en alto:




Soy norteamericana, por favor, no dispare, por favor…




El hombre se quedó un poco sorprendido, y apuntándome con el arma me gritó
que fuese avanzando hacia él muy lentamente. Él a su vez volvía sobre sus
pasos, hasta que salimos por completo del helicóptero, donde un puñado más de
hombre me observaban empuñando sus armas.




"..Póngase las manos sobre la cabeza y gírese contra el helicóptero"..,
me dijo.




Me puse lo mejor que pude, ya que el brazo roto no me permitía adoptar esa
posición, y de repente escuche:




Vaya, vaya. Si es una hijuaputa de la D.E.A. La mato ahora mismito Patrón…




Mierda, la dichosa chaqueta del agente Dillon. Suponía por sus palabras que
veían en la D.E.A. a uno de sus enemigos, por lo que entendí que había caído
en manos de narcotraficantes.




Quieto Cacho. Una rehén no nos va a venir mal si Ortega nos rodea…




Parecía la voz que había escuchado en las cintas, y la sentía cada vez más
cerca, hasta que estuvo completamente detrás de mi cabeza:




Dese la vuelta lentamente, y no haga nada extraño…




Estaba asustadísima, y poco a poco me fui girando, hasta que delante de mí
tuve esa cara amenazante. Era la cara del hombre que el Coronel Winter me había
enseñado en fotos. El miedo no me permitía pronunciar palabra, y comencé a
orinarme en los pantalones. El resto de hombres comenzaron a reírse, mientras
aquellos ojos encolerizados, me miraban fijamente, hasta que de un violento
movimiento, me dio un fuerte revés en la cara que me hizo perder el
conocimiento.


Cuando recobré el sentido, pensé por un momento que estaba flotando en el
aire, pero cuando realmente fui consciente de lo que ocurría me puse muy
nerviosa. Tenía las manos y los pies amordazados, y los ojos y la boca tapados.
Notaba como alguien me llevaba agarrada por hombros y piernas en la parte
posterior de su espalda como si fuese una presa de caza. Tenía que ser alguien
muy fuerte, y aunque comencé a moverme como pude no era capaz ni de
desestabilizar a mi captor. Víctima del pánico intentaba gritar, pero he de
suponer que estaba desperdiciando fuerzas de la forma más tonta, pero esas
cosas no se piensan en esos momentos. De repente noté como el hombre que me
llevaba me dijo que era mejor que me estuviese quietecita si no quería aparecer
muerta en el Cauca.


No sabía que era el Cauca, pero aún así, aquellas palabras me
impresionaron totalmente y hoy todavía resuenan en mi cabeza. No fui capaz de
moverme en todo el camino aún sabiendo que acababa de ser secuestrada y
desconocía por completo lo que me deparaba el destino.


Los hombres no pararon de andar en ningún momento, y de vez en cuando les oía
hablar en voz baja, pero no conseguía llegar a entender ni la mitad de las
cosas que se decían. Sólo escuché algo así como: "..… la hacienda más
rápido…"... Supuse que nos dirigíamos a alguna hacienda o finca dónde
ellos se encontrasen seguros de sus perseguidores.


Una vez llegamos al lugar, y no sé cuánto tiempo transcurrió pero fue una
eternidad, escuché de nuevo la voz de Castro ordenando al hombre que me llevaba
en sus hombros que me bajase al sótano.


Oí como abrían una especie de compuerta o trampilla en el suelo, y como bajábamos
por una escalera. Me puso sobre una silla y no me dijo nada. Escuché sus pasos
alejándose, y el fuerte golpe de la compuerta cerrándose.


Ahí pasé unos días supongo, porque para mí fueron meses, y sin duda
alguna los peores momentos de mi vida. Les conté todo lo que sabía y
comprobaron con mi documentación que podía ser cierto lo que les estaba
diciendo, pero no les hacía ninguna gracia el que yo no reconociese que
pertenecía a la DEA. Esos si que fueron malos momentos que no me apetece
detallar, pero recibí muchos golpes y tormentos. A veces prefería que de una
vez por todas me pegasen un tiro y acabasen con mi suplicio, pero lo increíble
era que Castro se interponía delante de sus violentos hombres salvándome la
vida en más de una ocasión.


Había uno en especial que me causaba un gran temor. Le llamaban Indio, y si
por él hubiese sido yo habría muerto a las primeras horas de estar allí. A
veces, en mi presencia, discutía acaloradamente con Castro sobre por qué no se
me podía matar, ya que según él, alguien de la D.E.A. nunca hubiese dudado en
asesinar a alguno de los allí presentes si se hubiese dado la oportunidad.




¿Qué ocurre Patrón, usted nunca ha dudado con estas cosas?. Hay que
deshacerse de ella ahora mismito…


Déjalo estar Indio, de momento necesitamos saber si nos dice la verdad y
qué nos diga todo lo que sabe.


¿Qué más da eso Patrón?. Ella vino a matarle a usted y usted le está
perdonando la vida…


"..Tranquilízate Indio".., gritó Castró. "..Súbete a la casa
y descansa un rato."..


"..Si Patrón, écheme de aquí y quédese a solas con la putita.
Espero que sólo quiera saber la verdad que esconde esa zorra, y no haya
nada más…, sino estamos perdidos".., dijo Indio mientras subía las
escaleras.




Castro le miró fríamente pero no le dijo nada, y me extrañó que
permitiese algo así de uno de sus subordinados, pero supuse que más tarde
aclararían quien es el que manda. De todas formas, aquellas palabras de Indio
me hicieron ver un poco el porqué yo a estas alturas todavía seguía con vida,
pero a la vez me aterroricé de pensar que podría terminar siendo la fulanita
de un narcotraficante.


Tener secuestrada en tierras colombianas a una civil norteamericana no era un
buen trago para las autoridades colombianas, por lo que la presión policial se
incrementó, publicando fotos mías en algunos periódicos como El Colombiano o
Medellín Cívico que fueron los que uno de los hombre le enseñó a Castro
justo delante de mí. Eso a mis captores no les resultaba nada gracioso como es
evidente, y cada vez se encontraban más nerviosos por la situación, hasta que
una noche, me sacaron del cuarto y me metieron en un avión de carga junto a dos
de mis carceleros.


Volábamos muy bajo, y tras unas horas de trayecto el avión aterrizó en una
zona libre de vegetación. No sabía dónde estaba, pero tiempo después supe
que se trataba de un lugar cercano a la ciudad de Pasto. Me pusieron una capucha
negra, y me llevaron a pie por entre la espesa vegetación, hasta llegar a un río
donde nos estaba esperando una barcaza. Saludaron al hombre que estaba allí, y
me empujaron para que subiese a la embarcación. Estaba completamente
desorientada. Me quitaron la capucha, y nuestro nuevo viaje por el río comenzó.


El hombre de la barcaza les comentaba que el trayecto por el Putumayo (supuse
que era el nombre del río) iba a ser largo, y que tardaríamos unos días en
llegar a Santa Clara, dónde dejarían la carga de troncos que transportaban,
que más que una carga era un señuelo.


Estaba muerta de miedo, y navegar con esa completa oscuridad por un río
acompañada de unos matones era superior a lo que yo podía soportar, aunque lo
peor estaba por venir. Al llegar el día, el sol comenzó a calentar con fuerza.
Enormes mosquitos me picoteaban la piel ya que no podía quitármelos de encima
al tener las manos atadas, y se podían ver algunas serpientes nadando por el
agua. Yo intentaba refugiarme lo más posible dentro del barco. Los hombres bebían
algo de una botella, y se rieron de mí cuando les supliqué que me diesen algo
de agua.




Tienes calor gringa. Pues lo que deberías hacer es quitarte un poco de
ropa, seguro que así sudas menos.




Se reían frívolamente de mí, a la vez que uno de ellos se acercó a lo que
quedaba de mi blusa, y tirando de ella me arrancó lo poco que me cubría
dejando casi la totalidad de mi cuerpo al descubierto.




¿A qué ya no sudas tanto gringa?


Por favor déjenme en paz, por favor no me hagan daño


"..No me hagan daño, no me hagan daño…".., dijo burlonamente
abalanzándose sobre mi sujetador y tirando de él con todas sus fuerzas
hasta que consiguió romperlo, dejando mis pechos al descubierto.




Me agarró un pecho con fuerza, y me dijo: "..Vaya con la
norteamericanita, seguro que se siente calientica con esto…"..




No por favor déjeme…


Pues si no te callas de una puta vez vas a saber lo que es una buena
cogida porque me siento muy arrecho, y tú, putita, eres la única mujer por
aquí…


Vamos Miguel déjala, ya sabes lo que dijo el Patrón. Tiene que llegar
en perfecto estado a Leticia.


El Patrón no está aquí para ver lo que pasa. La gringa va a llegar
bien a Leticia, Juanele, pero antes me va a pegar una buena mamada. ¿A que
sí gringa?. Seguro que nunca has visto una verga como la mía…




Justo cuando comenzaba a desabrocharse el pantalón, el otro hombre sacó su
pistola, y amenazó a Miguel obligándole a que me dejase.


El viaje prosiguió, hasta que fui notando como mis fuerzas decaían y una
fuerte tos se apoderaba de mí. Debía haber cogido alguna enfermedad, y poco a
poco comencé a notar como la fiebre se adueñaba de mí hasta que terminé por
desfallecer.


- "..John, ¿dónde estás?. Te necesito…".., pensé para mí antes
de caer rendida por la intensidad de la fiebre.


 ..


 ..


Leticia, frontera Perú-Brasileño-Colombiana


Lentamente fui abriendo los ojos en un estado de semiinconsciencia sin saber
muy bien dónde estaba ni qué había ocurrido. Mi cabeza daba vueltas como si
me encontrase con una fuerte resaca. Poco a poco fui recuperando la conciencia
hasta que "..desperté".. por completo de mi atontamiento.


La estancia parecía no tener ninguna ventana, y había una puerta cerrada
que dejaba entrar una especie de luz roja por la parte de abajo. Yo tenía un paño
húmedo en la frente, y estaba completamente desnuda dentro de una especie de
cama, con una leve sábana tapando mi cuerpo. El brazo que me había roto al
estrellarse el helicóptero lo tenía fuertemente vendado, aunque lo notaba
dolorido.


Me incorporé como pude, y tras una leve sensación de mareo, conseguí
sentarme en la cama.




"..¿Dónde estoy?, ¿dónde están mis carceleros?, ¿qué me ha
pasado?…".., me pregunté




Lo último que recordaba era mi mal estado de salud viajando amordazada por
un río en compañía de tres matones. Y ahora, de repente, estaba sola en un
pequeño cuarto más o menos recuperada de mi enfermedad.


Intenté buscar algún interruptor de luz o algo similar, y fui palpando por
la pared hasta llegar a la puerta, pero por allí no había nada, o yo no pude
encontrarlo. Regresé a la cama, y cogí la sábana para taparme el cuerpo. Volví
hacia la puerta, y respirando profundamente tiré del pomo para entreabrirla mínimamente.


Se veía un pasillo de unos diez metros con varias habitaciones a ambos
lados, y estaba iluminado por unos cuantos farolillos rojos. Al fondo, y tras
una leve cortinilla, se escuchaba música y un gran jaleo, como si aquello fuese
un bar o algo así. Abrí un poco más la puerta, consiguiendo que mi habitación
se iluminase algo más y así poder ver dónde estaba. Al fondo, en la pared,
había apiladas unas cuantas cajas de whisky y de otros licores. Al pie de la
cama, encima de una pequeña butaca, estaba mi ropa. Cerré un poco la puerta,
dejando entrar un poco de luz para poder vestirme. La verdad que mi ropa estaba
hecha un asco y olía fatal, pero era mía y me sentía muy contenta por haberla
encontrado. Las bragas no estaban, por lo que supuse que se habrían deshecho de
ellas, y el sujetador tampoco, aunque tras mi última experiencia en la barcaza,
no creo que me sirviese para mucho. Me puse los pantalones y me abroché los dos
únicos botones de la blusa que todavía seguían en su sitio. Miré debajo de
la cama por si encontraba mis zapatillas, pero a primera vista, y con tan poca
luz, no había ninguna rastro de ellas. Bueno, me daba igual, bastante
penalidades había pasado como para estar preocupándome de unas zapatillas.


Me dirigí de nuevo a la puerta, y me dispuse a salir sin armar mucho ruido.
Miré por la pequeña abertura y vi que no había nadie. Ese era el momento,
pero justo cuando comencé a abrir más la puerta, alguien movió la cortina del
final del pasillo por lo que tuve que echarme atrás. Continué mirando para ver
quien era, y vi como una preciosa muchacha de piel bronceada, que iba vestida de
putita barata, sonreía al lado de un hombre enormemente corpulento ataviado
completamente de negro. Ambos avanzaban por el pasillo, y mi corazón comenzó a
acelerarse con la simple idea de imaginar que se dirigiesen hacía mi cuarto. El
hombre llevaba una botella en la mano, y agarraba a la chica del culo, mientras
avanzaban por el pasillo. Se pararon a la mitad mirando hacia una de las
habitaciones, y señalando algo que había dentro, comenzaron a reírse
enormemente. Luego prosiguieron andando, cerré la puerta suavemente y me metí
en la cama por si aquellos dos venían a mi habitación. Estaba más que
nerviosa, y recé todo lo que sabía con tal de que esa puerta no se abriese y
me descubriesen en aquella situación.


Pasó un rato y allí no sucedió nada, pero comencé a oír las mismas risas
de antes en el cuarto de al lado. Me envalentoné todo lo que pude y me dirigí
otra vez a la puerta. Volví a entornarla, y ahora sí que no había nadie. Salí
lo más despacio posible, y pegándome a la pared, avancé hasta llegar a la
altura de las dos primeras puertas que había en el pasillo, una a cada lado.
Por las carcajadas, suponía que la parejita que había visto antes se
encontraba justo en la habitación de la derecha. No había puertas en ninguna
de ellas, y sólo las separaba del pasillo, una cortinilla de tiras de colores.
En la habitación de la izquierda también se escuchaba algún ruido, por lo que
debía andarme con mucho cuidado para no ser descubierta.


Me agaché, y comencé a asomar mi cabeza por entre las primeras tiras de la
cortinilla. Allí estaban esos dos riéndose del mundo. Él estaba echado en una
silla, bebiendo directamente de la botella que tenía. Ella, linda como pocas
muchachas yo había visto, estaba de pie delante de él, moviéndose
sensualmente mientras el la gritaba:




Vamos nenita, quítatelo todo…




Ella se giró dándole la espalda, y dejándole el culo muy cerca de su cara,
cosa que él aprovechó para mordisqueárselo salvajemente. Poco a poco se fue
bajando la minifalda, y al hombre se le salían los ojos de las órbitas. Dejó
su lindo culo al descubierto, ya que no llevaba ropa interior, y el hombre
comenzó a besárselo como un poseso. Ella prosiguió con su danza y se quitó
el top rosa que llevaba, dejando libres sus pequeños pero bien contorneados
pechos. Ella continuaba danzando sensualmente hasta que el hombre, completamente
fuera de sí, la agarró y la puso encima de él sobándola por todo el cuerpo.
Cogió el poco licor que quedaba en la botella y se lo echó por entre los
pechos, lanzándose segundos después a succionárselos para no desperdiciar el
líquido.


Ese era mi momento de avanzar, e intentando hacer el menor ruido, pasé
agachada hasta el otro lado del marco. Ahí respiré tranquila, pero debía
tener cuidado por si me veían los que estaban justo en la habitación de
enfrente. Continué agazapada, y pude ver en esa habitación, a un señor
bastante gordo, desnudo por completo, y tumbado encima de la cama. Una chica de
baja estatura, también completamente desnuda, que parecía indígena, le
agarraba el pene con las dos manos y le masturbaba con todas sus ganas para ver
si conseguía que se le pusiese dura, pero el hombre parecía tan bebido que iba
a resultar una tarea complicada. Él le estrujaba el culo a la vez que la
incitaba a que siguiese trabajando en su miembro. La chica se sentó a
horcajadas encima de la enorme panza del individuo, inclinándose hacia delante
para agarrarle el miembro y continuar masturbándole. Él la agarró de la
cintura con ambos brazos, y la movió violentamente arriba y abajo como si de
una especie de rodeo se tratase, mientras que ella en ningún momento soltaba la
polla del individuo.


Madre mía, no sé como había llegado a ese sitio, pero me estaba empezando
a imaginar lo peor, y sólo el hecho de pensar que me habían llevado a un prostíbulo
de mala muerte para usarme como carne para borrachos y maleantes no me hacía
ninguna gracia.


El gordo continuaba moviendo a la chica a su antojo, hasta que de un fuerte
tirón, la llevó hacia él, dejando el culo de la chica justo encima de su
boca. El hombre sacó la lengua y comenzó a lamerle el trasero, a la vez que
ella se acariciaba los pechos tras haber perdido la flácida polla de entre sus
manos.


Avancé hasta la siguiente puerta, y antes de asomarme pensé: ".. Bueno,
a ver que me espera ahora…"..


Asomé la cabeza por entre las tiras, y pude ver a un hombre alto y moreno,
completamente desnudo, y con un montón de cadenas de oro en el cuello. Parecía
un tipo con más clase que los anteriores, y estaba de pie con su miembro
completamente erecto. Una mujer morena, algo rellenita, y con unas enormes
tetas, le lamía los testículos, mientras otra chica, también morena y con
unas grandes tetas, le besaba en la boca a la vez que le masturbaba con una
mano.


Joder, siempre me había costado admitir un poco todo estos asuntos
relacionados con la pornografía y la prostitución, y ahora estaba viendo en
vivo y en directo como un montón de mujerzuelas ejercían su trabajo con todo
tipo de individuos mientras éstos pusiesen el dinero sobre la mesa. Yo no había
nacido para eso, y tenía clarísimo que debía salir de aquel antro lo más rápido
posible, ¿pero dónde podía ir?. Daba igual, lo importante era desaparecer.
Supuse que por ahí cerca habría policías o militares.


Aquellas dos seguían jugueteando con el hombre. Ahora estaban las dos de
rodillas en el suelo, peleándose amistosamente por comerse aquel trozo de
carne. La más rellenita le lamía los testículos y poco a poco subía con su
lengua a lo largo de todo el aparato. La otra pasaba la punta de su lengua por
el glande del tío, que gemía como un loco viendo a aquellas dos chuparle la
polla. Este debía ser el espectáculo del que se reían los dos que vi entrar
por el pasillo. Menudo trío formaban éstos, era de risa. El hombre no paraba
de decir:




Me gustan las fiestitas con dos buenas mamadoras. Vamos, vamos sigan
chupando sigan, aahhhh…


"..Ohhh siiiiii, me gustan las vergas bien paraditas y bien
gruesas…".., decía una de ellas con voz de actriz.


Ya sé que os gusta mi verga, y por eso os pago, para que la maméis
bien…




Una de ellas se metió por completo la polla en la boca, mientras la otra
continuaba lamiéndole los huevos y la entrepierna.


Vaya estampa, pero la verdad es que ver a estos tres hizo que apareciese una
pequeña sonrisa en mi cara, algo que durante mucho tiempo no hacía presencia
en ella.


Tenía que seguir, y pasé hacía el otro lado de la puerta bastante
tranquila, por que estaba claro que estos tres no se iban a enterar de nada.


En la puerta de enfrente a la del trío había una pareja completamente
desnuda durmiendo en la cama, supuestamente después de haber hecho su
correspondiente faena. Estaban de lado, y él tenía un brazo por encima de
ella, impidiéndola que se moviese lo más mínimo mientras dormía. De repente
noté como ella, con el mayor sigilo, intentaba acercar los pantalones de él
que estaban por el suelo. Una vez que los tuvo, sacó la cartera y le robó
algunos dólares. Se los guardó en la mano, y fingió seguir durmiendo.


Bueno, dos menos de los que me tenía que preocupar. Ahora sólo quedaban las
dos últimas habitaciones para llegar al final del pasillo. No sabía que había
detrás de la cortina que separaba ambos ambientes, pero esperaba que hubiese el
suficiente jaleo como para que nadie se diese cuenta de mi presencia y poder
salir lo más rápido posible.


Me aproximé a la habitación que correspondía, y como en las anteriores
ocasiones, asomé la cabeza. Pude ver como una mujer cabalgaba con todas sus
ganas encima de un hombre bajito con cara de pocos amigos. La mujer tenía unos
pechos enormes que se movían rítmicamente arriba y abajo con las embestidas
que ella misma se proporcionaba. El hombre intentaba comerle las tetas con la
boca, pero se movían demasiado como para poder atraparlas. Las agarró con las
manos y apretó con todas sus ganas, mientras la mujer gemía indicándole lo
mucho que le gustaba.


A una señal de él, la mujer dejó la cabalgada, y se giró sobre sí misma
para ofrecerle al hombre la imagen de su trasero y su coño completamente húmedo.
Rápidamente se fue echando para atrás hasta dejarle al hombre el coño a la
altura de su boca. El hombre comenzó a lamerla a la vez que la separaba los glúteos
con sus manos. Ella se abalanzó sobre la tiesa polla, y comenzó a chupársela
a la vez que le masturbaba con una de sus manos.


Todo esto estaba empezando a despertar en mi una pequeña excitación, y me
enfadaba conmigo misma al ver que no podía pensar en estas cosas mientras mi
vida estaba en juego. Tenía toda la razón, pero muchas veces es muy difícil
engañar a la mente, y realmente aquello me estaba dando una pequeña alegría.


La parejita seguía lamiéndose recíprocamente, a la vez que la mujer movía
sus caderas para facilitarle al hombre su trabajo bucal. Ella a su vez seguía
mamándole con gran maestría, y era de esperar que ese hombre se corriese a la
primera de cambio, y así fue:




"..Me voy, me voy…".. dijo el hombre.


Si cariño, muy bien, muy bien, derrámate que me voy a tomar toda tu
lechita….




La mujer se metió la polla hasta dentro y comenzó a chupársela a toda
velocidad a la vez que formaba un anillo con dos de sus dedos para seguir
masturbándole al mismo tiempo que el hombre se corría dentro de ella entre
gritos de placer, y no era para menos, porque en mi vida había imaginado que
alguien pudiese mamar una polla con tanta profesionalidad y destreza.


Aproveché para pasar por delante de la habitación sin que se diesen cuenta,
y en vez de dirigirme hacia la cortina que separaba las dos estancias, mi
curiosidad acompañada de mi extraña excitación, hizo que me fijase en lo que
estaba ocurriendo en la habitación de enfrente.


Había una mujer de piel bronceada puesta a cuatro patas, mostrando todo su
sexo a un hombre moreno y con bigote que se masturbaba con la visión de aquella
mujer completamente abierta para él. Se acercó hasta ella, y comenzó a
lamerle el ano, a la vez que ella empezaba a emitir unos extraños sonidos
guturales en señal de goce. El hombre cogió uno de sus dedos y se lo metió
por la vagina, a la vez que seguía lamiéndole el ano. Ella gemía de placer, y
el hombre la insertó otro dedo.


Yo estaba cada vez más excitada, y no era para menos. El hombre le sacó los
dedos del coño, y comenzó a rondar con ellos el agujero trasero de la chica,
hasta que le metió un dedo hasta dentro. Ella pedía más guerra, y el hombre
ni corto ni perezoso, se puso de pié, y mojándose la punta del pene con su
propia saliva, se dispuso a meterle al aparato por el culo.




Quieres que te coja por el culo, ¿ehhhh?


Ohhh si papito, cógeme, soy tuya…


Pues como tu quieras. Voy a culiarte como nunca nadie te ha culiado…


Siiii, por favor….




El hombre acercó su miembro a la entrada y apretó con ganas. Entró casi la
mitad del pene sin ningún problema, y tras varias embestidas la chica tenía
todo el aparato metido en su culo.


El hombre continuaba con las embestidas hundiéndosela hasta el fondo en cada
una de ellas, mientras la mujer gemía de placer indicándole que siguiese así.




Muy bien papito, sigue, sigue así…


"..Me voy, me voy a ir…".., dijo él con voz entrecortada


Ohhh si papito, vente ya, vamos….




La mujer dejó su postura, y se giró para poner su cara a la altura de la
polla del hombre:




Vamos papito, derrámate en mi cara…




El hombre se masturbaba a toda velocidad, y tras un fuerte gemido, comenzó a
lanzar chorros de semen por encima de la cara de la chica, que giraba la cabeza
intentando tragarse aquellos que podía. Una vez el hombre acabó, ella se lanzó
a chuparle la polla, hasta que la erección fue bajando lentamente.


Me acerqué a la cortina, y muy despacio, la entreabrí para ver que había
allí. Era una especie de bar de madera, como el resto del pasillo, con muy poca
luz, y con algunas chicas mulatas o indígenas, bailando medio desnudas en una
tarima mientras los tíos, medio borrachos, las decían de todo a la vez que bebían
sin parar. Había una pequeña barra de la que se encargaba una mujer mayor, y
una cuantas chicas vestidas de putita, hacían su trabajo camelando a los
hombres para que consumiesen copas.


Casi todos los hombres que había tenían pinta de mafiosos, unos más y
otros menos, pero este parecía ser el lugar de diversión de todos los
maleantes de la zona.


La salida estaba justo al lado de una escalera que subía a la parte de
arriba de la casa, más allá de la barra. Esto iba a ser muy complicado, pero
debía intentarlo, aunque era muy difícil que una mujer pasase inadvertida
entre tanto borracho salido.


Ahora o nada, y me puse a contar hasta tres para salir:




Una,…dos,…y,…tr…




De repente alguien me agarró del pelo, y empujándome hacia la parte de
fuera gritó:


- Mirad lo que he encontrado aquí…


 ..


Continuará…



 

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