Esta historia ocurrió un tiempo después de las aventuras que ya conté con mi suegra y mi cuñada. En la oficina donde yo trabajo hay una telefonista que aunque no es una mujer escultural es bastante bonita y atrayente. Un día que salimos tarde me ofrecí a darle un aventón en mi carro. Tengo que decir que hasta ese día la relación existente entre los dos era muy profesional y que no había ningún tipo de insinuación de ninguna de las partes, aunque claro que yo no desperdiciaba la oportunidad para mirarle el trasero, las piernas y parte de sus senos cuando se agachaba un poco.
Continuando con la historia, ese día cuando estábamos en mi auto
comenzamos a conversar y como el tráfico era pesado avanzábamos lentamente.
Recibí entonces una llamada de mi esposa al celular diciéndome que iba a
tener una reunión hasta tarde en la oficina y si la podía pasar a recoger en unas tres horas. Accedí por supuesto pero medio de mala gana. María (la telefonista) se dio cuenta de mi mal humor y me preguntó que pasaba y al contarle me dijo que había que tener un poco de paciencia, etc, etc.
Seguimos nuestra conversación y nos encendimos un cigarrillo. En ese
momento, sin querer se cayó el cerillo entre sus piernas (estaba usando
falda). Paré el auto a un costado de la calle rápidamente y comenzamos a apagar el cerillo. Lo logramos y ella se sobaba la pierna por el ardor. Le dije que se subiera un poco la falda y que se colocara la botella de soda helada que estaba tomando junto a la quemadura. Ella lo hizo así, y pude notar parte del color de su ropa interior. Mi pene reaccionó, el bulto me empezaba a molestar y sin que ella se diera cuenta lo acomodé a un lado, pero aún así se notaba bastante.
Arranqué el carro y me disculpé por mi torpeza. Ella no le dio importancia y seguimos nuestro camino. Como dije el tráfico estaba pesado y no avanzábamos mucho. Como a la media hora me fijo y la falda de María se había subido un poco más y ya veía claramente su calzoncito blanco, medio transparente que dejaba traslucir la oscuridad de sus bellos púbicos.
María se dio cuenta que miraba y nos quedamos en silencio un rato. Luego ella se subió completamente la falda y dijo
-“Ya que no hay nada que no hayas visto, más cómoda me siento así. “ “Claro, no hay problema. Además seguramente ya te pasó un poco el dolor y puedes sacar la botella de allí” , dije yo. Ella sonrió, dirigió su mirada hacia mi entrepierna y se dio cuenta de mi bulto y dijo:
“Creo que necesitas algo allí para enfriarte un
poco”. Yo me sonrojé y no supe que decir. María comenzó a acomodarse la falda a su posición original, pero notaba yo que lo hacía con cierta dificultad. No quise decir nada porque no sabía como lo iba a tomar. Así que dirigí mi mirada al frente y continué manejando. En eso María me acercó algo al rostro y me pidió que oliera. Aspiré y casi choco mi auto. Inmediatamente reconocí ese olor particular y medio agridulce que tienen las mujeres en la entrepierna. Sin decir nada, acercó su mano a mi bulto y lo empezó a manosear por encima del pantalón. Rápidamente y sin preguntarle a ella me fui a un pequeño hotel que había cerca, entre en el estacionamiento privado, paré el auto y le dije que bajara. “Donde estamos? “ Preguntó. “ Ya verás”. Le dije que me esperara un momento, fui a la recepción, me entregaron las llaves de una habitación y fui al encuentro de María que me esperaba en el mismo sito donde la había dejado.
Fuimos a una habitación, entramos y comencé a besarla y manosearla todavía con la ropa puesta. Ella respondía a mis caricias, bajé mi mano y la subí por su entrepierna dentro de la falda, toqué su rajita que estaba totalmente mojada. Mientras introducía un dedo en su agujero, ella me abrió la bragueta y mi falo salió totalmente lubricado. Sin quitarnos aún la ropa, la empujé en la cama, la abrí de piernas y sin pensarlo dos veces le introduje lentamente la pinga hasta que éramos un solo cuerpo. Me eché sobre ella y comencé a besarla mientras con una de mis manos le acariciaba los senos y con la otra buscaba introducir uno de mis dedos en el ano. Cada vez que llegaba cerca ella se movía y no dejaba que explorara su huequito.
Dejé de intentarlo por el momento y seguí con el excitado vaivén del mete y saca mientras sentía el olor de su sudor, sus jugos y los míos mezclándose en el pequeño ambiente del hotel. Ella gemía, yo le mordía los labios con fuerza y quería aguantar mi explosión para acabar en su boca. Finalmente empecé a sentir su orgasmo y los espasmos de sus cuerpo. Cuando ella se calmó, salí de su interior, y sin avisarle subí mi cuerpo hasta que mi palo quedó a la altura de su boca, ella abrió y
puse todo mi peso sobre su cara para obligarla a tomárselo todo. Después de unos minutos me levanté y me acerque a besarla.
Comenzamos a desvestirnos, y nos fuimos a tomar una ducha juntos. Mi pinga ya respondía nuevamente, así que mientras le jabonaba la espalda con las manos, la iba penetrando y haciéndole el amor nuevamente, bajé una mano enjabonada y mi dedo exploraba su ano ahora si libremente, luego la volteé y enfilé mi miembro a donde quería llegar, ella se oponía, pero con un poco de fuerza y convencimiento le dije que lo haría suavemente y que nunca sentiría un mejor orgasmo como el que iba a sentir.
Esto la convenció y la penetré lentamente hasta la base de mi pene. Comencé con pequeños movimientos circulares y luego cuando ya estaba bastante dilatada a entrar y salir mientras le mordisqueaba la oreja y la masturbaba con la mano. Los gemidos de ella fueron aumentando hasta que se volvieron gritos de pasión y placer, sentía en mi pene las pulsaciones de su ano y en mis dedos las pulsaciones de su vulva. No pude más y solté mi chorro dentro de ella, y mientras nos relajábamos permanecimos por un rato como dos perros después de culear, pegados y extasiados.