Fantasy Xlll
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Fantasy Xlll

La historia transcurre en el verano del 99 durante la semana de vacaciones que nos tomamos con Paulita en Porto Seguro, Brasil.

La idea era pasar unos días tranquilos, dormir hasta tarde, descansar mucho, y estar juntos.

Las vacaciones comenzaron con demoras en el aeroparque.

Luego de un largo y agotador viaje, finalmente arribamos a Brasil a media mañana.
Al llegar al hotel nos llevamos la sorpresa de encontrarnos con algo mucho mejor de lo que esperábamos.
La habitación contaba con todas las comodidades, y además tenía una bella vista selvática.

Por el mediodía el sol brillaba con fuerza, y para no perdernos del fabuloso día de playa nos cambiamos apresuradamente la ropa que llevabamos puesta por unas cómodas mallas.
Cuando los dos estábamos a medio vestir, de pronto empezamos a los besos, caricias, y terminamos en la cama haciendo el amor. No hay nada mejor que el sexo para relajarse luego de un viaje pesado y arrancar con las vacaciones.

Duchita de por medio partimos rumbo a la playa.


Al poner los pies en la arena nos quedamos quietos en el lugar disfrutando la vista paradisíaca de la bahía con las palmeras sobre la costa, y el inmenso calmo mar azul. Aquello transmitía una verdadera sensación de paz total.

Ignotizados fuimos ingresando al balneario, y nos acomodamos en una mesa con sobrilla junto a la orilla. Eramos dos seres completamente desorientados por la tranquilidad del lugar.
Por un buen rato no hicimos mas que llenar nuestros pulmones de aire puro, y agazajar nuestros ojos con semejante panorama.

La magia del momento se fue rompiendo poco a poco a medida que iban llegando cada vez mas personas a la playa.
Al cabo de hora y media el balneario estaba repleto.
Atraidos por la afluencia de tanta gente comenzaron a desfilar vendedores ambulantes, ( tipos pesados si los hay, que insisten e insisten ofreciendo cuanta porquería existe, hasta que consiguen enchufarte alguna basura por dos mangos ). Yo saqué el cálculo de que al menos un vendedor por minuto probaba suerte con nosotros tratando de enchufarnos algun cachibache.. pero siendo que nada nos interesaba comprar por el momento enseguida los despachábamos.

Tentados de tanto ver el mar, le pedimos a una gente de la mesa de al lado que nos hicieran el favor de cuidarnos las cosas y nos metimos a las corridas.
Fue increible que Paula se metiera sin problemas, porque ella siempre tiene algún drama con la temperatura del agua.. pero resultó que esta vez la temperatura era ideal.. ni fría ni caliente, simplemente perfecta.

Estuvimos por largo rato flotando juntos abrazados y a los besos, de manera tal que el amigazo se me fue poniendo como loco por ahí abajo. Además de ello, Paula queriendo que se me pusiera mas duro aun, me franeleaba provocativamente hasta que no aguantara más y le tuviese que rogar que se detuviera.
Al rato cuando quisimos salir del agua, Pau se adelantó saliendo primero ella sola, y yo me quedé un ratito mas dentro del agua esperando que la pija se me bajara para no pasar papelones frente a la gente.

Pero la berga no se me tranquilizaba nada, porque al verla a Paula salir del agua se me puso al re-palo, ya que al alejarse unos cuantos metros, y sabiendo que yo la estaría mirando por detrás, ella se metió la bikini en el orto tipo cola-less y se fue hasta la sobrilla así con la cola al aire.
A la distancia pude ver que esta se daba vuelta y se reía de la travesura que me había hecho.

La trampita que me había tendido me excitó muchísimo, porque siendo que ella usaba mayas cabadas y chiquitas, el color tostado que había tomado antes de que salieramos de vacaciones le cubría prácticamente todo el cuerpo, salvo aquella pequeña e íntima porción de piel blanca sin tostar que mostró al hacerse el cola-less. Lo que me ratoneaba era saber que hasta ahora solo yo había sido quien había tenido el placer de disfrutar de esa porción de piel que nunca había sido expuesta a la mirada de otra gente, y que a partir del momento ya no sería así.


Mientras me bañaba apreciando el horizonte y tranquilizándome un poquito, se me vino a la mente el cuadro que recordé mientras la miraba a Paula.
En primera plana estaba ella, pero en segundo plano recordé que había varios negros al lado de la sobrilla y que anteriormente no estaban allí. Me preocupó el hecho de que ella estuviera sola porque en Brasil es medio jodido el tema de los afanos.

Agitadamente giré mi cabeza en dirección a la costa tratando desde allí ubicar la sombrilla, y me exalté al verla a Paula rodeada del grupito de negros, así que rápidamente salí del agua.

Cuando llegué a la mesa no pasaba nada, resulta que se trataba de vendedores ambulantes que sin éxito intentaban encajarle un tatuaje a mi novia.
Ella es una de esas tipas a la cuales jamás les podés enganchar nada, pero conmigo sí funcionan esas cosas.. yo tengo una gran debilidad por gastar en cualquier gansada.. así que no pude resistirme a la tentación y empecé a regatearle el precio a uno de ellos mientras me mostraba los distintos modelos de tatuajes que tenía.

El negro con el que peleaba el precio andaba en cuero y era algo realmente impactante.. yo le calculé que tendría unos 22 años, su cuerpo era pura fibra, tenía los músculos todos marcados, los brazos, los abdominales, y además llevaba unas bermudas con el tiro exageradamente bajo, tanto que le quedaba un poquito del culo al aire.

Después de tanto luchar llegamos a lo que parecía ser un precio justo, y se cerró la operación.
Mientras el negro con una sonrisa trabajaba en mi brazo poniéndome el tatuaje, como si de alguna forma no sabía como me estaba garcando.. Paula empezó a darle charla al chabón.

Empezamos conversando de cualquier pavada, y cagándonos de la risa de la forma como el negro hablaba y de las boludeses que decía.

En determinado momento vino el mozo y me trajo una cerveza que le había encargado con anterioridad. Yo me serví un baso a mí, y otro le convidé al negro con un trago por la buena onda que tenía con nosotros.. aunque a pesar de ello me arrepentí porque el negro era uno de esos típicos confiansudos que les das la mano y te agarran del codo.

Siguiendo su forma de ser frontal con la gente, Paula le preguntó por qué andaba con la maya tan baja que se le veia todo, entonces cuando el negro con dificultad logró entender lo que ella le había dicho, este le sonrió y le dijo que así se usaba la maya en Brasil.. entonces agarró y se bajó un poco mas la bermuda.

Yo jodiéndolo le dije que se levantara la maya y que se comportara como corresponde frente a una dama.. pero este contestó diciéndo que allí en Brasil ellos no tienen verguenza de mostrar nada, y que además el tenía una cola bien gordiña, gustosa para las mujeres brasileñas.
Cuando terminó con su sermón se puso a joderla a Paula haciendo comparaciones entre las mujeres argentinas y las mujeres brasileras.

Mientras discutían del tema, en joda el negro le mostró el culo y le dijo a Paula que hicieran la comparación entre carne argentina y carne brasileira.
El sinverguenza rápidamente, y entre medio de muchas palabras, le tocó una pierna a mi novia para que ella hiciera lo mismo con él.. pero como esta había quedado media desorientada ante la confianza que se había tomado el negro, este la tomó del brazo y se puso la mano de ella encima de su cola para que la palpara.
Como Paulita es una cara dura, no se quedó atrás, y sin inhibiciones le palpó el culo probando la calidad.

Así como si nada jodieron un rato hasta que el negro terminó con mi tatuaje, y sin antes manguearme un pucho, se despidió dándonos la mano a cada uno y se fue con el resto de los suyos.


El día continuó bastante tranquilo, y cuando el sol empezó a caer volvimos para el hotel.

Al llegar, hicimos una breve pasada por la habitación, y luego de un polvito fuimos un rato a la pileta.

La pileta estaba bárbara.. tenía un puentecito que la atravesaba por el medio, y además un tramo que se metía dentro del hotel.

Con Paula jugamos un rato al volley dentro del agua, y cuando nos cansamos nadamos juntos hasta entrar al hotel por la pileta misma. Allí había un vestuario, y aprovechando que no había nadie franeleamos un rato descansando en el borde de la pileta.
No sé por qué, pero todavía estábamos muy calientes.

De repente una chica salió del agua y nos sorprendió agarrándonos con las manos en la masa.. a Paula que me estaba pajeando con la pija salida por el costado de la maya, y a mí que tenía una mano encima de sus pechos.
Rápidamente nos arreglamos, pero la chica con un gesto alentador nos dijo algo en portugués y se sumergió nuevamente desapareciendo en el agua.
Así es como seguímos hasta que Pau me hizo acabar adentro del agua.

Cayó la noche, y enredamos en las toallas nos fuimos para la habitación.

Una vez cambiados adecuadamente fuimos a cenar al restaurant del hotel, y al terminar regresamos a dormir, sin hacer ninguna clase de salida debido al gran cansancio del agitado primer día de vacaciones.



Las vacaciones transcurrieron con toda normalidad, nos despertábamos temprano, hacíamos el amor, desayuno en el comedor, ibamos para la playa, tomábamos sol, nos metíamos al mar, almorzábamos en alguna barraca, hacíamos algún paseo, conocíamos otras playas, paseábamos por el centro, nos metíamos a la pileta del hotel, regreso a la habitación y un poco mas de sexo, cena en el restaurant, y otro polvito mas antes de dormir.

A medida que avanzaban los días algo iba cambiando.. además de hacer el amor en nuestro cuarto de hotel empezábamos a tener otra clase de sexo, algo mas expuesto y arriesgado.
Por ejemplo en la pileta por la tardecita cuando estaba llena de gente.. en los jardines por la noche entre las plantas junto a las canchas mientras jugaban al fútbol.. en la playa cuando caía la tarde y quedaba poca gente.. en los micros durante los viajes.. en cuartos de hotel vacíos. En fin, definitivamente algo nos estaba pasando y nos empujaba a buscar cosas distintas al sexo tradicional dentro de cuatro paredes al cual estabamos acostumbrados.

Tanto fue así que resulta que un día estábamos haciendo el amor en la playa, y mientras cogíamos, Paula me entró a calentar diciéndome cosas chanchas al oido.. por ejemplo: - “imaginate que se aparece unos de esos negros grandotes, se calienta al vernos coger, se copa y me la mete por atrás mientras vos me hacés el amor” !!.
Cuando ella me hacía ese tipo de cosas, me calentaba tanto que yo acababa al toque.

Otra vez era de noche y estábamos junto al alambrado de la cancha de futbol sentados en una mesita tomando un trago, y mientras los tipos se mataban corriendo y transpirando, Pau entró a acariciarme el pito por encima del short, luego metío disimuladamente su mano por debajo de él, y me lo agarró suavemente.. luego se acercó hacia mí un poco más con su silla y me empezó a contar otra historia improvisada, a la vez que me iba masturbando con mucho cuidado. La historia como siempre aprovechaba algunas cositas del lugar, y esta vez se le ocurrió utilizar a todos los jugadores de fútbol.. creando una historia que partía de que nos descubrían mientras ella me pajeaba, entonces nos rodeaban, me sostenían a mí con fuerza de los brazos para que no interviniera, y abusaban de ella cogíendosela por todos lados........


De este modo fue como con todas estas historias y prácticas sexuales nos fuimos pervirtiendo un poquito mas cada día que pasaba, aunque toda esta fantasía cobraría vida con algo que nos pasara luego.



Resulta que era una tarde de sol radiante y siendo que ya estabamos por demas tostados, volvíamos al hotel a resguardarnos de los rayos solares y tomar una ducha.
En el camino de vuelta se nos ocurrió hacer una rica merienda, y sumado el antojo que me había agarrado de tomarme una leche chocolatada bien helada, entonces nos hicimos una escapada hasta el supermercado sabiendo que allí seguramente conseguiríamos todo lo que necesitabamos.

“Bien, y es acá donde todo comienza y concluye”
Entramos al super y el lugar estaba medio vacío.. la mayoria de la gente estaría disfrutando del día de playa.
Tranquilamente fuimos recorriendo las góndolas y nos separamos para dividir la búsqueda.
Yo me fui para el sector de lacteos, y Paula se fue a buscar unas galletitas y otras pavaditas mas.
Al cabo de unos minutos nos encontramos junto a las cajas con todo ya listo y cuando termino de pagar la cuenta y estamos a punto de cruzar la puerta de salida, veo que un par de hombres de seguridad del local nos impiden el paso y nos frenan solicitándonos con mucha amabilidad que nos molestáramos en acompañarlos hasta las oficinas del local.

Cuando llegamos a las oficinas luego de subir un entrepiso, ingresamos a un pequeño cuartito encerrado y sin ventanas.
Los dos hombres de seguridad eran dos negros gigantes que al cerrar la puerta uno se quedó detrás nuestro bien de cerca, y el otro nos presentó a una señora que parecía tener el aspecto de supervisora.
Esta señora se dirije a mí hablandome en portugués, explicándome que el motivo de la detención se trataba de la necesidad de corroborar si aquello que habían observado por cámara de video era correcto. Yo no entendía qué carajo estaba pasando.

La mujer se puso a operar una especie de videograbadora, y mientras rebobinaba un video nos pidió que prestáramos atención a una filmación tomada hacía apenas 2 minutos.
Entonces paró de rebobinar y frenó en una toma en que la cámara se dirigía especialmente a Paula y la tomaba justamente cuando se escondía una mercadería bajo la ropa.

Yo me puse todo colorado, y una fría transpiración me corrió por la frente.
Entonces la miré a Pau y esta estaba petrificada sin decir ni una sola palabra.

El silencio fue interrumpido por esta supervisora, quien era desde que habíamos ingresado al cuarto era la única persona que se encargaba de dar las órdenes y de intermediar.
La supervisora tenía el aspecto de una mujer alemana tipo ss.. era flaca y alta, de unos 35 años, pálida como la leche, pelo rubio largo prolijamente recogido, y hablaba en un tono de voz alto, firme y seguro.

La mujer les ordenó a los tipos de seguridad algo en portugués que no logré llegar a entender, y estos le obedecieron tomándome del brazo y retirándome a mí solo del cuarto, quedando Paula sola con esta mujer fascista.

Me llevaron a una oficina que estaba hacia el fondo de un corredor, y me invitaron a que tomara asiento frente a un escritorio y que aguardará allí hasta que comprobaran el delito cometido por mi acompañante.. y si fuera cierto entonces deberían darle parte a la policía.
Luego uno de ellos se sentó del otro lado del escritorio y el otro se fue cerrando la puerta al salir.
A mí se me ocurrió tratar de convencer al hombre diciéndole de que no era una falta tan grave, que por favor la perdonaran, y que seguramente encontraríamos una solución a todo ello sin necesidad de darle parte a la policía, pero el tipo me contestó rápido y seco diciéndome que nada dependía de él, sino de la supervisora.

Habían pasado solo unos cinco minutos pero la espera se me hacía interminable.
Le pedí permiso para prenderme un pucho, y al contestarme afirmativamente me lo consumí como un desesperado al tiempo que en mi cabeza no paraba de repetirse la imagen de la cara de susto de Paula cuando nos separaron de la oficina anterior.

Los minutos seguían corriendo, y la bronca hacia la estupidez que Paula había cometido se empezaba a incrementar cada vez mas.
A la par de eso ya me imaginaba cualquier cosa.. que se la llevarían detenida a la comisaría, que luego yo iría a buscar un abogado, que nos reportarían a la Argentina acompañados de custodia policial, la verguenza, la fatalidad.. en fin, cualquier cosa.


Al cabo de una media hora finalmente se abrió la puerta y apareció la supervisora.
Con una sonrisa dibujada en su rostro me dijo en casi perfecto castellano que ya estaba todo resuelto y que mi novia estaba esperandome fuera del supermercado.

A paso acelerado pasé por delante de los hombres de seguridad y de la supervisora, que ahora no me impedían mas el paso.
Corriendo salí del supermercado y cuando observé hacia un costado encontré a Paulita que me estaba esperando sentada en un banquito de plaza en el espacio verde de ingreso al supermercado.


Me acerqué a ella y le pregunté si estaba bien, pero ella no me contestó, sino que me tomó de la mano y sin decir una palabra comenzó a caminar ligeramente en dirección al hotel.
Yo nececitaba saber qué es lo que había pasado, y me la pase durante el trayecto al hotel tratando de que me contestara alguna de las tantas incógnitas que me perturababan la cabeza.. pero ella estaba hecha una roca y no hacía mas que caminar sin emitir ningún sonido.

Cuando finalmente llegamos al hotel, subimos a la habitación, y Pau se metió directamente en el baño.
Tardó en salir, y al hacerlo se sentó en el borde de la cama con sus ojitos enrojecidos, yo me senté junto a ella sin decirle una palabra y la abrazé.

Al cabo de unos minutos le pedí que me contara que le pasaba.
En voz baja me pidió que la escuchara y que intentara comprender abiertamente lo que le había pasado.
A medida que me fue contando la historia se fue tranquilizando, dirigiendo su vista a mí evaluando mi reacción ante su relato.
Y el relato de lo acontecido fue así..
Resulta que cuando nos separaron ella se quedó solita con la jefa de seguridad, y la mina argumentando de que sabía que ella se había escondido mercadería debajo de la ropa, le pidió que devuelva lo que se había robado.
Pau me explicó que se negaba a meterse la mano dentro de la ropa para sacar lo que se había afanado, entonces le dijo a la mina que ya no lo tenía mas encima porque lo tiró en el camino mientras nos habían detenido rumbo al cuarto de seguridad, así que la perdonara, que tenía razón, pero que ya no lo tenía mas encima.
Eso había generado que la tipa se enojara aun mas, y en ese momento volvió a ingresar el negro grandote de seguridad que se había retirado junto conmigo y el otro negro, y la mina le dijo algo en portugues y el chabón enseguida respondió sacando un juego de esposas de su bolsillo y colocándoselas violentamente mientras esta se resistía a tal atropello a su libertad.
Luego el hombre la sujetó con fuerza de los hombros e impidió que se resistiera mientras la jefa de seguridad le metió a Pau una mano por dentro del short y escarbando mientras ella se contorsionaba toda, logró sacarle las toallitas que se había afanado.
Dada la demostración de la mentira, y con la prueba del delito en su mano la tipa le insistió en que se sacara todo lo que se había robado.
Paula le explicó que eso era todo, que no tenía nada más, pero estos enojados la obligaron a que se desvistiera completamente para comprobar la verdad de la historia.
Ella se negó a desvestirse, les pidió por favor, pero estos no la escucharon y comenzaron a quitarle sus ropas bruscamente poco a poco.
Primero la mina le bajó el short, luego tironeó de su bombacha hasta arrancársela.. después el tipo de atrás le levantó la remera y la sacó dejándola colgar entre sus manos maniatadas con las esposas, y finalmente para quedar del todo en pelotas se deshicieron del corpiñito de la bikini.
Me contó que imaginó que en el momento abusarían de ella y que ese sería el final, pero cuando se vió en pelotas frente a esta gente, ellos se detuvieron y se frenaron.
El motivo de la parada fue para explicarle en tono tranquilo que ahora deberían hacer un procedimiento de rutina mediante una inspección de cavidades. Por un instante no entendió a qué se refería la inspectora, pero al ver que esta se enfundaba un guante de látex en la mano lo comprendió perfectamente.

La inspectora tomó un aceite lubricante y bañó el guante con el líquido, mientras tanto el negro la obligaba a ella a colocarse inclinada de espaldas a la inspectora.

En ese momento miró de frente la cara del negro y el tipo tenía una sonrisita maliciosa que revelaba extrañas intenciones.

Mientras miraba al hombre sintió unas manos calientes que le separaban las piernas y parecían acariciarle las nalgas. Al voltear la vista encontró que la mujer se había apoderado de su cola y con cara de piedra fingía buscar mas evidencias de robo por allí detrás.
De reojo ella se fue dando cuenta de la excitación del negro: un enorme bulto iba creciendo entre su pantalón.

Ella no paraba de resistirse a aquel acto depravado, pero sentía que eso los hacía violentarse por lo que decidió tranquilizarse y fingir que todo acabaría pronto de acuerdo a un formal procedimiento de vigilancia.
Su actitud tuvo éxito, en seguida estos dejaron de comportarse bruscamente, sin embargo continuaron adelante.

La mujer le indicó al grone que le prestara ayuda, entonces el tipo la desesposó, luego la volvió a esposar alrededor de una finita columna de hierro, y se sumó a la supervisora trabajando en su trasero.
Este le abrió los muslos, y la mina se agacho debajo suyo metiendo la cara entre sus piernas haciendo de cuenta que inspeccionaba algo allí abajo.

Me contó que ella estaba de espaldas inclinada, no obstante ello pudo apreciar cada movimiento de los vigilancia a través de un espejo ubicado delante suyo.
El negro sacó su enorme berga de entre el pantalón, y mientras que con una mano le abría los muslos en apoyo a su jefa, con la otra se masturbaba sacudiéndosela velozmente.
La pija del morocho era una cosa de no creer, negra como la noche, de volumen exageradamente grande, y una cabeza rojo fuego que brillaba lustrosa.
Entretenida espiando la berga del tipo sintió como la inspectora le urgueteaba el culo y la conchita, introduciéndole dedos dentro de ambas cavidades en forma simultánea.

La tenían completamente dominada, y la encauzaban tiránicamente a discreción.

Cuando el negro parecía a punto de soltar su semen, la inspectora se percató de ello, quitó los dedos de sus partes dilatadas, y apoderándose de la poronga del negro lo pajeó fuertemente colocándosela en la boca, y al fin tragándose toda la blanca esperma del morocho.

Transpirado el negro le sacó las esposas, y la supervisora le indicó que la inspecció de cavidades había culminado sin novedades, por lo tanto quedaba libre.

Ella se vistió rápidamente frente a las miradas de estos degenerados, y rajó volando afuera del super.


Una vez que terminó el relato yo me quedé bastante confundido, no sabría aun si aquella experiencia le había resultado placentera, o violenta y desagradable, pero no me animé a preguntar cuál de estas aquellas sensanciones se ajustaban a su estado actual, por lo que opté por el silencio, elección a la cual ella también había decidido recurrir.

Los minutos, las horas, y los días que se sucedieron luego se volvieron solitarios, por alguna razón las charlas se ajustaban a lo estrictamente necesario, habíamos dejado de tener sexo por completo.. incluso al llegar a la habitación y acostarnos a dormir, los dos cerrábamos los ojos hasta el siguiente día.

Pero un buen día la situación se volvió insostenible y al fin decidí preguntárselo.

Gracias a Dios se rompió el silencio, y ella sin haberse sentido ofendida por la pregunta habló acerca de todos los sentimientos que le había causado aquello sucedido sin ninguna clase de barrera.

A mí me costó creer que

 

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