Cuidado con lo que deseas (VI)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



por Hypnoman (basado en un cuento de Mike Hunt)


Capítulo 6


Salimos y la noche estaba bastante fresca, típica de finales de agosto.
Terri manejaba mientras yo, en el asiento del acompañante, estaba enmudecido.
Mis pensamientos se encontraban dispersos. Después de varios minutos, decidí
romper el silencio.


- ¿Cómo pudiste ser capaz de engañarme? -le pregunté.


- En primer lugar, ¡No trates de ponerme a la defensiva!. ¡No te debo
ninguna explicación de nada de lo que he hecho!. En segundo lugar, ¿Cómo te
atreves a juzgarme, cuando tú trataste de buscar placer fuera de tu matrimonio?


Yo la miraba, incrédulo


- ¡Contéstame! -me ordenó.


- Terri ¡Sé razonable!


- Seré DIOSA para ti, de ahora en más. La única vez que te permitiré que
me llames Terri será cuando estemos con familiares y amigos. Y solamente si te
comportas bien. Caso contrario comenzaré a avergonzarte frente a tus amigos. Si
persistes en hacérmela difícil, comenzaré a avergonzarte frente a tus
familiares también. Así que deseo que te des cuenta que tienes muchísimas
razones para portarte bien conmigo. En el futuro, palabras como razonable o lógico
no tendrán ya ningún significado en nuestra relación. ¡Realmente te has
jodido esta vez, Mike! -río.


- Terri, por favor -supliqué.


- ¡Qué idiota eres!. Recién acabo de decirte que me tienes que llamar
Diosa y tú lo ignoras. ¿Acaso piensas que esto es una especie de juego?. ¡Esto
es real, Mike! Caiste en una trampa de la que no podrás salir nunca más. ¿Sabes
cuántas veces quise divorciarme de ti? Pero yo estaba muy asustada. Hubieses
tratado de retenerme de cualquier manera. ¡Sé cómo eres! Pero, ahora, yo
tengo la manija. Yo tengo todo el control, Mike -dijo, levantando la voz. - - ¿Que
pasaría si yo, simplemente, rehuso a seguir con este juego? ¿Qué sucedería
si pido el divorcio? -pregunté, ignorando su enojo.


- ¡Ya sabes cuál es la respuesta! ¿O porqué te has comido tu semen hace
algunos minutos? ¿Quieres que la gente sepa que eres un maldito puto, come
semen, pajero, Mike? -río.


- ¿Qué...? -respondí


- ¿No te diste cuenta que Xenia filmó todo en una cinta, mientras tú
estabas lamiendo y chupando todo el semen que acabaste por el piso? -dijo
sonriendo.


- ¡Vete a la mierda! -grité.


- No, eres tú quien se fue a la mierda.. -respondió friamente.


- ¡Esto es un puto chantaje! -dije indignado.


- Ah, sí...¿qué tal?. No hay nada que puedas hacer. Ya estás demasiado
metido en esto. Además ¿por qué estás tan disgustado y enfadado? Esto es lo
que siempre has querido, Mike. ¿Realmente te has olvidado que es lo que tú
siempre deseaste?. Y no puedes negar que eran tus deseos, porque nosotras
tenemos las pruebas. ¡Estás derrotado, Mike! Completamente. ¡Tragaste nuestro
anzuelo con línea y todo! Créeme, Mike. Nosotras hemos cubierto todas las
bases. Resistirse es inútil. Lo único que puedes hacer es someterte. -le
explicó.


- Terri, te daré cualquier cosa que me pidas, pero por favor para esto -le
rogué, asustado, entrando en pánico. - - Muchacho, ¡eres un reverendo nabo! Tú
vas a darme todo lo que yo quiera, de todas maneras. ¡Tu oferta no tiene
sentido! Además, estás haciendo muchos méritos para que te castigue. Te
atreviste a insultarme y persistes en llamarme Terri, aún cuando te he ordenado
que no lo hagas. Cuando entremos a casa, voy a mostrarte con que seriedad estoy
tomando todo esto -me advirtió, mientras estacionaba el auto en la cochera. -
Mi cabeza giraba sin parar y no encontraba palabras. Ni bien entramos a casa,
Terri me ordenó que fuera arriba, me desnudara y la esperara. Obedecí, rápidamente,
y esperé nervioso en nuestra alcoba. Se tomó todo su tiempo y me hizo sudar de
los nervios. Diez minutos después, finalmente subió. Me ordenó que me tirara
en la cama, boca abajo. Ató mis muñecas, rápidamente, al respaldo de la cama,
a menos de quince centímetros del colchón.


- ¿Qué vas a hacer? -le pregunté, nervioso.


- Ya verás. ¡Arrodíllate ahora! -me ordenó.


Subió a la cama y se colocó detrás mío. Como mis manos estaban atadas,
mis hombros y mi cabeza quedaron por debajo y mi culo quedó totalmente expuesto
hacia ella. Giré la cabeza por encima de mi hombro, para ver que estaba
haciendo.


- ¿Te di permiso para mirar? -me preguntó.


- No, pero... -traté de explicarle, pero me interrumpió.


- ¡Pero Nada! -exclamó.


Dio una palmada a mi culo con una autoridad sorprendente. Yo salté cuando el
sonido resonó en la habitación.


- ¡Ouchh! -grité. No podía creer lo que estaba sucediendo. Aunque yo había
fantaseado con situaciones como estas, docenas de veces, nunca había
considerado que sería con mi esposa.


- Este fue el primero de los miles que recibirás por años. Después de todo
tu deseabas que te dieran chirlos y palizas cuando te lo merecías, ¿no es así?
-preguntó.


- Sí, pero... -traté de explicar, pero me interrumpió nuevamente.


- ¿Pero? Me parece que eres un poco lento para aprender -exclamó.


Entonces, golpeó mi culo aún mas fuerte


- "..Oww..".. -reaccioné.


- Probemos nuevamente. ¿Deseas que te dé chirlos y palizas cuando te lo
merezcas? -preguntó con tono sarcástico.


- Sí -respondí.


- Bien, a menudo desearás recibir estos castigos porque no te perdonaré ni
la más ligera infracción. -explicó.


Luego abrió mis nalgas y colocó una buena cantidad de frío lubricante a lo
largo de mi culo.


- Pero, primero voy a colocar este tapón en tu culo. Lo mantendrás puesto
hasta que yo te de permiso para que te lo saques. ¿Me has entendido? -preguntó.


- Sí -respondí.


- Estos tapones también eran parte de tus fantasías. ¿No es así? -preguntó.


- Sí -admití. Dado que ella ya sabía la respuesta no tenía ningún
sentido mentir. Ella embadurnó el tapón con el mismo lubricante que había
utilizado para mi culo.


- ¿Te has dado cuenta lo afortunado que eres de que esté usando este
lubricante? -me preguntó.


- No lo he tenido en cuenta -contesté


- Podría sacarte todo el lubricante, así lo tomas en cuenta la próxima vez
-me advirtió.


- Ok, ok. Tú ganas. Me he dado cuenta lo afortunado que soy -le dije.


- Yo siempre gano, puto. Este es, relativamente, un tapón pequeño. Tengo
dos más grandes que tendrás que usar muy pronto. Xenia me dijo que tendría
que comenzar despacio con tu culo virgen, porque si llegara a rasgarlo estropearía
nuestra diversión por un buen tiempo -me explicó e insertó totalmente el tapón.
- - Ahora, agregará cosas muy desagradables a tu castigo, si llegas a quitártelo
¿me has entendido? -preguntó.


- Sí -respondí.


- Bien, ahora quiero saber ¿por qué has peleado conmigo durante estos 12
putos años por las tareas de la casa, cuando tú estabas ofreciéndote para
hacerlo a una perfecta extraña? -me preguntó con un tono bastante irritado.


- Ehh.... -comencé a responder, pero ella chasqueó mi culo cinco veces. - -
¿Qué estabas por decir? -volvió a preguntar haciéndose la distraída. Mi
culo estaba al rojo vivo.


- Lo siento, dulce -me lamenté.


- ¡Yo NO SERE tu dulce, nunca más!. Soy tu DIOSA y créeme, no seré nada
dulce. ¡Más bien seré como vinagre! Tal vez esto te ayude a recordar -dijo y
nuevamente sopapeó mi cola cinco veces más. - - ¿Qué castigo piensas que
mereces por querer hacerle las cosas de la casa a una perfecta extraña,
mientras ayudabas a tu esposa lo menos posible?. Piénsalo cuidadosamente,
porque si me das la respuesta equivocada golpearé tu culo tan fuerte que no
podrás sentarte por una semana -me advirtió.


- Haré todas las tareas de esta casa, de ahora en más -respondí. - ¡Respuesta
correcta, tú ganas!. ¡No pondré un dedo más aquí, nunca más!. Además,
desde ahora, yo controlaré el dinero. ¡Todo!. Transferirás las chequeras a mi
nombre y yo te daré una pequeña pensión cada semana. Salvo para gastos
menores, yo tomaré la decisión sobre cada compra de ahora en más. Ahora, ¿qué
castigo piensas que mereces por ocultar esos 20 dólares en efectivo, cada
semana, durante los últimos doce años? -preguntó.


- Pero sí yo te daba a ti todo el dinero -respondí. - - ¡No me digas! ¡Ya
sé! Durante los próximos 12 años recibirás un latigazo por cada dólar que
me ocultaste. La cuenta es fácil, 20 latigazos por semana durante 12 años, si
yo no te descarto antes. Sólo piénsalo, tus marcas recién sanarán justo para
tu próxima flagelación. Parece apropiado -ella meditó. - A continuación le
dio cinco cachetazos más a mi culo. Mis piernas estaban comenzando a temblar, y
me costaba cada vez más soportar el tapón.


- Así que la idea de feminizarte también te despertaba fantasías, ¿no es
así? -preguntó sarcásticamente.


- Sí -admití


- Bien, tengo buenas noticias para ti, puto. Después que te desate, voy a
empezar tu feminización. Voy a quitar todo el pelo de tu cuerpo, del cuello
para abajo. Con el tiempo, voy a convertir tu culo en una concha, Mike. Y las
putas necesitan su concha para coger regularmente, ¿no es cierto? -preguntó.


Permanecí en silencio


Terri perdió la paciencia y cacheteó mi culo con furia repetidas veces,
insultando y gritando para que le contestase.


- ¡Sí! -finalmente admití. Mi cuerpo entero estaba temblando. No podría
soportar mucho más.


- Tu nuevo nombre será Michelle. Y Michelle se convertirá en una puta, ¿no
es cierto? -preguntó con tono agrio.


- ¡Sí! -inmediatamente respondí, tratando de no correr riesgos. Mis
piernas temblaban visiblemente y yo tenía que apretar las nalgas con mucho
esfuerzo para impedir que el tapón se escapara. Sabía que no podía sostenerlo
mucho más tiempo.


- Bien, puta Michelle. Vivirás para dos causas. Para servirme a mi y a quien
yo te diga y para tener tu concha ocupada tan a menudo como sea posible. Si
demuestras ser una puta obediente, no te exigiré que tomes hormonas femeninas.
Pero si eres desobediente, te obligaré a que las tomes. Eso significa que te
crecerán los pechos y tus pelotas se encojerán. Hasta tu verga se volverá más
pequeña. Así que te conviene portarte bien y seguir mis mandatos. Harás todo
lo que yo te diga, cuándo te lo diga y sin vacilaciones, ¿me entiendes? -exigió,
con un tono mortalmente serio.


- Sí -respondí gesticulando. Mis rodillas se estaban partiendo y ella
ignoraba mis ruegos.


- Una cosa más. Si permaneces obediente, te daré el privilegio de que
continúes trabajando. Pero recuerda esto: si haces trampa, Xenia y yo podemos
arreglar que chupes 15 vergas por día para reemplazar tus ingresos. Si piensas
que estoy exagerando, simplemente ¡INTÉNTALO! ¿Has entendido? -preguntó. -
Se había convertido en una loca con poder. No podía pensar en nada que pudiese
hacer salvo someterme a sus antojos o abandonar vergonzosamente el pueblo, con
la cola entre las piernas.


- Sí -contesté. Pero ya no podía soportar más. Finalmente me rendí y me
dejé caer en la cama. El tapón saltó y cayó al piso.


- Despreciable puta -maldijo. - Lo siento, es que.... -traté de explicarle,
pero me interrumpió.


- ¡Cállate y abre tu sucia boca! -me ordenó.


Levantó el tapón y lo insertó en mi boca.


- Ahora mantenlo ahí hasta que yo te diga que hagas otra cosa -ordenó


Tenía un sabor amargo y áspero, por el lubricante. Ella me desató,
entonces.


- ¡Entra al baño! -me ordenó.


Rápidamente obedecí y esperé por ella. Entró y comenzó a colocar una
espuma, cremosa y espesa, sobre mi cuerpo, del cuello para abajo. En instantes
empezó a picarme todo el cuerpo. Después de algunos minutos la sustancia
comenzó a irritar mi piel. Ella me hizo esperar algunos minutos más. Cuando me
ordenó que me enjuagara, realmente me sentía muy incómodo. Vi con angustia
como todo el pelo se desprendía de mi cuerpo junto con la sustancia espumosa,
pero por lo menos el enjuague me alivió físicamente.


Mi piel se había suavizado como la de un bebé. Terri inspeccionó que no
quedase ni un pelo sobre mi cuerpo. Satisfecha, me dio una toalla para que me
secara. Luego, aplicó un aceite perfumado sobre mi cuerpo, el cual,
completamente pelado, brilló.


Finalmente me permitió sacar el tapón de la boca. Tenía muchísima saliva
acumulada ya que no había podido tragar. Me dirigí hacia el lavabo y la escupí.


- Puedo lavarme los dientes -pregunté


- Cómo castigo por haber escupido sin permiso, ¡No puedes! -contestó


- ¿Pero cómo hubiese podido pedir permiso con la boca repleta de saliva?
-le cuestioné


- Simplemente, tragándola primero. De ahora en adelante, vas a usar muy
seguido tu lengua para limpiarme el culo. Incluso la usaré para reemplazar al
papel higiénico, así que más vale que te vayas acostumbrando al sabor.
-respondió.


Yo la miraba incrédulo, pero ella sólo se reía de mí.


- Me alegra saber que Xenia tiene planes similares a los míos en lo que
respecta a la limpieza de su culo. Me encantaría saber qué sabor tendrá el
culo de Xenia, luego de todo un día de trabajo -se preguntó sonriendo.


- ¡Sígueme! -me ordenó.


Nos dirigimos al dormitorio principal. Abrió uno de sus cajones y sacó
varios vestidos femeninos. Me dio un par de bragas francesas de seda negra.


- ¡Póntelas aquí! -ordenó


Me las puse rápidamente. La seda se veía muy sexy contra mi piel totalmente
rasurada. Varios minutos después me encontraba vestido con un sostén y ligas
negras. Mi verga, apretada por la seda, comenzó a hincharse.


- ¡Qué puta que eres, Michelle! -dijo, dándose cuenta


Puso una peluca sobre mi cabeza y demoró unos segundos arreglándola.


- Te dejarás crecer el pelo. En pocos meses tendrás el largo suficiente
como para no tener que usar más peluca -comentó. Y estaba en lo cierto. Mi
pelo ya estaba alcanzando sobrepasando el cuello de las camisas. En pocos meses
más no necesitaría usar pelucas.


- No me molestaré en maquillarte esta noche. De todas maneras el maquillaje
se echaría a perder cuando pases la próxima hora rindiéndole culto a mi culo
y a mi concha con tus labios y tu lengua. ¡Ahora date vuelta y agáchate! -me
ordenó. Nuevamente me colocó lubricante por toda la raya de mi culo.


- No lo hiciste nada bien la última vez que te puse el tapón. Así que
ahora probaremos con uno más grande. ¡Abre las nalgas! -ordenó.


Lentamente, fue introduciendo el tapón. Gemí y me estremecí ligeramente
cuando ella introdujo la parte más ancha dentro de mi culo. El resto del tapón,
luego, se introdujo fácilmente.


- ¡Así, Ouuuu!. A mi putita le gusta, ¿no es así? -dijo en tono burlón.
Se puso frente a mí y me acarició ligeramente la verga, notando su dureza, por
lo que rió perversamente. - - Ahora súbete las panties y asegúrate de retener
el tapón esta vez -me advirtió.


Me las subí, pero mi verga estaba demasiado dura como para ser contenida por
la seda. Mi verga resbaló sobre la pierna izquierda y quedó erecta formando un
ángulo de 45 grados.


Terri rió nuevamente.


- ¡Me agrada que Michelle se sienta tan sexy! Si el sólo tener un tapón en
"..su concha".. lo pone tan duro, no veo la hora de observar cómo va a
responder cuando se la estén cogiendo. -meditó en voz alta.


Lo que dijo me hizo pensar que Xenia no sería la única que rompería mi
culo. Sentí nuevamente esa, ya familiar, sensación de humillación y sumisión.
La había sentido ya muchas veces antes, durante mis fantasías sumisas. Una
gota de semen se asomó en la punta de mi verga.


Ella me observó por un momento y pareció haber leído mi mente.


- Esto es REALMENTE lo que querías, ¿no es cierto? -preguntó, aún con un
poco de incredulidad.


Permanecí en silencio, con mi verga parada.


- Aunque no me has contestado, ¡lo puedo ver en tus ojos! -exclamó


Di vuelta la cara, totalmente avergonzado.


- ¡Mírame! -me ordenó


Volví a girar la cabeza hacia ella, evitando mirarla a los ojos.


- ¡Mírame a los ojos! -volvió a ordenarme.


Cuando lo hice, sentí lo expuesto que me encontraba, así, sumiso, ante
alguien que iba a sacar cualquier ventaja de mí, hasta que se cansase. Se río.
En ese momento, me di cuenta que ninguno de los dos sabía hasta dónde podíamos
llegar. Había un largo juego por delante. Un juego muy excitante para ella y
muy humillante para mí.


- ¡Ohhh. Amo comenzar a hacerte pagar por estos doce años de mierda! -me
dijo. De pronto, tomo con sus manos el corpiño relleno que yo tenía puesto y
apretó mis pezones con tal fuerza que por un momento pensé que me los arrancaría.


- ¡Ow, ow, ow, ow! -grité repetidamente de dolor.


Creí en su amenaza. Aunque ella estaba empezando a asustarme, mi verga
continuaba erecta.


- Así que tú fantaseabas sobre el culto del culo, ¿no es así?. Bien...¡prepárate
para la primer sesión, puta! -dijo, mientras quitaba su equipo, lentamente. ¡Dios,
ella era tan bonita!


Se tiró en la cama, boca abajo, de manera felina y seductora.
Instintivamente, subí a la cama y me coloqué sobre ella.


- Quiero que tu primer sesión de culto del culo sea una experiencia especial
e inolvidable para ti, así que comenzaremos por allí. Pero cuando fantaseabas
con dar baños de lengua a tu Ama, ¿pensaste en el placer que puedes brindar
entregándote a las axilas, las tetas, la concha, el culo y los pies? -preguntó


Me quedé callado.


- ¡Así que tú lo has pensado! ¡Eres realmente una puta! Bien, me imagino
que debo entender que lo disfrutarás -río.


Permanecí en la cama y esperé.


- ¡Mete tu nariz, aquí! -me ordenó, mientras abría sus piernas. Me coloqué
en posición y la punta de mi nariz toco su culo.


- ¡Detente ahí! ¡Respira profundamente, puta! Respira despacio y
profundamente durante un tiempo -me instruyó.


Su culo era perfecto y yo comencé a embriagarme con toda esa lujuria sumisa.
Me hizo oler su culo por más de un minuto. Luego me hizo lamerle la raya en
toda su longitud, trabajando más concentradamente en el orificio anal. Tenía
un gusto amargo, pero la intensa fiebre de humillación y sumisión me permitió
disfrutar la experiencia.


Pronto, ella tenía mi lengua profundamente metida en su culo. Ávidamente,
comencé a penetrarle con mi lengua durante largos minutos, hasta que ella se
dio vuelta y me ordenó que rindiera culto a su concha, también. Llegó al
orgasmo muchas veces.


Debido a mi elevada excitación, el tapón volvió a caerse, antes de su último
orgasmo. Cuando ella acabó, yo acabé con ella mojando toda la cama. Cuando se
dio cuenta ¡se enfureció totalmente! Para entonces la mayor parte de mi semen
había mojado las sábanas. Me hizo lamer todo el semen y me prometió un
ejemplar castigo, para el próximo día, por haber acabado sin su permiso.
Nuevamente puso el tapón en mi boca y me obligó a tenerlo allí durante toda
la noche. Me hizo dormir la noche entera en el suelo, a los pies de la cama, con
el tapón en la boca.



 

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