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Mi despertar sexual |
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Enviado por Arcami el día Jueves 1 de Enero de 1970 |
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Mi despertar sexual fue a muy temprana edad, ya desde niño supe que me gustaban las mujeres y los hombres. Mi relación con los hombres empezó cuando, era muy niño, siempre me gustaba subirme a las piernas de mis mayores para que me hagan caballito y me fascinaba el roce de las piernas masculinas en mi culito. Sin saberlo en ese momento estaba marcando mi tendencia a entregar mi cola. Ya a los ocho años, mi primo de doce, me toqueteaba la cola y yo disfrutaba de que lo haga al punto tal de no contarle a nadie que era lo que él estaba haciéndome. Intuitivamente no quería que dejara de hacerlo y obviamente si le comentaba esto a mis padres lo hubieran castigado y yo me hubiera quedado sin mis caricias. Cuando cumplí los once años, mi primo no había nunca dejado de acariciarme cada vez que podía, él ya tenía quince y fue un poco más allá y ya me metía la mano y los dedos en la cola y me pedía que le chupara su pija adolescente, en la que apenas empezaba a asomar sus primeras gotas de semen que yo ya tragaba y disfrutaba. Pero a esta altura yo ya chupaba pijas en la escuela y me manoseaban muchos chicos mayores. Pero fue recién a los doce años, que me cogieron por primera vez. Un compañerito de la escuela, dos años mayor, no se conformó con que se la chupara y en uno de los gabinetes del baño, me bajó los pantaloncitos cortos y me cogió. Fue un polvo inocente, su pijita apenas entraba a pesar de sus, y mis, esfuerzos. Era una pijita flaquita y durita, pero después de bombear varias veces, y haber entrado apenas su cabecita, este chiquito sintió que acababa, cosa de la que no me di cuenta. Los trece años fueron mi verdadera iniciación. Un amigo de mi primo, quien le había contado mi historia, me propuso formalmente que fuera a la cama con él. Acepté con verdadero entusiasmo. Este chico tenía diecisiete años y siempre me había gustado su forma de ser y siempre había querido conocerle la pija. Así que coordinamos para el día siguiente, a la salida del colegio en su casa que estaba solo hasta la noche. Estuve toda la mañana pensando en que, esa tarde, iba a recibir mi primera pija. Llegué a su casa y él ya estaba ahí. Fuimos derecho a su pieza y nos sentamos en su cama. Me abrazó y me empezó a acariciar, la espalda, el pecho, ahí también descubrí que me fascinaba que me tocaran las tetillas. Despacito nos fuimos sacando la ropa. Yo no se si yo estaba muy caliente pero sí muy excitado y entusiasmado. Cuando ya estuvimos desnudos, pude ver su majestuosa pija, no era muy grande pero para mi brillaba, me la puse en la boca e hice gala de mi, ya amplia, experiencia como chupador de pijas. La saboreaba en cada subida y bajada, le pasaba mi lengua por todo el tronco, me la metía en la boca y sus manos me agarraron la cabeza, marcándo el ritmo que a él le gustaba. Estaba durísima y enrojecida. Sus repiración era bastante agitada, gemía de placer. Como pudo, alcanzó mi cola con su mano y me empezó a dilatar el agujerito, yo sentía verdaderos temblores, sintiendo su dedo en mi ano, se chupaba el dedo y lo volvía a meter, yo no dejaba su pija, deteniéndome cuando sentía que él se aceleraba demasiado. No quería que me acabe en la boca, sino dentro de mi cola. Cuando consideró que estaba lo sufientemente dilatado, me giró y me chupó un poco el agujero, ahí sí sentí una sensación indescriptiblemente placentera, le movía mi cola, y él introducía la puntita de su lengua, mientras con las manos me separaba las nalgas, se arrodilló detras de mi y apoyó su glande en mi agujero, dio un primer empujon y las paredes de mi recto empezaron a ceder, dejándolo entrar, lentamente sentía que me iba llenando la cavidad, me encantaba sentirlo adentro de mi, empujó hasta que entró toda su pija en mi culito de niño, lentamente salió y lentamente volvió a entrar. Mi culito se adaptó admirablemente, ya tenía costumbre de que me metan varios dedos juntos, con lo cual no opuso una verdadera resistencia a su miembro. Bombeó varias veces y comenzó a aumentar su ritmo, hasta que después de pocos minutos, no aguantó mas y explotó dentro de mi. Fue fantástico y ya habia dejado, oficialmente de ser virgen. Después de él, en el tiempo siguieron varios jóvenes más, que usaban su casa como lugar de encuentro. Pero no fue hasta que cumplí los diecisiete años que sentí mi primer "orgasmo anal", en el que acabé sin necesidad de tocarme. Se trataba de un jefe mío, que le gustaban los chicos. Yo ya trabajaba y este hombre, de unos cuarenta años, me poseyó, una nochecita en su despacho, cuando en la empresa solo quedabamos él y yo. Tal vez habíamos tenido alguna química, porque siempre presentí que me tenía ganas. Esa nochecita, pasé por su oficina a despedirme y me pidió que pasara. Me preguntó si quedaba alguien más y una vez que confirmó que estabamos solos me pidió que cerrara y trabara la puerta. Lo hice sin preguntar y como si todo estuviera aclarado de antemano y fueramos dos avezados amantes nos abrazamos y besamos apasionadamente. Me tocaba todo el cuerpo, yo sentía que su experiencia tomaba el control de la situación y me entregaba a la totalidad de sus deseos. Sus manos se metían entre mis nalgas, las que yo abría para liberarle el camino, su boca me comía la mía y mi cuello. Me abrió la camisa y se abalanzó sobre mis tetillas con su boca, me las chupaba dándome un terrible placer, que me hacía gemir y jadear acaloradamente, aflojó mis pantalones y por primera vez sentí su piel en mis nalgas, me estremecí. Casi desaforadamente le bajé el cierre de su pantalón y metí mi mano para apoderarme de su pija que ya casi gritaba para que la liberen de ese encierro, me arrodillé a sus pies y de un solo golpe me metí su pija en la boca, mediría unos 19 o 20 centímetros, de un grosor medio, la chupé con locura, mi lengua la recorría completa, bajaba hasta sus testículos y subía, lamiendo, hasta la punta, para metermela de nuevo en la boca y entraba y salía. Él comenzó a hacer un movimiento como cogerme la boca y yo le apretaba los labios alrededor de su tronco para darle el máximo placer. Rápidamente nos desnudamos y me dio vuelta sobre un sillón para chuparme bien el culo, él tenía absoluto control de la situación y obviamente de mi, y lentamente, saboreó todo mi culito que se entregaba y abría bien para él. Me introdujo varios dedos y los movía circularmente dentro de mi. Yo le pedí que por favor me cogiera, peró no lo hizo hasta que no sintió mi verdadera desesperación por ser penetrado. En ese exacto momento se irguió detrás de mi y empujó de un solo golpe su miembro hasta el fondo, yo grité por la violencia de la penetración y me estremecí enloquecidamente. La sacó por completo y nuevamente la metió de un golpe, se quedó unos segundos quieto y comenzó su vaivén, acompasado y con calma. Toda su experiencia me estaba haciendo sentir, creo que el mayor placer que hubiera sentido hasta ese momento, con sus manos me sostenía de la cintura y me traía y me llevaba, me acercaba y me alejaba, sentí, después de varios minutos, que estaría por acabar y me retorcía y entre estertores acabé en un inolvidable orgasmo, que por primera vez sentí mientras me cogían. Él siguió unos minutos más hasta que me llenó de su leche, acabando con violencia y pasión. A partir de ahí mi destino estaba totalmente definido, si bien amaba a las mujeres, no dejaría nunca de tener relaciones con hombres. |
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Escribile un e-mail al autor: arcami876@hotmail.com |
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