Maduro y perfecto anfitrión
Enviado por Pareja el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Hace unos días fuimos con mi mujer a la casa de uno de mis corneadores. A él le encanta recibirnos en su gran y más bien lujosa casa. Y a mí me excita el llevar a mi propia mujer al domicilio de mi corneador. Hasta la sensación de conducir el automóvil y saber que llevo a mi mujer a mi lado para que otro hombre le de verga me excita. Siempre que llegamos donde él me embarga la misma sensación de mediocridad de mi parte. El tiene una hermosa casa y yo pienso que a la Sofi le gustaría vivir de esa manera. Y ser por supuesto la mujer de un hombre no sólo exitoso en lo material, sino también cachondo y dominante en el sexo.

El nos abre la puerta y nos recibe con la inicial amabilidad. Es que él es un zorro viejo por así decirlo. Con sus 54 años sabe bien cómo encantar a sus huéspedes y hacerlos entrar en confianza. Con la Sofi hemos estado ahí muchas veces, y cada vez es tanto o más excitante que la vez anterior y por eso mismo nos sentimos más a gusto aún.

Conversamos en su hermosa y bien equipada sala de estar algunos minutos, y cuando nos ofrece algo de beber partimos todos a la cocina en busca de vasos. Es que siempre insiste en que más que sus huéspedes nos sintamos parte de la casa y nos sirvamos nosotros mismos de lo que queramos. La Sofi, al medio de los dos, abre la puerta de uno de los muebles y se dispone a sacar vasos para todos. Yo a la derecha de la Sofi busco algún jugo en el refrigerador. Nuestro anfitrión a la izquierda de la Sofi se dedica a mirar lo bien que le quedan los jeans a mi esposa. Y cuando ella tiene las manos ocupadas con tres vasos, él le da un tremendo agarrón en el culo a mi amorcito, que la sorprende tanto a ella como a mí.

Ella se queda inmóvil mientras mi corneador acomoda mejor su mano derecha bien metida entre los cachetes del culo de la Sofi, por encima del jeans. El goza del culo de mi mujer, ella pasa de su inicial sorpresa a un estado de relajo donde entiende que allí empieza lo bueno. Yo sigo con el envase de jugo en la mano y siento cómo se me endurece la verga mientras veo a mi anfitrión "abusar" de mi amada esposa en mi presencia. Una vez más está la situación totalmente fuera de mi control y ahí son ellos dos los que decidirán lo que va a ir pasando.

La Sofi comienza a gozar más aún cuando siente que la mano izquierda de mi corneador le acaricia las tetas por encima de la blusa, mientras la mano derecha de él la acaricia con mayor intensidad. Ella sigue con los brazos en alto apoyados contra el mueble, y tratando de que los vasos no se le caigan. Primero lo veo a él desabotonarle la blusa a mi amorcito para acariciarle mejor las tetas. No contento con eso, le quita la blusa primero, y luego le levanta los sujetadores a la Sofi, liberando así las deliciosas tetas de mi esposa, que ahora asoman y cuelgan en todo su esplendor. El se le apega más por el lado izquierdo a ella y con la mano derecha le sigue agarrando el culo desvergonzadamente, mientras con la izquierda le agarra la teta derecha y con su boca mama la teta izquierda. La Sofi goza. La sorpresa de ser manoseada en forma tan repentina la ha excitado muchísimo, y sabiendo todo lo cachondo y perverso que es este maduro hombre, hace que ella desee más y más.

El se ubica mejor detrás de mi amada esposa, le baja los jeans más abajo de la altura de las rodillas, y luego de jugar con los cachetes del culo y las tetas de mi mujer, le baja las bragas hasta la altura de las rodillas. Yo me deshago del jugo que tenía en la mano y me acaricio la verga mientras veo cómo mi corneador se baja los pantalones y los boxers y obliga a la Sofi a reposar inclinada hacia adelante contra el mesón de cocina. Lo que todos estábamos deseando ocurre al fin: él le mete la verga en el coño a mi mujer y goza embistiéndola una y otra vez. La Sofi vuelve su carita hacia mi lado y veo en ella la típica nublosa mirada de su excitación y escucho a la vez sus suspiros al recibir esa gruesa y dura verga.

Luego de un delicioso rato, y ya estando yo con la verga fuera del pantalón para poder pajearme mejor, veo a mi corneador arrodillarse detrás de la Sofi. El de da un par de palmadas en el culo, para mostrarle a ella y a mí quién manda ahí. Luego separa los cachetes del culo de mi mujer y escupe con fuerza contra el hoyo del culo de la Sofi. Ella se sorprende... yo me siento humillado, y aún así ni ella ni yo protestamos. El es el amo absoluto de la situación. Sin tomarnos en cuenta siquiera, él lame los separados y húmedos labios del coño de la Sofi y le va introduciendo su pulgar derecho dentro del agujero anal. Ella se estremece con el placer de la lengua de él y la sensación de estar siendo penetrada por el culo en forma tan inesperada. Y ahí estoy yo, como el pasivo y cornudo que soy, mirando mientras mi mujer yace apoyada contra el mesón, con el jeans y las bragas abajo, y otro hombre hace lo que quiere con ella. La Sofi por su parte se deja penetrar analmente sin protestar. Ella sabe lo que mi corneador y yo nos esperamos de ella, y ella cumple con su rol de hembra sumisa a la perfección.

Mientras pienso en lo poco hombre que soy, mi corneador obliga a la Sofi a separar las piernas todo lo que pueda, a pesar de la dificultad al tener el jeans y las bragas a la altura de los tobillos. Ni siquiera intervengo cuando veo el gesto de incomodidad o dolor de la Sofi y veo que él se está cogiendo a mi mujer por el culo. El se apoya en las caderas de mi amorcito y la embiste una y otra vez. Ya bien dentro del orificio anal de mi esposa, él me mira a mí con aire de superioridad. Y sin dejar de mirarme con aire de triunfo se la sigue culeando al ritmo que él mismo decide (a ratos en forma brusca, y a ratos deja la verga inmovil dentro de ella).

La Sofi ya se ha acostumbrado luego de un rato al largo y grosor de la verga de mi corneador y se va moviendo rico para él. Tengo que aclarar que no es que a ella le gusten las cogidas anales. Lo que a ella le gusta, y mucho, es la excitación que su hoyito del culo provoca en los machos que se la cogen por ahí, y por eso se mueve rico para que ellos gocen hasta correrse en ella. A la Sofi le gusta sentirse utilizada, gozada, ya que con eso se siente que cumple con su rol de hembra y de lo que se espera de ella.

Cuando lo veo a él apegarse bien a la Sofi y lo veo agarrarle las tetas fuertemente mientras se mueve de la típica manera que denota a un macho corriéndose, me corro yo también. Los tres estamos satisfechos por lo hecho. Mi mujer le dio placer a su maduro y cachondo amante y lo hizo correrse rico en su culo. Yo busco algo con qué secarme, y mi corneador le da una última palmada en el culo a la Sofi para mostrar lo satisfecho que quedó. Y por supuesto que yo no desaprovecho la oportunidad de mirar cuando él se sale del culo de mi mujer, para ver las blancas gotas de semen de mi corneador en el culo de mi esposa. Ella se sonríe conforme con haber complacido a mi corneador y busca su boca para que él la bese. Mientras lo hacen yo aprovecho para acariciar el culo de mi mujer y sentir el semen de un macho recio en su hoyito anal. Cuando al fin él y yo la soltamos, la Sofi al fin se libera de los jeans y bragas, que aún tenía alrededor de sus tobillos, para luego pasearse por la casa desnuda y recién culeada por nuestro anfitrión.

 

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