Tuve sexo con el mismo diablo
Enviado por Corcel. el día Jueves 1 de Enero de 1970
 

Siempre fui una puritana desgraciada y con muchos prejuicios sexuales. A pesar de éllo, tuve relaciones prematrimoniales con tres novios. Luego me casé, y una de las decepciones más grandes que he tenido en mi vida, fue ver el pequeño pene de mi marido en la noche de bodas. Debo comentarles que el novio que me estrenó a los 22 años, tenía un pene hermoso, largo y grueso, del cuál me acuerdo con gran excitación y añoranza. El haber probado otro par de penes, de diferentes formas, tamaño y sabor, complementó y enriqueció mi vida sexual. Hoy por hoy, soy una mujer de 44 años de edad, con 20 años de casada, y una infeliz vida sexual.

Después de casarme y tener 3 hijos, mi religión y puritanismo me hicieron serle fiel siempre a mi marido, aunque nuestra actividad sexual era sumamente escasa. Ni se me hubiera cruzado por la mente ponerle los cuernos a mi marido a pesar de estar en un estado de permanente insatisfacción sexual. Lo que me sucedió entonces es totalmente verídico y de ser necesario puedo dar fé de éllo.

Fue un viernes por la noche que recibí la llamada de mi buena amiga Judith invitándome a salir a tomar un vinito. Mi marido se encontraba en viaje de negocios fuera del país y era el momento ideal para un relax de inicio de fin de semana. Judith me llevó a un bonito bar ubicado en un barrio exclusivo de la ciudad. Nos bebimos una exquisita botella de vino tinto con algunos entremeces. Al calor del vino, Judith me propuso llevarme a un bar de desnudistas para damas. A lo cuál me opuse rotundamente. ¿Qué diría la gente si me viera entrando a uno de esos antros? Judith muy persuasiva e insistente, me dijo que no había problema, pues podíamos ingresar con antifaz para no ser reconocidas. Muchas personas, especialmente mujeres solían hacerlo. La curiosidad y el morbo vencieron mi puritanismo y partimos para el lugar. El sitio era de lo más estrambótico y exitante. La entrada era una especie de cueva rústica y oscura que conducía a un gran salón con luz tenue en cuyo centro bailaba un hermoso ejemplar masculino, joven con cuerpo atlético, completamente lampiño y untado de aceites que lo hacía ver bello y brillante. Su indumentaria era un pequeño taparrabo que no ocultaba mucho, pues al contornearse se le veía un enorme pene que le colgaba entre las piernas. Grueso y venoso. Las mujeres se subían al estrado y le acariciaban el pecho, lo besaban, lo tocaban... el bailarín era muy complaciente y prodigaba todos los besos que le pedían y se dejaba tocar en todas sus partes. Mi amiga súbitamente se levanto de la mesa acercándose al joven damo y comenzó a acariciarle el pene. Danzaron como dos endemoniados. Judith se fue despojando de sus prendas hasta quedar con las tetas al aire y en una sensual tangita que yo creo, se había puesto premeditadamente. Abrazó al bailarín por detrás moviéndose ambos rítmicamente, simulando como si élla lo estaba penetrando a él. Era un espectáculo verdaderamente exitante observar esa danza alrevesada. El joven espécimen complacientemente le prestaba el trasero para que élla lo culiara. Luego vino el cambio de posición y era él quien la culiaba a élla. Lentamente le bajó la tanguita y en presencia de todos la comenzó a penetrar vaginalmente pero desde atrás. Su pene era tan largo que lograba realizar una hermosa penetración serruchándola con un ritmo lento y acompasado. Judith comenzó a gritar de placer. Sus alaridos eran extremadamente excitantes. Mi vagina estaba hirviendo y chorreando jugos de placer. El espectáculo me había roto todas mis barreras ideológicas. La concurrencia estaba extasiada y ovacionaban estruendosamente el espectáculo de mi amiga con el bello ejemplar. Luego de que todos los presentes pudimos presenciar un explosivo orgasmo de mi amiga, reinó la calma y después de separar sus genitales, mi amiga regresó a nuestra mesa vistiéndose con desenfado y con cara de felicidad. El público le aplaudió como si hubiese concluido una gran obra de teatro o una ópera.

Judith se sentó muy cerca de mi y se apoyó en mi hombro. Y muy quedito me dijo: “que excitadísima estoy”.

A lo cuál le pregunté: “¿no te satisfizo? Fue grandioso. Me excitó muchísimo. Te robastes el show.”

Sin mediar más palabras me besó suavemente en los labios. Primero con una gran ternura, y luego su lengua fue jugueteando con la mía con gran pasión. Indudablemente que mi buena amiga era muy caliente y yo admiré en ese momento su liberalidad, abandonándome a su gran pasión. El beso se prolongó indefinidamente, cuando comencé a sentir que con su terza mano acariciaba mis muslos. Comenzó a explorar entre mis piernas, y poco a poco subía hasta llegar a mi braguita. Me tocó la rajita como nadie antes me había tocado. Mis piernas se habían abierto en forma natural permitiendo el libre ingreso de sus hábiles dedos. En la penumbra del salón estaba recibiendo la masturbada mas exquisita que jamás haya experimentado, mientras nuestro apasionado beso continuaba libremente. Abundante, húmedo, sin fronteras...Aaaah!!!

- “Judith... no aguanto más, quiero ser penetrada”.- le dije con una sincera expontaneidad. A lo que élla sonrió picarescamente, diciendo: “Para eso te he traido. Serás penetrada, pero no por cualquiera. Te cogerá el ser más fantástico que jamás te hayas imaginado. Te lo mereces. Estás muy insatisfecha.”

Diciendo esto, me tomó cariñosamente de la mano y se levantó de la mesa conduciéndome al fondo del salón y me hizo pasar através de una puerta semi-oculta en la pared, que evidentemente Judith conocía muy bien. Me condujo por un largo pasillo similar a la entrada del lugar que asemejaba una gruta rústica labrada en el interior de una gigantesca roca. Al fondo de la gruta había una puerta que al llegar se entreabrió sola. Judith me invitó a pasar encontrando en el interior el más exitante espectáculo que puede ser visto. El ambiente era tenue y de color rojizo, como luz infraroja. Había un agradable olor a exóticos inciensos orientales y en el ambiente había una especie de vapor húmedo, caliente. Pero muy agradable. Era más bien como una apacible, densa y cálida neblina. Al acostumbrarse mis ojos a la poca luz, pude distinguir claramente que había una piscina tipo Jacuzzi, pero no moderna, sino por el contrario, asemejaba una piscina romana de la época del clasicismo donde los grandes emperadores y nobles se bañaban. En élla estaban dos bellísimas doncellas de no más de 16 años y entre éllas el más hermoso ejemplar de hombre que jamás yo haya visto. Los tres estaban desnudos, inmersos en el agua, con el nivel hasta los hombros y se besaban entre sí muy languidamente, como si no tuviesen prisa de nada. Cómo si lo estuvieran haciendo desde la eternidad. Judith y yo nos quedamos paradas a escasos metros de la bella orgía, pudiendo ver cada detalle de sus besos, de sus caricias. Sus movimientos eran gráciles, como si fuesen personajes de un cuento de hadas que se mueven en cámara lenta. Con un gesto de amabilidad, el guapísimo caballero nos invitó a incorporarnos al erótico baño, a lo cuál accedí de inmediato asintiendo con la cabeza. Judith hizo lo mismo con una sonrisa de oreja a oreja. Casi de inmediato llegaron a nuestro lado dos hermosos ejemplares masculinos, completamente desnudos y salidos de la nada. Nos despojaron delicadamente de nuestras ropas muy parsimoniosamente. Cuando estabamos completamente desnudas, nos quitaron el antifaz y nos brindaron copas con champagne, invitándonos a ingresar a la cálida piscina donde nos esperaba ese bello adonis. Las bellas musas se apartaron grácilmente del hermoso macho permitiendo que cada una de nosotras se sentara a su lado, pero no se retiraron más de un metro. Ingresamos plácidamente al agua cuya temperatura acariciaba mi cuerpo.

Ya había recorrido gran trecho en el camino de la infidelidad y a este punto me importaba un bledo todos los prejuicios, el puritanismo, mi esposo, mis hijos... estaba dispuesta A TODO, así que en mi posición calida y cómoda, al lado de tan bello ejemplar, decidí sondear el equipamiento del macho hermoso, y bajé lenta pero decididamente mi mano hasta acariciar el pene de nuestro divo. Es el pene más bello, bien formado y esbelto que jamás mis manos hayan acariciado. Era grande, probablemente de unos 25 centímetros de largo, y muy grueso, como de unos 5 centímetros de diámetro. Me excitó enormemente constatar sus dimensiones, aunque debo admitirlo, también sentí temor al pensar que podría lastimarme al penetrar mi pequeña vagina, la cuál nunca había sido sometida a semejante bestia.



El machote dio elegante muestra de excitación, con mucha clase suspiró y volteó su cara hacia mí, propinándome un dulce y caluroso beso, acariciando mi lengua con su lengua. Nunca nadie me había besado de una forma tan deliciosa. Lubricaba mis labios con su lengua y yo correspondía sin barrera alguna. Sentía que estaba renaciendo, que me enseñaban a besar como en la adolescencia. Quizás tenía unos 20 años de no hacerlo, así que era como comenzar de nuevo. Una sensación bella, nostálgica, y sobre todo, excitante.

Mi bella amiga, a quién le quedaré eternamente agradecida, se unió al beso, y entre los tres nos besábamos lánguidamente. Nuestro macho se subió a la orilla de la piscina evidentemente para poner su pene a nuestra entera disposición. Ni lentas ni peresozas nos lanzamos a la tarea de besar, succionar, mamar ese bello aparato masculino, era gigantesco, limpio, lindo, perfecto. No podía ser mejor. Mientras tanto, las divas se acercaron a nuestras espaldas y comenzaron a acariciarnos mientras mamabamos el cuerno de nuestro macho. Cuando una de nosotras dos se daba a la tarea de mamar el bello pene, la otra se besaba ardientemente con las divas. Las muy divinas nos besaban los senos, el cuello, detrás de las orejas, Uhhh!!! Eran unas expertas conocedoras de los puntos más sensibles de la mujer.

En la posición que yo me encontraba, ponía al descubierto mi trasero que salía ligeramente del agua. Mientras yo seguía mi labor de mamarle el exquisito pene a nuestro adonis, una de las divas comenzó a culearme, con lo cuál sentí una gran delicia, pues comencé a sentir como su clítoris, bastante abultado, penetraba ligeramente mi esfínteres, la excitación fue máxima cuando sentí que su clítoris, originalmente del tamaño de un pequeño dedo meñique, crecía vertiginosamente convirtiéndose del tamaño de un varonil pene de respetable tamaño que se abrió camino hasta el interior de mi ano. Ya en el interior crecía y se retraía en forma rítmica y cadenciosa, lo cuál me generó las más impensables sensaciones de placer. Por un momento llegué a pensar que las bonitas chicas eran trasvestis o estaban utilizando algún tipo de sofisticado consolador dinámico, por lo que después de un largo rato de extremado placer decidí ver con mis propios ojos, el órgano sexual de la preciosa diva que desvirgó mi orificio anal. La senté a la orilla de la piscina mientras comencé a mamarle sus labios vaginales en busca del pene que me había desflorado. Ella sonreía maliciosamente pues sabía que en mi curiosidad buscaba el bello y enorme pene que me había atravesado hacía unos instantes y encontré un precioso gallito del tamaño de la puntita de un dedo meñique, nada fuera de normalidad, sin embargo cuando me daba a la labor de mamarlo con fruicidad comenzó a crecer en el interior de mi boca convirtiéndose en un pene de unas 8 pulgadas de largo y de un grosor respetable. Uahu!!! ¡Qué experiencia más bizarra!

Pocos minutos después de que pude ver y mamar tan exquisito manjar genital, y con mis gluteos al aire, nuestro tremendo adonis se acomodó detrás de mí y comenzó a penetrarme en posición de perrito por la vagina. Su pene era tan grande que lograba introducirse hasta lo más profundo de mi vagina aún en la posición que se encontraba. El guapo macho comenzó a serruchar con fiereza pero con plena experticia, haciéndome gozar del orgasmo más maravilloso e intenso que jamás en mi vida halla tenido. Ese momento del orgasmo intenso y plácido, fue lo último que recuerdo, luego debo haberme desmayado y amanecí en mi mullida cama al día siguiente con mi amiga completamente desnuda acostada a mi lado y acariciandome tiernamente los cabellos y las mejías.

- Judith, ¿Qué cosa tan bella nos pasó? Eso fue algo sobrenatural, ¿No?
- Mi querida amiga: fue algo más que sobrenatural. Lo que hemos vivido es una experiencia fantástica que no podías dejar de gozar.
- Pero, Judith, le fuí infiel a mi marido...

Después de varios minutos de silencio y de reflexionar lo que había hecho, lo que había sentido, después de rumiar el amargo desencanto del remordimiento, le dije: “¿Judith, podríamos volver a vivir esta experiencia otra vez?”

- Claro mi preciosa, esta sólo fue tu iniciación, las próximas experiencias serán más fantásticas.

 

Menu de navegación: Escorts Barcelona - Escorts Madrid - Escorts Zaragoza - Acompañantes Barcelona - Acompañantes Madrid - Acompañantes Zaragoza

Escorts Acompañantes Zaragoza Escorts Barcelona Escorts Madrid

Escorts Barcelona Escorts Madrid Escorts Zaragoza Contactos Eroticos

Copyright © 2008 EscortsOnFire.com - Todos los derechos reservados | Powered by Gemidos.com.ar | Diseño y programación EscortsOnFire.com | Sitemap