ADVERTENCIA
Esta obra contiene escenas de sexo no consensuado, sadismo,
humillación, dominio y está orientada a lectores adultos. Si este tipo de
cosas no son de su agrado o de algún modo hieren su sensibilidad deje de leer
AHORA, después podría ser tarde. Por supuesto todas las escenas aquí
narradas son de absoluta ficción y es voluntad del autor que nunca lleguen a
ser reales. Cualquier comentario será bienvenido. (Absténganse de mandarme
ficheros adjuntos porque NUNCA los abro)
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fedegoes@yahoo.es
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Benito llegó a media tarde y en un momento logró disipar el
buen ánimo con que se había despedido de Pedro. Al final había almorzado con
él y había llegado a sentirse francamente mejor. La idea de suicidarse quedaba
pues postergada, aunque por otra parte no estaba nada segura de poder resistir,
ni siquiera por un tiempo, las barbaridades de sus "..instructores"...
Después de la tempestad había venido siempre la calma, y las últimas
tempestades habían sido tan tremendas que ahora probablemente la dejarían
reponerse, al menos los tres días que le habían dado de vacaciones. Eso era lo
que Pedro le había dicho. Con esa idea se quedó dormida en el sofá, hasta que
el sonido de la cerradura la despertó. Le costó trabajo reaccionar, pero
cuando cayó en la cuenta de que Benito se había quedado con las llaves la cólera
pugnó por asomarse a su rostro.
 ..
¾ Bueno, mi amor, todavía
descansando, pero que flojitas sois las niñas bien.
 ..
Silvia no fue capaz de decir nada. Sintió la imperiosa
necesidad de ponerse de pié y expulsar a aquel canalla de su casa, pero era
demasiado consciente de que no podía hacerlo. Lejos de eso optó por sentarse
mirando al vacío. El negro avanzó confiadamente, se dejó caer en un sillón y
soltó un paquete sobre el sofá.
 ..
¾ Hay que ver. No me digas que
sigues enfadada por lo de anoche con lo que te gustó. Yo me paso el día
buscando un vestido para regalarte y tú enfurruñada todavía.. no deberías ser
tan rencorosa.
 ..
Ella permaneció callada. La llevaban los demonios al
recordar ese episodio. Sabía que tendría que obedecer cualquier orden directa
porque no le quedaba más remedio, pero desde luego no estaba dispuesta a
mantener ningún tipo de diálogo con nadie del grupo.. ya era bastante tener que
soportarlos hasta el extremo en que lo hacía, ya era bastante tener que
amordazar su odio hacia ellos. Benito no pareció amilanarse por su silencio,
siguió actuando con la tranquilidad de quien se sabe dueño de la situación.
 ..
¾ Pero bueno ¿Es que no piensas
abrir el regalo? ¿No tienes siquiera un poco de curiosidad? ¾
Dijo señalando al paquete con tono cordial.
 ..
Silvia quitó el lazo un poco preocupada y destapo la caja.
Dentro había un vestido de Lycra negro muy largo. Al extraerlo pudo comprobar
que tenía una gran raja lateral y que se cerraba con una cremallera en el lado
izquierdo. Era bonito y bastante elegante, el tipo de vestido que ella habría
podido comprar perfectamente por si misma. Eso la sorprendió un poco.
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¾ ¿Ves que no somos tan malos
después de todo? ¾ Sondeó Benito¾
Un hermoso vestido para una hermosa mujer.
 ..
Ella siguió hurgando en la caja y halló un precioso corpiño
de seda negra semitransparente y unas bragas a juego. Ya creía haber acabado de
examinar el contenido cuando encontró en el fondo una máscara de cuero negro
con dos agujeros para los ojos y que le cubriría una vez puesta casi toda la
cara. Se quedó mirando al afrocubano de hito en hito.
 ..
¾ Tranquila, tranquila, espera
que te explique. ¿Querrías hacer según qué cosas a cara descubierta? ¿No lo
prefieres así? Esa máscara no tiene otra finalidad que la de preservar tu
identidad.
 ..
Silvia se lo pensó. Pedro le había aconsejado que intentara
evitar enfrentamientos inútiles y, dejando al margen sus emociones, eso parecía
razonable. Era mejor hacer de aparente buena gana lo que inevitablemente tendría
que hacer de todas formas. En efecto era preferible que su identidad quedara
protegida por una máscara, pero... ¿Qué significaba todo aquello? Hizo acopio
de valor y relajó sus facciones. Era seguro que Benito iba a decírselo.
 ..
¾ Bueno, pues unos cuantos
fotogramas valen más que mil palabras. ¾ dijo el
negro¾ Al tiempo que se levantaba e iba hacia el vídeo
con una cinta en la mano.
 ..
Ella lo miró un tanto asustada mientras él tomaba el mando
a distancia y encendía el televisor. ¿Qué iba a ponerle? ¿Era posible que aún
tuvieran algo grabado que no hubiera visto? Desconcertada, esperó a que la
cinta se pusiera en marcha y lo que vio la dejó de una pieza. Era una película
en blanco y negro, la célebre escena de "..Gilda".. en que Rita Hayworth
se quita el guante y casi empieza a desnudarse rodeada por el público del
Casino.
 ..
¾ Pero ¿por qué me enseñas
eso? ¾ Preguntó.
 ..
Benito esbozó una sonrisa maliciosa señalando a la caja, al
vestido.
 ..
¾ Mira atentamente la escena,
mira y después te cuento.
 ..
De repente, las piezas tomaron forma en la mente de la
muchacha: infinidad de tíos se habían quedado con ganas de que en esa película
hubieran llegado a desnudar a la artista.. ahí era donde aparecía ella. Iban a
obligarla a hacer ese estriptis, con la única diferencia de que ella llegaría
hasta el final y llevaría una máscara. Contempló estupefacta la procacidad de
Gilda, sus movimientos sinuosos, sin lograr imaginarse a sí misma imitándolos.
 ..
¾ No te preocupes que es fácil ¾
sonó la voz cavernosa de Benito¾ . Memoriza sólo
los pasos.. no vamos a convertirte de la noche a la mañana en una cantante, habrá
un playback y basta con que bailes.
 ..
Eso la ayudó bien poco. La canción estaba tan lejos de sus
posibilidades que no era un problema, el problema era tener que desnudarse ante
un verdadero público, y peor aún, dejarse ayudar por él. Cuando la escena
acabó ella estaba pálida, pero no había hecho ningún amago de resistencia.
 ..
¾ Pues bien. Te explico: he
encontrado un pequeño trabajo para ti en una sala de fiesta y cómo ya habrás
supuesto ese va a ser tu número.. eso sí, al terminar, entre los camareros del
local y los voluntarios que puedan presentarse te quitarán la ropa, todo menos
la máscara. ¿Alguna pregunta?
 ..
Silvia se había quedado helada, aquello le parecía una
barbaridad tan grande que no tenía nada que decir.
 ..
¾ Entonces estamos de acuerdo.
Esto, aunque te cueste creerlo, es bueno para ti. Tu sueldo en la sala pagará
mis honorarios. Cuando después estés en la calle yo seré tu única protección,
seré casi un padre para ti. No espero que me valores inmediatamente, pero ya lo
harás. Te evitaré palizas, golpes y prácticas sexuales no regladas. El que yo
esté cobrado al salir hará que solo tengas que follarte a los clientes
estrictamente necesarios para completar el número asignado, ni uno más. Y
después de todo ¿Qué es un simple estriptis para alguien de tu experiencia?
Además tienes la seguridad de no ser reconocida. Total, una ganga. Muchas
mujeres de la noche darían cualquier cosa por encontrar algo así.
 ..
A lo mejor era cierto, a lo mejor para las putas de carretera
aquello fuera el trato del siglo, pero ella no era una puta y se le hacía
tremendamente cuesta arriba aceptar. Y como de costumbre no quedaba ninguna otra
opción. Se quedó un rato tirada en el sofá intentando aceptar la nuevo estado
de cosas. Pedro le había dejado clara la consigna: fingir que entraba en el
juego, eso era lo que tenía que hacer. Benito debió interpretar mal su
ensimismamiento pues se apresuró a espolearla:
 ..
¾ Mira, yo no soy Jorge y no
disfruto haciéndote daño.. tenemos un trabajo que hacer, cuanto más rápida y
amistosamente lo hagamos mejor para todos. Es hora de empezar a ensayar, sólo
tenemos tus tres días de vacaciones.
 ..
Ella se levantó sin rechistar, se quitó la ropa delante de
él y se apresuró a ponerse su indumentaria de trabajo, antifaz incluido. ¿Qué
iba a hacer si no quedaba otro remedio? Pasó varias horas ensayando ante la
mirada escrutadora de su "..protector".., intentando meterse en el papel,
hacer suyos los movimientos y los gestos de Gilda. El estriptis en sí mismo no
había que practicarlo, en la película no llegaba a suceder y dependería de lo
participativo que fuera el público.. la manera en que la desnudaran se
improvisaría en cada pase.
 ..
El negro fue introduciendo comentarios como "..más
arriba, más abajo, o mueve mejor el trasero".... después de un largo rato se
encogió de hombros y dijo que bastaba por hoy, que era seguro que sería capaz
de hacerlo con cierta dignidad y todavía quedaban dos días para
perfeccionarse. Además, en lo físico, ella daba convincentemente el tipo de
Rita Hayworth.. quedaría bien. Se marchó del apartamento dejando a Silvia
agotada y sudorosa.
 ..
Nada más salió por la puerta, ella, casi histérica y sin
pensar lo que hacía corrió hacia el teléfono. Necesitaba hablar con alguien,
necesitaba sobre todo ver a Pedro y contarle lo que había pasado.
 ..
En cuanto sonó la voz del guionista ella le soltó la
catarata de novedades huntada de lágrimas y súplicas de que necesitaba verlo.
Pedro le respondió que no, que verse era peligroso y debían hacerlo el mínimo
indispensable. De cara a los demás él era uno de sus "..instructores"..,
no su amigo. Si los veían juntos eso podía echar por tierra todos los planes
de liberarla. A él ya le habían dicho que Benito estaba trabajando en su
jornada escolar, pero no le habían contado los detalles, por eso no había
podido avisarla. De todos modos las cosas no estaban tan mal como ella las veía,
los instructores iban a tener unos turnos y normas muy estrictas, y lo que era más:
sólo Jorge y Alberto tenían copias de la cinta inculpatoria, sólo tendría
que aceptar las órdenes de los otros durante los periodos y con las
limitaciones que ellos establecieran. Naturalmente comprendía lo que eso
significaba, lo duro que iba a ser, pero debía recordar que era sólo por un
tiempo, sólo hasta que lograran sacarla del enredo. Lo de la imitación de
Gilda era por supuesto aberrante, y sin embargo también era una bagatela en
comparación con lo que debía esperarle los próximos días. Había pasado por
cosas infinitamente peores que un simple estriptis.. debía ser fuerte y no
derrumbarse ahora. Tenían que venir momentos en que necesitara mucho más de él
y en los que verse tuviera más utilidad que la del desahogo, tenían que
reservar para ellos el cupo de riesgo.
 ..
Silvia no era ninguna tonta, aceptó el alud de razones. Al
menos podía telefonearlo cada vez que quisiera, y eso era mucho. Increíblemente,
había logrado tranquilizarse sólo con oírlo.
 ..
 ..
¨ ¨ ¨
 ..
 ..
A Quique le faltó el valor para entrar. Había diseñado
perfectamente sus planes, se había subido en su destartalado Renault cinco, y
mucho más nervioso de lo que quisiera había llegado hasta la puerta de Silvia.
Una vez allí decidió meterse en el café Hiniesta para tomarse un respiro y,
de paso, una taza de tila.
 ..
Era media mañana y el local estaba casi desierto. Se sentó
a una mesa e intentó tranquilizarse. Llevaba en el bolsillo de la chaqueta
todas sus oportunidades: un sobre con el reportaje de Silvia desnuda que robó
en la empresa y hasta un par de fotos en las que había trabajado de firme para
trucar. En algunos de los retratos se veían piernas de gente al fondo y él
sostenía una teoría: en aquella sesión alguien tuvo que follársela, por
ello, un par de primeros planos de una mamada habían de ser para ella
absolutamente creíbles. De hecho, ojalá que acertara, porque ahí descansaban
la mayor parte de sus esperanzas.
 ..
Era una apuesta peligrosa, pero había llegado a la conclusión
de que no le quedaba más remedio que actuar deprisa, antes de que toda su
ventaja pudiera evaporarse. Era consciente de que en aquello se jugaba algo más
que quedar mal con sus amigos.. robar las fotos había sido un delito, y
modificarlas otro, necesitaba imperiosamente confirmar que tales riesgos merecían
la pena.
 ..
Si aquello fallaba, aún le quedaría una última
posibilidad: decir que venía de parte de Sagasta y exigirle que lo llamara, que
le preguntara qué debía hacer. Pero rogaba por no tener que llegar a eso, era
demasiado peligroso. Si se atrevía a llamarlo y Sagasta no lo apoyaba, lo cual
era probable, su poder sobre ella se habría esfumado sin remedio. Después de
mucho pensarlo, casi se atrevía a asegurar que ese hombre tenía contra ella
algo bastante más consistente que unas simples fotos en pelota.
 ..
Bebió de un golpe toda la tila que quedaba en la taza. En
realidad daba igual, aquello había que intentarlo.. si funcionaba magnífico, y
si no siempre tendría el reportaje, y algún valor sí que poseía: el de
otorgar credibilidad a la historia de la felación que Silvia le hizo. Esperaba
no tener que apelar a ese mezquino desquite, significaría que había perdido un
buen montón de polvos y un manantial casi inagotable de futuros placeres.
Deseaba con toda el alma que saliera bien, si la cosa funcionaba en toda regla
el premio podía llegar a ir mucho más allá de la mera satisfacción sexual..
era el cumpleaños de Pablo y habían hecho en el club un pequeño guateque.. sería
estupendo llevarla completamente domesticada y exhibirla un poco. Estaba
decidido, un último cigarrillo y para arriba. Tenía un problema enorme
pugnando por escapar de sus pantalones vaqueros.
 ..
¨ ¨ ¨
 ..
Silvia acababa de salir de la ducha. Cuando se levantó esa
mañana había tenido intención de olvidarse de todo e ir de compras, pero nada
más acabar de desayunar apareció Benito y con su acostumbrado don de mando
abrió el armario y le eligió la ropa que debía ponerse si salía a la calle.
Le dijo que partir de ese momento la elección de su atuendo sería siempre
asunto suyo, era su responsabilidad que estuviera en todo momento sexualmente
presentable. Ella, naturalmente no se atrevió a protestar, pero decidió
quedarse en casa.
 ..
La ropa que seleccionó en sí misma no estaba mal.. era un
conjunto de color verde claro compuesto por una minifalda muy corta, un top elástico,
de los que dejan fuera el vientre y los hombros, y una chaqueta de entretiempo.
Aunque en el primer momento le resultara increíble, había llevado el negro su
desparpajo hasta el extremo de escogerle la ropa interior. Según él, el
sujetador no era necesario cuando se poseía un busto tan firme como el suyo y
en cuanto a las bragas bastaba con un diminuto tanga amarillo, así no se le
marcaría en la falda. Por supuesto se sintió tratada como una colegiala,
humillada, pero ya estaba empezando a acostumbrarse a ese tipo de cosas y optó
por tomárselo con calma. No tenía ánimo para salir así de provocativa tan
temprano.. a la hora de almorzar pediría una pizza y haría tiempo hasta que
volviera Benito para la sesión de ensayos.
 ..
La ropa había quedado sobre el sofá y ella salía del baño
arrebujada en la toalla cuando sonó el timbre. ¿Quién sería? Descolgó el
telefoniyo, preguntó un par de veces sin que hubiera respuesta y empezó a
ponerse nerviosa, el visitante tenía ya que haber subido. Se arregló la única
prenda con que se cubría y abrió la puerta. Quique apareció ante ella tan
estrafalario e impresentable como de costumbre.
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¾ Joder, Quique, si llego a saber
que eras tú ni me molesto en abrir ¾ dijo con
sequedad a modo de saludo.
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Por un momento casi se arrepintió de tratarlo mal. En
realidad era normal que viniera, probablemente querría darle el pésame por lo
de su padre y aquello era una simplemente una visita de cortesía hecha en un
momento inoportuno. Se hizo a un lado y lo dejó pasar con la sensación de que
algo no estaba funcionando correctamente. Después de lo que le había dicho sería
normal que Quique se hubiera largado con el rabo entre las piernas, pero lejos
de eso entró con la vista alta y sin mostrar otra cosa que un cierto
nerviosismo. Si no fuera por el episodio del club se sentiría tranquila, capaz
de manejar a su antojo a aquel inepto, pero desde entonces las cosas habían
cambiado.
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A Quique, naturalmente, no le gustó el recibimiento, aunque
ver a Silvia en toalla lo excitó aún más. Por un lado, ya estaba muy
acostumbrado a la brusquedad de la muchacha, a la sinceridad con que se
expresaba, por otro, ahora creía poseer el látigo con el que meter en cintura
a la fiera. Un cambio sí que produjo la cruel recepción de que había sido
objeto: le hizo ver la necesidad de jugar fuerte desde el principio. Estaba tan
segura de sí misma que tenía que demolerla de un sólo golpe, que no darle
tiempo para pensar o la oportunidad se habría perdido. Era evidente que había
que asumir desde el principio todos los riesgos. Ni corto ni perezoso, se sacó
la polla y dijo con desenvoltura:
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¾ Tu regalo de cumpleaños me
encantó y ya es hora de que lo repitas.
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Silvia se quedó de una pieza, sin apenas poder dar crédito
a sus ojos. Casi se esperaba que el muy imbécil intentaría algo, pero aquella
grosería, lo obsceno de su proceder, la desconcertaba hasta lo inadmisible,
hasta la cólera.
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¾ Hijo de puta, eres un
degenerado. ¡Fuera de mi casa ahora mismo! ¾ Borbotó
lívida por la rabia. Que era un guarro ya lo sabía, pero ¿cómo era posible
que se hubiera atrevido a llegar tan lejos? ¿Qué estaba pasando?
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Quique, no se dio por enterado, ni hizo ademán de ir a
marcharse.. muy al contrario sacó el sobre del bolsillo y se lo ofreció
calmadamente. Silvia se estremeció de temor y lo agarró con asco, asustada de
lo que hallaría en su interior. Era el reportaje de casa de Alberto.. pasó frenéticamente
las primeras fotos de ella desnuda, hasta llegar a los dos últimas en que
aparecía chupándole la polla a alguien. El mazo entero se le escurrió de las
manos diseminándose por el suelo. A Quique, se le escapó una sonrisa de
triunfo.
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¾ ¿Sabes una cosa? Nadie del
club creyó la historia de la mamada.. se lo conté a Pablo y desde entonces
todos me miran por encima del hombro. Cuando les enseñe eso probablemente
cambiarán de idea.
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¾ Pues no te vas a salir con la
tuya, cabrón ¾ gritó Silvia histérica¾
.. enséñaselas a quién te de la gana. No vas a chantajearme y no haré nada
contigo me amenaces con lo que me amenaces, así que ya puedes ponerte a hacer
tu campaña publicitaria ¾ Dijo estas últimas
palabras intentando que sonaran irrevocables, pero sintiendo flaquear su
convicción ¿Jugaba de farol? ¿Estaba ella preparada para que la gente del
club viera algo así? Lo que era evidente era que si no detenía en seco a
Quique iban a estar chantajeándola desde dos lados y eso sería radicalmente
insoportable. No podía consentir que fuera a iniciarse, desde el principio,
otra dinámica de continuas extorsiones.. tenía que jugarse el tipo por
evitarlo.
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¾ Vamos, vamos, querida ¾
dijo Quique con tono entre apaciguador y displicente¾
, ¿seguro que lo has meditado bien? Imagínate lo que pensarán Pablo o Rita.
Además, ¿no has calculado todas las implicaciones? Evidentemente ha sido don
Alberto quien me ha proporcionado este reportaje tan interesante ¿en serio te
vas a atrever a contrariarlo?
 ..
Silvia sintió como un sudor frío se mezclaba con la humedad
de la ducha. El nombre de Alberto la hacía enloquecer de terror, y era evidente
que venía de su parte ¿de dónde si no había sacado las fotos? El que Sagasta
anduviera metido en aquello era demasiado fuerte. Se quedó un momento indecisa,
de pie, tiritando en la toalla.
 ..
¾ Bueno, hagamos una cosa ¾
reincidió Quique con fingida seguridad¾ . Llamamos
a Don Alberto y le preguntas lo que has de hacer, así sales de dudas.
 ..
Mierda, mierda, no hacía falta llamar a Alberto, recordaba
lo que le había dicho aquella fatídica noche, que debía estar disponible para
absolutamente cualquier hombre en toda circunstancia.. enviar a ese tarado era su
manera de obligarla a llevar a la práctica esa orden. Además, ¿qué tenía
ella que ganar con que en el club vieran las fotos? Obviamente nada, seguro que
acabaría follando con quien les diera la gana.. si aceptaba, en cambio, tal vez
solo tuviera que hacerlo con ese renacuajo informático. El poder del maldito
Sagasta, la ambigüedad de sus órdenes, le dejaba demasiado poco espacio de
maniobra, tan poco que cualquier camino era para ella mucho más duro que
aceptar lo inevitable. Pero ¿por qué había hecho eso? Le habían dado tres días
de vacaciones de los que sólo uno había transcurrido. Pedro le había dicho
que iban a dejarla en paz, con toda probabilidad no estaba informado de aquello.
¡Ah, si pudiera llamarlo!
 ..
Quique observó enervado la sucesión de gestos en la cara de
la muchacha. Por un momento, casi cayó en la trampa de creer en la
irrevocabilidad de su negativa, pero tras ella atisbó la duda, el miedo, y tuvo
la certeza de tenerla en sus manos. Allí sólo quedaba agarrarla como la fruta
de un árbol, precipitar su indecisión hacia el acto. Estaba demasiado
empalmado para esperar, de un tirón le arrancó la toalla y contempló su
precioso cuerpo, sus tetas, su rabia impotente, como un paraíso en el que
estaba a punto de penetrar. Nada más conservaba puesto un ceñidísimo cinturón
de cascabeles que la hacían aún más provocativa. Repentinamente, oyó algo a
su espalda, una llave en la cerradura, y pensó que todos sus planes se habían
ido al traste. Intentó esconder su erección en el interior de los pantalones,
pero no logró que cupiera por la bragueta lo que antes con tanta facilidad había
salido. Casi le entraron ganas de llorar.
 ..
Benito entró en el salón, y al ver lo que pasaba soltó una
carcajada.
 ..
¾ Perdón, perdón, disculpad la
interrupción ¾ dijo en voz alta, mirando a Silvia
con aspecto jovial¾ . No sabía que estabas ocupada.
Cuando termines el servicio me llamas al móvil ¾ Y
se marchó, tan inesperadamente como llegara.
 ..
Quique, apenas pudo dar crédito a lo que acababa de ver y
espontáneamente hizo la pregunta:
 ..
¾ ¿No me digas que el negro ese
es tu chulo?
 ..
Silvia, arrollada por los acontecimientos, asintió con la
cabeza. Un suave tintineo recorrió la habitación.
 ..
¾ ¡Quién lo hubiera imaginado! ¾
Exclamó¾ . Pues entonces te voy a reventar a
polvos, puta.
 ..
De un empellón la arrojó sobre el sofá y se lanzó sobre
ella. El roce de su piel lo volvía loco y empezó a besarla, le metió la
lengua hasta la garganta y Silvia lo aceptó, dividida entre la excitación y el
asco. Estaba caliente y se puso a gemir tan pronto empezó a magrearla. La
penetró sin dificultad y empujó furiosamente enviando sobre la muchacha una
oleada de gusto tras otra. Estaba demasiado empalmado para andarse con remilgos
y la folló salvajemente, sin pensar sino en su propio placer. Muy pronto se
corrió dentro de ella, sin cuidado ni preservativo, y después siguió penetrándola
hasta que volvió a sentirse completamente erecto y volvió a eyacular. Al
final, se levantó satisfecho y encendió un cigarrillo. Silvia quedó
desmadejada sobre el sofá, abierta de piernas y con chorreones de esperma empapándole
los pelos del coño.
 ..
En apenas quince minutos el mundo entero había cambiado para
Quique. Ahora disponía del juguete sexual que siempre había soñado, en el
cuerpo de aquella preciosa mujer a la que también había odiado desde siempre.
Las cosas no podían haber ido mejor, pensó tras largar una bocanada de humo.
Se sentía nuevo, repleto de ilusión como nunca antes se había sentido, pero
necesitaba que eso fuera solo el principio. Ignoraba la postura que adoptaría
Sagasta y seguía siendo necesaria la prisa, disfrutar al máximo, ampliar su
cuota de poder y hasta averiguar los límites de su nuevo juguete ¿Hasta dónde
podía llegar? ¿Qué podía exigirle que hiciera y qué no? Urgía responder a
esas preguntas.
 ..
¾ Bueno, pequeña, no has estado
mal. Sin embargo, con la precipitación, creo que me siento un poco incómodo ¿Qué
te parece si me desnudas?
 ..
Silvia emergió como de un letargo y lo miró espantada.
 ..
¾ Sí, que me quites la ropa ¾
insistió casi sin darle importancia¾ . Una mujer de
tu experiencia, de tu profesión, forzosamente está acostumbrada a eso y a
mucho más.
 ..
Las amenazas eran demasiado graves y ya había perdido
aquella batalla. Ni se molestó en buscar en su mente otras opciones. Se obligó
a sí misma a levantarse y desabrochó renuente los botones de la camisa de su
acompañante. Dios, estaba todavía más esmirriado de lo que parecía vestido.
Después le quitó el cinturón y tiró hacia abajo de los vaqueros, arrastrando
con ellos los slips. Él, se limitó a incorporarse de cuando en cuando para
facilitar la salida de cada prenda. Finalmente lo tuvo ante sí, desnudo como un
alambre, y apartó la vista para no echarse a llorar sobre sus costillas o sobre
sus piernas huesudas.
 ..
¾ Pues sí, ahora estoy mucho
mejor ¾ exclamó Quique al tiempo que aplastaba el
cigarro en el cenicero¾ . Hay que ver el tiempo que
hace que nos conocemos y todavía no me has enseñado tu casa ¿Por qué no lo
haces ahora?
 ..
El apartamento en sí tenía poco que ver.. aunque bien
situado, era aceptablemente pequeño y sólo constaba de un salón, terraza,
cuarto de baño, cocina y dormitorio de matrimonio. En un momento estuvo hecho
el breve recorrido sin que nada sucediera, salvo que Silvia tuvo la sensación
de que Quique esta apropiándose de todo cuanto veía. En la cocina, sin
preguntar, sacó un botellín de coca cola del frigorífico y, sin más, volvió
al salón, a recostarse en el sofá.
 ..
Ella lo siguió asustada, pero aún se asustó más cuando
vio que recogía su chaqueta del suelo y extraía del bolsillo una cámara
digital.
 ..
¾ Bueno, querida, hora de que nos
hagamos con un par de recuerdos.
 ..
Silvia lo miró espantada. La situación le resultaba
insoportable, las consecuencias que aquello tendría serían tremendas y, para
colmo, el tintineo de los cascabeles que producían sus movimientos la sacaba de
quicio. Aunque hacía rato que luchaba por evitarlo, las lágrimas resbalaron
por sus mejillas.
 ..
¾ Venga, no te hagas la mojigata
que los dos sabemos de qué va esto. Tengo fotos suficientes como para empapelar
Madrid, sólo se trata de un pequeño capricho.
 ..
Carecía de sentido intentar resistirse, ¿qué más daba que
las fotos fueran un poco más o menos procaces? Con las que ya tenía era más
que de sobra para destruirla, y lo que era peor: Sagasta respaldaba todo
aquello, negarse era imposible. Durante los minutos siguientes, bailó al son
que Quique marcaba.
 ..
El muchacho, enrojeciendo a ratos, apenas podía creer
facilidad con la que todo discurría.. entre trago y trago de la coca cola,
impartía órdenes y contemplaba asombrado cómo una Silvia cada vez más
acostumbrada a la obediencia, las cumplía escrupulosamente. Cuando le dijo que
se moviera por la habitación lo hizo, y cuando le indicó que se sentara ante
él, sobre la mesa de centro, acató reluctante la orden. Fotografiar a Silvia
Setién abierta de patas sobre una mesa era algo que colmaba con creces sus
expectativas. Encontrar siempre el camino expedito fue un poderoso excitante
para su imaginación.. al acabar su bebida, le tendió el botellín.. ella hizo
intención de ir a tirarlo a la basura, pero él, por señas, le indicó lo que
quería. Se resistió un poco, lloriqueó, pero en unos instantes estaba metiéndose
el gollete por el coño mientras él tomaba una instantánea tras otra.
Definitivamente, con lágrimas y todo, aquello le gustaba. Empezó a dejarse
caer cada vez con más violencia sobre la botella y a sollozar sonoramente.
 ..
Una vez más, Silvia perdió el control. Saberse en manos de
un hombre la ponía nerviosa, le daba miedo, y de ahí a la excitación había
un solo paso. En algún momento, siempre empezaba a respirar hondo, se sorprendía
de su propia humedad e intentaba contenerla.. inequívocamente se asustaba de sí
misma y eso la ponía aún más caliente. Malo era no saber qué le harían,
pero era mucho peor desconocer su propia reacción. Ver la botella, comprender
lo que Quique le exigía la hizo enrojecer, no sabía si de vergüenza o de
deseo.. tuvo que tomarla entre sus dedos y perpetrar la intrusión en su
intimidad. Cerró los ojos para no ver la cámara enfocándola, gritó de placer
para no oír el disparador, y se rindió al orgasmo, acabó corriéndose sobre
su amante cristalino. Dios ¿Quién y cuando vería aquellas fotos?
 ..
 ..
La mano de Quique la agarró de los cabellos, tiró hasta
hacerle daño, pero ella ya no era más que una muñeca de carne, insensible
hasta para el miedo. Se sintió arrastrada hacia el dormitorio y por una vez no
se sorprendió de ser lanzada sobre la cama, boca abajo. Enseguida la polla de
Quique se le introdujo en el culo, sintió su pecho, piel a piel, presionando
sobre su espalda, los testículos, yendo y viniendo sobre sus cachas, mientras
ladeaba la cabeza para respirar. Él empujaba como un loco, frenético.. notaba
dentro su verga como si le estuviera abriendo nuevos caminos internos, así
hasta que una ola de semen la invadió, explotó en su interior como una carga
de profundidad y los dos se derrumbaron en un arrasador orgasmo compartido.
 ..
Al despertar se sintió como un pedazo de tierra recién
abierta por un arado. Quique fumaba a junto a ella con aire placentero, y se
encontraba incomprensiblemente bien, con el cuerpo lacio y satisfecho como si
acabaran de darle un masaje. En cuanto tomó conciencia de ello la invadió la
confusión, le dio asco de su propio bienestar.
 ..
¾ ¿Qué planes tenías para
almorzar? ¾ Preguntó Quique de repente.
 ..
Respondió que pedir una pizza, aunque su voz le sonó extraña
y le costó trabajo regresar a la realidad. La apetencia de sexo se había
extinguido entre ellos. Sus temores eran ya un hecho consumado, una realidad y
había dejado de estar nerviosa. Quique... necesitaba descanso, no le quedaba
nada que intentar.
 ..
Se ducharon, esperaron al repartidor del restaurante y
comieron como si fueran simples amigos. Silvia estuvo ilusionada todo el tiempo
con que se fuera, rogando que le diera tiempo de llamar a Pedro antes de que
llegara Benito para el ensayo. Pero Quique no parecía tener prisa, comió
parsiminiosamente, y después le hizo prepararle un café y se recostó en el
sofá a echar un cigarro.
 ..
¾ ¿En qué piensas? ¾
Preguntó ella desesperada.
¾ No sé, en lo que voy a hacerte
¾ Le respondió con pasmosa tranquilidad¾
. Anda, cállate que quiero darle forma.
 ..
En realidad, él también había pensado en irse, sexualmente
no estaría útil hasta dentro de varias horas, pero había otra cosa: en cuanto
Silvia hablara con Sagasta, todo podía terminarse.. era preciso alargar aquello
lo más posible. Además, estaba expedito el camino hacia la operación
extendida, iba a llevarla al cumpleaños de Pablo, y ya se vería lo que daba de
sí la tarde.
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A Silvia se le esfumaron las esperanzas cuando vio a Quique
abrir su armario y empezar a trastear entre su ropa. ¿Iba a darle a todos los tíos
por vestirla como a una muñeca? La sangre volvió a helársele por las venas:
no podía desobedecer a Benito. Enseguida le explicó que no debía molestarse
en elegir ropa, que estaba obligada a ponerse la que había quedado esparcida
por el suelo del salón.
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¾ ¿Órdenes de tu chulo? ¾
Preguntó Quique.
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Ella agachó la cabeza y respondió afirmativamente. Quique
sonrió y le hizo ponérsela. Aún Silvia no había asumido la necesidad de
salir así a la calle, con esa chaqueta sin botones que dejaba ver el minúsculo
top elástico, el cinturón de cascabeles que lucía a la altura del ombligo. La
minifalda tampoco ayudaba, era un diminuto tubo de tela que llegaba muy pocos
centímetros por debajo del culo. Quique sonrió al verla y exhaló un silbido
de aprobación.
 ..
¾ Mis felicitaciones al negro, ni
yo mismo habría elegido mejor. Así vas perfectamente.
¾ Por favor ¿dónde me llevas? ¾
preguntó Silvia.
 ..
¾ De momento de compras ¾
respondió él con tono misterioso¾ , después ya
veremos. Por cierto, no te olvides del bolso y de coger la Visa.
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De vuestros comentarios depende que continúe o no
escribiendo esta historia. Si os gusta, espero que me lo hagáis saber.
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fedegoes@yahoo.es