BioPlasma PN69
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



En aquel pequeño laboratorio edificado sobre terrenos linderos al I.N.T.I.,
al costado de la Av. General Paz, la Comisión Nacional de Genética
conjuntamente con la Universidad de Buenos Aires, habían desarrollado un polo
de investigación líder en Sudamérica.


Hacía dos años que estaban experimentando con biología molecular y
biogenomas, alterando el mapa genético de amebas y células nerviosas. La
investigación ultrasecreta era conocida en ese ámbito como proyecto Bioplasma
PN69.


Estudiaban el extraordinario comportamiento de este producto de laboratorio
que fue desarrollado en una gran incubadora blindada de tercera generación y
alimentado con oxígeno, plasma humano, semen, excrementos y desechos animales.


De aspecto gelatinoso sólido, blanco azulino, por momentos crepitaba,
fluctuaba y se reproducía, ya que actualmente había logrado ocupar un volumen
de más de 2 metros cúbicos.


Dentro del monitoreo de su evolución, se habían detectado rudimentarios
movimientos por estímulos nerviosos y hasta un cierto tipo de ondas cerebrales
simples.


Esa noche, ya el reloj marcaba las 3 a.m. y el joven Dr. Ariel era el único
que se había quedado después de hora. Estaba muy agotado, por momentos se le
cerraban los ojos y ya había bostezado más de lo razonable.


Pero como estaba muy adormilado para conducir su automóvil, decidió pasar
previamente por el vestuario contiguo, para darse una ducha rápida antes de
salir al fresco del exterior.


Apagó todas las luces del laboratorio, salvo la luz testigo y se comenzó a
desvestir. Primero el guardapolvo, el conjunto blanco y finalmente cuando se sacó
el slip, se quedó pensativo, sobándose los huevos y la pija. Se rascó un poco
culo peludito y tomando la toalla se dirigió al sector de duchas arrastrando
pesadamente las ojotas.


Antes de abrir siquiera el agua, de repente escuchó desde el laboratorio un
estampido con claro ruido a vidrios rotos. Enfiló presuroso hacia donde le
pareció que provenía el sonido, totalmente desnudo, solo con la toalla en la
mano y perdiendo por el camino las ojotas.


La tenue luz testigo fue suficiente para comprobar que había estallado el
vidrio de la incubadora y el bioplasma ya no estaba allí. Se desesperó pero no
podía arrimarse mucho por estar descalzo y haber vidrios desperdigados.


Se agacho un poco para apreciar mejor el desastre y sintió de repente que
por detrás algo le tocaba los pies. Giró asustado y pudo ver que el bioplasma
había formado un cúmulo de un metro de diámetro por dos de altura y estaba
avanzando proyectándose hacia él.


Pegó un grito de auxilio, pero nadie lo podía escuchar tras las gruesas
paredes aislantes. Sus pies quedaron atrapados, por la densa biomasa que
pegajosamente se fue adhiriendo a sus piernas, hasta hacerlo trastabillar y caer
de costado lateral. Era una situación de terror.


Ariel seguía gritando pero nada podía detener a la masa, que ya lo había
recubierto desde los pies hasta la cintura. Estaba atrapado y más se agitaba, más
el bioplasma lo sujetaba, como un grueso guante calcado. El engrosamiento lo
estaba momificando paulatinamente. Sintió una fuerte presión a la altura de
los huevos y ese sector del material comenzaba a rodear la pija, succionándola
como queriendo absorberla pero sin lastimarlo.


Con un movimiento ondulatorio lo estaba literalmente ordeñando y la pija se
le puso dura desarrollando por lo menos 20 cm. de joven carne indefensa, más un
placer irrefrenable que lo colmó.


También se daba cuenta que la biomasa se había apoderado de su cintura y se
hacía más fuerte a la altura del culo, sentía como le hurgaba el ano. Ahí le
paso por la mente el asunto que la biomasa había sido creada como ávida
consumidora de excrementos humanos, y no se equivocaba, la masa había detectado
vestigios de caca en el esfínter anal y la estaba procesando. Luego lentamente
le ingresó por el ano para absorber lo que encontraba y se formó una dura
protuberancia que se engrosaba segundo a segundo, y que para ingresar al sector
intestinal le estaba abriendo más y más el orto.


Más se resistía más el bioplasma le entraba en la cola, se sintió más
que violado eso ya era categoría recontracogido. La entrada de biomasa también
le estaba masajeando la próstata, que sumado a la succión del pito lo estaba
transportando a un tremendo orgasmo involuntario.


El Dr. Ariel se fue abandonando y de repente empezó a eyacular. Toda la
biomasa comenzó a estremecerse al nutrirse ávidamente de esa leche y trataba
de exprimirlo hasta la última gota con nuevas succiones. Hasta hacerlo eyacular
copiosamente por segunda vez.


Asi pasaron las horas entre penetración y ordeñada. El Dr. Ariel estaba
totalmente inerte de tanta exigencia, pero la biomasa reclamaba más y más.


A las 7 h a.m. cuando ingresó el personal de mantenimiento, se quedaron
absortos de verlo dormitando desnudo sobre el piso, mientras la biomasa también
parecía dormitar abrazándolo a su lado.


Desde entonces la relación que se estableció entre el Dr. Ariel y el
Bioplasma PN69 se hizo cada vez más estrecha.


Y fueron felices.


Fin


Raúl E. Naidich (Julio 2000)



 

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