Horas extra
Enviado por Anonimo el día Jueves 1 de Enero de 1970
 



Hola a todos quienes lean este relato que me atrevo a publicar por primera
vez. Mi nombre es Juanita pero me dicen Ana o Anita. Tengo 22, soy delgada,
rubia de cabello corto, blanca, 1.72, busto normal, piernas fuertes porque hago
ejercicio seguido... y la verdad me gusta mucho pasarme la bien con el tema del
sexo. La historia que les contare sucedió hace muy poco y pasó con mi actual
jefe de sección. Yo trabajo como diseñadora gráfica en una empresa de
software y diseño interactivo en una ciudad capital americana. Aunque todavía
estudio me logre colar y laborar en esta compañía de lo mejor en este país.
Bueno llevo aquí como 3 meses y tengo un jefe bastante malgeniado y patán. Es
un hombre maduro de 35 a 38 años. Alto fuerte y de aspecto normal, aunque
agresivo sobre todo la mirada).


Desde que empecé a trabajar el jefe ( que diremos Daniel) me puso el ojo
para sacarme, pues dice que los estudiantes y recién egresados no sabemos nada
de nada, así que me tocó bastante duro los primeros días con la presión de
él. A mis otros compañeros (todos hombres) les agradó sobremanera mi compañía.
Todos hicieron casi una fila durante las primeras semanas para coquetearme y
tratar de que ocurriera algo de movimiento conmigo, pero yo nada de nada. Me
adapté rápido y puse a trabajar muy fuerte de día y de noche para que el jefe
no molestara más. Cada día uno de mis compañeros de sección y de otras me
entraba a coquetear, todos me molestaban y no quería nada con nadie, el único
que me hacía sudar un poco, y no sólo era por la presión sino por que era el
único que me ignoraba desde el plano sexual, era Daniel. El jefe. A pesar de
ser un hombre maduro y todo, me gustaba cómo se veía de fuerte y ese ceño
fruncido me agradaba muchísimo.


Comencé a vestirme un poco provocativa para ver cómo le hacía para que el
jefe se fijara en mí. No sirvió de nada más que para calentar a mis compañeros
que no dudaron en hacerme ofertas indecentes para salir. Una noche en la que
trabajé horas extras diseñando un logo para una empresa importante Daniel salió
de su oficina y pasó a un lado de mi cubículo. Me vio atareada y se acercó a
ofrecerme su ayuda. En la sala de diseño sólo estábamos él y yo pues todo el
personal había salido desde hacía una o dos horas atrás.


-¿Cómo va eso Ana? -Bien, bien, creo que lo termino en un rato -¿Segura?
porque veo que falta bastante. -Pues yo lo termino hoy así me quede toda la
noche acá jefe.


Él se sonrió por primera vez conmigo. Así que aproveché la oportunidad y
le devolví la sonrisa un tanto coqueta.


-¿Por qué no me muestras algo para ver si me inspiras?


Le dije y él puso cara de sorpresa. Al tiempo bajé la mirada hacía mis
piernas que se veían libres pues llevaba una mini azul turquesa y blusa azul de
tiras y botas altas negras. Él me miro con algo de calentura y lanzó su brazo
sobre mí. Yo alcancé a cerrar los ojos para sentir su brazo fuerte sobre mí,
pero no, el tipo tomó el mouse y me empezó a mostrar ejemplos sobre el
trabajo. Yo me desilusioné y seguí en el trabajo, escuchando atenta las
instrucciones de él. El jefe de seguridad del edificio pasó haciendo ronda y
nos vio. Preguntó sobre la hora en que dejaríamos de trabajar y Daniel le dijo
que yo me quedaba un rato más. El de seguridad nos dijo que estábamos los tres
solos en el edificios pues el turno de impresión no trabajaba esa noche.
Seguimos trabajando y un rato después me dijo que se iba ya, que estaba tarde.
Acepté. Él salió y yo seguí en el trabajo.


De pronto, tiempo después, sentí unas manos que me tocaban la espalda haciéndome
un masaje. Me asusté y gire. Era Daniel.


-Hola ¡qué susto me has dado! -Me regresé porque creo que necesitas más
ayuda ¿o no? -Sí creo que sí... -¿Un masaje? -Ok


Entonces empezó a tocar mi espalda y mis hombros haciendo que me relajara
sobre el asiento. Sus manos eran muy buenas. Me concentré en el placer del
dolor por la tensión de mis músculos. Luego sentí que una de las manos bajaba
y rozaba mis senos sobre la blusa. Abrí los ojos pero seguí quieta. Ahora me
tocaba a fondo y yo estaba en shock. Pues aunque esperaba algo de Daniel nunca
creí que fuera en ese momento.


-¿Hace cuánto no te dan un buen masaje? -Hace bastante jefe... -Creo que te
llegó la hora de hacerte uno completo -¿En serio?


Al decir esto bajó su cabeza y me dio un beso súper húmedo, al tiempo que
bajaba mucho más su mano y la metía por mi falda, tocándome los muslos y
llegando hasta mi interior. Yo le hice la tarea más fácil girando la silla y
quedando frente a él. Daniel se arrodilló frente a mí, levantó un poco mi
falda, hizo a un lado mis interiores y comenzó a chupar y lamer mi genital. Yo
no paraba de gemir y suspirar. Rápidamente tuve un orgasmo enorme. Le tomaba la
cabeza y la apretaba fuerte sobre mi órgano. Él sólo paraba para darme una
mirada y seguir paladeando su lengua en mi clítoris. Comencé a tener otro
orgasmo más fuerte que el anterior y lo hice a gritos. Daniel era excelente con
la lengua. Tras ese orgasmo caí sobre la silla dichosa, entonces él se puso de
pie frente a mí.


-¿Te gustó? -Ajá (contesté como tonta) -Baja mi cremallera y saca mi
verga. (me dijo un tanto vulgar)


De inmediato lo hice. Su cambio de ser un hombre caballeroso a ser uno vulgar
me excitó demasiado. Bajé el cierre y sin quitarle el pantalón saqué un pene
enorme, era largo, un poco grueso. Lo tenía en mis manos.


-Métetelo a la boca putica...


Como si estuviera sonámbula o algo así obedecí. Abrí la boca y empecé a
comerme su aparato. Él lo disfrutaba al máximo. Hizo que bajara de la silla y
quedara de rodillas. Seguía chupando esa verga grande y hermosa, repleta de
venas que palpitaban en mi boca.


-Eso es putica, muy bien, muy bien...


Mientras se la chupaba Daniel se quitó el saco y la camisa. De un momento a
otro me tomaba de la cabeza y me daba empujones dentro de mi boca con su pene,
como si me follara así.


-Detente un momento putica. Quítame el pantalón.


Lo hice de inmediato. Quedó desnudo. Me levantó y sacó mi blusa bajó mis
interiores y la falda la arremangó sobre mi cintura, me dejó con las botas. Me
tomó del cabello, jalándolo, y me puso de rodillas nuevamente para que
siguiera chupándolo.


-Sigue con tu trabajo oral puta...


Continué mamándole la verga por un rato más. Me sentía muy bien así. Me
encantaba su pene. Llevábamos más de media hora así, cuando él mismo sacó
de mi boca su aparato. Me hizo levantar y me llevó hasta la sala de espera
frente a su oficina.


-Ven que te voy a follar como se lo merece una puta como tú.


Me acostó boca arriba sobre el sofá de la sala de espera abrió mis piernas
que tomó con sus manos y puso su vergota en mi entrada. Yo la tomé y la fui
metiendo de a poco. Me quejaba y a él eso le gustaba. De improviso avanzó y la
metió toda. Hasta el fondo. Grité. Se acomodó y empezó a meter y sacar su
pene dentro de mí. Lo hacía a una velocidad enorme y con una fuerza gigante.


-Te gusta así ¿no puta? ¿te gusta?... perra...


Yo no paraba de gemir y de agarrarme de sus brazos fuertes. Sus embates eran
tremendos. Unió mis piernas para apretar así su verga en mí. Y con una sola
mano las tomaba y con la otra se apoyaba del espaldar del sofá. Me la metía y
sacaba como una maquina sexual. Luego la sacó repleta de líquidos míos, pues
ya había tenido un orgasmo durante la faena.


-Ponte en cuatro perra que me gusta penetrarlas así, a las putas como tú...
Lo hice. Él me dio una palmada en las nalgas. Metió uno de sus dedos en mi coñito,
lo sacó e intentó meterlo en mi trasero. Yo se lo impedí y él me abofeteó
en la cara.


-¡Quédate quieta perra, que voy a hacer lo que yo quiera!


Me quedé helada y quieta. Insistió metiendo uno de sus dedos en mi trasero.
Nunca lo había hecho por ahí. Su dedo me molestaba sobremanera y cuando ya lo
tenía dentro comenzó a meter otro en mi coñito el movimiento de ambos me fue
excitando cada vez más. Fui moviendo mis caderas al ritmo de sus dedos.
Entonces los sacó de su interior y se acomodó para penetrarme. Primero de
forma normal por mi coño. La metió toda de una y comenzó a penetrarme fuerte.
Yo tenía la cabeza enterrada en el espaldar del sofá. Sus embates me apretaban
contra él.


Me tomaba de la cintura y me atraía hacía su verga que salía y entraba
como un taladro. Sus huevos golpeaban mis nalgas y estaba a punto de un nuevo
orgasmo. Se detuvo.


-Ahora vas a saber lo que es coquetear conmigo perra.


Puso su pene en mi entrada posterior y empezó a avanzar. Me dolía muchísimo.
Él se veía experto en estos menesteres y esperó a que me relajara. Cuando el
glande estaba dentro, comenzó nuevamente a empujar hasta tenerlo todo dentro.
Allí mismo me tomó del cabello y me alzó la cara, al tiempo que me penetraba
sin compasión. Se apoyaba de mi cadera y de mi cabello como si cabalgara a una
yegua. Yo estaba en otro mundo sintiendo de todo: dolor, placer, lujuria, éxtasis,
etc.


Me metía su pene con todo poder. Sentí que estaba por acabar pues se apoyó
sobre mi cadera y su ritmo se aceleró. Dio varios embates más y sentí cómo
inundaba mi traserito. Fue enorme la cantidad de esperma que salía de él. Sacó
su miembro y lo limpió con mis nalgas y con mi falda enrollada a la cintura. Se
sentó a mi lado y me besó.


-¿Te gustó, perrita? -Sí, sí me gustó jefe...


Él me sonrió y me invitó a que le limpiara la verga. Lo miré y me fui
encima de su hermoso pene a lamerlo hasta dejarlo limpio. Mientras lo hacía
sentí a alguien detrás mío. Gire y se trataba del jefe de seguridad que
miraba la escena con una cara de vicio increíble.


-¿Qué tal la vista José? Preguntó Daniel -Excelente...


Respondió el hombre mientras me miraba. Yo estaba congelada sentada desnuda
a un lado de Daniel que me sobaba el cuello y se sonreía con José.


-Bien rica esta puta ¿cierto? -Pues yo la vi muy bien puestecita don
Daniel... -Ya sabe que de noche esta empresa es suya con todo lo que tiene
dentro...


Al decir esto miré a Daniel y éste me sonrió. José se acercó hasta mí
al tiempo que se bajaba el pantalón, sacando un pene gruesísimo y empalmado a
más no poder, pues había visto todo desde el inicio. Lo tomó en sus manos y
me lo ofreció para que lo chupase. Daniel me presionó del cuello y no hice más
que abrir la boca e intentar tragarme el paquete del vigilante.


Su verga era más pequeña que la del jefe pero mucho más gruesa. Comencé a
lamerlo y darle pequeñas mordidas.


-Eso sí, mamita, así. Mírame a los ojos mientras lo chupas... me gusta ver
la cara de putas cuando lo maman...


Me decía el tipo mientras tocaba mis senos y se iba quitando la ropa. Daniel
se sentó frente a nosotros a disfrutar de la escena.


El vigilante era un hombre de unos 45, bajito, pero acuerpado, blanco y
calvo. Me detenía en la mamada para quitarse su ropa, hasta quedar
completamente desnudo. Seguí mamándolo hasta que él me detuvo, se sentó en
el sofá y me invito a sentarme sobre su verga gruesa. Así lo hice, sentí esa
verga abriéndome un poco mi conchita pues el tamaño del grosor era inédito en
mi cueva de sexo.


Cuando pude ensartarlo todo él mismo me daba el ritmo para que subiera y
bajara. Mientras me chupaba y tocaba los senos. La fricción con esa nueva verga
hizo que me excitara mucho y que intentara llegar a un nuevo orgasmo. Aceleré
el bajar y subir. Sentía cada vez más esa verga dentro. Abracé al vigilante y
comencé a hablar:


-Sí, sí, qué verga hermosa, me gusta sentirla dentro, dentro... sí, sí...-
y me corrí de una forma inusual. Gritando fuertísimo. Arañando al vigilante
de tal forma que violentamente me levantó y me puso acostada sobre el sofá.
Entonces comenzó a meter y sacar su pene con violencia. Yo le pedía más y más.
Parecía que estaba incómodo en el sofá, así que sin sacarme su pene de
dentro me puso en el suelo y allí montó mis piernas con las botas sobre sus
hombros y me penetró con furia. Luego se apoyó de mis senos y me daba con
total violencia. Yo estaba en otro mundo mientras me penetraba. Daniel se acercó
y me ofreció su verga para que se la chupase mientras tanto. La tomé y la mamé
mientras era follada.


El vigilante sacó su pene. Me puso en cuatro y volvió a meterla fuerte. Yo
seguía chupando a Daniel entonces sentí el ritmo a punto de acabar del
vigilante decidí ayudarle moviendo mis caderas, también Daniel parecía
acabar. Ambos se vinieron al tiempo. Daniel bañándome la cara y la boca y el
vigilante bañándome la espalda. Ambos se pusieron frente a mí y los limpié a
fondo.


Después de esto se vistieron. El vigilante siguió en su guardia y Daniel me
llevó a su oficina.


-Mira Ana, esto que pasó aquí es entre nosotros. Pueda ser que no te agrade
lo que pasó, pero pasó. Así que ojalá y no lo estés divulgando por ahí. Tú
estás grabada en vídeo y todos sabemos que tú querías esto desde hace un
tiempo. Ya te enteraste porque no hay mujeres en esta sección. No aguantan las
horas extras. ¿me entiendes?.


Yo me quedé mirándolo con rabia y algo de morbo ante lo sucedido y ante su
confesión. No contesté nada y fui al baño a lavarme y cambiarme. Desde dentro
escuché cuando Daniel salió.


Ya vestida, con la falda hecha un desastre, fui hasta mi cubículo, apagué
el computador y salí. Al llegar a la puerta el vigilante no paraba de mirarme
lleno de lujuria.


-¿Te gustó lo de arriba?


No le contesté nada e intenté salir.


-¿Te gustó o no? -Sí, sí me gustó pero no quiero hablar de eso... -Pues
nadie quiere que hables -No lo voy a hacer. Simplemente pasó y ya. -Eso es así
nos gusta a nosotros... -¿Lo hacen seguido? -Sólo cuando toca... y con una
mamacita así en la oficina toca...


Intenté salir de nuevo, pero el hombre me jaló del brazo y me arrastró
hasta la silla de su despacho, me sentó allí. Sacó su verga y me la puso en
los labios.


-Entonces no hables y termina de chupar que todavía estoy lleno...


Lo miré y abrí al boca y comencé a comerme esa verga gruesa. Le miraba a
los ojos tal como a él le gustaba. Salivaba muchísimo para que se resbalara
suave en mi paladar. Bajé su pantalón y me apoyaba de sus caderas para ir y
venir con más soltura. No paraba de insultarme y gemir. Lo pajeé mientras
chupaba sus huevos y volvía a lamer y chupar su verga. Me detuve y sin dejar de
mirarlo le dije:


-¿Quieres meterlo de nuevo?


Él dijo sí con un gesto. Me levanté y me apoyé en la pared ofreciéndole
mis agujeros de espaldas. Tomé su verga y la apunté a mi coño. Él entró con
facilidad. Yo estaba mojadísima. Me tomó de las cadera y comenzó a embestir
fuerte. Me estaba partiendo. Me apretaba los senos y seguía metiéndolo. Me
encantaba el grosor de esa verga. Yo estaba por reventar en un nuevo orgasmo
cuando él lo sacó y me jaló del cabello para que me arrodillara. Lo hice y me
obligó a abrir la boca y recibir su descarga en la boca. Abrí la boca y la
recibí con agrado. La tragué toda. Luego lo limpié y salí de allí.


No volví a trabajar tres días. Luego aparecí, di mi carta de disculpas por
no haber ido a trabajar. Daniel me trataba normalmente igual el vigilante. Ya
sabía yo que no podía volver a tomar horas extras de noche, a no ser que
quisiera pasarme la de fiesta. Así ha sido hasta ahora. Cuando deseo hacer
horas extras ya saben lo que pasa.


Creo que voy a dejar el empleo. Igual estoy por graduarme y seguro encontrare
otro mejor...


¿Qué creen ustedes?



 

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