Az£car
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Existen cierto tipo de estancias (a lugares, me refiero) que habitan,
temporalmente en su mayoría, personas que gozan de ideas liberales, cuya ética
es cuestionada por otras que no gozan del mismo sentido de la moral.


Se dice que estas personas pululan por playas, hoteles y campings, sin prenda
que les tapen sus vergüenzas, esto es, desnudos (lo explico porque, como yo,
puede que haya gente que piense que su desnudo no es cosa vergonzosa).


Me dirigiré ya a la historia que, sin tanta retórica, les explicaré:


Precisamente fue en un camping de los inmorales donde me sucedió, lo que hará
para algunos más excitante mi relato, mientras que a otros les dará
exactamente igual. Disculpen que me desvíe, ya prosigo: Contaba yo con 17 años,
cuando comenzaron mis vacaciones del año 97. Partíamos un uno de agosto y no
regresaríamos a casa hasta entrado el mes de septiembre, mes y un poco en el
que recorreríamos la costa mediterránea española casi al completo, unas veces
por placer, y otras por deber (sí, hasta en vacaciones tenía compromisos mi
padre).


La primera parada era en este camping, del cual no remitiré su nombre ni su
emplazamiento. Posee mi familia una bonita caravana, alegre por lo distinta y
distinta por un suceso acontecido antes de que yo tuviera conciencia de mi
propia vida, allá por el 89 o el 90, año en que mis padres a bordo de esta
caravana, emprendieran completa la romería del Rocío, en la que no tuvieron más
brillante idea que decorar su exterior con cantidad de circulitos de papel
charol, de distintos colores y diámetros, repartidos de forma equidistante unos
de otros, lo que tuvo que llevar su tiempo (o quizá no).


El caso es que la caravana yace allí todo el año, en el aparcamiento de
dicho camping, y cuando llegamos sólo hemos de pedirle a los mozos de
mantenimiento que la coloquen en una parcelita libre, la cual nos guste, cerca
de la playa, de la piscina, del bar, con sombra...


He de confesar que aquel año, al llegar, la mayoría de las plazas estaban
cubiertas, y que nos tuvimos que conformar con una grande pero desolada parcela
donde sólo crecía un insignificante almendro. En cambio, y aunque a mis padres
no le afectara, fue la mejor posición que podía haber encontrado nunca. Una
vez orientado como mi madre quería (que si aquí no porque no sé qué del sol,
aquí tampoco que es el sur...), me di cuenta de que la ventana que había junto
a mi litera me mostraba otra caravana (algo más antigua que la mía), que en el
momento de mi llegada yacía sin habitantes...


El día fue pasando mientras adecentábamos la caravana, pero tras el nimio
almuerzo, mi padre me dio libertad para ir a encontrarme a mis antiguos amigos.


Pensé que lo más probable era que estuviesen en la piscina, como todos los
años atrás que había venido, pero no era así, habían madurado y ya no les
gustaba la piscina (que a mi nunca me había gustado), sino la amplitud y la
belleza del mar (que yo siempre había adorado).


Estaban sentados en uno de los extremos de la prolongada playa, junto a las
rocas, incluso algunos encima de éstas, como nos solíamos sentar nosotros,
haciendo una gran toalla que pudiera abarcarnos a todos en comunidad.


Desde la apartada lejanía puede reconocer a las cuatro chicas de la pandilla
que no habían faltado a su cita anual, y, los chicos, tres, que, más
calenturientos que nunca e incapaces de defenderse de las acometidas de sus
hormonas, hacían por meterle mano a las indefensas féminas, quienes por su
lado, se mostraban en toda la exuberancia que sus cuerpos daban de sí, no pudiéndose
describir ninguna como inatractiva o desagradable.


Estaban en el apogeo de sus respectivas bellezas, aunque eso sí con estilos
distintos. Se podía distinguir así a Noemí, mi favorita, una vallisoletana de
mi edad, quien lucía unos senos preciosos, pero no abultados, con unas formas
como de limón partido... Bah, no llegaría a describir ni la mitad de su
belleza aunque escribiera todo un libro sobre ellos, así que sigamos:


Su entrepierna se veía marcada por la moda de la depilación meticulosa,
formando su vello la mitad de un triángulo acutángulo con el piquito orientado
hacia su perfecto ombligo situado geométricamente donde debía de estar en un físico
perfecto. Un cuerpo para no decir palabra.


Las otras, en la que no me entretendré mucho más, eran: Tamara, una
valenciana con unos ojos preciosos, emplazados por desgracia en una cara y un
cuerpo no tan agraciados (pero que suplía con un aguzado fantástico sentido
del humor, por otra parte, no demasiado inteligente), Luna, también valenciana,
pero justo al contrario, intelecto de cero para todo y diez en cuerpo (si bien
no lo cambiaría ni después de una ruda sesión de tortura por el de Noemí,
pues sus pechos eran de esos clasificables, quizá, en tallas especiales) y
Elke, una holandesa la cual hacía mucho que se había despojado de su
virginidad, poseyendo el mayor promedio de veces hecho el amor a gente recién
conocida, achacándole el problema, en un mal castellano, al libertinaje sexual
que recorría su país.


Entre los niños contaban, todos con la misma descripción, (puercos, salidos
y borrachos) Joel, catalán, Lolo, cordobés, David, valenciano y, una excepción
que confirmaba la regla Carles, también catalán, de quien más tarde si viene
al caso hablaré.


Y allí estaba yo, desnudo, impúdico, no se imaginen que excitado ni erecto,
sino como se sale normalmente de fin de semana, con frac si hace falta,
totalmente relajado. Al fin y al cabo yo no tenía ninguna expectativa que
cubrir, pues ya salía con una chica en mi Málaga natal. Su nombre era Carmen y
cinco años después a sus oídos nunca a llegado esto.


Me acerqué con descaro, nadie se había percatado de mi presencia, así que
estire mi toalla ayudado por la brisa marina y me quede de pie, contemplando el
mar. Cuando escuché que los ánimos se habían calmado en las profundidades
hablé:


¿Todo bien en vuestros planetas, chicos?


Tanto como en el tuyo, cabrón - me espetó Joel, de mi misma envergadura,
saltando sobre mí y haciéndome caer.


Cuando me zafé fui saludando una por una a las chicas, y a Carles, y por último
a los otros dos chicos restantes. Me entretuve un poco más en Noemí, y de
manera ladina, en su busto, para luego acabar tumbándome en mi toalla y preparándome
para pasar una tarde llena de alusiones a juegos eróticos, bromas pesadas y baños
locos. Cuando el sol se puso en el horizonte, quedamos en el parque del camping
y nos fuimos a arreglarnos. Cual fue mi sorpresa cuando Noemí comenzó a
caminar a mi lado.


¿A dónde vas, guapa?


A mi casa - dijo, refiriéndose a su caravana que asombrosamente resultó ser
la que se contemplaba desde mi ventana.


Tras algunos devaneos infantiles ella se introdujo en su caravana y me
despidió. Yo me introduje en la mía, tras gritar que me marchaba al bar a
comer algo, ya que mis padres no estaban, cosa que resultó ser verdad y de la
que me enteré leyendo esta nota:


<..<..Hemos salido a cenar al pueblo, volveremos tarde>..>..


Bastante concreta, por cierto.


Me alegré y me dispuse a observar la ventana de la caravana de Noemí, desde
la mía, o mejor dicho desde el resquicio que había entre la pared y la
persiana que eché para pasar desapercibido mientras le espiaba. La tenue luz de
una maldispuesta farola, me permitía ver lo que allí ocurría


Quiso el destino que su cama estuviese también tras aquella ventana, y pude
ver, desde la sobriedad de la noche, como la chica se tumbaba sobre la cama a
juguetear con su perrito, totalmente desnuda


Creyéndose segura por el silencio de la noche, abrió la ventana y resopló
debido al calor que hacía, luego, tras mirar en todas direcciones, sacó una de
las pantorrilla por la ventana y comenzó a dirigir sus manos a su entrepierna.
Yo sentí una terrible erección, la primera en aquel camping, que, debido a los
juegos que se irían perfilando directa o indirectamente a través de aquella
escena, no sería la última...


Continuará...



 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap