Las Crónicas de Pedof: “Dani conoce a Beto”
Daniel encendió el estéreo a la mitad de volumen. La voz de Eminem sonaba mientras se dispuso a poner la traba de la puerta de su cuarto. Con sus doce años recién cumplidos, cada vez cerraba mas amenudo la puerta de su habitación, sin importar cuanto le molestara a su madre. Saco de debajo de su cama un cajón de madera y lo abrió. Dentro, unos cómics cubrían un montón de revistas pornográficas de varias clases. Tenia un cuerpo bien formado, aunque bastante pequeño para su edad, en realidad parecía tener dos o tres años menos de los que tenia. Llevaba puesto su pijama celeste de dos partes, y su cabello rubio casi hasta los hombros. A su madre siempre le había gustado que lo tuviera así. Tomo su revista preferida del cajón mientras con la otra mano se acariciaba el pequeño bulto bajo su pubis. Se sentó en la cama, acomodando su almohada contra la pared y se recostó con la revista sobre la cama, al alcance de su mano izquierda. La abrió y paso las paginas hasta que encontró la que buscaba, se destrabo uno de los botones del pantalón y sacó su pequeño miembro, caliente y suave. Lo tenia casi en su máxima extensión, duro como una roca, cubierto por el prepucio, que dejaba entrever la rosada punta de su glande. Media seis centímetros de largo por uno y medio de ancho, muchas veces se avergonzaba de lo pequeño que era, además del hecho de no tener vellos en ninguna parte del cuerpo. Con tres dedos, lentamente comenzó a subir y bajar el prepucio, apretando levemente los bordes del glande. Se paso la lengua por los labios y miró la revista. En las paginas varios cuadros mostraban una joven rubia, bastante bonita, acariciando y lamiendo el erecto e inmenso pene de su pareja. Daniel trato de recordar detalles de la foto y cerro los ojos. Comenzó a pensar en la cara de la joven rubia, sus ojos celestes y él pasando la punta de su pija por sus labios. Imagino su cuerpo frente a él, pero donde debía estar su vagina vio el miembro erecto de su compañero. Se vio a sí mismo, arrodillándose frente a la chica, tomando su gran vara con ambas manos y frotándola con mucha velocidad. La misma velocidad con la que, en la realidad, masturbaba su pijita. Estiro sus piernas lo mas que pudo, comenzó a tensar su cuerpo, cuando de golpe oyó la manija de la puerta de su cuarto.
-¿Otra vez cerrado, Daniel?- vocifero su madre desde el pasillo -Bajá ya a desayunar, por favor.
-Ya voy- dijo con voz entrecortada.
-¡Ya!- grito la madre.
Su erección había desaparecido por completo. Abotono sus pantalones, guardó la revista y escondió el cajón bajo la cama. De mala gana destrabó la puerta y bajó a desayunar.
Tres horas después, Daniel se encontraba parado frente a la puerta de la casa de su mejor amiga, tocando el timbre. Llevaba puestas unas bermudas marrón y una camiseta blanca. El sol quemaba cada parte de su cuerpo, hasta sus sandalias estaban calientes. La parte de la espalda que cubierta por su mochila estaba transpirada y pegoteada. La madre de los hermanos Rubio abrió la puerta con una sonrisa en el rostro.
-Hola Dani, pasá, esta en su cuarto. Me voy a yoga, no hagan lío.- dijo ya del otro lado de la puerta.
Daniel camino por el pasillo y abrió la puerta del cuarto.
En la habitación, bastante más grande que la de él, Carla leía un libro sobre su cama, mientras que su hermano mayor, Roberto, jugaba Playstation en un televisor pequeño, junto a la ventana. Carla bajó el libro y lo miró divertida. Tenían la misma edad, pero ella parecía bastante mayor, ya era toda una señorita en varios sentidos. Vello púbico, que había dejado que Daniel viera en una ocasión, pequeños senos, que les había dejado tocar por 5 pesos, piernas largas y delgadas. Estaba descalza y llevaba unos pantalones largos negros que hacían juego con su remera.
-Hola, nena- lo llamaba así desde la vez que él se dejó maquillar, hacia ya varios meses. Ella amaba jugar con su maquillaje, lo veía como un futuro trabajo.
-Hola boludita- respondió Dani- Hola Beto.
Roberto lo miró con esos ojos celestes que tanto le gustaban. Llevaba puesto solamente un pantalón corto de fútbol. Estaba muy bien formado para un joven de 18 años, a Daniel le recordaba al hombre de la revista bajo su cama. Su relación nunca había pasado de unas cuantas charlas durante las comidas o algunos partidos de vídeo juegos.
-Señor Roberto para vos, pibito- dijo con cara de fanfarrón.
Daniel le respondió con una risita nerviosa.
-¿Ya te salieron pelitos?- pregunto Beto en forma amistosa.
Ultimamente lo jodia mucho con ese tipo de comentarios y otras veces cuando pasaba le daba una palmada en el trasero.
-¡Que le van a salir!- se metió Carla
-Ya van a llegar- djio Roberto.
-Eso espero- agregó Daniel, mientras tiraba su mochila sobre su amiga, que se corrió para esquivarla.
-¿Qué vamos a hacer, nene?- pregunto Carla- Vamos a lo de Maxi, nos quedamos a jugar a algo...
-Me da lo mismo, pero si vamos a salir esperemos que baje el sol.
Eran casi las dos de la tarde y afuera parecía que hasta los arboles se derretían. Debía hacer unos treinta y pico de grados. Dani se sentó en la punta de la cama y Carlita se le acerco y le dijo al oído:
-Y si nos pintamos otra vez.
-No, ni loco. -replicó Daniel en voz alta.
-Dale, me re divertí.
-No.
-Te doy 2 pesos.
-No.
-Te dejo que me toques los pelitos- le susurro al oído.
-Traé las pinturas.
-¡Bien!- grito Carla mientras salía corriendo al baño, trayendo segundos después el kit de cosméticos.
Daniel miró a Carla y con la cabeza le señalo a su hermano, que se entraba frente al televisor. Ella dijo con los labios que no importaba. Dani negó con la cabeza, demostrando que no jugaría con el ahí.
-No pasa nada, cagón- dijo casi gritando Carla- Siempre lo pinto a el también. ¿No, Beto?
-Si- contesto casi ignorándolos, sin despegar la vista de su juego- todo el tiempo.
Daniel se sintió menos incomodo y se sentó en la cama con las piernas como indio frente a Carla, que se arrodilló poniendo en medio de ambos el kit de maquillaje. Sacó de este un delineador negro para ojos y con cuidado fue bordeando las puntas de los mismos.
-Con esto te damos un aspecto mas oriental y sexy -comentó ella.
Ninguno de los dos se dio cuenta como Roberto miraba mas la situación que el juego. Carla termino con eso y saco una sombra violeta, se la puso debajo de los ojos. Luego paso un cepillo por una base de rubor y se lo puso en las mejillas. Todo con sumo cuidado, sin correrse ni un poco.
-Listo, nena- pregunto Dani.
-Pará que falta lo mejor.
Saco un lápiz labial negro, le dio unas vueltas para que la punta saliera del plástico. Cuando la punta roja se asomó Daniel penso en un pene y sonrío.
-¿De que te reís?- pregunto Carla.
-De nada.
Con cara de despreocupada siguió con su trabajo. Paso el labial sabor a frutilla por los labios carnosos de Dani y cuando termino hizo señas de que juntara los labios como ella lo hacia. Él la obedeció.
-¿Feliz ahora?- preguntó Daniel. Parecía una nenita, penso Beto mientras miraba asombrado. Una preciosa nenita. Mierda, era mas lindo que la mayoría de las compañeras de Carla. El pensamiento no lo asusto, ya que desde hacia un año que frecuentaba prostíbulos de travestis con sus amigos del barrio. Lo que lo asusto un poco era pensar que tenia doce añitos, que era compañero de escuela de su hermana menor. Era bastante retorcido hasta para él.
-Ahora te falta la ropita- dijo Carla.
-Ni a palos, eso sí que no.
-Yo pongo cinco pesos para verlo con tu ropa- dijo Roberto.
Carla se sintió un poco celosa de la intermisión de su hermano, Dani en cambio se sintió curioso.
-No, no- decía Daniel.
-Le tenes que ofrecer otra cosa. Yo le dije que le mostraba mis pelitos si me dejaba pintarlo. - La relación entre Carla y Roberto era bastante rara. Toda la vida criados juntos, y el varios años mayor que ella, llevaban a que la bañara de chiquita, la llevara al colegio, jugaran juntos todo el día. Y no solo eso, también exploraban, aunque de forma muy superficial, sus cuerpos. De hecho el primer y único beso de Carla había sido con su hermano, un año atrás.
-Te muestro los míos- se apresuró Beto.
-Traé la ropa.- dijo Daniel bajando la cabeza, simulando que la idea lo desanimaba, cuando en realidad era todo lo contrario.
Carla abrió el ropero y Roberto apagó los juegos y se sentó en la cama junto a Dani.
-Estás linda Daniela- le dijo Beto- ¿Querés salir conmigo?
Los tres rieron juntos mientras Carla traía algunas cosas que había agarrado del ropero y las ponía sobre la cama.
-Parate Daniel- dijo Carla mientras su hermano buscaba entre las ropas.- Tenemos casi el mismo físico.
-Sacate todo.- dijo Roberto, que se ganó con eso una mirada celosa de su hermana menor.
Daniel se bajó los pantalones, se los saco junto con las sandalias y se saco la camiseta.
-Todo... - replicó Beto.
-Si, todo - agregó Carla.
-¡No, todo noo!
-Si todo, las nenas usan bombacha, no calzoncillos.
-Dame una que me cambio en el pasillo- dijo Dani.
-Bue, dale.- Carla le tendió una bombachita rosa del pilón de ropa.
Al rato volvió Daniel, con sus calzoncillos en la mano, y usando unas braguitas rosas. Estaba tan colorado por la vergüenza que ni se le notaba el rubor en las mejillas. Ahora hasta Carla se asombró. Era todo una niña. Piernas flacas pero formadas, pezones pequeños y rosados, el cabello rubio, con unos mechones sobre el rostro. Y ni un solo vello en el cuerpo. En el pantalón de Roberto, un bulto que ocultó con algo de la ropa de su hermana, comenzó a formarse. Dani se paró entre los hermanos con un poco de vergüenza, se volteó hacia Carlita, mostrándole la espalda, y en especial el culito parado, a Beto.
-Ponete esto- dijo su amiga tendiéndole una pollera a cuadros verdes y marrones.
Daniel se agachó, dándole ahora una muestra completa de su trasero a Roberto. Esta vez, a propósito, trató de endurecer las nalgas para parecer más sexy. Con eso logro que el rabo de Roberto creciera otros centímetros. Casi ni podía ocultarlo. Dani subió la pollera con tablas hasta su cintura y tomó una camisa blanca que su amiga le alcanzaba. Se la puso y cuando estuvo a punto de prendérsela Carla lo detuvo. Ella misma le ató las dos puntas de la camisa en un nudo sobre el ombligo y le acomodó el cuello.
-¿Y, ya están felices?- pregunto Dani.
-Todavía no. -dijo Carla mientras sacaba de un cajón un par de colitas rosas de tela. Le agarró un mechón de la derecha y se lo ató, luego repitió el mismo proceso con un mechón de la izquierda. Se apresuro al equipo de música, metió un compacto que tenia suelto sobre el aparador y pulso el boton de encendido.
Daniel escuchó un timbre de escuela y supo lo que se venia. Roberto también lo sabia, pero no penso que Dani lo hiciera. El pequeño vestido de colegiala comenzó a hacer la mímica del tema de Britney Spears y a bailar hacia donde Carla se encontraba. Contorsionó el cuerpo un poco frente a ella y luego se dio vuelta hacia Beto. Con un rápido movimiento se metió la bombacha entre las nalgas y se levanto la pollera, ofreciéndole al joven de dieciocho años unas braguitas rosa con un bulto pequeño en el medio. Roberto se apoyó con disimulo la mano sobre la entrepierna, su pene media veinticuatro centímetros de largo por seis de ancho. Estaba muy bien dotado, y si no trataba de calmar la erección ambos críos se darían cuenta de lo excitado que estaba. En el momento en que Dani se dio vuelta y le mostró el culito, casi desnudo, duro y rosadito, Beto se enamoró.
-¡Chicos!- se escuchó que vociferaba desde afuera una voz gruesa. Era el padre de Carla y Roberto. Los tres chicos se miraron con asombro por un segundo y Dani comenzó a desvestirse y a ponerse su ropa. Se vistió en unos segundos con tanto apuro que se dejó puesta la bombacha de Carlita. Se despintó la cara como pudo con la camisa que había usado, se sacó las colitas y le dio mucha vergüenza al pensar en lo que recién había hecho.
-Me voy a casa, abrime la puerta - le dijo a Carla.
Cuando esta comenzó a replicar el ya había salido al pasillo. Roberto, todavía excitado y sorprendido tomo el calzoncillo de Dani y se lo guardo dentro de su pantalón, frotándolo un poco por su endurecido miembro.
Daniel se sacó la bombacha y la apoyo sobre el inodoro de su baño. Abrió la ducha y cuando estaba por meterse en ella, oyó el timbre. Se envolvió en una toalla y se maldijo por no tener ni un segundo en paz para masturbarse. Su madre trabajaría por otras cinco horas y tendría toda la casa para él. Estaba tan excitado por lo de hacia unos minutos en la casa de Carla que se moría por una paja.
-¿Quién es?
-Soy yo, Roberto. Te olvidaste algo en casa.
A Dani se le paró el corazón. Intuyo que no solo había venido a traer algo. Definitivamente a Beto le había gustado lo que veía. Abrió la puerta y lo invito a pasar. Traía una remera gris arrugada, los mismos pantaloncitos de hace un rato y un par de zapatillas, sin medias.
-¿Interrumpo?- preguntó el muchacho, que sabia que la madre de Dani trabajaba hasta la noche.
-No, pasa. ¿Que me olvide?- pregunto el chico mientras caminaban hasta el centro del living.
Saco de un costado de su pantalón los calzoncillos y se los devolvió.
-Gracias.
-De nada, Daniela.
Ambos chicos rieron, nerviosos.
-Al final te fuiste sin cobrar tu parte del trato.
-Ya sé.
-¿Queres verlos?- preguntó Beto con la voz entrecortada.
La pijita de Daniel se paró de golpe. Miró a Roberto, que le llevaba de altura mas de dos cabezas de ventaja, lo miró desde abajo con cara de inocente, todavía con un dejo de rojo en los labios del labial de Carla.
-Si.
Beto se bajo el pantalón justo hasta donde comenzaba a formarse el bulto de su sexo, dejando ver los enrulados pendejos, negros y duros.
-¿Queres ver mas?
-Si - contestó Dani casi sin hablar.
-Primero mostrame vos - dijo el muchacho, volviendo a subirse los shorts.
-Yo no tengo pelitos.
-No importa, no quiero ver eso.
Ambos muchachos estaban tan nerviosos y excitados, que respiraban con dificultad, y encontraban aun más difícil continuar la conversación. Dani aflojo la toalla que lo cubría, esta cayó al suelo y de pronto estaba completamente desnudo, con su erección de seis centímetros apuntando directamente a Beto. Al instante Roberto se bajó nuevamente el pantalón, dejando que su pija de veinticuatro centímetros quedara suspendida a unos milímetros del ombligo de Dani.
Este, sin pensarlo, se arrodilló y con ambas manos comenzó a masturbar a Roberto con todas sus fuerzas y rapidez. Con sus dos pequeñas manecitas movía la piel de Beto hacia delante y hacia atrás, haciendo un gran esfuerzo. El joven, extasiado agarró la cabeza del pibito entre las dos manos y la guió, hasta que la punta de sus carnosos labios tocaron la cabeza de su pene. Un poco de liquido transparente comenzó a gotear del pequeño pene, mientras que el mismo liquido manchaba sus labios, proveniente del rabo de Beto. Este empujó mas la cabeza de su amante hacia su pija, hasta que Daniel entendió lo que el muchacho quería. Abrió un poco su boca y dejo que la barra de seis centímetros de espesor penetrara hasta tocar su lengua, mientras seguía moviendo ambas manos con todas sus fuerzas.
Roberto eyaculó sin poder impedirlo toda su carga derecho a la garganta de Daniel. Este se sorprendió muchisimo, sus ojos se pusieron rojos y comenzó a ahogarse, mientras su pareja gemía de placer. Escupió semen al suelo y corrió hacia el baño. Mientras Roberto limpiaba su corrida del suelo con la toalla de Dani, lo escuchó vomitar.
Se dirigió al baño, donde lo encontró haciendo arcadas son la cabeza semi-undida en el inodoro. Se agachó junto al pendejo y con una mano le sostuvo la frente mientras terminaba de vomitar. Por muchas razones ambos chicos se sentían avergonzados, pero extrañamente confortados, uno junto al otro.
-¿Estas bien?- preguntó Beto.
-Si.
-Me perdonas, no quería...
-Está bien.
-Fue sin querer...
-En serio, esta bien. Yo me lo busque- dijo sonriendo.
Al ver que sonría Beto se relajó.
-Gracias - dijo Roberto -Fue lo mejor que me paso en la vida.
-¿Te gustó?
-Mucho... No le digas a nadie... Por favor...
-Ya sé. ¿Te puedo hacer una pregunta?
-Sí.
-¿Tenes novia? - preguntó Dani casi con vergüenza.
-No, ¿Por?
-¿Queres ser mi novio?
-¿De verdad queres que seamos novios? ¿No le vas a deci...
-No, a nadie. Lo juro.
-Bueno, probemos... Dani.
-Para vos Daniela, papi - dijo mientras le pasaba la mano por la pierna.
Roberto se sorprendió de lo zarpado que era el pendejo. Y se excitó otra vez.
-¿ Queres que te bañe?
-Dale - se entusiasmó Daniel.
Abrió el agua caliente y la fría al mismo tiempo y se miraron durante unos minutos, mientras la bañera se llenaba de agua tibia. Dani fue el primero en hablar.
-¿Te gustó lo que te hice?
-Mucho.
-Vos decime que queres que te haga, y si hago algo bien o mal...
-Vos también - se apresuró a decir Beto -Yo también soy nuevo en esto.
Luego de unos segundos de silencio Daniel preguntó casi con miedo:
-¿Me vas a coger?
Roberto se quedó duro con la pregunta, en todo sentido. Su erección había vuelto, y no salía de su asombro.
-Si queres - contesto.
-La tenes muy grande. Me va a doler mucho - dijo Dani, casi hablando para si mismo. Ah, ya esta el agua.
Daniel se metió en la bañera, mientras Roberto se sacaba la remera y la tiraba a un lado. Se arrodillo junto a la bañadera y comenzó a acariciar el cuerpecito de su nuevo novio. Le pasó con suavidad una mano por la espalda y otra por el pecho. Dani sentado con el agua hasta la boca del estomago cerro los ojos y lo disfruto. Beto se detuvo a jugar con el pezón derecho de su pareja, luego con el izquierdo, los humedeció con un poco de agua, y los volvió a pellizcar hasta que ambos botoncitos rosa estaban parados.
Se inclino sobre la bañadera y comenzó a chupar primero un pezón y luego el otro, varias veces, pasando su lengua por todo el pecho. Al mismo tiempo, mientras Daniel gemía de placer, bajo su mano izquierda por la espalda del pequeño hasta acariciarle la colita que tanto le había gustado. Era mejor al tacto de lo que pensaba. Parecía de mármol. Ahora su mano derecha comenzó a bajar hasta alcanzar el pene. Paradito como hace un rato, descendió un poco mas y acarició los huevitos arrugados y tibios de Dani. Tomó la pijita entre el pulgar y el índice y comenzó a masturbarlo, mientras con la mano izquierda trataba de meterle el dedo en el culo y con la boca le excitaba los pezones. Cuando Beto notó que el cuerpo de Daniel comenzaba a tensarce cambio de estrategia: con la mano izquierda le sostuvo la espalda, con la derecha siguió pajeándolo lo mas rápido que pudo y llevo sus labios a los del niño. Dani abrió la boca y recibió con placer la lengua de su amante, mientras tenia el mejor orgasmo de su corta vida.
Daniel se dejo descansar sobre la mano de Roberto que le cubría casi toda la espalda. Apoyo la mano derecha sobre el pechito del niño, que subía y bajaba muy rápido. Sintió su corazoncito latir, y lo besó de nuevo, esta vez sin lengua, cubriendo por completo los labios del pibe con los suyos.
-Gra. cias- trató de decir Dani.
-Te lo mereces, amorcito.
Cuando Daniel se calmó, unos minutos después, Roberto le preguntó:
-¿Queres que... te la chupe?
-No - dijo Daniel. Le agarró la mano derecha con sus dos manitas y empezó a succionarle el dedo del medio, metiéndolo y sacándolo de su boquita, jugando con su lengua roja y húmeda. Miró la mano de Beto un segundo y preguntó:
-¿Me querés meter el dedo en el culo?
Roberto no pudo contestar. Asintió con la cabeza, boquiabierto.
Daniel se arrodilló en la bañera y se apoyó en el borde, de forma que su culito quedo unos centímetros fuera del agua, hacia la pared.
-Dale - dijo.
Roberto pasó su mano por la espalda del niño, avanzando hacia el culo. Dani Separo las piernas un poco, y cuando el joven sintió el agujero prohibido introdujo su dedo medio hasta el fondo.
-¡Aaaah! - gritó Daniel tirando todo el cuerpo hacia delante -¡Saca, sacalo!
Beto saco el dedo de un tirón, le había costado mas que meterlo.
-Perdón... - dijo.
-No, perdoname vos- se adelanto Daniel avergonzado - Pense que estaba listo. Además ya llega mi vieja en un rato. Dejémoslo para otro día. ¿No importa?
-No, para nada.
-¿Te enojaste?
-Noooo. En serio, prefiero dejarlo para otro día... -sonaba desilusionado.
-Mañana a las tres venite que te preparo una sorpresa. ¿Queres?
-¡Dale!
Se paró y se dirigió a la puerta.
-¿Te molesta si no te acompaño?- dijo Daniel desde la bañadera.
-Para nada. Chau, Dani.
-Chau. ¡Te quiero!- gritó cuando lo perdió de vista.
-Yo también... - escuchó que le gritaba Beto desde afuera.
Dr.Pedof