Solos y solas (I): Fiesta y Lambada
Enviado por Blade el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Esta historia es real. Sólo he cambiado algunos nombres y datos para
preservar la identidad de los protagonistas.

Ese día Sábado estaba más que embolado. No sabía qué hacer.
Agarré el diario y vi un aviso: "..SOLOS Y SOLAS: FIESTA BAILABLE"..

Llegué al lugar y luego de subir por una escalera de mármol con espejos en
los costados, accedí al salón. Había mujeres sentadas a los costados de la
pista y poca gente bailando en el centro. Me recibió la coordinadora y me
invitó a sentarme a una mesa.
Había allí una mujer madura, fumando. Se llamaba Teresa, vestía una blusa
escotada negra y estaba muy fuerte. A su lado estaba su amiga Mercedes,
pelirroja, que también estaba muy fuerte. No sabía a cuál de las dos
encarar. Me dieron ganas de llevármelas a las dos a la cama.

-- ¿Es la primera vez que te das una vuelta? Me preguntó Teresa.
-- Sí, estaba con ganas de salir ¿Cómo viene la mano acá?
Sonrió sensualmente. Dijo venir seguido a este lugar y que trabajaba en una
peluquería. Nos miramos fijamente y durante un rato compartimos esos
diálogos que son simplemente la antesala de alguna buena encamada. Después
de un rato estiró su mano caliente, tomó la mía y me sacó a bailar. Bailamos
un rato y yo le seguía mirando los pechos. Al rato pusieron el tema "..La
Lambada"... La muy guacha me puso el muslo en el bulto y las manos en la
cintura.
Yo estaba que explotaba. Le besé el cuello y luego nos revolvimos las
lenguas en su boca.
Me miró y me dijo: -- Vivo cerca. ¿Querés venir a ver unas fotos a casa?. Yo
ya estaba que explotaba. La mina tenía ganas de coger y yo con mi aparato de
23 cm no iba a defraudarla. Saludó a su amiga Mercedes, que estaba charlando
con un tipo medio plomo, y nos fuimos a su casa.

Llegamos al edificio y ya en el ascensor la empecé a besar nuevamente. Tenía
un cuello suave y un perfume más que excitante. Al entrar al departamento
nos empezamos a desvestir en el living. Ella estaba un poco tensa porque
hacía mucho que no cogía. Yo la tranquilizaba mientras la desvestía. Llevaba
puesta una tanguita negra zarpadísima.
Tenía unos pechos hermosos y el culo no era para menos.
Nos metimos en la cama y ahí nomás le besé la concha. La tenía súper húmeda
y calentita. Le metí la lengua varias veces. Se puso como loca y me gritó:
--¡Dale cogeme! ¡Cogeme! ¡Cogeme de una vez!
Apunté con mí 23x5 cm y al clavarla pegó un grito bárbaro gimiendo: ¡Esto es
amor! ¡Esto es amor!.¡Seguí, seguí!
Sus palabras me excitaron más y seguí bombeando en forma más rápida. Luego
le saqué la pija y se la puse en la boca. Ella con su boquita habilidosa me
la empezó a chupar. Yo no puede aguantar más y largue el chorro. Su boca
quedó inundada de leche y Teresa me dio la impresión de estar un poco más
relajada.

Nos abrazamos fuertemente mientras nos seguíamos besando, tratando de
recuperar fuerzas para continuar la noche.
De pronto se abre la puerta de la habitación y era su amiga Mercedes. Prende
la luz y se sienta en un costado de la cama.
---¿ Qué rápido volviste? ¿Qué pasó con el tipo que te estaba hablando? Le
preguntó Teresa
--- Un bobo. Recién separado y no hizo otra cosa que hablarme de su ex... le
contestó Mercedes mientras miraba mi pija que estaba flácida por el esfuerzo
realizado.
--- Bueno, dijo Teresa sonriendo, acá la porción es abundante. Si querés
podemos compartir.

Las dos guachas se empezaron a reír con cara de complicidad. Mercedes empezó
a desvestirse y en cuanto se sacó el corpiño aparecieron dos pechos duros y
desafiantes.
Teresa la ayudaba con el pantalón de modo que Mercedes enseguida quedó como
vino al mundo, auque un poco más caliente.

Yo al ver a Mercedes me empecé a excitar rápidamente. Teresa me empezó a dar
una mamada de aquellas mientras Mercedes me daba un beso que me partía la
boca. Las dos me tenían más que entretenido. Cuando mi pija ya había vuelto
a estar bien erecta Mercedes se me subió encima y empezó a cabalgar. La tipa
se movía sin parar y yo estaba más que gozoso tocándole a ella los pechos y
a Teresa la concha. No daba abasto con estas dos amiguitas. Mercedes seguía
sobre mí y ahora había agregado a sus movimientos pélvicos unos gritos que
me calentaban aún más. Por fin no pude más y le eché un polvo terrible que
la hizo paralizarse y cerrar los ojos. Mi miró fijamente y me dijo: ¡Papito
sos un amor!

Las dos se recostaron sobre mí y nuestras lenguas se mezclaron en un trío de
saliva, transpiración, calor y pasión.

No fue esta la única vez que nos acostamos pero sobre las otras veces les
contaré en otra oportunidad.

 

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