Todo lo que explicaré a continuación es completamente real. Es bastante largo, pero creo que vale la pena.
Mi nombre es Alicia, tengo 18 años, y voy a relataros las violaciones que recibí en mi instituto en éste último año, cuando tenía 17. Los abusos no sólo fueron de parte de compañeros, si no también de profesores, empleados etc.
Al principio éstos me traumatizaron pero al final casi me acostumbré y ya no me afectaban tanto.
Antes de continuar os diré que todo, absolutamente todo lo que contaré a continuación es real, descripciones, situaciones, etc. y para relataros la historia, voy a dejar la molestia a parte y me voy a describir tal y como soy, aunque pensáis que soy un poco presumida.
Mido 1.79, soy delgada y con una buena figura. Mis medidas son 92-59-90, tengo unos pechos grandes duros y bien puestos, con pezones erguidos, una cintura delgada, y un culo duro y también bien puesto, que es mi orgullo. La verdad es que no estoy nada mal, la naturaleza se ha portado bien conmigo, soy de piel morena, con una melena negra hasta los hombros.
Además siempre me ha gustado vestir muy provocativa, y he tenido muchos novios, seguramente ésta es una de las razones por las que en mi último año de instituto tuviera tantos problemas y que me trataran como una zorra.
Nunca denuncié los abusos por miedo a represalias, y ahora me arrepiento de eso.
A diferencia de mis dos anteriores relatos, esta vez no fui forzada por nadie de mi escuela, sino por mi propio padre. Mi padre tiene 37 años, es bastante fuerte, y hasta que sucedió esto mi relación con él era excelente, no tenía ni una queja.
Aunque reconozco que semanas antes de que sucediese yo ya había notado un fuerte cambio. Si, la verdad es, que semanas antes yo ya me había dado cuenta de que mi padre me miraba de una forma distinta. Aprovechaba cualquier ocasión para mirarme, cuando me cambiaba de ropa en mi habitación él entraba con cualquier excusa y aprovechaba para verme semidesnuda.
Lo mismo sucedía cuando me estaba duchando, y claro, como en mi familia en teoría hay mucha confianza no podía decirle nada. Además de esto yo notaba que aprovechaba cualquier ocasión para tocarme, y aunque al principio pensé que era totalmente cariñoso, luego me di cuenta de que no.
La primera prueba auténtica que tuve fue un una noche que los dos mirábamos la tele, eran las 23:30 más o menos, mi madre ya se había ido a dormir, y mi padre y yo, estábamos vestidos como acostumbramos a vestirnos para ir a dormir. Él con sólo unos calzones y yo con un fino tanga negro y una camiseta pequeña y ajustada. Como el sofá es más bien pequeño, estaba mi padre estirado y yo encima de él, los dos acomodados. No había nada raro, pero lo malo fue que mi culo estaba acomodado justo encima de su miembro, separados claro por la ropa.
Pero aún así, yo noté un bulto clavado a través de la ropa, y pronto supe que se trataba de la erección que tenía mi padre. Era una erección bastante grande, era evidente que yo lo había excitado, pero no quería ni pensar que mi padre pudiese excitarse con su propia hija, así que pensé que era culpa mía. Pensé que a lo mejor había restregado mi culo por encima suyo demasiado rato, o que vestía demasiado provocativa, o cualquier cosa, así que sin comentarle nada le di las buenas noches y me fui a dormir.
A los pocos días, recuerdo que me despedí de él cuando me iba a clase, y le di un abrazo cariñoso. Pero él aprovechó el abrazo para poner sus dos manos en mi culo, y sobarlo durante unos segundos. Yo me di cuenta claramente de lo que estaba pasando con mi padre, pero no quería aceptarlo, pensaba que si en el instituto todo el mundo intentaba propasarse conmigo y me trataba como una puta es porque yo hacía algo mal, y además no quería que mi madre se diese cuenta de eso.
Lo malo fue que esta situación continuó. Llegó un momento que mi padre aprovechaba cualquier momento por inocente que fuese para tocarme. Un día estábamos cenando los tres, yo tenía que salir con mis amigos después de la cena, así que ya estaba arreglada para la situación. Llevaba una ropa interior finísima, compuesta de un tanga y un diminuto sujetador, y un vestido pequeñísimo que me llegaba un palmo por debajo de mi cadera, y que casi no conseguía taparme.
La cena transcurría con normalidad, hasta que mi padre, que estaba sentado a mi lado, puso su mano en mi muslo y comenzó a acariciarlo. Yo no le di importancia, pero al poco rato fue subiendo su mano hasta introducirla por dentro de mi vestido, y lentamente comenzó a acariciarme el coño por encima del tanga. Yo permanecía quieta, y seguía cenando con total normalidad, no quería que mi madre se diese cuenta ya que de momento no se había enterado de nada. Mi padre siguió acariciando suavemente, hasta que finalmente adentró su mano por dentro de mi tanga, y comenzó a acariciarme mi coño suavemente sin ropa que se interpusiese.
Siguió un buen rato, mientras que yo trataba de disimular aquella situación, hasta que finalmente terminé mi postre, me levanté de la mesa quedando libre de la mano de mi padre, me despedí de mis padres y salí con mis amigos. Aquella noche recuerdo que incluso en la discoteca no conseguía sacarme de la cabeza la escena que había vivido con mi padre.
Como ya había hecho en las anteriores ocasiones, conseguí convencerme de que había sido culpa mía, quizás aquel vestido que llevaba, mi actitud....
Pero desgraciadamente los acosos continuaron. Me espiaba cuando me cambiaba, me tocaba, etc.
Un día fue demasiado descarado como para no darme cuenta. Estaba duchándome cuando mi padre entró en el baño diciendo que buscaba la espuma de afeitar. Yo, prevenida ya de su estratejia, había corrido la cortina de la ducha de manera que ésta me tapaba. Mi padre después de estar un rato haciendo ver que buscaba, se acercó a la ducha, recogió la cortina y se quedó unos segundos mirándome de arriba a abajo. Yo me quedé mirándole totalmente sorprendida y quieta como una estatua. Entonces él me agarró mis pechos son sus manos, y mientras los manoseaba me dijo:
-Hija, tienes unos pechos preciosos, duros, con bonitos y erguidos pezones, mejores incluso que los de tu madre-, y añadió, -son realmente muy apetecibles-.
Y después de esto los soltó y se fue del baño.
Yo permanecí inmobil un rato en el baño después de aquello, después de esto, era claro lo que sentía mi padre, y no había manera de justificarlo.
Antes de que mi padre me forzase recuerdo otro día. Era un sábado por la mañana, estábamos casi en verano, a finales de curso, y el calor era insoportable. Aprovechando el buen día, salí a la terraza y me tumbé en una tumbona de cara al sol con la intención de ponerme aún más morena. Para que el sol me diese lo máximo posible, llevaba un diminuto biquini que casi no lograba taparme. Éste consistía en un finísimo tanga y un sujetador de esos que son como dos pequeños triangulitos unidos por unas finísimas tiras de tela.
Mi padre también estaba en la terraza gozando del buen día, sentado en una silla al lado mío y leyendo el periódico.
Yo seguía tomando el sol tan tranquila, cuando me di cuenta de que mi padre me miraba de reojo y enseguida recordé que además mi madre no estaba porque estaba pasando el fin de semana con su madre. Vi como mi padre me miraba de reojo, el también estaba en bañador, y en él se notaba perfectamente que tenía una gran erección. De repente se me acercó y me dijo:
-Hija, no puedes tomar el sol así, ¿no ves que se te quedarán las marcas del biquini?.
No sabía a que se refería, pero entonces me puso las manos en la espalda, me desabrochó el sujetador y me lo sacó, dejando mis pechos al descubierto. Al momento, cogió mi tanga y también me lo quitó dejándome totalmente desnuda. Yo estaba tan sorprendida que no hice nada para evitarlo. Una vez estar yo desnuda me dijo:
´-¿Lo ves?, así te pondrás moreno todo el cuerpo-.
Sabía que lo había hecho para poder verme desnuda, pero igualmente no hice nada para no crear una situación de tensión. Seguí tomando el sol durante un buen rato, totalmente desnuda, mientras que podía ver como mi padre me miraba de arriba a abajo casi sin disimular. Yo me sentía desprotegida allí desnuda, enseñando mi cuerpo a mi padre, con mi arreglado sexo recién afeitado por los lados. Al cabo de un rato mi padre me dijo:
-Hija tanto rato al sol te vas a quemar-.
Se acercó a mi, puso crema protectora en sus manos, y comenzó a extenderla por todo mi cuerpo. Él aprovechó esos minutos todo lo que pudo, me puso crema protectora por todo el cuerpo, sobre todo en mi culo y en mis pechos, y aunque yo sabía a lo que estaba jugando, no me atreví a decirle nada.
Después de este día no recuerdo ningún otro en el que me acosara tan descaradamente, hasta que me forzó. Era un viernes, mi madre se había ido por la mañana en viaje de negocios y no volvía hasta el domingo, y mi padre aquella misma tarde iba a hablar con el director de mi instituto. Se acercaban los exámenes finales y yo no los llevaba demasiado bien, así que por la tarde salí con unos amigos con intención de volver tarde a casa, y la esperanza de que mi padre estaría durmiendo y no me regañaría hasta el día siguiente. Lo malo fue que el director no sólo le dijo que estudiaba poco, sino que me pasaba el día insinuándome a los chicos vestida con diminuta ropa, que había acosado incluso a profesores, y que me había acostado con muchísimos chicos.
En definitiva, me dejó como una zorra, y mi padre se enfadó muchísimo.
Llegué a las 2:00 de la madrugada a casa, las luces de mi casa estaban cerradas, así que me fui a la habitación y me vestí para irme a dormir.
Me puse unas finísimas braguitas y una camisetita ajustadísima donde se marcaban mis pezones y que dejaba mi ombligo al descubierto.
Estuve un rato leyendo en la cama, y cuando me disponía a apagar la luz y ponerme a dormir entró mi padre a la habitación. Parecía muy enfadado, y llevaba sólo unos calzoncillos. Él me dijo que había hablado con el director, y estuvo 30 minutos echándome una bronca increíble. Me dijo lo que le había dicho el director, me llamó zorra, puta, que me lo hacía con todos, calienta braguetas, me llamo de todo, y cuando pensaba que ya había terminado me dijo:
-que te has creído zorra, ¿que todos los hombres pueden disfrutar de ti excepto yo?, ahora vas a demostrarme lo zorra que eres-.
Dicho esto mi padre se echó encima mía y comenzó a sobarme y a besarme.
Yo estaba aterrorizada, así que no me resistí demasiado, pero grité, lloré y supliqué. Le dije por favor que me dejase en paz, pero él me besaba mientras que con una mano me sobaba los pechos y con la otra me acariciaba el coño por dentro de mis braguitas.
Seguí suplicándole que me dejase, pero él no me hacía ni caso, sólo me insultaba y me sobaba. Me besaba, me tocaba las tetas, me sobaba el culo y me acariciaba el coño, estaba excitadísimo, mientras que yo lloraba y le gritaba que me dejase en paz.
Seguí suplicándole y me dijo:
-Cállate puta, ¿no tengo una hija puta?, pues ahora vas a demostrarlo, será tu castigo-.
Siguió sobándome, y con grandes esfuerzos consiguió quitarme la camiseta dejando mis pechos al aire. Entonces siguió toqueteándome y sobándome mientras que mordisqueaba mis pezones y con otra mano me agarraba fuértemente el culo. Siguió un rato, hasta que finalmente consiguió sacarme las braguitas dejándome completamente desnuda, puso su cabeza entre mis piernas y comenzó a comerme el coño.
Yo le supliqué que me dejase de una vez, pero él me dijo:
-Hoy voy a enseñarte lo puta que eres, voy a hacerte una mujer-.
Siguió chupando me el coño un rato, hasta que finalmente me puso sus dos manos agarrando me el culo, colocó su enorme y erecta polla delante de mi coño y de un fuertísimo empujón me penetró.
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhh, mmmmmmmmmmmmm, ahhhhhhhhhhh-.
Los dos gemimos fuerte, yo de dolor y desesperación, y él de gran placer.
-Ahhhhhhhhhhhhhhh, mmmmmmmmmmm, ¿te gusta eh?, ohhhhhhhhhhhh, ¡zorra!-.
Él siguió penetrándome, metiendo y sacando su polla de dentro mía mientras que yo ya no tenía ni fuerzas de suplicar, y lo único que quería es que terminase de una vez.
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhhhh, mmmmmmmmmmmmmm, ahhhhhhh-.
Siguió follándo me, mientras que me decía cosas como que era una zorra, que en el fondo también me gustaba, que era una putita, etc... Siguió penetrándome cada vez con más fuerza, mientras que con sus manos seguía sobándome todo el cuerpo, y me decía:
-Mmmmmmmmm, venga muevete hija, zorra, lo haces mejor que tu madre-.
Finalmente me penetró hasta lo más hondo, y descargó dentro mío toda su leche caliente alcanzando él un orgasmo increíble.
Cuando terminó nos quedamos los dos tumbados en mi cama descansando, yo sentía un fuerte dolor provinente de mi vagina. Pensé que ya había terminado conmigo, pero me equivocaba.
Al poco rato, (unos 20 minutos), me agarró del pelo, acercó mi cabeza hasta su polla, y me dijo que se la chupase. Yo volví a echarme a llorar, pero él me obligó a chupársela. Así que cogí su miembro, me lo puse en mi boca, y comencé a meter y sacar su polla de mi boca, cada vez más rápido, mientras él ayudaba al movimiento con la mano, agarrándome fuertemente del pelo.
Seguí chupándosela un rato, hasta que su polla alcanzó de nuevo una increíble erección, y entonces me dijo:
-¿que te creías, que iba a dejarlo ya con éste culo que tienes?-.
Entonces me estiró de nuevoen la cama, pero boca abajo, colocó su enorme polla en la entrada de mi culo, y haciendo una gran fuerza me penetró de un empujón.
-Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, ahhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhh-.
Los dos gemímos con fuerza, a los dos nos dolió, pero el dolor fue desapareciendo a medida que sacaba su polla de dentro mío.
-Ahhhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhh, mmmmmmmmm, ahhhhhhh-.
Siguió penetrándome con mucha fuerza, mientras que yo lloraba y gritaba, y con sus manos me apretaba fuertemente los pechos.
-Ahhhhhhhhhhhhhhh, zorra venga muevete, ohhhhhhhhhhhhhh, si, si, is, ahhhhhhhhhhhhh-.
Él parecía estar disfrutando muchísimo con eso, y los dos gemíamos con fuerza.
-Ahhhhhhhhhhhhhh, ohhhhhhhhhhhhh, mmmmmmmmmm, ahhhhhhhhhhhhhh, ohhhh-.
Siguió penetrándome y sobándome, hasta que finalmente se corrió por segunda vez alcanzando un increíble orgasmo. Yo reconozco, aunque me duele y me averguenza decirlo, que también tuve un pequeño orgasmo.
Después de esto se fue a dormir, pero antes me advirtió que no dijese nunca nada de eso, que si se enteraba mi madre se llevaría un disgusto muy grande.
Después de esto seguí siendo acosado en el instituto, incluso me forzaron en más ocasiones. Mi padre también me ha forzado más veces, aunque no se ha vuelto en una rutina.
A veces pienso que mejor sería que no fuese tan hermosa, ya que la gente no se fijaría en mi.