Mensajes subliminales (IV)
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Ya no era un fracasado.


Después de pasar media vida teniendo que aguantar las críticas y las
risitas crueles a sus espaldas, al final había conseguido todo lo que
necesitaba y con lo que había estado soñado cada día de su hasta entonces
aburrida vida.


Gracias a su descubrimiento era el hombre mejor pagado de la universidad, y
también el que menos horas pasaba allí trabajando. Gracias al dinero que le
cedía amablemente el rector y a que la propia Universidad se encargaba de
financiar completamente todos los gastos que podía tener, el problema
financiero había desaparecido por completo, así como el estrés por el
trabajo, al que acudía un par de veces por semana simplemente para no aburrirse
en casa.


En el terreno personal no podía pedir más: su esposa era virtualmente su
esclava sexual, con un carácter indómito y salvaje en la cama y al mismo
tiempo, una sumisión total en el resto de los aspectos de su vida. Y ella era
completamente feliz sirviéndole a él, sin dudas, sin complejos, sin temores.
Cualquier cosa que él hiciera, cualquier decisión que él tomara, eran
totalmente correctas y ella le ayudaría a llevarlas a termino con toda su
fuerza de voluntad, sin celos ni egoísmo, tan solo por el puro placer bruto que
le proporcionaba sentir la felicidad de su esposo, e incluso, simplemente, ver
una sola sonrisa en sus labios.


Cada día, cuando volvía del trabajo, lo primero que hacía era meterse
directamente en la ducha, para, inmediatamente después, vestirse con las más
excitantes y sensuales piezas de las que disponía su siempre creciente ajuar.
En su mente brillaba la idea obsesiva de que su marido debía verla siempre
hermosa y atractiva, sin sentir en lo más mínimo ningún ápice del recato o
del pudor que presidió su vida durante muchos años. Ninguna prenda de lencería
era lo suficientemente atrevida como para no llevarla puesta en casa cuando
estaban solos. No tenían hijos, y gracias a la generosidad de la Universidad,
los nuevos cristales de las ventanas impedían que nadie del exterior pudiera
ver a través de ellos, ni siquiera de noche con las luces encendidas.


Los juegos sexuales eran su pasatiempo preferido, y el tema al que más horas
dedicaba sus pensamientos. Estuviera donde estuviera, siempre estaba inventando
nuevas formas de proporcionar placer a su esposo. Porque mientras su esposo
disfrutara, ella también disfrutaba.


Desde cubrir todo su cuerpo con miel, rematando los pezones y el sexo con
nata montada, y tumbarse sobre la alfombra, presentándose a ella misma como el
original postre de una romántica cena, hasta acostarse completamente desnuda
sobre la mesa y colocar los platos en su vientre, ofreciendo a su marido una
espectacular vista de sus pechos y sexo mientras comía, pasando por los
frecuentes bailes de strip-tease, incluyendo exóticas variaciones orientales al
estilo de la danza de los siete velos y otros sensuales bailes extraídos del
cine y la literatura eróticas a las que se había aficionado durante los últimos
meses, nada era poco para seducir día a día a su esposo, al que amaba por
encima de cualquier otra cosa en el mundo.


Pero lo más extraño de todo era que jamás se cansaba de escuchar las
estupendas cintas de música que le regalaba David. Había veces que una misma
cinta la escuchaba durante semanas enteras, hasta que su esposo le traía otra
mejor que escuchaba con la misma, o incluso mayor intensidad.


Su pequeño castillo del placer estuvo a punto de derrumbarse cuando abrió
la puerta de su casa contestando a una frenética llamada del timbre y se
encontró a su hermana María llorando desconsoladamente mientras sostenía una
pequeña maleta en su mano.


- ¡María! ¿Que te pasa?


Entre sollozos, palabras entrecortadas y un par de frustrados intentos de
histerismo, Sonia llegó a entender que su hermana había descubierto que su
marido tenía una amante. Después de una acalorada discusión a tres bandas, su
marido, la zorrita de apenas veinte años de edad, y ella misma, y de haber
destrozado varios de los más horribles jarrones que decoraban su casa (María
mencionó que por muy histérica que estuviera no iba a romper nada valioso de
su propia casa), había metido lo imprescindible en una maleta y había dejado
su casa. Tentada de ir a casa de sus padres, olvidó la idea para no causarles
un disgusto demasiado grande, y eligió a su hermana para llorarle sus
desgracias.


David llegó a casa justo cuando las últimas lágrimas de María acababan de
ahogarse en el tercer o cuarto pañuelo de papel y le preguntaba a Sonia si podía
quedarse con ellos durante unos días. Lo necesario para decidir lo que iba a
hacer con su vida.


El instinto fraternal era muy fuerte en Sonia. Su primera idea fue la de
responder que sí inmediatamente, pero antes de poder dar su respuesta las ideas
implantadas subliminalmente en su cerebro tomaron el control. Si María vivía
con ellos, todos los juegos sexuales con su marido se irían al traste. No podrían
volver a disfrutar de las gloriosas noches de placer que endulzaban sus vidas
durante las últimas semanas.


Indecisa, miró a David mientras María, ya menos histérica, le contaba una
versión mucho más reducida de sus desgracias a su cuñado. Estaba claro que la
decisión debía de tomarla él. Por mucho que ella quisiera a su hermana, David
era el principal pensamiento en su vida.


Consciente de su control sobre Sonia, David entendió perfectamente su
interrogante mirada. Tras unos momentos de duda, comprendió que no podía dejar
a su cuñada sola en aquella situación. De toda la familia de su esposa, María
era la única a la que podía soportar, porque jamás se había metido
directamente con él ni había intentado envenenar a Sonia con la idea de que le
dejara. Por tanto, con un casi imperceptible asentimiento de su cabeza, dio su
permiso a Sonia para que llevara a su hermana a la habitación de invitados.


Aquello podía llegar a cambiar todos los planes que David había preparado
cuidadosamente para la reunión del Sábado siguiente.


Cuando Sonia dejó a su hermana durmiendo, casi una hora después, la primera
instrucción que le dio fue la de no escuchar ninguna de las cintas que tenía
mientras María pudiera oírlas. Aunque no acabó de comprender el motivo, Sonia
acató inmediatamente los deseos de su marido.


David no quería que por equivocación María escuchara unas cintas que no
estuvieran preparadas para ella y se enamorara perdidamente de él. Debía de
modificar las órdenes subliminales de todas sus cintas indicando claramente a
quién iban dirigidas, si a Sonia o a María.


María no debía de enamorarse de él.


Solo debía de convertirse en su nuevo juguete sexual.


La mañana siguiente, después de haber pasado la primera noche en varias
semanas sin juegos sexuales en el salón de la casa, David se dirigió a la
Universidad con la intención de crear nuevas cintas con mensajes para su mujer
y su cuñada.


Al entrar en el departamento de investigación, del que era el jefe
indiscutible desde su descubrimiento, encontró a varias de sus ayudantes,
alumnas en prácticas en su mayoría, hablando y riendo alrededor de una revista
que habían encontrado en uno de los cajones de David. Era un catálogo de
lencería erótica que Sonia le había dejado para que eligiera la ropa más
excitante para ella.


Al verle entrar tan temprano en el laboratorio, todas las ayudantes se
sorprendieron y volvieron rápidamente a sus puestos, algunas de ellas sin dejar
de sonreír mientras le miraban con el rabillo del ojo.


David se sonrojó durante unos momentos cuando comprobó el motivo de la
juerga general, pero recobró rápidamente la compostura y comenzó la preparación
de las cintas para poder llevarlas a su casa a la hora de comer.


Para tener intimidad había hecho habilitar una habitación que anteriormente
era un aula y que gracias a su ascendencia sobre el rector, había conseguido
incluir en el laboratorio derribando unas paredes y abriendo puertas en otras.
Ese era su despacho particular y, de hecho, era más grande incluso que el resto
del laboratorio. Lo había hecho insonorizar y los cristales eran del mismo tipo
que los que tenía en su casa, que le permitían ver el laboratorio sin que
nadie de fuera pudiera ver lo que ocurría dentro.


Mientras preparaba las nuevas cintas, colocó en el equipo de música una de
sus más recientes creaciones, eliminando el sonido interior y dejando que la música
fluyera libremente por el hilo musical del resto del laboratorio. Antes de su
descubrimiento, en el laboratorio apenas había ayudantes, la enorme mayoría de
ellos jóvenes alumnos que se apuntaban a las prácticas únicamente para
aumentar puntuación al final del curso. Solo había dos mujeres que apenas se
acercaban por el laboratorio, y además ninguna de ellas podía considerarse
descendiente directa de Venus. Los mensajes subliminales que liberaba la cinta
que ahora sonaba tenían dos partes diferenciadas. Una iba dirigida a los
hombres, y les llenaba la cabeza con desagradables experiencias que podían
sufrir en las prácticas del laboratorio, lo que hacía que cada día que pasaba
la presencia masculina menguara. La otra parte de los mensajes iba dirigido a
las mujeres, haciéndolas disfrutar de cada segundo de su estancia en el
laboratorio e impulsándolas a aconsejar a sus amigas que se apuntaran a las prácticas.
De esta forma, varias docenas de atractivas alumnas intentaban diariamente
hacerse un hueco en la creciente lista de voluntarios para el laboratorio. Una
vez apuntadas, para conseguir un puesto semiestable debían de pasar un examen
dirigido por una rata de laboratorio con cierta fama de libidinoso, que no era
otro que el propio director del laboratorio: David. Y para impresionar a una
rata de laboratorio, nada mejor que unas minifaldas tan exiguas como sus
conocimientos de física y química, y profundos y reveladores escotes. Ni que
decir tiene que los conocimientos científicos de sus futuras ayudantes no era
el condicionante de las decisiones finales de David, sino que más bien la
decisión estaba muy influenciada por la física, es decir, por los atributos físicos
de sus alumnas.


De este modo, su futuro harén personal iba creciendo, a pesar de que ellas
lo ignoraran por completo. Cuando todas las ayudantes fueran mujeres, tal vez el
tamaño de su despacho y las dos camas plegables que se había hecho instalar
allí no fuera suficiente para darles cabida a todas.


Perdido en la creación de ese libidinoso futuro, comenzó a grabar los
mensajes destinados a su mujer y a su cuñada.


Respecto a la primera, además de la profundización en su ya total y
absoluta dependencia de su esposo, una nueva amplitud de miras centrada en
buscar compañía para sus experiencias conyugales. Por pura lógica (la nueva lógica
de Sonia, se entiende) una sola mujer no basta para satisfacer los deseos
sexuales de un hombre, y por ello la necesidad de buscar a otra u otras mujeres
y convencerlas para practicar con ella y con su esposo determinadas experiencias
sexuales que harían ruborizarse a más de una prostituta se hacía totalmente
imprescindible. No importaba quién fuera la compañera elegida, excepto por la
imperiosa necesidad de que tuviera un cuerpo de diosa.


La cinta para su cuñada debía de ser más sutil. Ella todavía no había no
había escuchado nunca ninguna cinta con mensajes subliminales y un abordamiento
sexual demasiado rápido de su cuñado podría no resultar efectivo. Por ello su
adoctrinación debía de ser más pausada. Para que funcionara correctamente debía
de explotar algunos de sus más fuertes sentimientos. Por ello comenzó
utilizando el sentimiento de venganza que albergaba en esos momentos hacia su
marido. Él la había engañado con una mocosa veinteañera de grandes tetas y
culo firme. A sus casi treinta años su propio cuerpo todavía no había
comenzado a decaer, y los mensajes iban destinados a hacer resurgir con fuerza
el sentimiento de que nadie lo había aprovechado en su totalidad, al tiempo que
incrementaban su libido y su sexualidad haciéndola permanecer en un estado de
semiexcitación permanente que probablemente acabaría con más de una
masturbación al día. David calculó un par de días para que esta primera
cinta hiciera efecto, y preparó una segunda en la que el supuestamente ya
imparable deseo de su cuñada se centrara en el hombre que más cerca tenía en
esos momentos: David.


En esa segunda cinta también incluyó mensajes para silenciar el pudor y el
sentimiento de culpa hacia su hermana por albergar deseos sexuales hacia su
marido. Ella no debía de pretender quitarle el marido a su hermana, sino
simplemente necesitaba un hombre para apagar su creciente ardor sexual, y estaba
dispuesta a compartir al hombre de Sonia, si ella se lo permitía. Por alguna
extraña razón María no iba a preguntarse el motivo por el que creía que su
hermana le "..prestaría".. a su marido como si de un vestido viejo se
tratara. Según su lógica (su "..nueva".. lógica, claro), mejor que la
cosa quedara entre familia.


A pesar de que María conocía perfectamente las preferencias sexuales de su
marido, David se encargó de añadir algunas inmorales ideas acerca de las
nuevas posibilidades que ofrecían dos mujeres en la cama, dirigidas a las dos
hermanas que iban a escuchar las cintas.


Pocas horas después dejó el laboratorio para volver a su casa, con dos recién
grabadas cintas de música guardadas en su bolsillo. Llegar a casa y encontrarse
a su mujer vestida púdicamente era toda una novedad, aunque por el momento
necesaria. Su cuñada se encontraba mejor y un poco más animada. Al menos ya no
lloraba. Probablemente todas las lágrimas que era capaz de generar habían sido
secadas por la almohada la noche anterior. Ahora se limitaba a insultar a su
marido y a su amante unas cien veces por hora.


Una perversa sonrisa se dibujó en los labios de David cuando colocó la
primera cinta en el equipo de música.



 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap