Violación brutal
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

AVISO IMPORTANTE: El relato que contaré a continuación es totalmente real, pero además es muy duro. Puede herir la sensibilidad del lector con mucha facilidad, ya que las escenas que se relatan son muy fuertes. He escrito esta advertencia para que no sea censurado el relato, y que sólo lo lean aquellos que están preparados. Para que os hagáis una idea os contaré que en el siguiente relato describo detalle a detalle como violé brutalmente a mi preciosa madre.

Cuando sucedió yo tenía tan sólo 16 años, (ahora tengo 20). Mi madre era jovencísima, me tuvo cuando ella tenía sólo 14 años, por lo que cuando sucedieron los hechos tenía sólo 30.

Como habréis imaginado, mi madre quedó embarazada de mi sin quererlo, por no tomar precauciones, y mi padre nunca lo conocí, ya que él no sabe ni que tiene un hijo.

Tengo que deciros que mi madre está realmente buenísima, inmejorable. Mide 1.73, es rubia con el pelo por los hombros, y sus medidas son 92-60-90.

Tenía una cara preciosa, unos pechos duros y turgentes, una cintura delgada y un culo duro y muy bien puesto. Era realmente increíble, y aun tener 30 años aseguro que aparentaba 20.

Mi madre había tenido bastantes novios, aunque nunca nada serio, y yo desde pequeño que ella me excitaba muchísimo. Nunca había probado nada con ella, simplemente la espiaba cuando se duchaba y cambiaba, le metía mano pero muy discretamente sin que ella pensase que lo que parecía un mimo a mi me excitaba, etc...

A los 16 caí en lo peor que me ha pasado nunca, las drogas. Pasaba mayor tiempo colocado que sin colocar. Me metía de todo, cualquier cosa era buena para pasar un buen rato. Mi madre se dio cuenta de eso, y aunque intentó ayudarme yo nunca le dejé. Las drogas canviaron mi carácter, me volvieron más cerrado, más violento, algunos días estaba a tope de adrenalina mientras que otros prácticamente no podía levantarme de la cama.

Los numerosos sermones de mi madre nunca me habían hecho efecto, cada día que pasaba tomaba más mierda de aquella. Sólo pensaba en eso, en colocarme, hasta el punto que dejé mis estudios.

Recuerdo que cuando sucedió era sábado, yo me desperté sobre las 2:00 del medio día, al igual que mi madre. Esa es la hora que acostumbramos a comer, pero al ser sábado siempre nos despertamos muy tarde, yo aquel día había vuelto de marcha a las 5:00 de la madrugada, y estaba hecho polvo.

Los dos nos sentamos en la mesa, uno al lado del otro, para comer cualquier cosa improvisada. Mientras comíamos, mi madre empezó uno de sus sermones, el típico:

-no puedes llevar esta vida, acabarás muerto, pareces un zombi...bla bla bla-.

Me sabía aquellos sermones de memoria...

Yo llevaba puesto sólo unos calzoncillos, y ella un finísimo tanga negro, y una pequeña camisetita blanca, (así solíamos dormir). En su camiseta se marcaban sus pezones, se veía que no llevaba sujetador, y mi polla empezaba a estar dura como una roca.

Ella siguió hablando hasta que al ver que no le hacía caso me dijo:

-¿Me estás escuchando?-.

Yo, que tenía mi mirada fija en su entrepierna, puse una de mis manos en la parte interior de su muslo y comencé a acariciárselo mientras que le decía:

-¿Te he dicho alguna vez que estás buenísima, y que siempre me has excitado?-.

Ella se quedó perpleja:

-¿Es que te has vuelto loco, no ves que soy tu madre, vuelves a ir colocado?-.

Yo seguí acariciándola al ver que no se resistía, dirigí mi mano hasta su tanga y comencé a acariciarle el coño por encima de éste. Mi madre no se resistía, pero seguía preguntándome si estaba loco, y que la dejase en paz de una vez.

Sus palabras no me importaban en absoluto, así que seguí acariciándola, hasta que introduje mi mano por dentro de su tanga y comencé a acariciar su afeitadito coño. Entonces ella me apartó con un movimiento brusco la mano, se levantó de la mesa, y estando de pié siguió diciéndome que si me había vuelto loco.

Yo ya tenía una erección increible que apenas disimulaba mi calzoncillo, entonces fue cuando decidí que costase lo que costase iba a tirarme a mi madre...

Así que me levanté, fui hacia mi madre, la cogí por el pelo y la tiré al suelo, y entonces me tiré encima suyo.

Enseguida ella comenzó a gritar, a pedir ayuda y a suplicarme que la dejase en paz, pero yo no era yo, me había vuelto completamente loco. Comencé a besarla mientras que le sobaba todo su cuerpo, mientras que ella gritaba y me golpeaba, pero no conseguía sacarme de encima suyo. Yo seguí besándola y tocándola, y ella seguía golpeándome hasta que me enfadé, y le di una bofetada que le crucé la cara. Entonces mi madre se calmó bastante, y mientras lloraba yo seguí sobándola. Estaba excitadísimo, mientras que le daba besos en el cuello, con una mano le agarraba fuertemente el culo y se lo sobaba, y con la otra le manoseaba las tetas.

Seguí así un rato, en medio de los gritos las súplicas y los pequeños llantos de mi madre, hasta que finalmente conseguí quitarle su camisetita dejando sus pechos al descubirto. Eran increíbles, preciosos, enseguida utilicé mis dos manos para sobarlos mientras mordisqueaba sus herguidos pezones. Se los agarraba, los tocaba y sobaba y los mordisqueaba, cada vez más rápido y excitado, y ella seguía suplicando que la dejase en paz. Yo le decía cosas tipo:

-Callate zorra, sé que a ti también te gusta putita.-

Yo estaba disfrutando muchísimo con aquello, y la verdad es que no me importaba el sufrimiento de mi madre, si os soy sincero os diré que por aquel entonces aún me excitaba más que ella se resistiera.

Seguí tocándola hasta que ella me dio un fuerte rodillazo en el estómago. El rodillazo me dolió mucho, y me dejó momentáneamente sin respiración, pero cuando ella se puse en pie e intentó irse conseguí agarrarla de un pie y tirarla de nuevo al suelo. Entonces, aún dolorido por el golpe conseguí volver a ponerme encima suyo, utilizando mi peso para que no huyese, y cuando la había reducido ya, le di dos fuertes bofetadas en aviso de que no volviese a hacerlo.

Entonces seguí tocándola y besándola, mi madre gritaba cada vez más. y sangraba ligeramente de la nariz consecuencia de mis golpes. Ella me empujaba, pero no podía sacarme de encima. Aunque yo sólo tenía 16 años, y llevaba una mala vida, siempre he sido de compostura fuerte, y no tenía muchos problemas en inmobilizarla.

Mientras disfrutaba de mi madre por la fuerza, por dentro pensaba cosas horribles, pensaba que la culpa era suya por dejar que muchos hombres disfrutaran de su precioso cuerpo y a mi no, que era su hijo. La verdad es que si mi madre no hubiese estado tan buena posiblemente yo nunca habría perdido el control de aquella manera.

Seguí tocándola y besándola hasta que finalmente, y con muchas dificultadesn conseguí romper en pedazos su tanga (me fue imposible sacárselo), dejándola así completamente desnuda. Entonces le cogí fuertemente las piernas, y aunque ella intentaba cerrarlas con todas sus fuerzas conseguí al fin abrirla de patas y poner mi cuerpo enmedio para evitar que volviera a cerrarlas.

Ella que ya sabía lo que le esperaba intentó deshacerse de mi con todas sus fuerzas, pero yo con una mano la agarré fuertemente del pelo, calmándola así, y evitando que se moviera demasiado. Entonces coloqué mi erectísima polla delante de su coño, y la penetré con todas mis fuerzas.

-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, mmmmmmmmm, ahhhhhhhhhhh, ammmmmmmm-. 

Ella dio un gran grito de dolor y de impotencia y yo lo di de puro placer, y a medida que metía y sacaba mi polla de dentro suyo gemía y gemía. Yo estaba disfrutando muchísimo con aquella penetración, y ella gritaba y lloraba.

-Ahhhhhhhhhh, mmmmmmmm, ahhhhhhhhhh, mmmmmmmm, ahhhhhhhhhhhhhh-.

Seguí penetrándola y penetrándola mientras que con una mano la agarraba del pelo y con la otra un pecho. 

-Ohhhhhhhhhhh, mmmmmmmmm, ohhhhhhhhhhhhhh-.

Finalmente no pude aguantar más, y penetrándola hasta lo más hondo descargué toda mi leche caliente dentro suyo, teniendo un increíble orgasmo.

-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhh, ohhhhhhh, ohhhhhh-.

Después de ésto nos quedamos los dos totalmente agotados, y para que mi madre no escapase me la puse estirada encima mío y la abracé por la cintura, esperando a recuperar mi fuerza física pronto.

Yo estaba contento porque pensaba que las drogas me habían hecho perder mi apetito sexual, pero acababa de comprobar que no.

Descansé un rato hasta tener otra vez fuerza, que al tener mi madre encima mío, volví a excitarme muchísimo, teniendo de nuevo una erección. Mi madre se dio cuenta de ello, ya que tenía mi dilatada polla apretando su espalda, y con un movimiento brusco intentó escapar.

Pero no lo logró, ya que la agarré con fuerza por el pelo otra vez, la estiré boca abajo en el suelo, y me puse encima suyo. Estaba excitadísimo de nuevo, y fue entonces cuando vi su increíble culo. Era precioso, duro, medida perfecta, trabajado, acompañado de unas curtidas y preciosas piernas y unas duras caderas. De verdad os digo, y no exagero, que mi madre estaba buenísima, y que parecía una diosa del sexo.

Entonces pensé en rematar la faena, mi madre no se resistía demasiado ya, debido al cansancio y a que a medida que se movía yo la apretaba más del pelo. Así que sin pensarlo dos veces coloqué mi polla en la entrada de su culo y la penetré de un fuertísimo empujón.

-Ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhh, ahhhhhhh, ahhhhhhh-.

Los dos gritamos fuertemente, yo también sentía mucho dolor, podía notar como era la primera vez que penetraban a mi madre por detrás, pero a medida que seguía metiendo y sacando mi polla de dentro suyo, el dolor fue convirtiéndose en placer hasta que fue lo único que sentía.

-Ahhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhh, mmmmmmmmm, ohhhhhhhhh-.

Era maravilloso, y a medida que sacaba y metía mi polla de dentro suyo el placer era insuperable. No me importaban ni las súplicas ni los gritos de mi madre. Seguí penetrándola cada vez con más fuerza, hasta que finalmente no pude aguantar más, y penetrándola tan fuertemente como pude, descargué por última vez toda mi leche calentita dentro de su culo.

Después de esto acabé cansadísimo, y mi madre casi no podía andar de la brusquedad con la que la había penetrado, incluso un ilo de fina sangre resvalaba por toda su pierna provinente de su coño.

Después de esto me duché y me fui a dar una larga vuelta por el barrio, y cuando volví me encontré con mis maletas en la puerta. Mi madre me dijo que no me denunciaría, pero que no quería volver a verme.

Yo he vivido fuera de casa desde entonces, donde he podido, y tengo que confesaros que después de aquello 4 meses después volví a violar a mi madre, relato que ya os contaré más adelante.

A los 18 dejé las drogas para siempre, gracias a un centro de desintoxicación, al que aún acudo periódicamente a contar mi vivencia. Y ahora que estoy curado, me arrepiento muchísimo de lo que hice con mi madre, lo digo de verdad, me siento como una mierda por lo que hice, pero creedme que no era yo quien actuaba. En algunas ocasiones he intentado explicarle eso a mi madre, (ahora yo tengo 20 y ella 34), pero ella nunca ha querido saber nada más de mi, no cree que realmente esté curado.

 

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