ADVERTENCIA
Esta obra contiene escenas de sexo no consensuado, sadismo,
humillación, dominio y está orientada a lectores adultos. Si este tipo de
cosas no son de su agrado o de algún modo hieren su sensibilidad deje de leer
AHORA, después podría ser tarde. Por supuesto todas las escenas aquí narradas
son de absoluta ficción y es voluntad del autor que nunca lleguen a ser reales.
Cualquier comentario será bienvenido. (Absténganse de mandarme ficheros
adjuntos porque NUNCA los abro)
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fedegoes@yahoo.es
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Parte 11
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Eran las diez de la mañana. Era su último día libre y no
tenía por qué ir a la empresa, pero el enfado y la histeria la habían llevado
hasta allí. No podía ser, era una barbaridad lo que le estaban haciendo, la
aparición de Quique.. no podía comprender cómo lo habían permitido. Nada más
entrar al recinto se llevó la primera sorpresa: Ya no tenía aparcamiento
reservado. En la que había sido su plaza ahora figuraba el nombre de Alberto
Sagasta, y allí estaba su coche. Golpeó el volante al darse cuenta, salió de
nuevo a la calle y se lió a dar vueltas.
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Todo estaba ocupado, tuvo que aparcar a más de quinientos
metros de su destino. Al bajarse, las incomodidades propias de su situación se
le vinieron encima: Era un espectáculo salir a la calle con esa ropa, que además
ya estaba sucia. La chaqueta no había manera de cerrársela, los cascabeles
tintineaban con estridencia en cuanto se movía rápido, la minifalda era
escandalosa, y ella ardía en deseos de quitarse del camino cuanto antes.
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Hacía una mañana hermosa, soleada. Echó a andar por la
acera lo más deprisa que pudo, pegada a la pared, intentando ignorar el sonido
navideño que emitía su cintura. Por fortuna la calle estaba casi vacía, los
hombres estaban en sus trabajos, los jóvenes estudiando, tan sólo algún ama
de casa que otra se detenía con su carrito de la compra y le echaba una mirada
de asco. La ira se le enroscaba en el estómago y se moría de ganas de
abofetear a alguien.
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Unos metros más adelante vio un grupo de niños, de entre
doce y catorce años, y dudó de si debía seguir. Pero... ¿Qué otra cosa podía
hacer? Aminoró el paso e intentó no contonearse ¾
cosa difícil con los zapatos de tacón¾ para que
sonara menos el cascabeleo. Vista al frente e indiferencia, esa fue la consigna.
Dio igual. Enseguida oyó que uno de ellos decía: "..Mira que tía".., y
en el acto todos la miraron al unísono. Ella sabía que era peor huir, así que
siguió acera adelante, a sabiendas de que tendría que soportar el chaparrón.
 ..
¾ Te voy a comer el coño ¾
Dijo uno de los chicos más mayores en voz lo bastante alta para ser oído. Los
otros le rieron la gracia.
 ..
Silvia, ya había pasado por cosas así otras veces, y
recientemente hasta por otras mucho peores, pero a pesar de eso detestaba esas
situaciones, sentirse observada como un trozo de carne al que se podía insultar
impunemente. En otros casos, había podido al menos usar su dignidad como un
arma, responder, pedir ayuda.. ahora sabía que era su forma de vestir la que la
hacía acreedora a esas atenciones y que no podía aspirar a ninguna comprensión.
Miró al frente, aceleró el paso e intentó hacer oídos sordos, pero las cosas
fueron más lejos de lo esperado. El chico que hablara primero, uno rubio,
pecoso y con cara de golfo, se acercó hacia ella con unos andares muy
prepotentes:
 ..
¾ Oye, tía, ¿Eres puta? ¾
Preguntó.
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Silvia lo miró de reojo sin detenerse. El chico era algo
mayor que sus amigos y muy probablemente el jefe de la pandilla. Naturalmente,
no contestó. Era cosa de aguantar y seguir camino, pronto se aburrirían. Para
su sorpresa, el chaval se puso a su lado y empezó a seguirla a un palmo de
distancia.
 ..
¾ Oye, que te he preguntado si
eres puta ¿Lo eres o follas gratis?
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Los amigos se rieron y enseguida se unieron a él. Pronto
estuvo rodeada por todo un grupo de adolescentes diciéndole groserías. Apoyado
en la masa, el líder se envalentonó aún más:
 ..
¾ Mira, si no eres puta seguro
que eres una calentorra, vas enseñando el culo.
 ..
¾ Por favor, dejadme ¾
dijo Silvia con un rictus de cansancio, y enseguida se dio cuenta de que había
cometido un error. Alguien le palpó el trasero y no se atrevió a volverse.
 ..
¾ ¿Por qué llevas cascabeles? ¾
preguntó otro chaval¾
¾ Por mil pelas te echo un polvo ¾
dijo otro¾ . Cobro por adelantado.
 ..
Aunque sabía que no debía llorar, a Silvia se le escapó
una lágrima. Dios, ya estaba cerca, sólo faltaban unos treinta metros para la
entrada al recinto, y muy pocos más para la puerta de entrada. Tenía que
resistir. Alguno de los muchachos le pegó un tirón de la falda, que quedó
ladeada sobre la cadera y no tuvo más remedio que casi detenerse y colocarla en
su sitio.. llevaba demasiada poca ropa como para poder consentir que la
desplazaran de los sitios estratégicos, eran los únicos que conservaba
cubiertos.
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¾ Tía ¿De qué color llevas las
bragas? ¾ Preguntó otro chico.
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Sin saberlo, había puesto el dedo en la llaga. Las bragas,
el diminuto tanga amarillo, habían quedado en el bolsillo de la chaqueta de
Quique.. la minifalda era la única barrera que protegía su intimidad. Rompió a
llorar ya sin control, y recorrió el resto del camino contorsionándose ante
los constantes toqueteos y tironcitos de los muchachos. Finalmente, cerró tras
sí la puerta del edificio de oficinas y respiró hondo. Los chicos quedaron
fuera, intimidados por el aspecto de seriedad que daba el lugar. Por suerte, la
dependienta no estaba en el mostrador, y Silvia dispuso de unos minutos para
arreglarse la ropa todo lo posible y recomponer su imagen. Ella estaba allí por
algo: tenía que ver a la raíz de todos los males, tenía que ver a Alberto
Sagasta.
 ..
Recorrió rauda los pasillos, sin fijarse en si la miraban o
no, y encontró a Alberto en su despacho, con los pies encima de la mesa y
hablando por teléfono. Más que un despacho aquello parecía una sala de estar,
con su dos sofás, el ordenador y el cuidado mobiliario. Se le revolvió el estómago
de pensar que tanto aquello como la plaza de aparcamiento de la que acababa de
ser despojada, era ella la propietaria. Era la dueña de los medios que habían
usado para esclavizarla. Alberto colgó nada más verla.
 ..
¾ Chica ¿Cómo tú por aquí? ¾
Preguntó con aparente sorpresa¾ . Si estás de
vacaciones.
 ..
¾ No lo entiendo ¾
Gritó ella¾ ¿Por qué demonios me habéis mandado
a Quique? Soy una persona, sois muchos, si me andáis regalando a unos y a otros
no vais a tocar a nada y me vais a destrozar en tres días. Estáis locos ¿Cómo
podéis creer que resistiré si no me dejáis descansar? No hay copias de mí,
todos reventáis el original.
 ..
¾ Un momento, un momento ¾
respondió Alberto con cara de no entender nada, al tiempo que pulsaba el botón
del intercomunicador.
 ..
¾ Benito, Juan y Jorge: Venid a
mi despacho, nuestra directora ha venido a vernos ¾
dijo a través del aparato.
 ..
Silvia permanecía de pie, daba saltitos de rabia ante la
mesa de escritorio. Tras ella, entraron los hombres con aire sorprendido y
fueron acomodándose por sofás y sillones. Jorge parecía alegre, como si no se
esperara el regalo de una visita.
 ..
¾ Pues bueno, querida, esta es la
Junta Escolar.. oiremos atentamente tus quejas ¿Qué ha pasado?
 ..
De pronto Silvia se sintió estúpida, allí de pie, rodeada
por sus torturadores y tan escasamente vestida como la obligaban a ir. A pesar
del sentido del ridículo dio rienda suelta a la ira.
 ..
¾ Ha sucedido que habéis mandado
a Quique a mi casa con el reportaje del Ron para que me chantajee, ha sucedido
que me echó dos polvos, me obligó a masturbarme mientras me fotografiaba, y
después me dio por el culo ¿Os parece poco? Eso es lo que ha sucedido ¾
Se quedó callada al darse cuenta de que lo había dicho todo en voz muy alta,
llevada por la histeria, sin atender a que podía estar enterándose el resto de
la oficina.
 ..
¾ Bien, estamos seguros de tu
sinceridad ¾ intervino Alberto¾
, pero si nos cuentas las cosas de una manera tan general probablemente no
lleguemos a comprender el problema. A pesar de la dificultad natural ¿no podrías
ser mucho más explícita? Piensa que probablemente ya conozcamos la versión de
Quique.. di la verdad e intenta no omitir nada. Estamos aquí para ayudarte.
 ..
Silvia miró a su alrededor y no vio sino caras sonrientes.
En el acto, la atenazó el sentido del ridículo y se arrepintió de haber
cedido al impulso de ir hasta allí. Se sentía desnuda de cuerpo y mente ante
ellos, a pesar de lo cual, ya no le quedaba otro remedio que seguir adelante.
 ..
¾ Me tuve que vestir con la ropa
que Benito me había dejado preparada ¾ dijo
nerviosamente¾ . Me obligó a salir a la calle sin
explicarme a dónde nos dirigíamos. No es necesario deciros que me sentí
fatal. Naturalmente fuimos en mi coche y conduje yo. Él fue todo el tiempo
indicándome el camino, hasta que me ordenó que aparcara junto a un
supermercado.
 ..
¾ ¿Un supermercado? ¾
Preguntó Juan con incredulidad, como sin comprender que alguien pudiera llevar
a un sitio así a una mujer tan guapa, y tan sexualmente disponible.
 ..
¾ Sí, a un supermercado ¾
continuó ella¾ . En un principio pensé que quería
exhibirme y de paso comprarse a costa mía unos cuantos caprichos, más tarde
salí de mi error. Para mi sorpresa, me hizo coger un carro y fuimos hacia la
zona de alimentación. Recuerdo que estaba roja de vergüenza.. así vestida,
todos los tíos se volvían a mirarme y Quique a veces se retrasaba para que no
se cortaran en decirme borderíos.. en otras ocasiones me toqueteaba para
presumir de hembra. Me sentí como si cualquiera que le apeteciera pudiera darme
un tirón del top y empezar a magrearme las tetas. Fue tremendo, pero no sabía
que lo peor no había siquiera empezado.
 ..
¾ Perdona, querida ¾
interrumpió Jorge con una mirada maligna¾ ¿Por qué
la zona de alimentación, qué comprasteis?
 ..
¾ En ese momento yo tampoco
comprendía el porqué, me limitaba a sentirme destrozada y a ver qué pasaba.
Él fue delante, metiendo en el carro todo lo que le daba la gana: Comidas
preparadas, fiambres, latas, Champán de marca, güisquis, y no sé qué más.
Cuando fui a pagar, me cargaron en la tarjeta cuarenta mil pesetas.
 ..
Tuvo que dejar de hablar interrumpida por las carcajadas de
la concurrencia.
 ..
¾ Joder, qué tío ese Quique ¾
dijo Jorge a Alberto medio atragantado por la risa¾
. Llevársela de compras y hacerle pagar la cuenta.
 ..
Silvia empezó a sentirse mareada. Llevaba demasiado tiempo
sin relajarse: la follada de Quique, las compras, ser exhibida como un trofeo,
haberse llevado la noche jodiendo, y ahora toda aquella gente mirándola... Era
mucho más de lo que podía resistir.
 ..
¾ Por favor ¿Puedo sentarme? ¾
Preguntó con voz lastimera.
 ..
Alberto estuvo a punto de decir que sí, pero Jorge lo hizo
callar con un movimiento de la mano.
 ..
¾ No, mejor sigue de pie, así
vemos mucho mejor lo buena que estás.
 ..
Silvia se sintió mal, pero al menos no se avergonzó por
saberse observada y fue capaz de ignorar el coro de risas infantiles que llenó
la habitación. No tenía nada que perder, aquellos hombres ya tenían un poder
absoluto sobre ella desde hacía días.
 ..
¾ Bueno, querida ¿Qué te parece
si sigues con la historia? ¾ Intervino Benito
aportando seriedad a la concurrencia.
 ..
Silvia tragó saliva y se dispuso a continuar.
 ..
¾ Quique fue a mi lado todo el
tiempo, como un señor, sin molestarse nunca en coger el carro. Naturalmente no
paré de preguntarle a dónde nos dirigíamos, pero no quiso contestarme. Tuve
que meter sola la compra en el maletero y que ponerme al volante. A pesar de su
intención de mantenerme en la ignorancia por sus primeras indicaciones supe que
íbamos de vuelta a mi casa.
 ..
¾ No me digas que otra vez tenía
ganas de follarte ¡Ese tío es incansable! ¾ Exclamó
Juan.
 ..
¾ No, no se trataba de eso ¾
contestó ella con desgana¾ . Cuando llegamos, me
ordenó que sacara el champán y todos los productos que requerían frigorífico
y que los subiera a casa. Él, mientras tanto, me esperó en el coche.. en cuanto
estuve de vuelta seguimos camino.
 ..
¾ Menudo pillo ese Quique ¿Adónde
pretendía llevarte ahora? ¾ Preguntó Benito con
una sonrisa cómplice.
 ..
¾ Al principio yo tampoco lo sabía,
pero ahí empezó la verdadera pesadilla. Calle a calle, rotonda a rotonda, mis
temores fueron tomando forma: me estaba llevando al club. En algún momento me
puse tan nerviosa que no fui capaz de seguir conduciendo, me negué a ir, pero
él me amenazó con quejarse a Alberto de mi proceder y no me quedó más
remedio que continuar.
 ..
Por un instante, se quedó mirando a Alberto, como si
esperara que hiciera algo, pero nada dijo y su cara no mostraba sino una leve
curiosidad, así que prosiguió con el relato.
 ..
¾ Recordé que era el cumpleaños
de Pablo. Lo había olvidado porque no pensaba asistir, no tenía ganas de ver a
nadie y lo de mi padre explicaba sobradamente mi ausencia. Quería que no llegáramos
nunca, pero finalmente lo hicimos. Me vi bajándome del coche en el
aparcamiento, y él, echándome el brazo por la cintura, debió decidir que era
la ocasión propicia para decírmelo: "..Vas a aparecer como mi
pareja"... El mundo se me cayó a los pies.
 ..
¾ Jodeeer ¡Qué golfo ese amigo
tuyo! Creo que me caerá bien cuando lo conozca ¾
Interrumpió Jorge.
 ..
¾ Os caerá bien a todos ¾
respondió Silvia, que estaba demasiado enfadada como para ser prudente¾
, es tan cabrón como cualquiera de vosotros.
 ..
Se quedó un momento mirándolos, dudando de si debía
proseguir, pero enseguida vio que no se habían sentido insultados.. se habían
tomado su frase como si fuera el ladrido lastimero de un perro. Los cuatro
hombres la miraban expectantes y a ella se le había pasado la ira, en su lugar
había reaparecido el miedo, la conciencia de su vulnerabilidad, cierta molesta
sensación de que estaba ante un tribunal. No iba a atreverse a mentir a
semejantes jueces.
 ..
¾ La implicaciones que aquello
tenía eran tremendas ¾ continuó, con voz cada vez
más baja¾ . El que yo apareciera como pareja de
Quique era destruir mi imagen para siempre, darle credibilidad a la historia de
la mamada. ¡Silvia Setién saliendo con ese sapo repugnante! ¡Después de lo
que me había hecho! Me entraron ganas de vomitar.
 ..
¾ Después de lo que te había
hecho y antes de que te hiciera lo que nos estás contando... Pobrecilla, debió
ser terrible para una chica tan casta como tú verse arrastrada a eso ¾
Introdujo Jorge con cinismo.
 ..
¾ No la interrumpáis si no tenéis
ninguna duda.. a este ritmo no vamos a terminar nunca ¾
dijo Alberto con tono neutro, sin un ápice de emoción.
 ..
Silvia sorbió una lágrima y siguió contando cómo Quique
la llevó cogida de la cintura hasta la cafetería del club, habitual epicentro
de todos los cotilleos sociales. Allí estaban Rita, Pablo y Luís, el abogado
con el que estuvo hablando la dichosa noche de la coronación. Se les quedaron
mirando pasmados, debió parecerles increíble ver tanta proximidad entre ellos.
Quique se portó como el perfecto cerdo que era, estuvo besuqueándola toda la
tarde y ella hacía todo lo posible por tener la fiesta en paz y ocultar el
asco.. tenía presente que podían sucederle cosas mucho peores que aparecer como
la novia de ese espantajo. A pesar de la sorpresa eran gente educada y nadie
hizo preguntas.. el cumpleaños discurrió con normalidad, se comieron la tarta
entre conversaciones banales, aunque ella tenía un nudo en el estómago y
apenas pudo tragar su trozo. Hacia el final, Rita se levantó para ir al lavabo
y le propuso que la acompañara. Ella aceptó.
 ..
Una vez en los aseos, Rita le preguntó cómo era posible lo
suyo con Quique, siempre habían creído que se detestaban. Ella le contestó
con trivialidades, que se había sentido muy sola tras lo de su padre y que,
aunque no estaba enamorada, Quique no era mal chico. Rita sonrió y dijo que eso
simplificaba las cosas. Ella creía que iba detrás de Pablo, era mucho mejor
que no fueran rivales. Por la cara de tranquilidad que puso, supo que se había
tragado el embuste.. después de todo no era normal que ella se dejara sobar
gratuitamente por nadie. Como no querían ausentarse demasiado tiempo, volvieron
a la reunión.. ninguna de las dos había orinado.
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En cuanto abrieron la puerta de los servicios, se dio cuenta
de que algo estaba yendo mal.. Quique la esperaba de pie. Dejó pasar a Rita
delante mientras miraba la cara del muchacho, en la que se dibujaba una sonrisa
paciente. Cuando llegó a su lado, él la abrazó y la besó en los labios,
introduciéndole la lengua en la boca. Ella, discretamente, intentó resistirse,
pero fue inútil.. Quique, le había puesto ambas manos en el culo y la apretaba
hacia él con firmeza. La cafetería estaba llena de gente y todo el mundo
miraba asombrado. Allí rara vez se veían cosas así. Se quedó sin respiración
y se puso roja desde las cejas hasta el tacón del zapato. Un segundo antes de
soltarla, el muy cerdo le dijo por lo bajo: "..No ha estado bien eso de
irte al excusado, esto es el principio de un castigo"... Volvieron a
sentarse a la mesa. Los demás habían seguido charlando como si nada sucediera
e intentó disimular, empezó a buscar mentalmente la manera de integrarse en la
conversación, pero la voz de Quique sonó autoritaria en su oído: "..Quiero
tus bragas"... Ella titubeó y creyó que la cara le iba a salir
ardiendo. Él, sacó el móvil y lo colocó sobre la mesa.. acto seguido, acercó
los labios hasta su oreja: "..Tienes tres minutos para dejar las bragas en
el bolsillo de mi chaqueta ¿Es necesario que te lo ordene Alberto
Sagasta?"..
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¾ Joder, joder, joder. Me gusta
ese chico ¾ Gritó Jorge, que se había ido
exaltando con el relato hasta el punto de no poder contenerse¾
. Es genial, te llevó al huerto como le dio la gana. Supongo que hiciste lo que
te pedía ¿no es así?
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¾ Claro que sí, rebelarse es
siempre mucho más duro que obedecer ¾ Respondió
Silvia con tono compungido¾ . Miré a mi alrededor,
esperé un momento en que nadie mirara y me incorporé un poco en la silla. Con
movimientos rápidos me bajé el tanga, y lo dejé semioculto bajo la minúscula
falda.. después dejé caer el encendedor y deslicé las bragas por mis piernas.
A pesar de la mesa, a pesar de todas mis precauciones, si alguien estaba mirando
es seguro que se dio cuenta. El que no me llamaran la atención no significa que
no fuera vista, en aquel sitio aquello era una barbaridad tan grande que no
causarían un escándalo sacándola a la luz de inmediato. Dejé la prenda en su
bolsillo y me sentí turbada, el corazón parecía que iba a salírseme del
pecho.
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¾ ¿Te excitaste? ¾
Preguntó Juan con ironía.
¾ Sí, me puse nerviosísima.
¾ No me refería a esa clase de
excitación, querida.. quiero decir que si te pusiste cachonda.
 ..
Mientras Silvia hablaba el ambiente se había ido
distendiendo. Los hombres se habían recostado en los asientos, con conspicuos
bultos creciendo en sus pantalones que ya alguno empezaba a acariciar sin
disimulo. Se palpaba una relajación extraña, placentera y sólo disminuida por
la tensión que aportaba el relato. Ella miró a su alrededor y se avergonzó aún
más.. seguro que había hecho mal en ir, pero ya era incapaz de terminar con
aquello, de ocultar la verdad.
 ..
¾ No sé ¾
respondió con un hilo de voz, tras pensárselo un momento¾
. Estaba demasiado desconcertada, enferma como para pensar. Es posible que
estuviera mojada.
¾ Bueno, tu placer tampoco es
importante.. puedes proseguir ¾ Concedió Juan, para
asombro e hilaridad de la concurrencia.
 ..
Silvia tuvo que esperar a que disminuyeran las carcajadas
antes de continuar.. estaban empezando a dolerle los pies además del corazón
por estar allí, contando esas cosas.
 ..
¾ Me sentí fatal, junté las
rodillas como si me las hubieran soldado.. había gente por todas partes, las
mesas estaban llenas, pero nadie tenía por qué notar nada si yo misma no me
ponía en evidencia. Miré a mi alrededor y eso me tranquilizó: todo el mundo
parecía ir a lo suyo, sin reparar demasiado en nosotros. En esto, Quique volvió
a hacer otra de sus gracias: "..¿Por qué no nos pedimos una copas y no
la tomamos fuera, en la plazuela?".. Todos aprobaron la idea. A
continuación, me obligó a pedirme un güisqui.. según me avisó por lo bajo,
iba a hacerme falta anestesia. En unos minutos me vi andando hacia el exterior,
con mi cortísima minifalda, sin bragas, y rogando por no tener que agacharme o
subir ninguna escalera. Ya estaba atardeciendo y la luz era muy bonita, las
sombras se alargaban por el suelo terrizo.. pero yo estaba tan nerviosa que
tropecé varias veces. Nos sentamos en los bancos de mampostería, charlamos un
rato, mientras yo hacía denodados esfuerzos por aparentar normalidad. Me bebí
el güisqui en pocos tragos, intentando tranquilizarme y sólo conseguí
aumentar mi confusión. El cabrón de Quique, estuvo toqueteándome hasta que
consideró oportuno llevar a la práctica la peor de sus ideas y dijo en voz
bastante alta: "..Bueno, esto es un cumpleaños ¿Qué os parece si nos
hacemos una foto?".. Di un respingo, pero a la gente le pareció muy
buena idea. De hecho, Pablo había venido preparado para esa contingencia y traía
su propia cámara. Se alejó para hacernos la foto, pero la placita era pequeña
y cuando nos enfocó no cabíamos todos.. varios amigos de Rita se habían añadido
al grupo. Quique volvió a tener una ida genial: "..Vale, algunos nos
subimos en el respaldo del banco, los demás se sientan, y así seguro que
entramos"...
 ..
¾ ¿Y lo hiciste, te sentaste en
el respaldo? ¾ Preguntó Jorge, interesado hasta el
extremo de que se había sacado la polla, completamente erecta, y no paraba de
acariciársela.
 ..
¾ Pues claro que me subí ¾
Respondió Silvia, mirándolo con asco¾ . Tuve que
hacer malabarismos para encaramarme con los tacones sin enseñar el coño, pero
conseguí hacerlo. Cifré mis esperanzas en que estaba atardeciendo, había poca
luz y posiblemente no se viera nada. A Quique parecía encantarle aquello:
exhibirme, manosearme y presumir de mujer delante de sus amigos. Pero las cosas
todavía siguieron empeorando.. en cuanto estuve arriba se sentó a mi lado y me
dijo por lo bajo: "..Chica, pareces tensa.. relájate y abre lentamente las
piernas"... Me estremecí. Me debió ver la cara porque a continuación añadió:
"..Si desobedeces, Sagasta va a hacer que te acuestes con todos los
camareros"... A esas alturas yo me daba cuenta de que mi comportamiento
era extraño, llamativo.. el club entero haría cábalas, pero me daba por
contenta con que mi desnudez, mi indefensión, no fueran obvias. La gente estaba
a mi lado en el respaldo, o bajo mí, sentada en el banco, nadie me veía salvo
Pablo que en ese momento ajustaba la cámara.. la puerta de la cafetería estaba
muy cerca, si alguien entraba o salía se tropezaría con el espectáculo...
Mejor acabar lo antes posible. Intenté despegar las rodillas, pero apenas lo
logré unos centímetros.. una extraña frialdad me trepó por los muslos
mientras Quique me miraba con una sonrisa triunfante. "..Más, querida,
mucho más.. un mínimo de cuarenta y cinco grados".. Me susurró al oído
el muy cerdo.
 ..
¾ ¿Y no temiste que alguna gota
de tus fluidos mojara al de abajo? ¾ Preguntó Juan,
con ironía.
¾ Sí, me daba miedo todo ¾
Respondió ella, histérica¾ . Me daba miedo no
saber qué iba a pasar y llegar a saberlo, que me vieran, que a Alberto llegara
alguna queja, y, sobre todo, me daba miedo que me estaba acostumbrando a
obedecer, que aquello me ponía caliente. ¿Me he expresado con claridad?
Caliente, mojada, temblorosa y deseando que me follaran ¿Alguna duda?
 ..
No pudo soportarlo más y se derrumbó sobre una silla, ante
la mesa de escritorio. Ocultó la cara entre las manos y empezó a llorar.
 ..
¾ Caballeros, por favor ¾
dijo Alberto, que se había mantenido aparte del jolgorio y no mostraba sino un
vago interés¾ , se está sincerando con nosotros,
no la hagáis llorar o no habrá historia. Se supone que queremos esclarecer los
hechos. Y tú, querida, tranquilízate, no son más que bromas, ya sabes que a
veces se ponen un poco pesados, pero en el fondo te aprecian. Nadie aquí te
tiene lástima, carece de sentido que te entregues a la autocompasión.
 ..
Naturalmente Silvia no prestó crédito a sus palabras. Tenía
a Alberto un miedo cerval, muy superior al que le producía el resto del grupo.
Él había sido el único que en todo momento se había mostrado frío,
cerebral, y como bien sabía, era quien había diseñado la estrategia para
convertirla en una esclava. Sus frases de aliento eran para ella mucho más
aterradoras que cualquier amenaza. Se tragó las lágrimas como pudo y, sin
levantarse de su asiento, reanudó su relato.
 ..
¾ Pues sí, como ya imagináis,
me abrí de piernas ¾ Continuó Silvia ronca de
amargura¾ . La plaza había quedado en sombras y me
hice la ilusión de que Pablo no notaría nada, y de que las fotos que hiciera
no saldrían. Seguía notando frío en la entrepierna y, extrañamente, mi mayor
preocupación eran los faros de los coches que entraban en el recinto y que nos
iluminaban de vez en cuando. Miré inerme como Pablo nos enfocaba y hasta escuché
el click de la cámara. El fogonazo del flash me golpeó cono una bofetada y
estuve a punto de cerrar las piernas.. por suerte o por desgracia Quique me
acariciaba el muslo con descaro y me las mantuvo abiertas. Perdí el control,
creí que iba a desmayarme, pero Pablo se nos acercó e hizo varias fotos desde
distintos ángulos, las últimas directamente desde abajo, centradas por
completo en mi. En aquel momento yo ignoraba si se estaba dando cuenta de lo que
hacía, pero una cosa tenía clara: quería estar muerta para cuando revelara el
carrete. Aguanté el diluvio con una taquicardia descomunal y cuando se guardó
la cámara en el bolsillo recuperé el aliento. Concebí la ilusión de que por
unos días, hasta que sacara las copias, aquello había acabado.. pero en
absoluto era así. En seguida llegó otra nueva orden de Quique: "..Y
ahora, te vas a disculpar con Pablo porque no hemos tenido tiempo de comprarle
un regalo y lo vas a invitar a cenar con nosotros esta noche".. ¾
me dijo con tono autoritario¾ . Yo, estaba tan
aturdida, tan confusa por lo que me había visto obligada a hacer que obedecí
sin reflexionar. Rita puso mala cara cuando Pablo aceptó, y segundos después,
los tres nos subimos en mi coche. Quique me dijo que me quitara la chaqueta, con
el pretexto de que se me iba a arrugar con el respaldo del asiento. Estaba ya
tan sometida a sus caprichos que ni se me ocurrió resistirme. También se empeñó
en sentarse detrás, dejando a Pablo a mi lado, en el asiento del copiloto. Ni
que decir tiene que salí del club a escape.. no sabía lo que se me venía
encima, pero al menos los desastres no me sucederían en público.
¾ Déjame adivinar: Digamos que
Quique quería compartirte con su amigo Pablo ¾ Dijo
Alberto con curiosidad.
 ..
¾ Sí, era eso, pero no quedaba
ahí, además pretendía hacerme daño, quería arrastrarme, que lo pasara mal
por sentirme una cualquiera entre gente que me conocía. Tenía todo el tiempo
del mundo. No sé por qué lo hizo todo de una manera tan precipitada, por qué
esas prisas por entregarme a otro.
 ..
¾ No sé, no estoy dentro de su
cabeza ¾ respondió Alberto¾
, pero sostengo una buena teoría. Después, cuando acabes la comentamos.
 ..
Silvia estuvo a punto de caer en la tentación de preguntar,
pero se resistió. No habría tenido sentido. De algún modo pareció como si
hubiera llegado a una especie de colmo de la histeria, tras la cual sólo podía
irse apaciguando. Se acomodó en la silla y continuó con la historia.
 ..
¾ El trayecto en mi coche fue
increíble. Apenas salimos, Pablo nos dijo: "..Chicos, qué sorpresa lo
vuestro. Si creía que no os podíais ver ¿quién iba a suponer que acabaríais
por salir juntos?".. La contestación que le dio Quique me heló la
sangre por las venas: "..Bueno... Es verdad que Silvia anda un poco
salida, pero lo que es salir, ella y yo no salimos"... Pablo se quedó de
piedra. Me miró a mí como sorprendido de que no respondiera a esa barbaridad
¿pero qué iba a decir si hacía horas que aquello me rebasaba? Me sentía tan
mal que hasta me sorprendía ser capaz de conducir, sólo pude quedarme callada.
Segundos después, Quique terminaba de dar la explicación: "..Sí, mira,
ella no es mi chica, ni mi novia, ni nada de eso.. simplemente es mi puta"...
Pablo se me quedó mirando otra vez, con la boca abierta y cara de espantado.
"..Sí, mi puta ¾ continuó Quique¾
y tiene unas tetas preciosas ¿no te apetece ir tomando el aperitivo?"..
Mientras decía esto, desde el asiento trasero, me bajó el top hasta el ombligo
y empezó a sobarme las tetas con descaro. Yo quería que se me tragara la
tierra ¿cómo se podía reaccionar a una cosa así, a una manera tan brutal de
hacer las cosas? Me contorsioné e intenté devolver la prenda a su lugar, pero
fracasé por completo. "..Quieta, pequeña, que nos vamos a matar"..
¾ oí su voz detrás de mí¾
"..Tú mira hacia delante, que nosotros nos ocupamos del resto"...
Por puro instinto de conservación intenté hacer lo que decía: mirar a través
de las lágrimas. Estábamos inmersos por completo en el tráfico. Conducir a
cien por hora mientras te insultan y te soban era verdaderamente enervante. Por
mucho que intentara situarme aquello me resultaba subrealista. ¿Qué iba a
pasar cuando nos paráramos en un semáforo? ¡Iba desnuda de cintura para
arriba! Además, Pablo me miraba a veces asustado y a veces lleno de lujuria. No
era insensible a los ofrecimientos de Quique y, me gustara o no, iba a acabar
por follarme, aunque de una manera terriblemente distinta a la que yo hubiera
elegido. "..Pero bueno ¾ dijo Quique
mientras me pellizcaba los pezones¾ , ¿es que no
te apetece meterle mano por abajo? Es imposible que no te hayas dado cuenta de
que no lleva bragas"... Miré a Pablo fugazmente y le supliqué que no lo
hiciera, que no me sentía capaz de conducir así, que esperara al menos a que
llegáramos a mi casa. Había en sus ojos una mezcla extraña de duda y deseo.
De pronto pareció decidirse y me metió la mano bajo la falda.. sólo entonces
me di cuenta de que estaba totalmente mojada...
 ..
¾ Un momento, un momento ¾
Interrumpió Jorge¾ , es que no estoy seguro de
estar entendiéndote. Dices que Quique te magreaba las tetas desde atrás ¿Fue
más o menos así?
 ..
Silvia estaba tan absorbida por la historia que en el primer
momento no comprendió lo que pasaba. Jorge colocó una silla tras ella, le bajó
el top y empezó a acariciarle los pechos.
 ..
¾ Veamos. Tú mismo, Juan, ¾
volvió a oírse la voz de Jorge¾ ponte al lado y
haz lo propio. Con tanta interrupción se nos va a ir la historia si no
reconstruimos los hechos.
 ..
A Juan no hubo que repetírselo dos veces, con gesto
divertido se sentó a la derecha y empezó a meterle mano bajo la minifalda.
 ..
¾ Bueno ¾
dijo encogiéndose de hombros¾ , todo sea por la
veracidad.
 ..
Silvia se dio cuenta de que había perdido por completo el
control de su sexo. Le apetecían cosas que jamás hubiera pensado que pudieran
apetecerle y se ponía al borde del orgasmo en las situaciones más impensables,
en situaciones como aquella. Respiraba hondo, estaba completamente mojada, roja
de rabia, pero su cuerpo mientras tanto pedía a gritos que la follaran.
 ..
¾ Vale, querida ¾
dijo Jorge con tono burlón¾ , sacrifiquémonos por
la ciencia, supongamos que la mesa es el volante, pon las manos sobre ella y
sigue conduciendo.
 ..
Ella, naturalmente, obedeció. Se agarró a la mesa y dejó
que las manos de los dos hombres recorrieran libremente su cuerpo al la vez que
exhalaba un gemido.
 ..
¾ Pues sí, me había puesto
cachonda perdida. Me magreaban a fondo mientras yo conducía por Madrid a cien
por hora. No podía concentrarme en la carretera, ni en la humillación, ni en
el alcance que aquello iba a tener, ni siquiera en el placer. Era un hecho
consumado que la mancha se había extendido hasta el club y que ahora aquellos
dos hombres también me poseían. Iba junto a la acera porque tenía que girar a
la derecha cuando vi un semáforo en la lejanía. Aceleré y me pegué al de
delante asustada de que me cogiera. Ellos notaron que dejé de retorcerme en el
asiento, de gemir, y enfoqué mi atención hacia el tráfico. Se rieron de mí.
Finalmente sucedió lo que me temía: Intenté saltarme el semáforo, pero ya
estaban pasando coches en el cruce y hube de detenerme. Miré espantada como la
gente pasaba a mi alrededor mientras yo estaba desnuda dentro del coche y los
dos me tocaban con desvergüenza. Pablo me tenía dos dedos metidos en el coño,
y Quique me apretaba las tetas como si quisiera reventármelas...
 ..
¾ Oye, ¿más o menos como lo
estamos haciendo ahora? ¾ preguntó Juan con aire
inquisitivo.
 ..
¾ Sí, exactamente igual ¾
respondió ella con cansancio.
 ..
¾ Y debo entender que estabas
igual de caliente ¾ Intervino Jorge, quedándose a
la espera de que ella lo corroborara.
 ..
¾ No, aún más. Estábamos en
mitad de la calle, y ahora estoy agotada por toda una noche de sexo. Tan
caliente estaba que hubo dos niños que se asomaron asombrados a la ventanilla
y, sin poder evitarlo, me corrí ante sus ojos. Así de caliente ¾
insistió con abatimiento¾ . Casi maldije cuando el
semáforo se puso en verde porque hubiera querido tener unos segundos más para
reponerme del orgasmo. Justo entonces me derrumbé, me sentía tan perdida y
deseaba con tanta intensidad que me penetraran que les supliqué que buscáramos
un descampado.. para mi asombro, estaba dispuesta a follar con ellos en cualquier
sitio. Pero Quique se negó, me dijo con tranquilidad que ya después habría
tiempo ¿Qué iba a hacer? Seguí conduciendo hasta mi casa algo más tranquila
a pesar del constante toqueteo, el orgasmo parecía haberme aplacado
temporalmente la urgencia. Logré aparcar a unos cincuenta metros del portal y
acababa de parar el motor cuando la voz de Quique volvió a sonar a mi espalda:
"..Espera un momento que te arregle la ropa"... Apenas puedo creer
lo que hizo: me anudó el top por detrás para que quedara tirante y me lo colocó
por debajo de las tetas cuidando de que los pezones quedaran al aire.. los
pechos, erguidos como dos globos, literalmente rebosaban por encima de la
prenda. También "..arregló".. la minifalda, convirtiéndola en una
estrecha banda de tela, del ancho justo para cubrirme el sexo. Le supliqué que
no lo hiciera, que no me obligara a salir así del coche en la puerta de mi
casa. Él contestó de la manera más cruda posible: "..Eres mi puta y
quiero que parezcas mi puta. Sal ahora mismo"... Obedecí con desgana,
dudando a cada paso de ser capaz de hacerlo. Ellos se quedaron cuchicheando en
el interior. Afortunadamente, había oscurecido y la zona quedaba en penumbra.
El frescor del aire acarició mi cuerpo y me sentí tan desnuda como realmente
estaba. Yo, desesperada, daba saltitos sobre la acera, asustada de que me viera
alguien. Al final los dos se bajaron.. Pablo me hizo girar como una peonza
mientras me miraba entre sorprendido y ansioso. "..Tía, pero qué buenísima
estás".. Me dijo con voz entrecortada por la lujuria. Quique me ofreció
la chaqueta, que hube de colocarme doblada bajo el brazo, y los tres echamos a
andar lentamente hacia el portal. Yo hubiera querido correr, pero saltaba a la
vista que ellos deseaban disfrutar de mi exhibición lo más posible. A la mitad
del camino había una farola, temía llegar pues bajo ella podía vérseme sin
dificultad desde el café Iniesta y hasta desde mi bloque. Cuando su luz me
envolvió, Quique se paró en seco y me disparó la pregunta: "..Chica, ¿No
has olvidado algo? ¡Tenemos la compra en el maletero!"...
 ..
¾ Diablo de chicos ¾
Bromeó Jorge¾ . ¡Qué traviesos! Pero si tienen
casi tan mala leche como nosotros. No me digas que te obligaron a volverte.
 ..
En la habitación, el ambiente había ido caldeándose por
momentos. Benito se había sacado su inmensa polla negra y se la acariciaba
tumbado en el sofá. Juan y Jorge le seguían metiendo mano mientras hablaba y
ella había cerrado los ojos y abandonado su cuerpo a las caricias. Revivía los
sucesos de la noche anterior y no sabía que la excitaba más, las manos que la
recorrían o su propio relato. Su voz sonaba pausada y ronca, atravesada por
constantes suspiros.
 ..
¾ Sí, creo que ni siquiera
protesté.. la manera más rápida de salir de aquello era cumplir con lo que me
decía. Volví sobre mis pasos y ninguno de los dos me siguió, se quedaron
charlando junto a la farola.. estaba claro que era a mí a quién correspondía
cargar con todas las bolsas. Me las enganché como pude de los brazos y eché a
andar hacia ellos lo más deprisa que pude. No tenían ninguna prisa, se habían
detenido y me miraban con sorna. Cuando llegué a su altura, Quique tenía un
cigarro entre los labios, y con aspecto divertido me pidió que le diera fuego.
Creí que me moría de rabia. Allí, bajo la farola, tuve que soltar las bolsas
en el suelo, extraer el encendedor del bolsillo de la chaqueta y proceder a
darle lumbre. Las manos me temblaron. Él, mientras yo recuperaba los bultos, le
dio un par de caladas al cigarrillo y después lo arrojó al suelo con
indiferencia. Había gente pasando y cruzando por todas partes, pero no sé quién
me vio.. estaba tan avergonzada que clavé la vista en la acera y eché a andar
hacia el portal.. oía los cuchicheos pero no me atrevía a mirar. Estaba segura
de que por debajo de la falda me asomaban los pelos del coño. Pronto también
eso fue indiferente. Entorpecida por los bultos no podía ir deprisa, pero
Quique y Pablo todavía encontraron manera de dificultarme las cosas. Empezaron
a toquetearme, para asombro de los transeúntes y recorrí los últimos metros
intentando rehuirlos. Yo miraba a mi portal como si fuera un paraíso que estaba
deseando alcanzar. Segundos antes de que llegáramos alguno de los dos me dio un
tirón de la falda y me la dejó en las rodillas. Me quedé quieta, justo ante
la puerta del bloque sin saber qué hacer. Tuve que soltar de nuevo las bolsas
para coger las llaves del bolsillo antes de poder abrir.
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acostumbro a contestar, salvo que se me pida lo contrario.
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