El sol comenzaba a ocultase en el horizonte, sus rayos rojizos teñían las
aguas del Nilo dándole el aspecto de corriente de sangre sobre la cual flotaba
los barcos cargados de mercancías, grandes bloques de piedra y esclavos. A lo
lejos la inmortal esfinge contemplaba el ocaso con su rostro impasible. A su
lado el cuerpo de una pirámide comenzaba a tomar forma gracias al trabajo de
miles de esclavos que a esa hora volvían a sus aldeas para descansar. Más allá
las arenas del desierto eran barridas por el viento levantando pequeños
remolinos que jugueteaban a su antojo.
Tal era el paisaje que Sue Richards podía ver desde su habitación en el
gran palacio del déspota Rama-Tut. A su lado la fiel esclava etiope la miraba
en silencio. Sue había conseguido averiguar el nombre de su sirvienta, Muwa, y
eso le hacia sentir menos sola. En ese momento unos fuertes toquidos en la
puerta la sacaron de su contemplación. Sin esperar respuesta un hombre viejo,
mas tarde Sue se enteraría de que era Logos el gran visir de Tut, entro en la
estancia seguido por varias doncellas. El anciano se inclino respetuoso ante Sue
y torpemente repitió las ordenes que su señor le había dado en esa extraña
lengua que solo él conocía.
-Rama-tut "..Faraón de los siete soles".., te ordena arreglarte y
acudir a su lado esta noche.-Sin decir más el viejo Visir dio paso a las
doncellas que llevaban varios vestidos de seda y tocados para vestir a la mujer
del futuro. Sue hubiera querido negarse, pero sabía que era inútil, el efecto
del rayo Ultra-diodo la hacían obedecer las ordenes de Tut, aunque fuera
transmitidas a través de otra persona. Dócilmente dejo que las doncellas la
condujeran al cuarto de baño donde la bañaron con todo cuidado, luego la
vistieron con un blanco vestido de fino lino blanco y colocaron sobre sus
hombros una gran capa de seda roja, peinaron su cabello y le colocaron un tocado
en forma de Ibis hecho de oro. Sus pies fueron adornados con finas sandalias.
Finalmente le colocaron grandes brazaletes de oro incrustados de joyas y un gran
collar de perlas. Muwa le trajo a su señora un gran espejo de oro donde pudo
ver su imagen. En verdad era la imagen de una reina pero Sue se sentía más
como una esclava enjoyada. Ya vestida fue conducida por Logos y su escolta por
los grandes pasillos y salones del palacio. Admiro los frescos jeroglíficos ya
fuera pintados o labrados en los muros. La luz de las antorchas y lámparas de
aceite le daban al lugar una aire misterioso. Finalmente llegaron ante unas
grandes puertas de roble, labradas con motivos sagrados, que se abrieron en
perfecta sincronía para dejarlos pasar. En el interior Sue pudo ver a gran
cantidad de gente reunida, la corte de Tut, algunos comían recostados en
grandes taburetes, mientras otros contemplaban a las desnudas bailarinas que se
deslizaban a lo largo del salón. Al fondo, en el lugar de honor se encontraba
Tut, recostado sobre un regio taburete de finas maderas y suaves cojines. A su
lado se encontraba Nefri y junto a ella su hermano, el cruel general Ozmandias.
Unas grandes trompetas dejaron escuchar su ronco sonido anunciando así la
llegada de Sue. Por un momento, mientras ella y su comitiva atravesaban el salón,
la música se detuvo y los sirvientes y bailarines bajaron la cabeza ante la
prometida de su señor. Los nobles murmuraban entre sí sobre la belleza de la
mujer extranjera, pero también había miradas de rechazo, sobre todo entre los
viejos sacerdotes quienes desconfiaban de los bárbaros. Cuando Sue llego ante
el Faraón este admiro su belleza de forma tan obvia que en otro momento y lugar
merecería una bofetada. Pero Sue no podía siquiera pensar en algo así. -Ven a
mi querida.- ordeno Tut en voz baja para que nadie oyera el idioma que hablaba
con Sue. La mujer invisible obedeció mansamente y tomo un lugar junto al
viajero del tiempo. -Luces hermosa.- comento Tut admirando el cuerpo de Sue,
bien dibujado bajo el blanco vestido.
-Usted sabe que no me arregle por mi voluntad.- replico Sue.
-Aún así luces hermosa.- dijo el Faraón sonriente. A sus espaldas Sue pudo
escuchar las voces de los comensales, pero no lograba entender una sola palabra.
-Dicen que eres bella.-comento Tut como si adivinara la curiosidad femenina
por saber lo que los demás decían sobre ella.- Aunque también hay algunos que
te llaman bruja y usurpadora.- dijo como al descuido.
-Es lógico.-dijo Sue.-Ellos esperaban que se casara con una verdadera
egipcia.-
-Es cierto querida.-respondió Tut.-Pero pronto sabrán que el poder da derecho
a hacer lo que se desea. Lo que uno más desea.-mientras hablaba el Faraón
acaricio la mejilla de Sue con el dorso de su mano, ella retiró el rostro en señal
de rebeldía. El semblante de Tut se oscureció al tiempo que desviaba la mirada
hacia uno de los esclavos que permanecía a su lado. Fríamente le dio una orden
y él a su vez hizo una señal a otro que permanecía de pie junto a un gran
gong de oro. De inmediato el esclavo hizo sonar el gran gong golpeándolo con un
mazo del mismo material. El recio sonido hizo callar la música, los danzantes
abandonaron el salón y toda la corte fijo su atención en las puertas del
recinto. Estas se abrieron dejando pasar a un grupo de saltimbanquis que
realizaban toda clase de piruetas y cabriolas. Pero lo que hizo que Sue se
levantara de un salto fue la figura de un joven de tez blanca como la suya,
vestido con un manto púrpura y un taparrabo de lino, su cuerpo estaba cubierto
de líneas pintadas con hollín, y su rostro pintado con extrañas marcas que
despertaba la hilaridad de los presentes.
-¡Johnny!.- exclamo al verlo en tan vergonzosa situación. El joven reconoció
la voz de su hermana y la busco con la mirada, pero no la reconoció debido al
maquillaje y la ropa que traía puesta. En todo caso no pudo pensar mucho en
ello. Un corpulento saltimbanqui lo empujó haciéndolo caer de rodillas en el
centro del salón. Una ola de risas se dejo escuchar en el recinto. Sue quiso ir
a su lado pero Tut la sujeto por la muñeca y la hizo recostarse de nuevo.
-Será mejor que te quedes quieta querida.-dijo amenazante.-Tú hermano es
ahora el bufón de mi corte y su vida depende de lo mucho que me divierta.-Sue
sintió un escalofrío al comprender la veracidad de las palabras del Faraón,
en verdad la vida de su hermano de Reed y de Ben estaban en manos de aquel loco
venido del futuro. Tut se incorporo y le hablo a Johnny en egipcio para luego
repetir la orden en inglés.- ¡Hazme reír bufón!-
Johnny apretó los puños con rabia, pero nada podía hacer contra los deseos de
aquel demente. Un grito de asombro se dejo escuchar cuando el joven invocó su
poder, a pesar de que apenas fueron unas pequeñas brasas las que surgieron de
sus manos. Johnny comenzó por hacer malabares son bolas de fuego, luego formó
grandes aros para que los saltimbanquis los cruzaran con elegantes saltos. Después
otros personajes, pintados como él, le arrojaron agua ante la mofa del público.
Johnny los persiguió torpemente, cayendo a causa de las cadenas que le unían
los pies. Gruesas lagrimas corrían por la cara de Sue al ver a su hermano
padeciendo aquella burla grotesca. A su lado Nefri y su hermano Ozmandias reían
divertidos. Pero lo que más la angustió fue ver el semblante sombrío de Tut,
él no reía. Entonces Sue comprendió la amenaza que se cernía sobre su
hermano. El acto termino y los integrantes se quedaron quietos esperando la
respuesta del Faraón. Un helado silencio se hizo en el salón. Los minutos se
volvieron eternos, los saltimbanquis comenzaron a ponerse nerviosos, Johnny se
sentía tan humillado que hasta la muerte le parecía aceptable en ese momento.
La blanca mano de Sue se poso en el antebrazo de Tut, quien la miro con
desprecio, como a un perro que pide perdón a su amo.
-Por favor.-murmuro la mujer del futuro con los ojos llorosos.-Por favor... Mí
señor.- Tut la miro complacido y comenzó a convulsionarse hasta que estallo en
una violenta carcajada que al momento fue secundada por los demás miembros de
la corte.
.-¡Hahahahahahahahahaha!.-
Los saltimbanquis agradecieron con rápidas caravanas y se marcharon del salón
llevando con ellos a Jonny.-Nunca lo olvides mujer.-dijo Tut mientras veían
salir a la comitiva.-Todo en este palacio me pertenece.- Sue movió la cabeza en
señal de asentimiento.
La fiesta duro algunas horas más. Hasta que finalmente Tut hizo sonar de
nuevo el gran gong indicando el fin de la celebración. Los cortesanos se
retiraron, ya fuera por su propio pie o cargados por sus esclavos a causa de su
borrachera. Los esclavos comenzaron a limpiar el salón y Tut despidió
personalmente a algunos invitados que eran a todas luces Fenicios ó Micenos.
Por su parte Sue fue conducida por Logos de vuelta a su habitación. Ahí las
esclavas la desvistieron y la bañaron, ella se dejaba hacer vencida por el
cansancio, físico y emocional, que le había causado aquella noche.
Mas cuando aún estaba en la gran tinaja de aguas perfumadas escucho el
barullo de alguien entrando a sus aposentos. La gallarda figura de Rama-Tut
apareció ante ella, aún vestido con su elegante traje de fiesta. Sue tomo un
paño de lino y trato de cubrir los encantos de su cuerpo.
-Hermosa.-dijo Tut acercándose a la tinaja. Sus ojos verdes recorrían las
bellas formas de los senos y las piernas de la mujer invisible. Esta solo acertó
a recogerse sobre si misma para ocultar sus encantos de las lujuriosas miradas
del Faraón. Tut la miro indiferente y le dijo sereno.- Te espero querida. No lo
olvides. Todo en este palacio me pertenece.- sin más el poderoso usurpador salió
de la habitación. Sue dejo que las esclavas terminaran su labor, cuando
terminaron le pusieron un delgado camisón de lino y se marcharon. Al quedarse
sola la mujer invisible fue presa del pánico, era como esperar la llegada del
verdugo. Pero sacando fuerzas de flaqueza camino hacia la habitación principal.
Ahí la esperaba el hombre del futuro, también llevando un blanco camisón de
lino. Sue pudo ver que Tut era un hombre de complexión fuerte, musculoso pero
no demasiado, de piel tostada por el ardiente sol del desierto. Su cabeza
afeitada le daba un aspecto terrible y resaltaba sus rasgos, varoniles y bien
definidos.
Sue sacudió la cabeza para alejar de su mente el encanto que ese hombre
parecía estar ganando sobre ella. Tut se acercó a ella y le paso el brazo por
los hombros. -No te asustes querida.- dijo apretándola contra su cuerpo.-No soy
ningún pervertido. Aunque tú en verdad me excitas.-
-¿Por qué yo?.- interrogo Sue apartándose un poco del Faraón.
-Porque necesito un igual.- respondió Tut.- Alguien que pueda entender la
grandeza de mis actos y compartir mi gloria. No me sirven de nada estas salvajes
con su visión de un mundo guiado por dioses con cabezas de animal.- las
palabras de Tut estaban cargadas de desprecio. -Pero yo cambiare todo eso muy
pronto.- sentenció antes de tomar a su compañera con mayor fuerza.
-Yo nunca le amare.-dijo Sue sintiendo el calor que emanaba del cuerpo del
Tut. Este solo sonrió. -Eso es irrelevante.- Tut se coloco detrás de Sue y la
abrazo con deseo, sus manos se posaron sobre los erguidos y firmes pechos de la
mujer invisible quien no pudo evitar que su cuerpo entero se estremeciera bajo
aquellas caricias desconocidas. Los labios del Faraón comenzaron a recorrer la
nuca y el cuello de su presa con verdadero deleite. Mientras una de sus manos
abandonaba los delicados montes para ir en pos del valle de Venus. Lentamente se
fue acercando hasta la entrepierna de Sue para acariciar el delicado promontorio
y delinear sus limites pasando sus dedos por encima de la tela. Sue se percato
alarmada de que las caricias del Faraón tenían la facultad de despertar su
propio deseo.. turbada por ese pensamiento sujeto la mano del monarca y trato de
apartarse de él.
-¡Noo!... ¡Por favor!... No quiero hacerlo... no aquí... no con usted...-
Sue luchaba con todas sus fuerzas contra el efecto del rayo Ultra-diodo. Pera
ella el sexo era algo mágico, algo que solo podía dar con amor. ¡No podía
ser verdad que Tut lo tomaría de ella así nada más!...
El dolor en su cabeza se hizo tan intenso que se dejo caer de rodillas con
las manos sujetándole la cabeza. Tut la miraba en silencio mientras se
despojaba de su camisón, su cuerpo desnudo apareció en todo su esplendor y
lentamente se acerco a la mujer caída para tomarla en sus brazos y cargarla
hasta el lecho. Al llegar la deposito sobre los grandes cojines y tomando en sus
manos los pliegues del camisón desgarró la prenda de un firme tirón. De
inmediato el bello cuerpo de Sue quedo al descubierto, sus pechos erguidos
apuntaban al techo de la habitación como retando al mundo entero, su respiración
era agitada dando testimonio del conflicto que se libraba dentro de su ser..
mientras sentía las ardientes manos de Tut acariciando sus muslos desnudos. El
hombre del futuro contemplaba extasiado aquel cuerpo tendido a su disposición,
contemplando su perfecta simetría desde la punta de sus pies hasta las rodillas
y los muslos bien torneados, para luego mirar el delicado valle cubierto de una
fina capa de vello rubio, el firme abdomen que subía y bajaba por la acelerada
respiración lo mismo que los hermosos pechos blancos coronados por pezones
rozados.. finalmente estaba el bello rostro de facciones finas y delicadas, con
esos labios rojos y esos ojos azules, cerrados en ese momento.
Finalmente Tut pareció perder la paciencia y empezó a besar con furia los
bellos senos de Sue que se inflamaron totalmente al contacto de los labios
masculinos. Sue sintió que todo su cuerpo se llenaba de calor al tiempo que
dolorosos calambres parecían desgarrar sus entrañas. Su cerebro latía con
fuerza dentro de su cabeza y sus sentidos parecieron salirse de control enviándole
señales imposibles de comprender. Solo las manos de Tut recorriendo su cuerpo
tenían sentido, solo sus labios besando los suyos ó mordiendo alguna parte de
su cuerpo la mantenían en contacto con la realidad, mientras una salvaje
excitación se iba apoderando de ella. Sue estaba conciente de que todo era
producto del rayo Ultra-diodo, pero aún así no dejaba de reprocharse por
aquellos sentimientos. De pronto sintió que Tut hundía su calva cabeza entre
sus muslos y pegaba su boca a los labios palpitantes de su vulva enviando una
corriente de placer que la recorrió de arriba abajo. Deseaba maldecir, deseaba
morder, arañar pero de sus labios temblorosos solo escucho un gemido de placer.
-Perdóname.-fue su último pensamiento antes de caer en estado similar al
letargo, ya no intento oponerse a los deseos del Faraón, concentrándose
solamente en esa lengua que recorría el canal de sus labios íntimos provocando
que sus muslos se estremecieran sin control. Los pechos de Sue se agitaban
espasmódicamente denotando el grado de excitación a que estaba siendo
sometida. La lengua de Tut raspaba incansable el abultado clítoris de su
amante, mientras su dedo se hundía profundamente en las entrañas de . Las
manos de la mujer invisible se aferraron a la calva cabeza del Faraón sin poder
decidir si luchar por retirarlo o empujarlo más hacía sus carnes. En ese
momento el dedo del usurpador hallo su objetivo y presiono el punto secreto de
su amante. De inmediato Use se alzo de la cintura para arriba, con la mirada
afiebrada, abriendo las piernas al máximo para que Tut pudiera seguir con su
labor libremente acicateando más y más sus deseos. Al final la mujer del
futuro se dejo caer de nuevo sobre el mullido lecho y llevándose ambas manos a
la cabeza dejo escapar un gemido, más parecido a un aullido, al tiempo que un
chorro de líquidos seminales brotaban incontenibles de lo más profundo de su
ser con tal violencia que incluso le resultaba doloroso.
-¡YA!.. ... ... no puedo más... ¡¡No puedo mas!!- Use se soltó a llorar
mientras su cuerpo se convulsionaba sin control como si sufriera un ataque epiléptico.
Tut sonrió satisfecho y se dispuso a seguir adelante con su conquista.
Suavemente tomo una de las manos de su amante y la coloco sobre su miembro semi
erecto, Sue reacciono de inmediato al sentir en su palma la caliente piel del
Faraón y trato de apartarse de ella. Pero Tut mantuvo su mano en su lugar y
comenzó a moverse lentamente a fin de que su verga fuera ganando vigor en la
mano de su amante forzada. Nuevamente Sue noto que su cuerpo reaccionaba
independiente de su voluntad y que el contacto con el falo del usurpador le
estaba excitando rápidamente. Pronto se dio cuenta de que su mano sujetaba con
firmeza la carne del Faraón masturbándolo con movimientos febriles.
-Que grande...- dijo asombrada por el tamaño y el grosor del instrumento de
Tut.
-No me quejo.-dijo burlonamente el monarca egipcio.-Los hombres de mi tiempo
somos seleccionados cuidadosamente. Tenemos todos los atributos físicos que una
mujer pudiera desear... todos.-Tut coloco sus manos en los hombros de Sue y con
firmeza la hizo deslizarse sobre los mullidos cojines hasta que su pene quedo a
la altura del bello rostro de la mujer.-Enséñame lo que saben hacer las
mujeres del siglo XX.-dijo tomándola de los cabellos y guiándola hacia su
destino.
-No creo poder...- fue lo único que Sue pudo decir antes de que la hinchada
cabeza se posara sobre sus carnosos labios, lentamente su boca tomo la forma de
una "..O".. y rindiéndose una vez más dejo que Tut introdujera su pene
en su boca. Tut sintió como la delicada lengua de Sue acariciaba la piel de su
miembro, como le succionaba con fuerza la punta de su falo, mientras sus manos
toqueteaban sus testículos enviándole corrientes de placer. Pero no era el único
ya que contra su voluntad Sue también estaba muy excitada y en consecuencia
dejo que sus dedos se hundieran en su coño para provocarse su propio deleite.
Tut supo que había llegado el momento de tomar totalmente a la mujer invisible,
sin perder tiempo la tomo por los brazos y la hizo deslizar de nuevo hasta que
sus rostros quedaron frente a frente, entonces la besó de nuevo con pasión,
sintiendo en sus labios el sabor salado de su propia verga, pero eso no le
molesto. Por su parte Sue sintió que el hombre se acomodaba entre sus piernas y
al poco sintió como la gran cabeza roja se abría paso dentro de su vulva, la
penetración fue lenta permitiendo que Sue se adaptara al tamaño y grosor del
hombre del futuro.
Este por su parte arqueaba la espalda para poder tomar en su boca los
carnosos pechos de Sue devorándolos a su antojo. Al fin las caderas del hombre
hicieron contacto con los muslos de la mujer, toda la verga del Faraón estaba
dentro de Sue, la cual se sentía llena como nunca antes, la respiración se le
dificultaba y tuvo que hacer un esfuerzo para no desmayarse. Poco a poco aquella
pieza de carne comenzó a moverse provocándole espasmos de gozo. Como resultado
pronto su vulva se encontró lubricada por sus propios jugos facilitando así
las arremetidas, cada vez más rápidas, del monarca. La mente de Sue estaba
totalmente nublada, nunca supo en que momento sus piernas se cerraron en torno
al cuerpo de Tut para impulsarlo más contra sus entrañas.
-¡Aaaaahhhh!.... ¡Aaaaaahhhhhhh!.- era el único sonido que se escuchaba en
las penumbras de la habitación. Tut sentía que los músculos íntimos de Sue
le oprimían el glande cada vez que se hundía hasta el fondo de su presa.
Provocándole un placer casi insoportable. Finalmente ambos estallaron en un
crisol de éxtasis bestial.
-¡NO PUEDO MÁS!... ¡NO PUEDO!...- grito Sue al sentir la fuerzas del
torrente seminal de Tut estrellándose contra su matriz, a lo que ella respondió
con un caudal de iguales proporciones. Por un momento ambos quedaron inmóviles,
unidos por sus sexos como un solo ser recién formado. Cuando Tut recobro la
conciencia los primeros rayos del sol empezaban a iluminar las penumbras de su
recinto. A su lado Sue dormía profundamente, agotada por aquel noche de temor y
placer. Alegre, el hombre del siglo XXX se levanto y camino hacia la ventana,
bajo su vista se extendía su reino, pero no era suficiente.
Horas después, casi al alba, Sue despertó se sentía adolorida y muy
confundida. Por un momento no reconoció la habitación donde se encontraba,
pero de pronto los recuerdo llegaron a su mente y de un salto de puso de pie.-Al
fin despiertas querida.-fueron las palabras que sonaron a su espalda haciéndola
voltear de inmediato. Ahí estaba Tut saboreando una pieza de pan y un vaso de
leche de burra. Al verlo Sue rompió a llorar como una niña.
-¡Dios mío!... entonces es verdad... ¡no fue un sueño!...-
-No. Pero fue divino.-dijo burlonamente Tut contemplando con sádica alegría el
pesar de su bella víctima.
Mientras tanto, en otra lujosa habitación del palacio de Tut otras dos
figuras miraban el nuevo amanecer.-La extrajera debe morir.-sentenció fríamente
el engreído general Ozmandias.
-¿Cómo?.-interrogo su bella hermana Nefri .-Tut sospecharía de inmediato
de nosotros si algo le ocurre.-
-¿Sugieres que nos resignemos a perder el trono? ¡Eso nunca!.-rugió Ozmandias
haciendo a su hermana a un lado para salir furioso de aquel lugar. Nefri lo miro
marcharse con una gran tristeza en su mirada.-Desde que Tut tomo el poder todo
Egipto se ha corrompido.- -pensó mientras caminaba hacia la terraza de su
habitación para mirar el amanecer.-Mi hermano aún no comprende que Rama-Tut es
mucho más que un hombre. Pero tal vez esa extranjera pueda ayudarme a descubrir
su debilidad. Y entonces podremos echarlo de nuestras tierras..- Nefri camino
hasta una de las paredes de su cuarto, decorada con innumerables jeroglíficos y
presiono con firmeza uno de ellos. Al instante se abrió una puerta secreta y la
princesa egipcia desapareció en su interior
CONTINUARA...
AUTOR: "..EL MONJE"..