Moldeando a Silvia (06)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Le había costado un esfuerzo ímprobo salir de casa. Se había
dormido tarde, y tras despertarse había pasado una hora dando vueltas sin
lograr decidir qué ponerse. Lo de las botas fucsia lo complicaba todo de una
manera tremenda. Estuvo tentada de vestirse directamente como una puta.. los
hombres solían asustarse de las mujeres de bandera que vestían muy
provocativas, pero al final desechó la idea. Se estaban juntando demasiados
hombres que no la veían nada inalcanzable.


 ..


Las botas tenían una cremallera larga que subía casi desde
el tacón hasta la mitad de los muslos, y el color tampoco ayudaba. Se había
colocado con ellas ante el espejo del armario y había estado haciendo pruebas.
Finalmente se decidió por la falda negra hasta las rodillas y la camisa granate
que ahora llevaba puestas. A pesar de la agotadora noche pasada y de las
dificultades de vestuario había logrado estar presentable.


 ..


Nada más llegar a la empresa, aparcar el coche, se llevó el
primero de los golpes de cuántos había de depararle el día: Justo enfrente
estaban colocando un cartel gigantesco de los del Ron Maracagua. El corazón le
dio un vuelco. Tal como le prometieron su cara iba en sombras, pero casi podían
adivinarse los rasgos... El resto era... estremecedor. Ella estaba bajo una
palmera, sentada en la posición del loto, mostrando a plena luz sus pechos y
con una copa, llena de cubitos de hielo tapándole el sexo. Bajo la copa podía
leerse un rótulo que decía: "..Bébeme"... La cara se le puso del color
de las botas. ¿La reconocería la gente? Desde luego era seguro que los del
laboratorio fotográfico la habían reconocido.


 ..


Tuvo que respirar hondo varias veces y hasta que apoyarse en
el coche para no caer. Segundos después se recuperó, al menos físicamente y
fue capaz de entrar en el edificio. Sentir los ojos de la gente clavados en
ella, preguntarse si la estaban comparando, naturalmente no fue agradable.


 ..


Sólo experimentó algún alivio cuando logró cerrar tras
ella la puerta de su despacho.. total, nadie le consultaba nada, si todo discurría
con normalidad podría estar tranquila hasta la hora de la salida. Pero no, las
cosas no salieron así ni mucho menos.. aún no había conseguido llegar a su
sillón cuando oyó que la puerta volvía a abrirse y la voz de Jorge a su
espalda:


 ..


Ah, buenos días, querida. Me ha contado Alberto que
estuviste de fiesta anoche, y hasta el pequeño incidente del calzado... espero
que lo pasaras bien.


Lo pasé estupendamente, hijo de puta —le respondió Silvia
que estaba de demasiado mal humor para medir sus palabras.


Desde luego vaya modales que gastas. Esa forma de hablar no
es propia de la directora de un sitio como este, más bien es propia de... Pero
dejemos eso. Te he visto pasar y he entrado a decirte que no llevas las botas
correctamente puestas, deben verse en toda su longitud, te recomiendo las mallas
o las faldas cortas.


 ..


Sí, claro, faldas cortas o mallas, pensó ella.. para que
fuera exhibiendo permanentemente su desgracia.. llevar aquellas botas siempre,
para que ni dormida pudiera olvidarse de su situación. Ya se imaginaba que algo
así le diría. Mientras hablaba había ido acercándose a ella y ahora le
acariciaba el trasero sin disimulo. La carne parecía arderle allí dónde tenía
la mano.


 ..


Sí, vale —respondió ella echándose atrás— veré lo
que puedo hacer a partir de mañana.


Bien, estoy seguro de que encontrarás algo más adecuado en
tu ropero. Aparte de eso hay otro pequeño asunto...


 ..


¿Otro asunto? ¿Y qué otro asunto podría haber? ¿Qué
nueva tortura le tendrían preparada? Se dejó caer abatida en su sillón e hizo
la pregunta intentado aparentar indiferencia:


 ..


— ¿De qué se trata?


¿Recuerdas a Pedro, el guionista? —Le preguntó Jorge, a
su vez.


 ..


Sí, claro que lo recordaba. Era un cuarentón bastante feo,
y tímido al que sólo veía de tarde en tarde. La zona del edificio en la que
trabajaba quedaba bastante apartada. Parecía un tipo bondadoso, uno de esos
hombres cuya pusilanimidad la asqueaba.


 ..


¿Y qué pasa con él?


Con él, lo que es pasar no pasa nada, pero pasará —dijo
Jorge, apoyando sus palabras con un gesto autoritario—. Pasará que te lo vas
a ligar en la media hora del bocadillo y te lo vas a llevar a la cama. Él sale
a las dos, y a ti te damos la tarde libre para que puedas "..atenderlo"...
Queda citada con él para la hora de la salida. Es... eres una pequeña
sorpresa.. no sabe absolutamente nada.


 ..


Al menos era sólo un hombre, pensó Silvia, aunque eso sí,
cuidadosamente elegido para serle desagradable. Pero ella, al fin y al cabo, no
era ninguna niña mojigata... Eso podría hacerlo, sería asqueroso, pero podría.
Desde luego ni se le pasaba por la imaginación negarse, sabía positivamente
que, si lo hiciera, ellos tardarían minutos en encontrar algo mucho más
degradante a lo que obligarla.


 ..


¿Y si no consigo enrollarlo? ¿Si no acepta la cita?


Silvia, demonios ¿Es que tienes que estar siempre poniendo
objeciones? Los dos sabemos perfectamente que para mujer como tú ligarse a
alguien como Pedro es como pescar en un barril.


 ..


Sí, eso era cierto. Sacarle una cita a Pedro, probabilísimamente,
iba a ser pan comido. Lo otro... bueno, lo otro ya sería una mera cuestión de
estómago y, después de lo que llevaba pasado, no cabía duda de que era capaz
de resistirlo. Podía hacerse.


 ..


Bueno, visto que no tienes ninguna duda me largo —dijo
Jorge, a modo de despedida— Ah, y me parece todo un progreso que, al menos por
hoy, no haya tenido que amenazarte con nada. Veremos que tal te portas—. Un
instante después salía del despacho.


 ..


Por primera vez en los últimos días tuvo Silvia ocasión de
pasar sola un rato. Los acontecimientos se habían sucedido vertiginosamente sin
que le hubiera dado tiempo siquiera a llorarlos, mucho menos a reflexionar sobre
ellos. Las lágrimas era mejor dejarlas para luego, pero reflexionar, en cambio,
era vital en la situación en que se hallaba, el único camino hacia liberarse.
Se respaldó en el sillón e hizo firme propósito de no dejarse dominar por el
dolor ni por la emotividad.. era dura, pero no tanto como para atreverse a
revivir la cadena de vejaciones que llevaba sufridas.. ya era suficiente con que
esas imágenes la acosaran en sus pesadillas, despierta... despierta le urgía
demasiado encontrar soluciones como para poder permitirse el lujo del recuerdo.


 ..


Para empezar, era evidente que algo se estaba cociendo
respecto a ella. La habían dejado en paz durante casi quince días, y después,
a partir de la salvajada de casa de Alberto, la catarata de amenazas y
humillaciones no había cesado ¿Por qué ese cambio de estrategia? ¿Tan
vulnerable la habían visto? Y ahora, nada más llegar, se veía empujada hacia
la cama de Pedro ¿Por qué razón?


 ..


Había algo de todo aquello que se le estaba escapando, algo
crucial. Anoche, al final las cosas casi llegaron a enmendarse. Por supuesto lo
de Pablo y Quique, sus cuchicheos, había sido horrendo.. pero, en cuanto dejó a
Rita en el sillón que presidía el acto, pudo ir al excusado, enjuagarse la
cara y regresar de otro talante. Alberto, una vez hecha la faena, había
desaparecido si dejar rastro y eso la ayudó a tranquilizarse. Motivos para
estar asustada le sobraban, pero después de todo no era seguro que nadie se
hubiera fijado en su mancha, ni mucho menos que fuera eso lo que Pablo y Quique
comentaban. Había estado demasiado obsesionada, nerviosa, como para poder
interpretar los hechos correctamente.


 ..


En la cena, la habían puesto al lado de un antiguo conocido
que era abogado, y había pasado charlando con él el resto de la noche, hasta
habían bailado juntos. Valiéndose de artimañas, y de modo informal, había
aprovechado para sacar a colación que a un empleado suyo le habían robado un
reportaje fotográfico, que la ladrona era una examante, y que el reportaje
estaba registrado ¿Merecía la pena denunciarla? Él le respondió que sí, que
hechos de esa clase podían y debían denunciarse, que la única pena era las
limitaciones que tenía la Ley de la Propiedad intelectual, y que a la
susodicha, si carecía de antecedentes, difícilmente le caería más que el
pago de una multa y una indemnización.


 ..


Había respirado aliviada y, de manera casual, había logrado
resolver sus dudas legales sin ningún coste. Lógicamente, lo que la ley no podía
prever era el precio social que una mujer como ella tendría que pagar por verse
sometida a un proceso de esa índole, y mucho menos por perderlo. A pesar de
haber despejado esa incógnita, no dejaba de reconocer que se le estaban
acumulando demasiadas preguntas, la más delicada quizás la de no saber si había
sido verdaderamente casual la aparición de Alberto en el club y, si no, el
motivo. Se le antojaba difícil que conociera a Quique de antes, y casi
imposible que fueran cómplices. Pero aún había más: Jorge había dicho algo
que merecía la pena pensar con cuidado, había dicho que Pedro no sabía
absolutamente nada. Si era cierto, eso quería decir que no todos los empleados
estaban al tanto de su situación, probablemente sólo la conocerían aquellos a
los que quiso despedir.. pero los otros, a lo sumo, escuchaban música y no sabían
por dónde.. ese era un escenario bastante menos malo que el que había creído
hallarse. Bruscamente, el timbre del teléfono sonó a su lado y ella,
sorprendida, dio un respingo. Carraspeó un par de veces antes de cogerlo.


 ..


¿Silvia? —Dios, era su padre.


Sí, papá, soy yo ¿Cómo estás?


¿Cómo quieres que esté? Hecho unos zorros —respondió el
viejo—¿Por qué te has prestado a que te hagan fotos como la del cartel del
Ron?


No me presté, papá, la modelo se parece un poco a mí, nada
más.


No me niegues lo evidente, y menos aún pretendas que yo no
reconozca a mi propia hija, ni el trabajo de mis profesionales. Además ¿Por qué
estás haciendo lo contrario lo que dijiste que harías, por qué no estás
reestructurando la empresa?


Papá, por Dios —respondió ella, con tono cansado—
hiciste demasiadas cosas bien como para que me sea fácil cambiarlas de un
plumazo. Todo era más sencillo desde fuera.. este sillón te hace cambiar la
manera de ver las cosas. Deberías saberlo.


No intentes darme coba —respondió su padre—. Ahí están
sucediendo cosas muy raras y mañana, al medio día, me haré llevar al
despacho. Me lo explicarás todo, y si encuentro lo más mínimo que me
desagrade, volveré a ocupar yo la dirección. Adiós.


¿Papá, papá? —El tono de vía libre fue la única
respuesta, había colgado.


 ..


Mierda. Si había algo que no se sentía capacitada para
resistir era el tener a su padre, en su silla de ruedas, husmeando por los
pasillos. Tardaría minutos en darse cuenta de que aquello era un patio sin
vallar, y de que ella no tenía ni idea de qué se estaba haciendo. La mandaría
a enterrarse a Villamela, a la casa familiar, para que vistiera santos allí
junto a su hermana Alicia y con los loros del pueblo. Y eso era sin ponerse en
lo peor, sin que descubriera lo que en realidad le estaba pasando... porque si
sobrevivía sólo media hora a ese descubrimiento era seguro que la desheredaba,
que dejaba de considerarla su hija y se desentendía hasta de sus gastos (que no
eran pequeños).


 ..


Lo mirara por dónde lo mirara su padre, involuntariamente,
era quien debilitaba su posición hasta un extremo insostenible. En realidad,
había sido por él que estaba metida en ese atolladero.. porque fue su salud, el
disgusto que se llevaría, el argumento definitivo que usó Jorge cuando estaba
a punto de irse de casa de Alberto. De no ser por él se habría negado a entrar
en el juego, habría asumido el daño de una denuncia por plagio y las cosas serían
muy distintas. La solución más sencilla: contar la verdad, suplicar la ayuda
de su padre, se le antojaba tan aterradora como el mismo chantaje que la hacía
necesaria.


 ..


De pronto, una idea cruzó por su mente: Carditone, ese era
el nombre de las cápsulas que él debía tomar cuando tenía un ataque. Total
¿qué más daba? Si se enteraba de lo que le estaban haciendo Alberto y Jorge
se moría sin que cupiera duda ¿Qué tenía de malo que falleciera, con menos
dolor, antes de cambiar el testamento? ¿Qué tenía de malo que no llegara a
saber del infierno por el que atravesaba su hija? Obviamente nada. Y además,
podía ser todo tan fácil... tan fácil como coger las cápsulas y rellenarlas
de azúcar. Iba a venir mañana a verla, y era seguro que se iba a alterar
mucho, iba a necesitarlas... Además, también sucedía otra cosa: si él moría
ella volvería a ser una mujer libre. El robo del reportaje la marcaría, pero
podía zanjarse con dinero.. el material pornográfico arruinaría para siempre
su vida social, pero seguiría siendo la propietaria de una empresa como
Publicidad Setién, eso nadie podría quitárselo. Conservar la empresa
significaría seguir teniendo ante sí una vida, no tan prometedora como la de
antes, estaba claro, pero era joven y acabaría por rehacerse. Se le hizo un
nudo en la garganta: La muerte de su padre era la llave de su libertad.


 ..


Llegar a esa conclusión le produjo una enorme inquietud.
Ella podía ser fría, incluso despiadada, pero nunca antes había pensado en
matar a nadie, y mucho menos a su propio padre. En cierto modo la idea la
sobrecogía, su irreversibilidad la aterraba, pero muchos motivos de orden pragmático
le exigían llevarla a cabo. Un solo momento podía valerle una vida.. jamás haría
mejor negocio. Por suerte estaba acostumbrada a dejar al margen sus emociones, a
no sucumbir a los embates de su sensibilidad (rara vez demasiado intensos).. sólo
el tiempo lograba mediar entre el raciocinio y el acto. Abrió el cajón de la
mesa y extrajo el tarro de cardiotone, se quedó mirándolo unos segundos. Se
daba cuenta de que aquel era un paso de enorme gravedad, cuyos riesgos y
consecuencias debería sopesar con cuidado.. pero la situación era tan
desesperada... Su padre vendría mañana, y eso le imponía un plazo brevísimo.
Tenía que actuar o asumir el desastre, no le quedaban más opciones. Además,
ella sospechaba que sólo existía una forma de matar: abandonar toda duda y
operar con una precisión fanática. Actuar, actuar, esa era la única forma de
salir de la trampa.


 ..


Estaba nerviosa. No quería hacerlo, pero ya tenía una
enorme experiencia en hacer cosas contrarias a sus deseos, y era de eso de lo
que pretendía librarse. El temblor de sus manos no le impidió coger azúcar de
la cafetera e ir rellenando las cápsulas. Diez minutos bastaron, fue fácil. El
tarro adulterado volvió a ocupar su sitio en el cajón, y se le escapó una lágrima,
se le agolparon en la mente imágenes de su niñez, de una época en que su
frialdad aún no había nacido.. era lamentable que no le quedara otro camino,
tener que empezar a cargar con el peso de la culpa, aunque la culpa fuera mucho
más liviana que la realidad.


 ..


Eran las once menos diez. Maldijo a Jorge por imponerle el
trago de seducir a Pedro en un momento en el que tenía que tomar tan salvaje
determinación. Había llegado la hora de hacerse la encontradiza en la cafetería
y no podía dejarla pasar. Levantarse del sillón le costó un trabajo
indecible.. el tubo de pastillas la llamaba, la sumergía en un mar de
indecisiones en el que sólo podía ahogarse, descender como un trozo de plomo,
arrastrada por sus propios instintos. Debía estar atenta a lo que iba a hacer,
tenía que arrancar todo aquello de su mente por mucho que le costara.


 ..


Llegó antes que Pedro y no supo en qué emplear el tiempo.
El local estaba lleno, las mesas ocupadas.. desistió de emprender la lucha por
conquistar un lugar en la barra. Si llegaba a acomodarse en alguna parte, después
le iba resultar casi imposible acercarse al guionista. Fue a la cabina e hizo
como la que telefoneaba. Cuando un hombre se puso a la cola colgó
precipitadamente y entró en los servicios. Se echó agua en la cara.. estaba
demacrada. El dolor constante de los últimos días, el miedo, los insomnios,
empezaban a cobrar su factura. Visiones inconexas la asaltaban: el rostro de su
padre mezclándose con el suyo propio, con sensaciones vividas en la casa de
Alberto, aquella noche fatídica en que le fue arrancada una parte de ella
imposible de recuperar. Pero no era momento de nada de eso, tenía que
tranquilizarse, reconstruir a la mujer hermosa, segura de sí misma que había
sido siempre.


 ..


Nada más salir vio a Pedro charlando con otro hombre. Se
acercó a ellos e intentó pegar el oído. Estaban hablando de cine. Pedro
discutía acaloradamente acerca de las ventajas que ofrecía no cerrar demasiado
los guiones.. decía que, cuando se contaba con un equipo eficiente, este
aportaba ideas y los mejoraba. Eso era lo que había hecho de Casablanca una película
genial.


 ..


Perdonad que interrumpa —intervino—. Creo que nunca
Bogart volvió a interpretar un personaje tan humano ni tan creíble. Quizás,
si introdujo muchos cambios, se interpretó a sí mismo.


¡Hey! —Exclamó Pedro, sorprendido—. Nunca supuse que te
gustara el cine y menos el clásico.


Ya — respondió ella, con tono de impotencia—. A los
economistas sólo nos gusta matar de hambre a la gente. El amor por el arte se
queda para nuestras víctimas.


 ..


Pedro pareció confuso. Su cara exhibió tan a las claras la
sorpresa que Silvia aceptó como cierto que no sabía nada. Se le antojó que
casi podía ver sus pensamientos, le manera frenética con que buscaba una
respuesta para no quedar como un imbécil delante de la directora, que además
era tan campechana, y tan guapa...


 ..


Sí —respondió rápidamente—, y los escritores, los
guionistas, somos personas inteligentes, sensibles, y con una gran facilidad de
palabra ¿De verdad te gusta Casablanca?


 ..


Silvia ya había conseguido centrarse en la conversación y
tenía claro lo que debía responder. Extrañamente, y a pesar de tener un físico
que era una ruina, Pedro no le resultaba del todo desagradable.. tenía una
mirada jovial, y parecía simpático además de bondadoso. El tipo de hombre que
a veces elegía como souvenir.


 ..


Pues sí, la vi hace siglos y me encantó. Lástima que no la
tengo en vídeo porque me encantaría refrescarla.


 ..


Pedro miró hacia todos lados como si no pudiera creer lo que
le estaba pasando. Daba la impresión de que Silvia Setién estaba intentando
propiciar una cita. ¡Qué raro! De todos modos aparentó querer jugar sus
cartas con precaución. Con mujeres así se estaba siempre demasiado cerca del
ridículo.


 ..


Bueno, por supuesto yo sí la tengo. Si alguna tarde te
apetece pasas por casa y la vemos.


Hagamos una cosa —respondió ella con la más pícara de
sus sonrisas—, yo te invito a almorzar y tú a café y cine ¿Hace? ¿Puede
ser hoy mismo?


 ..


El pobre hombre estuvo a punto de atragantarse con la
tostada, y sólo su edad, su experiencia, le permitió ahogar la alegría que
pugnaba por aflorar a su rostro. Claro que le era oportuno quedar con ella ¿Qué
hombre en el mundo no dejaría plantada a su mamá enferma por pasar una tarde
con una mujer así?


 ..


De acuerdo. Pasaré por ti a la salida.


 ..


A Silvia representar aquella pantomima la dejó exhausta. La
sonrisa le duró lo que tardó en despedirse y darles la espalda. Era increíble
que ella ¡ella! Se viera reducida a eso, a sacarle una cita a cita a Pedro como
si fuera de su mismo nivel social, como si fuera joven, y guapo, y tuviera
dinero. Curiosamente, en el aspecto práctico le había resultado hasta fácil
hacerlo, una mera cuestión de poner el piloto automático y dejar que
sucedieran las cosas.. el aspecto moral no tenía tiempo de analizarlo, estaba
demasiado obsesionada por lo que guardaba en el cajón de su mesa.


 ..


No se sintió capaz de dirigirse directamente a su despacho,
de afrontar la terrible realidad de sus actos. Quizás fue por ver la cafetería,
a la gente moverse en su salsa cotidiana que le resultó inaceptable la idea de
que ella hubiera tomado la decisión de matar a su padre. ¿Estaba dispuesta a
hacerlo? ¿Podría realmente llegar hasta ese extremo? Embocó el pasillo de las
oficinas sintiendo cada metro como un enemigo, como un océano de indecisiones
en el que sólo le era posible ahogarse. No se atrevía a alzar la vista, sabía
decenas de ojos escrutadores estarían clavados en su cara, y, lo que era peor,
su trayecto terminaba en el tubo de pastillas, aquel tubo infernal que la
precipitaba hacia un crimen horrendo, hacia lo desconocido.


 ..


Resistir la presión se le hizo insoportable. Bruscamente tomó
un desvío y entró en los servicios de señoras. Se encerró por dentro, bajó
la tapa del inodoro y se sentó a llorar. Por primera vez en su vida empezó a
jugar con la posibilidad del suicidio...


 ..


No podía matar a su padre. Había sido capaz de rellenar las
cápsulas porque eso era todavía reversible. Pero ofrecerle una... Eso era otra
cosa. Ella podía ser una hija de puta, hacía tiempo que se había dado cuenta
de que lo era, pero atreverse a cometer un asesinato en la persona de un ser
querido... Era demasiado incluso para ella. Hizo un esfuerzo supremo por dejar
de llorar. Tenía que pensar, pensar, pensar, hasta hallar otra solución. Se
secó las lágrimas con papel higiénico.. tras un par de suspiros alumbró la
idea de que quizás no hubiera aún agotado sus bazas negociadoras.. quizás, si
abiertamente les ofrecía el control de la empresa ellos se conformarían y la
dejaran en paz. Ya sabía que tenía que perder algo para conservar algo, o la
empresa o su reputación.. a una de las dos cosas debía renunciar. Naturalmente
tenía fundados motivos para esperar que no aceptarían, pero debía jugar esa
carta antes de apelar a una medida tan extrema como la del parricidio.


 ..


Tras un par de minutos de respirar hondo logró serenarse y
recomponer su apariencia. Salió del excusado con decisión y entró sin llamar
en el despacho de Alberto. Sabía que él, sin duda, era el cerebro de toda la
operación. Jorge no era lo bastante inteligente como para tramar algo como lo
que le habían hecho. Era con Alberto con quien debía hablar. Él estaba
sentado tras su mesa de escritorio examinando una fotografía, y sonrió al
verla entrar.


 ..


¾ Ah, señorita Setién,
encantado de su visita. Puede y debe usted sentarse.


 ..


Silvia tomó asiento nerviosamente. Empezó a hablar sin
tener una conciencia clara de lo que quería decirle. Su propia voz le sonó ridícula
e infantil. Propuso que se quedaran con Publicidad Setién, ella seguiría
aparentemente como directora, pero jamás intervendría en nada. Él y Jorge
podrían hacer lo que quisieran con la empresa con tal de que la mantuvieran
informada, para que ella pudiera defender ante su padre esa componenda. A cambio
de la tranquilidad que les daba de que no interferiría con sus decisiones sólo
quería que la dejaran en paz, que cesaran las amenazas, los chantajes, y sobre
todo los abusos de naturaleza sexual. Sabía reconocer sus pérdidas y adaptarse
a nuevas situaciones.


 ..


Alberto escuchó la perorata con una mueca irónica. Silvia
siguió murmurando incoherencias histéricamente, hasta que al final acabó por
callarse.


 ..


¾ Bien ¾
replicó Alberto, con displicencia¾ . Nos ofreces la
dirección de la empresa, cosa que ya tenemos, para salvarte tú, y a ti también
te tenemos. Pareces traerlo bien pensado ¡Menudo negocio que pretendes hacer! ¾
Exclamó poniéndose en pie y dejando caer la fotografía que sostenía entre
las manos. Silvia enrojeció de vergüenza, era la foto del cartel del ron.


 ..


¾ Pero eso es imposible ¡Imposible!
¾ Chilló histérica¾ .
Ustedes no pueden creer que seréis capaces de esclavizar a alguien en estos días..
lucharé, renunciaré a cosas.. no lo conseguiréis. Es imposible ¾
repitió machaconamente.


 ..


Sus protestas se vieron interrumpidas por una súbita explosión
en su mejilla. No supo que había pasado hasta que, recostada en el sillón,
comprendió que Alberto acababa de abofetearla. En el acto volvió a romper a
llorar. La voz de Alberto sonó inflexible:


 ..


¾ Lo siento, cree que me molesta
tener que hacer esto. Los golpes son la especialidad de Jorge, es su terreno,
pero estabas histérica, y lo que es peor: me estabas aleccionando. ¿Acaso te
crees en situación de decirme lo que puedo o no puedo hacer?


 ..


Silvia ya no sabía qué creer.


 ..


¾ Por favor, por favor, te lo
suplico: acepta, ya ganáis mucho, haz que me dejen en paz. Te lo suplico,
acepta.


 ..


Alberto se sentó de nuevo y volvió a esbozar una sonrisa,
esta vez de suficiencia.


 ..


¾ Eso está mucho mejor. Cuando
se te ayuda captas las ideas a la primera. Realmente las súplicas son el camino
más adecuado que te queda. Somos gente generosa, Jorge aprecia a tu padre y por
ahí lo tienes todo ganado. Para demostrarte mi buena voluntad voy a hacerte una
contraoferta más realista que la que tú me has hecho a mí: Un armisticio. Tú
permaneces como directora de nombre y nosotros congelamos las actividades en tu
contra.. mantendremos discreción absoluta sobre el material que tenemos contra
ti, y no crecerá el círculo de los que ya conocen su existencia. Sólo tendrás
que estar disponible para los que ya te hemos usado. Permanecerás así durante
unos meses, hasta que yo me convenza de tu obediencia, y de la sinceridad de tus
súplicas, hasta que me cerciore de que has cambiado. Entonces, te lo devolveré
todo y serás libre. Pedro será el último de tus... llamémoslos inquilinos ¾
dijo al fin encogiéndose de hombros¾ , ya es un
compromiso adquirido que tendrás que cumplir. Naturalmente, el menor signo de
rebeldía por tu parte dejaría en suspenso este pacto, al menos mientras no
hubiera una reparación adecuada. Esta es una última oferta no negociable. Creo
que te conviene aceptarla.


 ..


Silvia aceptó. ¿Qué otra cosa podía hacer? A pesar de su
llanto, de la enorme depresión que le producía todo aquello, no dejaba de
reconocer que salía ganando y que era una enorme tranquilidad el saber que el círculo
de sus torturadores no iba a seguir creciendo. Además, si las palizas no eran
demasiado constantes, quizás pudiera resistirlo, al menos mientras no
encontrara ninguna solución mejor. Después de todo, sin introducir a más
gente, sin ponerla en evidencia, no podrían hacerle nada más vejatorio que lo
que ya le habían hecho, habían llegado a una especie de tope del sadismo que
ya no podrían superar.


 ..


Una cosa estaba clara ¾ pensó
mientras abandonaba la habitación¾ : Pasara lo que
pasara no era capaz de matar a su padre. Mejor clausurar cuanto antes la nefasta
idea de las cápsulas. Volvió a salir del edificio y compró en la farmacia de
al lado una caja de Aspirina y otra de Carditone para sustituir a las
adulteradas. Una vez en su despacho abrió el cajón de su mesa y a punto estaba
de hacer el cambio cuando el teléfono empezó a sonar con estridencia.


 ..


¾ ¿Sí?


¾ Hola. Soy Quique ¾
Sonó alegre su voz en el auricular¾ . Te llamo por
si te apetece que pase a recogerte y comamos juntos.


 ..


Silvia hizo una mueca de contrariedad. ¿Sería posible que
ese idiota no se diera cuenta de que no quería nada con él? Enseguida se le
vinieron a la mente los motivos por los que era probable que se hubiera hecho
una idea equivocada...


 ..


¾ Lo siento, chico, estoy cargadísima
de trabajo. Quizás en otra ocasión.


¾ Venga, mujer, anímate.. así
descansas un rato ¾ insistió Quique¾
. Lo de tu regalo de cumpleaños estuvo genial.


 ..


Aquello fue demasiado. Que tuviera la desvergüenza de
recordarle la porquería a la que se vio obligada era más de lo que podía
soportar. Sin que pudiera evitarlo salió a relucir la niña caprichosa, engreída
que seguía llevando dentro:


 ..


¾ Vete a la mierda, imbécil ¾
le contestó con ira¾ . Nunca me recuerdes eso,
nunca.. y sobre todo que te quede claro que jamás se repetirá. ¿Captas la
insinuación?


¾ Pero mujer, por Dios ¾
protestó Quique¾ , yo me refería al juego en
Cdrom, que está divertidísimo. Deberías verlo...


 ..


Silvia no le dio tiempo para terminar la frase y colgó
bruscamente el teléfono. ¿Sería posible que tuvieran que estar siempre
presionándola con las mismas guarrerías? ¿Serían así todos los hombres o
era que ella había tropezado con los peores? ¡Qué asco! Tan bien trajeados,
tan respetables y en el fondo tan podridos. Y ahora ella dependía tanto de
encontrar en la gente un ápice de bondad, su situación era tan vergonzosamente
débil...


 ..


Se dejó caer en su sillón y se echó hacia atrás.
Necesitaba relajarse, descansar.. tenía que disponer su mejor cara para dentro
de un par de horas: el momento en que Pedro vendría a buscarla para el
almuerzo. Dios: ¡qué horror, tener que acostarse ahora con ese mequetrefe! ¿Acabarían
alguna vez sus desgracias? Abrió la caja de aspirinas y se tomó un par de
pastillas. Algo hueco le dolía en la cabeza.


 ..


 ..



******


 ..



Jorge entreabrió las láminas de la persiana y vio como
Silvia salía del edificio y se metía en el coche de Pedro. Enseguida doblaron
la rotonda y enfilaron el camino hacia el centro. Sonrió al comprobar que la
muchacha había vuelto a entrar en el juego, y hasta se relamió por Pedro,
dando por hecho que él, sin duda, sabría apreciar el manjar que le estaban
ofreciendo.


 ..


A pesar de haber comprobado que los planes seguían cumpliéndose
con absoluta precisión estaba intranquilo. Seguía siendo cierto que el poder
que tenían sobre Silvia radicaba en el interior de ella misma y que no se podía
confiar en la estabilidad, el sometimiento de semejante arpía. Para colmo de
indecisiones hacía un rato que había aparecido por allí Alberto, y lo había
dejado sumido en mar de dudas.


 ..


En realidad, las noticias que había traído el fotógrafo
habían sido magníficas. De todas las posibilidades que se le ofrecían la niñata
esa había ido a elegir la que más les convenía.. lástima que al final se
hubiera arrepentido y vuelto a sustituir las cápsulas rellenas de azúcar.


 ..


Había sido por eso que había venido Alberto, para
describirle lo que la había visto hacer a través de la cámara instalada en su
despacho. Era crucial que él tuviera conocimiento de ese detalle.. la actitud de
su amigo había sido irreprochable al contárselo. Era evidente que si el viejo
moría mañana el poder real que tendrían contra ella sería avasallador, el más
terrible que jamás esa zorra pudiera temer. Si tal cosa sucediera poseerían la
evidencia de que había cometido un parricidio y la cadena en la que trabajaban
estaría terminada.. podrían arrastrarla a lo que quisieran sin ningún cuidado
y sin ninguna cortapisa, podrían concentrarse en la tarea de concebirle un
destino. Se moría de gusto al imaginarlo: poder obligarla a todo lo que le
apeteciera...


 ..


Pero a pesar de ello era necesario seguir pensando. Aunque
todo saliera bien, la muchacha no podía ser exclusivamente asunto suyo, si lo
era la mataría en quince días o la volvería loca y no era eso lo que deseaba.
Había de ser algo mucho más lento, más paulatino, e infinitamente más
degradante. Aún estaba en buen estado, tremendamente viva, por eso no debía
precipitarse.. hacía poco que había empezado a recabar otras opiniones...


 ..


Pero se estaba adelantando a los acontecimientos. A lo que
Alberto en realidad había venido era a dejar en sus manos la decisión de matar
o no al anciano. Según le había dicho era a él a quien le correspondía
adoptar una opción u otra, pues él era su amigo. Veía las enormes ventajas de
que muriera, pero no quería echar sobre sus hombros el dolor de nadie que lo
apreciara. La comisión del crimen no podía ser más sencilla: bastaba con
trocar los tarros del cajón y la papelera de Silvia. Hasta para eso les había
puesto la muchacha el golpe en bandeja.


 ..


Jorge movió la cabeza, dubitativo ¿Qué hacer? Aquello era
exactamente lo que querían.. la chica había cumplido con creces, se había
tragado el anzuelo y les había concedido un poder como ni en sus sueños más
optimistas se habría atrevido a presagiar ¿Iba a dejarla escapar? ¿Iba a
arriesgarse a que el pez saltara de la sartén y volviera a nadar libre? Porque,
al margen de las apariencias, eso podía suceder, era tan posible como que lo
mandara todo a paseo y decidiera dedicarse a modelo pornográfica... Si dejaba
pasar aquella oportunidad, siempre estaría temiendo el momento en que se
escapara.


 ..


Del otro lado, tener que cargarse a don Enrique por su propia
mano se le hacía tremendamente ingrato. Ojalá la niña hubiera terminado el
trabajo liberándolo de tan penosa decisión. Habían sido muchos años de ir a
pedir créditos juntos, levantando aquello de la nada, como para no cogerle
aprecio al viejo. Pero... Lo que ya le había hecho ¿no era peor que matarlo? Y
además, si de verdad él le hubiera tenido cariño, si le hubiera importado la
empresa, o su trabajo ¿habría dejado al mando a la puta de su niña? Había
que reconocer que ahí don Enrique había fallado de una manera estrepitosa.


 ..


En cualquier caso, era mucho más humano matarlo que dejarlo
vivir para enterarse de lo que estaba pasando. En realidad, la decisión siempre
estuvo tomada, pensó encogiéndose de hombros. Si tanto le hubiera importado su
antiguo jefe, jamás habría permitido que todo aquello llegara tan lejos.. ahora
era tan sencillo como dejar que los hechos siguieran por su cauce. Además,
nadie podía pedirle que renunciara a un placer tan intenso, tan duradero y
absoluto como el que estaba a punto de empezar a experimentar. Siempre existiría
una próxima vuelta de tuerca, una nueva vejación imaginada por él, o por los
otros. Esa niña iba a ser como una fruta que rodara por una escalera larguísima,
machacándose peldaño a peldaño, dejando rastros dulces con cada golpe, hasta
que al final los cerdos se disputaran su semilla. Iba a ser así, y él libaría
golosamente ese néctar, graduaría cuidadosamente su dolor y su placer para que
tardaran una eternidad en destruirla, en reducir a la nada hasta el último
rastro de autoestima que pudiera quedar en ella. Nada de este mundo podía hacer
que renunciara a tan enervante objetivo.


 ..


*********


 ..


Silvia estaba nerviosa. El dolor de cabeza le había
disminuido un poco, pero se le había quedado por ahí, solapado, amenazando con
arrastrarla hasta el aturdimiento. Lo más duro había sido tener que simular
despreocupación, alegría sintiéndose tan mal. Se había hecho llevar por
Pedro a un restaurante de la calle Orense al que solía ir con gente selecta.
Naturalmente, en todo momento estuvo claro que pagaba ella.


 ..


Habían charlado poco durante el camino y a Pedro se le veía
tenso. Era lo bastante experimentado para mantener la compostura pero se notaba
que el sitio y la mujer le venían grandes. Pidieron los platos con aparente
desenfado, y él, en el colmo de la discreción, eligió un menú intermedio, ni
muy caro ni muy barato. Silvia hacía como la que se distraía, miraba a los
camareros a medio estrangular por sus pajaritas, pero en su fuero interno no
dejaba de hacer cábalas. ¿Cómo iba a arreglárselas para que aquel petimetre
creyera seducirla? Si de algo estaba segura era de que no quería quedar ante él
como una cualquiera.. esas cosas corren como regueros de pólvora. Poco a poco
tenía que irle dando confianza, aunque, si se atenía siempre a ese
comedimiento que mostraba, iba a darle bastante trabajo.


 ..


¾ ¿Sabes una cosa? ¾
Preguntó Pedro¾ . A diferencia de otros no te
detesto por querer despedir gente.


¾ ¿Ah, no? ¾
Dijo ella fingiendo sorpresa. Por supuesto le parecía natural que abordara ese
tema y que intentara predisponerla favorablemente.


¾ Pues no, aunque te cueste
creerlo eso del despido sólo preocupa a los incompetentes. Yo soy uno de los
mejores guionistas publicitarios que hay en el país.. si me despidieras estaría
trabajando en otra parte en un par de días y seguro ganando más dinero, aunque
no tendría tanta libertad ni me sentiría tan a gusto. Publicidad Setién es
una empresa acorde con mi valía.


 ..


Silvia simuló aceptar el halago:


¾ Pero todo el mundo no está en
tu situación.. no son tan buenos en lo que hacen y por eso temen no encontrar
otro empleo. Es normal que me odien ¾ respondió con
un gesto de impotencia.


¾ De acuerdo en que es normal,
pero entiéndelo: yo estoy al principio de la cadena.. soy el que imagina. Si hay
algo que yo odie es que un cámara gaznápiro estropee mi trabajo. Cualquiera
que intente deshacerse de esos ineptos goza de mi simpatía.


 ..


Esa razón ya sí dejó a Silvia un poco más convencida de
que a lo mejor Pedro no estaba del todo en su contra. Además, ella seguía
siendo Silvia Setién, la hechizadora de hombres.. aquel, como tantos otros antes
que él, sólo vería a través de cada uno de sus parpadeos. El nerviosismo que
exhibía lo indicaba, ella no le era en absoluto indiferente.. había cosas para
las que la edad no suponía una diferencia significativa. Aparte de eso tenía
un nuevo motivo para estar contenta: era seguro que él ignoraba su situación..
de conocerla estaría tranquilo, no la halagaría, y probablemente ya la hubiera
atacado por el lado bruto.


 ..


El resto del almuerzo se desarrolló en un clima bastante más
distendido. Hablaron de nimiedades y empezaron a conocerse. Pedro era un tipo
curioso, bastante inteligente y a su modo sabía ser hasta divertido. Hubo
momentos en los que casi se metió en el papel y llegó a olvidarse de la razón
por la que estaba allí. Estuvieron de miraditas y sonrisas hasta que llegaron
los postres, pasando el rato con frases cargadas de segundas intenciones.
Finalmente Silvia pagó con la Visa y salieron del restaurante.


 ..


En el camino a casa de Pedro su dolor de cabeza volvió a
hacer aparición. Aquella había sido una de las veces en las que lo pasaba bien
con un hombre, se reía, se permitía el lujo hasta de coquetear, pero de ahí a
follárselo solía mediar un abismo. De hecho, la imposibilidad de jugar a su
juego habitual, la necesidad de llegar hasta el sexo, fue lo que la devolvió a
la realidad.


 ..


Pedro vivía solo, en un bonito apartamento en el barrio de
Atocha. Nada más entrar no dejó de percibir que aunque lo tenía repleto de
tiestos olía a limpio. Las paredes estaban cubiertas por estanterías, llenas
de libros y cintas de vídeo. En la más alejada a la puerta estaba el sofá, y
ante él una pantalla panorámica que amenazaba con desbordar el salón. A pesar
de su obsesión por el cine, aquel tipo parecía ser un amo de casa más que
aceptable.


 ..


Ella estaba decidida a dar facilidades desde el principio.. no
le quedaba otro remedio y era mejor cumplir con aquello cuanto antes. Pidió
permiso para quitarse las botas, pues la apretaban y le daban mucho calor. A
Pedro las miradas se le fueron hacia su falda, y hasta creyó ver una chispa de
sorpresa en sus ojos cuando se percató de la longitud de su calzado. A pesar de
ello supo mantener la calma y quizás para poder desaparecer con naturalidad le
ofreció un café.


 ..


Silvia se quedó sola, y lamentó desperdiciar la oportunidad
para la provocación que el descalzarse le ofrecía. Cuando Pedro volvió con
las dos tazas, ella estaba echada en el sofá, con las piernas entreabiertas y
la falda ligeramente alzada dejando ver la mitad de sus muslos. Él pareció
inquieto, y desvió la mirada de sus piernas como si ello le costara un esfuerzo
sobrehumano. Con fingido desenvolvimiento se giró hacia una estantería y empezó
a buscar la película.


 ..


¾ Si no la encuentras no te
preocupes ¾ sonó con retintín la voz de Silvia¾
.. el charlar y conocernos ya es un plan suficientemente bueno para esta tarde.


 ..


Pedro no hizo caso y muy poco después la cinta se deslizaba
por la ranura del vídeo. Sus piernas se rozaron cuando se sentó, y ella, lejos
de apartarse, se acercó aún un poco más, para intensificar el contacto.
Enseguida el reparto desfiló por la pantalla y el guionista, quizás por romper
el hielo, empezó a contarle anécdotas de los actores y de las circunstancias
del rodaje.


 ..


Silvia no podía creérselo ¿Es que no iba a hacer nada? ¿Iban
a ver la película como si tal cosa? ¿Hasta ese punto llegaba el sentido de la
prudencia de Pedro? Pues sí, hasta ese punto debía llegar.. se deshacía en
comentarle planos, matices que pasaban desapercibidos al ojo inexperto, y
aparentemente ignoraba el roce de sus piernas. Nada más alguna vacilación en
su voz, el brillo del sudor en su piel, traslucían una brizna inquietud.


 ..


Finalmente Silvia, desesperada, decidió interrumpir uno de
sus parlamentos.. se echó sobre él y empezó a besarle la mejilla. El cuerpo
del hombre se tensó al instante. Hizo un esfuerzo por ignorarla todavía un
poco más, pero la insistencia de las caricias acabó obligándolo a prestarles
atención. La empujó discretamente hacia atrás y se quedó mirándola a los
ojos con aspecto de incredulidad.


 ..


¾ ¡Venga, mujer! ¿Qué te he
hecho para que pretendas reírte de mí?


 ..


En efecto, Pedro aparentaba ser en extremo consciente de sus
posibilidades, y de lo lejos que ella, en sus circunstancias normales, debía
quedarle. Ese prejuicio suyo era el que levantaba entre los dos una barrera de
reticencias.


 ..


¾ No me has hecho nada malo ¾
respondió ella entrecortadamente¾ . A veces lamento
ser guapa y hasta tener dinero.. el miedo ahuyenta siempre a todos los hombres
que podrían gustarme.


¾ Déjate de bromas conmigo, niña.
Nos llevamos casi veinte años, no pretendas hacerme creer que...


¾ Pues deberías creerme ¾
le interrumpió ella¾ , te sería fácil comprobar
que digo la verdad... Aunque naturalmente si no te gusto... ¾
Dejó la insinuación en el aire sin molestarse en acabar la frase.. así era más
sugestivo.


 ..


Aquello fue demasiado. Pedro no necesitó que le hablaran con
mayor claridad, se echó sobre ella y empezó a acariciarla por todo el cuerpo
con precipitación y ansia. Silvia lo dejó hacer.. no se extrañó cuando le
metió las manos bajo la camisa y le desabrochó el sujetador.. sus tetas eran el
sitio al que primero dedicaban su atención todos los tíos. Le había costado
mucho trabajo hacer que las cosas llegaran hasta ese punto y a pesar de ello no
estaba contenta. Aunque Pedro no le resultara completamente desagradable, el
tenerlo allí, sobándola, no hacía sino recordarle la manera tan forzada en la
que había tenido que surgir el sexo. Además, ella no era así, y aquel hombre,
aunque no le cayera mal, no le gustaba. ¿Pero qué iba a hacer? La orden de
Jorge había sido tajante, y hasta Alberto había hecho hincapié en la
necesidad de que la cumpliera. Recordar a aquellos dos cerdos hizo que
desapareciera hasta el menor rastro de excitación que pudiera sentir.


 ..


Pedro, por el contrario, parecía cada vez más excitado. Había
empezado a besarla en los labios y enviaba su lengua con terquedad hacia el
interior de su boca. Intentó resistirse, pero finalmente tuvo que ceder.. lo que
el hombre intentaba era natural, pero a ella el asco se le empezaba a enroscar
en el estómago. Pronto su camisa cayó sobre el sofá, y la cabeza de su compañero
resbaló hacia abajo, besándole el cuello y los pechos, hasta detenerse en sus
pezones. Silvia apenas podía controlar la repulsión, se sentía sucia, como si
tuviera el cuerpo entero embadurnado en saliva. Extrañamente, aquello era mucho
más fácil cuando se envolvía en amenazas directas, bajo el acicate del miedo.
Las lágrimas empezaron a pugnar por aflorar a sus ojos.


 ..


Pedro respiraba entrecortadamente y mostraba un conspicuo
bulto deformándole los pantalones.. tenía que estar excitadísimo.
Repentinamente, dejó de besarla, se levantó y señaló al dormitorio. Algo
extraño debió notar porque se quedó mirándola y le disparó a bocajarro la
pregunta:


 ..


¾ Oye, ¿estás segura de desear
esto? No pareces feliz.


 ..


Ella respondió que sí con una sonrisa artificial, que
estaba segurísima. Lo único que sucedía era que le dolía un poco la cabeza.
Él tampoco debía estar para dilaciones, así que aceptó como buena la
respuesta. Un momento después los dos estaban tumbados en la cama de matrimonio
y Silvia, intentando cooperar al máximo, había ayudado a su amigo a quitarse
la ropa. Él, mientras tanto, había vuelto a su letanía de besos y caricias, y
la había despojado de la falda. Estaba metiéndole las manos bajo las bragas
cuando instantáneamente se echó atrás.


 ..


¾ Oye, pero si estás seca como
una piedra. Tú esto no lo deseas y así no puedo acostarme contigo.


¾ Que sí, que lo deseo mucho ¾
Insistió, temblando de miedo, con un hilo de voz. ¿Qué iba a pasar si no
lograba follárselo? ¿Qué le harían Alberto y Jorge?


¾ Déjate de tonterías, niña ¾
dijo él saliéndose de la cama y poniéndose de pie¾
. Estás seca y tus pezones no están erectos.. no te empeñes en afirmar lo que
tu cuerpo niega.


 ..


Silvia ya no pudo resistir más, se dio la vuelta, se tapó
la cara con las manos y rompió a llorar.


 ..


¾ Venga, mujer, no te pongas así
que no es para tanto ¾ le dijo él echándole el
brazo por el hombro¾ . La verdad es que me muero de
ganas de echarte un polvo, pero no puedo hacerle el amor a una mujer que no me
desea. No es mi carácter. Digamos que estabas pasándolo bien y te has creído
que querías esto, pero en realidad no lo quieres. Después no te has atrevido a
dejarme colgado y dar marcha atrás. Carece de importancia, una erección más o
menos no va a ninguna parte.


 ..


Silvia no podía creerse lo que estaba sucediendo. Habría
visto normal no conseguir arrancarle la cita a Pedro, habría podido incluso
entender que desde el principio se hubiera negado al sexo, pero aquello... Era
la primera vez que estaba en la cama con un hombre y que este se preocupaba de
si estaba excitada o no.. normalmente estaban demasiado ansiosos por penetrarla
como para ser capaces de pensar en otra cosa. Si se daban cuenta, preferían
ignorarlo. ¿Por qué actuaba él de esa forma? Aquello la desconcertaba. Si al
menos fuera maricón eso lo explicaría todo.. pero no, la tremenda erección que
todavía ostentaba hacía evidente que no lo era. ¿Por qué no quería metérsela?
No podía comprenderlo y sin embargo no era por eso por lo que lloraba.


 ..


¾ Venga, mujer, no te preocupes ¾
volvió a sonar conciliadora la voz de Pedro¾ . No
ha pasado nada. Si quieres terminamos de ver la película, o quedamos para
cualquier otro día y entonces nos acostamos. Lo único que no puedo hacer es
follar con una tía que no tiene ganas ¿Cuál es el problema?


 ..


La cara de húmeda de la muchacha emergió de entre sus
manos:


 ..


¾ ¿Qué vas a contarles a Jorge
y a Alberto? ¿Eh? ¿Qué vas a contarles? ¾ Preguntó
histérica.


¾ Pues nada ¿Qué quieres que
les cuente? ¾ Replicó encogiéndose de hombros¾
, que almorzamos agradablemente y que después vimos una película.


¾ ¡Nooo! ¾
Contestó ella aterrada¾ Tú cuéntales que follaste
conmigo y que me porté como una leona en la cama. ¡Eso es lo que tienes que
decirles!


¾ Pero Silvia, ¿por qué quieres
que les cuente eso? ¾ Preguntó con perplejidad¾
. Además de ser mentira afectará a tu reputación...


¾ Tú di eso, y no me preguntes
el motivo. ¿Lo harás? ¿Me juras que lo harás?


 ..


Pedro se quedó mirándola con cara de no entender nada. ¿Por
qué las mujeres tenían que ser siempre tan complicadas? Finalmente hizo un
gesto de impotencia y le respondió:


 ..


¾ Está bien.. si me preguntan, lo
cual no me parece probable, les diré que nos acostamos y que fue el polvo del
milenio.. pero palabra que no te entiendo.


¾ ¿De verdad lo harás? ¾
Preguntó ella todavía dubitativa.


¾ Sí ¿Por qué no iba a hacerlo
si quedaré como todo un don Juan? Suponiendo que me crean, claro está.


 ..


El efecto de su respuesta fue casi mágico: los gimoteos de
Silvia cesaron y fue capaz hasta de sentarse en el borde de la cama y
descubrirse la cara. Quizás la cosa podía aún tener arreglo. Pedro había
resultado ser bastante buena persona, mentiría, y las cosas seguirían por su
cauce. Su situación no se deterioraría, al menos a corto plazo.


 ..


¾ Venga, después de este
derroche de energía los dos necesitamos una buena ducha.


 ..


Silvia intentó resistirse, pero Pedro la llevó a rastras
hasta el cuarto de baño. Aquello le resultó tan ridículo que no pudo evitar
reírse. Instantes después el chorro de agua caía sobre su cuerpo y arrastraba
sus lágrimas hacia el desagüe.. Pedro se había metido con ella y la enjabonaba
con desenfado. En cierto momento, se echó sobre él y lo abrazó. Los dos sabían
que el momento de follar había pasado, pero habían cogido confianza y era
agradable estar allí, habían intimado. Estaba tan confundida por los
acontecimientos que se dejó llevar.. gracias a ello se olvidó de todo y se
limitó a pasar un buen rato, quizás el único aceptable de las últimas
semanas. Se quedaron en la ducha durante bastante más tiempo del necesario para
sentirse limpios.


 ..


¾ Bueno, ya hemos tenido de todo,
comida, risas, lágrimas, cine... De todo menos jodienda por supuesto ¾
Bromeó Pedro, mientras buscaban la ropa por la casa¾
¿Qué tal ahora un poco de conversación? ¿Me explicas por qué has armado
todo este lío si no te gusto?


 ..


Silvia se quedó quieta, medio agachada, con las bragas a
mitad de los muslos. Sintió deseos, casi necesidad de confesarle el infierno
por el que estaba pasando.. pero encontró las fuerzas para no hacerlo. Después
de un momento de vacilación le respondió que era verdad, que tenía un
problema (cosa nada difícil de imaginar), pero que no podía contárselo, al
menos hasta que no hubiera logrado resolverlo por sí misma, que le hiciera el
favor de cumplir con lo que le había prometido y no hacerle preguntas.


 ..


Pedro asintió con un gesto de impotencia. En cuanto
estuvieron vestidos se ofreció a llevarla a casa en su coche. Hicieron el
camino callados, cada cual inmerso en sus pensamientos. Al detenerse en el
portal volvió la vista hacia ella y le dijo por lo bajo:


 ..


¾ Oye, si alguna vez necesitas
algo... Bueno, quiero que sepas que yo intentaría ayudarte.


 ..


Silvia lo besó en la mejilla y salió sin responderle.




CONTINUARÁ



fedegoes@yahoo.es




 

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