Una Fantas¡a o Realmente Sucedi¢
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 




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Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.


Trémula mano roja que hasta su vida se alza.


Ebria de sed, loca de sed, sed de selva en sequía.


Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas.


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Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.


Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.


Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.


Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus
huesos.


Sed de ti, sed de ti, guirnalda atroz y dulce.


Sed de ti, que en las noches me muerde como un
perro.


Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.


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La boca tiene sed, para qué están tus besos.


El alma está incendiada de estas brasas que te
aman.


El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu
cuerpo.


De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.


Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.


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Pablo Neruda


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¿Ha sucedido realmente o acaso tan solo ha sido un sueño?,
eso es lo que ahora me pregunto aquí tumbado en la cama de este hotel sin
nombre, la luz de la mañana se filtra por la ventana desperezando las tinieblas
de mi habitación, mientras, yo intento asimilarlo todo y cerciorarme de si ha
sido una fantasía o algo real, y mi mente comienza a despertarse y a recordar
como ha sucedido todo desde el principio.


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Apareciste en mi vida a través de una ventana en mi
ordenador, la lectura, o más concretamente la escritura, fue nuestro nexo de
unión al principio. Desde ese primer contacto me di cuenta de que eras una
mujer muy especial, tu forma de hablar, de escribir, de expresar tus
sentimientos, todo en ti rebosaba sensibilidad a flor de piel.


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Nuestras conversaciones eran cada vez más extensas y
distendidas, nos contábamos nuestras inquietudes, problemas e ilusiones ante la
vida, cada día nos conocíamos un poco más. Me encanta oírte hablar de tu
familia, hay pasión y orgullo de madre en la forma en que hablas de tus hijas.
También intento apoyarte, quizás consolarte, en algunos momentos difíciles.
Desde el principio ha habido complicidad y sinceridad entre nosotros, y eso no
es algo a lo que yo esté acostumbrado, lo cierto es que suelo ser bastante
distante, pero a tu lado todo es muy sencillo, todo surge y fluye como algo
natural.


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La primera vez que te vi me enamoré de tu sonrisa, una
sonrisa franca, sincera, que confiere a tu rostro una hermosa dulzura, tu mirada
es profunda y directa, tu media melena morena imprime a tu cara la delicadeza de
una muñeca de porcelana, tus curvas generosas muestran a una mujer madura,
experimentada y segura de sí misma, sin embargo hay momentos en los que te
sientes una niña con importantes carencias de afecto y amor.


 ..


Procuro estar a tu lado, o quizás debería decir que procuro
estar a tu altura, y aunque te parezca estúpido, así lo es en muchos momentos.
Me duele cuando te sientes profundamente abatida ante los distintos designios
que la vida te va presentando, me siento dolido, enfadado y celoso cuando veo
que él te hace daño y te hiere con su falta de compromiso, y cuando tú aún
sigues sintiendo lo que sientes por él, aún así, siempre procuro estar
contigo y apoyarte en lo que puedo.


 ..


Por eso ahora, aquí tumbado, intento discernir si estoy
feliz porque haya sido un sueño o porque haya sucedido.


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Un viaje imprevisto me trajo aquí, no sabía muy bien si decírtelo
o pasar por tu ciudad sin intentar verte, mis miedos e inseguridades me
atenazaban, no quería descubrir que quizás no deseabas verme, pero tampoco podía
dejar pasar la oportunidad de conocerte, mis entrañas se removerían por mi
cobardía.


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Todo resultó mucho mas fácil de lo que esperaba, surgió de
una forma natural, contigo siempre es así, y cuando me indicaste donde podíamos
encontrarnos para conocernos mi pulso se aceleró desbocado.


 ..


El día y hora señalados llegaron, y allí estaba yo,
impaciente, alegre, nervioso como un quinceañero y probablemente con una cara
de atontado más que notable. No estabas en el local así que pedí una copa de
vino y comencé a elucubrar posibilidades, quizás te habías arrepentido a última
hora, quizás algún imprevisto te impedía venir, quizás, quizás....
infinitos quizás, y en esas estaba cuando tu mano se posó en mi hombro.


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Un simple hola y tu sonrisa me bastaron para relajarme y
serenarme, estabas preciosa con ese vestido negro, y al calor de dos copas de un
exquisito y oloroso vino, charlamos y reímos durante horas.


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Mi estómago suplicaba de hambre, era el momento de dar un
paso más, mis manos sudaban cuando te invité a cenar y tus hermosos ojos
chispearon cuando aceptaste la invitación.


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Un taxi nos llevó a un coqueto restaurante que me habían
recomendado y en el que había reservado mesa, la cena transcurrió divertida e
íntima, creía ver en tu rostro miradas cómplices y en los postres me armé de
valor para tomar tu mano entre las mías, noté una leve descarga eléctrica que
recorría tu cuerpo, por un instante temí que retiraras tu mano pero no fue así.


 ..


Era tarde ya, el tiempo había volado en tu compañía y en
el restaurante ya no quedaba casi nadie, era hora de irnos así que pedí la
cuenta y te pedí que me acompañaras a tomar la última copa en mi hotel, no
parecías al principio muy segura de aceptar pero terminaste por hacerlo. El bar
del hotel ya estaba cerrado, sugerí entonces tomar la copa en mi habitación,
me miraste entonces como quien sopesa una decisión trascendental, tu mirada
penetrante me traspasaba, noté como el vello de mi nuca se erizaba y de tus
labios salieron aquellas palabras... "..¿estamos seguros de esta última
copa?".., "..yo lo estoy, probablemente nunca he estado tan
seguro de algo".. te respondí, entonces me tomaste del brazo y no
dijiste más, no hacía falta.


 ..


Ya en la habitación pedimos una botella de Champagne, bajé
la intensidad de las luces y puse en marcha el equipo musical. Brindamos por
nosotros, por el día juntos, por los relatos que nos habían unido... estabas
bellísima, seductora, tentadora, en mi mente te asocié con una orquídea, no
me preguntes porqué pero fue así, tu perfume me embriagaba.


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Te tomé de la cintura y comenzamos a bailar mientras sonaba
un bolero, notaba los latidos acelerados de tu corazón contra mi pecho, nos mirábamos
a los ojos para retener por siempre ese instante, apoyaste tu cabeza en mi
hombro y mis labios bajaron hasta besar tus hombros desnudos para luego
continuar por tu cuello y por fin el tan ansiado beso, tus labios jugosos, tu
lengua juguetona y tu sabrosa boca. Te sonrojaste levemente y en ese instante me
pareciste el ser mas hermoso y maravilloso de la tierra.


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Te guié hasta la habitación y allí, estando el uno frente
al otro, tomé tus manos para que fueran éstas quien desabotonaran mi camisa,
lo hacías lentamente pero con seguridad hasta hacer que me desprendiera por
completo de ella, tus manos recorrían mi torso y mi espalda.


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Luego fueron mis manos las que se posaron en tus delicados
hombros para tomar los tirantes de tu vaporoso vestido negro, tus ojos se
cerraron a la vez que tu vestido caía lánguidamente al suelo dejando ante mí
a una hermosa mujer envuelta en un conjunto negro de ropa interior. Me acerque más
a ti, mis manos acariciaban tu espalda al igual que las tuyas la mía, bebía de
tu boca y tú de la mía.


 ..


Mis dedos alcanzaron el cierre de tu sujetador y lo abrieron
para posteriormente deshacerse de él y dejar a la vista unos generosos y
apetecibles pechos, unos pechos de piel extremadamente suave, con grandes
aureolas algo más oscuras que los pezones. Mis manos se dedicaban a
acariciarlos, a amasarlos dulce y cálidamente, tus pezones se volvían cada vez
mas duros, erectos y apetitosos.


 ..


Mientras, tus manos desabrochaban la hebilla de mi cinturón
y desabotonaban mis pantalones, haciendo que éstos cayeran al suelo.


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Me senté sobre la cama he hice que te sentaras sobre mis
rodillas, quizás mi subconsciente quería volver a la niñez, mis labios se
apoderaron de tus pechos, mi lengua jugaba con tus pezones y me amamantaba de tu
pasión, a la vez tu besabas, lamías y chupabas mi cuello y mis orejas.
Suspirabas cuando mi boca succionaba con deleite tus pezones tremendamente
duros.


 ..


Te tumbé sobre la cama y me recosté a tu lado, te besaba
mientras mi mano recorría tu cuerpo, bajando por tu vientre hasta detenerse
sobre tu ropa interior, mi mano completamente plana presionaba sobre tu sexo con
la única barrera de una delicada tela en la que ya notaba una leve humedad. Mis
dedos se movían haciendo que tu ropa interior te presionara más y más cada
vez, consiguiendo que tus labios íntimos se notaran nítidamente abultados y
logrando que tu humedad fuera en aumento.


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Me puse en pie, y lentamente te fui desprendiendo de la única
prenda que aún cubría tu cuerpo. Descubrí tu cuidado pubis, tu sexo sonrosado
y húmedo. Coloqué mi mano sobre él, notaba su calor, mis dedos comenzaron a
desplazarse por tus labios vaginales, recorriendo cada centímetro, explorando
cada pliegue, tú girabas la cabeza de un lado a otro y con los ojos
entrecerrados te mordías el labio inferior. Tu jugosa vulva me cautivaba,
absorbía mis dedos hacia tu interior cálido y jugoso. Y entonces descubrí tu
perla escondida, apenas visible al principio, mi dedo pulgar comenzó un
delicado masaje que consiguió despertarla más y mas cada vez, hasta hacerla
alcanzar su estado mas excitado y sensible.


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Me arrodillé ante ti y hundí mi cara entre tus piernas,
aspiré tu perfume íntimo, mi nariz jugueteó con tu cuidado vello púbico, mi
lengua exploró tu sexo con devoción, recorrió cada recoveco de tu vulva. Posé
mi boca sobre tu excitado clítoris, mis labios se cerraron sobre él y mi
lengua comenzó a jugar y a martirizarlo dulcemente. Tu vientre sufría
numerosas convulsiones, tu sexo comenzaba a estar empapado, mis dedos exploraban
tu interior mientras mi boca te llevaba a distintas etapas del placer, tu
interior es jugoso, cálido, suave y muy viscoso y húmedo, mis dedos entraban y
salían con distintos ritmos, a veces solo uno, otras veces dos y en ocasiones
incluso tres. Quería llevarte donde nunca antes imaginaste llegar, tus gemidos
aumentaban de tono, tu cuerpo indicaba que tu orgasmo estaba próximo, aumenté
el ritmo de mis caricias, mis labios y mi lengua succionaban y lamían con más
ahínco y de pronto estallaste mágicamente.


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Te sentaste sobre la cama y nos besamos mientras yo aún
permanecía arrodillado ante ti, me puse de pie y mientras nos mirábamos, tus
delicadas manos comenzaron a bajar mi boxer, me desprendí de él, tus dedos
tomaron mi ya excitado sexo y comenzaron unas lentas caricias por todo su
tronco, desde la base hasta su cima.


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Aproximaste tu cara a él y note como tu lengua comenzaba a
recorrer en círculos mi glande, una descarga eléctrica recorrió mi espina
dorsal, tu lengua recorrió suavemente todo mi pene, dejando a su paso un fino
hilo húmedo. Tus labios se apropiaron mas tarde de mi sexo, cerrándose sobre
mi glande y succionando con auténtica maestría, lentamente mi pene iba
entrando más y más en tu boca, controlabas completamente el ritmo y la
profundidad de las embestidas. Tu boca, tus labios, tu lengua hacían estragos
sobre mi pene. Lo hacías bien, muy bien, mi placer era tremendo. No recuerdo
cuanto tiempo permanecimos así, pero fue maravilloso.


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No quería derramarme en tu boca así que cuando intuí que
el final estaba cerca separé tus labios de mi pene. Me miraste sorprendida,
como una niña a la que le quitan su juguete, te sonreí y te bese.


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Nos acostamos sobre la cama enlazados los dos, besándonos,
lamiéndonos, acariciándonos como dos animales en celo. Me coloqué debajo de
ti, mis dedos acariciaron tu sexo, ronroneaste como una gatita, tomaste mi
tremendamente excitada polla y la dirigiste con maestría hacia tu vagina, la
penetración fue lenta y muy placentera, tu jugosa vulva se cernía sobre mi
pene magistralmente y tu lubricación era mágica. Eras tú quien controlabas el
ritmo, la intensidad y la profundidad de mis penetraciones, mis manos se
alternaban en acariciar tus hermosos pechos y en ocasiones acariciaban tu clítoris
para masturbarte a la vez que te penetraba.


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Tras algún tiempo en esta posición, rodamos sobre la cama y
yo me situé sobre ti, ahora era yo quien llevaba el control, me gustaba hacerte
rabiar y desear mayor ímpetu en la penetración, pero teníamos todo el tiempo
del mundo para gozar. A veces sacaba casi por completo mi pene de tu interior y
tardaba en volver a la calidez de tu vulva y tú entonces me tomabas de los
muslos para atraerme a tu interior. Estabas preciosa, tu rostro empapado en
gotas de sudor, tus ojos mas abiertos de lo que nunca lo habían estado, tus
labios gruesos y rojos, tus pechos suaves coronados por unos pezones duros y
tiesos como rocas y tu sexo que me absorbía, me engullía maravillosamente.


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Así permanecimos buena parte de la noche, alternando las
posiciones de jinete y montura, alcanzando placeres nunca antes conocidos,
convirtiéndonos en muchos momentos en un solo ser. Ni siquiera recuerdo el
momento en el que nuestros cuerpos dejaron de estar enlazados, nos dormimos
unidos, el uno aún dentro del otro.


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Y la mañana llegó, amanecí solo en la cama y no hay rastro
de ti, ¿habrá sido una hermosa fantasía o ha sido todo real?, me giro sobre
la cama y apoyo mi cara sobre la almohada y entonces un aroma a perfume llega
hasta mi cerebro..... quizás..... quizás.....


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P.D.: Para cualquier opinión o pregunta, o simplemente para charlar, bien
por e-mail o en el msn el_suspense@hotmail.com



 

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