La venganza (I: Cara)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Me llamo Pedro, tengo 33 años y si les escribo esta carta es solo por vengarme de los cuernos que me ha puesto mi cuñado Paco, él es un asiduo lector de esta revista y estoy seguro de que le dolerá todavía más enterarse de sus cuernos de esta forma. Lo siento por mi querida hermana pequeña, pero sé que él no se sentirá capaz de echarle nada en cara. Por lo que sé todo empezó este verano, en que mi hermana Isabel (de 28 años) y mi odioso cuñado Paco (de 29) vinieron a pasar un par de semanas de vacaciones al chalet que tenemos en la costa, pues hacia ya varios años que solo nos veíamos de vez en cuando. Ana, mi bella esposa (de 33 años) me confesó hace poco lo que ocurrió hace ya algunos meses, y que no me había querido contar antes por miedo a que hiciera alguna locura.. pero, pensándolo fríamente, creo que lo mejor que puedo hacer es devolverle la jugada así, de esta manera, contándoles a ustedes, y a él, todo cuanto sé.

Ana tiene un tipo estupendo y lo cuida mucho yendo al gimnasio y haciendo un estricto régimen, para conseguir que sus grandes pechos se mantengan firmes, y sus nalgas prietas, como cuando la conocí. Yo mismo me siento orgulloso cuando voy con ella por la calle y noto como la miran otros tipos con deseo. 

Por eso no hice ningún caso a los curiosos comentarios que me había hecho alguna que otra vez respecto a que él le tiraba los tejos, cuando coincidíamos con ellos en alguna velada familiar. Dado el carácter frívolo y desenfadado de mi impertinente cuñado, no le di mayor importancia. Si bien es cierto que yo solo le había escuchado decirle a mi esposa alguna que otra galantería, mas o menos picante, y nunca había sido testigo de los supuestos palmetazos, y hasta pellizcos, que Ana decía que le daba en el trasero, de vez en cuando, cuando nadie les miraba.. y que, cosa curiosa, nunca le dejaban señales de ningún tipo a la vista. La única vez que creí ver algo sospechoso fue en una ocasión en que le sorprendí en el jardín de mis suegros, cómodamente apoyado en el marco de la ventana que daba a nuestro dormitorio, fumando un cigarrillo. Al verme me saludo y se marcho en otra dirección. Mas tarde, cuando Ana me comento que se había pasado gran parte de la mañana probándose antiguos vestidos y bañadores, y que le hacia ilusión comprobar que algunos todavía le estaban bien, caí en la cuenta de que la había estado viendo desnuda con todo descaro.

El caso es que yo trabajaba por las mañanas en la ciudad mientras ellos se iban a la playa, junto con otros vecinos, a disfrutar del verano. A mi hermana sólo le gusta tomar el sol, pasándose horas enteras sobre la toalla.. por eso Ana y mi cuñado solían jugar en el agua con los hijos pequeños de nuestros vecinos. Todo era muy inocente, hasta aquel día, cuando mi esposa notó que él, con la excusa de evitar que ella cogiera la pelota, se tomaba demasiadas libertades. Al principio solo eran roces, mas o menos pícaros en las partes más protuberantes de su exuberante anatomía.. pues siempre se las ingeniaba para topar con sus senos cuando chocaban. Pero, cuando pasado un tiempo cogió la suficiente confianza, llego incluso a agarrarle un pecho "..por error".. con ambas manos, en vez del balón. Ana se hizo la disimulada, para que los niños no se dieran cuenta de que pasaba algo raro, pero él tomo su postura como una aceptación. 

Así que, en la siguiente oportunidad, se "..cayo".. sobre ella.. y ya, sin recato alguno, le apretó y exploro ambos pechos a placer, por fuera e incluso por dentro del bañador.. dedicando una especial atención a sus enormes pitones, cuyo tamaño parecía haberle impresionado. Logró pues que se le endurecieran rápidamente los sensibles pezones, cuya amplitud y grosor pronto hicieron que se marcaran de una forma realmente espectacular a través del fino tejido. 

Un rato mas tarde, cuando Ana notó que una de sus atrevidas e insidiosas manazas, después de introducirse hábilmente bajo su ajustado bañador, para acariciarle el generoso trasero aun más cómodamente, maniobraba para intentar llegar hasta su reducto mas intimo, salió rápidamente del agua, alegando ante los pequeños tener frío. La pobrecilla paso un enorme apuro al sentir las elocuentes miradas que todos los hombres dedicaban a su descarada delantera mientras caminaba hacia las toallas. 

Si en ese mismo instante mi esposa le hubiera contado lo que le había sucedido a mi hermana Isabel, es casi seguro que la cosa no habría ido a mayores.. pero, al callarse, Paco vio vía libre y empezó un acoso constante sobre mi pobre mujer. Procurando, eso sí, que ni mi hermana ni yo notáramos nada extraño. No sé exactamente todas las felonías que le hizo pasar, pero sé de algunos sucesos que creo les ilustraran sobre su forma de comportarse con mi querida esposa durante los días que estuvieron en nuestra casa.

Al día siguiente se le debió de hacer la boca agua al ver el precioso y reducido bikini que llevaba puesto mi mujer.. pero como vio que Ana no se metía en el agua a jugar, por miedo a que se repitieran los ofensivos sucesos de la víspera, se quedo con ellas tomando el sol, al amparo de una amplia sombrilla, esperando ansiosamente una nueva oportunidad. Esta se le presento cuando mi esposa pidió a Isabel que le echara crema bronceadora por la espalda. Antes de que mi hermana pudiera responder a su petición se ofreció el zorro a ponérsela, con la excusa de que Isabel estaba ya prácticamente dormida.. y, como era cierto, tuvo que ceder. Mi esposa, con mucha intención, le dijo que solo se la pusiera por la espalda.. y mi cuñado, susurrándole al oído, le dijo que solo tocaría aquello que estaba a la vista. Mi mujer, mucho más tranquila, se tumbo boca abajo y le dejo hacer. Paco, arrodillado entre las piernas separadas de Ana, le fue poniendo la crema poco a poco, después de que mi esposa soltara la parte superior del bikini para no mancharla. 

Lo cierto es que lo hacia con tanta suavidad que Ana llego a quedarse un poco adormilada. Cuando un rato después abrió los ojos noto que las manos de él se paseaban libremente por todo su trasero, amasando alegremente su blanca carne sin el más mínimo recato. Se disponía a echarle en cara su falta de palabra cuando vio que nuestro avispado cuñado, mientras le había estado poniendo la crema bronceadora, le había ido introduciendo poco a poco la fina tela del escueto bikini por su estrecho canal posterior, hasta convertirlo en un reducido tanga que dejaba al aire todo lo que se suponía que debía ocultar. Con todo lo peor era que también le había ido separando las piernas poco a poco, de tal manera que mi esposa sospechaba que Paco le estaba viendo bastante mas de lo que debía. Y sus temores se confirmaron cuando noto una de sus manos jugando con los espesos rizos de su vello pubico, a la vez que separaban un poco mas sus labios íntimos, tirando suavemente de ellos para dar cabida a un trozo mas de tela en su interior. 

Ana, muy enfadada, se sentó como pudo para tratar de ponerse bien el bikini antes de que se despertara mi hermana, y pidió a Paco que le abrochara la parte de arriba, mientras ella intentaba arreglar el desaguisado de abajo. Y, como no, mi cuñado se hizo el torpe, para que se le cayera el cierre de las manos lo suficiente como para dejar uno de sus rosados pezones totalmente al descubierto. Rápidamente se apresuro a meterlo de nuevo dentro del bikini, usando una de sus manos con gran desenvoltura para toquetearlo a placer mientras lo ponía a cubierto, antes de que Ana se repusiera de la sorpresa y pudiera montar un escándalo.

Tan solo un par de noches después, aprovechó que Ana estaba sola en la cocina, preparando una cena rápida, y entró para "..ayudarla"... Desde donde estaban nos podían ver a mí hermana y a mí por la amplia ventana tan perfectamente como nosotros veíamos sus cabezas, mientras tomábamos unas copas en el patio trasero. Supongo que ese fue el motivo por el que mi esposa no acertó a reaccionar cuando él, tras situarse taimadamente a su espalda, empezó a levantarle la amplia camisola que llevaba puesta, pues debido al excesivo calor ellas solían vestir de una manera bastante informal para andar por casa, mientras le susurraba que solo quería ver si llevaba algo debajo. Ana, cohibida, le rogó que se estuviera quieto, pues no veía otra forma de evitar que sus manos siguieran ascendiendo por sus muslos sin montar un escándalo.

Mi cuñado, sin dejar de acariciar sus piernas, le dijo que sólo se portaría bien si le daba una prenda intima a cambio "..como recuerdo"... Ana, turbada no solo por la insólita situación sino por sentir como presionaba contra su trasero un rígido aparato de proporciones descomunales, le contestó que eso no era posible, ya que no llevaba puesto el sujetador. Paco, abrazándola por detrás, le sopesó cuidadosamente las magnificas ubres, por encima del vestido, abarcando con sus manos todo cuanto podía.. y así, mientras le endurecía ambos pezones a base de pequeños pellizcos, le murmuro "..que no necesitaba para nada chismes de esos"...

Antes de que mi mujer se diera cuenta de lo que se proponía hacer mi cuñado este se arrodillo tras de ella.. y, metiendo las dos manos bajo el vestido, le cogió las finas tiras de las braguitas, y se las bajo de un seco tirón, guardándoselas en un bolsillo a continuación. El muy truhán no solo contemplo a sus anchas aquellos preciosos territorios, sino que incluso oso darle unos pequeños besitos en el trasero, sepultando la nariz en su estrecho canal, para lamer en profundidad su oscura grieta, antes de dejarla ir a nuestro encuentro. 

Mi esposa, en cuanto pudo librarse de su insidiosa lengua, salió disparada al patio, ya sin las bragas, para decirnos que la cena ya estaba lista, aunque ambos sabían que no era cierto, y Paco la siguió poco después, con la intención de aprovecharse aun mas de la incomoda situación en que se encontraba mi mujer.

En cuanto nos sentamos en la pequeña mesa del patio metió su brazo bajo el amplio mantel, y no cejó en sus insidiosas caricias hasta que consiguió introducir una de sus osadas manos entre los apretados muslos de Ana, para acariciarle la indefensa abertura a placer.. metiendo, incluso, uno de sus gruesos dedos bien a fondo dentro de su acogedora intimidad, para masturbarla aun mas cómodamente, mientras conversaba conmigo de frivolidades, con toda la desfachatez del mundo.. y, mi mujer, la pobre, mientras tanto, disimulaba como podía que estaba alcanzando el orgasmo, debido a sus hábiles caricias. Después, cuando Ana por fin se corrió en sus manos, en silencio, el muy golfo se chupo los dedos, mirándola directamente a los ojos, mientras decía que toda la cena estaba "..muy exquisita".., y que ya estaba deseando repetirla.

Viendo que mi mujer callaba, para no armar ningún escándalo, él siguió acosándola día tras día cada vez que tenía la menor oportunidad.. arrinconándola, cada vez que se quedaban solos, en cualquier esquina de nuestra casa, para poder meterle mano impunemente, mientras ahogaba sus tímidas protestas con rudos y ansiosos besos. 

De nada servia que ella se pusiera camisas o sujetador, pues a él no le importaba lo mas mínimo tener que destrozarle algún broche, cierre, o botón, con tal de poder disfrutar de sus grandes senos desnudos, por los que parecía sentir obsesión. Ana tuvo que disimular durante el resto de las vacaciones los múltiples chupetones y moratones que afloraban continuamente en sus lindas colinas.. cuyos irritados pezones demostraban, bien a las claras, lo mucho que a él le gustaba morderlos, siempre que podía. 

Dado que mi mujer casi nunca usa pantalones no tenia ningún impedimento a la hora de introducir los dedos en su intimidad, e incluso en su trasero, para masturbarla violentamente, mientras la besaba con pasión, hasta arrancarle algún apagado suspiro o gemido de placer, como justificante de sus traidores ataques.

Un día vio el cielo abierto cuando tuvo que llevarla hasta el supermercado, pues ni mi esposa ni la suya, tienen el carnet de conducir. Como además, mi hermana se encontraba algo indispuesta, debido a que le acababa de llegar el periodo, se fueron solos en mi coche a hacer la compra, para alegría de mi cuñado.

Paco, en cuanto estuvieron solos en la carretera, empezó a acariciarle las piernas, introduciendo la mano bajo su vestido todo lo que podía, para intentar meter sus largos dedos dentro de la braguita. Ella le rogó que se detuviera, y él le pidió el sujetador, como pago, "..para tener el conjunto a juego"... Ana, al final, tuvo que acceder, como mal menor, cuando los dedos de mi cuñado rebasaron sus ultimas defensas, alcanzando sus rizos mas íntimos por un lateral de la fina braguita. Paco estacionó en la cuneta, y nada mas detener el coche le soltó velozmente todos los botones del vestido, ansioso por apoderarse de lo que este ocultaba.

Luego, mientras ella se quitaba el sujetador, él empezó a acariciarle salvajemente los pechos, y a chuparle, y morderle, los sabrosos pezones, hasta conseguir endurecérselos. Mi esposa se dio cuenta de que Paco se estaba excitando demasiado, y le suplico que parara, "..no les fuera a ver alguien"... Y este ni corto ni perezoso, le hizo poner la mano sobre su descomunal paquete, para "..demostrarle".. que, con semejante excitación, no podía conducir.. y, que si ella lo "..calmaba".. ahora, él seria un chico formal el resto del día. Mi mujer tuvo que llorarle y suplicarle para que no la poseyera allí mismo.. y si lo logro fue solo a cambio de usar su boca como sustituto. Aunque ella sabia que era un chantaje rastrero y odioso al final cedió, pues veía que no le quedaba otro remedio si quería salir indemne de aquella sucia trampa. Fue luego, al dejar al descubierto su monstruoso miembro, cuando se dio cuenta de que no fanfarroneaba lo mas mínimo cuando presumía de su enorme tamaño y grosor. Como pudo se lo fue metiendo poco a poco dentro de la boca, hasta hacerle una espectacular mamada.. en parte por que, desde que le enseñe, son su especialidad, y en parte para evitar que le quedaran ganas de continuar con el acto sexual. Él jugueteaba mientras tanto con sus pechos desnudos, pellizcándole los pezones sin ninguna consideración. También le apretaba el trasero rudamente por encima del vestido, hasta que decidió levantárselo para que sus largas manos bucearan mas cómodamente bajo las braguitas, en busca de la entrada de su orificio mas estrecho, para explorarlo bien a fondo, profundizando todo lo posible en su interior, para humillar aun mas a mi mujer. Al final Ana se tuvo que tragar todo el semen, aun a riesgo de atragantarse con el manantial inagotable que salía de su enorme fuente. Luego, encima, tuvo que limpiarle a fondo, con la lengua, todo el chisme, antes de que le soltara, por fin, la cabeza y la dejara vestirse.. eso sí, sin el sujetador. Él cumplió su palabra y cuando terminaron de vestirse los dos se fueron directamente al supermercado, sin ningún otro "..incidente".. digno de mención. 

Pero mi esposa reconoce que paso un apuro enorme al ver como todo el mundo se fijaba en ella, dado que el vestido que llevaba aquel día era semitrasparente, y se le veían claramente los pálidos pechos, con sus oscuros pezones resaltando de una forma realmente indecorosa.. haciendo que todos los hombres la miraran con sucio deseo, y las mujeres con envidia y rencor. La pobre Ana tuvo que hacer las compras deprisa y corriendo para acabar cuanto antes de sufrir su acoso visual y poder regresar a casa.

Una noche que habíamos salido los cuatro a cenar a la ciudad coincidimos, supongo que por casualidad, con dos viejos amigos de mi cuñado, de la época en que este hizo la mili.. y, como no, les invitamos a que nos acompañaran ambos a tomar unas copas, para celebrar adecuadamente el reencuentro. Como habíamos estado en el teatro antes de cenar, tanto Ana como Isabel iban de lo mas arregladas, con unos preciosos vestidos de fiesta que dejaban toda la espalda descubierta, y que realzaban de una manera espectacular sus magníficos cuerpos. Destacaba sobre todo la firme delantera de mi mujer que, aprisionada dentro de unas copas sin tirantes, de esas que llaman palabra de honor, desafiaba tranquilamente la ley de la gravedad, a pesar de su espectacular volumen, amenazando con escaparse de su débil encierro a cada paso que daba. Eran tan llamativos sus trajes que hacían que la ávida mirada de todos los hombres, y muy especialmente la de los amigos de mi cuñado, se centraran en ellas todo el tiempo, terminando de desnudarlas con la mirada.

Fuimos a una sala de fiestas muy de moda donde, al tercer brindis, me di cuenta de que estaba bastante mareado, pues no había parado de beber desde la comida. Así que preferí quedarme sentado mientras los demás bailaban, para no dar la nota.. recuerdo, eso sí, como detalle anecdótico, que vi, con el rabillo del ojo, como uno de los viejos amigos de mi cuñado introducía la mano, con mucho disimulo, por la generosa abertura lateral del vestido de mi hermana, para acariciarle a fondo su intimidad, cómodamente, cobijado por el mantel, aprovechando que Paco bailaba pieza tras pieza con mi esposa, y que el otro amigo estaba perdido por alguna parte. Aunque Isabel había aceptado la inusitada osadía del tipo muy alegremente, separando sus piernas para facilitarle mas la entrada, aproveche un rato que nos quedamos solos los dos, le pregunte si quería que hiciera algo al respecto. Ella, entre risas, me dijo que no hacia falta, que ya se había quedado con sus bragas, como premio a su estupendo trabajo manual, y que no la volvería a molestar.

Lo que yo no he sabido hasta hace poco es que mi cuñado, viendo el gran interés que demostraban sus dos viejos amigos por el espectacular cuerpo de mi esposa, decidió hacerles un regalo muy especial.. y, hablando en privado con ellos, antes de ir a la sala de fiestas, se la ofreció en bandeja, para que ambos pudieran disfrutar de la increíble oportunidad que se les presentaba esa velada. Así, aprovechando que yo necesitaba hablar a solas con mi hermana de ciertos temas familiares, se llevo a Ana en el automóvil de uno de ellos, hasta la sala de fiestas, con la excusa de que mi mujer conocía el camino hasta allí, y ellos no.

Durante el trayecto, amenazándola al oído con mil atrocidades e infamias, logro que accediera a quedarse con los soberbios pechos al aire, para que los dos pudieran verlos, e incluso tocarlos, cuanto les apeteciera. Para ello primero la obligo a sentarse sobre su regazo en el medio del vehículo, ocupando de esta forma el hueco entre los dos asientos delanteros, dejando así su espectacular delantera a escasos centímetros de sus rostros. Después, en cuanto consiguió que mi abochornada esposa estirase los brazos para agarrarse a los asientos, metió sus manos bajo sus axilas y, de un simple tirón, dejo al descubierto sus firmes globos. 

Por descontado que las primeras manos que se apoderaron de su delantera fueron las de mi avispado cuñado, pero pronto dejo de estrujar sus senos para que sus ansiosos amigos empezaran a acariciarlos tranquilamente. Así lo hicieron durante buena parte del recorrido, disfrutando sobre todo con sus enormes pezones como dos niños con un juguete nuevo.. no se privaron ni tan siquiera del placer de saborearlos, turnándose al volante para poder besarlos, chuparlos, y hasta mordisquearlos, con relativa comodidad.

Paco, mientras tanto, aprovechando que mi dócil esposa había tenido que separar bastante sus atractivas piernas para acoplarse en el lugar indicado, había introducido las dos manos por las larguisimas aberturas laterales del vestido de Ana, para explorar a conciencia los ocultos tesoros de su intimidad, que tan bien estaba empezando a conocer. Avaricioso como era no se conformo con el generoso espacio que le dejaban las braguitas para maniobrar.. así que para profundizar mejor despojo a Ana de las mismas, rasgándoselas de un seco tirón, y dándoselas después a uno de sus amigos, como si fueran un precioso botín de guerra. 

De nada le valió a mi pobre esposa los ruegos y las suplicas, pues mi cuñado aprovecho la estupenda oportunidad que tenia para conocer aun mas a fondo los orificios de mi mujer. Hay que reconocer que el bandido es generoso y, cuando considero que sus amigos habían disfrutado lo bastante con los sufridos senos de Ana, le subió el vestido lo mas arriba posible, para que también compartieran con él su intimidad. Ana no había sentido jamas sus sagrados orificios tan acosados, llenos de manos que trataban de hacerse sitio, ahondando cada vez mas en su interior. La pobre, que tampoco es de piedra, termino por alcanzar un doloroso orgasmo, cuando alguno de esos dedos pulso los resortes adecuados de su húmedo interior.

Ellos, considerando sus apagados gemidos como una aceptación, maniobraron con mayor ímpetu si cabe, hasta lograr introducir tal cantidad de dedos en sus dulces agujeros que mi sufrida esposa jamas habría sospechado que estos los pudieran albergar, hurgando en unas profundidades desconocidas hasta la fecha. Centraron buena parte de sus esfuerzos en hurgar a conciencia en su prácticamente inmaculado orificio posterior, dado que yo solo había podido perforarlo en un par de ocasiones y su estrechez les atraía. No pararon de abusar de ella por todas partes hasta que llegaron al parking, donde se tuvo que arreglar el vestido a toda prisa y corriendo para que los demás no nos diéramos cuenta de que pasaba algo extraño.

Después, mientras bailaba, tuvo que soportar que se turnaran entre los tres, para aprovecharse de ella. Cada pieza de baile era una mera excusa para magrearla, por todas partes, en alguna apartada esquina de la pista, ocultos entre la multitud. Ana se tuvo que acostumbrar a que sus parejas bailaran con la cabeza inclinada sobre su generoso escote, pues así el afortunado de turno podía saborear sus pezones con cierta intimidad, solo con liberar el jugoso fresón escogido de su fútil encierro. La pobre apenas podía mover los pies, pues ellos, aprovechando las aberturas laterales del vestido, no dejaban ningún agujero libre de dedos.

Como colofón final tuvo que acceder a hacerles una mamada, a los dos vividores a la vez, en el cuarto de baño de los hombres, para que se marcharan sin contarle a nadie lo que allí había sucedido. Como el aseo era muy pequeño mi odioso cuñado se tuvo que quedar fuera, como mero guardián, conformándose con oír los ahogados jadeos que emitían sus soeces amigos, mientras mi mujer, arrodillada a sus pies, con el vestido enroscado en el ombligo, les demostraba que sin lugar a dudas es una de las cosas que mejor sabe hacer. Ellos se lo agradecieron después, a su manera, haciéndola gozar a continuación, con sus soeces caricias a cuatro manos sobre su bello cuerpo desnudo, mientras besuqueaban lo poco que escapaba de sus dedos, hasta que al final ella también se corrió, antes de salir, toda abochornada, de aquel sucio infierno. 

Desde esa velada, y hasta el día fatídico, mi esposa no se separó de mí, ni de mi hermana mas que lo justo e imprescindible para que no sospecháramos que pasaba algo raro. 

Mi cuñado, como ya supondrán, seguía aprovechándose de la pobre Ana a menudo, pero no tan a fondo como él deseaba.. hasta que un día, al final de sus vacaciones, mi hermana me acompaño a la ciudad a hacer unas compras de ultima hora en los grandes almacenes y Paco se quedó solo con ella en casa, no recuerdo con que excusa.

Cuando mi esposa salió de ducharse, a media mañana, como tiene por costumbre en verano cuando no va a la playa, encontró sobre la cama del dormitorio un paquete envuelto para regalo y un mensaje que decía "..Póntelo"... Era un picardías, de lo mas atrevido y sugerente, que yo le había ayudado a escoger unos días antes, pensando que era para mi hermana. Mi cuñado le prometió, a través de la puerta, que sólo quería ver como le quedaba la ropa, y que no le pondría ni un solo dedo encima.. y ella, como no, le creyó.

Paco la esperaba sentado en el sofá del salón, con una copa de licor en la mano y música suave de fondo, e hizo que mi mujer le hiciera un pequeño pase de lencería, vestida de esa guisa. Hizo que Ana se insinuara cada vez mas, acariciándose el cuerpo, hasta lograr que hiciera un tímido strip-tease, quedándose tan sólo con el diminuto tanga por toda vestimenta, que apenas le cubría una mínima parte del espeso vello pubico, mientras dejaba sus hermosos pechos, y su firme trasero, totalmente descubiertos. Luego le hizo adoptar diversas posturas eróticas, imitando a las chicas de las revistas para hombres, y después la dejo ir. 

Mi mujer penso que todo había acabado, por fin, pero no. Cuando Ana ya se estaba acabando de vestir de nuevo él la volvió a llamar.. y, con todo el descaro del mundo, le mostró en la televisión del salón el vídeo que había grabado hacia tan solo unos momentos, con nuestra propia cámara, desde un ángulo del salón, dejándola bien escondida todo el rato, mientras ella lucía su adorable cuerpo para el traidor de mi cuñado. 

El resto vino rodado, mi mujer se dejo chantajear y Paco la llevo mansamente a nuestro dormitorio, donde hizo con ella todo cuanto quiso durante el resto del día, sin detenerse ni tan siquiera para comer. Sin importarle lo mucho que gritara de dolor, pues no había nadie cerca para oírla. Y aun le tendría que dar las gracias porque, aunque la hizo suya en todas las posturas imaginables, usando incluso alimentos y objetos del mobiliario, humillándola cuanto le fue posible, se contento con eyacular entre sus adorables pechos, en su boca, o en su ano, y no me la dejo embarazada. Aunque debido al gran tamaño, y grosor, del miembro de mi cuñado, ella tuvo que fingir que se le había adelantado el periodo, y así poder descansar unos días del escozor que tenía por ambos orificios. Sobre todo por detrás, donde le hizo hasta sangre.. pues, como ya les he dicho, era casi virgen de ese orificio, antes de que el se lo desgarrara del modo más salvaje.

Estos son los cuernos que me ha puesto mi cuñado, pero lo que él no sabe es que los luce desde mucho antes que yo. Para ser exacto yo tenía en aquella época 21 años y mi hermana pequeña acababa de cumplir hacia muy poco los 16. Ella aun no quería decirle a mis padres que hacia unos meses que estaba saliendo con un chico llamado Paco, con el que finalmente se casaría. Aquella noche yo regresé bastante tarde a casa, después de haber intentado, sin éxito, conseguir algo de la que era por aquel entonces mi novia. Una chica que solo me dejaba tocarle los pechos mientras la besaba, y eso solo si estaba de buenas ese día.

Al pasar frente al dormitorio de mi hermana pequeña, camino de mi habitación, vi que debido al calor (era casi el verano y en mi tierra hace mucho calor por esas fechas) ella tenía revuelta la cama.. y, gracias a la luz de la luna llena que entraba por su ventana abierta, se veía su pálido trasero, totalmente desnudo bajo el corto camisón de verano, que se le había subido hasta mas arriba del ombligo. No me pude contener y me acerqué despacio para contemplar mejor el bello panorama, con la tranquilidad de que Isabel es famosa por su sueño pesado. Con mucho cuidado le quité una de las tirantas y le baje poco a poco el camisón, hasta dejar a la vista un precioso pecho de adolescente, con un suculento pezón muy oscuro y puntiagudo que resaltaba encantadoramente sobre la pálida colina. Aproveché que se había girado un poco durante mis maniobras para ver su oscura intimidad, ya densamente poblada, y la rosada rajita que lo partía en dos. 

Excitado por la situación no quise contentarme solo con mirar, y empecé a acariciar todo lo que veía, con mucha suavidad. Al principio centre mis manejos en su deseable pezón, hasta que este se puso duro como una piedra entre mis manos. Luego, animado por mi triunfo, empece a explorar su incipiente bosquecillo, hasta lograr que mis dedos se deslizaran alegremente por su virginal intimidad. Mas tarde, cuando empecé a chupar de ese pezón, y note en mis labios que ella tenía el pulso muy acelerado, fue cuando me di cuenta de que estaba despierta. Traté de huir a mi cuarto antes de que mi hermana empezara a chillar, pero lejos de irritarse, Isabel apretó los muslos sobre mi mano, y me susurró que no parase. Me debí de volver loco, pues me desnude y me acosté junto a ella, sin dejar de masturbarla dulcemente, mientras la volvía a besar.

Estabamos tan encendidos los dos, prodigándonos besos y caricias cada vez mas apasionados, que antes de que me diera cuenta de lo que estaba haciendo, ya la estaba poseyendo, penetrando fogosamente en su acogedora intimidad. Por fortuna no sólo no le dolió, sino que casi ni sangró, a pesar de la violencia de nuestro primer encuentro, por lo que al día siguiente pudo disimular las manchas de la sabana sin grandes problemas. Ese verano no pasó ninguna noche que yo no fuera a su cuarto, o ella al mío, y probamos todas las posturas que conocía, o inventaba. La viciosa Isabel disfrutaba, sobre todo, cuando le daba por detrás, y me corría dentro de su prieto trasero, sin temor a posibles embarazos. A ella no le gustaba chupar mi miembro, pero se daba mucha maña en usar las manos, como me demostraba en el cine o en la playa cada vez que nos quedábamos solos. Con esa edad era algo tan deliciosamente prohibido que no podíamos dejar pasar ninguna oportunidad de acariciarnos, compitiendo a ver cual de los dos era mas audaz e imaginativo.

Al final me vine a trabajar a Barcelona, y no repetimos jamás las locuras juveniles de ese verano, pero ambos nos reíamos mucho de Paco.. al que mi hermana no tuvo ninguna dificultad en convencer de que era virgen "..por todos lados".. (como le gusta a él presumir cuando Isabel no esta) debido al grosor de su miembro, y al dañó que le hizo la primera vez que la poseyó, como un animal, por ambas partes.

Y esta es mi venganza, el que mi cuñado Paco sepa que los cuernos que yo llevo por su culpa no son nada comparados con los que lleva él desde hace muchos años gracias a mí.

 

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