MIENTRAS FOLLABA A AMPARO POR EL CULO
Enviado por Angel el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Mientras follaba a Amparo por el culo, mi tío le metió su pollón oscuro, corto y muy grueso en la boca, que ella empezó a mamar como si la vida le fuera en ello

Ya llego, ya me sale; ufff, cómo me ha puesto Elvira. Joder, ya se ha metido tres dedos en el coño y a qué velocidad se está meneando el clítoris. Aaaaahhh... ¡Qué gustazo!, ¡qué corrida más buena! Ella también ha terminado.
Me voy de mi escondite tras la puerta intentando que mi hermana Elvira no se de cuenta que la he estado espiando mientras se masturbaba. Ha sido una casualidad que pasara por el pasillo y estuviera su puerta entreabierta. Me ha puesto a mil ver cómo se estaba tocando.

Me llamo Ángel, tengo 25 años, soy estudiante del último curso de administración de empresas y dedico la mayor parte de mi tiempo a gestionar una docena de tiendas que tengo con dos socias en Jaca, al pie de los Pirineos. Desde muy pequeño he sido tímido y bastante vergonzoso con las mujeres; mis tres hermanas se reían de mí siempre que delante de sus amigas y compañeras de colegio me ponía colorado como un tomate, tartamudeaba y terminaba escapando a todo correr. Con el paso de los años aprendí a controlarme y a disimular lo suficiente como para no resultar absolutamente ridículo y poder mantener trato de amistad con distintas chicas y alguna que otra relación amorosa más o menos intensa, pero la sensación de vergüenza e inseguridad nunca la he perdido. Bueno, hasta hace unos diez meses, que no sólo no siento ningún tipo de vergüenza, sino que me he convertido en un manejador de hombres y mujeres a mi antojo, y hasta estoy recuperando el tiempo perdido en lo que a sexo se refiere. ¿Cómo ha sucedido?, pues gracias al poder del punto R.

Siempre me gustó mi tío Alfredo, hermano mayor de mi madre, que desde muy joven salió huyendo de los fogones y cocinas a los que parecía destinado y se hizo en Madrid un nombre (y una apreciable fortuna) dedicándose a organizar viajes para grupos y empresas a los lugares más exóticos y distantes que se pueda imaginar. No hemos tenido excesivo trato (viaja constantemente y tampoco es que venga mucho por su pueblo), pero en todas las ocasiones ha demostrado interés en mí, en mis estudios y aficiones y en las fiestas familiares (es tradicional que celebremos con un gran banquete Santa Quiteria, nombre de mi abuela y de mi madre) se muestra solícito y cariñoso; quizás como un padre a distancia (mi padre murió en mi más tierna infancia).

Precisamente fue el día de su sesenta cumpleaños (vino a celebrarlo con nosotros en el que es el negocio familiar: un coqueto y afamado hotel rural restaurante situado en las inmediaciones del pueblo) cuando comenzó a cambiar mi vida. La cena familiar se alargó hasta bien entrada la madrugada y al final quedamos mi tío y yo charlando junto al fuego, tomando una copa.

-¿Y bien, Ángel, cómo van esas novias; te casarás pronto como por aquí es costumbre o eres más como yo, pillando mil palabras. No vas a dar crédito a lo que va a ocurrir.

El club Ladys tiene el aspecto hortera de una discoteca de principios de los setenta, aunque la docena de mujeres ligeras de ropa que por allí hay no están nada mal. Apenas tres o cuatro hombres se ven junto a la barra. Tras una copa y un rato de vacile con la camarera, mi tío se dirige a una rubia delgada y alta, de tetas redondas blandas, vestida con un corto camisón rojo transparente. Se queda mirándola fijamente a los ojos durante unos pocos segundos, hace un leve gesto con la mano izquierda y la mujer se dirige a mí: hola, guapo; soy Karen. ¿Tú no te animas o es que las putas de este club no estamos buenas para ti?.
Me coge la mano y me lleva tras una cortina. Entramos en una sala prácticamente a oscuras donde parece no haber nadie y nos dirigimos a uno de los sofás que hay pegados a la pared. Se sienta, saca sus tetas del camisón, se las manoseo y enseguida, sin decir nada, desabrocha mis pantalones, descubre mi ya crecido rabo y empieza a mamarlo con ganas. En apenas un par de minutos estoy cercano a eyacular mientras la puta sigue su rápido y frenético chup-chup. Oigo en voz muy baja a mi tío que se ha acercado hasta ponerse tras de mí: piensa lo más raro que se te ocurra para correrte ahora mismo para que yo se lo transmita mentalmente a la puta. Vas a comprobar el poder del punto R.
No se qué pensar, estoy deseando correrme y sólo se me ocurre desear hacerlo con los


pies de la mujer. En unos instantes (y sin que se haya oído ni una sola palabra), Karen se acuesta sobre el sofá, sujeta mi polla con las plantas de sus pies y sigue meneándomela hasta que salen los chorros de mi leche y le pringan piernas y muslos. Vuelve a sentarse y me la chupa suavemente durante un rato más (un par de veces le digo que lo deje ya, pero no hace ningún caso) hasta que está limpia y reluciente por la saliva. Me la guarda en el slip, sube mis pantalones, cierra la cremallera, sonríe y dice con voz contenta: muchas gracias, a las copas que habéis tomado os invito yo.

En el coche, camino de casa, mi tío me mira con cara de cachondeo mientras yo no se qué pensar salvo que estoy muy satisfecho tras la mamada.
-¿Ya lo habías hablado antes con ella, verdad? Es una broma que me gastas.

- Hombre de poca fe, en mi vida había estado en ese club. Tranquilo, en los próximos días voy a darte más ejemplos de control mental y tú también aprenderás a hacerlo. Las posibilidades son casi inagotables y no sólo para el sexo. A mi me ha ayudado mucho durante más de treinta años.

Tras el desayuno Alfredo comunica a la familia que él y yo nos vamos a pasar el día a Huesca y que volveremos por la noche. El viaje en coche se hace un poco pesado por las curvas y el tráfico de camiones, lo que da lugar a que yo reciba la primera charla sobre el punto R: el abuelo Raimond era del sur de Francia, llegó un invierno a Jaca sin oficio ni beneficio conocidos y el siguiente verano fue elegido alcalde de la localidad y consiguió comprar, a un precio que entonces se consideró baratísimo, la finca en dónde hoy está el negocio familiar. Se casó con Orosia, hija de un concejal republicano del pueblo, y murió dejando un importante patrimonio a sus tres hijos varones. Dos de ellos murieron en la Guerra Civil y Alfredo, el más joven, se tuvo que exiliar en Francia durante más de veinte años, perdiendo la imprenta y el taller de coches de los que vivía entonces la familia. Volvió sin un duro y tras casarse con la abuela Quiteria, consiguió recuperar en poco tiempo las posesiones perdidas tras la guerra y construir el hotel-restaurante. Yo soy su único hijo varón y poco despu& Entramos a la tienda cerca del mediodía y Alfredo solicitó ver todo tipo de modelos de bragas, tangas, sujetadores, ligas, bodys, camisones, medias. La dependienta, guapa cuarentona, rubia, pelo corto, tetas pequeñas muy altas, culo redondo y unas piernas de muy buen ver, empezó a poner mala cara al ver a dos hombres que le pedían todo tipo de artículos a la hora de cierre. Mi tío le miró fijamente a los ojos durante unos segundos, hizo un gesto con la mano izquierda, como si apretara un botón con el dedo gordo y& cosa de magia, la dependienta cerró la puerta de entrada, nos indicó con una gran sonrisa que pasáramos a la trastienda, nos sentamos en unas sillas frente al probador y la mujer comenzó a hacernos un espectacular pase de modelos de lencería. De vez en cuando mi tío le indicaba algo mentalmente a Amparo (así nos dijo que se llamaba) y en cuestión de segundos, la dependienta cambiaba de modelo y de postura siempre con una gran sonrisa en la boca.

Tan interesante desfile me provocó una tremenda erección y mi tío indicó a la morena (sin una sola palabra, claro está) que pusiera remedio a la situación: me puse de pie y la mujer me desnudó por completo; se arrodilló y comenzó a chupármela de manera eficaz.

-Ángel, ve indicando mentalmente a Amparo todo lo que quieras que te haga. Piensa tú en ello de manera clara, concisa, visual e indícaselo para que lo realice; hazlo como si hablaras con ella en voz alta.
Tenía unas tremendas ganas de metérsela en el peludo chochito rubio que nos había estado enseñando todo el rato. Pensé en la mujer doblada por la cintura, agarrada al asiento de una silla y yo entrando desde atrás. Dicho y hecho: estaba tremendamente mojada y cuando se la enterré de un empujón, dio un respingo y sonrió. ¡Qué gozada! La dependienta nada decía y a mí me apetece que me hablen mientras lo hago; pensé en ello y casi al instante Amparo empezó a quejarse, a gemir, a respirar con fuerza y a decir cosas como: sí, sí; más, más fuerte, corazón; qué grande la tienes; dame más mi vida, más&. Se calló porque mi tío le acababa de meter un pollón oscur
o, corto y muy grueso que empezó a mamar como si la vida le fuera en ello. En unos minutos me corrí con ganas como si la noche anterior no hubiera tenido sexo. Me separé de Amparo y vi como Alfredo se corría en su cara mientras ella se masturbaba con prisas, como una loca. La corrida de la mujer no se produjo hasta que mi tío se lo indicó bastante rato después. Cayó al suelo desmadejada y sudorosa. Joder, cómo mola esto del control mental.

Salimos de la tienda con varios paquetes con regalos para mis hermanas, mamá y la abuela. Amparo, la amable dependienta, no nos quiso cobrar tras una insinuación de Alfredo.

Recuerda algo importante Ángel: siempre que utilices el control mental procura no abusar en ningún sentido, en especial no pidas grandes cantidades de dinero o regalos demasiado ostentosos, porque eso tarde o temprano lo notaría la gente. El secreto es la mejor arma de la que disponemos. Nunca, nunca debes contarlo a nadie que no sea un hombre descendiente nuestro en línea directa y que su segundo nombre de pila comience por R. ¿Por qué crees que te llamas Ángel Ramón y yo Alfredo Raimundo?; no es sólo tradición familiar, es que nos resulta muy útil.

Autor: Ángel
 

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