La partida de lamedores (II)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



No iba a ser un día cualquiera.


Los cuatro lo sabían, pero ni se miraban a los ojos ocultos como siempre.
Llevaban seis meses juntos, seis meses cómplices, y no sabía ninguno nada de
los demás. Sólo conocían la avidez, la violencia, la torpeza con que cada uno
se había comportado hasta entonces con las tantas mujeres a las que habían
lamido por turnos las plantas de los pies, a las que habían acabado desnudando,
violando, usando como los lobos solitarios que siempre fueron. ¿Cuántas veces
habían mandado al carajo la regla de oro?¿Por qué ninguno de ellos tomaba la
decisión (que todos esperaban)de acabar con aquello? ¿Cuándo empezaron a
romper las reglas? Desde el primer día, desde la primera vez, desde Elena, que
tenía menos edad de la pactada pero los pies más jugosos y los senos más
duros y más suaves que jamás habían vuelto a probar. Y que se resistió más
que nadie, más que ninguna de las otras, y los excitó más.


Torpes.


Era su primera salida. A Elena la habían elegido por aclamación. "..Si
vestida es tan apetecible, si sus pies son así dentro de las sandalias, ¿cómo
serán en nuestras manos?".. Se repartieron los turnos. "..Sólo tiene dos
pies".. "..A mí no me importa lamer sus manos mientras tanto"..
"..Ni a mí su almejita"... Silencio. "..Era broma, ya sé que no se la
vamos a ver nunca, sólo me imaginaba...Venga, chicos, que es una broma"..


¿Por qué no le expulsaron en ese momento, por qué le dejaron continuar, le
dejaron que les infectara, que fuera el primero en sujetarla y gritar que sólo
llevaba una camisa, que no lleva sujetador tíos, ni bragas, que va desnuda ya,
que no me jodais que no os apetece darle un repaso ahora que le habéis abierto
así las piernas, hostia que no le jodieran que no eran los pies más ricos que
iban a probar nunca...


Sí, con Elena, desde el principio, desde esa lamentable primera salida, todo
se jodió.


Todo iba a ser muy sencillo, la chica tenía que atravesar un parque para
llegar a su casa, allí la esperarían, después de haberse cerciorado de que
nadie en las proximidades estorbaría su actuación.


Los cuatro estaban muy nerviosos, estaban muy excitados, hasta tenían miedo,
sobre todo tenían miedo. La noche había caído ya hacía un buen rato, y la
inquietud les iba a forzar a desistir cuando escucharon las risas que se les
acercaban. Eran dos, Elena no venía sola, la acompañaba una amiga, ella sí
tenía aspecto de la adolescente que era, que ambas eran.


-"..Vámonos, son unas niñas, nada de menores, ¿recordáis? Además son
dos, no estaba planeado así, ¿cómo vamos a impedir que alguna dé la alarma.
No. Nada va a salir bien, vámonos, coño. ¿Me oís?"...


Pero no le oían, no iban a escuchar nada. Los otros tres ya habían
observado cómo las amigas se separaban con dos besos. Elena estaba sola, venía
hacia ellos, y no tenía aspecto de menor, y si lo era, debería de faltarle
poco para dejar de serlo. Cualquier excusa servía, como le sirvió al lobo con
el cordero en aquel arroyo de la fábula.


-"..De aquí no se marcha nadie. Si no quieres participar, te limitas a
vigilar. Esa es otra de las normas aceptadas. Yo voy a probar esos pies, he
esperado demasiado, ¿estáis conmigo?"...


Había hablado él, y tenía muy claros sus planes, contaba con la
sobreexcitación que la violencia de arrancar el calzado a una desconocida iba a
provocarles. Sabía que no iban a conformarse, estaba seguro de que todos querrían
ir más lejos, mucho más lejos. Elena avanzaba despacio, casi paseando. Llevaba
unas zapatillas de deporte. Tal vez deberían haber contado con la luna llena,
pero les ayudaba a contemplarla en la noche con total impunidad. Zapatillas de
deporte, calcetines cortos, blancos, una falda hasta las rodillas, una camisa
amplia remetida bajo la falda, el pelo suelto, largo, moreno. No veían sus
ojos, pero ¿apuntaban sus pezones sobre la camisa?. ¿Era su deseo quien les
había hecho saberlo? Elena no llevaba sujetador, la firmeza de sus senos, ya
como manzanas, le permitía hacerlo. Eran continuas las discusiones con su madre
por este asunto. Ella odiaba esa prenda, ese inútil accesorio de tortura. Al
salir de casa se lo quitó, en el ascensor, lejos de las quejas maternas. Ahora
lo llevaba en uno de los bolsillos de la falda. Ellos lo encontrarían luego, y
lo usarían para amordazar sus gritos primero y para atarle las manos a la rama
de un árbol después, cuando le hubieran intruducido los calcetines en la boca.


No dudó ni un instante, en cuanto vio que aquellos cuatro hombres
encapuchados le salían al paso, echó a correr. No logró alejarse demasiado.
Uno de ellos le saltó por la espalda y la tiró de bruces sobre la hierba. Pedía
socorro a gritos, con toda la fuerza de su garganta.


-"..Taparle la boca, hostias, que no chille más, taparle la boca, joder"..
Le dieron la vuelta y una manaza le selló los labios. Se revolvía, retorciéndose
como sobre brasas candentes, se zafó de la mano y volvió a gritar con todas
sus fuerzas, con todo su terror. En el forcejeo, el sujetador se había escapado
de su bolsillo. Entonces sí que la prenda empezó a torturarla, cuando notó
que se la embutían entre los dientes, que sofocaba sus llamadas y ahogaba su
voz convertida en ronco bramido.


-"..Sujetarle las manos mientras le quito las zapatillas. Estate quieta, o
tendré que hacerte daño"...Le costaba desatarle los cordones, el pataleo
era tan violento que apenas podía sujetarle una de las piernas. Dos de ellos
trataban de paralizarle los brazos. Al final lo lograron apretándolos con sus
rodillas contra el suelo.


-"..Date prisa, coño, no puede ser tan difícil descalzarla, arráncale
las zapatillas, olvídate de los putos cordones"..


Así lo hizo. Mientras el tercer hombre se empeñaba en desatarle los firmísimos
lazos, él tironeó con fuerza aprovechando el propio pataleo de la chica, y la
zapatilla izquerda saltó por el aire. Las faldas se le habían subido más allá
de los muslos y dejaban las braguitas al descubierto. La visión los tenía
fuera de si. Sus pies, querían sus pies, nada más.


-"..Ya está, ya se sueltan los nudos"... La zapatilla derecha salió
sin la brusquedad de la primera, y el honbre se la llevó a la nariz."..Estos
pies van a saber a gloria".. dijo inspirando profundamente, ahora sobre los
calcetines. Le separaron las piernas hasta hacerle daño, así era más difícil
que sus saltos convulsivos sirvieran de algo.


-"..Los calcetines, fuera los calcetines, queremos ver sus piececitos de
una puta vez"..


A un tiempo, metieron los dedos bajo los calcetines y tiraron con toda la
excitación que los tenía tensos, con una erección que ya amenazaba con
desbordarse. El talón, el empeine, los dedos. Estaba descalza, y sus pies eran
bellísimos.


-"..Hostias, tíos, mirad que maravilla"..


Entre las lágrimas aún llegaba a ver cómo aquellos dos encapuchados le lamían
las plantas y reían, reían grotescos de placer, se metían ahora sus pies en
la boca y le lamían entre los deditos, le mordía uno el empeine, le succionaba
otro como si quisiera arrancarle las uñas. Los que le sujetaban los brazos, le
estaban chupando las manos, ya liberadas del peso de las rodillas. Sentía la
presión que ejercían en sus muñecas, en sus tobillos, se habían tornado
garras. Y ella continuaba agitando su cuerpo ya casi sostenido en vilo,
retorciendo su tronco, lanzando arriba y abajo su vientre. El borde de su falda
ya por encima de su ombligo.


-"..Venga, es nuestro turno, queremos esos pies en la boca, quiero notar
como retuerce sus dedos en mi paladar"..


-"..Tengo una idea"..


La maldita idea, la fatal idea inevitable desde que sus bragas eran tan
blancas y sus piernas tan largas, y el sujetador le cerraba la boca, la idea que
iba a romper la primera regla: no eran violadores.. acababan de olvidarlo.


-"..Atémosla a un árbol. Sacarle el sujetador de la boca y meterle los
calcetines"..


-"..Uno sólo será suficiente, el otro lo quiero yo, quiero correrme
dentro".. Sus carcajadas, lo brutal de su excitación, ni les permitió oir
las súplicas de la muchacha cuando le sacaron el sujetador. Lloraba de terror,
de asco.. les rogó que la dejaran, que la estaban haciendo daño, que por favor,
por favor. Pero sus sollozos le impedían hacerse
entender:"..Dejarme...soltarme...no , por favor, parar ya, no, no,
dejarme".. Su última negativa se la tragó junto a uno de sus calcetines.


La levantaron y la llevaron junto a una rama lo bastante firme para resistir
sus convulsiones, y lo bastante alta para que sus pies desnudos apenas tocaran
el suelo. No sabía cómo lo habían logrado, pero con el sujetador habían
atado sus manos con una fuerza irrompible a uno de los brazos cómplices del árbol.
Sin que nadie diera la señal, todos se bajaban los pantalones, se los quitaban,
sacaban sus pollas duras, hinchadas, al límite.


-"..Yo primero"..


Ella aún agitaba sus piernas con furia, pero sintió que le bajaban las
braguitas, que se las sacaban por los pies y que le abrían con fuerza los
muslos. Mientras dos le izaban por los tobillos los pies que ya estaban chupándole
y mordiéndole con saña, un tercero le desabotonaba la camisa, le apretaba los
senos, se los lamía, le clavaba los dientes entre exclamaciones obscenas sobre
su dulzura y su firmeza. El cuarto pugnaba por introducirle la polla entre los
labios secos, vírgenes, horrorizados.


-"..Esta monada aún es virgen".. Se escupió las manos como único
lubricante posible y se restregó el pene con la saliva. "..Te va a gustar
estrenarte conmigo. ¿No querrás que todos nos follemos a una misma doncellita?
Adentro, adentro"... Y a cada exclamación seguía un embate cada vez más
violento. Ya estaba, hasta el escroto, dentro de ella, que ya no sabía
resistir. ¿Qué había ya que resistir?


El tercer hombre había dejado libres los dulcísimos senos de Elena para
permitir al que la penetraba- dentro, fuera, dentro, fuera-,que se los
succionara y se los mordiera con rabia.. y se había situado a la espalda de la
chica.


-"..Aún es virgen por este otro agujero"..


Iban a travesarla también el culo. ¿Le estaba sucediendo a ella? ¿De
verdad cuatro locos furiosos estaban usando su cuerpo como el de una muñeca
hinchable, como si no tuviera voz, mirada, sentimientos? ¿Era cierto que
alguien utilizaba uno de sus pies para masturbarse, que otro le estaba
masticando casi los deditos, que sus tetitas ardían de los dientes que le
estaba hincando un hombre que le desgarraba la vagina con sus embestidas? ¿Podía
estar sucediendo que unas manos torpísimas, temblorosas le estuvieran separando
los glúteos para meterle por el culo un falo durísimo y ya goteante, que ya
estuviera medio penetrada por detrás, por un tipejo asqueroso, sin rostro, todo
babas? Entonces ¿dónde estaba el dolor? ¿O el dolor era eso que le impedía
sentir otra cosa, era ese fuego, era esa náusea que le venía directa desde el
estómago? Su primer violador no notó las arcadas previas hasta que recibió el
vómito en pleno rostro.


-"..Maldita puta, bajarla, al suelo con ella, quiero correrme en su boca
desagradecida"..


Sobre la hierba de nuevo, boca arriba, la lengua entumecida, libre ya del
calcetín que la asfixiaba. Ya nadie horadaba los senderos lacerados de su
cuerpo, no más manotazos, no más mordiscos, no más cosquillas espantosas en
las plantas tiernísmas de sus doloridos pies. Ahora un chorro cálido en su
vientre, otro entre sus deditos, y dos amargas fuentes sobre sus labios y en su
paladar, viscosas, nauseabundas. Se atragantaba con el miembro que le metió su
peor verdugo hasta la campanilla. Jadeos, exclamaciones, gritos de satisfacción,
risas nerviosas, histéricas, carreras, todo a lo lejos ya, perdiéndose en lo más
negro de la noche más negra que nunca habría de vivir.



 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap