Las Crónicas de Pedof 2: “Dani y Carla experimentan”
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Las Crónicas de Pedof 2: “Dani y Carla experimentan”


Los días pasaron y la pareja se afianzaba mas y más, día por medio se veían, y se besaban y masturbaban hasta quedar completamente satisfechos. Una mañana como cualquier otra, en uno de los recreos de treinta minutos Daniel se encontraba escribiendo una carta, con las piernas cruzadas, sentado en uno de los inodoros del baño de su escuela. De pronto escuchó la voz de uno de los muchachos de secundario, con los que compartían el patio de recreos. Era Adrián, un joven de 16 años, muy bien parecido, a quien había estado mirando por algún tiempo.
El joven miró debajo de las puertas de los baños, sin ver a Dani, y habló con alguien en voz baja.
-No hay nadie.
Se acomodo el bulto dentro de los pantalones, frotandoselo unos segundos, con cara de palcer.
-No aguanto mas.
-¿Lo llamo? -pregunto una segunda voz, desconocida esta vez, desde la puerta.
-Lamalo. Dale. Y despues cerra la puerta y fijate.
Segundos despues escuchó otra voz, esta vez parecia la de una niña pequeña.
-¿En serio me las va a regalar?
Daniel escuchó que la puerta del baño se cerraba y se acerco a la mirilla de su puerta, con cuidado de no hacer ningun ruido.
Era un pequeño niño rubio, con un delantal escolar blanco y un arete en la oreja. Debia tener unos nueve años, era Sebastian, uno de los de tercer grado, o segundo. No lo sabia.
-Hola Seba- dijo Adrian con voz condescendiente.
-Hola Adrian ¿En serio me vas a dar cartas de Pokemon?
-¡Si! Pero primero tenes que pasar algunas pruebas... Si no, no. - y le mostró un pilon que tenia en el bolsillo de su camisa celeste, para volver a guardarlo. Dani notó como se formaba un bulto en el pantalon gris de vestir del muchacho.
-Dale, decime.
-Primero me tenés que mostrar la pijita. Y té tenés que correr la pielcita.
-¿Cómo correr?- dijo Seba, entre curioso y asustado.
-Sí. Para atrás. El prepucio. La pielcita.
-¿Eso nada mas?
-Por ahora...
-Bueno, dale - dijo desganado el pequeño, mientras se desabotonaba el delantal. Luego se lo abrió, se bajó la cremallera de sus bermudas y sacó, con un poco de dificultad, su pequeño miembro. A pesar de tener tres años menos que Daniel, su pene era del mismo tamaño, aunque no media mas de cinco centímetros en el momento, ya que no estaba erecto.
Adrián no parecía tan nervioso como Roberto, parecía mas acostumbrado a la seducción de un pequeño. Lo miraba de cierta forma, y hablaba con un tono de voz muy sensual.
-Corré la pielcita y dejame ver.
Se arrodilló frente al niñito, mientras este tomaba su prepucio con dos dedos y tiraba la piel hacia atrás, dejando que el diminuto glande se asomara.
-¿Puedo tirarte yo la pielcita para atrás?
-No... no sé - contestó Seba.
-Dale, te pido eso y una cosita mas y listo. Todas las cartas son tuyas.
-Bueno.
Con dos dedos comenzó a moverle el prepucio hacia atrás, haciendo que la pijita creciera poco a poco, cada vez mas caliente, cada vez mas dura. Del otro lado de la puerta, mirando con dificultad por la cerradura, Daniel se manoseaba el miembro erecto, muriéndose por unirse a la fiesta.
-Basta - murmuró Sebastián, nervioso.
-Bueno, una cosa mas y listo.
-¿Qué?
-Mostrame bien la pijita, pero bien, bajate un poco los pantalones. Y le tengo que dar un besito.
-No, eso no - por su cara parecía como que iba a llorar.
-Dale... sino les digo a todos que sos un mariconcito. Y encima no te doy las cartas.
Seba se desabotonó el pantalón, que cayó hasta quedar alrededor de sus tobillos. Tenia unas piernas hermosas. Adrián se acerco muy despacito hasta quedar a unos milímetros de la pijita del niño, que temblaba un poco, mientras una lagrima asomaba en su rostro. Cerró los ojos, y en ese instante el muchacho lo tomó por las nalgas con ambas manos y metió entero el pene de Sebastián en su boca. Comenzó a succionar con todas sus fuerzas y deslizó su dedo índice en el agujero del culito de su víctima. El niño ahora lloraba con fuerza, intentando escaparse, tratando de empujar la cabeza de Adrián, que parecía poseído. Intentó escapar y cayó al suelo. Recostado sobre el piso, el pequeñito rogaba:
-No... por favor Adrián, basta.
Este se éxito aun mas, enterrando el índice hasta el fondo del culo del niño, que arqueo la espalda y trato de patearlo y sacarlo con ambas manos. Sin siquiera tocarse, Adrián acabó en sus calzoncillos con un gemido. Saboreo los pocos jugos que salían de Sebastián mientras lo soltaba.
El joven abusador se incorporó, sacó una de las cartas de su bolsillo y la tiró sobre el cuerpecito violado de Sebastián.
-No le digas a nadie, sino el puto vas a ser vos.
Salió del baño justo cuando tocaba la campana del final del recreo. Sebas se arrastró hasta uno de los baños, donde se puso a llorar, momento que Daniel aprovechó para ir a su aula. Mientras salía trataba de secar el semen con el que había manchado su slip.


Carla, que cada día soportaba menos a su hermano mayor y extrañaba cada vez mas la compania de su mejor amigo, decidió tomarse unas pequeñas vacaciones. El viernes, apenas llego del colegio pidió a su madre que hablara con su tía. Quería quedarse el fin de semana en casa de sus primos, que aunque eran un par de años menores que ella le caían bastante bien. Nunca había ido a dormir a lo de la hermana de su madre. No se llevaban muy bien desde algunos años atrás. Tanto insistió que su madre llamo y Marta, su tía, aceptó con mucha alegría. Pidió hablar con ella y hasta le preguntó que quería comer a la noche.
Carlita preparó la mochila con una muda de ropa, su juego de maquillaje y un par de zapatillas. Se dio una ducha, se vistió con un vestido verde chillón y una bombachita haciendo juego, al igual que sus sandalias. A las cuatro de la tarde sonó el timbre de la casa y la pequeña corrió a abrir la puerta.
Allí parada estaba su tía, o como a su padre le gustaba llamara, “el tanque”. Era una mujer de 29 años, con un rostro muy hermoso pero unas caderas inmensas. Su piel era tan blanca como la leche, y según su madre, usaba mucho maquillaje. Para Carla era bonita y estaba bien pintada. Sus grandes ojos resaltaban, al igual que sus labios rojos y carnosos. Tenia unas manos pequeñitas, que siempre le habían parecido graciosas, y una voz finita y angelical, como la de una jovencita.
Marta y su hermana se saludaron con un poco de desprecio mientras Carla se subía al coche de su tía. El auto se inclinó hacia un lado cuando la mujer se subió, debía pesar unos 150 kilos. Mientras arrancaba el coche miró, con demasiado entusiasmo, a su sobrinita.
-Y ¿Cómo estas? - preguntó.
-Bien, tía.
-No nos vemos desde el cumpleaños de la abuela. Los chicos te extrañan mucho.
-Y yo a ellos, por eso pedí pasar el fin de semana en tu casa.
-La vas a pasar bárbaro.
Conversaron de algunas cosas, hasta que de pronto Marta preguntó:
-¿Ya te hiciste señorita? Tu mamá nunca me cuenta nada.
-Si... si. Hace unos meses.
-Ya te están creciendo las tetitas entonces. - Sin dejar de mirar la calle, estiro la mano izquierda y le palpo los senos. - Si, te van a crecer bien, están duritas todavía. No como las mías.
Carla asintió, un poco incomoda. Aunque el tacto de su tía le había parecido bastante placentero.
-Si querés después en casa te paso unos trucos que van a volver locos a los chicos. ¿Ya tenes novio? - preguntó su tía mientras estacionaba el auto en la puerta de su casa.
-No, pero tampoco estoy buscando.
-¿Novia?
-¡Tampoco! - contestó riendo. Por eso le gustaba esa mujer. Era muy graciosa e inteligente.
Mientras entraban a la casa, su prima, que estaba mirando la tele corrió a abrazarla.
Era una pequeña flaquita de ocho años, muy dócil y alegre. De cabellos largos y rubios, usaba unos anteojos grandes, que resaltaban aun más sus grandes ojos celestes y algo cruzados. Tenia un aspecto bastante graciosos, y siempre tenia ideas originales y divertidas. La abrazó con todas sus fuerzas y apoyó su cabeza rozándola contra sus senos semidesarrollados. Carla le acarició la espalda hasta que se sintió un poco incomoda por la forma en que su primita se frotaba contra su cuerpo.
-Bueno chicas, vayan a jugar a la pieza, que me voy a poner cómoda y voy a jugar un rato con ustedes. ¿Todavía seguís pintando a todo el mundo, no Carlita?
-Si, traje las pinturas y todo.
-¡Biennnn! - gritó la pequeña Graciela - Pintame, pintame a mí.
La llevó a su cuarto, bastante amplio, de paredes rosa, que hacían juego con la mayor parte del decorado del cuarto. Se sentó sobre la cama y se dejó pintar los labios de rojo y las mejillas de rosa.
Minutos después entró Marta, en ropa interior negra con un desaville transparente.
-Espero que no te moleste, Carlita - dijo la tía. - Pero hace mucho calor y siempre andamos en pijama.
-¿Puedo ponerme el mío, mami?
-Sí, Gracielita.
La nena se sacó el vestido, quedando completamente desnuda, usando solamente un par de sandalias de goma. Su cuerpecito blancuzco y suave se contoneo con delicadeza hasta un armario, de donde sacò un camisón transparente. Se lo puso, se acerco a su prima y giro frente a ella.
-¿Cómo estoy? –pregunto.
Sus pequeños pezones puntiagudos se distinguían a traves de la seda a la perfeccion, asi como la rajita rosa que se anidaba entre sus largas piernecitas. El cabello rubio le caia a los costados del cuerpo, enmarcando su casi perfecto rostro, solo manchado por la pequeña desviación en sus ojos.
-Hermosa...- susurro Carla casi hipnotizada. Nunca le habian atraído las mujeres en la forma en que su prima le parecia ahora. Estaba apunto de babear, deseando con todo su ser atraerla hacia ella y besarle todo el cuerpito, introduciendo sus dedos en cada parte prohibida, como lo habia visto hacer en una película que Dani guardaba bajo su cama.
-Vos, ¿te queres poner algo mas fresco?- le pregunto su tia.
-No, esta bien...
-Dale no seas tonta, te presto algo...
-Es que no traje corpiño... – dijo algo avergonzada.
-¿Ya usas corpiño? –preguntò Gracielita.
-Si.
-Ni que fueran tan grandes- replico su tia- Dale que somos todas mujeres tu primo y tu tio no vienen hasta mas tarde. Aparte, si queres, te puedo mostrar como hacer para que te crezcan los pechitos.
-Bueno.
Se sacò la remera y quedò desnuda de la cintura para arriba. Sus pezones marrones y grandes ocupaban gran parte de sus pequeños senos.
-Ahora acostate en la cama de Gracielita y cerrà los ojos.
Mientras Carla obedecia, su tia le aclarò:
-Acordate que esto es un secreto entre nosotras, y si no te gusta me avisas, si?
-Esta bien – contestò , sin percatarse del brillo libidinoso en los ojos de Graciela, una niña que habia disfrutado del sexo mas veces que la mayoria de las mujeres de veinte años. Incluso, unas cuantas veces ella y su hermano habian tenido sexo con sus padres bajo la influencia del alcohol.
Carla se recosto en la cama y cerro los ojos como su tia le habia dicho. Sintio una diminuta ráfaga de aliento tibio sobre su pezón derecho, seguido por el contacto suave y humedo de la pequeña lengua de su prima. No supo al instante que lo era, pero lo intuyo y abrio un poco un ojo para verlo. Vio como su tia le acariciaba la cabeza y la nuca de su hija, empujándola suavemente sobre su seno. Apoyo la mano libre sobre el vientre de Carla y comenzo a frotarlo con dulzura, mirando avidamente la situación, deseando tener algo entre las piernas.
Sintiendo una nueva definición de placer, Carla abrio los ojos y con las dos manos presiono la cabeza de Gracielita contra sus pechitos, esta paso de lamer sus pezones a chuparlos como si quisiera sacar leche de ellos. Carlita gimio de placer, mientras su tia apretaba el pezón libre con dos dedos. Se pasò al otro lado de la cama y con la experiencia de los años chupo el ptro pezón. Rozándola con los pechos llevo su boca a la de su sobrina y le introdujo la lengua entre sus suaves y finos labios.
Marta deslizo su mano por el pecho de su sobrina, cruzando el estomago hacia su vagina. Cuando metio su mano bajo los shorts de la niña, esta se asusto y trato de safarse. Sintio de pronto que lo que hacia estaba mal, que su tia le contaria a su madre y todo el mundo sabria que ella era ... ¿ lesbiana era la palabra? No lo sabia pero sonaba mal.
-Listo, basta...- trato de decir con la lengua de su tia en la boca.
Marta comprendio el mensaje y mientras se apartaba corrio la cabeza de su viciosa hija del ahora rosado seno.
Como si no hubiera pasado nada se paro de golpe y dijo que hiba a hacer la comida para la noche. Otro dia podia volver a intentarlo, si la nena no se asustaba mucho.
Carla se puso la remera y jugo con su prima a las cartas hasta la hora de comer, sin siquiera nombrar el incidente.
Su primito, Ricardo llego quince minutos antes de la cena, transpirado por un partido de futbol. Un pequeño rubio y con cara de picaro. Cuerpito de pequeño deportista, completamente lampiño. Un perfecto niñito de ocho años, que algunas veces, para placer de sus padres se vestia de niña y que en su corta vida habia tragado mas semen que la mayoria de las mujeres de 20 años.
Los cuatro comieron y luego se retiraron a dorimir. Marta se acosto en su cama completamente desnuda, donde se masturbo con un consolador pequeño hasta que tuvo un hermoso orgasmo recordando a su sobrinita gimiendo.
Carla se durmió en remera y bombacha, apretando el cuerpo de Gracielita contra el suyo. La pequeña de ocho años se levantò un poco el pijama, apoyando su rajita desnuda contra la pierna de su prima.
Ricky se acostó bajo las sabanas completamente desnudo, como lo hacia la mayoría de los días de calor, y se dispuso a dormir, esperando que su padre no intentara lo de la otra noche. Pasaron unos minutos, cuando la puerta de su cuarto se abrió lentamente.
Su padre, parado en la puerta, completamente desnudo y con una ereccion de varios centímetros lo miraba con lujuria. El tío Franco, como Carla lo llamaba, era un hombre de unos cuarenta años, que desde hacia años, junto con su mujer, abusaban de sus mellizos. Era un tipo bastante moderno y musculoso, aun para su edad. El año anterior su mujer lo había convencido para que se perforara los pezones, y en ciertas ocasiones usaba aretes en ellos. Recién llegaba del trabajo, se había desvestido por completo y se dirigió directo al cuarto de su pequeño niño. Hace una semana había decidido, junto con su mujer, que ya era hora de penetrar a su hijo por el culo, y ya no se aguantaba mas las ganas de hacerlo. La noche anterior lo habían intentado, pero Ricky lloró un poco y a Franco lo conmovió. Esta noche había decidido ser un poco más firme.
Franco se acercó a la cama de su hijo, se sentó a su lado y comenzó a acariciarle la espalda, bajando poco a poco las sabanas, hasta tocar sus nalgas, que le entraban en una sola mano.
-¿Probamos otra vez?
-No... duele mucho papi- susurró Ricky.
-Dale, una vez sola.
-Porfi, no. Te la chupo, y te trago toda la lechita, pero eso no.
El niñito se apresuro a arrodillarse en el suelo, frente a su padre, y comenzó a lamerle la polla, pasando la lengua por todo el glande. A ambos les encantaba eso, a Ricardo mas le gustaba porque no le dolía, y porque amaba oír los gemidos de su progenitor, casi tanto como los de su madre. El nene tomó la cabeza del pene entre sus labios y con la mano derecha comenzó a masturbarle la base del mismo, con toda la velocidad que pudo, para lograr que acabara rápido, y no intentara lo de la noche anterior.
-Basta, Ricky... - murmuro el padre entre suspiros, mientras se lo apartaba del miembro - se macho. Apoyate acá.
Lo agarró por la cintura y lo acostó boca abajo en el borde de la cama, de modo que sus piernas quedaban colgando de la misma, luego se pocisiono detrás de él, rozando su miembro contra el culo del pibito.
-No papi, no.
-Dale, es un toque, morde esto - dijo acercándole la almohada - No hagas mucho ruido a ver si escucha tu prima.
-Que venga mama.
-No, esto es cosa de hombres, Ricky.
Con una mano le abrió el culito a su nene y con la otra guió la punta del glande al ano. Con un solo movimiento, y más fácil de lo que penso que iba a ser, introdujo mas de cinco centímetros de su miembro en la cola del chico, que no pudo evitar gritar contra la almohada, al mismo tiempo que lloraba por el inmenso ardor. Franco se mantuvo un segundo quieto, disfrutando la sensación, y comenzó a moverse lentamente hacia atrás, y con fuerza hacia delante, varias veces. Con cada acometida un centímetro mas penetraba el culito virgen. Ricky se dejo estar por unos interminables minutos, hasta que con un gemido ahogado su padre le lleno las entrañas de semen. El liquido tibio recorrió sus interiores y se sintió extrañamente complacido. Le gusto, no mucho el dolor, pero si el final.
Franco lo levanto en sus brazos, acerco sus labios a los de su nene, y lo beso apasionadamente. Sus lenguas se cruzaron y ambos lo disfrutaron.
- Fuiste muy valiente, bebe. ¿Te gusto? - le pregunto mientras lo acostaba en la cama y le limpiaba las lagrimas.
- Si, al final si.
- Bueno, hasta mañana Ricky. Gracias.
- Pa, ¿Te quedas a dormir conmigo?
- Dale.
Franco se acostó detrás de su nene, y lo abrazo en posición de cucharilla. Paso la mano izquierda por la boca del pequeño, quien comenzó a chupar ávidamente el dedo del medio hasta que se durmió, con la erección de su padre entre las nalgas.

Dr.Pedof

 

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