La Corredora de Seguros
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Soy ejecutivo de una importante empresa, y entre mis múltiples
funciones estoy encargado de tratar con el Corredor de Seguros. Como estaba recién
entrado a trabajar, solicité que me enviaran un funcionario de esa compañía,
para tratar el tema del cubrimiento. Enviaron a la Subgerente, llamada Ágatha.


Cuando entró a mi oficina, casi me derrito: una belleza de
piel blanca, ojos oscuros, pelo negro liso, tetas no muy grandes pero
deliciosas, piernas torneadas y un culo de miedo. La conversación fue muy
profesional, pero yo ocasionalmente me deleitaba lanzándole miradas de reojo.


Varias semanas después, y luego de varios almuerzos mitad
trabajo y mitad de placer, en los que no ocurrió nada especial, sucedió lo que
voy a contarles:


Llegamos como de costumbre al restaurante a almorzar. La
conversación empezó en temas varios, pero pronto fue orientándose hacia ella.
Me contó que tenía un novio, pero su mirada revelaba que le gustaría
acostarse conmigo. Al salir del restaurante, y mientras nos dirigíamos al
estacionamiento le pregunté:




¿Te gustaría que fuésemos a tomar un café, para pasar
el almuerzo?


Me encantaría – dijo ella - ¿a dónde vamos?




Yo que estaba ya muy caliente le respondí:




¿Qué te parece ir a tu apartamento?




Ella aceptó inmediatamente, en medio de mi sorpresa, pues
esperaba que fuera más difícil convencerla.


Nos dirigimos a su apartamento.. un lugar no muy grande, pero
confortable, con una sala-comedor con chimenea, unos muebles cómodos, una
cocina integrada al comedor, una habitación grande con una espaciosa cama y un
cuarto de baño.


Mientras yo recorría el apartamento, ella entró a la cocina
a servir el café. Yo me acerqué lentamente por detrás hasta casi rozarla. Le
susurré al oído un "..hola".., y ella se sobresaltó, pues pensaba que
aun estaba en otro lado. Se dio vuelta y quedamos frente a frente, muy cerca el
uno del otro porque yo no me había movido. Nuestros ojos se cruzaron....


Yo me acerqué más y le di un beso.... sentí cómo se
derrumbaba entre mis bazos, respondiendo al beso con su boca dispuesta a que yo
la invadiera.


Nos besamos por un largo rato, muy apretados, en donde ella
empezó a sentir mi bulto presionando sobre su cuerpo.


Sin soltarnos de la boca, nos dirigimos a la sala donde nos
sentamos en el sofá..... mis manos la recorrían por sobre su ropa, mientras
ella me empezaba a quitar la camisa. Rápidamente quedamos los dos desnudos,
ella recostada boca arriba sobre el sofá y yo arrodillado a su lado besándole
todo su cuerpo


Desde su boca, fui bajando por su cuello, mientras ella con
los ojos cerrados me acariciaba la espalda y las nalgas.


Al llegar a sus pezones, los tenia erectos y redondos, de un
color oscuro que hacía resaltar su aureola sobre la blanca piel. Los lamí y
los mordí con delicadeza pero con firmeza. Su respiración entrecortada
delataba que estaba muy excitada.


Seguí bajando por su vientre hasta encontrar su pubis, que
estaba perfectamente depilado. Sintiendo que mi lengua estaba recorriendo todo
su cuerpo, abrió lentamente las piernas para invitarme a lamer su sexo. Empecé
por lamer sus labios, recorriendo su raja de arriba abajo. Ya el clítoris
estaba erecto y colorado, como si fuera el borrador de un lápiz. Lo lamí rodeándolo
con mi lengua y luego empecé a chuparlo.


Para entonces, ella había bajado su mano hasta tocar mi pene
en erección y me estaba haciendo la paja, mientras todo su cuerpo vibraba con
las sensaciones que emanaban de su clítoris. Mi lengua empezó a viajar de su
vagina a su ano, mezclando los flujos de su sexo con mi saliva.


Como ella quería saborear mi falo, nos acostamos sobre la
alfombra haciendo un 69. Mi pene erecto y rojo fue enseguida alojado en su boca,
llegando su nariz hasta mis pelotas. Lamía el tronco de arriba abajo, como si
de ello dependiera su vida. Mientras tanto, mi cabeza alojada entre sus piernas
abiertas seguía concentrada en lamer su sexo.


Con sus manos empezó a acariciar mis pelotas y mi ano,
produciéndome una excitación que nunca había sentido.


Mi lengua y labios invadían todo su sexo, entrando,
escarbando, chupando, mordiendo y enviando toda clase de sensaciones que
hicieron que su cuerpo empezara a arquearse. Empezó a gemir, primero
calladamente porque mi pene en su boca no dejaba que el sonido saliera, y luego
ardientemente a pesar del caramelo que lamía con deleite y aplicación. Cuando
empezó a temblar, supe que estaba a punto de tener un profundo orgasmo, y le
chupé con más fuerza el clítoris mientras con mis dedos exploraba dentro de
su ano, tocando las paredes de su recto. En un momento dado, arqueó su cuerpo y
se quedó completamente quieta, a excepción de un leve temblorcillo que,
empezando en su cadera fue aumentado en potencia hasta cubrir todo su cuerpo.
Para entonces empecé a sentir una gran cantidad de flujo sexual que salía de
su cuerpo, llenando mi cara del producto de su excitación. Bebí con deleite
los jugos de su cuerpo mientras percibía el afrodisíaco olor de su vagina.


Luego de varios minutos de caricias y lamidas, mi pene que
ansiaba permanecer en su húmeda garganta lanzó dentro de su boca toda la leche
que las pelotas tenían. Ella con delicadeza, pero con decisión, saboreó y
limpió de semen todo mi pene, hasta dejarlo completamente limpio. Pero no tragó
el sensual líquido, a pesar que el volumen que mi polla había disparado era
enorme, sino que lo almacenó en sus inflados cachetes, y dándose vuelta me dio
un beso en mi boca con el cual compartió conmigo el delicioso manjar. Tan
pronto lo tragamos, yo me senté en el sofá, mientras ella tomaba mi flácido
pene y a punta de lengüetazos y de comerse mis pelotas, hizo que de nuevo
apuntara al cielo.


Montándome y poniendo sus piernas a lado y lado, se metió
mi pene de un solo golpe, y empezó a galopar sobre mí. Sus tetas saltaban, dándome
un deliciosos espectáculo que nunca olvidaré. Con el fin de ayudarla en el
ejercicio, le agarré cada nalga con mis manos, empujando su cuerpo hacia arriba
y abajo. Mis dedos empezaron a sentir su ano, y poco a poco, con cada salto se
iban introduciendo más y más dentro de su cuerpo. Sus gritos de excitación
eran tan fuertes, que llegue a pensar que los vecinos acudirían asustados.
Cuando empezó a ver por la expresión de mi cara que muy pronto me derramaría,
se recostó boca abajo en el suelo y levantó el maravilloso culo que tiene y me
dijo:




Dame por el culo




Yo me acerqué y le hice lamer mi pene, para que dejara una
gran cantidad de saliva en la colorada cabeza, y así lubricara la entrada a sus
entrañas. Estaba tan excitada, que rápidamente mi pene taladró su culo hasta
golpear con mis pelotas su afeitada chochita. Empezamos un baile de vaivén
acompasado y rítmico, en el que cuando yo me echaba hacia atrás, ella movía
su cadera hacia delante, para luego con una gran potencia arremeter cada uno en
busca del otro, con lo que nuestros cuerpos chocaban violentamente. En el
ambiente de su apartamento, solo se oían nuestras respiraciones entrecortadas y
un fuerte clap, clap que se escuchaba cada vez que nuestros cuerpos se
encontraban.


Mis dedos acariciaban su clítoris, mientras mis ojos se
deleitaban con el maravilloso espectáculo de su gran culo taladrado por mi
erecto miembro.


Aunque ya estábamos muy cansados y sudorosos, seguimos
moviendo nuestros cuerpos al unísono hasta que llegamos al tiempo: yo disparé
una mayor cantidad de semen que la vez anterior, haciendo brotar de su culo
gotas de esperma que bajaban por sus piernas y que se mezclaban con la gran
cantidad de fluidos que su orgasmo había lanzado por su vagina. Exhaustos,
quedamos uno sobre el otro, sintiendo nuestras respiraciones entrecortadas, pero
felices por haber dado por fin rienda suelta a nuestros deseos por el otro.


Luego de descansar un rato, fuimos a tomar una ducha juntos
para limpiar nuestros cuerpos, pero fue imposible. De nuevo nuestra libido
estaba en erupción, y allí en la ducha lo hicimos en todas las posiciones
posibles, mientras el agua acariciaba nuestros cuerpos desnudos.


Finalmente, al terminar la tarde, cuando vestidos nos
despedimos en la puerta de su apartamento, me dijo al oído.




¡Almorcemos de nuevo mañana!





 

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