EL FANTASMA
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Capitulo 1: m/f
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Lo primero que me gustaría decirles es que cuando todo esto
que voy a contarles nos ocurrió, hace ya bastantes años, los fenómenos
paranormales (como se les llama ahora) eran casi del todo desconocidos y, las
cosas inexplicables que sucedían a veces eran solo "..cuentos de
fantasmas".., validos tan solo para asustar a los pequeños y a los que nadie
hacia caso.
Hoy en día parece que la gente cree mas en estas cosas, pero
estoy segura de que mi relato seguirá pareciendo tan fantástico en nuestros días
como cuando esto me sucedió.
Pero aun así creo que ya va siendo hora de que cuente lo que
nos ocurrió, a mi y a mi familia, en la casa encantada de mis abuelos, aquel
verano de hace ya tantos años.
Yo tenia por aquella época unos dieciocho años recién
cumplidos y era una chica muy delgada, todo huesos, con una cara bastante
vulgar. Supongo que por eso nunca había conseguido salir con ningún chico de
forma estable, por mas facilidades que les diera y por mas cosas que me dejara
hacer o estuviera dispuesta a hacerles para conseguirlo.
He de aclarar que por esas fechas ya no era virgen. Había
entregado la apreciada flor de mi pubertad a un pícaro vecino mío, unos años
mayor que yo, con la esperanza de que fuera mi primer novio de verdad. Algo que
él parecía dispuesto a hacer a cambio de sexo
El muy truhán siempre que salíamos me llevaba a los sitios
mas oscuros y apartados que conocía, donde poder meterme mano por todas partes
sin testigos, y donde podía masturbarlo cómodamente con las dos manos, como a
él le gustaba y me había enseñado.
Se pasaba las tardes chupando y mordisqueando mis largos
pezones. Pues, debido a que tenia muy poco pecho, estos destacaban bastante mas
de lo normal. La verdad es que en aquella época eran la única parte de mi escuálido
cuerpo que lograba despertar interés en los chicos.
Cuando consiguió vencer mi asco inicial, no había velada
que no acabáramos en algún oscuro rincón del vecindario, obligándome a mamar
su duro bastón hasta que manchaba mis manos, y a veces mi cara, con su espesa
virilidad, mientras me magreaba.
Al final aprovecho una tarde que no había nadie en su casa
para poseerme, venciendo mi escasa y débil resistencia con unas hábiles y
enervantes caricias por todo mi cuerpo.
Esa primera vez fue de lo mas doloroso y, si no llego a
experimentar un poco de placer al final, creo que no le habría dejado que me
volviera a poseer en ocasiones sucesivas.
Pero a la postre no me sirvió de nada el sacrificio. Pues en
cuanto hubo satisfecho sus sucios deseos, reiteradas veces, ya fuera en su casa
o en la mía, con mi consentimiento o sin el, se olvido de mi, y rápidamente se
busco a otra incauta chica a la que desvirgar.
Aquel año fui junto con mis padres y mi hermanita Rosa a
veranear a la vieja casona de mis abuelos, perdida en un pequeño valle,
bastante lejos del pueblo mas cercano.
Ocurría que estos hacia ya tiempo que vivían en un asilo de
ancianos de la ciudad, mis padres querían reparar la casa, para alquilarla a
los turistas que nos empezaban a invadir.
Como debido a mi escaso atractivo físico y a mi árido carácter
casi no tenia amigos, no me importo demasiado pasar las largas vacaciones en el
campo acompañada de la familia.
La verdad es que la casa estaba bastante mas apartada del
pueblo de lo que esperaba.. y, aunque no les quise decir nada a mis padres, no veía
probable que algún turista quisiera recorrer varios kilómetros por un
descuidado sendero de tierra en mal estado, para llegar hasta el viejo caserón.
Este, por suerte, estaba en mejores condiciones que el camino
y, con bastante trabajo, podía quedar en un estado bastante aceptable en poco
tiempo.
Dado que había habitaciones de sobra me quede con una para
mi sola, aunque Rosa me insinuó que no le hubiera importado compartir la suya
conmigo. A mi me hacia mucha gracia que con sus trece años aun tuviera esos
detalles, propios de una niña mucho mas pequeña.
Sobre todo si teníamos en cuenta el cuerpo serrano que Dios
le había dado.
Pues la afortunada mocosa no solo era realmente guapa, sino
que a su edad ya tenia la delantera bastante mas grande y firme que la de mi
madre, y que la mía por supuesto.
Con el esbelto tipo que poseía, a poco que se cuidara,
llegaría a ser una gran belleza.
Pero, por mucho cuerpo que tuviera, seguía teniendo cosas de
cría pequeña, como el no poder dormir nunca sin la compañía de su osito de
peluche, que la hacían parecer mucho mas cría de lo que era en realidad.. y que
le restaban un poquito de fuerza a los celos, y la envidia, que yo sentía de
ella, aunque se que esta feo que lo reconozca.
Pues, aunque yo la quería con locura, no me hacia gracia ver
como la gente, y en particular los hombres, solo parecían tener ojos para ella,
cuando estabamos juntas las dos en algún sitio.
Me daba mucha rabia ver como hasta mis mejores amigos parecían
olvidarse de mi en cuanto mi bella hermana rondaba a nuestro alrededor, clavando
sus hambrientas miradas en el apetitoso y pletórico cuerpo de ninfa que ella
lucia inocentemente, sin malicia.
A los pocos días de estar en la vieja casona Rosa y yo nos
dimos cuenta de lo bien que le estaba sentando a nuestra querida madre vivir en
el campo.. pues, aunque aun ella no había cumplido los cuarenta, ahora parecía
que tuviera tan solo treinta, o incluso menos.
Se la veía ir todo el día de aquí para allá, la mar de
contenta, mejorando a ojos vista.
Cuando le pregunte por su secreto me insinúo, entre risas y
rubores, que el amor y, sobre todo el sexo, hacen maravillas en una mujer. La
verdad es que mi padre se tenia que estar portando magníficamente, pues la
mejoría era mas que notable, ya que todo su cuerpo parecía estar cogiendo el
volumen y firmeza que había perdido con la edad.
Fue uno de esos días cuando una mañana, al despertarme, me
di cuenta de que había estando haciendo cosas muy feas durante la madrugada.
Tenia las braguitas hechas un ovillo al pie de la cama, y el camisón arrugado,
y bastante húmedo a la altura de mi intimidad, como si lo hubiera mojado con
mis espesos fluidos, al acariciarme con él.
No tenia motivos para pensar que había sido otra persona la
que me había manoseado, pues no solo tengo la costumbre de cerrar mi cuarto
siempre con llave desde el interior.. sino que, además, todas las ventanas de la
casa tenían rejas.
Como el cálido escozor que sentía en mis partes mas nobles
no dejaba lugar a dudas, deduje que el calor de la noche me había hecho tener
algún sueño erótico, y que debido a el me había masturbado.. cosa bastante
rara en mi, pero que no era la primera vez que hacia, por supuesto.
Durante tres o cuatro días me desperté de la misma forma,
sin bragas, y con el camisón mojado por mis continuas travesuras nocturnas. El
suave escozor de mi intimidad me duraba un par de horas, mas o menos, y después
estaba todo el día con una alegría, y unas ganas de hacer cosas, que me hacían
recordar lo que insinúo mi madre aquel día.
Ella no solo parecía ya una jovencita, en el físico y en el
carácter, sino que llegue a pensar que podía estar embarazada, pues los pechos
se le veían mucho mas grandes y firmes.. pero no podía ser, pues mi padre
estaba operado desde que nació mi hermana, para que no tuviéramos ya mas
hermanitos. Y hasta yo sabia que eso era incuestionable.
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Capitulo 2: S/f, EX
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Y entonces llego la noche decisiva, la noche en la que me
desperté, siendo aun de madrugada, en mitad de un violento y poderoso orgasmo.
Aun no me había recuperado del mismo cuando me di cuenta de
que no era yo quien me estaba masturbando, sino que alguien me estaba poseyendo
muy suavemente con un miembro enorme, que me llenaba por completo, y que me
obligaba a tener las piernas totalmente abiertas de par en par.
Lo terrible fue cuando vi, gracias al resplandor de la luna
que entraba por mi ventana, que no había nadie montado sobre mi.
Pues veía perfectamente todo el dormitorio y en él no había
ninguna otra persona que no fuera yo.
Reconozco que me asuste muchisimo.
Quise gritar, y no pude, pues no me salía la voz.. pero oía,
claramente, mis jadeos entrecortados, ya que algo enorme seguía penetrando, sin
descanso, dentro de mi.
Después intente moverme, para escapar de lo que fuera que me
estaba violando, pero tampoco pude, parecía que mi cuerpo estuviera pegado a la
cama por muchisimas manos.
Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad pude ver, a
través del gran espejo que había en la pared de enfrente, sobre la cómoda,
como mi propio camisón de raso blanco era el que abusaba de mi, introduciéndose
dentro de mi intimidad, hasta el mismo fondo.
Pues por mas que me esforzaba solo veía un grueso cilindro
de oscuridad, justo en el centro de mi dilatada almejita, y el suave balanceo
del resto de mi cuerpo, siguiendo el suave ritmo de las firmes acometidas del
gigantesco e incansable miembro invisible.
Poco a poco se me fue quitando el miedo.. gracias, sobre todo,
al enorme placer que sentía cada vez que penetraba dentro de mi. Por eso no me
avergüenza reconocer que me hizo gozar varias veces, con fuertes y violentos
orgasmos, antes de que todo terminara.
Después del ultimo orgasmo me quede tan cansada que no me
quedaron ganas ni de gritar, ni siquiera cuando sentí como una especie de aire
helado que se paseaba por toda la habitación.
Así que me gire como pude, y me quede dormida casi al
momento.
A la mañana siguiente no sabia si lo que me había pasado
era el producto de algún sueño erótico mientras me masturbaba, o era
realidad. Decidí, por lo tanto, no decir nada todavía a mis padres, hasta no
estar segura de lo que estaba pasando, no me fueran a tomar por loca o
mentirosa.
Pues ni siquiera yo estaba segura del todo acerca de lo que
había sucedido.
Esa mañana había mercado en el pueblo, por lo que acompañe
a mi madre mientras mi hermana se quedaba a ayudar a mi padre, como siempre.
Aunque su aspecto era radiante, me sorprendió ver el interés
que mi madre despertaba en los hombres, los cuales la devoraban con la mirada.
Ella, orgullosa y algo coqueta, se paraba en todos los puestos, bromeando y
sonriendo ante sus continuos requiebros. Como andaba un poco rezagada, podía
escuchar los soeces y hasta groseros comentarios que ella provocaba a su paso.
En uno de los tenderetes encontró un fino vestido de lino
que pareció encantarle.
Como no había donde cambiarse accedió a la proposición del
amable vendedor de entrar en la parte trasera de su destartalada furgoneta a
probársela. Este, además de acompañarla, se quedo junto a uno de los
cristales, al igual que un puñado de chicos de mi edad, para no perderse ni un
solo detalle del strip-tease. A mi madre no pareció importarle el publico, pues
salió con el puesto, a pesar de que se le marcaban horrores los pezones en la
tela.
Esa noche cerré mi cuarto a cal y canto y me quede sentada
sobre la cama, temblando de miedo, a la espera de lo que pudiera pasarme. Como
el camisón de raso se estaba ya lavando llevaba puesto otro, algo viejo, de un
tejido muy duro y rasposo, cuyo tacto me provocaba estremecimientos solo de
pensar en lo que sentiría si se volvía a repetir lo de la noche anterior.
Debí quedarme algo traspuesta, pues no me desperté del todo
hasta que sentí ese curioso aire frío que se acercaba a mi cama. Me tape a
toda prisa con la sabana, pero no me sirvió de nada.
Note como si un montón de manos, muy hábiles, acariciaran
mi cuerpo por encima de la ropa jugando hasta con mi ombligo, y pellizcando
suavemente mis sensibles y rígidos pezones.
Creí oír como una voz que, susurrando, me preguntaba al oído
si quería volver a disfrutar.. y yo, con una voz muy débil, dije que no.
Las insidiosas caricias se hicieron entonces mas intensas y
enervantes, dedicando una especial atención a mis agradecidos pezones, ya
completamente rígidos, y a mi cálida entrepierna, cada vez mas húmeda y
excitada. Sin darme cuenta fui separando poco a poco los brazos y los muslos,
para sentirlas con mayor intensidad por todas partes.
Y cuando la voz me volvió a preguntar si quería mas placer
le respondí, con la voz ronca, que si.
Fui yo misma la que me despoje rápidamente de las incomodas
y húmedas bragas, y la que me abrí completamente de piernas, para que el camisón
me penetrara de nuevo hasta lo mas hondo, enardeciendo todo mi cuerpo con su áspero
roce mientras me invadía.
Esta vez tuve que taparme la boca con una mano, para que mis
gritos de gozo no se oyeran por toda la casa. En varias ocasiones sentí como si
unas fuertes manos acariciaran mis temblorosos senos por encima del camisón, y
rugí de placer, mordiendo la almohada, cuando me retorcieron los dos pezones a
la vez en mitad de un orgasmo bestial. No se cuantos mas tuve después de aquel.
Fue la noche mas salvaje que había vivido nunca.
Esa misma mañana me prometí que la repetiría todas las
veces que pudiera.
Pase pues el día hecha un verdadero saco de nervios,
deseando que llegara la noche de una vez, para poder sentir a mi nuevo amante
otra vez dentro de mi con su gigantesca presencia.
Esta vez había recortado un gran trozo de seda, de una pieza
de tela que guardaba mi abuela en el desván, y lo esperaba totalmente desnuda,
para que el fantasma, pues no se me ocurre otro nombre que suene mas apropiado,
no me manchara de nuevo el camisón.. pues estaba segura de que mi madre empezaría
a pensar cosas raras si me veía lavarlos tan de continuo. Este se introdujo
dentro de mi habitación a altas horas de la madrugada, como de costumbre, y
agradeció el detalle a su manera, acariciando todo mi cuerpo con la fina seda,
hasta que le tuve que rogar, entre suspiros, que entrara dentro de mi. Ni que
decir tiene que fue otra noche loca, en la que disfrute de lo lindo.
Y no solo por el sexo en si, sino también viendo como se
pegaba la pieza de tela a mi cuerpo, ayudada por una infinidad de viciosas manos
invisibles que moldeaban el contorno de mi silueta, pusiera la postura que
pusiera, mientras su gran presencia me perforaba a fondo sin descanso.
Cuando me quede dormida, de puro agotamiento, aun todavía
tenia el enorme miembro fantasma incrustado dentro de mi, penetrándome a
conciencia una y otra vez, cada vez mas violentamente, mientras sus ayudantes
invisibles se ensañaban de nuevo con mis doloridos pitones, estrujándolos sin
piedad, hasta hacerme sentir placer de tanto dolor.
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Capitulo 3: S/f, S/F, V, EX
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Así transcurrieron un par de semanas, en las que descubrí,
con muchisimo gusto, todo lo bueno que tiene el sexo. Y la mejor prueba de lo
que digo era ver lo bien que le sentaba a mi madre.
Esta, orgullosa del increíble cambio que estaba
experimentado todo su cuerpo, se dedicaba a lucirlo donde fuera. Digo esto por
como se vestía para ir al pueblo o a por leche a casa de unos vecinos
relativamente cercanos. A menudo solía contarnos que se había encontrado a los
hijos de estos vecinos en el río, o en pueblo. Esto no era raro, pero si me
extrañaba que los nombrara y tratara como unos mocosos cuando los dos chicos
eran mayores que yo.
Hasta que una mañana en la que tardaba demasiado en salir de
la vaquería de los vecinos entre y sorprendí a los chicos mientras enseñaban
a mi madre a ordeñar ocultos tras una vaca.
Interrumpieron la clase nada mas oírme llegar, pero el rubor
que tenían los tres, así como la camisa casi desabrochada de mi madre me
hicieron sospechar cosas muy raras.
Una noche, después de un buen rato de placer, oí como la
voz susurrante me decía que me pusiera enfrente del espejo. Cuando lo hice creí
que soñaba otra vez.
La que estaba reflejada era yo, pero mucho mas bella.
La cara, siendo la misma, parecía mucho mas bonita, sobre
todo la boca, que hasta yo la veía apetecible ahora que tenia los labios mas
gruesos. Los pechos eran mucho mas grandes y perfectos, con una amplia aureola
que enmarcaba mis preciosos pezones alargados. El culo era mas firme y respingón,
y hasta los muslos habían mejorado, haciéndose mas esbeltos y firmes. La
imagen que estaba viendo reflejada era una versión perfecta de mi cuerpo, pero
falsa como ya supondrán.
Cuando acabo el espejismo, la voz me dijo que podía hacer
que yo fuera así en realidad.. y yo, llorando, me puse de rodillas y le suplique
que lo hiciera.
La voz, riéndose de una forma muy curiosa, me dijo que no me
podía dar algo por nada.. y que yo debía darle, a cambio, lo mismo que recibía.
Le dije que no entendía nada y la voz me prometio que me lo explicaría al día
siguiente. Yo ya no pude pegar ojo pensando en el cuerpo que podría llegar a
tener, y el día se me hizo mucho mas largo esperando que volviera a visitarme.
La noche siguiente la voz me hizo salir al pasillo y, con
mucho sigilo, ir hasta el cuarto donde dormian mis padres.
Allí pude ver, a través de la puerta entreabierta de su
habitación, como mi madre, totalmente desnuda, estaba montando, fogosamente,
sobre mi padre.. el cual me dio la impresión de que estaba completamente
dormido, pues hasta se le escapaban unos pequeños ronquidos de vez en cuando.
En su espléndido físico aprecie que realmente estaba mucho
mas joven de lo que yo la recordaba, sobre todo sus lindos pechos que parecían
ahora los de una chica de mi edad. Empece a sospechar que el fantasma tenia
bastante que ver en el cambio que se había producido.. sobre todo cuando oí a
mi madre susurrar ... el culo ... ahora quiero el culo que tenia antes. La voz
que yo conocía tan bien le dijo que de acuerdo, que al día siguiente fuera al
lugar de costumbre en el bosque.
Acto seguido, y sin que mi madre dejara en ningún momento de
cabalgar fogosamente sobre mi padre, vi como se formaba a sus espaldas un
gigantesco miembro, hecho con las finas sabanas de franela, apuntando hacia su
diminuto agujerito.
Pense que el fantasma la destrozaría por dentro, antes de
que pudiera entrar todo eso por su orificio mas estrecho.. pero ella, echándose
todo lo posible hacia delante, recibió muy dócilmente, entre ahogados grititos
de dolor, el inmenso regalo que la voz le introducía por la entrada posterior.
Cuando vi que sus gemidos eran ya de placer, y no de dolor, y
que se movía como una ansiosa serpiente, para poder recibir aun mejor los
envites de ambos instrumentos a la vez, me marche de allí, silenciosamente.
Deseando, eso si, que acabara lo antes posible, para así poder tener yo también
mi parte. Pues me había excitado muchisimo viendo como mi madre se entregaba al
sexo con tanta pasión.. y, mientras la veía gozar, me acariciaba yo también el
cuerpo, pensando en lo que me esperaba a mi poco después.
Un rato mas tarde, mientras la voz fantasmal me mataba de
placer, a base de frenéticas y continuas penetraciones, me dijo que si mi madre
quería volver a tener el tipito que tuvo cuando era joven tenia que ofrecer
esas partes del cuerpo en sacrificio a los espíritus mágicos del bosque, y que
él solo era un simple intermediario, que cobraba su parte del trato como mas le
apetecía.
Con mucho sexo, como ya sabia, como había presenciado antes,
y como me aseguro que hacían también los espíritus, aunque ellos solían usar
su magia para obtener el máximo placer de sus encuentros con las mujeres que
requerían sus favores.
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Capitulo 4: S/F, S/f, V
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Al día siguiente, mientras mi hermana pequeña ayudaba como
de costumbre a mi padre en unas reparaciones, seguí sigilosamente a mi madre,
asesorada por la voz, hasta un apartado rincón del bosque. Allí pude ver como
ella se desnudaba por completo, dejando toda la ropa a un lado, mientras
aguardaba impaciente nuevas ordenes de la voz invisible.
Reconozco que me asuste muchisimo cuando vi aparecer una
pequeña manada de lobos de entre unos espesos matorrales. Si no grite fue
porque vi que mi madre se lo tomaba con mucha tranquilidad, como si los
estuviera esperando. La voz me susurro al oído que los espíritus del bosque no
suelen adoptar formas normales.. y que no me dejara llevar a engaño, que lo que
tenia ante mi no eran lobos normales, que esto era solo apariencia.
Pronto me di cuenta de que tenia razón, pues no se
comportaban como animales, ya que la media docena de lobos se pusieron a dar
vueltas alrededor suya, tranquilamente y en completo silencio, como esperando
que fuera ella la que rompiera el hielo e hiciera algo.
Mi madre, cuando por fin se relajo, se puso a cuatro patas
sobre la hierba y, agachando la cabeza, separo al maximo las piernas, mientras
decía lo mismo de la otra noche ... el culo ... quiero el culo.
Los lobos se fueron acercando poco a poco hasta ella, repartiéndose
a su alrededor.. y, como si lo hubieran ensayado, se pusieron a lamer todos su
cuerpo al mismo tiempo. Así, mientras unos le lamían los pechos, prestando
especial atención a sus pezones, otros se dedicaban a su intimidad y se
turnaban en degustar su entrada posterior, con un ansia que hasta a mi me estaba
excitando.
Cuando sus gemidos de placer se hicieron mas intensos uno de
ellos se preparo para penetrarla por detrás. Fue cuando me di cuenta de que en
verdad no eran normales, pues el miembro que lucia ese lobo era descomunal hasta
para una persona, y mas todavía para un animal.
El caso es que, como la noche anterior, mi madre volvió a
demostrar que era capaz de admitir cosas increíbles por su entrada mas
estrecha.
No solo albergo el enorme aparato con relativa facilidad en
su acogedor interior, sino que gozo horrores, gritando a voces su placer cuantas
veces quiso.. pues todos los falsos lobos se turnaron, silenciosa y
ordenadamente, para entrarle por la parte de atrás, ignorando su asequible
intimidad como si no existiera.
Cuando acabaron se marcharon en silencio, dejándola tirada
sobre la yerba, agotada y feliz, rezumando esperma por su orificio desgarrado.
La vi vestirse e irse al río a lavarse. Ya pensaba marcharme
cuando oí voces y risas.
Me acerque y pude ver a mi madre todavía mojada tonteando
con los hijos de los vecinos.
Uno de ellos le hablaba al oído mientras el otro le acariaba
un pecho por encima de la ropa.
No quería ver mas así que me fui cuando ya la estaban
tumbando sobre la hierba.
Esa noche le dije a la voz que estaba convencida y dispuesta
a sacrificar mi cuerpo para lograr ser como la imagen que vi en el espejo, pero
la voz me dijo que no era tan fácil.
En el caso de mi madre si, pues era su cuerpo el que
sacrificaba para volver a ser como era antes.. pero en mi caso era diferente,
pues yo tenia que sacrificar un cuerpo que fuera como el que quería, para
poderlo obtener a cambio. Lo cierto es que no entendí nada.
Como estaba hecha un lío me lo aclaro mas todavía, tenia
que sacrificar voluntariamente a mi hermanita para que mi cuerpo fuera tan
perfecto mañana como el suyo lo era hoy.
Yo, al principio, me negué.. pero la voz me dijo que no fuera
tonta, que si no lo hacia yo lo haría mi madre, pues los espíritus del bosque
se habían encaprichado de mi hermanita, y si no la habían poseído ya era
porque primero tenia que ser doncella, y aun le faltaban dos o tres semanas para
convertirse en mujer. Después caería bajo su hechizo sin duda.
La voz se dio cuenta de que no estaba convencida del todo, así
que me hizo ir al cuarto de Rosa, para que viera que era verdad todo lo que decía.
Cuando abrí la puerta la vi durmiendo, abrazada a su osito
de trapo como de costumbre.. pero, cuando me acerque mas a ella, me di cuenta de
que su peluche estaba tirado a los pies de la cama, junto con su arrugado camisón
infantil y que lo que abrazaba amorosa era otra cosa, muy diferente.
No se como podría describírselo, lo mas aproximado que se
me ocurre es decirles que era una especie de ovillo de carne, hecho a base de
docenas de enormes lenguas y labios.
Mi querida hermana gemía dulcemente, apretándolo con cariño,
mientras las bocas se desplazaban bajo sus brazos, poco a poco, para besarla por
todas partes, saboreando su cara y su cuerpo con total impunidad. Las enormes
lenguas que no lamían su lindo rostro se enroscaban sinuosas por todo su
cuerpecito. Dedicando, al igual que las bocas, una especial atención a sus
preciosos pechos, y a sus puntiagudos pezones, anormalmente gruesos y grandes
para una chica de su edad.
Luego vi como varias de las lenguas mas largas se introducían
bajo sus castas braguitas infantiles, penetrando por ambos laterales a la vez,
para lamer lo mas intimo de su persona, aprovechando la indecorosa separación
de sus piernecitas para alcanzar sus objetivos con mayor facilidad, degustando
su culito y su almeja a un mismo tiempo. Así fue como ella, sin despertar en
ningún momento, que yo sepa, alcanzo los primeros orgasmos de su vida a manos
de un raro ser fantasmal.
Mas tarde, cuando regrese a mi habitación, aun bastante
azorada, la voz me recordó que al cabo de pocas semanas mi hermana seria ya
mujer, y los espíritus del bosque la harían suya de un modo u de otro, así
que yo debía aprovecharme todo lo que pudiera, para mejorar mi cuerpo. No lo
dude mas y me puse a las ordenes de la voz, para que me dijera que era lo que
tenia que hacer.
Al día siguiente, me dijo, empezaríamos por la boca.
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Capitulo 5: S/f, S/F, V
Ese día mi madre trajo una vaca, que le habían prestado
durante unos días sus jóvenes amigos, y mi hermana se puso la mar de contenta,
pues nunca había visto una.
La voz me asesoro sobre lo que tenia que hacer. Y,
aprovechando que nuestros padres nos dejaron solas toda la tarde, lleve a mi
hermana al establo, para enseñarle como debía ordeñarla.
La pobrecilla vino la mar de contenta, y no sospecho lo mas mínimo,
aunque yo me di cuenta enseguida de que las ubres de ese gran animal no eran
como deberían ser, pues los extremos parecían diminutos glandes descapullados.
Después de lavar con abundante agua esas raras ubres convencí a mi ingenua
hermanita de que las ordeñara siguiendo mis instrucciones, y estuvo encantada
de hacerlo, disfrutando al ver salir de ellas tanta leche.
Cuando la voz así me lo indico convencí a mi cándida
hermanita de que chupara de una de las tetillas al mismo tiempo que la ordeñaba,
para probar así la leche autentica.
Al principio creí que no la convencería, pero después de
pensarselo un poco se puso a chupar ansiosamente, al tiempo que pegaba pequeños
tirones de la ubre. Desde donde yo estaba se veía claramente que le estaba
haciendo una buena mamada a algún afortunado espíritu del bosque.
Pero Rosa no solo no lo sabia, sino que estaba disfrutando de
lo lindo con el juego.. pues, entre risitas, me decía que la leche estaba
riquisima. Cuando la pequeña se harto de beber de las diferentes tetillas de la
vaca tenia toda la cara y la camiseta empapadas de una sustancia espesa, que yo
estaba segura de que no era leche, al menos no de vaca.
Para que el sacrificio fuera completo, esa noche me toco a mi
entregar mi boca a la voz.
Me hizo tapar la cara con el retal de seda y pase un montón
de horas sintiendo como penetraba el enorme miembro de tela en mi boca, una y
otra vez, al tiempo que sentía como pequeños mordiscos, pellizcos y chupetones
por todo el rostro.
Fue una sensación rarisima que me dejo con toda la cara
adormecida. A la mañana siguiente ya empece a notar una cierta mejoría en
ella, aunque no tanta como deseaba y quería fervientemente.
Pero la voz me pidió, riéndose, que tuviera algo de
paciencia, ya que en muy poco tiempo mi cuerpo seria como la bella imagen que vi
de mi rostro en el espejo, aquel día.
Para poder sacrificar los pechos tuve que armarme de
paciencia y esperar varios días, a que los espíritus del bosque volvieran a
reunirse de nuevo para mi. Los aproveche espiando las múltiples travesuras que
hacia la enigmática voz durante el día en la casa.
Aparte de mi madre, yo era la única que sabia que cuando
corría un aire fresco por la casa era que el espíritu estaba presente,
haciendo alguna de las suyas.. y, disimulando todo lo que podía, prestaba mas
atención que nunca a lo que pasaba a mi alrededor.
Así fue como pude darme cuenta de que lo que mas le gustaba
hacer al pícaro fantasma era provocar sexualmente a mis padres siempre que
tenia la mas mínima oportunidad.
Mi madre, por orden expresa de la voz, iba casi siempre sin
ropa interior, y la voz sabia sacar provecho de ello. En cuanto estabamos todos
reunidos para la comida o la cena, el espíritu se dedicaba a acariciar sus
pechos y su intimidad, hábilmente.. hasta que ella, la mayoría de las veces,
terminaba por correrse en su asiento, abochornada y en silencio.
Solo yo sabia, al ver sus durisimos pezones marcados
descaradamente sobre los vestidos, que el fantasma se los estaba pellizcando o
retorciendo.
Y alguna que otra vez fui testigo silenciosa de como la poseía
en los sitios mas insólitos, usando para ello un enorme pañuelo que mi madre
llevaba siempre encima.
Aunque nunca he hablado con ella sobre esto, se que
disfrutaba tanto como yo con estas salvajes penetraciones, pues solo había que
ver las caras de placer que ponía mi madre cuando la poseía, en la cocina o en
algún dormitorio vacío, mientras ella ronroneaba, como una gata en celo,
llorando de puro gozo.
Aun puedo verla, con las faldas levantadas, abierta de
piernas, con el paño incrustado en su intimidad, apoyándose de cualquier forma
sobre algún mueble, mordiéndose los labios para que no se oyeran sus gemidos,
mientras sus caderas se meneaban frenéticamente al ritmo de las fuertes
acometidas del picaro ente.
Capitulo 6: M/f, IN, V
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Para divertirse a costa de mi padre, usaba a mi hermanita,
por la que este sentía una especial predilección. Yo sabia que ella era la niña
de sus ojos, pero no supe del interés sexual que tenia para él hasta que un día
vi, desde la puerta, como se le formaba un aparatoso bulto en los pantalones,
bastante delatador, mientras le miraba las braguitas, aprovechándose de que las
estaba luciendo, inocentemente, mientras quitaba el polvo de un mueble, subida
en lo alto de una silla. El, mientras la sostenía para que no se cayera, metía
la cabeza bajo su reducida minifalda, para no perderse ni el mas mínimo
detalle.
La voz si debía saberlo, pues siempre estaba haciendo que la
pequeña Rosa se luciera delante de mi padre, usando para ello sus curiosos
poderes. Cada vez que creían estar solos, la voz soltaba sigilosamente algún
que otro botón de su blusa, o le descolocaba el vestido con cuidado, para que
este pudiera ver sin ningún esfuerzo los preciosos pechos de mi hermana.. pues,
por entonces, no usaba todavía sujetador, ni maldita la falta que le hacia.
No había día que no soplara por toda la casa un travieso
airecillo que permitía ver las castas braguitas de mi inocente hermanita en el
momento mas inoportuno, sobre todo cuando la víctima estaba subida en algún
sitio, o agachada de tal forma que no podía taparse adecuadamente para que los
demás no se las viéramos. Pero de todas formas, ella no se preocupaba en
ocultarlas, pues apenas le daba importancia a su posible desnudez.
La verdad es que he de reconocer que mi padre no era
precisamente lo que se dice un santo, y solía llevarse a Rosa para que le
ayudara en las reparaciones de la casa, ya que a ella le encantaban todas las
manualidades. Así podía toquetearla, de forma mas o menos disimulada, sin que
la ingenua de mi hermana se diera cuenta de lo que pasaba realmente.
Ahora que ya sabia de que pie cojeaba mi progenitor procuraba
espiarles a escondidas, pues era una forma como otra cualquiera de matar el
aburrimiento que me embargaba durante el día.
Así pude ser testigo de como lo hacia. Generalmente fingía
caerse, o tener que apoyarse, mientras reparaba alguna cosa, para poder
agarrarse a sus abultados senos, o a su culito respingón, sin que mi hermanita
recelara lo mas mínimo de sus tocamientos.
Una de las jugadas mas audaces que presencie fue cuando mi
padre la obligo a empujar con su cuerpo sobre un viejo somier, mientras él
restregaba su enrojecido rostro entre sus generosos senos, intentando apretar
sus oxidados tornillos. Mi hermanita era tan ingenua que incluso le preguntaba
si le hacia daño con sus empujones mientras mi padre disfrutaba de la dureza de
sus pechos, sin que la fina tela del vestido fuera obstáculo para sus manejos.
El muy descarado no dejaba de asesorarla todo el tiempo para
que no recelara al sentir sus labios incrustándose ávidamente en la cima de
sus senos. Mi progenitor realizo su labor con tal maña y destreza que para
cuando finalizaron el trabajo mi cándida hermanita tenia el vestido totalmente
empapado a la altura de los duros pezones, como muestra de lo mucho que la boca
de mi padre había disfrutado de ellos durante la ardua reparación.
Aunque me imagino que lo mejor de todo el verano fue sin duda
el día que madrugaron para irse a pescar los dos solos. Esa mañana salía
casualmente del aseo cuando sonó el despertador y oí a mi padre, ya vestido y
preparado, entrar en el cuarto de mi hermanita.
La oscuridad del pasillo me amparaba y me permitió ver como
a la luz del amanecer y con mucho cariño mi padre le quitaba el camisón y a
continuación le ponía las braguitas y su vestidito mas liviano de tirantes.
Rosa, adormilada, apenas prestaba atención a las afectuosas manos que recorrían
su anatomía descaradamente, sobándola con descaro.
Luego, mientras mi hermanita iba al baño pude ver como mi
padre hurgaba en su bolsa de playa, retirando de su interior la parte de arriba
de su bikini.
No se lo que paso aquel día, pero cuando Rosa volvió a
ultima hora de la tarde, y la acompañe a la ducha, pude apreciar que traía
colorado no solo sus altivos globitos sino también su pétreo culito.
(Si quieres saber lo que sucedió lee el relato "..DIA DE
PESCA"..)
Mi padre no solía dormir casi nunca la siesta, a diferencia
del resto de nosotras, que teníamos que descansar adecuadamente para poder
disfrutar mejor durante la noche.
Así que por las tardes se acercaba hasta donde estuviera
durmiendo Rosa, generalmente un sofá o una mecedora, y la contemplaba a placer,
durante largo rato. Aflojándole la poca ropa que solía ponerse si era
necesario para no perderse ningún detalle revelador.
Yo le vi hacerlo un par de veces, pero no dije nada. Porque a
fin de cuentas él, a lo mas que llegaba era a bajarle un poco las braguitas
infantiles, para ver su incipiente felpudito.
Y yo pensaba aprovecharme mucho mas de su adorable cuerpecito
de ninfa.
 ..
Capitulo 7: S/f, M/f, IN
 ..
El día que la voz me dijo que podía sacrificar los pechos
de mi hermanita, y la forma de hacerlo, la convencí de que se pusiera su
vestido de verano mas ligero, de tirantas, y me acompañara al mismo lugar del
bosque donde los lobos habían poseído a mi madre.. con la excusa de enseñarle
un nido de ardillas, con sus crías, que había encontrado paseando.
Rosa vino la mar de contenta y feliz, y no dudo lo mas mínimo
en subirse a las ramas de un árbol enorme, que yo le indique, para ver las
supuestas ardillas. Solo pudo echarles un rápido vistazo, pues enseguida la
rama sobre la que se apoyaba cedió, y ella incrusto sus voluminosos pechitos en
el agujero del árbol mientras abrazaba el tronco con sus brazos.
Por mas que la pobre grito no pudo soltarse de la trampa y
yo, desde abajo, solo fingía buscar una forma de bajarla. Mi hermana, llorando,
me dijo que las ardillas le habían roto el vestido y que le estaban mordiendo
las tetas. De todas formas no debían de hacerle demasiado daño, pues veía
claramente su cara, expresando todo el placer que sentía.
La pobre estuvo un buen rato atrapada en el agujero, hasta
que, sorprendentemente, se soltó sin mas, sin que ninguna de las dos hubiéramos
tenido que hacer nada en concreto.
Cuando Rosa bajo del árbol, con los pechitos al aire, vimos
que no tenia ninguna marca de dientes, aunque estaban bastante enrojecidos..
sobre todo los pezones, que seguían estando duros como piedras, para atestiguar
que algo raro les había pasado allí arriba.
A duras penas conseguí que no le dijera nada a mis padres,
con la excusa de que había sido todo culpa mía, y que me castigarían
severamente por dejarla subirse a los arboles.
Como realmente no tenia ninguna herida en los lindos pechos,
al final accedió a callarse, por hacerme un favor.. y yo se lo agradecí, invitándola
a dulces y pasteles en el pueblo.
Esa noche fui yo la que sufrí, y hasta goce, de las divinas
torturas que la voz tuvo a bien hacerme en mis tiernos pechos, usando el viejo
retal de tela.
Lo mismo me hacia delirar de placer, mientras me acariciaba
los senos con mil manos invisibles, que me tenia que morder la lengua para no
gritar de dolor, cuando me retorcía y pellizcaba los sensibles pezones, sin la
mas mínima consideración.
Sus caricias no cesaron en toda la noche, ni siquiera cuando
me penetro, durante varias horas, con su gigantesco miembro de seda.
Por la mañana, además de empezar su mejoría, tenia a los
pobres pezones tan irritados que el mas mínimo roce con el vestido me
molestaba, por lo cual estuve casi todo el día con los pechitos al aire. Para
alegría de mi pícaro padre, que no se perdía ningún detalle de lo que
empezaban a ser un par de preciosos pechos, cada vez mas bellos y lozanos.
No me cabe la menor duda de que tuvo que ser la voz la
culpable de que, ese mismo día, me quedara sin agua mientras me estaba
duchando.
Dado que mi madre había salido al pueblo de compras con mi
hermana hacia poco rato, tuve que ser yo la que ayudara a mi padre a reparar la
avería del lavamanos.
Mi padre me aseguro, muy sonriente, que seria cosa de un
momento, por lo que no me moleste en vestirme.. y, ataviada con mi corto batin de
baño, me senté como pude en la caja de herramientas, para sujetar la cañería.
Como aun me sentía cansada por el fogoso encuentro de la
noche anterior me quede un poco adormilada en esa postura, con la cabeza apoyada
en el lavamanos, escuchando los apagados ruiditos que hacia mi padre debajo mía,
mientras trasteaba en la vieja tubería.
Tenia las piernas bastante separadas para no molestarle cada
vez que tenia que coger una herramienta de la caja, por lo que me extraño
muchisimo notar el intenso roce de su ruda mano en mis sensibles labios menores,
mientras sacaba una gran llave inglesa.. cuyo áspero mango, al salir, aun rozo
mas a fondo mi intimidad, deslizándose insidiosamente por la rosada abertura.
Como era bastante consciente de que mi querido tutor nos había
salido bastante pícaro, me asome, poco a poco, para ver que estaba pasando hay
abajo.
De lo primero que me di cuenta era de que me había aflojado
el nudo del batin lo justo para que mis senos quedaran totalmente a la vista,
mostrándole su nívea desnudez, y sus cada vez mas atractivos fresones. Pero yo
aun se lo había puesto mejor, pues al haber separado ingenuamente mis piernas
le colocaba mi desprotegida intimidad a tan solo un par de palmos de su sudorosa
cabeza. Mostrándole así hasta el ultimo rincón de mi flor.
Como era la primera vez que mi padre mostraba algún tipo de
deseo sexual por mi, en lugar de por mi dócil hermana pequeña, decidí
continuar haciéndome la adormilada, y ver así hasta donde era capaz de llegar
con mi consentimiento. Mi padre no tardo en volver a guardar la llave inglesa en
la caja, volviendo a incrustarla como por equivocación en mi cálida y sensible
gruta, de forma aun mas ruda e insistente, al mismo tiempo que lo hacia.
Al ver que yo no reaccionaba de ninguna manera, aparentemente
dormida como un leño, apoyo su mano temblorosa en mi espeso bosquecillo oscuro,
mientras soltaba por fin la dichosa herramienta, deslizándola a continuación
por el resto de mi asequible intimidad.
De ahí paso directamente a acariciar y sobar el sugestivo
seno que había descubierto, donde tuve que hacer mil esfuerzos para contenerme
y que mi padre no se diera cuenta de lo mucho que me dolía el irritado pezón
mientras lo estrujaba con su ruda manaza.
Pero pronto lo soltó para volver a juguetear con mi húmeda
y acogedora cueva, donde se entretuvo metiendo los dedos, con muchisimo mas
cuidado que de costumbre, durante casi media hora, magreandome a placer todo el
orificio. Solo el regreso de mi madre y mi hermanita interrumpió sus picaras y,
por que no decirlo, gratas exploraciones intimas.
Desde ese día retrase el sacrificio del culo todo lo que
pude, pues era tan virgen por ahí como mi candorosa hermanita, y temía el
dolor que podían hacernos los espíritus. Sobre todo cuando me acordaba de los
enormes miembros que había recibido mi madre por ese sitio tan estrecho.
Cuando la voz me aseguro que se me acababa el tiempo, hice de
tripas corazón, y convencí a mi hermanita para que viniera a pasear conmigo
por el bosque.
Ese día habíamos bebido mucho liquido las dos, pues hacia
mas calor que de costumbre y, en un momento dado, Rosa se fue detrás de unas
matas para hacer pipí. Yo ya sabia lo que sucedería, así que la acompañe.. y
vi, asombrada, como crecía un grueso tronco justo donde caía su orina, sin que
ella se diera cuenta. Cuando acabo orinar, la oscura madera tenia la forma
exacta de un miembro de hombre, bastante grande por cierto, y apuntaba justo
adonde quería ir. Solo tuve que fingir que tropezaba para empujar suavemente a
mi hermanita y la gravedad hizo el resto. Se clavo el miembro de madera hasta la
raíz en el culo, entre desgarradores gritos de dolor. Yo, haciéndome la
sorprendida, fingí ayudarla, tirando de sus bracitos.. pero, en realidad, me
limite a ver como Rosa se empalaba sin querer, una y otra vez, en el afilado
tronco, mientras intentaba zafarse de la trampa.
Mi hermanita termino por rechazar mi ayuda, al ver de lo poco
que le valía, e intento liberarse por sus propios medios, apoyando firmemente
brazos y pies, y balanceando suavemente sus finas caderas hacia delante y hacia
atrás, tratando de encontrar el final de la impertinente raíz.
El sensual vaivén de Rosa fue haciéndose cada vez mas frenético,
quizás por el ansia de liberarse, o puede que por el desconocido placer que
empezaba a sentir, pues yo observaba que llevaba algún un tiempo mordiéndose
los labios para que no me diera cuenta de que sus encantadores gemidos eran mas
de gozo que de dolor.
Desde luego, recordarla allí, con su precioso rostro
sudoroso bañado de lagrimas, el vestido arremangado, rezumando fluidos por su
virginal intimidad, mientras meneaba su lindo trasero con ardor, es la estampa
mas sensual que había visto en toda mi vida.
Cuando al fin consiguió escapar, debido al fuerte espasmo
que provoco su violento orgasmo, quizás el primero de su vida, no me hecho en
cara el empujón, pero si estaba la mar de sorprendida por no haber visto ese
gran palo cuando se agachó para hacer pipí.
Al irnos recogí el largo y grueso palo del suelo, sin
problemas, pues la voz me dijo que mas adelante me haría falta. Esa noche me di
ánimos, recordando los gemidos de placer que había ahogado mi hermanita, para
recibir mi ración correspondiente.
Pero la voz me volvió a sorprender, pues en vez de ocuparse
solo de la entrada posterior, se ensaño con los dos agujeros a la vez, penetrándome
simultáneamente y haciéndome sentir llena como nunca me había sentido, ni me
volví a sentir. Llegue a romper la funda de la almohada de los mordiscos que le
di, impulsada por el dolor, y el placer, que sentí aquella noche.
Desde esa noche memorable, y hasta que nos marchamos, siempre
que la voz me venia a visitar, y era casi todas las noches, me penetraba por los
dos orificios, de uno en uno o a la vez, para recordarme que una mujer nunca
tiene bastante con un solo hombre.
Como, por desgracia, he tenido ocasión de comprobar tiempo
después durante mi matrimonio.
 ..
Capitulo 8: 2m/f, S/f, f/f, IN
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Yo mejoraba a ojos vista, igual que le sucedía a mi mama,
que ya se parecía mas a una hermana que a una madre. Ella me observaba con
extrañeza, quizás sospechando algo, pero estoy totalmente segura de que no
sabrá toda la verdad hasta que no lea este relato.
Me hacia gracia ver como me espiaba, con escaso disimulo, de
vez en cuando. Pero no tardaba en aburrirse e irse a buscar a sus jóvenes
amantes, en vista del poco caso que le hacia mi padre.
Sus esporádicos encuentros en el bosque acabaron convirtiéndose
en una especie de rutina, pues rara era la tarde que no acudía al encuentro de
los dos hermanos.
Supongo que algo tuvo que pasar en la vaquería, pues en vez
de ir nosotras a por la leche un buen día empezaron ellos a traérnosla a casa.
Vinieron tan temprano que solo mi madre estaba despierta para recibirlos. Mas
tarde la voz me comento, muy divertida, que había habido una gran fiesta
privada en la cocina. Fiesta que repitieron muchos días.
Una mañana la voz me despertó de improviso, diciéndome que
bajara en silencio a la cocina. Cuando lo hice pude ver que mi candorosa
hermanita había madrugado ese día, y hacia compañía a los pícaros hermanos
mientras mi madre se duchaba.
Lo malo es que su breve camisón infantil apenas velaba el
espléndido cuerpo desnudo que había debajo, y sus inocentes poses dejaban a la
vista demasiadas cosas. Los chicos, que no se perdían ni un detalle, no dejaban
de bromear con ella.. y Rosa, encantada, les seguía el juego.
Uno de ellos pronto se envalentono y decidió hacerle
cosquillas, de las que mi hermanita se defendió dando unas pataditas al aire.
Estas provocaron que hasta desde donde estaba yo pudiera ver su rubio felpudito
y su intimidad. El otro también se unió a la fiesta y ya solo vi manos metiéndose
por todas partes. Entre risas, quejas y jadeos las cuatro manos exploraban a sus
anchas bajo el camisón. Afortunadamente mi madre salió del baño al oír el
alboroto y los sorprendió en plena faena. Aunque Rosa se apresuro a colocarse
bien la ropa no pudo ocultar los estragos que el combate amoroso había hecho en
los tres contendientes.
Ni que decir tiene que los viciosos hermanos no volvieron a
pisar mi casa, teniendo que recurrir de nuevo a la intimidad del bosque para sus
frecuentes encuentros con mi madre.
Cuando la voz me aviso de que esa noche tendría lugar el
sacrificio final, accedí muy a gusto.. pues la única virgen que quedaba en la
casa era Rosa, y no lo consideraba justo.
Esa velada, poco después de la media noche, entro mi
hermanita en mi dormitorio y, la mar de ilusionada, me confeso que ya era toda
una mujer, aunque casi no había sangrado.
Yo la convencí para que pasara la noche conmigo, y la muy
ingenua accedió encantada.
Poco a poco fui llevando ladinamente la conversación hasta
que acabamos hablando de chicos y, mientras yo le hablaba acerca del sexo, le
iba haciendo pequeñas caricias, cada vez mas enervantes, sobre su camisón
infantil, para ilustrarla a conciencia sobre el tema.
Cuando note que la pequeña estaba bastante excitada pase a
atacarla en serio.. y, a la vez que estampaba dulces besos en su cara y en su
cuello le solté todos los lazos del camisón, para apoderarme por fin de sus
lindos senos desnudos y conseguir así ponerla a cien.
En cuanto estuvimos las dos desnudas empece a acariciar
suavemente su intimidad, y a rozar mis pechos contra los suyos, hasta que se nos
endurecieron los pezones a las dos.
En el momento en que mas excitada estabamos me metí dentro
de mi intimidad, sin que ella se diera cuenta, el tronco aquel de madera, que la
voz me había dicho que guardara bajo mi almohada.
Aunque acogí en mi interior todo lo que pude, sobresalía
mas de la mitad fuera de mi. Era caliente al tacto, y se movía como si fuera
una especie de ser vivo.
Aproveche que Rosa estaba situada en ese momento encima mío
y, antes de que se diera cuenta de lo que pasaba, conseguí penetrarla a la
primera con un seco golpe de riñones.
Mi hermanita, que estaba besándome en ese momento, intento
gritar, pero yo apreté su cabeza contra la mía, para que no se oyeran sus
aullidos.
En agradecimiento me dio un fuerte mordisco en el labio que
me hizo sangrar.
También intento mover las caderas para apartarse, pero el
instrumento parecía tener vida propia.. y, en vez de separarse, lo que la pobre
conseguía era metérselo cada vez mas adentro clavándoselo hasta la empuñadura.
Al final tuvo que claudicar, dejándose llevar por el placer,
como hacia yo, mientras mezclábamos nuestros interminables gemidos de gozo como
buenas hermanas y amantes.
Como el extraño chisme no paraba de moverse, aunque nosotras
nos estuviéramos quietas, tuvimos varios orgasmos muy seguidos. Rosa, supongo
que debido a la falta de costumbre, se durmió, de puro agotamiento, estando
todavía enganchada, y subida encima de mi.
La bella durmiente se apodero de uno de mis senos con sus
manitas, y se puso a chupar el largo pezón como si fuera un bebe, mientras que
se le escapaba, de vez en cuando, algún que otro tierno gemidito de placer.
Yo seguí jugueteando con sus bonitos pezones, pues era una
autentica delicia ver como respondían a mis suaves caricias, endureciéndose
bajo mis dedos una y otra vez mientras amasaba sus túrgidos senos. Seguí
disfrutando también del aparato, incluso cuando la voz vino a reclamar su
parte.
Tapándonos con el viejo retal de tela, nos penetro a las dos
por detrás, simultáneamente, pasando de un orificio a otro.
Yo, como ya estaba acostumbrada, lo recibí con mucho gusto.
Pero mi hermanita, como era tan solo su segunda vez, se revelo contra la
intromisión, meneando, inútilmente, su bonito trasero.. y, como seguía
dormida, me mordió el pezón mientras lo hacia, con tanta saña que me dejo una
marca de recuerdo, que aun hoy conservo.
Por la mañana mi pobre hermanita se marcho del cuarto
mientras yo todavía dormía agotada, sin squiera despedirse, con la cabeza
hecha un autentico lío, y tardo algún tiempo en perdonarme el que la hubiera
despojado de su virginidad.
Con el paso de los años lo hizo.. pero, hasta que no lea este
relato de mis memorias no sabrá los verdaderos motivos que me impulsaron, solo
en parte, a desgraciarla de esa manera, privándola rudamente de su malograda
virginidad.
Dentro de unos días iré, con mi marido y mi adorada hijita,
a la vieja casona de mi abuela, pues ya pronto cumpliré los odiosos cuarenta, y
a mi hija, que es una verdadera preciosidad, aun le faltan unos dos o tres años
para llegar a ser una mujer.
Creo, por tanto, que ahora es el momento oportuno de
recuperar la belleza que siempre me ha caracterizado, desde que pase aquel
glorioso verano en compañía de un pícaro fantasma que me convirtió en lo que
soy ahora.