Sandra y Virginia, madre e hija.
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Sandra y Virginia, madre e hija.

Sandra había tenido un día de mucho ajetreo en la oficina y lo que más
ansiaba era llegar a casa de inmediato.
Sandra tiene 42 años, pero se encuentra realmente bien conservada, puesto
que aparenta 30. Tiene un cuerpo excelente para su edad, de pelo negro, unos
pechos de tamaño considerable, y un culo de tamaño normal y en su lugar.
Su marido se encontraba de viaje por negocios y no volvería en un mes por lo
que tendría que recurrir a la masturbación y a su fiel amigo consolador para
aplacar su sed sexual.
En casa tambien se quedaba su hija Virginia, de 17 años, con las
características de su madre pero en menor escala. Lo cierto es que es tan, o
más bonita que su madre.
Eran como las doce de la noche y ansiaba volver a su casa y tener un
encuentro con su fiel amigo, aprovechando que su hija de seguro estaría
dormida.
Entró en su casa con su boca echa agua, no había el menor ruido en ninguna
de las salas.
Tiró su cartera encima de un sofá, entró en su habitación y cerró la puerta,
su concha y su culo pedían diversión a gritos. Se quitó la camisa y el
corpiño qudando solo con su falda y su braga. Entonces abrió la puerta del
placard, abrió el cajón y hurgó entre sus demás bragas.
Se le heló la sangre.
El consolador no estaba.
Revisó los demás cajones, todo el placard. Nada.
Se le ocurrió que tal vez estaría en la habitación de su hija, pero no podía
ser, su actitud y personalidad no eran como las de su madre a su edad, quien
era una verdadera ninfómana, reconocida por todas las mujeres en su colegio.
Entró en la habitación de su hija, encendió el velador, estaba tan
angustiada por la perdida de su tesoro que había olvidado que estaba medio
desnuda, se acercó a la cama de su hija para comprobar que estaba dormida.
Lo estaba, pero también apestaba a alcohol.
Comenzó a revisar los cajones con el mayor cuidados posible. Hurgaba entre
las bragas, los corpiños, las toallas higiénicas de su hija. Se agachó para
revisar debajo del placard.
Entonces siente como un a mano se mete por debajo de su falda y dos dedos
acarician su raja por encima de su braga, luego siguen su camino hacia atrás
para acariciar la entrada de su culo. Esta pequeña caricia hizo que se
arqueara y un escalofrío recorriese su espalda.
Se volteó y vio que su hija le estaba acariciando una de sus nalgas con su
mano derecha.
Su excitación subió hasta el punto que se levantó, tomó la cara de su hija
con las dos manos y metió su lengua dentro de su boca. Sandra estaba besando
a Virginia, a su hija, sus dos lenguas hacían círculos dentro de la boca de
cada una, la saliva de cada una de mezcalaba en aquel torbellino de placer.
Sandra le acariciaba los pechos a Virginia con sus dos manos, mientras que
su hija le acariciaba las nalgas a su madre, al punto de arrancarle su falda
y tirarla al suelo, resuelto el problema de la falda Virginia le abría las
nalgas y le acariciaba el ano con las puntas de los dedos.
Sandrá dejó de besar a su hija y le dijo.
- Atorranta. Digna hija de tu madre.
Virginia sonrió, Sandra le quitó su remera que dejó sus dos pechos al aire,
con sus pezones erectos debido a la excitación. Sandra los atacó con su
lengua húmeda, formaba círculos alrededor de los pezones y luego los lamía
en su punta.
Virginia se desprendió de su madre y se tiró en su cama, cara hacia arriba,
en donde levantó sus piernas y se quitó rápidamente su fina braga. Sus
piernas juntas y hacia arriba dejaban al descubierto el pequeño agujero de
su culo, luego las abrió y empezó a acariciarse su concha, como llamando a
su madre para que se divirtiera con ella.
Sandra respondió al llamado, se tiró en la cama y metió su cabeza entre las
piernas de su niña, comenzó a pasar su lengua sobre sus y mojados labios
vaginales, sientiendo el sabor de los flujos de su nena, mientras que esta
no paraba de gemir, pidiendo que su madre la haga acabar. Metió su lengua
más adentro, mientras que con sus dedos acariciaba su clítoris. Luego abrió
más la concha de su hija para lamerla de arriba abajo.
Cuando su lengua acarició el clítoris, sintió como su hija explotó con un
grito de placer en un orgasmo que llenó de flujo la boca de Sandra.
Era un sabor que Sandra sabía no se encontraba en cualquier concha que haya
chupado antes.
Con aquel delicioso jugo en su boca levantó la cabeza y besó a su hija en un
tierno y lento remolino de saliva y flujos, mientras Sandra apretaba una de
las tetas de Virginia.
- Date vuelta- dijo Sandra a su hija.
Virginia se puso de rodillas con el culo hacia arriba. Sandra se arrodilló a
un lado y le abrió las nalgas dejando ver un precioso ano rosa. No pudo
resistirse más, entonces empezó a lamerlo, a llenarlo de saliva, mientras
que su hija se acariciaba y metía un dedo en su mojada vagina.
Sandra le escupía el ano y desparramaba su saliva por alrededor de este.
Metía su lengua dentro sintiendo un amargo pero, para Sandra, riquísimo
sabor. Metió un dedo dentro suavemente, a lo que Virginia reaccionaba con
suaves gemidos, sin parar de mover las piernas en señal de que disfrutaba de
la penetración anal.
Una vez que su dedo fue entrando lo más adentro posible, metió otro. Al
principio los metía y sacaba lentamente, pero a medida que se iba dilatando,
los metía con más rapidez hasta el fondo, mientras que con otra mano metía
dos dedos dentro de la vagina de Virginia.
Los gritos de esta significaban que otro orgasmo estaba por venir, que en
verdad su hija disfrutaba de la penetración anal.
El orgasmo llegó por fin y Virginia se sacudió mientras que su madre no
dejaba el mete-saca en su culo. Luego sacó los dedos del culo y los chupó
junto con su hija, quien disfrutaba del sabor de su ano.
- Ahora me toca a mí- dijo Virginia.
Su madre se puso en cuatro, como a lo había estado su hija antes.
Virginia empezó a lamerle la concha a su madre. Con su lengua recorría el
lugar de donde había sido traída al mundo 17 años atrás.
Sandra disfrutó cada segundo que la lengua de Virginia estuvo lamiendo su
clítoris mientras era penetrada por tres dedos. Los gritos de placer de su
madre eran música para los oídos de Virginia. Sandra no aguantó más y se
vino en la boca de su hija, quien se tragó hasta la ultima gota de flujo.
Virginia se detuvo un momento sacó el consolador perdido de debajo de su
almohada.
- Lo tenías vos turra- dijo Sandra a Virginia, y juntas lo lamieron.
Entonces Virginia lo tomó, frotó la entrada de la concha de Sandra y la
penetró hasta el fondo, y comenzó a meterla y sacarla hasta que su madre
tuvo otro orgasmo más fuerte que el anterior. Virginia entonces procedió a
lamer el ano de su madre, humedeciéndolo y metiendo su lengua todo lo que
pudo, sintiendo el mismo sabor que su madre sintió cuando le hizo lo mismo a
ella.
Cuando el ano de Sandra estuvo a punto, Virginia besó en la boca a su madre
con el sabor a culo en la lengua, y la penetró con el consolador. Sandra se
aferraba al respaldo de la cama y gritaba, y se imaginaba la expresión en el
rostro de su esposo si viese aquella expresión. Y eso la calentaba aún más.
El culo de Sandra estaba ardiendo del placer. Tuvo otro orgasmo.
Virginia se dio cuenta de esto y le chupó la vagina toda mojada a su madre
mientras que esta tenía todavía el consolador clavado hasta el fondo en su
culo.
Virginia quitó el consolador del ano de su madre y se dedicó a meter la
lengua dentro del culo que ya estaba totalmente abierto, casi del tamaño de
una pelota de golf.
Su madre intentaba cerrarlo pero no podía, entonces Virginia volvió a meter
el consolador en el ano de Sandra tres veces más hasta que lo sacó y se lo
dio a su madre, y entre las dos lo recorrieron con sus lenguas, disfrutando
del sabor del culo de Sandra.
Sandra se volvió a penetrar su propio culo con el consolador y así como
estaba penetró la concha de su hija, a sabiendas de que ya no era virgen,
debido al robo del consolador.
Los gritos de su hija anunciaron otro orgasmo, y el consolador salió
empapado de la vagina de Virginia.
Virginia lo tomó y penetró la vagina de su madre con el consolador mojado
como estaba.
Sandra veía las nubes. Le consolador volvió a salir mojado de la concha de
Sandra. Virginia penetró otra vez a su madre en el culo, el cual estaba ya
bastante colorado, casi morado. Sandra tuvo otro orgasmo. Se sacó el
consolador del culo y le dijo a u hija que se ponga en cuatro, entonces
insertó el consolador en el culo de su hija la cual entre gritos y gemidos
no tardó en llegar al orgasmo.
Estaban exhaustas, sus vaginas estaban empapadas, sus culos estaban abiertos
y colorados.
Sandra se sentía realizada, había hecho el amor con su hija. Dentro de su
vagina, sus fluidos mezclados con los su hija. Virginia tambien tenía dentro
suyo fluidos de su madre.
Habían compartido fluidos y amor, ambas habían disfrutado mutuamente de la
penetración anal.
Ambas seguirían disfrutando durante todo el mes hasta que llegara el único
hombre de la casa.


FIN

Espero que les haya gustado.

juli_mojada@hotmail.com

 

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