Depilaci¢n
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Mi mejor amigo se llama Juan Mateos, nos conocemos desde hace mucho tiempo y
hemos llegado a tener una confianza casi absoluta. Se parece mucho a mí, hasta
en lo cachondo, pues ambos nos hemos "..enganchado".. a las páginas de
sexo de Internet y comentamos entre los dos lo más interesante, nos enviamos
las fotos que más nos han gustado y cosas así.


Sin embargo, Mateos es muy estricto respecto a sus posesiones... con lo que
también me refiero a su preciosa mujer Mª Victoria. Ella es una delicia, un
poco chapada a la antigua, pero encantadora, algo rellenita pero perfectamente
proporcionada. Respecto a su mujer, mi amigo no permite la más ligera insinuación
o comentario, lo que, visto le que me ha ocurrido con ella, me puede acarrear más
de un problema. Claro que eso sólo si se entera, por lo que los nombres son lógicamente
supuestos, ante el peligro de que pueda leer esto que escribo, porque tengo la
necesidad de contarlo.


Resulta, que en una de nuestras charlas comentamos Mateos y yo, después de
ver una serie bastante amplia de fotos de tías buenas bajadas de Internet,
todas ellas con el chochete perfectamente recortadito, que, donde se ponga una
mujer con el coño depilado, que se quite lo demás.


Ciertamente esto lo dijimos plenos de convencimiento porque, no sé si a
todos los tíos, pero a nosotros dos, nos vuelven locos. Las mujeres deberían
ser conscientes de la diferencia que hay de cuando abren sus piernas y nos enseñan
la raja envuelta en una mata de pelos, que ocultan lo más caliente de su anatomía,
a la visión espléndida de un chochito carnoso, brillante, sin un solo pelo,
que parece estar diciendo ¡CÓMEME!. De veras, he tenido la fortuna de probarlo
y la diferencia es abismal, en un caso estaba deseando terminar para escupir los
pelos de la individua que se me quedaron en la garganta y que en alguna ocasión
me han hecho incluso vomitar (¡qué apropiado para un momento así!) y en el
otro, la misma tía pero esta vez "..afeitadita".., me tuvo que separar la
cabeza de entre sus piernas después de media hora y tres orgasmos sin cansarme
de su almeja, que pese a conocerla como la palma de mi mano, parecía aquel día
una desconocida para mí.


Pues bien, retomando el hilo de la historia, de aquella conversación sobre
los chochetes afeitados, surgió otra más pícara con la que pretendí hacerle
un favor a mi amigo. Él me había dicho que su mujer era totalmente contraria a
afeitarse los bajos fondos y que él nunca se lo propondría, pero yo pretendía
darle una alegría, así que una noche que habíamos cenado y nos habíamos
tomado algunas copas (no sé si de más), fui poco a poco subiendo el tono de la
charla entre los cuatro -mis amigos, mi mujer y yo- hasta llevarla al lugar que
yo pretendía. Mi mujer sin saberlo colaboró mejor de lo que yo esperaba ya que
estaba totalmente sin avisar de mis intenciones.


El caso es que planteé la idea que ya he dicho de que las partes nobles
tanto del hombre como de la mujer debían ser objeto de atentos cuidados,
especialmente cuando se trata de mantener la pasión, a lo que mi mujer repuso,
un tanto alegre por lo que había bebido, que tanto ella como yo nos afeitábamos
periódicamente los genitales, pero que en ambos casos yo era el ejecutor de la
depilación tanto de ella como la mía, además matizó casi entrando en
detalles que yo tenía un pequeño cortapelos que era magnífico y no irritaba
nada, dejando el pubis perfectamente delimitado y recortado, afeitando por
completo el resto de los pelos hasta el final de la raja del culo. Ni que decir
tiene que aquel día, entre la conversación y las copas todos nos pusimos tan
cachondos que a punto estuve de enseñarles la polla entera, porque me obligaron
ante la incredulidad de que yo estuviera afeitado a enseñarles algo y me quedé
en el pubis y parte de un huevo por el lado de los calzoncillos. Cuando vieron
el pubis rapado al 1,5 y perfectamente recortado, y el cuero de los cojones
perfectamente afeitado, cambiaron la cara y lo que creían cachondeo, pasó a
cachondez. La suerte estaba echada, quería sembrar en Victoria la idea de que
aquello era una cosa normal y, conociéndola, no tardaría en llevarlo a cabo,
con la consiguiente alegría para Mateos, sobre todo después de lo que había
puesto yo en juego. Claro que aquella noche cayó un polvo de antología, con mi
mujer, por supuesto.


Después de aquello suponía que pasaría algo, pero lo que no esperaba es
que un día Victoria me llamara al móvil para que fuera a verla, con algo de
urgencia. Por suerte o por desgracia yo estaba desocupado aquella mañana y sin
intuir nada fui a verla en un salto. Tras entrar a su casa y saludarla con un
par de besos en las mejillas, le pregunté sin ambages qué pasaba, a lo que,
con mucho misterio, cerró la puerta y casi susurrando me dijo que necesitaba
que le hiciera un favor.


- Lo que te haga falta, -le dije, no sin cierta preocupación por el tono de
la petición.


- Sé que puedo confiar en ti y quiero darle una sorpresa a Mateos por su
cumpleaños... -comenzó


Más tranquilo pensé que se trataba de buscarle o recomendarle algún regalo
o prepararle una fiesta sorpresa, lo que justificaba en cierto modo el misterio.
Pero...


- ... así que quisiera que me ayudaras con cierta operación que no me
atrevo a hacer, además como tú tienes más experiencia, querría que me
ayudaras a depilarme.


Así de sopetón, se me tuvo que quedar una cara que no me atrevo a
describir. Estúpidamente, dije:


- ¿Depilarte?, ¿¿¿el qué??? -como si a esas alturas no lo supiera, además
el color de mi cara lo revelaba a las claras.


- Mira, Ramiro, sé que puedo confiar en ti y que, conociéndote como te
conozco, no te aprovecharás de la situación. Me ha costado mucho decidirme,
pero es que me gustaría darle una sorpresa a Mateos y tú sabes lo que le
gusta, además me ha dicho Paula que tienes mucha habilidad, ya sabes a lo que
me refiero, depilarme el Monte de Venus... ¿lo harás por mí?


Creo que el corazón se me salía por la boca en ese momento, ¿cómo iba a
ser capaz de hacer eso con la mujer de mi mejor amigo?, además, con lo buena
que estaba ¿cómo iba a mantener la sangre fría para no hacer algo que me
costaría muy caro?, pero, con lo que me había dicho y tras el trabajo que le
habría costado decidirse a pedírmelo, ¿cómo le iba a decir que no?


Esa fue mi respuesta: - ¿Cómo te voy a decir que no? -dije con voz
temblorosa. - Pues vamos, no hay que perder el tiempo. Pero, una cosa: Nadie lo
debe saber, ni tu mujer ni mi marido... ¿estamos? - Claro, claro...


Decidida se fue para el dormitorio y, haciendo caso a su indicación, la seguí.
Lo tenía todo preparado, hasta se había comprado un pequeño cortapelos
parecido al mío (supongo que le habría preguntado a mi mujer), una toalla
encima de la cama, un barreño con agua caliente, espuma de afeitar, cuchillas
nuevas, crema hidratante...


Mientras miraba todo aquello me di cuenta que ella estaba también muy
nerviosa quieta delante mía sin saber qué decir o hacer...


- ¿Vamos?...


Haciendo un esfuerzo por dominar el temblor de mis manos, dije:


- Venga, lo primero es que te desnudes... (como si no lo supiera)


Hubiera bastado que se desnudara de cintura para abajo, pero me hizo caso
literalmente y se quedó completamente desnuda, mostrándome un cuerpo precioso,
pero prohibido. Me obligué a no mirarla con lujuria, pero era prácticamente
imposible, tenía los pechos preciosos, con un tamaño grandote y rollizo, pero
firmes y "..desafiantes".., la exploración fue detenida por la cándida
mirada de sus ojos color miel. No podía mirarla como lo estaba haciendo, se me
encendió una luz en el cerebro. Después de haber doblado toda su ropa y
dejarla delicadamente encima de una silla, volvía a quedarse mirándome con
dulzura... Tenía que tomármelo como algo "..profesional"...


- Vale, échate en la toalla...


Se tumbó suavemente y pude ver que había intentado cortarse el pelo ella
misma antes de llamarme. Comprendí entonces por qué me llamó. Lo había hecho
fatal, dejándose unas calvas que iban a ser difíciles de arreglar.


- Vaya, se ve que lo has intentado... -dije intentando dar un toque de
serenidad al ambiente.


- Sí, pero ya ves lo mal que me ha quedado, lo que pasa es que me da más
vergüenza ir a cualquier sitio de estética que decírtelo a ti, y no creas que
no me da vergüenza estar así...


Esta frase la dijo acompañada de una apertura de las piernas que dejó al
descubierto toda su intimidad. Tenía unos labios rosados y perfectos y a mí me
iba a dar algo.


De pronto, me entró un arrebato de responsabilidad y le dije que aquello no
podía ser, yo no podía estar allí de ese modo con la mujer de mi mejor
amigo... todo había sido una equivocación. Pero no contaba con su talante. Era
una mujer de las que cuando toma una decisión no hay en el mundo nadie que sea
capaz de hacerla desistir y donde había llegado era una vía sin retorno. Así
me lo hizo comprender.


- Mira, yo estoy tan nerviosa como tú, pero tómalo de esta forma. No
estamos haciendo nada malo, aunque nunca deberán enterarse tu mujer ni mi
marido. Además entre nosotros hay confianza, ¿no?, hay cosas más
comprometedoras que hemos hecho y de las que hemos hablado y no ha pasado nada,
así que manos a la obra que no tenemos todo el día.


Y tal como lo dijo me tomó la mano y la colocó en su vientre, dejándose
caer hacia atrás, dándome a entender la única opción que tenía. Sin mediar
más palabras, comencé a humedecerle toda la zona púbica y después separé
sus piernas con mis manos para hacer lo mismo con el contorno de los labios y
las ingles. Descubrí que tenía el sexo bellísimo, bastante hinchado, lo que
revelaba la notoria excitación que le provocaba, igual que a mí, la situación,
pero sobre todo, lo que consiguió enardecerme hasta un grado casi insostenible
fue el aroma que emanaba y que llegó hasta mí nada más separarse mínimamente
los labios de su coño.


Seguía sin creer que me estuviera pasando aquello, pero no cabían más
discusiones. Así que me dispuse a hacerle un buen trabajo y, ¡qué coño!,
disfrutar de él.


Me dediqué a seguir humedeciendo con agua templada toda la zona, por
supuesto con la mano desnuda, lo que puede decirse que era acariciarle todo el
vientre, con dulzura, y las ingles, rozando levemente los labios de su coño que
para entonces estaba entreabierto por culpa un poco de la postura, las caricias,
los nervios y sobre todo las dimensiones que estaba tomando su clítoris.


Recorté todo el contorno con el cortapelos para dejar el pelo con el tamaño
deseado. Aquello empezaba a arreglarse, tomando forma y quedaba francamente
bien. Después recorté con la cuchilla de afeitar, poniendo algo de espuma,
rasurando lo que sobraba hasta quedar totalmente liso y definido el triángulo
"..redondeado".. de pelillos que había pensado para ella.


Ahora venía lo difícil. Afeitar completamente los lados del coño, para lo
que tenía que proteger las zonas más delicadas, así que con la mano entera
tapé los labios del chochete, estirando la piel para poder afeitar la zona
hasta la ingle.


Mientras lo hacía le miré a la cara. Todo este tiempo habíamos estado muy
callados y tensos y hasta casi me asusté cuando la vi que me miraba con unos
ojos de infinita comprensión, tranquilidad... el caso es que aquella mirada con
la media sonrisa que la acompañó, me terminó de relajar y pude decirle


- "..¿Todo bien?, ¿no te está molestando?".., a lo que ella contestó.


- No lo puedes hacer mejor, cualquiera diría que me estás acariciando y la
cosa es que no me disgusta del todo, ¡voy a tener que contratarte!


- "..Ni se te ocurra".., le dije y seguí afeitando. Con un lado había
acabado y levanté la mano para ver cómo quedaba... Perfecto. No pude evitar
contemplar el coño que mi mano había estado tapando y cuya fragancia se habría
quedado allí. Mientras miraba el hilillo blanquecino que resbalaba hasta su
ojete y que delataba su total excitación, me acerqué la mano a la cara
simulando rascarme en la frente (porque ella, semi-incorporada, no dejaba de
mirarme) y aspiré el aroma intenso del coño de Mª Victoria. Aquello era un
pecado, pero había llegado casi a marearme y a esas alturas por mi cabeza ya
pasaba de todo. - Terminé la obra, volviendo a tapar con la mano y rasurando la
otra parte hasta que quedó verdaderamente perfecto y apetecible. Para terminar
la hice ponerse en cuatro patas, con el culo muy abierto y le afeité todo el
perímetro del ojete.


- Ahora, -le dije- te voy a dar con una crema hidratante para que no se te
irrite -y, acto seguido, la empecé a acariciar con la mano pringada de crema (y
con lujuria, debo reconocerlo) por todas las partes que le había afeitado,
comprobando que la excitación de ella, lejos de extinguirse, había aumentado
soltando líquido de su interior hasta formar un cerco en la toalla sobre la que
se había efectuado toda la operación.


Al pasar poniéndole crema una de las veces por la ingle, con los sentidos ya
trastornados, le rocé conscientemente el clítoris, notando un respingo y un
audible aunque pequeño gemido de Mª Victoria (mentalmente la llamaba así para
olvidar que era la mujer de mi mejor amigo).


Lo volví a pasar una y otra vez y al notar su "..colaboración"..,
sabiendo lo que iba a pasar, le dije:


- Mira, después de esto los dos tenemos un calenturón tremendo. Yo me haré
un pajote y tú otro, pero creo que me gustaría ayudarte con lo tuyo. Como,
total, nadie se va a enterar, ¿verdad?, yo no puedo resistirme a probarlo...


Mientras le decía aquello y después de que se lo dije, no hacía falta que
hablara, su mirada volvía a hacerlo por ella... así que me lancé y suavemente
deposité la lengua en la entrada de su agujero, saboreando lentamente el líquido
que emanaba. La excitación era tanta que tuve una pequeña eyaculación, un par
de sacudidas, sólo lamiendo lentamente su chocho.


Ella se dejaba hacer y, suave pero firmemente, se abandonó a mis manos.
Mientras, yo le levantaba las piernas y dejaba aún más al descubierto toda su
parte íntima. Estaba completamente abierta y además exponiendo su depilado
ojete, al que también comencé a prestar atención.


Las chupadas se hicieron más intensas penetrando con la lengua en sus dos
orificios, hasta que cuando vi que comenzaba a estremecerse, me dirigí al clítoris,
succionándolo frenéticamente, lo que la hizo terminar casi chillando. No había
tardado mucho, pero la excitación del momento y el morbo, lo justificaba.


Al terminar, abrió los preciosos ojos que tanta confusión me causaban ese día
y con ternura me dijo que me merecía un premio, por lo bien que lo había hecho
todo (remarcando aquel "..todo"..)


Le dije que no quería penetrarla y que no hacía falta nada más, que me había
gustado tanto como a ella y que podíamos dejarlo así, pero ella no quiso y me
acarició por encima de los pantalones, soltando poco a poco la ropa hasta dejar
mi nabo al descubierto.


Sin decir más nada, comenzó a chupármela muy despacio, tanto como yo lo
había hecho con ella y sin dejar de mirarme a la cara. De vez en cuando la
sacaba de su boca y la restregaba sobre su lengua, pasando a continuación la
mano por todo el humedecido glande.


Al poco se introdujo todo lo que pudo en la boca y me agarró por los
cachetes del culo, abriéndolos y cerrándolos al mismo compás que la metía y
sacaba de su cavidad bucal. En una de las veces, con la misma suavidad me empezó
a acariciar el ojo del culo con la yema de un dedo, y no sé si fue esa
inesperada caricia, pero el caso es que noté que iba a explotar y se lo indiqué.


Ella me miró una vez más indicándome que no importaba, por lo que me dejé
llevar y terminé soltando cinco chorros de leche blanca y espesa a su boca que
seguía mamando con el mismo ritmo hasta que posando una mano en su mejilla le
hice saber que debía parar.


Escupió en una servilleta de papel lo que tenía en la boca (no se lo había
tragado, y eso me gustó, pues me indicó que lo dejó caer en su boca para que
yo no parara de disfrutar la mamada, que ha sido una de las mejores que me han
hecho en mi vida y así la recordaré).


Me vestí mientras ella miraba en el espejo cómo había quedado su depilado
y precioso coño, mientras me decía que le quedaban ganas de que se la metiera.


- Pero esas ganas te las va a mitigar con creces Mateos cuando llegue después
y prefiero que las cosas se queden así, porque esto no ha pasado...


- Sí que ha pasado, Ramiro, aunque nadie lo sepa nunca ni se repita jamás,
quiero que sepas que recordaré lo que has hecho como si hubieras sido mi amor
de juventud, como se recuerda a un novio de la adolescencia, eres un encanto.


Y me dio un suave beso en los labios.


Podría contar que me la follé por delante, por detrás, por arriba y por
abajo, pero no es cierto... sólo pasó aquello y si hubiera sido algo más
posiblemente habría terminado mal. Pero de esto hace ya un año y no ha pasado
nada. Es más, mi amigo ni siquiera me ha dicho nada sobre la
"..sorpresa".. de aquel día, que ha quedado como parte más del secreto
entre nosotros. Tampoco se han resentido los lazos de amistad entre la mujer de
mi amigo y yo. Pero yo tenía que contarlo y cuando descubrí este sitio donde
he leído cosas que me han gustado tanto (en todos los sentidos) me decidí,
espero que hagáis como si fuerais mis amigos o amigas íntimos y me deis
vuestra opinión. ramirob@teleline.es



 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap