Me gustaba aquella playa por lo tranquila y solitaria que normalmente estaba,
por lo menos los días laborables, aquel día había ido sola, llegué ya tarde,
serían las cuatro de la tarde más o menos, extendí mi toalla y dejando el
bolso en la arena me desnudé, me tumbé y después de darme crema y tomar el
sol un rato fui a darme un baño, verdaderamente era una tarde preciosa, me
extendí en la toalla y me relajé, tanto que debí quedarme dormida.
Al despertar estaba sola, no quedaba nadie en la playa era ya tarde , casi
anocheciendo, el mejor momento del día, me acerqué a la orilla y me senté
cerca del agua, las olas acariciaban mis piernas y llegaban hasta mi conejito,
notar las olas golpear mis labios y mi clítoris me produjo escalofríos, sin
poderlo evitar mi mano empezó a acariciar, me estaba excitando.
Llevaba ya un rato así, ojos cerrados, la mano en mis labios jugando con mi
vello, acariciando mi boton del placer, cuando al abrir los ojos lo vi, allí a
mi lado, alto, rubio, cuerpo casi perfecto, con su polla erguida, grande, dura,
desafiante, imposible apartar la vista, me estaba llamando sin palabras, no lo
dudé me acerqué sin levantarme, su polla quedó a la altura de mi cara, era
una tentación muy grande, abrí mi boca y comencé a chupar su miembro, era
grande, estaba caliente, era una locura, escalofríos recorrían mi cuerpo,
erizaban mi vello, sus manos me empujaron sobre la arena, su cuerpo se colocó
sobre el mío, su pollo buscó mi coño con ahinco, penetró dentro de mí,
oleadas de placer agitaron mi cuerpo, éramos dos cuerpos fundidos en uno solo,
uno, dos, tres orgasmos me invadieron sin poder evitarlo, sentí su corrida
dentro de mi cuerpo, sus manos apretaron mis nalgas, nos fundimos en un solo
cuerpo.
Desperté tumbada en la arena, aturdida, incrédula, ¿había sido un sueño?
, o ¿tal vez no?.
Por si acaso esta tarde volveré a la playa, todavía tengo dudas y mi cuerpo
aún recuerda aquella tarde en la playa.
Alicia.