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AMO DEL LÁTEX |
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Enviado por Fatmaster el día Miércoles 31 de Diciembre de 1969 |
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AMO DEL LÁTEX Le ordené me chupara el pene, ella lo hizo con maestría, llegué a las nubes, pensando estaba cubierto por un látex, a continuación la penetré por el ano, reiteradas veces
Me presento, soy un maestro del látex, alguien que puede pasar días dentro de mi segunda piel, tengo muchas alumnas, y vivo de la venta y confección de trajes de látex, goma, (me gustan los animales, por eso no uso el cuero natural) para amantes como yo del mundo fetichista, pero debo contar bien mi historia desde el principio...., extraño principio, antes de ser un maestro, era una persona digamos corriente, moreno, alto, gordo, por no decir un poco obeso, siempre tuve fantasías de índole fetichista sobretodo con trajes enteros hechos de látex, pensar en ello, me provoca grandes erecciones, bueno la cosa es que un día de desidia en que estaba solo en mi oficina, ya que mis socios (siempre he sido y seré independiente), estaban de vacaciones. Ese día en particular no había nadie citado, así que me puse a revisar Internet y vi una cadena, una de esas tonterías, algo sobre deseos, y desee convertirme en un maestro fetichista millonario como juego, no pensé más en el asunto, por varios días, que fueron normales, hasta que una noche tuve el sueño más vivido de mi vida soñé con unos números y una dirección, para no aburrir al lector diré jugué esos números en la lotería y gané varios millones, más que decir solucioné todos los problemas económicos de mi vida y mi familia, ahora intrigado fui a la dirección soñada, fui un día de semana, se podría decir era relativamente céntrica, una vieja casona galpón, todo cerrado, pero verifiqué esa era la dirección, golpeé la puerta y no me abrió nadie, ya me iba a retirar cuando una voz femenina y fuerte dijo, ¿qué buscas?, por un intercomunicador, yo dije no sé, solo respuestas a un sueño. No se porque razón se abrió la puerta, entré y lo que había adentro me excitó, era el cielo del fetichismo, pasillos con ropa de látex, goma, vitrinas con consoladores, masturbadores, cadenas, collares, sillas de posiciones, bueno juguetes sexuales, pero lo que atrajo mi atención eran los trajes, de diversas tallas y texturas, Con sus diversos implementos, distintos tipos de botas, botas de pierna entera, sobretodo (delicioso) y guantes de diversos tipos, y lo más excitante para mí máscaras, ponerse una máscara era una añorada fantasía, estaba en esta hipnotizante visión, cuando bajó por unas escaleras al final del galpón (la que vendría a ser luego mi socia, no adelantemos hechos mejor) una para mi exuberante mujer, de unos 35 años, rellenita, ojos verdes penetrantes, morena, vestida como una diosa. Un corsé de látex negro le apretada su piel, se puso un vestido negro de tela, se notaba tenía puesta dos botas negras, y coronaba su excitante ajuar grandes y gruesos guantes negros, y en el cuello una extraña cadena, me repitió en un tosco estilo, ¡que quieres! y yo repliqué toscamente también, quiero un traje a mi medida con todos los implementos, ella cejó y dijo, con el tamaño de tu cuerpo eso saldrá caro, yo dije, eso no es problema, entonces se acercó a mí y se presentó, bueno eso yo pensaba iba a hacer, solo dijo soy la baronesa sígueme, me condujo por unos pasillos interiores, y llegamos a un taller de sastre, de la nada apareció un hombre, que solo me dijo me desnudara, yo dudé, pero comprendiendo accedí, él me midió todas las partes de mi cuerpo, después elegí color e implementos y cancelé la mitad del precio exigido, me dijo la baronesa puedes venir el jueves de la próxima semana, estará listo tu piel, y podrás conocer gente afín, después me condujo a la puerta y cerró bruscamente. No hay que agregar que esa semana me la pasé masturbándome, esperando e imaginando el día fijado. Llegué el día acordado, muchos autos estaban estacionados afuera, golpeé la puerta y salió el sastre, él me hizo pasar rápidamente al taller y me mostró su obra de arte, un grandioso traje de látex negro a mi medida…, me dijo cámbiate, y me introdujo a un privado con el traje, yo traje una cámara de video para grabar mi transformación, primero me desnudé, empecé a colocármelo, la sensación era única, empecé en mis pies y subí poco a poco, me excitaba mucho eso, me costó mucho para no correrme, llegué a mi entrepierna e introduje mi pene en una especie de grueso condón, según me explicaron era con un doble uso, por si quería follar o si quería orinar había un hábil mecanismo que me permitía hacerlo sin sacarme el traje, en la altura de mi ano, el traje se abombaba un poco, para tener espacio para defecar, yo podía escoger entre ponerme un pañal de adulto o un cierre para un sistema de succión, elegí lo segundo. Después a la altura de mi estómago me coloqué una faja que me hacía doler, por suerte después modelé mi estómago y no fue problema tenerlo puesto, sobre la faja subí el traje, introduje mis manos lentamente en las gruesos guantes, no quería perderme ninguna sensación, y llegué al cuello, introduje todo mi cuerpo y cerré el traje con unas cremalleras unida a un candado, después de terminar esta operación, me fui a mirar al espejo, no me pude aguantar me corrí. Verme dentro de esa maravillosa piel de látex hizo explotar mis sentidos, lo bueno como mi pene estaba con protección no ensucié, después vino lo mejor, frente al espejo procedí a colocarme la máscara, una oscura máscara, que sólo daba espacio para ojos y nariz, y boca…, la vista me emocionó, como dije iba una ranura al final del cuello, esta iba unida a un candado que unía traje y máscara uniéndose en mi cuello, era un candado especial llamado- el cronómetro de los arrepentidos-, me explicó la baronesa que muchos principiantes, como yo, después de ponerse los trajes, se arrepentían, en medio de reuniones fetiche, y hasta se quitaban las máscaras y trajes desesperados, lo que causaba molestias, por eso a los novatos se les encadenaba los trajes a un cronómetro candado, que impedía uno se pudiera sacar el traje por un lapso de tiempo, hasta 48 horas, yo programé mi traje hasta 8 horas. Así el traje se ajustó más al cuerpo, pensaba como alguien se querrá deshacer de esto, estos inexpertos pensé yo. Con el traje puesto salí del privado, afuera estaba la baronesa con un catsuit azul que le cubría todo el cuerpo excepto la cabeza, estaba acompañada por una mujer vestida de látex amarillo, y con botas y guantes naranja (mal gusto) y una máscara parecidas a las usadas contra ataques de gas, pero con la ranura más corta, lo que noté inmediato es que de su coño y ano, salían dos mangueras que terminaban en su máscara, la baronesa dijo…, (no diré mi seudónimo = nombre) le presento a letrina dorada, ella será tu guía, (nombrecito pensé yo), después los tres salimos a una sala ruidosa con música, era un pandemoniun, todo tipo de gente vestida de látex, cuero, goma, haciendo las más bizarras y emocionantes acciones, yo estaba con los ojos abiertos nunca pensé hubiera un mundo así, y en mi ciudad, letrina me explicó, con un lenguaje que se notaba era profesional, (quizás que era en el otro mundo), las normas al ingresar en esos grupos, lo que se podía hacer y no hacer, después de ello me dijo, que deseas hacer, yo le dije medio en broma y en serio, orinar, ella puso ojos de satisfacción, y me pidió fuera a buscar un accesorio de mi traje, lo hice y nos apartamos en un sillón desocupado, ella quería lo orinara, el pene lo introdujo en la manguera de mi traje, yo hice se descomprimiera un poco el látex así podría orinar más tranquilamente, ella mientras sacó la manguera de su boca y puso la mira, después me dijo me pusiera de pie, ella se puso de rodillas y empezó a decir: ¡soy tu letrina!, ¡úsame ensúciame, dame tu elixir dorado! Yo al oír eso me calenté y con mi mano me masturbé y luego solté chorros de orina y semen imagino, semen antiguo y nuevo, y fueron a la boca de ella que engullía con pasión, los demás concurrentes nos miraban, algunos diría con asco, otros con indiferencia y unos pocos podría decir hasta envidia…, ella no sacó la manguera de su máscara, mucho rato y se ponía a aspirarla la sensación era rara, así estuve un rato, hasta que otra mujer, vestida solo con botas,un minúsculo calzón de cuero y una máscara con gruesas mangueras se acercó a nosotros y dijo, pueden darme ¡una lluvia de rosas!, yo quedé atónito, yo pensaba eso era una invención, (quería le tirase pedos en la cara, menuda cosa rara) satisfecho dije, puedes ubicar tu manguera en mí si quieres perra sucia, ella rápidamente se dirigió a mi trasero, se notaba era experta, ubicó su manguera en el orificio destinado a estos efectos, y después se colocó detrás de mí, entonces me tiré pedos, después me dio ganar de cagar y cagué en la cara de esa sucia, también vacié totalmente mis esfínteres, y oriné también, letrina estaba feliz, así me encontraba con una mujer adelante y otra detrás haciendo de mis baños, en medio de una sala con gente, yo disfruté mucho eso, me masturbé mucho, después con mis dos letrinas, me tumbé en un sillón, sintiéndome acalorado, y sucio, muy sucio, me molestaba un poco la caca en el culo, hasta cansado de usar ese traje, quizás en ese momento es cuando muchos novatos querían retirarse, muchos observaban, yo no hice ningún ademán de querer retirarme o sacarme el traje, solté mis mangueras, acomodé mi pene y dejé a las exquisitas sucias solas... Ahora quería tener sexo, por suerte encontré un corral con sumisas sin amo, yo no soy muy BDSM, pero igual se del tema, yo no sabía se podía pujar, y compré una esclava a mi cuenta (no sabía me habían formado uno), por supuesto todo es un juego y las sumisas aman sentirse objetos, yo supuestamente compré una joven tipo 28 años, trigueña, alta, piel clarita, con pocas marcas de azotes, estaba desnuda, con antifaz, la llevé a una recámara y le dije, perra ponte piel, corriendo se puso un traje de látex café, que solo tenía agujero en las partes púdicas, se puso su cadena y la hice pasearse un rato como un animalito. Después de pensarlo, le ordené me chupara el pene, ella lo hizo al unísono y con maestría, llegué a las nubes, pensando estaba cubierto por un látex, después le ordené sacarse el antifaz, cuan grande no sería mi sorpresa al ver era una ex compañera de universidad. Petulante me acuerdo era ella, arribista y desconsiderada, me extrañó verla en ese estado, pero después me dije voy a sacarle jugo a la situación, a continuación la penetré por el ano, reiteradas veces, solo paré cuando noté que mi traje no podía soportar más fluidos corporales, así pasé el resto de mi primera noche en este mundo…
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