Sesión de Dominación
Enviado por Bukanero_JB el día Jueves 1 de Enero de 1970
 
La nota era tan sencilla como autoritaria. Esa misma tarde debía dejar al
niño en casa de los abuelos y acudir, a las siete en punto, a la dirección
indicada. Un sencillo te quiero despedía esa hoja de papel, cuidadosamente
doblada, junto a un pequeño ramito de flores.

Como cada mañana ella se levanto un poco después de que él marchara al
trabajo. Se despidieron como de costumbre en la cama con unos dulces besos
de buenos días. De vez en cuando, al acercarse a la mesa de la cocina,
encontraba alguna nota sobre la mesa, eran notas en las que él acostumbraba
a decirle lo bonita que era, o cualquier otra cosa que se le ocurría, sin
embargo esta era distinta. Durante un instante pensó en llamarlo por
teléfono, pero en seguida recordó que no podía hacerlo, él se lo había
dejado claro en la nota, no volverían a verse ni hablarían hasta la noche.

Ella no paraba de pensar, no sabia de que se trataba, el no era muy dado a
este tipo de sorpresas, así que estaba un tanto desorientada. Su impaciencia
hizo que el día le resultara interminable. A la hora prevista acudió a la
dirección indicada, era un sencillo y discreto hotel. En recepción le
entregaron las llaves de una habitación. No se había arreglado
excesivamente, la nota también era clara en ese aspecto. No era necesario
que llevara nada ni se vistiera de ningún modo especial, sencillamente tenia
que acudir.

Se dirigió hacia la habitación, estaba nerviosa, no sabia lo que se iba a
encontrar. Se tranquilizaba diciéndose para si misma.me habrá preparado una
noche romántica, el día a día , el niño, el trabajo. merman mucho la
relación de pareja y de vez en cuando hay que dedicarle un poco de atención.
Ya estaba ante la puerta, abrió sin llamar. No había nadie. La habitación
era amplia pero al mismo tiempo acogedora, sobre el sofá había otra nota.

"Gatita.Recuerdas cuando jugábamos con la idea de que tu eras mi esclava y
podía disponer de ti para lo que quisiera. Recuerdas cuando me entregaste
aquella carta en la que te entregabas sin reservas a mí. Hoy ha llegado el
día. Hoy tienes la oportunidad de ofrecerte sin límites a mí y disfrutar de
ello. Llegare a las nueve. Te quiero.

Debes prepararte para mí. En el lavabo encontraras maquillaje y perfume, y
en armario de la habitación la ropa que debes llevar".

Lejos de tranquilizarla, la nota aun había puesto más tensión en ella. Sin
embargo estaba excitada. Es cierto, hacia algún tiempo que habían hablado
sobre la posibilidad de adoptar una relación de sumisión, sin embargo nunca
llevaron a la practica esas ideas. Y ahora que lo pensaba no sabia el
porque, en el fondo siempre le habían seducido sentirse dominada por él,
pero quizás por falta de comunicación la idea se fue diluyendo hasta acabar
olvidada.

Pero no quería pensar en nada, tenia que vaciar su mente y prepararse,
aunque no le resultaba sencillo, no sabía que iba a ocurrir, pero confiaba
en él. Se dirigió al lavabo y allí se desnudo. Se miro en el espejo y se
sintió hermosa. El siempre se lo decía. No era muy alta pero su cuerpo era
proporcionado y sus pechos aunque pequeños eran muy lindos. Abrió el grifo
de la ducha y dejo salir el agua hasta sentirla calida, se coloco bajo el
chorro de agua y se enjabono. Después cogió el mango de la ducha y empezó a
aclararse, llego a su sexo y se concentro en el, quería dejarlo realmente
limpio. El solo pensar en que pronto iba a ofrecérselo la excito, el chorro
de agua calida sobre su clítoris hizo el resto. Hacia tiempo que no se
masturbaba así, aunque le gustaba hacerlo y le resultaba fácil llegar al
orgasmo de ese modo. No fue sencillo, deseaba seguir hasta correrse, pero
decidió parar. Quería estar muy caliente para el.

No podía entretenerse demasiado, el llegaría a las nueve y tenia un montón
de cosas por hacer. Menos mal que se le había ocurrido depilarse en casa,
sin embargo tenía el sexo con demasiado vello. Recordó que a el le gustaba
depilado, rebusco entre las cosas que había en el lavabo y encontró una
cuchilla. Se sentó en la taza del lavabo, abrió sus piernas y empezó a
depilarse. Sin el vello se veía mucho mejor, ardía por dentro, deseo de
nuevo acariciarse pero no lo hizo. Se levanto, se aclaro y se envolvió en un
suave albornoz.

Se seco un poco el pelo, pero no mucho, así le quedaba de un modo más
natural, como le gustaba a él. Se maquillo, mucho mas de lo que era habitual
en ella, sobretodo los ojos con un color bastante oscuro lo que le daba un
aire mas racial, y para acabar el perfume. Había un frasquito de esencia de
vainilla, el mismo perfume que ella utilizo la primera vez que se vieron.

Abrió el albornoz y lo dejo caer al suelo, desnuda se miro en el espejo del
baño.

Recogió un poco las cosas y fue hacia el armario de la habitación.
Cuidadosamente colocada estaba la ropa que debía ponerse. Una fina malla
para todo el cuerpo y unos zapatos de piel con un tacón altísimo, todo era
de color negro. Abrió una pequeña caja esperando encontrar algo mas de ropa,
pero solo había un collar de cuero, unos brazaletes y unas tobilleras,
también había un par de pendientes. Al verlo se sintió. feliz, poco a poco
se iban disipando las dudas sobre las intenciones del encuentro.

Empezó a vestirse, busco de nuevo unas braguitas, pero no las encontró, así
que supuso que no debía llevarlas. Se vistió la malla, era de media fina y
no le cubría en absoluto, además en la entrepierna tenia una abertura que
dejaba su sexo completamente expuesto, sin embargo se sentía a gusto con
ella, se calzo los zapatos y junto a ellos sobre la malla las muñequeras y
las tobilleras. Se acerco al espejo para colocarse el collar y al verse en
el no pudo evitar sonreír.Estaba realmente preciosa, se sentía esplendida.

Miro la hora en la pantallita del móvil, eran las 9.en ese mismo instante
recibió un mensaje "Hola gatita, supongo que has seguido mis instrucciones.
Ahora debes apagar las luces y colocarte sobre la cama a cuatro patas, las
piernas no debes juntarlas. Cierra los ojos y espérame" Justo leyó el
mensaje antes de obedecer.

Estaba prácticamente desnuda sobre la cama de un hotel y a expensas de los
caprichos de su pareja, sin embargo se sentía muy feliz. Obedecía
ciegamente, y esa entrega la llenaba de un modo que jamás había imaginado.
Los minutos pasaban y el no llegaba, comenzaba a impacientase, pero no se
movía lo mas mínimo de la posición que había adoptado. De repente oyó la
llave girar la cerradura y un escalofrío recorrió su cuerpo, por un momento
imagino que cualquiera podría estar acercándose a ella.pero enseguida lo
reconoció, era su olor, su colonia, eso la tranquilizo. Se acerco a ella y
le acaricio la mejilla, después su mano recorrió su espalda hasta llegar a
sus nalgas, la acaricio varias veces antes de comprobar a través de la
abertura de la malla la humedad de su sexo.

-Puta, estas verdaderamente mojada.

Solo con oír esas palabras sintió como todavía se humedecía más. El nunca la
había tratado así, pero le gustaba, le gustaba sentirse su puta.sentía que
estaba pediendo los papeles ¿Cómo podía sentirse tan a gusto oyendo eso? No,
eso no esta bien se decía a si misma...pero no le contesto

Noto como le colocaba una correa en el colar y encendía una pequeña luz en
la cabecera de la cama. Todavía estaba con los ojos cerrados y oía como él
estaba preparando algo. Le dio permiso para abrir los ojos. Cuando lo hizo
encontró sobre la misma cama una bandeja con un poco de comida y un cuenco
con agua. El estaba allí, a su lado, y con voz tierna le dijo:

-debes comer, la noche será larga, pero no debes usar tus manos, comerás y
beberás directamente de los cuencos como la perra que eres.

Esto ya era demasiado, no alcanzaba a saber que pretendía exactamente con
todo eso, pero decidió dejar de pensar, en realidad se sentía bien. Lo miro
tiernamente a sus ojos justo para escuchar

-Antes de continuar, amada, debes contestarme ¿Estas dispuesta a aceptar
todo lo que voy a pedirte esta noche?

Transcurrieron dos segundos que se sintieron horas.

-Si, vida mía, te quiero.

-Yo también te quiero, pero además deseo poseerte como nunca lo hice, quiero
que te entregues a mí sin límites. Quizás vas a sentirte humillada,
ultrajada, sentirás dolor, pero cuando terminemos me habrás ofrecido aquello
que nunca tuviste el modo de darme, aunque hubieras deseado hacerlo. No
servirán de nada tus llantos o tus suplicas, solo si ves que estas llegando
a tu limite deberás decir con decisión la palabra "rojo", solo en ese caso
daremos por acabado lo que ahora vamos a empezar.

-Desde este momento me llamaras señor y tu mirada será baja, a no ser que te
pida ver tus ojos.

-Si señor, respondió con voz dubitativa.

-¡No te he escuchado bien!

-Si mi señor, respondió de nuevo alzando la voz.

-Bien, ahora quiero que comas.

Nunca había comido de unos cuencos, le resultaba difícil. El la observaba y
ella lo sabía, sentía una vergüenza terrible porque debía sacar la lengua y
además se estaba manchando la cara.

-Ahora iremos al lavabo para que puedas lavarte y repasarte el maquillaje,
pero recuerda que debes ir a cuatro patas, perra.

La agarro de la correa que le había puesto en el collar y la llevo hasta el
lavabo. Andaba tras de él por la moqueta con la cabeza gacha, cuando llego
al lavabo le dijo:

-Bien, ahora puedes levantarte, cuando estés lista vendrás hacia mí de nuevo
a cuatro patas.


El se dirigió hacia una silla de la habitación, se sentó en ella mirando
hacia la puerta del lavabo.

Transcurrieron unos minutos cuando la vio aparecer, no necesito demasiado
tiempo para arreglarse un poco y sonreír de nuevo al mirarse en el espejo,
no sabia que le ocurría, pero era feliz en su nueva condición. Se acercaba a
él andando por el suelo llevaba la mirada baja y arrastraba la correa que
había dejado enganchada en su collar. Estaba preciosa. La malla que cubría
su cuerpo le confería un aspecto de animal de lujo. El movimiento de sus
muslos al gatear era tremendamente excitante. Cuando llego hasta él se
detuvo.

-Bien, ahora te sentaras en esta silla.

Antes de que se sentara la orientó hacia la puerta de entrada. Ella seguía
con la mirada baja. Abrió una pequeña maleta que ella de reojo intento
averiguar que contenía. Saco una mordaza de bola que le coloco en la boca.
Le resultaba incomoda pero la acepto. El, pausadamente cogió el móvil,
parecía que estaba enviando un mensaje. Ella al darse cuenta de lo que
estaba haciendo alzo la vista e intento hablar con el, no entendía que
pretendía hacer con el teléfono, pero la mordaza le impidió expresarse con
claridad.

-¿Quien te ha dado permiso para hablar?

-¿Quien te ha autorizado levantar la mirada? Recuerda, eres mi perra y debes
ser disciplinada, las desobediencias se corrigen con castigos. Esta es la
última que te acepto.

Rápidamente bajo la mirada y callo, sentía como poco a poco se iba
abandonando a las órdenes que recibía.

El acabo de utilizar el móvil, seguro que había enviado un mensaje.pero ¿Qué
mensaje? ¿A quien iba dirigido?, y de repente sintió tanta excitación como
preocupación. Si esa era la palabra, preocupación. Miedo no, lo conocía
desde hacia mucho tiempo, convivía con el y sabia que era incapaz de hacerle
ningún daño.pero.estaba tan cambiado.

Seguía sentada en la silla, la mordaza en la boca no le permitía tragar la
saliva y empezó a babear.

-Bien, amada mía, ahora te cubriré los ojos.

No contesto, seguía con la cabeza agachada. Cogió una ancha venda de seda y
le cubrió delicadamente la vista.

-Ahora voy a atarte, Quiero que abras las piernas.

¿Como podía ser? tanto tiempo juntos y se sintió mas desnuda que nunca.
Notaba como la iba sujetando a la silla. Unas cuerdas la amarraban por los
tobillos, otra la mantenía oprimida contra el respaldo. Esta última le
presionaba los pechos y se los realzaba, la cuerda blanca sobre la fina
malla negra aun lo resaltaba más. El roce de las cuerdas y de sus manos
anudándolas la excitaron tremendamente, empezó a sentirse mojada. Sus
pensamientos se difuminaban.De repente sonó el timbre.

Se sobresalto, una ola de calor recorrió todo su cuerpo, recordó que estaba
desnuda, abierta y atada justo en frente de la puerta. Intento hablar de
nuevo, quería decirle que no abriera la puerta, pero no pudo, la mordaza se
lo impedía, forcejeo para zafarse de las cuerdas pero era imposible.

-¡Un momento por favor!

Se dirigió a ella.

-Veo que no entiendes las cosas. Te advertí sobre tu comportamiento.

Con rudeza le cojió el pezón del pecho y se lo pellizco. Le dolió muchísimo
y gimió.

-Recuerda, eres MI puta, MI perra. La próxima vez será mucho peor.

Con dulce voz le dijo:

-Te lo volveré a repetir ¿deseas seguir con esto?

Estaba completamente loca, pensó ella, pero asintió con la cabeza.

Oyó como le decía:

Bien.gatita.

Antes de escuchar sus pasos dirigiéndose hacia la puerta sintió como
acariciaba su pelo. Estaba abriendo la puerta.se sintió tan acalorada que
por un momento pensó que iba a desmayarse.

No podía moverse, además no veía nada. La maldita mordaza la estaba haciendo
babear tanto que notaba como su saliva ya había llegado hasta su sexo.
Estaba tan excitada como angustiada.no sabia que le iba a deparar el resto
de la noche ¿quien demonios estaba entrando en la habitación?


Oyó voces, era una mujer que con una agradable voz saludo.

-Hola, ¿Qué tal?

-Estupendamente, respondió el. Pasa por favor.


Si, recordó, "rojo", esa es la salvación, pero.en realidad no quería acabar
con la situación, solo que no podía controlarla... Escucho como la puerta se
cerraba y se dirigían hacia donde estaba ella.


-Aquí esta mi perra, preparada para su adiestramiento.

-Hermoso animal, contesto ella mientras la acariciaba levemente. Amablemente
pidió que le retirara la venda de los ojos.

Sintió como le descubrían la vista, casi no se atrevía a abrir los ojos.
Mantuvo la vista baja, pero fue suficiente para poder ver delante suyo el
cuerpo de la mujer. Era alta, y aun mas con los tacones de sus botas.
Llevaba un abrigo largo, y un agradable perfume.

-Mi nombre es Diana, y por indicación de tu señor voy a iniciar tu
entrenamiento como sumisa. A partir de ahora tu nombre será florete, ha sido
escogido especialmente por él y solo por eso debes estar orgullosa.
Retirándole la mordaza de la boca le dijo.

-Ahora quiero que me mires a los ojos y me digas si accedes a ser adiestrada
por mí.

Ya empezaba a dudar si estaba inmersa en un sueño, lo que le estaba pasando
era algo impensable solo unas horas antes.pero se sentía sumisa, su entrega
la llenaba de una dulce placidez. Alzo la vista y vio a Diana. Era una guapa
mujer. Debía tener treinta y bastantes años, estaba perfectamente maquillada
y una lisa y peinada melena de color caoba.

Miro a su amado buscando la respuesta, el asintió reflejando en su gesto la
satisfacción del momento.

-Si, contesto en voz baja.

-¿Cómo has dicho?

El tono en la voz de Diana hizo que rápidamente bajara la mirada y
replicara.

-Si mi señora.

-Bien, desátala por favor, voy a prepararme.

Mientras florete iba siendo liberada de sus ataduras Diana se despojo de su
abrigo. Iba totalmente vestida de negro, las botas eran altísimas, por
encima de la rodilla, llevaba un corsé anudado que estilizaba su silueta
alzando sus pechos. Lucia un tanga de un material brillante, al igual que el
corsé, y unas medias también negras llegaban hasta lo alto de sus muslos
quedando sujetas al corsé por unos ligueros. Del bolsillo de su abrigo saco
una especie de látigo con muchas tiras y una empuñadura que asemejaba un
pene. Lo deposito sobre la cama. Mientras, florete había sido liberada de
las cuerdas.

-Levántate y ven aquí, ordeno Diana.

Florete se acerco mientras su amado se sentaba cómodamente en un butacón.

-Vamos a ver que podemos esperar de esta zorra. Date la vuelta y abre las
piernas.

Ella obedeció, aunque con la mirada intentaba esperar un gesto de aprobación
por parte de su Señor. Quería entregarse a el, pero a nadie mas, pero el
estaba consintiendo de buen grado que Diana tomara las riendas de la
situación. Era evidente que la situación estaba planeada por ambos. debía
obedecer.

Sintió como Diana empezaba a manosear sus pechos, jugaba pellizcando sus
pezones que se pusieron duros, después una de sus manos bajo hasta su sexo y
hurgo en el, florete quería reprimir el placer que sentía, pero no le era
posible.

-Zorra, te estas poniendo cachonda. Ni se te ocurra córrete hasta que te tu
amo o yo te lo permitamos.

Florete estaba incomoda, estaba gozando en manos de otra mujer mientras él
las observaba, se sentía indigna por ello.

De pronto Diana ordeno:

-flexiónate hacia abajo y expón con tus manos tu sexo y tu ano.

Florete obedeció.

-Bonito y apretado ano, ¿es virgen? Pregunto dirigiéndose hacia él.

-No, pero es utilizado en muy pocas ocasiones.

-Esto no puede ser, toda sumisa debe ofrecer habitualmente a su señor sus
tres orificios. Acércame el plug anal que te pedí, por favor.

El se dirigió a la bolsa de donde había sacado la mordaza y saco un
consolador, era corto pero grueso, en la parte final tenia una escotadura
para que una vez introducido no se saliera por si solo. Su forma cónica
facilitaba su introducción en anos poco acostumbrados. Se lo dio a Diana y
esta a florete que seguía flexionada abriendo sus nalgas con sus manos.

-Toma, quiero que lo lamas bien para poder metértelo en tu culo. No te
levantes.

Florete no soporto más la tensión y empezó a llorar. El la consoló
diciéndole:

-Lo estas haciendo muy bien.te quiero.

Lo tomo de sus manos y empezó a lamerlo.

-Métetelo todo en la boca, puta, le increpo Diana y después me lo das

Así lo hizo florete, después cerró los ojos esperando ser penetrada. Sintió
como el consolador se abría paso en su trasero.se sintió humillada como
nunca, pero sabia que estaba haciendo lo que él deseaba, y eso le daba
fuerzas para seguir adelante.

-Bien, ahora te arrodillaras y andarás hacia tu amo. Florete obedeció hasta
llegar al sofá donde él se había vuelto a sentar.

Florete llego hasta los pies de su amo, estaba abatida, pero aun le quedaban
fuerzas para continuar. Quedo a cuatro patas con la cabeza mirando al suelo
entre las piernas de él. Con delicadeza su amado le levanto la vista y le
dijo.

-Ahora quiero que me mires a los ojos. Florete sabes lo mucho que te
quiero.Esto es una prueba, es un paso que debemos dar para llegar a un nivel
superior en nuestra relación. Seguro que te preguntas porque ha venido
Diana. Ella es una buena amiga, y muy amablemente se ha ofrecido ha
colaborar conmigo para iniciarte en tu nueva singladura como sumisa mía.

Las lagrimas le habían estropeado un poco el maquillaje, y el con ternura,
con sus manos le seco los ojos.

-Sabes.uno solo puede ceder algo cuando es su dueño. Tu serás cedida a otros
para de ese modo sentirte realmente mía, y aunque ese día llegara no es hoy.
Hoy no te cedo a Diana porque aun no eres mía, pero su presencia aquí es un
primer paso. Se que te cuesta aceptarla en nuestro mismo espacio, y
precisamente por ello esta aquí.

Nuevas lagrimas brotaron de sus ojos, lejos de reconfortarla estas palabras
aun la hundieron mas, pero.era inexplicable, era como si su alma se vaciara
para dar cabida a nuevas y desconocidas sensaciones.y ansiaba llenarse de
ellas.

-Bien, Diana puedes proseguir.

Florete bajo su mirada de nuevo

-El objetivo máximo de cualquier perra es dar placer a su amo. Quiero que me
muestres como chupas su polla. Espero lo hagas mejor de lo que me has
demostrado antes con el consolador.

Florete se incorporo un poco y empezó a abrirle los pantalones, estaba
nerviosa y sus manos temblaban.

-Espera perra. Primero los pies. Quítale los zapatos y los calcetines a tu
amo

Con delicadeza retiro los zapatos y los calcetines de los pies de el.

-Ahora lámeselos

Florete empezó ha hacerlo. Era algo nuevo para ella, recorría con su lengua
desde la punta de los dedos hasta la pantorrilla. Para conseguirlo debía
agacharse mucho, así que dejaba su sexo expuesto.

-Sigue así florete, abre más tus piernas. Diana si te parece podrías empezar
tú por probar su sexo.

Diana fue al lavabo y apareció con un guante de látex en su mano derecha, se
lo embadurno de lubricante y se coloco tras florete, empezó a acariciar su
sexo.era hábil y en pocos instantes florete empezó a tener problemas.estaba
mojada, muy mojada y Diana ya introducía sin ningún esfuerzo cuatro dedos en
el interior de su coño. Sus cuatro dedos entraban y salían rítmicamente y
con el pulgar rozaba su clítoris. Ya casi no podía lamer los pies de su amo,
estaba retorciéndose, no quería gozar en manos de Diana, pero no podía
evitarlo, el orgasmo era inminente, pero recordaba que le habían prohibido
correrse, así que instintivamente aparto la mano de Diana con la suya.

-Maldita perra.quien te has creído que eres.

-Florete, has enojado a Diana, ahora recibirás tu primer castigo.

Florete quedo postrada sobre el suelo, él se levanto y fue a buscar el
látigo que había sobre la cama.

-Toma Diana quiero que seas tu la que la azotes.

¡Azotes! La palabra retumbo en la cabeza de florete. Nunca había sido
azotada.

El se coloco delante de ella, se bajo los pantalones liberando su erecto
pene. Después se sentó de nuevo en el sofá y reclamo a florete.

-Quiero que empieces a chupar mi polla

Florete se extrañaba del lenguaje tan burdo, pero a la vez tan concreto. En
los años que se conocían nunca habían hablado de este modo, nunca lo hubiera
pensado, pero oído de su boca le gustaba, se excitaba, se sentía puta, muy
puta de su señor.

Se incorporo un poco y empezó a chupar. Diana pregunto:

-¿Cuántos azotes damos a esta perra?

-Quiero que le des 10 azotes. Florete yo los contare, deberás tener toda mi
polla en tu boca, no quiero que tus gritos y sollozos espanten a los
clientes del hotel.

Diana rasgo la malla que cubría el cuerpo de florete dejando sus nalgas al
aire. Su trasero era redondeado, su piel muy suave. Se situó detrás de
florete, coloco las puntas del látigo sobre su culo

-Estoy preparada señor.

-Bien cuando quieras.

Silbo en el aire, instantes después restallaba sobre la blanca piel. El le
apretó la cara contra su miembro.intento gritar pero no pudo, le quemo.le
quemo mucho, después escucho:

-uno.

Dios mío no lo voy a soportar, pensó florete. Tenía sus manos apoyadas en el
suelo.no, no debo moverlas

Después se escucho dos, tres, cuatro, cinco.Diana manejaba bien el látigo,
sus golpes eran precisos y la intensidad perfectamente dosificada. Le
dolían, pero le gustaba, ¡le gustaba el dolor! le gustaba sentirse a prueba
y salir airosa.le gustaba abandonarse y saberse manejada por su amo. Si,
¡estaba pensando en él como su amo! Y ella era el centro de sus atenciones,
aunque esas atenciones fueran unos latigazos.

Perdió la cuenta.aunque supuso que habían acabado al no recibir el azote que
esperaba. La voz de Diana la rescato de su abstracción...

-Así es como esperas que tu señor se acuerde de ti cuando este
caliente.Debes chupar como la puta que eres. O acaso quieres que te humille
obligándote a ver como puedo hacerle gozar yo.

No, eso no, pensó florete.y empezó a introducir el pene hasta el fondo de su
garganta. El pene no era excesivamente grande, pero lo suficiente como para
que no le entrara todo en su boca. Diana estaba también cada vez mas en su
papel, cogio la cabeza de florete y la empujaba con fuerza provocándole
arcadas.Babeaba como una autentica perra pensó él.también pensó lo
afortunado que era por poseerla.

-Bien es suficiente, Ahora es el turno de Diana.Seguro que también esta
caliente, dijo él levantándose del sofá.

-Dime amiga, ¿deseas que mi perrita te lama el coño?

-Si, hace rato que lo estoy esperando.

-Ocupa mi lugar por favor, siéntate en el sofá.

Diana se despojo de tanga delante de florete, el vello de su sexo estaba
perfectamente perfilado formando un pequeño triangulo sobre el pubis, el
resto de su sexo estaba depilado. Se sentó sobre el sofá levantando una
pierna sobre el apoyabrazos de manera que ofrecía su raja justo delante de
la cara de florete

-Florete esclava mía quiero que te comas el coño de Diana.

La entrega de florete era total. No dijo nada, empezó a lamer.El disfrutaba
viendo como su perra estaba haciendo gemir a Diana.

-Bien, muy bien.seguir así.

Estaba también muy caliente, su pene estaba duro y se lo acaricio viéndolas.
Se acerco por detrás a florete extrajo el plug que hacia rato llevaba
colocado. Florete gimió.Sabia que iba a ser penetrada por detrás.lo
deseaba.deseaba a su señor, estaba dilatada y caliente. Diana empezaba a
retorcerse mientras dirigía con sus manos la cabeza de florete acomodándola
a sus gustos.

-Sigue perra, méteme un dedo en el culo le increpo.

. Florete noto frío en su sexo, era el lubricante, que él jugando con sus
dedos lo esparció por toda su raja, desde el clítoris hasta el ano... Con la
misma mano el embadurno su verga. La apunto en su culo y de un solo golpe la
entro toda dentro de ella. Florete se estremeció, gimió, y por fin llego su
recompensa.

-Esclava mía quiero que te acaricies el coño, pronto podrás córrete.

-Todos nos vamos a correr ahora, grito Diana.

Diana fue la primera, se convulsiono como una posesa gritando frases
entrecortadas para después acabar desfallecida sobre el mismo sofá. El cogio
a florete por la correa saco su verga del culo de ella y tirando de ella
tajo su cara hacia él.se corrió sobre su cara. Que hermosa visión.el mejor
maquillaje para una bonita cara. Florete seguía acariciándose con la cara
desencajada por el placer.

-Ahora límpiamela, chúpamela toda.

Florete lo hacia, pero con muchas dificultades, estaba al borde de su
orgasmo.

-Bien, amada mía es tu turno.

La cogio con rudeza y la lanzo sobre la moqueta de espaldas, le abrió las
piernas y le dijo:

-¡Córrete perra!

Hundió su cara, su lengua en el sexo de florete, Ella empezó a gemir,
ahogaba los espasmos de placer que fueron llegando uno tras otro hasta
perder el sentido.no sin antes escuchar.Te quiero florete.


Lejano, en la madrugada suena un despertador, florete despierta y lo apaga.
Abre sus ojos, esta en su casa, en su cama, su compañero aun duerme, el
despertador no ha podido con el.

Se lleva la mano al cuello buscando el collar, no esta, al igual que sus
muñequeras, lleva el pijama puesto. Buffffffffff todo ha sido un sueño. Se
entristece.desea ser esclava, desea ser sometida.incluso ser cedida.nunca
había sentido nada igual. En silencio se dirige al lavabo. Daría tanto por
que su sueño fuera realidad, abre el grifo de la ducha y se despoja del
pijama.se estremece.sobre la blanca piel de sus nalgas.las finas marcas del
látigo..

Dedicado a florete{JB}
 

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