Dominado en Palermo
Enviado por Fer el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

 Estaba bien al pedo sentado en un bar de Palermo, haciendo tiempo para una entrevista de trabajo. A
mi siempre me atrajeron las mujeres pero desde hacíá poco que tenía la fantasía de estar con un
hombre. El bar estaba lleno y cuando entró el tipo, tendría unos 65 ( yo 32 ), no dudé en hacerle
una seña para que se sentara en mi mesa. El sonrió y se sentó. Entablamos una conversación
irrelevante, cuando de pronto preguntó de la nada:
 - " ¿ Te estoy incomodando ? "
 Yo sabía que era cierto, me incomodaba su mirada, sentía que me dominaba y eso me prendía fuego. Se
lo dije.
 Tras un largo silencio, volvió a preguntar
 - " ¿ Y eso te gusta ? "
 - " Me encanta ".
 Pagamos la cuenta. Yo pensé que todo iba a quedar ahí pero de pronto me dijo
 - " Vamos a jugar un jueguito. Yo te voy a dar órdenes y vos las vas a seguir al pie de la letra,
quiero que seas mi esclava. Si voy demasiado lejos, simplemente me decís basta y listo, se terminó
el juego. ¿ Está bien ? "
 Yo estaba como nunca de excitación, tanto que me olvidé de la entrevista. Pagamos la cuenta.
 - " Vamos a mi casa ", dijo.
 Caminamos en silencio unas cuadras y luego entramos en un departamento. Ya en el ascensor me agarró
de los pelos y tiró mi cabeza hacia atrás.
 - " Abrí la boca y sacá la lengua ", me ordenó. Cuando lo hice me escupió dentro de la boca, yo,
involuntariamente gemí. Tenía algo de miedo, quería contarle que sólo una vez y hacía mucho tiempo
había estado con un hombre, pero no dije nada.
 Entramos a su casa y yo quedé petrificado. En el sofá, mirando la tele, había otro tipo más, mas o
menos de la misma edad que él.
 " Mirá lo que te traje. Una nenita sumisa ", y me arrojó sobre el sofá al lado del otro. Yo, de la
calentura que tenía, pues sabía que esta vez no me iba a poder escapar, no podía dejar de contornear
la espalda y moverme como una gatita. Me desvistieron diciéndome obsenidades y cada tanto alguno de
los dos me daba un cachetazo en la cara o en la cola. De un ropero sacaron ropa de mujer y me
vistieron. Al verme así vestida, en medio de esos dos tipos, creo que prácticamente me derretí. Me
cogieron toda la noche, en todas las posturas posibles, acabando varias veces y siempre en mi boca,
pero no me dejaron acabar a mi sino casi cerca del amanecer.
 En ningún momento pude decir basta y realmente me encantó. Ahora siempre vuelvo al mismo bar pero
nunca lo encuentro. Tan caliente me dejó esa experiencia, que no veo la hora de repetirla.
 

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