Sexo on¡rico
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Mi nombre es Fredy y este es el relato de un extraño y vívido sueño que
tuve hace un par de noches.


Hacía tres meses que aquella belleza se había mudado al 7º piso de mi
edificio, al apartamento que quedaba justo encima del mío que estaba en el 6º.
Habíamos coincidido en el ascensor en contadas ocasiones por lo que nuestras
conversaciones nunca trascendían del trivial saludo entre vecinos. Además,
siempre que me encontraba con ella yo enmudecía por su atractivo y era incapaz
de articular palabras que no sonaran entrecortadas, así que debía de pensar
que era algo corto. Después de cada encuentro mi fascinación por ella
aumentaba un poco más a la par que mi torpeza para dirigirle la palabra.


Ignoraba su nombre, pero yo la denominaba diosa debido a su impresionante
aspecto: mediana estatura, delgada pero con unas preciosas curvas que ella
evidenciaba aún más con su vestuario, piel pálida y sedosa, labios algo
carnosos en los que prescindía de rouge prefiriendo aplicarse brillo, y unos
deslumbrantes ojos de un verde clarísimo, grandes, ligeramente almendrados y
con unas pestañas largas y curvas. Pero más impresionante que sus ojos era la
forma en que éstos miraban, tan profunda e intensamente que parecía tener un
efecto hipnótico.


La noche en la que soñé con ella yo me había acostado algo tarde tras
haber estado sentado delante del ordenador dando los retoques finales al último
relato erótico que estaba escribiendo. Cuando me tumbé en la cama y apagué la
luz aún permanecí unos minutos con la imaginación alterada por la lectura de
lo que yo mismo había escrito.


No sé en qué momento me quedé dormido, pero en mi sueño ya había
transcurrido la noche y estaba amaneciendo, yo me encontraba desnudo de pie en
un dormitorio que no era el mío, junto a una cama desconocida, en la que había
un mujer dormida. A través de la claridad que ya entraba por la ventana pude
distinguir que era ella, mi diosa, quien dormitaba plácidamente en aquella
cama.


Quise acercarme para observarla mejor pero en ese momento sonó el
despertador y ella salió de su sueño. Apagó el despertador y manteniendo los
ojos cerrados se estiró sobre la cama para desperezarse tensando su cuerpo como
si fuera una gata. Yo temía su reacción cuando abriera los ojos y me
descubriese allí, pero inexplicablemente cuando lo hizo pareció no verme, pese
a que me encontraba a apenas dos metros de ella. Me moví para acercarme y nada
¡era invisible!¿Cómo diablos podía ser? El realismo de las sensaciones
visuales que estaba teniendo me hacía ignorar que se trataba de un sueño.


En ese momento ella empezó a levantarse, observé cómo retiraba las
sabanas, cómo descubría su figura desnuda, la opalina palidez de su piel.
Estiró los brazos y pude ver la perfección de sus pechos alzándose al unísono
junto con sus brazos. Después se sentó en el borde de la cama dejándome ver
sus hermosas piernas torneadas. Se levantó y comenzó a moverse por la habitación,
con lo que por fin pude contemplar a mi diosa en toda su plenitud, sus caderas
hacían un perfecto juego con su redondos pechos, su espalda de línea perfecta
dividida en su parte inferior por la redondez de las nalgas separadas por una
rajita central, tenía un culito venerable .


Aprovechando mi invisibilidad la espié siguiendo su rutina matinal, cómo se
dirigía a la cocina, cómo sacaba una botella de zumo del frigorífico y la
acercaba a su boca. Reparé en la carnosidad de sus labios e imaginé lo que serían
capaces de hacer, Luego la seguí sigiloso en su camino hasta el baño, y su
andar felino, contorneando suavemente las caderas y las nalgas a cada paso,
desencadenó en mí una erección instantánea. Una vez allí, abrió los grifos
de la ducha y entró cuando el agua empezaba a despedir vapor. El agua se
deslizaba por su cabello, por su cuello, por sus pechos, envolviéndolos y
cayendo en cascada desde sus pezones. Recorría su torso descendiendo hasta su
ombliguito, donde se metía como si hubiera cobrado vida propia y excitada por
el cuerpo que estaba acariciando buscara penetrar en todos sus rincones.


También jugueteaba entre el vello del pequeño triángulo de su pubis
depilado y recorría los bordes de los labios externos de su precioso conejito,
formando un chorro que se precipitaba desde su entrepierna al juntarse con el
agua que recorría las nalgas y se introducía entre ellas, Y finalmente se
deslizaba por sus torneadas piernas acariciándolas y envolviéndolas hasta los
pies con un húmedo abrazo. No soportando por más tiempo la tensión que estaba
despertando en mi entrepierna la visión de esa diosa bajo la caricia del agua
me arriesgué a introducirme en la ducha. Estaba a su espalda y rocé con mis
dedos su piel esperando a ver cómo reaccionaba. Ella ni se inmutó tal vez
confundiendo mis dedos con las caricias del agua. Lo hice una segunda vez pero
ahora deslizando mi mano por la espalda. En ese momento dio un respingo, y trato
de darse la vuelta, pero yo se lo impedí agarrándola por los brazos firmemente
aunque con suavidad y susurrándole al oído que no temiera, que mi intención
no era hacerle el menor daño, que era mi diosa venerada, que llevaba tiempo amándola
en silencio, velándola en sus sueños.


Mis palabras parecieron tranquilizarla, aunque sus músculos permanecían
tensos. Continué hablándole dulcemente sin dejar de sostenerla y poco a poco
note cómo su cuerpo perdía poco a poco la rigidez. Entonces cerré los grifos
del agua y empecé a besarle el cuello y la nuca apartándole con una mano el
pelo mojado, mientras, con mi otra mano empecé a acariciar sus tetas
suavemente, pero ella cogió mi mano y apretó con ella una y otra
alternativamente, a lo que yo reaccioné uniendo mi otra mano y agarrándolas y
estrujándolas con firmeza. Ella abrió la boca de placer echando la cabeza
hacia atrás mientras mis manos acariciaban, apretaban y juntaban sus
maravillosos pechos redondos, muy apetecibles para la boca.


Pero decidí empezar por su también malditamente hermoso culo, el cual sentía
apretado justo bajo mis testículos. Me separé y me puse en cuclillas y
entonces empecé a besar primero la nalga izquierda y luego la derecha, después
de eso las mordí, chupé y succioné. Ella reía de placer mientras con sus
manos acariciaba y apretaba sus pechos de la manera en que antes lo estaba
haciendo yo. Ella no sabía si eran sus propias manos o las mías que estaban
separando sus cachetes, las que le causaban tanto placer. Y yo no sabia si
aquella nueva humedad que estaba apareciendo entre sus nalgas era por el agua o
por los fluídos de su coñito. Así que recorrí con mi lengua el interior de
su rajita trasera, de arriba abajo, una y otra vez.


Ella separó sus piernas, y echo hacia atrás la pelvis de modo que mi lengua
pasaba ahora por entre sus labios mayores y por su estrella rosada que se
contrajo de placer, mientras con las manos acariciaba la pelusa de su pubis, o
recorría sus piernas, o jugueteaba con sus labios mayores. Empecé entonces a
lamer su estrella rosadita, hacía círculos con la punta de la lengua sobre el
esfínter y luego la introducía suavemente para lubrificar con mi saliva tan
rico agujerito. Después, y de manera súbita, introduje todo lo que pude la
lengua en él y ella dio un gritito de sorpresa y placer. Para hacerlo tenía
que meter toda la cara entre las nalgas rozando con mi nariz en su unión lo que
nos procuraba aún más placer a ambos. Estuve un rato así metiendo y sacando
de manera suave la lengua, acariciando la entrada de la vagina con los dedos
para tomar lubricante y ponerlo en la estrellita, pero también porque quería
saborear su sabor, -Qué dulce es tu néctar diosa mía-, dije extasiado. Ella
también empezó a acariciar con una mano entre los labios menores de su otra
boca ya muy húmedos de su jugo viscoso el cual recogía con los dedos y
chupaba, corroborando su dulzor.


Después de meter la lengua lo más que pude una vez más giré a mi
divinidad de ojos verdes y empecé a besar y a lamer sus labios íntimos. Ella
acariciaba mi cabello, mi nuca y entreabría la boca de placer. Después empecé
a meter la lengua dentro de su vulva, la metía y la sacaba, rozando el clítoris
y los labios a cada salida, Saboreaba su deliciosa miel mientras mis manos
acariciaban su culito respingón. De repente ella exclamó casi en una suplica:
¡méteme la polla, por lo que más quieras!, pero yo estaba convencido de que
mi pene erecto y duro en su vagina no podría darle tanto placer como mis manos
de dedos juguetones. Así que me levanté y le susurré al oído -¿Confías en
mí?-. A lo que ella contestó -¡Sí, fóllame de una vez!-. Yo sonreí de
satisfacción, y sin más dilación metí el dedo anular de la mano derecha en
su mojada vagina, por supuesto que ella sintió placer pero no mucho. Pero lo
que ella todavía no sabía es que ese movimiento era sólo para lubricar el
dedo, ya que a continuación, lo metí en su entrada trasera al mismo tiempo que
metía los dedos índice y medio en su cueva sagrada. Al hacerlo la minina de
ojos verdes los abrió mucho con una expresión de sorpresa, pero también de
placer.


No imaginó que el sexo anal fuera tan delicioso y menos aún que se pudiera
combinar de esa manera. Los dedos se movían como tentáculos dentro de ella,
acariciando cada rincón de su intimidad, entrando y saliendo. Ella gimió de
placer cuando añadí el movimiento del pulgar acariciando su perlita, y el
interior de su vulva. Toda mi mano le hacía sentir como si tuviera múltiples
penes que la penetraran y rozaban por todos los lugares imaginables. Era como
una de sus fantasías a dos bandas, donde un hombre le metía la verga por el coño
y el otro por el culo ¡al mismo tiempo!, ella se dejo llevar y por un momento
se imagino que realmente la estaban follando varios hombres...


Para aumentar el placer, le acariciaba el culo con la otra mano, mientras
ella se retorcía para disfrutar al máximo del placer que le producían mis
dedos-falo. De repente, sin avisar de nuevo, y con una fuerza sobrenatural
proporcionada seguramente por mi fantasía la levanté en el aire con la mano
con que la estaba penetrando llena ya de los dulces fluidos de ella. Al alzarla
todo su peso se concentró en su sexo y en la mano que sostenía su cuerpo.
Entonces ella empezó a hacer intentos por mover las caderas y apretar con los músculos
internos de la vagina, pero la gravedad por sí sola le estaba dando más placer
del que habría sentido con cualquier verga.


Por fin empezó a perder el control de su voluntad, hasta que llegó al
orgasmo convulsionándose y emitiendo gritos de placer mientras se agarraba a mi
espalda clavándome las uñas y arañándola como si fuera una gata...


Después de eso, la bajé suavemente, sus piernas temblorosas apenas la
sostenían. Muy despacio saqué la mano de su intimidad y sin decir nada tomé
su cara y le dio un profundo beso en la boca al que ella empezó a responder con
ansia, acariciando mi torso y deslizando sus manos hacia mi falo palpitante. -Es
tu turno- dijo acompañando su voz con una mirada maliciosa...


En ese momento desperté en mi cama, sorprendido, sudando y con la verga bien
tiesa y húmeda. Me levanté y me dirigí al baño tratando de recordar qué había
estado soñando sin conseguirlo. Al encender la luz me protegí los ojos con una
mano, entonces, percibí un suave aroma en ella y noté que estaba cubierta con
un líquido algo viscoso, el cual estaba seguro de que no era mi leche: Decidí
probarlo y sabía dulce, extrañamente me pareció reconocer ese aroma y sabor,
aunque no sabía con certeza a qué me recordaba. Además tenía una sensación
de ardor en la espalda y al volverme para mirarla en el espejo vi en ella varias
señales de arañazos...


Dos días después de aquello, aun sigo sin comprender qué sucedió
exactamente esa increíble noche.


A veces la frontera entre sueño y realidad es tan sutil que es difícil
distinguir en qué lado nos encontramos.


By Venus



 

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