Tengo 17 años y asisto a la preparatoria, soy blanca de ojos verdes, mido
1.65 m. Mis facciones son finas, pues mis rasgos siempre me han ocasionado el
acoso de los hombres, mi figura en ocasiones es motivo de que algunos de ellos
me hayan propuesto infinidad de cosas, esto me trae problemas pues mi físico
digamos que no es muy común pero aún con todo ello sin acepción me he dado ha
respetar aún cuando no me han faltado ocasiones para mandar todo al traste.
Mi relato comienza una tarde de mayo, yo como siempre me dirigía a la
escuela pues asisto por las tardes ya que por las mañanas trabajo en el centro
comercial * que esta ubicado a unas cuantas cuadras de mi casa, como decía me
diría a la escuela con las preocupaciones habituales de las tareas y los
trabajos que ese día se tenían que entregar, y que yo no había tenido
oportunidad de acabar ya por falta de tiempo y porque la información que tenía
que encontrar no la había podido hallar en los libros de nuestra biblioteca y
mucho menos con algunos de mis compañeros que con tal de hacerme algún favor
no reparan en los medios.
Cuando llegó la clase de historia del arte, sabía que aquel profesor gordo,
deforme y con mal aliento sabiendo la dificultad de la tarea que había pedido,
y sospechando que no la llevaríamos se llenaría de gozo pidiéndola, así que
de antemano esperaba la escena, ya podía imaginar paso a paso sus comentarios y
otras variantes con las que él acostumbraba a aturdir a la audiencia, cuando
entró al salón como de costumbre ( pues yo me sentaba en la primera butaca) me
observó con esa mirada que tenía de desvestir a las personas, siempre me ha
gustado darme mi lugar pero tengo que aceptar que mi vestido siempre es algo
sexy, por lo corto y me gusta que los hombres me miren con aquella cara de bobos
cuando me observan las piernas o mis hombros salpicados de pequitas, pienso que
he de ser objeto de sus fantasías más depravadas en lo que ellos les llaman
sus noches húmedas o en algún rapín de ocasión. Bueno como decía que me miró
y quizás nadie notó lo que yo pero cuando se hubo sentado en la silla de su
escritorio noté que aquella bestia la traía bien erecta, y que cuando su
gordura se lo permitía intentaba cruzar las piernas para que no se le notara,
pero yo al percatarme de ello le empecé a mirar, le quise jugar una mala
pasada, y le miré mientras me mordía los labios, noté que su rostro se puso
colorado por lo que imaginé que el pobre tonto debía de estar a cien o más.
No dijo nada de la tarea para sorpresa de todos, y cuando hubo terminado la
clase se dirigió a mi lugar y sin que los demás oyeran me dijo que tenía que
arreglar un asunto conmigo que por favor me presentara en el salón de maestros,
yo me puse colorada y sospeché que pagaría cara incluso con un citatorio a mis
padres la jugueteada que le había hecho.
Salí del salón y cuando llegué al de maestros él ya se encontraba ahí,
se levantó de la silla de la esperaba y dirigiéndose a puerta la cerró, yo me
asusté e intentado salir rápidamente hice un movimiento rápido pero él fue más
rápido que yo y tomándome de la blusa me la jaló haciéndola jirones, me tomó
entre sus manos y comenzó a lamerme la cara, sentía un asco enorme quise
gritar pero estaba paralizada por lo insólito de su actitud y por el miedo que
me infundía, me tomó del cuerpo de todo cuanto quiso y sujetándome de los
cabellos me bajó a la altura de sus genitales y sacándoselo me pidió que lo
lamiera yo comencé a excitarme y desobedeciendo a toda costumbre y principio
moral, lo chupé con tales ganas que podía escuchar cómo entraba y salía de
mi boca, este sonido lo encendió más él, y yo en el piso como estaba pude
pirar al ser que tanto saco me daba se complacía con meter su pija en mi boca,
aquel sujeto me inspiraba un asco promiscuo y atrayente, así que como yo había
visto películas pornográficas quise hacer lo que en ellas se veía y hacía, sólo
que mi inexperiencia volvía mis movimientos un poco torpes pero ello no
importaba porque cuando eso sucedía él me dirigía con tal maestría que parecíamos
unos pornostars de primera categoría, me levanté y él quiso introducirme su
pollo en mi concha, pero sus movimientos eran bruscos y me lastimaba, pues yo
era virgen, él me puso a cuatro patas y montándome me la metió de un solo
golpe, yo comencé a sangrar él se excitó más y aceleró el ritmo mientras me
nalgadeaba con tal fuerza que pensé que me reventaría las nalgas de tanto
golpe, me la metía y me la sacaba como loco, yo estaba apunto de correrme pero
antes de eso comenzó a llamarme zorrita, y facilita eso me encendia y noté que
él ya casi no se movía para metérmela sino que yo era la que me parecía una
verdadera ramera moviéndome para que no dejara de follarme así lo hice hasta
que reventé en un orgasmo tan violento que sentí perder las fuerzas en las
manos y en las piernas pero él continuó fajándome un rato más para que
pudiera también terminar, y ya cuando está a punto me la zabulló hasta fondo,
sentí cómo me humedecía por dentro lo caliente de su líquido, me puse de pie
y serramos con un de frente yo montada en él como un changuito a su madre
chango, sudados, él con su mal hálito, y yo con mi cuerpo al desnudo sudada y
mi cuerpo esbelto era de él y partir de ese momento supe que siempre sería así.