GRACIAS SEÑORES PIQUETEROS
Enviado por Guille el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Lo que voy a relatar acá me sucedió  hace aproximadamente un año.

Yo vivo en la zona sur del Gran Buenos Aires y me traslado todos los días al Centro de la Ciudad por razones laborales.  Y para hacerlo tengo que cruzar el Riachuelo por alguno de los puentes que hay, o utilizando el tren que va hacia la ciudad de La Plata.  Creo que ya es mundialmente conocido que desde hace algún tiempo hay movimientos que protestan por distintas razones. Piden beneficios sociales, aumentos en esos beneficios, viviendas, o simplemente evocan algún evento que sucedió hace diez años. Lo cierto es que por el motivo que sea lo hacen cortando el ya famoso Puente “Pueyrredón” que une Buenos Aires con la ciudad de Avellaneda. Se hacen llamar “piqueteros”

Sucede que un día iba yo muy tranquilo decidido a tomar la autopista que conduce al mencionado puente y no sabía que había un corte en la dirección que yo iba o en ambas direcciones, no sé muy bien. Todo el endemoniado tránsito se estaba desviando hacia donde uno pudiera encontrar otro camino. Yo quedé como atrapado en medio de una cantidad de vehículos impresionante pero no sabía hacia donde me conducía esa masa móvil que seguía instrucciones de los policías. Todo era tan lento, porque por la misma calle iban, autos, camiones, micros etc.  De modo que en 40 minutos solo había avanzado 4 o 5 cuadras y aún no sabía hacia donde me llevaba ese movimiento. Estaba entrando en desesperación cuando se me ocurre preguntar a un señor que estaba esperando algún tipo de transporte urbano. Le pregunté si sabía cómo llegaría hasta Avellaneda. El hombre muy elegante para ser un trabajador común, m e dio todas las explicaciones que pudo, pero yo que me había quedado absorto con la imagen que tenía tan cerca mío que le dije que no entendí muy bien y le pregunté si él iba para aquel lado yo lo acercaría y así me podía indicar mejor. El me dijo que iba mucho más lejos pero por el mismo camino, por lo que le venía bien que  lo acercara un poco y subió a mi auto.  Me dijo que hacía mucho que esperaba su transporte. El utilizaba unas combis privadas que trasladan personal de determinadas empresas hasta su domicilio. Pero que debido al corte del puente no habían podido llegar a Capital y estaba  a expensas de poder tomar cualquier tipo de transporte, pero que pasaban tan llenos por ahí que ninguno se detenía. En conclusión ambos estábamos agradecidos de hacer este trayecto juntos.

Yo reparé en su elegancia y se lo dije, “no es común encontrar personas tan bien vestidas, tomando un transporte público, te expones a que te roben, aunque sea para sacarte los zapatos que deben costar muy caros”, él se rió y me dijo que trabajaba en una empresa de turismo donde le exigían estar vestido con muy buen gusto y con ropa de calidad. Y yo agregué además parece que exigen que los hombres sean muy atractivos también. Él se rió y mostró una dentadura perfecta.

El movimiento de los vehículos continuaba muy lento pero la charla se iba haciendo tan amena que no me di cuenta en qué momento habíamos llegado al centro de Avellaneda. Y cuando me dijo que él podía quedarse por ahí que algo conseguiría para continuar yo me ofrecí acercarlo hasta su casa que esta como a 20 km. Hacia el sur. Me dijo que no me moleste pero yo insistí, y seguimos. 

Yo volví a tocar el tema de su ropa tan elegante y cara y él me dijo que solo el traje y los zapatos eran caros, el resto los conseguía su esposa en “out lets” en ofertas. Yo puse cara de asombro y le pregunté a qué ropa se refería, y contestó  “medias, camisas, calzoncillos”. Lo miré y le dije “¿los calzoncillos también, los consigue en out lets”?  y dijo sí ella sabe dónde buscar y encuentra precios muy buenos. Y yo le pregunté si eran de primera calidad y me dijo, son bóxers de buena marca. Yo le dije “yo uso bóxers pero para encontrar marcas tengo que pagar siempre caro” Porque me gustan de algodón, con elásticos forrados etc” y él me dijo “esos son los que yo tengo “e hizo un amague como queriendo dejar que vea el elástico. Yo ayudé diciendo “a ver?” y abrió un poquito la camisa  y bajó el pantalón para mostrarme un bóxer blanco de tela de algodón muy suave y muy ajustado a su pelvis que pude ver que no tenía ni un solo rollito de gordura. No pude evitar intentar tocar esa prenda y aproveché y le toqué por dentro del bóxer hasta palpar el bulto que ya estaba muy duro y hacia un costado. Él no dijo nada, solo me miró y yo no saqué la mano de ahí. Le dije “para verlo mejor tendríamos que detenernos  un ratito, no crees?”  Se sonrió  y me miró con cara de querer algo más. Ya no había dudas.  Ya estábamos lejos de los caminos llenos de vehículos. Yo  le dije que no conocía ese lugar y no sabía donde estacionar para estar seguro. Él me dijo por donde ir hasta llegar a un club donde había muchos coches estacionados y en penumbra. Yo le pregunté si sería seguro y él aseguró que no pasa nada. Es más, me dijo, seguro que en varios de estos vehículos hay alguna parejita cogiendo. 

Eso me animó y di rienda suelta a mi plan. Le pedí que reclinara el asiento y yo hice lo mismo.  Por encima del pantalón le empecé a besar la pija que amenazaba muy dura y grande. El se quitó su chaqueta  y la camisa, ofreciéndome ese torso peludo que besé todo. Me acariciaba la cabeza cuando le chupé las tetillas. Y gemía de placer. Le bajé el pantalón y ahí pude apreciar sus hermosos bóxers que cubrían un bulto espectacular. Recorrí ese bulto con mis labios desde la punta hasta las bolas. Él no sacaba las manos de mi cabeza y empujaba mi cara hacia su pelvis.  Le bajé el bóxer y saltó un enorme poronga ante mi cara, mucho vello rubio alrededor y un par de grande huevos cerraban ese cuadro que me fascinó.  Me metí esa cabeza en la boca. Le di una mamada que lo hacía gemir y gemir. Me detenía para darle un tratamiento e cada uno de esos huevos, mientras él se pajeaba suavecito, tocándome la cara con una de sus manos. 

Volví a ocuparme de la pija que cada vez amenazaba con largar leche y yo no quería que esa leche vaya a manchar el auto., o su ropa elegante.   Me decía que mi mamada era única, que en cualquier momento iba a llenarme boca de leche.  Yo paraba un poco y le pasaba la lengua a la pija como si fuera un helado .

Le pedí que me coja. Le saqué el pantalón y yo me saque el mío y los calzoncillos. Le puse un forro y así le chupé la pija un poco más.  Me puse boca abajo en el asiento y él encima de mí enfrentó la cabeza en mi culo y me fue clavando muy lentamente. Era muy incómodo.  Pero cuando la había puesto toda ya nada nos incomodaba. Sentí ese pedazo de carme durísima taladrándome. Se movía muy rápido, saliendo y entrando muy poquito. Me apretaba los hombros con ambas manos  como tratando de evitar que me escape. Yo lo único que podía hacer era levantar mi culo para facilitarle sus divinos movimientos. Me elogiaba el culo susurrando cerca de mi oído y yo no aguantaba más quería sentir esos chorros de leche dentro mío. No tardó mucho y acabó con gemidos fuertes.  Quedándose un buen rato encima de mí sin moverse. Sentí que el tamaño de la pija hacía menos presión dentro  de mi culo y muy lentamente me la sacó.  Nos ubicamos en nuestros respectivos asientos. Le saqué el forro, le limpié bien la pija. Le di unos besos más en las bolas y a lo largo de la pija. Y lo ayudé a arreglarse la ropa. Yo bajé del auto para poder arreglarme mis pantalones y a pocos metros de ahí vi a un flaco que estaba orinando al lado de su auto. Me hizo un guiño de ojos y se sonrió. Yo quedé con la duda, será que nos vió? Se lo comenté a mi compañero de viaje y me dijo. “lo más probable es que él esté con alguien en su auto haciendo lo mismo que nosotros”

Nos reímos, y nos fuimos. Lo dejé en su casa y volví a Avellaneda donde vivo.

 
Escribile un e-mail al autor:
guilledeberna@yahoo.com.ar

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