ADVERTENCIA
Esta obra contiene escenas de sexo no consensuado, sadismo,
humillación, dominio y está orientada a lectores adultos. Si este tipo de
cosas no son de su agrado o de algún modo hieren su sensibilidad deje de leer
AHORA, después podría ser tarde. Por supuesto todas las escenas aquí
narradas son de absoluta ficción y es voluntad del autor que nunca lleguen a
ser reales. Cualquier comentario será bienvenido. (Absténganse de mandarme
ficheros adjuntos porque NUNCA los abro)
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fedegoes@yahoo.es
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¾ ¡Venga! Vayamos por ella ¾
Gritó Jorge¾ Sería estupendo que estuviera aquí
mientras charlamos de lo que le vamos a hacer. ¿No podemos obligarla a lo que
nos de la gana? Pues arrastrémosla por el fango. Quiero que la folle hasta mi
perro.
 ..
Habían salido a celebrar el éxito y andaban un poco
borrachos metidos en uno de esos Pubs de música suave para gente de mediana
edad. Excepto Benito, que se había quedado a acompañar a Silvia, todos los demás
se arremolinaban alrededor de dos mesas unidas, bebiendo güisqui y deshaciéndose
en risotadas. Una vez más Alberto era el único que mantenía la calma..
aquellos excesos de júbilo no eran de su agrado, sobre todo porque aún quedaba
mucho, mucho en que pensar.
 ..
¾ No digas estupideces, Jorge ¾
respondió reflexivamente¾ . Si la trajéramos no se
enteraría de nada. Está demasiado hecha polvo por la paliza que acabamos de
darle.
 ..
A pesar de su alegría, Jorge no pudo menos que asentir.. era
evidente que había que dejarla descansar, aunque ello también conllevara
riesgos.
 ..
¾ Si le damos tiempo se nos
escapará, encontrará quien la ayude. Sólo con que se de cuenta de que la cárcel
es un mal menor se nos habrá ido. Hay que no dejarla pensar y eso es difícil.
Sería mejor reventarla ahora que podemos.
 ..
Alberto, naturalmente, ya había calculado esa posibilidad y
había decidido que debían esperar. Sencillamente, reventarla de inmediato no
era lo que querían.
 ..
¾ Mirad, no podemos dejarla en
paz o se revolverá contra nosotros, y tampoco podemos persistir en una política
de palizas porque la destruiremos. La presión que ejerzamos ha de ser psicológica
y constante.. la época de los correctivos físicos ya ha pasado.. ahora nos toca
acostumbrarla a la obediencia y "..cuidarla".., si queremos que nos dure
el juguete. Ahora es cuando empieza lo más divertido, pero hay que ser sutil e
hilar fino.
 ..
¾ Perdona, Alberto, ¿quieres
decir que vamos a prolongar esto durante semanas, ¿queda algo que merezca la
pena hacerle? ¾ Interpuso Jorge.
 ..
¾ Semanas y hasta meses, si nos
es posible. Y respecto a lo otro... echa un vistazo a tu alrededor. Pregunta a
estos amigos si no hay nada que les apetezca hacer con Silvia¾
. Esperó un momento en silencio, mientras miraba a la concurrencia y sólo
volvió a hablar cuando estuvo seguro de haber captado la atención de todos.
 ..
¾ No sé si os habéis dado
cuenta del abanico de posibilidades que se abre ante nosotros, nunca tuvimos
tanto poder sobre ella. Podemos hacer favores de carne a los amigos,
prostituirla para redondear el sueldo, o incluso llevarla una tarde a casa para
que nos limpie el piso. ¿Y a cambio qué hemos de hacer? No abusar ¾
se respondió a sí mismo¾ , respetar los horarios,
a los compañeros, utilizar a M todo lo que se quiera, pero preservar a la señorita
Setién.
 ..
Luís era uno de los miembros del clan. Para él lo del
despido había sido especialmente humillante, había tenido el dudoso honor de
ser el único comercial al que Silvia no quiso conservar en plantilla. Lo peor
fue el saber que iba a contratar a otros. Le guardaba un rencor enorme y la
venganza de hacía un rato, aún sabrosa, le había resultado en exceso breve.
Naturalmente se había bebido las palabras de Alberto con fruición y esperanza.
 ..
¾ Somos muchos, muchos a
utilizarla. En cuanto la presionemos de una manera continuada se romperá, se
volverá loca o se tirará por una ventana.. al menos es lo que yo haría ¾
dijo con gesto preocupado.
 ..
¾ ¡Hombre, por fin alguien que
piensa! ¾ Exclamó Alberto admirativamente¾
. Así será en efecto, por eso insisto en que nos comportemos con una
misericordia útil. La presión que ejerzamos ha de ser sobre todo psicológica,
hay que endurecerla, que irla curtiendo en el oficio, hay que lograr que no
conciba la idea de la rebelión, que acepte nuestras órdenes como meros
vaticinios de hechos ineludibles. Si vamos despacio veremos cómo la identidad
de M prevalece sobre la de Silvia, será capaz, sin romperse, de cosas que nos
sorprendan, y el día menos pensado nos daremos cuenta de que a partir de ella
hemos moldeado otra persona.
 ..
Alberto, mientras hablaba, observó las caras asombradas de
sus compañeros y supo que nunca, ninguno de ellos, iba a discutir su liderazgo.
Pero Luís aún tenía una última objeción.
 ..
¾ ¿Y podemos confiar unos en
otros? ¿Cómo sabemos que a nadie le va a dar por destrozar la muñeca antes de
que juguemos todos?
 ..
¾ Esa es una pregunta difícil ¾
admitió Alberto, sin quitarle a Jorge la vista de encima¾
. Imaginemos que somos copropietarios de una mansión de recreo.. naturalmente
que podemos prestar la casa a unos amigos para que pasen el fin de semana, pero
parece poco razonable que vayamos a regalar una parte de nuestra finca..
asimismo, sería bastante insolidario que alguno de nosotros fuera a decidir
orinar en el fregadero ¿lo hará alguien? Urge que acordemos horarios y normas
de uso.. no por preservarla a ella, por protegernos a nosotros mismos de los
riesgos de la copropiedad.
 ..
Una ola de asentimiento recorrió todas las caras. Incluso
Jorge, que empezaba a emerger de entre los vapores del alcohol, esbozó una rápida
disculpa. Se había dejado llevar por la euforia del momento.. estaba de acuerdo
en mantener el fregadero en un estado tan higiénico como fuera posible. Al fin
y al cabo todos compartían los mismos intereses. Él pagaría la cuenta del Pub
y después una cena adecuada como muestra de buena voluntad.. así tendrían
tiempo de discutir los detalles y hasta de sortear los turnos. Cuando le tocara,
el cuerpo de Silvia lo resarciría de los gastos.
 ..
 ..
 ..
Las luces eran tenues, sólo los pilotos de emergencia
brillaban en el estudio. Hacía varios minutos que reinaba el silencio y ella no
se había sentido capaz de moverse ni de afrontar la cadena de acontecimientos.
La habían dejado allí como un trasto, como un juguete usado. Ya pensaría más
adelante, si es que encontraba en algún momento valor para pensar.. ahora urgía
salir de allí, sería tremendo que la viera alguien en ese estado, los guardias
de seguridad permanecían toda la noche en el recinto.
 ..
Probó a moverse y el cuerpo le respondió asombrosamente
bien.. estaba exhausta, dolorida, pero podía hacerlo. Empezó a incorporarse y
notó que algo resbalaba desde encima de su cuerpo, eran el consolador y la
cinta, intentó agarrarlos antes de que cayeran, se contorsionó con brusquedad
y oyó un "..pump".. extraño. Enseguida el mundo entero pareció
desequilibrarse. Se dio cuenta de que se había soltado una de las tres ventosas
que sujetaban el cristal a la base de la mesa y que este se inclinaba
peligrosamente. Intentó contrarrestar el movimiento sin conseguirlo y el
cristal, con ella encima cayó al suelo estallando en mil pedazos. Los pelos se
le pusieron de punta. Milagrosamente parecía no haberse cortado pero el
estruendo había sido enorme, podía atraer a algún vigilante. Por suerte,
conservaba puestos los zapatos de tacón e intentó ponerse en pie deprisa. Un
trozo grande de cristal en el que había apoyado la mano empezó a resbalar y
estaba a punto de caer de boca sobre las esquirlas cuando se sintió agarrada
por el cuello, justo por la correa de la que colgaba la campanilla. Aquello era
demasiado, estaba mareada, como si acabara de emerger de una pesadilla.
 ..
Se sintió erguida por unos brazos de hierro y mal que bien
estuvo de pie en un instante. No era ningún guardia, a la luz mortecina de los
pilotos vio la cara sonriente de Benito, completamente vestido y oliendo a gel
de baño.
 ..
¾ Bueno, mi amor, si te dejo sola
te matas ¾ lo oyó decir con su acento cubano¾
. Si apenas me has dejado darme una ducha.
 ..
La miró de arriba a abajo, como si fuera un trozo de carne y
hasta esbozó una media sonrisa. Por un instante pareció tentado de cogerle una
teta, pero su mano se detuvo en mitad del movimiento, estaba demasiado sucia.
 ..
¾ En fin, querida, hora de
lavarse ¿no te parece? No te quedes ahí como una estatua recién barnizada. Vámonos
ya.. después vendré a arreglar este desastre.
 ..
Silvia no soportaba ser tratada así. El desprecio, la
seguridad que veía en Benito eran para ella tan dañinos como el cúmulo de
vejaciones que acababa de atravesar. Pero ya había casi aprendido a reprimir
toda protesta y siguió al antillano hasta las duchas, así como estaba,
completamente desnuda. Tenía tan asumida su incapacidad para oponerse que ni
siquiera se molestó en asustarse de que la viera alguien.
Benito no mostró excesivo interés por mirarla ducharse, dejó
la puerta abierta pero anduvo todo el tiempo trasteando por el vestuario, buscándole
gel, toallas, y hasta se acercó a su despacho para recoger la ropa de calle.
 ..
Quitarse toda aquella pringue de encima la ayudó a volver a
sentirse casi un ser humano y hasta se permitió demorarse un poco bajo el cálido
chorro de agua, como si esperara limpiar su espíritu a la vez que su cuerpo. Se
hubiera quedado allí un buen rato de no ser porque vio que el negro empezaba a
impacientarse.
 ..
Minutos después estaba tan bien vestida y arreglada como
cuando llegó por la mañana a la empresa. Se miró fugazmente al espejo y
ninguna marca externa delataba el infierno por el que había pasado.
Internamente, en cambio, su cuerpo era un carnaval de escoceduras y punzadas que
le sobrevenían en mitad de cualquier gesto convirtiendo cada movimiento en un
suplicio. Eso, naturalmente, sin entrar a valorar estados de ánimo.
 ..
¾ ¡Venga! Te llevo a casa ¾
Sonó campechana la voz de Benito¾ y los dos echaron
a andar hasta el aparcamiento.
 ..
A pesar de ser el coche de Silvia, el antillano se empeñó
en conducir y ella no vio ningún motivo para oponerse. Al parecer le hacía
ilusión ponerse al volante de todo un BMW. Hicieron el trayecto en casi
absoluto silencio.. parados en un semáforo, ya en pleno centro, el negro acertó
a decirle:
 ..
¾ Vamos, mujer, míralo por el
lado bueno: ya no tendrás que llevar esas horribles botas a todas horas, sólo
el cinturón de cascabeles.. no me negarás que es mucho más cómodo e
infinitamente más alegre.
 ..
Silvia no respondió, ni siquiera aparentó haberlo oído, se
quedó con la mirada perdida hacia el tráfico. En unos minutos estuvieron
aparcando junto a su casa y ella se dejó acompañar hasta el propio
apartamento. Benito, nada más entrar, exhaló un silbido aprobatorio.
 ..
¾ Chica, hay que ver lo bien que
vivís las niñas ricas. Supongo que tendrás por ahí un juego de llaves de
repuesto. Si no, no te preocupes, te traigo estas en cuanto saque unas copias,
la pena es que no podrás salir...
 ..
Ella, con gesto abatido e incapaz de negarse a nada, le
respondió que podía quedárselas, y en la cara de Benito se dibujó una enorme
sonrisa.
 ..
¾ Ah, perfecto. Tengo un montón
de cosas que hacer, chulear a una puta es un trabajo muy duro. Por cierto, me
llevo el coche, ya por la tarde te lo devolveré cuando pase a verte. De momento
descansa y duerme la mañana, después hablaremos.
 ..
Silvia se quedó plantada, sin saber qué decir. Recibió
alucinada un rápido beso en la mejilla que le dio Benito y lo miró marcharse.
Sólo entonces se dio cuenta de que conservaba en su mano el consolador y la
maldita cinta vídeo. Por un momento pensó en machacarla, pero sería inútil
existiendo como existía una cinta maestra de la que ellos podían hacer cuantas
copias quisieran. Únicamente pudo pensar que aquel vídeo era la única prueba
que tenía de que estaba siendo sometida a un chantaje y que no debía obrar a
la ligera. Sin fuerzas para decidirse la etiquetó "..Perversión".. y la
rebujó entre sus demás películas. Se sentía muerta, tomó dos pastillas de
tranquilizantes y se acostó vestida.
 ..
REFLEXIONES
 ..
Los compañeros de piso estaban de viaje y Quique disfrutaba
de absoluta intimidad. Varias decenas de fotografías se desperdigaban por la
habitación, sobre la mesa, las sillas, la cama. Yacían amontonadas con las
esquinas estropeadas, las había manoseado, observado hasta la nausea,
intentando extraer cada brizna de información que pudieran contener. No solía
ser capaz de reflexionar durante demasiado tiempo, inevitablemente acababa haciéndose
una paja. Se tumbó en la cama intentando controlar la ansiedad, hacía días
que no paraba de darle vueltas al asunto de Silvia Setién.
 ..
Le había sorprendido enormemente su propia actitud ante todo
aquello, ese estado de permanente erección en el que vivía, esa constante
necesidad de masturbarse... Nunca antes había estado tan obsesionado con algo.
Estaba harto de esperar, se le acababa la paciencia y sin embargo follarse a
Silvia había dejado de ser su primera prioridad. No quería usar lo que tenía,
no quería desperdiciar ninguna oportunidad de sacarle a sus cartas el máximo
partido.
 ..
La búsqueda que hizo por las papeleras de la empresa fue un
rotundo éxito. Encontró todo un increíble reportaje de Silvia desnudándose,
adoptando posturas extrañas cargadas de erotismo. No eran más que copias
fallidas y dadas por inútiles, pero él podía arreglarlas tratándolas informáticamente.
Eran esas fotos las que habían dado alas a su imaginación y suscitado las
verdaderas preguntas: ¿Cómo era posible que Sagasta hubiera llegado a tener
tanto poder sobre Silvia? ¿Qué habría sucedido antes y después de que fueran
tomadas? Tenerlas en la mano había sido para él una prueba de fuego, tuvo que
resistir la tentación de ir a chantajearla en ese mismo instante. Lo del cartel
del ron había levantado una gran polvareda, poder demostrar que ella había
sido la modelo ejercería la función de un potente afrodisiaco.
 ..
Sin que se diera demasiada cuenta, en ese momento cambiaron
sus planes. Le había dolido mucho que Pablo no creyera la historia de la
mamada, le había molestado que se la hubiera contado a Rita y a otros
allegados... Desde entonces todo el mundo lo trataba con frialdad. ¡Silvia era
una chica tan irreprochable...! Mucho más que follársela a partir de entonces
quiso tener su propia parcela de poder sobre ella, hacer que le demostrara a
Pablo, empírica y detalladamente lo bien que chupaba pollas, hasta qué punto
era una mujerzuela. Y después de eso, en todo caso, que se lo demostrara al
mundo. Las mujeres no se le habían dado bien y tenía muy poca experiencia
sexual, el cuerpo de Silvia podía ser (además de una diversión) un magnífico
campo de entrenamiento, de experimentación, un lugar en el que descubrir y
poner en práctica toda clase de gozosas ocurrencias.
 ..
Esa, naturalmente, era la teoría, no obstante era consciente
de no poder obligarla mucho más allá de algún polvo y aún eso con suerte.
Pensaba, pensaba hasta desfallecer, pero no se atrevía a actuar pues sabía que
el primer ataque sería crucial y quería estar seguro de tener atados todos los
cabos.
 ..
Alberto Sagasta era, definitivamente, la clave de todo
aquello.. él tenía el control de Silvia y para cualquier cosa sería con él
con quien tendría que tratar. Varias veces había estado a punto de llamarlo
por teléfono y solicitar su apoyo, o pedirle que le diera a su putita una orden
tan divertida como la de la tarde del club, pero había sabido resistirse.. don
Alberto podía prestarla, castigarla, u obligarla a lo que quisiera, pero difícilmente
iba a compartir con alguien el poder que tenía sobre ella. No, no cabía
esperar demasiada ayuda de ese lado, tenía que conquistar por sí mismo su
propia cuota de poder y acudir a Sagasta sólo como último recurso.
 ..
Había otra cosa en la que había tenido mala suerte: la
inoportuna defunción de don Enrique. Aquella pérdida había mantenido a Silvia
fuera de circulación durante varios días, y lo que era peor, había restado
eficacia al arma de las fotos.. ya no existía un padre al que mostrárselas, tan
sólo quedaba el selecto y estiradísimo ambiente del club...
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No podía seguir esperando, no estaba logrando ninguna
ventaja con la inacción. Alberto Sagasta, en cualquier momento, podía
decidirse a ponerla en evidencia, divulgar material sobre ella, y en ese
instante sus fotos carecerían de valor, dejarían de servir como amenaza. Tenía
que actuar con lo que tenía, en todo caso aguzar alguna de sus armas, pero
actuar de una vez. Aunque claro... le faltaba poder real, si jugaba limpio se
escaparía.. una vez más sólo su ingenio podría hacer el milagro: un adecuado
armazón de mentiras sería la llave que le abriría las piernas y la voluntad a
esa puta. Jugar de farol era la solución.. alguien que estaba siendo víctima de
un chantaje era forzosamente vulnerable, podía ser chantajeado dos veces.
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Acariciar esa posibilidad le llenó la bragueta. Tuvo que
abrir la cremallera para dejarle salida al problema. El sabía que su obsesión
era enfermiza, pero ¿qué importaba? Le hacía pasar tan buenos momentos que no
la abandonaría por nada del mundo, al menos hasta que hubiera terminado de
disfrutarla y podía quedarle tanto, tanto por disfrutar...
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EL NÚMERO DIEZ
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Silvia dio una mala vuelta y se cayó de la cama. Se incorporó
deprisa y miró el despertador. El sol entraba a raudales por el balcón y la
deslumbró, eran las doce treinta de la mañana. El efecto del somnífero había
desaparecido por completo. Hacía ya rato que estaba despierta, pero no había
querido levantarse, se había aferrado al sueño como si fuera una coraza, la única
barrera que podía colocar entre ella y la realidad. ¿Por qué sería que todos
sus intentos de escapar acababan siempre con un golpe?
 ..
Era el mismo dormitorio de siempre, el mismo apartamento,
bien amueblado, espacioso, con todos los detalles que hacen la vida cómoda y
puede proporcionar el dinero. Era su hogar desde hacía unos meses y estaba
acostumbrada a sentirlo sólido bajo sus pies, estable como si sus cimientos
descansaran sobre un lecho de roca viva.. ahora esa ilusión de estabilidad se
había esfumado. Ahora su vida pendía de un hilo del que otros podían tirar a
su antojo, eso lo cambiaba todo hasta lo irreconocible. Su casa podía
desaparecer, su dinero podía desaparecer, de hecho su libertad y su vida ya habían
desaparecido. En cuanto se despabiló lo suficiente para percibir el alcance de
ese hecho deseó morirse, y lo deseó de una manera muy distinta a otras veces:
ya no era la rabieta de una niña consentida, era una visión objetiva de la
realidad, era la conciencia de lo que le esperaba y de su incapacidad para
soportarlo. Ella no podía convertirse en el juguete de ese atajo de
degenerados, la arrastrarían por todas las perversiones, se divertirían a
fondo y no tendrían absolutamente ninguna piedad (¡Qué horror tener que
depender de la piedad ajena!). Su derrota había sido total. Hay cosas que no
pueden hacerse una vez pensadas, así pues no podía pensarlo, debía escapar
por el único medio de que disponía: acabar con su vida.
 ..
Intentando no pensar, cerrarle la puerta a la imaginación,
fue a la cocina y cogió un cuchillo de cortar carne, el filo era de sierra.. se
lo apoyó en la muñeca e hizo fuerza. La mano le temblaba y pasó un largo
minuto deslizando el acero por el azul de sus venas, apenas logró erosionarse
la piel.. en cuanto empezó a escocerle retiró la hoja y rompió a llorar. Abrió
el grifo del agua caliente en el fregadero y dejó que se llenara la pila, había
oído decir que sumergiendo las manos uno no sentía cómo se desangraba. Justo
en ese momento imaginó el agua tiñéndose de rojo, la somnolencia que le
entraría, y cómo Benito, por la tarde, encontraría su cuerpo frío, tirado en
el suelo. No, tampoco así iba a ser capaz.
 ..
Frustrada, arrojó el cuchillo contra la pared.. aquello era
demasiado sucio, era demasiado evidente que estaba atentando contra sí misma,
tendría que intentarlo de otra forma. Corrió hacia la terraza, su primera
intención fue la de saltar la baranda como si estuviera como si estuviera en el
viejo instituto, practicando salto de altura. En lugar de eso sintió como sus
dos manos se aferraban como garfios a los hierros negándose a soltarse. Nueve
pisos más abajo quedaba la calle, era demasiada distancia, quedaría destrozada
sobre el asfalto y lo que era peor: todo el mundo sabría que había sido un
suicidio. No, mejor simular un accidente. Cogió una silla e hizo como si fuera
a cambiar la bombilla de la terraza, se subió y empezó a desenroscar la
pantalla. Así era más fácil, tan sencillo como dejarse ir, distraída hacia
abajo.. era un sólo paso, lo pies le quedaban casi a la altura de la baranda...
Justo en ese momento sonó el teléfono e intentó ignorar el timbre ¿Qué
importaba quién fuera? Ya no había un mañana... y si acababa por haberlo no
le pertenecería. Miró hacia abajo e instintivamente dio un paso atrás, hacia
el borde de la silla. Ya tenía la pantalla casi completamente suelta y no era
capaz de dejarse caer. El teléfono seguía sonando con atronadora persistencia.
Hizo un último esfuerzo por lanzarse al vacío. Estaba mareada. El aire le
ensordecía los oídos y se tambaleó hacia dentro, cayó, pero sus pies
descalzos hallaron las baldosas de la terraza y quedó confundida, decepcionada,
con las lágrimas brillando bajo la luz del medio día.
 ..
Entonces decidió huir de la huida, no afrontar su momentánea
incapacidad para matarse y volvió a entrar, precipitadamente descolgó el
auricular. Era Pedro, su voz sonó preocupada.
 ..
¾ Me he enterado de unas cosas
muy raras y tengo que verte enseguida.
 ..
Silvia no fue capaz de responder, el corazón parecía que
fuera a salírsele del pecho. Algo dentro de sí misma le exigió que colgara..
estaba demasiado ocupada suicidándose como para atender al teléfono. Lejos de
eso se oyó a sí misma decir con voz ronca:
 ..
¾ Vale, recógeme cuando quieras.
 ..
Pedro parecía asustado. En condiciones normales el simple
hecho de llamarla podría haberlo puesto nervioso, pero no era esa clase de
excitación la que traslucían sus titubeos. Por desgracia no era demasiado difícil
suponer qué era lo que podía producirle esas sensaciones. Se citaron para las
dos de la tarde y se despidieron con rapidez. Ella respiró aliviada, al menos
podía posponer durante un rato sus intentos autodestructivos.
 ..
¨ ¨ ¨
 ..
Solía haber poca gente a esa hora en el Café Inhiesta, por
eso Silvia lo había elegido como lugar de encuentro. Cruzó el salón con la
mirada perdida y se sentó a una mesa que quedaba bastante oculta, tras una
columna y un biombo. Se sentía inquieta, aún tenía demasiado frescas las
heridas de la noche pasada y lo que era peor: era consciente de ser la esclava
sexual de Jorge y Alberto a tiempo completo, hasta el más cotidiano de sus
gestos podía hacerla acreedora de un castigo. Esa conciencia aportaba a su
rostro una palidez glacial, y arrancaba humedades a sus ojos que pugnaban por
encauzarse cara abajo... Pero ya había llorado en su apartamento y no iba a
consentirse la debilidad de hacerlo también en público.. estaba al lado de su
casa y las lágrimas le destrozarían el maquillaje.
 ..
Se había puesto una falda holgada y una sencilla camisa
blanca que con el temblor de manos que sufría le había costado un horror
abrocharse.. tuvo que apelar a desconocidas reservas de autocontrol para ser
capaz de darse algo de sombra de ojos y colorete que disimularan su estado cadavérico.
Salir a la calle y comprobar que nadie la miraba fue un descanso, tenía la
sensación de que todo el mundo sabía lo que le estaba pasando e iba a reírse
de ella... o algo peor.. afortunadamente no era así.. probablemente por lo poco
llamativo de su vestuario nadie le prestó atención ni en la calle ni en el
bar. Ahora disimular era mucho más fácil que cuando la obligaban a llevar las
botas, sólo debía preocuparse de no hacer movimientos bruscos, de andar sin
contonearse, para no hacer sonar los cascabeles que colgaban bajo su camisa.
 ..
Aún faltaban cinco minutos para las dos y ella recorrió el
local con la vista. Había unas pocas mesas ocupadas por hombres leyendo el periódico..
el silencio llegaría a ser molesto de no ser por el sonido del televisor y el
esporádico ulular de las máquinas tragaperras. El camarero se le acercó con
el mismo rostro gris de siempre, sin que la esperanza de atisbar un escote
generoso animara su expresión. Ella le pidió una cerveza intentando que todo
pareciera normal y por una vez sin rastro de displicencia.
 ..
Sus intentos de suicidio la habían dejado a un paso de la
histeria, pero pensar en la vida era igualmente enervante.. sus enemigos habían
adquirido un poder absoluto sobre ella, un poder cuyas consecuencias iban a
hacerse sentir muy pronto e iban a ser imposibles de asumir. Matarse era
realmente la mejor solución. Pero... ¿Qué pintaría Pedro en toda esa
historia? ¿Se podría confiar en él? De momento parecía evidente que había
sido elegido como su décimo "..instructor".. (Aún no podía aceptar lo
que había sucedido la noche anterior, aquella despiadada parodia docente...) ¿Por
qué él? Y la otra pregunta: ¿Qué pretendería hacer con el poder que le habían
concedido? ¿Sería de verdad tan buena persona como para no desear emplearlo?
Una cosa estaba clara: aunque rehusara sumarse a sus explotadores era muy poca
la ayuda que podía llegar de su parte, no iba a ser capaz de enfrentarse con
sus jefes y ella nada podría hacer por evitar que lo despidieran, de hecho la
obligarían a firmar la rescisión de su contrato, hasta ese extremo la tenían
atrapada. Pero no, mejor no pensar, intentar aceptar las cosas como vinieran..
estaba en un local público y debía evitar dar un espectáculo.
 ..
En cuanto levantó la vista encontró a Pedro casi a su lado,
a punto de sentarse. Tan abstraída había estado que no lo había visto venir.
Traía la cara descompuesta.
 ..
¾ Dios santo, mujer, me han enseñado
la cinta de vídeo, me lo han explicado todo, y me he quedado asustado de lo que
debes estar pasando. Mi primera intención fue ir a la policía, pero claro...
tendría que incriminarte a ti en lo de tu padre...
 ..
¾ No lo hice ¾
Interrumpió ella¾ . Te juro que tuve el mal momento
de rellenar las cápsulas, pero un rato después traje otras nuevas de la
farmacia. No lo hice ¾ Repitió al borde de la
histeria.
 ..
¾ Te creo, por supuesto que te
creo ¾ respondió con aspecto serio¾
. Puedes ser una empresaria agresiva, incluso despiadada a la hora de tomar
decisiones de trabajo, pero de ahí a ser una parricida media todo un abismo.
Por eso me ha repugnado todavía más lo que te están haciendo, porque estoy
convencido de que eres incapaz de matar a nadie, y mucho menos a tu propio
padre.
 ..
Silvia no pudo aguantar más. Desvió la vista hacia el
ventanal mientras los ojos se le inundaban de lágrimas, contrajo el rostro,
sorbió, y finalmente rompió en un llanto callado, ocultándose la cara con las
manos.
 ..
¾ Eh, eh. Venga, mujer ¾
dijo acariciándole el brazo para confortarla¾ ,
mantén el ánimo. Te voy a ayudar. Te prometo que te voy a ayudar. Verás como
conseguimos sacarte de esto.
 ..
¾ No hay nada que hacer ¾
Gimoteó ella, sin descubrirse la cara¾ ¿Cómo vas
a evitar que me denuncien, eh, cómo vas a evitarlo?
 ..
¾ Tranquila. No llores. Comprendo
que todavía no puedo ofrecerte nada sólido, pero ya verás como encontramos la
manera. Los engañé ¿sabes? Les hice creer que entraba en el juego. El
claustro se reúne semanalmente para cambiar impresiones y conjuntar los planes..
yo seré uno de ellos, vamos a saber lo que intentan hacerte antes de que te lo
hagan, siempre estarás prevenida. Además, si nos ponemos a pensar, si diseñamos
una estrategia, es seguro que conseguiremos librarte. Debemos tener presente que
lo que intentan es imposible. No se puede esclavizar a nadie en estos días, de
ese hecho podemos extraer toda la fe que necesitemos.
 ..
Silvia lo miró fugazmente entre esperanzada y agradecida.
Aquello sonaba mejor, pero eran expectativas demasiado tenues para pretender
oponerlas a la negrura que se cernía sobre ella. Muy pronto volvió a dejarse
sofocar por las lágrimas y a esconder la cara. La voz de Pedro, serena,
afectuosa, susurró de nuevo consejos en su oído.
 ..
¾ Tranquila, mujer, ganaremos. No
podías pretender enfrentarte a ellos tu sola. Son varios, lo planearon todo y
te cogieron desprevenida.. no has hecho nada malo, son ellos los que están
cometiendo un delito terrible. Siempre te ha faltado lo que ahora tienes: un
amigo, una cabeza que piense en ti junto a la tuya, alguien en quien confiar,
alguien que además te avise de sus planes. Ahora me tienes a mí, no debiste
intentar afrontar esto sin ayuda.
 ..
Silvia pareció relajarse un poco. ¿Sería posible? Ella,
que siempre se había creído capaz de conquistar el mundo sola, y ahora estaba
encantada de haber encontrado un amigo ¿Cuando había ella tenido amigos,
cuando los había necesitado? La voz de Pedro volvió a sonar serena y cargada
de convicción.
 ..
¾ De momento lo importante es que
no hagas tonterías. Gana tiempo, engáñalos, hazles creer que entras en el
juego, pero mantén la cabeza fría. Deja que se confíen, mientras tanto
nosotros buscaremos una solución.
 ..
¾ ¿Solución? ¿Pero qué solución
va a haber, treinta años de cárcel? ¾ Respondió
ella entrecortadamente, con tono dubitativo, mientras moqueaba y se secaba las lágrimas.
 ..
¾ No, no ¡Ese es otro error! Hay
solución. Las soluciones están por todas partes. ¾
Insistió alzando la voz¾ ¿De verdad crees que
tantos tíos pueden compartir una mujer sin pelearse entre ellos? ¿Qué sucedería
si se enfrentaran Jorge y Alberto? El tiempo juega a tu favor.. eres muy guapa,
habrá instructores que sucumbirán ante ti, adquirirás poder sobre algunos, y
podrás añadir leña a todos los fuegos. Y eso así a simple vista, en cuanto
lo pensemos verás como surgen mejores posibilidades.
 ..
¾ Sí, eso puede hacerse ¾
Respondió Silvia ya más tranquila y con expresión ligeramente calculadora¾
. A pesar de tenerme como me tienen habrá hombres que se dejen engatusar. Pero
eso significa entrar en el juego y va a ser tan duro que no creo que pueda
soportarlo.
 ..
¾ Recuerda que ya estás dentro..
yo sólo te digo que te mantengas alerta porque seguro surgirán oportunidades
de liberarte. Por ejemplo: Sabemos que instalaron una cámara en tu propio
despacho, con ella filmaron la escena en que rellenaste las pastillas.. si la cámara
sigue en uso podríamos decir algo ante ella, intoxicar a esos cerdos con
información falsa, engañarlos y tenderles alguna trampa.
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¾ Podríamos ¾
Asintió Silvia, cada vez más esperanzada.
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¾ Espera. Aún hay más:
forzosamente alguien tuvo que darle el cambiazo al tarro de pastillas que
trajiste de la Farmacia, la cámara debió filmar a esa persona. ¿Qué pasaría
si encontráramos esa cinta? Serías tú quien podrías acusar de asesinato a
Alberto o a Jorge porque por fuerza debe tratarse de uno de los dos.. te habrías
liberado y de paso le habrías ajustado las cuentas a ese par de degenerados. ¿Es
posible que no te ilusione esa posibilidad?
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Sí, la ilusionaba. Había sido providencial la aparición de
Pedro, sin él jamás había pensado que la posición de sus enemigos era también
vulnerable, habría sucumbido a la autocompasión o al suicidio. Naturalmente
nada había cambiado, seguía sin saber si podría resistir la inminente cadena
de vejaciones, pero al menos veía una nueva luz al final del túnel, veía
buenas posibilidades y eso era todo cuanto necesitaba para luchar. Era cierto
que estaba malherida pero seguía siendo ella misma, seguía siendo fría,
cerebral y saldría de la trampa a la primera ocasión. Repentinamente sintió
una increíble ola de gratitud hacia Pedro.. jamás había actuado así, pero jamás
había experimentado tanta proximidad hacia nadie, se giró hacia él y lo abrazó
suavemente, aunque con tremenda calidez. Si lograba recuperarse sería a él a
quien se lo debería.
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De vuestros comentarios depende que continúe o no
escribiendo esta historia. Si os gusta, espero que me lo hagáis saber.
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fedegoes@yahoo.es