LL y CC – LC y CL
Enviado por Carlos el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Con Luis no éramos amigos, trabajábamos en la misma empresa. El en ventas yo en ingeniería. Los dos compartíamos la práctica de básquetbol a nivel aficionado y nos enfrentamos alguna vez en torneos internos o ínter clubes.

En una ocasión, en parte gracias a una idea técnica innovadora introducida por mi en una oferta de equipamiento a una importante empresa de servicios, el equipo de Luis cerró la operación de venta más importante del ejercicio comercial.

Para festejar el logro, Luis y Liliana, su mujer, nos invitaron a mi y a Claudia, mi esposa, a  cena en un restaurante de moda. Las dos parejas habíamos coincidido en alguna que otra reunión convocada por la empresa para el “lanzamiento” de un nuevo ejercicio fiscal o para las fiestas de fin de año, sin que sucediera nada digno de mención. Claudia se “produjo” acabadamente: nuevo peinado, tratamientos faciales los días previos, maquillaje esmerado,  pantalones claros ajustados y  blusa negra aun más ajustada que le resaltaban las curvas y sus hermosos y grandes senos.  Liliana no se había quedado atrás. Se veía preciosa y sexy  con sus jeans negros ajustados, blusa -también ajustada- de color azul, su cabello lacio estaba suelto y desprendía un olor agradable. Las mujeres no se esmeran sólo para impactar en los hombres, yo creo que lo hacen principalmente para competir con las otras mujeres, que saben van a encontrar. Pero esa noche dieron en los dos “blancos”.  En el recorrido de la entrada a la mesa las dos chicas, altas, 1,75 una y 1,77 la otra, hermosas y arregladas, atrajeron las miradas de comensales de ambos sexos. Durante la velada los ojos de Luis parecieron de dedicación exclusiva a Claudia. De mi parte no me privé de disfrutar de la anatomía de Liliana pero de un modo más medido.

A la hora del café, Luis se declaró encantado del encuentro y propuso:

-         ....tenemos que reunirnos de nuevo. Que les parece el próximo sábado?-

-         ....me gusta la idea. La pasamos muy bien juntos ¿No se que piensan Uds.? ¿Pueden? Digan que si por favor!!...- agregó Liliana

-         ....bueno, compromisos ese día no tenemos, ¿no es así Carlos?..-hizo pata Claudia

-         Entonces convenido. Nos juntamos en casa. Mandamos los críos  con los abuelos. ¿Uds. no tienen problemas para que les cuiden los vuestros, no?  Así estaremos tranquilos -  concluyó Luis. 

Nos despedimos hasta el fin de semana siguiente, luego de haber arreglado algunos detalles. Nosotros llevaríamos postre helado y el vino, tinto porque la cena giraría alrededor del plato principal a base de carne roja.

Durante la semana con Claudia no hablamos en demasía sobre la velada del sábado, sólo lo necesario para prever las compras relacionadas. Las veces que me encontré en la oficina con Luis hablamos un par de veces del encuentro, la segunda el viernes para convenir la hora y darme indicaciones para llegar a la casa en el barrio Unión Ferroviaria, fuera de Buenos Aires.

Las chicas repitieron aumentada la “producción”: peinados y maquillaje cuidado, blusas ajustadas  y, o casualidad, ambas eligieron minifaldas  cortas y medias que resaltaban las largas y bien torneadas piernas.

La comida, con profusión del buen tinto, fue  un derroche de miradas, las palabras resbalaban en los oídos, eran los ojos los  dialogaban –y desnudaban- las cuerdas tensadas de la excitación. A la hora del café, las copas de coñac y vodka nos llevaron a aquella brumosa tierra de nadie de la leve sobredosis etílica.  La chicas, Claudia más que Liliana, parecían ligeramente eufóricas con la risa fácil.

-         ¿Qué  les parece si jugamos algún juego? ¿A los dados o a las cartas? – propuso Luis

-         ¿A las cartas..?¿No es aburrido? – dijo Claudia escéptica.

-         No si sabes elegir el juego. Yo digo el siete y medio prenda – aclaró Luis

-         ¿Siete y medio prenda? Es la primera vez que lo escucho. ¿Cómo es?- preguntó Claudia

Luis la miró directo a los ojos mientras explicaba:

-         Quien pierde se saca una prenda de ropa...La banca es rotativa . ¡Ah! Las piezas perdidas no se recuperan – No esperó la aceptación y salió del comedor.

Al rato se lo escuchó llamar a la esposa:

-         Liliana vení que no encuentro las cartas.-

Cuando quedamos solos Claudia me encaró y con lo que era ya evidente:

-         Carlos estos dos nos quieren coger. ¿No te parece?-

-         Algo de eso e traen...Si queres, damos una excusa, y nos vamos –

-         No creo que sea correcto...Además vos te la comes con los ojos a la mina...y yo...y a mi....hace tiempo me intriga me sentiría con otro...si no te jode demasiado por ahí me largo....... ¿qué decís?-

Perplejo no pude decir nada. No me esperaba eso de Claudia  y, mientras reordenaba las ideas, volvieron los anfitriones.

A las pocas manos del singular siete y medio, todos habíamos perdido zapatos y medias.

Claudia para sacarse las suyas nos dió las dos veces la espalda para levantar la pollera y desprender la media del portaligas.

Liliana no. Me miró fijo en las dos ocasiones y puso mi a consideración su bombacha rosa. Ni que hablar de mi erección. No se como aguantó el cierre relámpago del pantalón.

El juego progresó y le tocó  primero a Liliana desprenderse de la pollera. Lo hizo sin titubear pero a poco de sentarse, se incorporó y dijo no poder seguir ahí por más tiempo y   desapareció detrás de una de las puertas, no sin antes hacer ondular ante mi vista, su culo exuberante.

-         Carlos, andá ver que le pasa a Liliana, dale..- me invitó Luis pasados unos segundos.

La miré a Claudia que puso cara de nada, o mejor dicho, cara de “ andate que tengo con que entretenerme”  y no me lo hice repetir. Entre en el cuarto. Liliana estaba parada, en corpiño y bombacha, mirándose al espejo.

-         ¿Qué te ocurrió que te fuiste? –

Siguió con la vista fija en el espejo y se sinceró:

-         Pasa que me  embalé con vos y no me bancaba más seguir jugueteando con las cartitas....-

Me acerqué y le di un beso en el cuello. Ella friccionó su cuerpo al mío y sentí como sus manos comenzaron a acariciarme cada vez con más confianza. Se detuvo:

-         Cerrá la puerta...dale..-

Fui, pero antes de cerrar pudo más la curiosidad y eché un mirada a los dos que habían quedado en el comedor. No habían perdido el tiempo, se estaban besando y las manos de Luis, acariciaban una nalga y el entrepiernas de mi esposa, que tenía la pollerita levantada hasta la cintura. Sentí algo extraño para mis adentros, un impulso de gritar “¡¡paraaá que es mi chica!!, pero era evidente que Claudia estaba a sus anchas. Cerré la puerta.

Lentamente comencé a acariciar sus senos por encima del corpiño...luego lo alcé quedaron libres... ¡por fin los podía tocar¡ ...libres para mis labios que besaron y chuparon a más no poder. De pronto sentí como sus manos comenzaron a tocar mi sexo que se encontraba tremendamente erecto a causa de la excitación. Me bajó el pantalón y obligó a sentarme en la cama para quitármelo. Le siguió el calzoncillo y comenzó a chuparme mientras me miraba como para medir el placer que provocaba. No aguanté más, la atraje, la puse de espaldas y le saqué precipitadamente el calzón, abrí sus piernas y me inundé en su cuerpo sin ninguna delicadeza con movimientos rítmicos; su boca no cesaba de morderme y mis labios recorrían la parte de su ardiente cuerpo que encontraban al alcance. Nuestros cuerpos siguieron entrelazados, devorándonos mutuamente.., hasta que sentí el orgasmo cerca.

-         ¿tomas anticonceptivos?-

-         ni se te ocurra sacar tu muñeco ...dame toda la leche....-

Un profundo gemido de su boca y las uñas clavadas en mi espalda anunciaron su orgasmo  y yo dí rienda suelta al mío inundándola.

Llegó la calma erótica pero con el descanso del sexo mi mente se trasladó al otro cuarto y no podía asimilar que Claudia estuviese cogiendo con otro. Estuve a punto de incorporarme para ir a cortar de cuajo lo que sea que sucediese en otra parte de la casa y llevarme mi esposa.  Liliana  intuyó lo que hervía en mi pecho:

-   ¿Que estas pensando Carlitos?  ¿No estarás pergeñando hacer el ridículo, no?      ¿ Ya es tarde. Con acortar  la cosa, en el otro dormitorio, no borra el hecho que tu mujer se acostó con  mi marido. ¿No te parece más piola “voltearte” otra vez a la mujer del turro ese?

La lógica de Liliana era irrebatible. Conversamos un largo rato, hasta que distendido, sobrevino la excitación y cogimos una vez más, tan  desaforadamente como la primera vez hasta quedar agotados.

Eran casi las 2 de la mañana cuando Claudia golpeó a la puerta:

-         Vamos Carlos que se hizo tarde –

Nos vestimos a medias en el cuarto y completamos la tarea con los prendas que habían quedado diseminadas en el comedor.

Claudia y Luis nos habían precedido. Nos despedimos con un “gracias por todo”.

 

Ya en el auto, después de andar unos 10 – 15 minutos envueltos en un silencio que podía cortarse con navaja, hablé de lo único que cabía hablar sin caer en el autismo o la hipocresía:

-         ..te sacaste la intriga...¿puedo saber que te pareció?...¿cómo te fue?-

Demoró unos instantes, como  buscando las palabras adecuadas:

            -....no te voy a mentir...me puse re-cochonda con él...y fue una experiencia del todo nueva...-

            -.... el primer orgasmo me lo hizo venir sin culiarme...mejor dicho me cogió con la boca...me lamió largo rato los labios de la chocha, me puso toda la  lengua adentro, me mordíó el clítoris con los labios, haciéndome retorcer de placer, hasta que le acabé en la cara –

-         ..eso nunca me lo hiciste vos...-

-         ..sabes que eso de chupar y pasar la lengua  no va conmigo.. nunca lo hice jamás, ni lo... - 

-         ..no te enojes....lo se...pero me preguntaste y yo te cuento lo nuevo que me sucedió...-

-         ¿y no te la puso, después? –

-          ...si...yo me quería ir cuando se me aplacó la calentura, buscarte para irnos a casa, pero Luis me retuvo y con sutileza volvió a excitarme.....estuvo bueno pero nada para decir uuh!! .....y vos ¿la pasaste bien con Liliana? –

-         ...está buena....le pone garra al coger....pero nada para decir uuh!!-

Nuevo silencio denso, espeso y prolongado.

-         ...¿qué vamos a hacer con nuestras vidas Claudia? Ya lo nuestro no es lo mismo, .....lo que hicimos lo hicimos concientes....-

-         ....yo te quiero....vos sos el mismo de siempre...Liliana no se quedó con nada tuyo que te convierta en otro hombre....yo no perdí nada...me dejé llevar primero por el despecho por como vos desnudabas con la vista a Liliana,...le sostuve la mirada a Luis, a principio para que vos lo notaras, hasta que....quizás por el alcohol que tomé, me turbó...el aprovechó y al “fran heleo” con los ojos le agregó caricias por debajo de la mesa...la excitación y una pizca de curiosidad hizo que aceptara el juego de cartas, que era evidente, no tenía retorno....desde que vos también entraste....entonces me abandoné casi sin pensarlo...pero sigo siendo tu Claudia de toda la vida...y te necesito...no puedo ni imaginarme sin vos....-

-         ....¿por qué no me paraste en seco cuando nos dimos cuenta como venía la mano, y yo, porque agarré para el lado de los tomates ?....-

Detuve el auto. Ella me miró sin disimular la ansiedad que la atenazaba. Le di un beso, primero tímido en la boca. Las lágrimas bañaron su sonrisa.  Nos abrazamos con fuerza y el beso prolongado que siguió dejó en claro que lo sucedido no era más que una herida superficial en nuestro amor, que, sin dudas, sanaría y, la pequeña cicatriz no afearía nuestro futuro.

-         ....perdoname Carlos....-

-         ....perdón Claudia...tenes razón la culpa la tuve yo... debí agarrarte de un brazo e  irnos a tiempo....yo también me descontrole turbado por Liliana....  -

En casa hicimos el amor tan intensamente como cuando volvía de algunos de los largos viajes que hacía por trabajo.

 

Ahora  trabajo en otra empresa y en julio quizás ingrese en otra.

Pasaron más de diez años, desde esa noche loca que no debió acontecer.

Cierro la notebook antes que Claudia venga a curiosear que es lo que me demora  para acudir a la mesa para la cena con los chicos
 

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